El difícil ejercicio de la ciudadanía

Ángel Lombardi

La ciudadanía no es otra cosa que el ser humano comunitario. Es el aprendizaje de la convivencia en función del respeto a los demás y a partir de nuestras obligaciones, tanto las de tipo moral como legales. Es el estado de derecho y con plena vigencia de los derechos humanos.

Desde un punto de vista estrictamente formal y declarativo la ciudadanía no sería difícil de representar y ejercer. En nuestro país no es el caso, aunque la ciudadanía está en la Constitución y en las leyes, en donde derechos y obligaciones, en su mayoría, ni se ejercen ni se cumplen, tanto por parte del Estado como del propio “ciudadano”.

Tiende a prevalecer en el ciudadano la anticultura del “hacer lo que me da la gana” y en los poderes públicos es frecuente la arbitrariedad y discrecionalidad del funcionario, la microfísica del poder como diría Foucault.

Desde el Presidente de la República hasta el último funcionario, la conducta habitual es la del abuso y el atropello; y como reacción, el ciudadano-víctima a su vez se convierte en victimario con una conducta habitualmente egoísta y anticívica.

En el país tenemos democracia pero escasean las conductas democráticas, tanto en el ámbito público como privado. Como diría Simón Rodríguez, tenemos república pero sin repúblicos.

En términos educativos no hemos sido muy exitosos en crear ciudadanía, ni desde la familia, ni desde la escuela y la comunidad. En todos estos ambientes tiende a prevalecer el mal ejemplo y la “mala educación” expresada en conductas frecuentes de irresponsabilidad e insolidaridad.

A nivel declarativo y en la retórica formal, la Constitución y las leyes proyectan un ideal de sociedad casi perfecto, de muy pocos deberes y muchos derechos y se nos habla abundantemente de una democracia protagónica y participativa, en donde el “pueblo” lo es todo.

En la práctica no es así, porque seguimos siendo una sociedad profundamente desequilibrada y oprimida, con altos niveles de marginalidad social y cultural. Realmente lo que predomina es una minoría que, más que una élite meritocrática, son grupos de logreros y oportunistas que usualmente utilizan la vía política para acceder al poder y a la riqueza. Las garantías legales son casi inexistentes y el “fuero privado” se irrespeta todos los días.

No hay nada más inerme que nuestra ciudadanía, acosada por la violencia y la inseguridad generalizada, así como por la indefensión legal, a menos que formemos parte de esa minoría privilegiada en donde las “relaciones” y las “posiciones” les permitan usufructuar la seguridad y la impunidad.

Gobierno de la muerte

Marta Colomina

«Dispara primero y averigua después» es frase atribuida (falsamente, al parecer) a Rómulo Betancourt y repetida hasta la saciedad por Hugo Chávez con el fin de satanizar los 40 años de democracia e identificarlos con una etapa de violencia, de injusticia y de muerte, obviando que él encabezó el 4F en el que murieron muchos venezolanos inocentes.

Quienes escuchaban sus feroces críticas a gobiernos anteriores, esperaban que, por ser militar, el nuevo presidente garantizaría la vida y los bienes de los ciudadanos poniendo a raya al hampa y disminuyendo aquellos 2 mil crímenes anuales ocurridos antes de su arribo al poder, a la par que elevaría los niveles técnicos y éticos de los cuerpos policiales. Ocurrió todo lo contrario.

Chávez ha estado al frente de un Gobierno con más de 19 mil crímenes en 2011 -75% de ellos de jóvenes- unos cuerpos policiales politizados, ineptos y corrompidos que protagonizan asesinatos horrendos gracias a la complicidad oficial y a la existencia de un Poder Judicial envilecido, que deja sin castigo el 97% de los delitos cometidos. Todo indica que en el gobierno de Chávez se dispara primero y ni siquiera se averigua después.

El asesinato de Karen Berendique, hija del Cónsul de Chile en Maracaibo

Este crimen ha evidenciado, una vez más, las prácticas asesinas del Cicpc, cuerpo que teóricamente debería dedicarse a tareas de investigación criminal pero que, en la realidad, ha degenerado en rutinas delictivas.

Dispararon a mansalva porque en un país con delincuentes disfrazados de policías y policías disfrazados de malandros que secuestran y matan, dos jóvenes hermanos desarmados no se detuvieron ante la orden de policías que se comportaron como delincuentes.

«Actuaron como animales» dijo el atribulado padre de la joven acribillada con 3 balazos de los 100 que dispararon a su camioneta los funcionarios «del orden» (EU 23-03-2012). Karen se desangró en brazos de su hermano, quien se salvó porque gritó «que era Cónsul y no lo mataran» (EU 22-03-12).

El Cónsul Fernando Berendique, explica que «no había avisos, ni conos, no había nada». Por eso no se detuvieron, pensando que podría ser un secuestro o un robo (el hermano había sido víctima de un robo la semana anterior).

Tan «gajes del oficio» debió parecerle el horrible crimen al director del Cicpc, que lo despachó «como una mala práctica policial», a sabiendas de que el reglamento dice que «si no hay amenazas a la vida de los policías o terceros ellos tienen prohibido usar las armas de fuego».

