Días de Furia

La usura y la corrupción han crecido como un cáncer feroz gracias a la distorsión de nuestra economía. Hay maneras de combatir la especulación, pero el actual encargado del poder aplastó con un zapato todas las teorías y manuales económicos

“O ya no entiendo lo que está pasando, o ya no pasa lo que estaba entendiendo”. Carlos Monsiváis

Jorge y Marielena son la clásica pareja joven que gusta de celebrar la llegada del viernes. Sí, el país está complicado, pero ellos no van a dejar que les clausure el entusiasmo por la vida. Esa noche han bebido y compartido jugosos chismes con sus amigos.

Regresan a su casa un poco más temprano de lo que quisieran por esa barrera de contención llamada inseguridad. Viven en Guarenas, una clásica ciudad dormitorio, y el regreso a casa siempre es más largo de lo deseable.

En una curva del camino, la camioneta cae bruscamente en un hueco y termina volteándose en aparatosos giros de desconcierto y tragedia.

Luego de breves segundos, Jorge se incorpora desde el manto de fierros humeantes. Ve a su esposa inconsciente y sangrando profusamente por la cabeza. Intenta extraerla del peso de la camioneta que la aprisiona. Imposible. Aturdido, se palpa los bolsillos buscando el celular.

Se dispone a llamar a la policía, a un familiar, a quien sea. De pronto, ve que tres personas bajan por la ladera donde cayó el vehículo. Se alegra. A nadie le falta Dios. Vienen a ayudarlo.

Son tres hombres. Suficiente fuerza para mover tanto lastre. Pero ellos siguen directo hacia el interior de la camioneta a robar lo que consigan. El más rezagado lo apunta con un arma y le pide el celular. Jorge no lo puede creer. Le ruega ayuda. El ladrón le exige prisa. “Dame el teléfono, becerro”.

Jorge le dice que su mujer se está muriendo, que al menos le dé chance de llamar a una ambulancia. Pero, ¿cómo les explico? la delincuencia también tiene sus premuras. Quizás el líder de la banda le había prometido a su mujer no llegar tan tarde esa noche.

Meses después, todavía Marielena está sumergida en una severa rehabilitación para intentar recuperar el habla y la movilidad de sus piernas. La tardanza en la atención produjo daños en el cerebro.

Mientras, en algún barrio de la Gran Caracas, cerveza mediante, los tres pillos recuerdan entre risas aquella anécdota del sifrinito que lloraba desesperado para que no le robaran el “piazo de celular”.

En alguna curva del camino, este país cayó en un hueco y entre otros desbarajustes, se le salió una rueda: esa donde la vida humana era una prioridad moral.

***

Ya es de noche. El supermercado Plan Suárez está a punto de cerrar. Son pocas las personas que deambulan en busca de lo que casi nunca hay. Dos jóvenes, de turbia estampa, ven a una mujer de 45 años de edad que lleva el botín dorado en su carro de supermercado: leche.

Le preguntan dónde la consiguió. Ella hace un mohín con la quijada señalando un lugar y subrayando que eran los dos últimos potes. Tres anaqueles más allá, un empleado pone en segundo plano los tomates magullados y escucha algo parecido a un forcejeo y un grito ahogado.

Al fondo, los jóvenes corren con el trofeo con tanto ímpetu que al vigilante apenas le da tiempo de gritarles un quieto. Al lado de las chucherías y galletas, sentada sobre su propia sangre, la señora intenta con perplejidad detener la hemorragia. Una puñalada por dos potes de leche. Eso le toca contarle a sus hijos. Si alcanza. Si se orilla a la vida.

***

Hay más. Recordemos que en estos días las cadenas de supermercado son sitios de peregrinaje rabioso. Sucede que tienes que hacer cola para esperar por el carrito de supermercado. 40 minutos promedio. Mientras tanto, observas la abrumadora cola que te espera para pagar lo que adquieras.

Luego, cuando llevas dos tercios del  mercado hecho, te alejas un poco para buscar el té de durazno que tanto les gusta a tus hijos, vuelves y no encuentras el carrito. Te desconciertas. “Pero si yo lo dejé aquí”. Ves a los lados. Y entiendes.

Algo inaudito: se lo robaron. Te asomas al pasillo central y el tráfico de carritos supera la posibilidad de encontrar al culpable. La escena se repite en todas partes. La gente se ve los carritos de soslayo, con apetencia, con ojeriza. Todo el mundo desconfía de todo el mundo.

Una tarde, en el Excelsior de Los Palos Grandes, llegó el aceite. Solo 4 botellas por persona. La noticia atrajo a una marejada de gente. A la suegra de una amiga trataron, varias veces, de quitárselas. Un hombre logró burlarle una. Ante su airado reclamo, él le replicó: “Póngase mosca, señora, cuide su aceite”.

En el Twitter, una mujer se queja del desastre. Le rompieron la ventana de su carro para robarle el mercado. Ya no importan bagatelas como un reproductor de música. Algunos clientes piden bolsas negras para ocultar que llevan papel tualé y despistar a las aves de rapiña.

Y no estamos en Filipinas donde hubo un tifón con miles de muertos y millones de afectados. Nosotros, uff, qué placer, chapoteamos –de aquí para allá- en el mar de la felicidad.

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La usura y la corrupción han crecido como un cáncer feroz gracias a la distorsión de nuestra economía. Hay maneras de combatir la especulación, pero el actual encargado del poder aplastó con un zapato todas las teorías y manuales económicos, todo lo que ha salido de las mentes más lúcidas de MIT, Harvard, Chicago o Princeton.

Básicamente, siguió el preclaro consejo de María Bolívar, dueña de una panadería en Maracaibo y terca candidata a lo que sea, cuando la periodista Aymara Lorenzo le preguntó cómo combatiría la inflación si ganara la Presidencia de la República y respondió: “Bajando los precios”. Ese día, sin duda, Maduro estaba viendo televisión.

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En Latinoamérica el populismo ha engendrado unos cuantos remedos de Robin Hood. Pero la más funesta caricatura la está ofreciendo hoy Venezuela. Es así como un país entero está descubriendo cuán nocivo puede ser lanzar flechas sin ser arquero. No estábamos preparados para los días que han desfilado delante de nuestros ojos.

Nicolás Maduro proclama un día, desgañitado, ahíto de poder, en irresponsable cadena nacional: “¡Vayan y vacíen los anaqueles!”. Medio país se vuelve una turbamulta. La gente que tenía trabajo, citas médicas, diligencias impostergables, entrega de informes, consultas en el psiquiatra, manda todo al demonio y se abalanza hacia la tienda de electrodomésticos más cercana.