Sin embargo el hermano relata que «el Fiscal me dijo que vaciaron 5 pistolas contra nuestra camioneta; cada arma con 18 balas, son casi 100 balas las que nos dispararon».

Cada día se conocen más detalles del crimen que, por la notoriedad del Cónsul, no pudieron ser ocultados como otros muchos cometidos por funcionarios policiales.

Se supo que «uno de los Cicpc detenido por el crimen había sido expulsado del cuerpo por conducta irregular» (EU Ibid). La obsesión de politizar a las policías ha incrementado las fallas en su formación, según expertos: «antes en el Cicpc hacían una carrera de técnico superior de 3 años en el Iupolc. Actualmente los cursos apenas son de 11 meses» (EN 20-03-12).

El sociólogo Luis Pedro España (EN 22-03- 12) culpa al Gobierno del «aumento incontrolado de la criminalidad, por haber desinstitucionalizado el aparato estatal (… ) con la aplicación de supuestos principios revolucionarios que hacen que hoy exhibamos la cifra de criminalidad más alta del mundo».

Añade que «fue este gobierno el que decidió permitir que civiles se armaran para proteger la revolución«. Son 18 los «colectivos» con armas de guerra que operan en el 23 de Enero y al menos 300 hombres armados conforman grupos delictivos (EN 22-03-12).

Concluye España que la reforma judicial, la remilitarización de la policía y la introducción de cambios «más por intereses políticos y manías conspirativas que por criterios de protección al ciudadano y castigo para los infractores (…) causaron que de 2 mil muertes al año pasáramos a casi 20 mil en 2011».

El Gobierno ha desoído todos los informes (Provea y otras ONG) sobre la grave descomposición del Cicpc y demás cuerpos policiales.

En 2010 la Fiscalía registra la impunidad policial en el país «pues de los 9.131 actos conclusivos que presentaron solo 2,9% terminó en acusaciones» (EN 21-03-12).

El MIJ «olvidó» informar a la AN en su Memoria y Cuenta 2011 sobre cifra de homicidios y el Sebin nos cuenta una de vaqueros diciendo que neutralizó 24.840 ataques contra el Estado en 2011 ¡A 68 ataques por día! ¡Ni en Afganistán!

Esa es la Venezuela que nos dejará el gobierno de la muerte, en el que hasta su Presidente anuncia irresponsablemente un atentado al candidato opositor, sin que sus cuerpos de seguridad tengan idea de dónde sacó la especie.

Las cabillas de la corrupción

Juan Martín Echeverría

La corrupción está consustanciada con la vida política, sin embargo puede reducirse si funciona la división de poderes y hay voluntad política para sancionarla, ya que es una enfermedad que acompaña a los dirigentes como la sombra al sol, y es inherente a la práctica política: lo que se trata es de reducir sus excesos, con mecanismos eficientes de contraloría interna y de lucha contra la impunidad, aunque los implicados sean revolucionarios.

La antítesis del radicalismo y del gobierno popular es lo que está ocurriendo con las cabillas fabricadas por la nacionalizada Sidor, donde se demuestra que la corrupción con sus fuerzas corrosivas aplasta la gobernabilidad.

Un régimen es corrupto cuando monopoliza el poder, convierte hechos inocultables en secretos y los abusos pasan a ser invisibles, eliminando la transparencia y el acceso de la información a los medios de comunicación social; la consecuencia es que la corrupción se hace cotidiana, grosera y forma parte del paisaje local y nacional.

El régimen nacionalizó Sidor y las cementeras para mejorar su productividad, fabricar masivamente viviendas e incrementar la construcción civil, todo con el propósito de generar fuentes de trabajo y resolver graves problemas sociales, sin embargo la realidad es que un porcentaje significativo se desvió hacia el exterior y el mercado negro nacional, beneficiando a funcionarios e intermediarios, además de perjudicar a los empresarios y al sector público. Increíble contradicción, que se traduce en insumos muy costosos y difíciles de conseguir.

Estamos en presencia de un entramado que existe desde hace años, con acusaciones e informes de auditoría desde el año 2008, y en el 2010 dirigentes sindicales denunciaron que parte de las cabillas se iban al mercado internacional, porque se obtenían mejores ganancias.

En tres años de estatización, Sidor ha dejado de producir 160 mil toneladas de cabillas y trabaja a pérdida porque están reguladas: las coloca a $ 405 y su valor internacional es de $ 890. Las investigaciones confirman que cabillas que deben venderse a BsF 20,00 se comercializan a BsF 75,00, afectando gravemente a los sectores populares.

En el estado Bolívar, después de un silencio de leones, impenetrable a pesar de que todos sabían de las irregularidades, sobreprecios, mercado negro y envíos al exterior montados desde el sector público, al régimen no le ha quedado más remedio que actuar,

poniendo a la orden del tribunal al gerente de comercialización de Sidor y otras personas, radicando el juicio en el Distrito Capital para reducir las presiones regionales y las evidentes complicidades, pero ya el daño estaba hecho, con decenas de empresas creadas para la comercialización, comisiones, ocultamientos y traslado de los fondos en Venezuela y en el exterior, cuyos tentáculos llegan a Estados Unidos y el Líbano.

En fin, la justicia imputó a los implicados de concierto de funcionarios públicos con contratistas, peculado doloso propio, tráfico ilícito de material estratégico, malversación específica y asociación para delinquir.

Chávez en Cuba o Cuba en Chávez

Yoani Sánchez

¡Estos son los últimos caramelos! ¡Así que aprovechen! gritó Olga —apodada la Guajira— en medio del albergue de nuestro preuniversitario en el campo. Mi vecina de litera revendía alimentos que le proporcionaban los técnicos soviéticos, quienes compraban en tiendas donde los nacionales no podíamos entrar.

Corrían los últimos meses de 1990 y la comunidad de “camaradas” rusos que se inmiscuía en la realidad cubana comenzaba a hacer las maletas.

Por toda la ciudad numerosas casas quedaban vacías ante la estampida de estos residentes extranjeros, mientras languidecía el mercado negro que ellos fomentaban. Aquella golosina envuelta en un tosco papel, fue para mí la primera señal de que el subsidio enviado por la URSS se cortaría abruptamente.

El heraldo de las malas nuevas se presentó así ante mi paladar adolescente, bajo la forma de un dulce que se ausentaba para siempre.

Hoy, más de 20 años después, hay indicios un tanto amargos de otro posible colapso material. Pero esta vez el riesgo no emana del Kremlin sino de un palacio más cercano, el de Miraflores.

Hugo Chávez está en Cuba y sobre su salud se tejen infinitas especulaciones y algunos alarmantes escenarios futuros. Los más de 100.000 barriles diarios de petróleo que se importan desde Venezuela, podrían desvanecerse tan rápido como se deshace un caramelo en la boca, si el presidente de ese país fallece a consecuencia del cáncer que lo aqueja.

En las calles habaneras, las interrogantes van más allá de la morbosidad en torno a temas médicos, para convertirse en preocupantes vaticinios del mañana. Una mujer, con el rostro agriado por la cotidianidad, le dice a otra de forma tajante:

“Si a Chávez le pasa algo, nos va a caer encima un segundo Período Especial”.

Y el énfasis que pone en cada sílaba me recuerda a aquella adolescente proclamando los últimos dulces enviados desde la Unión Soviética. La historia es así de caprichosa, a veces se repite camuflada en almíbar… otras en acíbar.

Hemos tenido la dolorosa oportunidad de aprender —como país— la lección de la dependencia; de prometernos a nosotros mismos que nunca más el futuro de esta Isla quedaría colgando de un presidente foráneo o de un partido extranjero.

Pero a principios de 1999, con la asunción de Hugo Chávez al poder, quedó claro que la autonomía económica sería sólo una fantasía nacional postergada una y otra vez. El desequilibrado intercambio comercial entre Cuba y Venezuela ha permitido al gobierno de Raúl Castro evitar el colapso a pesar de la improductividad del país. Sin embargo, este subsidio también genera una alarmante fragilidad, una vez que puede ser cortado en cualquier momento.

El magno paciente operado en La Habana, se erige como la garantía principal para que las reformas raulistas puedan mantener su tímido paso y sus objetivos de permanencia en el poder. Mostrar a Chávez en la televisión, anunciar su pronta recuperación en los periódicos, es como darle una fe de vida al castrismo. Cuando nos enseñan el rostro sonriente del presidente venezolano, no esperan que leamos solo el estado de salud de un hombre, sino también el pronóstico político de dos países. De ahí que la propaganda oficial se afane en hacer coincidir la supuesta “victoria” sobre el tumor físico con el triunfo de todo un proyecto ideológico.

Los gobiernos mantenidos, los regímenes subsidiados, tienen la falsa ilusión de que pueden aprender a vivir sin sus mecenas. Alardean de que lograrán dar pasos en solitario una vez que cese el apoyo del otro. Pero en realidad, durante el largo período de la dependencia sólo han aprendido a buscar una nueva fuente de la que beber, un nuevo socio al que expoliar.

Su disfunción económica no puede ser reparada en el plazo de tiempo en que avanzan las células malignas por un organismo. Un sistema donde la ineficiencia ha hecho metástasis hasta en la producción de papas, ladrillos o detergente para fregar, sabe que cada paso que dé en solitario es un paso hacia su final.

Queda claro entonces que Hugo Chávez vino a Cuba a tratarse su dolencia física porque las garantías de discreción sobre su situación son garantías de silencio sobre el estado real de nuestro país.

Así que aquí estamos otra vez, en esta situación que conocemos bien: el muro de Berlín cae o el cáncer se instala en el cuerpo de un hombre; la glasnost destapa la basura de 70 años o un médico comete una imprudencia con un enfermo; los técnicos soviéticos hacen sus maletas en La Habana o los cubanos sopesan sus pertenencias en Venezuela; una jovencita advierte que los caramelos made in URSS se acabaran en breve o una señora desilusionada habla de otro posible colapso material; un presidente ve cómo el mapa de un bloque político se desgaja en fragmentos diversos o un ajado gobernante mira asustado el reporte de una tomografía axial computarizada.

Plan de Destrucción Nacional en Guayana

Teodoro Petkoff

Hubo una época, no hace tanto, en que visitar Guayana constituía una estimulante y diríase que hasta gozosa experiencia. En cierto modo, y durante un tiempo, Guayana fue la imagen del país que queríamos ser. Sin embargo, no siempre la realidad se ajustaba a la imagen.