Cada uno se consigue con, al menos, 1.000 personas que le antecedieron en velocidad y reflejos.

La tensión se agiganta. La vieja raza de los avispados se colea, se infiltra, vuelve todo un mezclote. Algunos venden su puesto en la cola por 5.000 bolívares.

Otros, dos cuadras más allá, negocian la mercancía adquirida al triple del monto que pagaron. Es el delirio del capitalismo salvaje. Gritos, empujones, alboroto.

Aparece la Guardia Nacional Bolivariana. Marca a los compradores como ganado. Las colas se hacen infinitas, exasperantes. Algún malandrín patea la santamaría de un comercio, otro le sigue, y otro.

La puerta del local se llena de patadas.

Muchos, entre risotadas, aprovechan para mostrar la fuerza de sus talones.

La santamaría se dobla como una plastilina: el caos irrumpe sediento.

El que ayer era un sereno albañil, mensajero o empleado de un cyber café hoy es parte de una horda que arrasa con lo que puede.

No importa si necesita el televisor o no, el tema es que la piñata reventó y esa golilla no la puede ignorar.

La palabra saqueo queda regada por la calle y proscrita en los medios de comunicación.

En la noche, algún Juan llega a su casa y su mujer le pregunta urgida si por fin consiguió leche para el bebé de 4 meses. Él le dice que no y abre los brazos feliz. Su sonrisa mide 50 pulgadas en HD. Que el niño vea Disney Channel mientras se le consigue la leche.

Yorman, un mototaxista de dientes amarillos, me confiesa: “Jefe, ¿y usted cree que yo voy a esperar hasta enero a que bajen las colas? ¡Esas tiendas no abren más nunca!”

***

Eso somos hoy: un país donde se confunden las colas. Unas para adquirir neveras a precios de rebatiña y otras para clamar por la existencia de aceite, harina y leche. Un país que se nos puso raro, muy raro. Hemos traspasado la franja de lo inverosímil.

Maduro ordena que vacíen los anaqueles. El presidente del Indepabis pide que no, que dejen la compradera compulsiva.

Jacqueline Farías, en una entrevista al periodista Vladimir Villegas, habla de lo “bellas” que son esas colas (!!!). Y en la noche, habilitante en mano, Maduro pide que le “bajen dos” al consumismo, contradiciéndose sin pudor. Los partidarios del gobierno deben estar seriamente confundidos.

***

De vez en cuando uno se soslaya de la realidad. Un cuadro viral me sacó de mi carril durante tres largos días. Con las cortinas cerradas, decidí hundirme en las páginas de La verdad sobre el caso Harry Quebert, un adictivo libro de Joël Dicker que ganó el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa. Perseguí en el televisor un juego Caracas-Magallanes, que los Leones perdimos torpemente.

Escuché música. Y, tardíamente, aterricé en la prensa del día. Mis ojos se toparon con un reporte de la cadena de noticias CNN:

“La cruda verdad es que Venezuela está desperdiciando las mayores reservas petroleras del mundo y ya se está comenzando a parecer a Corea del Norte”.

Abrí las cortinas. Abrí la nevera. Abrí el Twitter. Y comencé, de nuevo, a ingerir paladas inmensas de realidad nacional. Todo sigue en un crescendo apocalíptico. Desviar la mirada no resuelve nada. Escruté el calendario.

Las elecciones del 8 de diciembre están cada vez más cerca. Por algún lado tenemos que empezar. Que la furia sea tu mejor voto.

Mi felicidad

Claudio Nazoa

Se puede ser relativamente feliz olvidando las penas; también se puede vivir en felicidad o llegar a ser completamente feliz.

Lo que no se puede hacer es decretar la felicidad.

La felicidad personal es un hecho individual, y la colectiva depende de la sumatoria de las individuales. La felicidad no es una utopía inalcanzable, está en las cosas más sencillas y a veces en las intangibles.

Hay situaciones que nos hacen felices, por ejemplo, saber que nuestra familia tiene techo, comida, salud y educación asegurada. En teoría, eso es felicidad aunque, fíjese, aun cuando su familia esté muy bien, usted, individualmente, podría ser infeliz por otras causas.

Aquiles Nazoa dijo: “Mi infancia fue pobre, más nunca fue triste”, es decir, mi padre, a pesar de ser un hombre muy humilde, fue feliz. Soy un ejemplo de lo anterior; mi familia nunca tuvo dinero; sin embargo, crecí con la sensación de que éramos muy ricos.

Recuerdo una infancia llena de aprietos económicos graves, con un padre perseguido político y exiliado en Bolivia durante tres años; pero, a pesar de esas vicisitudes, no recuerdo momentos de infelicidad en mi niñez.

La felicidad está ligada a una manera filosófica y positiva de ver la vida. No se puede decretar ser feliz, pero sí podemos hacer infelices a otros con las consecuencias de nuestros actos.

Digamos que yo (Dios me salve) sea partidario de esta cosa infeliz que nos gobierna; por más fanático que fuera me sentiría igual de infeliz tratando de conseguir, infructuosamente, aun teniendo el dinero, las cosas mínimas que siempre hemos tenido ricos y pobres cuando mandaban adecos y copeyanos.

Yo nunca fui adeco ni copeyano, pero siempre en mi casa había papel tualé, harina PAN, pollo, etc. No me gustaban esos gobiernos por muchas razones, pero sin darme cuenta era feliz cada vez que iba al baño, le ponía azúcar al café, me comía una arepa o un pollo.

Nunca hice colas humillantes para comprar nada, y, ojo, tampoco tuve dinero en exceso: vivía de mi sueldo de profesor.

Antes, si uno quería ir a Margarita o a Mérida, se acercaba a una agencia de viajes, y compraba su pasaje y… no me lo van a creer: ¡siempre había! Existían ferrys que flotaban; todos estudiábamos en las universidades, y, aun siendo comunistas, conseguíamos empleo con los adecos y los copeyanos.

Los artistas podíamos presentarnos en cualquier teatro y nadie nos censuraba.

En la época de los adecos y los copeyanos se inauguraron maravillosas autopistas y los mejores hospitales que se han construido en Venezuela; se construyó el Teatro Teresa Carreño, el Poliedro…

En diciembre, Rafael Salazar, Pedro León Zapata, Cecilia Todd, Laureano Márquez, los Robertos (Montoya y Hernández), Aníbal Nazoa, Iván Pérez Rossi y este servidor, entre otros, éramos pregoneros de la Navidad de los gobiernos adecos y copeyanos. Momento que siempre aprovechábamos para criticarlos y caricaturizarlos.