Sidor, buque insignia de la industria pesada guayanesa, estatal, era una empresa subproductiva y, paradójicamente, sobrecargada de personal. En las empresas del aluminio, siempre Alcasa daba la nota falsa, esperando eternamente por la Quinta Línea.

Pero, en general, el complejo alumínico de Guayana había hecho de Venezuela el séptimo productor mundial de ese metal, pero el deterioro de las empresas ya era visible hacia finales de los 90 y se planificó su privatización, para seguir el ejemplo de Sidor. Lamentablemente ese proceso no cuajó y ya no hubo tiempo de reformularlo.

Ahí fue cuando llegó el comandante y mando a parar. Lo que andaba bien, lo echó a perder; lo que andaba mal, lo ha colocado al borde del derrumbe.

Sidor

En 1997, Sidor había sido privatizada. De allí en adelante, la siderúrgica comenzó a echar pa`lante.

El chavismo le puso la mano a la empresa a principios de 2008, y un año antes su producción alcanzaba los 4.3 millones de toneladas anuales.

 

En 2010, cayó a 1.8 millones de toneladas y en 2011 siguió en el foso: 2.4 millones de toneladas. Entre 2009 y 2010 la siderúrgica dejo de producir 11,5 millones de cabillas. Simultáneamente, recomenzó el perverso proceso de meterle gente a la empresa. Total, Sidor ha vuelto a ser la empresa fallida que era hasta la fecha de su privatización.

Ferrominera Orinoco

La fuente de su materia prima, el hierro, producido por Ferrominera, ha seguido, como la cola al perro, la caída de Sidor. Normalmente la empresa minera producía entre 22 y 23 millones de toneladas por año; los últimos tres años la producción estuvo oscilando entre 12 y 13 millones de toneladas. Producidas en 70%, vaya ironía, por dos contratistas privadas, en tanto que era entregada a una empresa china el rol de agente de compras en el exterior para la minera “venezolana”. Pregunta ociosa: ¿Para que existe CVG Internacional?

Bauxilum y el aluminio

La minera de la bauxita cayó en 2011 a 2.4 millones de toneladas anuales, desde una producción tradicional de unas 6 millones de toneladas. La producción de alúmina descendió de 2 millones de toneladas a 1.2 millones.La producción de aluminio se ha venido en picada. Alcasa, mal que bien y pese a sus dolencias, producía 200 mil toneladas anuales; en 2011 su producción cayó a 60 mil. Venalum descendió en 2011 a 270 mil toneladas anuales contra su nivel normal de 430 mil.

Estatizaciones

Otras curiosidades del manejo chavista de Guayana son las de estatizar empresas para luego mantenerlas cerradas. La empresa de refractarios Cerámicas Carabobo, que producía para Sidor, fue estatizada y cerrada. Tavsa, la fábrica de tubos sin costura, cuyo cliente principal era Pdvsa, fue estatizada y hoy no está operativa.

Este breve recuento del avance del Plan de Destrucción Nacional en Guayana no incluye lo que pasa en el sector laboral, que denodadamente lucha por salvar las empresas y con ellas sus propios derechos laborales.

Esto será objeto de una consideración especial. Pero hay una pregunta que debemos respondernos:

¿Vamos a dejar a Guayana en las mismas manos que la han colocado en estado de coma?

Como venezolanos seríamos unos irresponsables.

Desplome productivo de las empresas básicas: el daño es sin duda inconmensurable

Damián Prat

Nunca será demasiado lo que se escriba y se hable acerca del proceso de destrucción al que ha sido sometido por parte del actual gobierno, el emporio industrial de Guayana.

Aunque quizás mucha gente no se dé cuenta, apartando el significado económico que para Venezuela tiene el ingreso petrolero, la producción industrial de Guayana ­aún la muy disminuida de hoy­ es indispensable para el desarrollo y construcción de toda Venezuela.

Con el aluminio de Guayana trabajan procesándolo y transformándolo docenas de empresas manufactureras en toda Venezuela que a su vez le aportan a industrias como la de la construcción, automotriz, de electrodomésticos, de piezas eléctricas, de envasado de alimentos y mucho más.

Cosas semejantes se pueden decir de los laminados y perfiles de acero de Sidor.

Con las cabillas de Sidor ­junto a las de Sidetur Sivensa­ se han construido durante 50 años millones de viviendas, obras de infraestructura, hospitales, escuelas, edificios comerciales, fábricas, puentes y mucho más.

Entre el 60% y el 70% de la energía eléctrica que mueve a Venezuela viene del maravilloso sistema hidroeléctrico del Caroní planificado y edificado durante más de 50 años por una empresa de primer mundo como era la hoy destruida Edelca. En Guayana, pese a muchos defectos e insatisfacciones, se sembró el petróleo.

Pero como es público y notorio, el actual gobierno ­y en especial desde 2005 en adelante­ ha sometido a las empresas de Guayana a una sistemática destrucción de su capacidad productiva, de su auto sustentabilidad económica y financiera y a la masiva violación de los derechos del trabajador, en especial de sus contratos colectivos y del disfrute de sus beneficios socio económicos.