Los adecos y los copeyanos asistían a nuestros actos, nos aplaudían, y después, sin ponerse bravos o pasarnos facturas, amenazas y multas, nos pagaban y nos seguían contratando.

Muchos de los artistas izquierdistas, hoy convertidos en talibanes exclusionistas, reaccionarios y sapos, enviaron con los adecos y copeyanos a sus hijos para que estudiaran en otros países, y nadie preguntaba qué tendencia política tenían.

En esa época de gobiernos adecos y copeyanos a nadie se le ocurrió inventar un Ministerio para la Felicidad.

Simplemente, éramos felices pero no lo sabíamos.

Diseño gráfico: Sala de Información:

Gráficas vía web

Lo que mandaron los rusos

Oscar Medina, El Universal

La orden de comprar armas y equipo de guerra a Rusia se ha cumplido: la Fuerza Armada Bolivariana se pertrechó de tal manera de fusiles, tanques, aviones, blindados y sistemas de artillería, hasta convertirse en el comprador estrella de Moscú. Pero ¿han sido adquisiciones acertadas?. ¿Ese equipamiento está a tono para responder cuando se le requiera?. Al parecer no: comienza a colarse información preocupante y ya hemos visto helicópteros caer.

Chávez condecoró a Putín con el Gran Collar de la Orden de El Libertador (máxima distinción nacional) y le entregó una réplica de la espada de Bolívar.

En mayo del 2001 empezó a decidirse todo. Los presidentes Hugo Chávez y Vladimir Putin acordaron desarrollar y ampliar las relaciones entre ambos países en más de un sentido y con la mira puesta tanto en hacer grandes negocios como en la gestación de eso que llaman “un nuevo orden mundial multipolar”. Y en ese contexto, las armas tienen un peso considerable.

Como se sabe, desde sus primeros años de gobierno Chávez le puso empeño al plan de romper los tradicionales nexos militares entre Venezuela y Estados Unidos. La revolución no podía depender del imperio, claro está. Había que conseguir nuevos proveedores.

El 14 de mayo de 2001 se firmó el primer papel de cooperación técnico-militar con la Federación Rusa y al día siguiente otro referido a inteligencia militar, que incluyó hasta la preparación en suelo ruso de especialistas venezolanos. En diciembre la relación se hizo aun más formal: se creó la Comisión Intergubernamental Venezolano-Ruso de Alto Nivel (CIAN). Y así fuimos “estrechando”, hasta llegar al 2013.

En mayo se hizo público que el gobierno bolivariano es el mayor comprador de armas y equipo bélico ruso en América Latina.

Anatoly Isaikin, director de Rosoboronexport.

Anatoly Isaikin, director de Rosoboronexport, la exportadora estatal rusa, ubicó a Venezuela en el cuadro de clientes especiales: de los 14,5 millardos de dólares que vendieron en la región a lo largo de doce años, 11 millardos de dólares corresponden a las compras ordenadas desde Caracas.

En marzo ya el Stockholm International Peace Research Institute, ubicaba a Rusia como el principal proveedor de armas de Venezuela y al país como el mayor comprador de armamento de la región, contando además sus encargos a otros vendedores.

Se estima que nada más entre los años 2005 y 2007, se firmaron con los camaradas rusos contratos de compras por más de 4 millardos de dólares, en operaciones que incluyeron la adquisición de los famosos aviones Sukhoi (24 de ellos), alrededor de cincuenta helicópteros en tres modelos diferentes (MI 17, M 26 y M 35) y un lote de 100 mil fusiles Kalashnikov AK 103.

Diapositiva1En el informe de la Asociación Civil Control Ciudadano, titulado “Venezuela. Adquisiciones de sistemas de armas y material militar 2005-2012″ se explica claramente:

“En el 2004 Chávez trazó tres líneas estratégicas para conceptualizar la nueva doctrina militar venezolana: Defensa Integral de la Nación. La primera línea estratégica, denominada Fortalecimiento del Poder Militar, comprendía la ejecución de un plan de reequipamiento militar, que incluía tanto la adquisición de nuevos sistemas de armas, como la recuperación de los existentes. La idea se centraba en encontrar fuentes alternativas para el suministro de material militar y establecer una industria bélica local”.

Muy bien, el reequipamiento se hizo. Y sigue en curso. Pero, ¿qué se ha comprado?. Y más importante aun: ¿en cuáles condiciones está eso que se ha comprado?

Tanques parados

Los diputados Stalin González (UNT) y Tomás Guanipa (PJ), quienes forman parte de la Comisión Permanente de Defensa y Seguridad de la Asamblea Nacional, manejan información sobre el estatus en que estaría parte de esos equipos de guerra importados de Rusia:

Diputado Stalin González

“Tenemos datos confiables que nos indican que en general casi todo lo que se le ha comprado a Rusia presenta o ha presentado problemas y fallas”, aseguró González: “Algunos, claro, se han resuelto, pero otros no. Y rayan en lo absurdo”.

González, papeles en mano, asomó un caso:

El gobierno compró alrededor de 90 tanques de un modelo llamado T 72 B1. Resulta que son tanques construidos hace más de 40 años, que fueron repotenciados pero han presentado una cantidad importante de fallas.

Esos tanques prácticamente no pueden utilizarse porque consumen mucho lubricante y solo pueden operar con lubricante ruso, que no hay. O no siempre hay. Un país que exporta hidrocarburos no ha podido resolver el problema de los lubricantes de esos equipos por la sencilla razón de que son tanques muy viejos. ¿Cómo nos vamos a defender de los gringos así?”.

La referencia a “los gringos” es más que una ironía del diputado a propósito del recurrente discurso oficial. En el 2009 Colombia anunció que permitiría el uso de algunas de sus bases militares a Estados Unidos. Y fue esa una de las grandes razones invocadas por Chávez para -ante esa amenaza- reforzar el equipamiento nacional con blindados, tanques y lanzacohetes de fabricación rusa.

En agosto de 2009, de hecho, el gobierno ruso aprobó un financiamiento a Venezuela de 2.200 millones de dólares para proveerse tal como lo pedía el entonces presidente.