Acero, cabillas, aluminio, bauxita

Esta vez, sin embargo, tomamos los datos de un informe elaborado por un equipo de profesionales de larga experiencia en la industria de Guayana que han usado las cifras oficiales de las propias empresas para concluir que en los últimos tres años, es decir, de 2009 a 2011, a las industrias de Guayana han dejado de ingresar casi 20 mil millones de dólares por la baja de producción.

Fernando Goyenechea, dirigente gremial de la pyme, explica que «si estas empresas hubiesen mantenido sus ritmos productivos normales y vendido el aluminio, el acero en productos largos o planos, las pellas y briquetas, el mineral de hierro simple y el oro que no llegaron a producir, teniendo capacidad para hacerlo, el país le habrían ingresado 20 mil millones de dólares adicionales, parte de los cuales se habrían reinvertido en las industrias para ampliar sus plantas, crear nuevos empleos verdaderos, productivos y de calidad, desarrollar nuevos proyectos industriales de alto valor agregado”.

Ese ha sido el costo en el trienio, del mal gobierno de la supuesta «revolución» que en los hechos y para Guayana, ha significado retroceso e involución, pérdida de la soberanía nacional productiva y desindustrialización.

Datos para indignarse

Entre Alcasa y Venalum se dejaron de producir 100 mil toneladas de aluminio en 2009 a un precio promedio de 2.078 dólares/ton para una pérdida de 51 millones de dólares.

En 2010 las cifras rojas se abultaron a 239 mil toneladas menos que aun precio promedio ese año de 2.286 dólares significaron $537 millones menos. Y en 2011fueron 350 mil toneladas menos a un precio promedio de 2.400 dólares la tonelada para ingresos que no llegaron de 623 millones de dólares.

Ferrominera dejó de ingresar por baja productiva de mineral en esos tres años sumados, 2.680 millones de dólares. Y entre pellas y briquetas casi $3 mil millones.

Sidor, sumando todos sus productos, dejó de ingresar casi 7 mil millones de dólares por ventas no efectuadas al bajar gravemente su producción en esos tres años.

Minerven dejó de ingresar casi 240 millones de dólares al desaprovechar los altos precios del metal con una tremenda baja productiva.

Y el sector briquetero que era privado y ahora estatizado no sumó 5 mil 300 millones de dólares por la caída productiva.

El daño es sin duda inconmensurable.

Caracas, ciudad sin ley

Ludmila Vinogradoff

La fiesta con la que celebró su 18 cumpleaños terminó con sangre. Jaicy Nairim Suárez no pudo seguir corriendo —era una atleta— porque una bala que le disparó un joven desconocido de 15 años le perforó la pierna el pasado domingo por la tarde en el parque Yare, situado en la calle Chacao de la caraqueña urbanización Macaracuay.

Después Jaicy se arrastró herida para ayudar a su amigo Carlos Antonio Armas, de 24 años, que también yacía mortalmente tiroteado por el mismo pistolero. Este joven, antes de ser identificado, se dio a la fuga en su moto tras ver cumplidos sus deseos de venganza. La Policía no descarta que el asesinato fuese debido a razones pasionales, una venganza o ajuste de cuenta entre bandas y pandillas juveniles.

Los dos jóvenes tiroteados vivían en el barrio El Morro de Petare, zona «roja» y peligrosa, pero donde es usual que los muchachos de los sectores populares frecuenten a sus amigos de las urbanizaciones de clase media como Macaracuay.

Es en las zonas deprimidas donde el chavismo ha encontrado su principal respaldo popular. Pero, tras todos estos años de régimen chavista, la delincuencia se ha cebado con esas mismas zonas y ha convertido a la juventud de los barrios más duros en su víctima propicia.

La religión del pistolerismo

En el barrio «23 de Enero», bastión del chavismo, hay grafitis en los muros de un Cristo armado con fusil y la Virgen María y el niño Jesús con kalashnikov. Y hace unas semanas el grupo chavista La Piedrita protagonizó un escándalo por fotografiar a niños de la revolución fusil al hombro.

Ese mismo grupo chavista se enfrentó el pasado sábado con otra banda por el control de la zona. En el tiroteo murieron Óscar José Nava López y Raymon Josué Bustamante Alcántara.

La cifra de homicidios en la zona metropolitana de la gran Caracas aumentó un 52,58% al pasar de 2.286 muertes en 2010 a 3.488 en 2011, afirma Carlos Santos, representante del Instituto de Investigación de Convivencia y Seguridad Ciudadana. Santos explica que el número de homicidios por cada 100.000 habitantes subió de 71 en 2010 a 108 en 2011.

El español Antonio Gil Gil, un comerciante de ferretería de 62 años, deseaba regresar a Galicia, pero unos delincuentes le frustraron sus planes. El pasado sábado fue a cenar a la Hermandad Gallega y al volver a su casa en la urbanización de Montecristo, pasadas las diez de la noche, unos delincuentes le sorprendieron al abrir la puerta. Murió de un tiro en el abdomen al intentar escapar.

La urbanización se halla en una zona tranquila vecina del municipio de Chacao, uno de los más seguros de la capital, pero aun así no se escapa de las estadísticas negras que cada fin semana colapsan la morgue de Caracas.

De los cinco municipios caraqueños, el más violento es el de Libertador —dirigido por el alcalde chavista Jorge Rodríguez—, afirma el concejal metropolitano Freddy Guevara, presidente de la Comisión de Seguridad Ciudadana y de Derechos Humanos del Cabildo Metropolitano. Allí la cifra de homicidios aumentó un 64,7%, de 1.700 a 2.800 entre 2010 y 2011.

El criminólogo Javier Gorriño, secretario administrativo del Consejo Metropolitano de Seguridad Ciudadana, señala a ABC que la primera causa del auge de la criminalidad en Caracas es «el mal manejo de la política contra la delincuencia del Gobierno de Chávez». No hay programas coordinados entre el Gobierno y los municipios, precisa. Y la política preventiva social ha fallado porque el abandono escolar es muy alto. «Los niños que dejan la escuela van camino del delito, pronto pueden convertirse en víctimas o en criminales», dice.

La Policía casi nunca sube a los cerros de Caracas para patrullar y prevenir los delitos. Sólo cuando las escalinatas de las callejuelas se tiñen de sangre, por los tiroteos entre las bandas de narcotraficantes que buscan controlar la zona, los investigadores se asoman para ver qué pasa.

«Desde hace quince años no han mejorado las condiciones de la Policía de investigación científica. Tenemos los mismos 7.000 funcionarios. No hay recursos ni material para que mejore la calidad de su trabajo. Y luego tenemos una pésima política penitenciaria. Las cárceles son depósitos de hombres, No hay reeducación ni reinserción social. Son escuelas de crímenes», subraya Gorriño.

El binomio pobreza-delito no justifica por sí solo el aumento de la criminalidad, sostiene el criminólogo, que defiende la capacidad de trabajo de los habitantes de los barrios caraqueños. «Se levantan a las tres o cuatro de la madrugada y se exponen al frío y la amenaza de los delincuentes (caminan en grupos para protegerse) para llegar a tiempo en su trabajo».

Los más humildes y los jóvenes son, sobre todo, las víctimas de la violencia urbana, el mayor problema al que se enfrenta Venezuela.

En seis estados se concentra el 50% del déficit habitacional

Mayela Armas

En 13 años el Gobierno y el sector privado construyeron cerca de 650.000 viviendas, pero esas casas no fueron suficientes para atender la demanda de soluciones habitacionales.

El déficit habitacional se mantiene en 2 millones de unidades, y en seis estados se concentra el 50% de esa brecha, según estimaciones de la Cámara Venezolana de la Construcción (CVC). En Anzoátegui, Carabobo, Distrito Capital, Lara, Miranda y Zulia el déficit es de 1 millón de viviendas.

Los datos de la CVC revelan que 14,5 millones de personas tienen necesidades de vivienda y detallan que 8,8 millones de personas requieren de soluciones habitacionales nuevas y 1,3 millones de personas demandan por mejoras en sus viviendas, por lo que indican que «de cada dos venezolanos uno no tiene alojamiento adecuado o vive hacinado».

Ante ese diagnóstico, la organización en un informe sobre el área de vivienda, destaca que «la oferta anual de unidades no ha sido suficiente para cubrir el crecimiento de la población y 57% de las soluciones producidas se hacen a través de mecanismos informales«.

La política de vivienda

A la largo de 13 años la política de vivienda se ha sustentado en tres misiones.

Entre 1999 y 2010 se lanzaron dos misiones (Hábitat y Villanueva) y se anunciaron metas de construcción de 120.000 soluciones cada año. Sin embargo, esos objetivos no se alcanzaron por lo cual las necesidades se agudizaron. Los años en los que se llegaron a realizar más soluciones fueron 2006 y 2007, cuando se hicieron 54.000 y 58.000 unidades, respectivamente

Fue el pasado año cuando las autoridades señalaron que había que acelerar la marcha en la producción de casas.

En 2011, y previo al período electoral, el primer mandatario nacional indicó que «la construcción de viviendas la asumía como un reto personal y que debía agilizarse», y para ello presentó la Gran Misión Vivienda Venezuela.

Ante el nuevo plan, Hugo Chávez, aseguró que «ahora hay una etapa nueva ya no son las misiones, lo que viene ahora son las grandes misiones que articulan. Una gran misión, mucho más allá de lo que hasta ahora hemos conocido como misiones quizás coyunturales y focalizadas en un problema».

A través de la Misión Vivienda Venezuela se planteó como meta la producción de 153.000 unidades habitacionales solamente en 2011, siendo el resultado final 146.000 soluciones. De ese total, el Gobierno realizó 62.000 viviendas, y aunque hubo un aumento de 200% en la producción, gran parte de esas unidades correspondieron a las casas previstas en programas de ejercicios pasados.

Con las cifras de 2011, los entes oficiales ejecutores del área de vivienda en 13 años hicieron en total 346.000 unidades, y pese al salto del último año, las necesidades persisten.

En el marco de la Gran Misión Vivienda se efectuó un registro y allí se inscribieron más de 3 millones de personas, lo cual demuestra que la demanda sigue siendo elevada.

Los constructores han indicado que para cubrir el crecimiento anual de déficit habitacional se deben hacer 200.000 viviendas cada año y para ello se requieren invertir anualmente cerca de 15,7 millardos de dólares, y esa inyección tiene que ser pública y privada.