En septiembre de ese mismo año Chávez viajó a Rusia y uno de sus primeros anuncios al regresar a Venezuela fue:

“Pronto comenzarán a llegar unos cohetitos rusos (…) que no fallan. No vamos a atacar a nadie, pero con esos instrumentos de defensa haremos frente a cualquier amenaza, venga de donde venga”.

Esos “cohetitos”, misiles, tendrían -según se dijo en el momento- la capacidad de alcanzar objetivos a 300 kilómetros de distancia. En ese viaje, lo informaron desde Rusia, Chávez habría insistido en que le suministraran sistemas antiaéreos y tanques T 72 y T 90.

Y sí, los T 72 son los del problema de intolerancia al aceite criollo.

Diputado Tomás Guanipa

“En buena medida se podría decir que se han hecho compras de equipos obsoletos“, advirtió Guanipa: “Y la información que manejamos corrobora de alguna manera las denuncias que se hicieron en el pasado en este sentido”.

González aportó un matiz:

“Según los datos de los que disponemos, se puede concluir que, por ejemplo, los Sukhoi parecen estar funcionando bien, parecen haber sido una buena compra, pero no se puede decir lo mismo sobre los helicópteros, de los que al menos un modelo está totalmente inoperativo”.

Lo que han podido conocer los diputados es que no todos los 24 Sukhoi están aptos para volar y que está en marcha un par de financiamientos para proyectos de recuperación y otros asuntos referidos a los aviones que rondarían los 150 millones de dólares.

El estado de los helicópteros es, de acuerdo a los datos, más comprometido tanto por lo que se ha visto, como por lo que se conoce solo puertas adentro de la Fuerza Armada.

Control Ciudadano hizo el recuento de los helicópteros rusos que se han accidentado hasta hoy: se trata de seis, cinco del modelo MI-17V-5. Y se trata también de algo peor que una inversión caída a tierra: han muerto 31 personas.

De acuerdo al informe de Control Ciudadano sobre las compras de armas de Venezuela, se habrían adquirido 38 helicópteros de este modelo. Pero podrían ser más. Ese documento se trabajó con la información recopilada en medios informativos y sitios especializados en el tema.

En todo caso, además de los accidentados habría una cantidad considerable de estos MI-17V-5 en tierra sin poder despegar por diferentes tipos de fallas.

Sería peor -en caso de ser comprobada- la situación de los helicópteros MI-35M, al menos desde el punto de vista material.

“La flota ha tenido tantas fallas importantes y estructurales no superadas que ninguno de los aparatos está disponible para su uso“, aseguró González.

A rendir cuentas

“Lo que tenemos sobre los equipos militares rusos es preocupante“, apuntó el diputado:

“Uno se pregunta, ¿cómo es que hicieron esas compras así?. Hay equipos con fallas recurrentes de software, con problemas estructurales, sin sistemas de comunicaciones, incluso unos blindados que presentan problemas de funcionamiento en condiciones de mucho calor, otros que son vehículos de combate que se quedan sin batería en pleno uso, reclamos por falta de repuestos y piezas y otras tantas cosas”.

El informe de Control Ciudadano hace un énfasis especial en la falta de información precisa sobre las compras de armas: “…no ha sido posible determinar con exactitud la cantidad, modelo y costo de los equipos militares adquiridos por Venezuela en el período 2005-2012, debido a que en la anterior Asamblea Nacional se acordó decretar la confidencialidad de los acuerdos militares suscritos con Rusia y Bielorrusia“. Y señalan entre sus preocupaciones como organización, la “opacidad” en las compras y los “problemas de operatividad que han mostrado algunos sistemas”.

“Esto no es un asunto que se puede escudar en la seguridad nacional“, explicó González: “Estoy de acuerdo en que el gobierno mantenga temas en bajo perfil por seguridad nacional, pero si hay tantos problemas con los equipos rusos los venezolanos tenemos derecho a saberlo porque eso se ha comprado con dineros públicos. Con la excusa del secreto por seguridad no se puede ocultar un daño al patrimonio de la Nación, al patrimonio público“.

Los parlamentarios asomaron otros ejemplos: los sistemas misilísticos Pechora 2M han presentado además de fallas operativas y limitaciones, deficiencias en la disponibilidad de partes y repuestos.

Sistema misilístico Pechora 2M

En el caso de un modelo de cañones antiaéreos:

“Cuando vieron las municiones, se dieron cuenta de que compraron una cosa y recibieron otra”.

Pero además la información que recopilaron presenta aspectos especialmente llamativos: la supuesta adquisición de otros 100 mil fusiles Kalashnikov, de un número similar de carabinas y -lo más curioso- la compra de una enorme cantidad de minas.

“Son miles de minas“, señaló González: “Desconocemos por qué el Gobierno habría comprado tantas minas, si es que de verdad lo ha hecho. Y desconocemos el propósito o si son antipersonales o antiblindados, pero nos preocupa y queremos saberlo porque si son antipersonales estaríamos pasando por encima acuerdos internacionales que prohíben su uso“.

En efecto, Venezuela firmó en 1997 la Convención o Tratado de Ottawa que prohíbe el uso, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonales y que establece la destrucción de las existentes en los países que lo suscribieron.

Para aclarar estas dudas e informaciones solo queda tocar a las puertas del despacho de la Ministra de la Defensa. Y eso propondrán esta semana los diputados en la Asamblea: preguntarle a la Fuerza Armada si el dinero de la nación ha sido bien invertido o no.

De acuerdo a Control Ciudadano, desde 2005 el gobierno venezolano ha comprado armas y material militar a Argentina, Austria, Bielorrusia, Brasil, Canadá, China, Cuba, España, Estados Unidos, Holanda, Irán, Italia, Japón, Reino Unido, Rusia, Suiza y Vietnam.

Control Ciudadano señala que Venezuela habría recibido alrededor de 63 helicópteros rusos en 5 modelos diferentes.

Así se han caído poco a poco las aeronaves rusas

• El 3 de agosto de 2006 ocurrió el primer accidente en Venezuela del lote de helicópteros rusos modelo MI-17V-5. De acuerdo a la información recopilada por la Asociación Civil Control Ciudadano, esto ocurrió en San Ignacio de Yuruaní, en el estado Bolívar.

• El segundo accidente sucedió el 19 de diciembre de 2008. Esta vez fue el modelo ruso MI-172/VIP, un helicóptero para transporte de “personalidades” perteneciente a la Fuerza Aérea y que en el recuento se describe como “helicóptero presidencial” que se averió al aterrizar en La Orchila.