Por entidad

• En el estado Zulia el déficit de viviendas asciende a 288.000 unidades, según datos de la Cámara Venezolana de la Construcción.

• En Miranda la brecha es de 190.000 casas, en Carabobo llega a 154.000 unidades, en Lara es 142.000 viviendas, en Distrito Capital está en 136.000 soluciones y en Anzoátegui es 128.000 casas.

• La información de la organización señala que el déficit en Bolívar es de 126.000 unidades y en Sucre asciende a 88.000 soluciones.

“No existe voluntad política para investigar y enjuiciar a quienes atentan contra la ciudadanía”

Juan Martin Echeverría

La violencia se ha instalado en Venezuela, nos rodea por los cuatro puntos cardinales y las vías de hecho se multiplican, lo cual se traduce en un sentimiento de inseguridad que recorre la nación. Sus modalidades son infinitas: políticas, sociales, criminales, carcelarias, sindicales y las invasiones como modelo de lo que un gobierno elegido por el voto no debe permitir.

De allí que haya violencia individual, estructural, institucional y presuntamente revolucionaria, ya que sus lineamientos tienen un toque totalitario, caos, avances y retrocesos, anarquía y el fraccionamiento de los grupos violentos hace difícil la ubicación de sus líderes y determinar, en definitiva, a quién obedecen.

Rechazamos la idea de la «violencia buena», que es aquella identificada con las reivindicaciones de los pobres, y que pretende justificar las violaciones a la Constitución y a las leyes: la violencia culmina siempre en muertes, destrucción de la propiedad y alteraciones a la paz y tranquilidad de los ciudadanos. Sin embargo, aunque sus causas sean múltiples es posible enfrentarla y derrotarla, tal como ha ocurrido en fechas recientes en las favelas de Sao Paulo y en el plan maestro ejecutado en Medellín con excelentes resultados.

Más aún, la historia ha demostrado que aunque la violencia puede en una primera etapa ser útil a sus creadores, termina inevitablemente volteándose contra ellos, como un perro rabioso que ataca en la yugular a su dueño; en la medida en que no tiene límites, se atomiza, multiplica y se hace incontrolable.

Por eso es un riesgo enorme regar con un discurso amenazante el árbol de la violencia, porque sus frutos nacerán envenenados y contaminarán, tarde o temprano, a quienes la propicien.

No vale la excusa ideológica para quien actúa de manera excluyente y arbitraria, ya que luego no puede neutralizar o perseguir a los violentos, al alimentarse y consustanciarse con la persecución, convertida en un medio para atemorizar a sus adversarios y en una razón de vida.

La violencia no conduce sino a disfrazarse de sí misma, devorando todo lo que consigue a su paso: instituciones, normas, procedimientos, personas naturales, la atmósfera democrática y contaminando prácticamente todo lo que nos rodea.

La violencia jamás puede ser tratada como un aliado estratégico del poder, sobre todo cuando se vincula con el tráfico de drogas y el hampa común, en delitos que abarcan asesinatos, secuestros, tráfico de drogas, armas de guerra y daños a la propiedad.

No hay manera de que a este tumor, que se apodera de espacios esenciales de territorio y desafía la gobernabilidad, se le pueda dar carta de naturaleza ante la opinión pública nacional e internacional.

Lo cierto es que no existe voluntad política de investigar y enjuiciar a quienes atentan contra la ciudadanía, aparte de que es notoria la reprobación unánime de la sociedad civil contra estos grupos subversivos; pero lamentablemente no se han producido las medidas de investigación y castigo que deben implementar las autoridades.

«En Venezuela no hay vacío de poder sino un poder vacío»

Carlos Blanco (*)

A diferencia del 2002 cuando sí hubo un vacío de poder, el poder se fue de un lado para otro. Lo tenía Chávez, pasó a manos de la multitud que marchaba en las calles, saltó a los generales, debilitado llegó a las manos de Pedro Carmona, pasó de nuevo a los mismos generales y regresó a Chávez.

El poder estaba constituido por las fuerzas de lo real (militares y pueblo en la calle), se vació en la botija roja y por unas horas se guarneció en otra, azul pálido. Había instituciones como la Fuerza Armada, PDVSA, el Banco Central, hasta cierto punto el Tribunal Supremo… que declaró el vacío de poder.

Ahora es distinto, el poder se vació, se derramó, se cayó y sólo lo sostiene la inercia, la figura simbólica de Chávez y el entramado que se ha constituido y que muy pocos quieren mover, no sea que una de las cabillas que sostiene la estructura le caiga a alguien.

No es el que era

Chávez se cuidó de los enemigos. Múltiples anillos de seguridad lo rodean. Los fieles más incondicionales le filtran hasta el aire que respira. La cofradía cubana estrecha el cerco de protección y de aislamiento. Acciones libradas para preservar al Comandante en estado original, en perpetuo renacimiento, como deus ex machina de una revolución imposible; pero, nadie sospechaba que todo sería inútil cuando la amenaza viniera de la intimidad orgánica del protegido.

El hombre fue tomado por asalto, en principio por una enfermedad, pero más adelante por el mal. Cualquier ser humano se enferma y el cáncer se ha convertido en una enfermedad bastante común, manejable en muchos casos como enfermedad crónica y, en otros, curable.