• El 13 de junio de 2008 otro MI-17V-5 del Ejército cayó a tierra. El evento ocurrió en Fuerte Tiuna y dos miembros de su tripulación resultaron heridos.

• El peor de los accidentes fue el 3 de mayo de 2009. Un MI-17V-5 del Ejército impactó contra el cerro El Capote, en Táchira. 17 personas perdieron la vida: 16 militares y un civil.

• El mismo modelo de helicóptero ruso, pero de la Guardia Nacional, tuvo una falla de motor y se estrelló en El Camuchi, Apure, el 27 de agosto de 2010. En el accidente murieron 10 personas: sus tres tripulantes y otros 7 militares pasajeros.

• Una falla mecánica hizo caer a otro MI-17V-5 el 18 de mayo de 2012. Este helicóptero del Ejército se precipitó a tierra en San Felipe, Yaracuy. 4 miembros de su tripulación perdieron la vida y un pasajero quedó herido.

Daka acabó con la coba de las misiones

Alonso Moleiro, Tal Cual

El rasgo más destacable de toda la crisis generada en el caso de las tiendas Daka no lo constituyen las colas, ni el discurso oficial, ni la engañifa pública que postula la existencia de una “guerra económica”.

Por encima, incluso, del nerviosismo generado en el universo del comercio, y del público en general, se me ocurre que con lo que nos tenemos que quedar es con la apropiación del discurso que justifica los saqueos y el pillaje anarquizado, y su legitimación, ejecutado en calidad de amenaza, por parte del gobierno nacional.

Vamos a ponerlo en estos términos: si los programas sociales de este gobierno de verdad tuvieran la efectividad que todos los estamentos del chavismo, desde Iris Varela hasta Ricardo Menéndez, desde Nicmer Evans hasta Mario Silva, postulan como una verdad revelada, en este país no se hubiera presentado un solo foco de pillaje en los episodios de la semana pasada.

Los programas sociales del gobierno no se están transformando en desarrollo social. Todo lo contrario: relajar las normas laborales, apurar soluciones compulsivas y no planificadas, colocar en los mandos gerenciales a personas sin solvencia moral, consagrar la impunidad en el delito, privilegiar la lealtad tribal, promover la tenencia de armas, tolerar las invasiones, agredir a la propiedad privada, le ha ido dando los toques definitivos al virus incivil que se ha apropiado con toda comodidad de la conciencia colectiva de nuestro pobre país.

Ahí tenemos en las narices el comportamiento de los motorizados en las calles para cotejar lo que afirmo.

La posibilidad de un escenario de anarquía total expresada en saqueos no es nueva en Venezuela: tiene en la psique de todos, flotando como una eventualidad, desde el 27 de febrero de 1989.

De manera implícita y explícita, sin embargo, Hugo Chávez lo asomó como una hipótesis legítima en sus primeras alocuciones públicas una vez investido de presidente.

Alguna vez, incluso, llegó a asomar que tal cosa, un aleccionador flujo invasivo y depredador que recorriera a Caracas del oeste hacia el este, podría tener lugar si la oposición se empeñaba en intentar obstaculizar sus proyectos.

Saquear no es un ejercicio legítimo de justicia, ni un pronunciamiento político con fines específicos. Ni siquiera se trata de un acto de violencia selectiva de carácter propagandístico. El saqueo es la expresión por excelencia de la Venezuela salvaje.

El país sin educación, sin valores, sin límites y sin ley. Por lo tanto, sin justicia. La expresión más acabada de la violencia orgiástica, del apuro dionisíaco que habilita a una personas a disponer de bienes ajenos sin castigo y sin consecuencias.

No es la primera vez que tal cosa sucede. Los estallidos sociales pueden ser también fenómenos concretos que se producen en momentos de penurias económicas o tragedias naturales.

Han tenido lugar en muchas naciones del vecindario latinoamericano ­República Dominicana, Argentina, Uruguay o Brasil-, y más allá, en el mundo desarrollado, como consecuencia de tensiones étnicas o sociales, en países tan civilizados como Estados Unidos o Inglaterra.

La diferencia respecto a lo que acabamos de vivir y los ejemplos citados es una: los desmanes de las semanas anteriores, aislados afortunadamente, concurrieron a la calle atendiendo un llamado oficial que técnicamente los hizo legítimos.

Los llamados a saqueos son aplaudidos y atendidos por acomplejados y resentidos, pero también por los vivos químicamente puros.

A nadie se le debe escapar este detalle: fue el gobierno el que promovió la presencia de la gente en el festín de los días anteriores. Elías Jaua, entre otros dirigentes chavistas, siempre tan preocupados por los excesos del fascismo, llegó a afirmar, incluso, que si un escenario general de violencia llegara a concretarse “no sería en contra de nosotros”.

Finalmente, las personas que fueron vistas llevándose en sus carros bienes que no les pertenecen, no parecían estar siendo objeto de alguna agresión económica o padeciendo alguna penuria especialmente grave. Muy por el contrario.

Todos pudimos verlos: se trataba de personas bien vestidas y comidas, que acudieron a aquella cita de forma oportunista, asumiendo que nada les iba a ocurrir por llevarse cosas ajenas robadas.

Parecían tener claro que, en Venezuela, aquel que acoja los postulados que el chavismo invoca para poder salirse con la suya jamás será objeto de ninguna sanción. Fueron encarados y enfrentados por muchos presentes en Naguanagua, un episodio que nos indica que en este país no todo está perdido.

Poco se dice, entretanto, de la paradoja que estamos viviendo: un momento de crisis cambiaria y fiscal en tiempos de vacas gordas, esto es, con el petróleo a 100 dólares el barril; un aparato productivo convertido en chatarra y un sistema cambiario, expresado en Cadivi, el verdadero responsable del dólar paralelo, con el cual los funcionarios del gobierno y el Estado han estado esquilmando y sobornando a cualquier ciudadano durante años. Durante los años de la Venezuela bolivariana.

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¿Dónde están los socialistas?

Antonio Rivas

Esta vez la lotería le tocó a las ventas de electrodomésticos.

Al Presidente y su gabinete les pareció que los precios estaban muy altos y bastó una cadena presidencial para hacerse de los inventarios, establecer los precios que les parecieran correctos y causar el furor de sus seguidores.

Yo no soy quien para decidir cuál es el precio correcto de un artículo, ni estoy en posición de defender a quienes han sido acusados de especuladores, o acaparadores. Eso es trabajo de la Fiscalía.