Sin embargo, a Chávez la enfermedad se le transformó en algo diferente: lo poseyó un mal del cual no se libra porque va más allá de la enfermedad. En vez de experimentar su dolencia como un desarreglo orgánico quizá con algún componente psicológico para lo cual hay determinados protocolos curativos, se dedicó a retar su dolencia como si fuera el asalto inesperado del enemigo;

convirtió la lucha contra el cáncer en una guerra revolucionaria, la voluntad contra la realidad, el bien que él cree representar contra el mal que quiere sacarlo del escenario, la ciencia cubana contra la venezolana, la capacidad de sobrevivir contra la celada de la naturaleza (que si se manifiesta bruta y se opone, se le hará obedecer, como en el chiste que se atribuye a Bolívar).

El caudillo en vez de ser un enfermo que trata de curarse se transmuta en el mártir que sube la cruz a su Gólgota rojo y que se exhibe pornográficamente en el tamaño de sus tumores, en la vestimenta estilo Fidel-Castro-deportivo-en-recuperación, y en las publicitadas sesiones de quimio y radioterapia, con pelos que se caen y crecen.

No informa sobre su enfermedad, cosa que apreciarían los venezolanos, especialmente si viniera de voces serias y autorizadas; en vez de informar lo que hace es exhibirse como el Chávez voluntarioso en lucha contra el Chávez humano, débil y mórbido.

Un cuerpo manejado por su dueño de manera tan espectacular se ha transformado en un ingrediente dramático de la escena política; los ciudadanos transfigurados en oncólogos y Chávez en enfermo que no se va porque no quiere abandonar “a su pueblo”.

En una sociedad estructurada la enfermedad o imposibilidad de continuar en su cargo por parte del presidente lo que hace es disparar mecanismos institucionales de sucesión. En Venezuela, dada la naturaleza autocrática y personalista del bochinche bolivariano, la situación del Presidente lo que hace es desatar los diablos danzantes del Averno.

Como Chávez ha concentrado todo el poder, la enfermedad que debilita su cuerpo, transformada en mal contrarrevolucionario, también debilita su poder. Esta fase de la historia no será la de un poder asaltado sino la de un poder vaciado; no será la de un poder tumbado sino un poder caído.

El trámite

El país tramita la salida de Chávez del poder. No necesariamente por su estado de salud sobre lo cual no tengo más noticias que las que se conocen públicamente. Es que Chávez dio un paso muy grave para la continuidad de su proyecto y fue identificar la continuidad revolucionaria con el hecho de vencer el mal, con seguir como candidato presidencial y con impedir cualquier conversación -aunque fuese totalmente informal y discreta entre los suyos- sobre la sucesión. Cometió el pecado -que Fidel no cometió, por cierto- de colocar la sobrevivencia del “proceso” en los resultados de la radioterapia.

Allí lo condenó, porque él podrá durar mucho tiempo más, pero su tramoya no. ¿Por qué? Porque sus lugartenientes y sus opositores, por distintos caminos y con distintos sentimientos, se ocupan del mismo tema: la sucesión presidencial. Aun los suyos, que todos los días confirman que él va a seguir como candidato, al reiterar que está en perfecto estado de salud envían un metamensaje en el cual la duda se refuerza.

Tomar el vacío

Cuando el poder existe se puede “tomar”. Pero cuando el poder está vacío, ¿cómo se “toma”? En Venezuela funciona un sistema que ha perdido centros de poder por una implacable destrucción institucional sin crear las que los reemplacen. Las mafias han sustituido las estructuras estatales y paraestatales que tenía el país.

Lo que hay es la inercia de un sistema que ha logrado funcionar a condición de que nadie grite muy duro, que el gato no se suba a la batea, que Jaua y Diosdado regularicen la guerra, que ninguno se atreva a empujar demasiado la pared de cartón piedra y que un militar no se sulfure como su líder lo hizo en febrero de 1992.

Pero si no hay un poder estructurado que mantenga vigorosamente el tinglado puede que no haya tampoco un poder alternativo que lo ponga en jaque.

En esta perspectiva, a los sectores democráticos les correspondería una tarea que es ampliar el espectro de su acción para construir un poder alternativo que tenga capacidad de reemplazar al que ahora desaparece.

Significa ganar la voluntad de los electores pero sobre todo hacer creíble una victoria con actividad de masas, con la creación de centros de poder institucional, con proyectos de leyes, con tesis novedosas, con una narrativa que dispute la de los que se van mediante la transmisión de un mensaje emocionado y emocional que prefigure la posible historia por venir.

El régimen va muy rápido pero como un tren sin frenos, sin conductor, llevado por la inercia sin combustible.

Para ganarle a Chávez antes hay que ganarle en el alma del país; hay que hacer creíble el poder que viene; hay que mostrar que frente a un poder que se cayó, que se derramó y se fue por un suelo abandonado, seco y agrietado, surge otro de relevo que se llena de emociones y futuro.

(*) Carlos Blanco Blanco es economista Summa Cum Laudae, con Master en Planificación y Doctorado de la Universidad Central de Venezuela. Se desempeña como profesor de Boston University, donde dicta cursos sobre América Latina e investiga sobre la democracia y el autoritarismo en la región, con especial énfasis en los países de América del Sur, especialmente en Venezuela.