Sin embargo lo que sí puedo decir es que si esas cadenas comerciales venden a esos precios es porque no hay nadie que lo pueda hacer mejor a un menor precio, o nadie les compraría.

Según el último resultado electoral de abril de 2013, en Venezuela hay casi 7,6 millones de venezolanos mayores de edad que dicen ser socialistas. Y yo me pregunto… de todos esos que votaron por Maduro, ¿no hay algunos pocos que puedan vender electrodomésticos a precios “justos”?

Los PSUVistas afirman que es muy sencillo registrar una compañía, poner capital de su propio bolsillo, contratar vendedores calificados, establecer un departamento de compra y procura, contratar buenos contadores y gerentes, alquilar o construir un local, hacerse de los servicios de un agente aduanal, tener a un par de personas realizando los trámites de Cadivi, pagar el servicio de transporte desde el puerto hasta el local comercial, invertir en un almacén con sistema antiincendio, cámaras de seguridad y salidas de emergencia, tener personal de limpieza y de seguridad en la nómina, establecer una oficina de atención al cliente, manejar reclamos y devoluciones, pagar condominio y declarar impuestos.

Todo lo descrito lo dicen poder hacer a precios bajos y con condiciones laborales dignas para los empleados. Y luego hacer lo mismo en dos, cinco, o diez locales.

Entonces ¿por qué no lo hacen?. ¿Por qué no están por todos lados, en cada esquina, en cada barrio, comercios socialistas que hagan lo descrito?. ¿Cómo es que no hay cientos de locales en ciudades y pueblos vendiendo enseres, electrodomésticos, mobiliario, etc.?.

Y ya que tengan el comercio controlado, también vayan con los hospitales, fábricas de papel higiénico, pasta dental, comercializadoras de vehículos, empresas constructoras, fábricas de ropa, de textos escolares, cadenas de supermercados, etc.

Son 7,6 millones. ¿Dónde están?. ¿Cómo es que una docena de locales en más de 900.000 kilómetros cuadrados de territorio nacional descalabran la economía?. ¿Y los Bicentenario?. ¿Qué ha pasado con todo lo expropiado?. ¿Por qué el desabastecimiento, la usura y el acaparamiento si existen 7,6 millones de potenciales comerciantes, empresarios, emprendedores, artesanos, agricultores, transportistas, etc., que ven todo tan sencillo y con espíritu revolucionario y de justicia social?. ¿No pueden?. ¿No les puso el gobierno toda la estructura burocrática para una economía socialista?.

¿O será que es más fácil sentarse apoltronados frente a los TV recién adquiridos en el remate, esperando que el gobierno señale a algún otro empresario para caerle encima cual plaga egipcia para arrasar con todo?

Aquel que sienta que es capaz de ponerle precio al trabajo ajeno, lo invito a suplantarlo con trabajo propio, porque juzgar, condenar y confiscar es más fácil que pensar, planificar y construir.

Pero eso no es socialismo, es destrucción sistémica de un país, desde adentro, por odio. Este gobierno puede engañar a toda una generación de venezolanos, pero no podrá engañar a la historia. Cuando ya no quede nada, no digan que no sabían.

Peligrosa seducción

Cronicario Tal Cual

Una joven llamada Gaby fue la mujer de seis pranes de la cárcel de Sabaneta. Durante seis años estuvo seducida por el oscuro mundo en el que se tejía una gruesa red hamponil. A sus 25 años cuenta su historia con un gusto amargo en la boca

Esa experiencia me gustó, sentí la adrenalina de seducir a los hombres con mi cuerpo y comencé a hacerles bailes eróticos. Ya no los hacía por mi cuenta. Una vez, después de salir de un baile, uno de los strippers hombres, conversaba sobre las relaciones de pareja. Le dije:

“No me gustaban los coñitos, quiero un tipo pesado. Él de inmediato me respondió que tenía al candidato perfecto. <Mi primo reúne el perfil>, me comentó.

No le presté atención, pero al otro día yo estaba por la Circunvalación 2, cuando recibí la llamada de un pran de la cárcel de Sabaneta. Para mi sorpresa era el primo del stripper.

Comencé a hablar con él por teléfono. Conversábamos a diario, después de un mes me incitó y me hizo entrar a verlo. Recuerdo que fue en diciembre de 2010.

En principio me daba terror. Sentía las palpitaciones a millón, pero también me carcomía la curiosidad de conocer cómo era la vida allá adentro. Escuchaba muchas cosas feas de la cárcel, me imaginaba eso como un túnel oscuro y tenebroso, como un lugar carente de toda comodidad.

Pero no era así, eso era como ver un liceo con su cancha. Penal era el área más equipada, era como entrar a una universidad, era un lugar grande y con pilares inmensos, allí no comían de cuentos para hacer una rumba.

En reeducación, los presos también tenían discotecas, y en calabozo hicieron una tasca poco menos de un año.

Estaba clara en lo que quería, mi objetivo era hacerme novia del reo principal, el que mandaba. Él tenía 24 años cuando lo conocí y fue mi primer novio dentro de Sabaneta. Estaba en el área de máxima y había caído preso por un cargamento de cocaína.

Después de que uno entraba a la cárcel cambiabas por completo. Parecía que se te envenenaba la mente. Sentía el deseo de querer más y más cosas porque veía como los internos manejaban grandes pacas de dinero.

Es un ambiente donde la ambición por querer tener más, crece y crece. Todo era producto de sus negocios ilícitos: Ellos cobraban por todo. Tenían entrada de dinero por el “obligaíto” que pagaba cada recluso, por la droga, por los sicariatos que se planificaban entre esos muros, los cobros de vacunas, el tráfico de armas y las extorsiones. Todos esos reales iban a parar a los bolsillos de los pranes.

Era increíble la cantidad de menores de edad que entraban a la cárcel a tener sexo con los reos. Los pranes pagaban y cuadraban con los guardias para que las dejaran entrar. Y si uno iba a visitar a algún familiar o amigo en la cárcel, y el pran gustaba de ti, ellos hacían la vuelta y como sea te tenían.

Desde mis 18 años estuve como estríper y haciendo “guisos” en la calle, un guiso es salir a prostituirse.

Puedo asegurar que todas las stripper que existen en Maracaibo bailaron e hicieron sus guisos tras las rejas.

Pero antes de bailar para todos los presos consideré que era más rentable convertirme en su mujer. Así nadie más me tocaba.

Hice muchas amistades y me enamoré locamente de seis pranes. Dos de ellos eran del retén y luego fueron trasladados a Sabaneta. A los dos recintos fui a visitarlos.

La primera vez que entré a la cárcel a visitar a “El Chacarrón”, sus hombres, a quienes llamaban los “cuadrilleros”, fueron quienes me recibieron. Me llevaron hasta la lujosa habitación del pran. Había presos que tenían ventiladores, otros aires acondicionados, había cuartos bonitos y equipados.

Todo eso lo vi cuando era novia del pran. Cuando uno va a prestar servicio es otra cosa. Había siempre una mujer que manejaba los “guisos”.

Los presos siempre pedían mujeres, pero eran muy vivos, no les gustaba pagar, a menos de que estuviese muy explotadísima y full operada. El dicho de ellos era que podían tener a la mujer que les diera la gana.

En el negocio se cobraba 2 mil bolívares por la mujer, el encuentro duraba dos o tres horas. A ella se le pagaban mil doscientos y a uno le quedaban 500 bolívares.

A mí dentro de la cárcel no me pagaban, yo solo iba a rumbear, como quien dice iba de nota. Llegué a llevar mujeres, pero no era buen negocio, a veces no querían pagar lo que era, o en otros casos ellas se enamoraban de los presos, se querían quedar con ellos y a uno entonces se le caía el negocio.

En un día entraban a un patio, al menos, cuatro mujeres a prestar servicios, ellos le decían cualquier cosa en el cuarto, entonces ellas comenzaban a entrar por su propia voluntad.

En la calle el negocio es distinto, porque es solo una hora, un solo encuentro sexual lo pagan más barato.

Para ser novia de un pran hay que concentrarse solo en él, porque si mirabas a los lados tenías la muerte segura. En la cárcel no comían de nada para agredir a alguien.

Mi relación con el primer pran duró dos meses y medio, porque era muy celoso. Hasta antes del desalojo de la cárcel me llama para amenazarme. Me decía que me iba a matar, que iban a enviar un carro para que me tiroteara la casa y que donde me viera me iba a caer a tiros. Todo eso es porque después que terminamos la relación, él se enteró que yo entraba en otros patios y que me veía con otros reos.

No todos mis novios fueron en el mismo patio. El último que tuve era pran en el retén. Luego fue llevado a la cárcel.

Mi tercer novio también estaba en el retén y después pasó a Sabaneta, él era una persona que me trataba como una princesa y me complacía en todo. Siempre me habló claro y me dijo que tenía otras mujeres, igual no me importó y nos hicimos novios. Cuando lo pasaron a la cárcel me tarde en ir a visitarlo porque yo había tenido dos novios en esa área.

El venía de ser un pran en el retén y estaba claro con los tipos. Yo también tuve que ser clara y le conté que me había acostado con dos reos. Ambos estábamos pidiendo “luz” (permiso) con el pran para poder entrar.

Luego de toda esta experiencia, llegué hasta visitar brujas para saber si me iban a matar o no. La política que manejaban los presos era hacer las cosas bien, no hablar, no mirar pa’ los lados. Si entras en un patio no tienes porque entrar en otro.

Hay mujeres que se “tragan la luz”, como fue el caso de una muchacha a la que le dieron un tiro en la pelvis porque salió de “calabozo” y luego se fue caminando para “máxima” a visitar a otro reo.

El día de las elecciones del 2012, también asesinaron a Georgina Solorzo, en el frente de la casa de su abuela, al parecer, tenía cuentas viejas con un pran de la cárcel y meses antes una muchacha recibió un tiro en la frente cuando se trasladaba en su carro cerca de Sabaneta. Iban por Georgina, pero se confundieron y cayó la inocente.

Esos tipos tenían tanto tiempo presos que se hacían una mente maquiavélica. Así dijeras que eras una santa o que venías de un convento, ellos no iban a ver eso. Eso sí, cuando te conseguían, te trataban como una reina, los “cuadrilleros” preparaban comida y te servían.

Cuando me empaté con mi quinto novio a mí no me pagaron nada, solo el taxi y las tarjetas para activar el teléfono.

Al momento de nuestros encuentros los obligaba a que se colocaran el preservativo. Cuando tenía el periodo no me dejaban entrar, supuestamente para evitar contaminación en el área, pero quiénes más sucios que ellos.

La última vez que entré a la cárcel fue en Semana Santa del año pasado, me tiré una rumba con pistolas y todo, y me tomé fotos con todo el mundo.

A pesar de los buenos momentos, yo hago un stop en mi vida y reflexionó, y doy gracias a Dios porque salí ilesa de todo esto. Fui testigo de cómo mandaron a matar a varias amigas y vi a madres llorar sus muertes.

De lo que estoy segura es que de esta vivencia tan oscura todo se desvanece y solo quedan recuerdos, lágrimas, experiencias, malas vivencias, el estrés y el cansancio de hacer y deshacer para conseguir falsos lujos.

“Llega un momento en que uno piensa que el mundo de afuera no existe”.

Gabriela fue testigo del punto final que las autoridades pusieron a historias de armas y prostitución en la Cárcel Nacional de Maracaibo. Hoy, con una nueva vida y con una niña de cinco meses en sus brazos, celebra lo que ella misma ha llamado su renacimiento personal.

Un gallo tapa´o de Chávez: la Ley Orgánica de Gestión Comunitaria de Competencias, Servicios y Otras Atribuciones

Elvia Gómez

Jorge Sánchez Meleán

Es persona de hablar sosegado, pero las cosas que explica Jorge Sánchez Meleán pueden sobresaltar mucho el ánimo. Sin ambages, este economista, profesor emérito de La Universidad del Zulia y miembro del equipo fundador del desaparecido Fondo Intergubernamental para la Descentralización (Fides), alerta que lo que se ha visto en materia de administración pública en la última década en Venezuela, puede quedarse en pañales con lo que vendrá, si no se frena esa amenaza implícita en Estado Comunal.

Uno de los objetivos de su declaración es que todos los gobernadores y alcaldes del país, tengan la simpatía política que sea, tomen conciencia y se activen para lograr darle una vacatio legis a la primera disposición transitoria de la Ley Orgánica de Gestión Comunitaria de Competencias, Servicios y Otras Atribuciones, que obliga a ceder aún más competencias y recursos al poder central a partir del 15 de septiembre 2012.

- ¿Qué puede sucederle a las regiones?

- Lo que plantea el programa de Gobierno de Hugo Chávez y que se vienen dando desde 2006, es la sustitución del Estado Federal por un tipo de Estado que no está en la Constitución, que es el Estado Comunal y es un proceso de vaciamiento de competencias a los estados y municipios.

La primera etapa se concretó en 2008 con la reforma a la Ley de Descentralización que revirtió las competencias exclusivas que los estados tenían en administración de vías, puertos, aeropuertos. La segunda etapa inició el 15 de septiembre, para quitarles otras competencias y para eso aprobaron la Ley Orgánica de Gestión Comunitaria de Competencias, Servicios y Otras Atribuciones, de la que nadie se imagina lo que está detrás.

Con ella pretenden transferir competencias y servicios que manejan actualmente los estados y los municipios hacia las unidades socioterritoriales del estado comunal que conforman eso que se llama el Poder Popular, las comunas y consejos comunales.

- ¿Quién exigiría la transferencia de competencias?

- El vaciamiento del Estado Federal se da en dos vías: hacia el poder nacional y hacia las los consejos comunales y comunas. Pero la nueva etapa es doblemente grave, porque le van a dar competencia a entidades socioterritoriales que no tienen base constitucional, se va a anarquizar el ejercicio del poder.

El Gobierno tiene previsto crear 3.000 comunas y vamos hacia los 40 mil consejos comunales y esos son los que van a manejar competencias tan importantes como servicios públicos esenciales y el mantenimiento de centros de educación y de salud, “entre otras”, dice la ley.

Según el reglamento que está en proceso de elaboración, los consejos comunales van a poder solicitar a los estados y municipios cualquier servicio, por ejemplo, los culturales, deportivos o construcción de viviendas. Prácticamente se va a dejar a los estados y municipios como cascarones vacíos.

- ¿Pueden los gobernadores y alcaldes negarse a eso?

- Creo que el hecho de que estemos en campaña electoral ha traído como consecuencia que ni los propios estados y municipios gobernados por afectos al régimen se hayan dado cuenta de lo que esto significa. La Ley sí trae disposiciones que facultan a los consejos comunales y comunas a solicitar expresamente aquellas competencias que consideren que ellos pueden manejar en caso de que no haya disposición de parte de los gobernantes.

- ¿Cómo financiarían los consejos comunales esas competencias si el Gobierno da dinero a capricho?

- Si algo se pone de manifiesto es que con los consejos comunales y comunas no hay un sistema claro, objetivo, de financiamiento, tiene mucho que ver con la identificación política que tengan con el régimen; mientras que sí están claras todas las formas de financiamiento dentro del Estado Federal, cada estado sabe cuánto le toca por Situado.

La gran falacia que está detrás es que con el Estado Comunal va a haber poder hacia el pueblo cuando esos fondos que le han ido extrayendo a los estados y los municipios en buena medida se han quedo represados en fondos que maneja el poder nacional. Con este modelo no hay la menor garantía de que haya justicia ni eficiencia en la distribución de los recursos, estamos a las puertas de la mayor anarquía y corrupción que se puedan imaginar en la inversión de los recursos públicos.

- Ya los gobernadores de la Unidad denunciaron que el Gobierno nacional les quita 50% de lo que constitucionalmente les toca por el Situado ¿cuánto más les podrían quitar?

- Es difícil en este momento saber si va a ser 10, 15 ó 20%. Los estados y municipios quedarán prácticamente para pagar nómina… y ni siquiera, porque cada vez que aumentan los sueldos y salarios a los estados no se les hacen los aportes correspondientes.

- Un estudio comparativo que hizo la Mesa de la Unidad indicó que los gobernadores de este sector dedican 70% de su presupuesto al gasto social, ¿es ese el que es ahora susceptible de ser sustraído?

- Sí, claro. En el programa de Gobierno de Hugo Chávez no hay ninguna mención específica acerca de programas que lleven adelante estados y municipios. Para tengamos una idea: el gasto total o territorial, el que emana de los estados y municipios, en el año 1989 llegó a ser de 17% del total del gasto público. Al terminar el proceso de descentralización ese gasto había llegado a 28%, con el aumento del Situado, creación de nuevas transferencias como Fides y LAES.

Ese mismo gasto para el año 2011 fue de 9%. Después de que el Situado por una década se mantuvo alrededor de 20% del ingreso ordinario del país, hoy llega a menos de 13%. Además, la Constitución de 1999 cambió un mínimo por un máximo: la de 1961 establecía un mínimo y esta puso un máximo de 20%.

De todos esos recursos sustraídos a las regiones, el Poder Nacional le da mendrugos a los consejos comunales afectos al régimen para hacer creer que eso es descentralización del poder, pero eso es el proceso más grande de centralización fiscal que se ha dado en Venezuela en los últimos 20 años.

- Dice que los gobernadores del PSUV no se han dado cuenta de la amenaza que se cierne sobre ellos ¿y los de la Unidad sí?

- Yo pienso que deben estar más conscientes. Yo les diría que se dieran cuenta de que, además de luchar porque les den los recursos que el Poder Nacional les debe por Situado y por el Fondo de Compensación Interterritorial, se preocuparan profundamente por lo que les pueden empezar a quitar desde el 15 de septiembre.

- Lo que se percibe es que, con sus excepciones, el desempeño de los consejos comunales causa desencanto. La materialización de esta etapa parece depender mucho del debate público.

- Evidentemente, muchos estudios ponen de manifiesto que la población no tiene una opinión favorable sobre los consejos comunales y las comunas, que son mecanismos para instaurar el socialismo. Estamos a las puertas de sustituir a las instancias que Venezuela ha tenido como República, que ha venido modernizando, por una estructura completamente traída por los cabellos, sin ninguna tradición histórica y que fracasó en el siglo XX.

Venezuela está en este momento como la mujer de Lot, mirando hacia atrás, cuando tenemos en el horizonte un siglo como el XXI, que va hacia el poscapitalismo y la democracia de participación muy amplia. No solamente tuvimos un candidato a la reelección del pasado sino también una propuesta ideológica del pasado.

-¿Han logrado hacer un consolidado de cuánto dinero le han quitado a las regiones?

- No se ha hecho un estudio consolidado. Como ya dije, en este momento el gasto territorial es del 9% del gasto total, lo bajaron del 28%, eso implica un retroceso muy grande en materia fiscal.

El régimen ha impedido cualquier otro mecanismo de descentralización fiscal, como fue la ley de Hacienda Pública Estadal, que a pesar de que fue aprobada en 2004 por la Asamblea Nacional, el Presidente la vetó con argumentos muy superficiales y desde entonces nadie se ha atrevido a sacarla de la gaveta en la que la metieron.