El difícil ejercicio de la ciudadanía

Ángel Lombardi

La ciudadanía no es otra cosa que el ser humano comunitario. Es el aprendizaje de la convivencia en función del respeto a los demás y a partir de nuestras obligaciones, tanto las de tipo moral como legales. Es el estado de derecho y con plena vigencia de los derechos humanos.

Desde un punto de vista estrictamente formal y declarativo la ciudadanía no sería difícil de representar y ejercer. En nuestro país no es el caso, aunque la ciudadanía está en la Constitución y en las leyes, en donde derechos y obligaciones, en su mayoría, ni se ejercen ni se cumplen, tanto por parte del Estado como del propio “ciudadano”.

Tiende a prevalecer en el ciudadano la anticultura del “hacer lo que me da la gana” y en los poderes públicos es frecuente la arbitrariedad y discrecionalidad del funcionario, la microfísica del poder como diría Foucault.

Desde el Presidente de la República hasta el último funcionario, la conducta habitual es la del abuso y el atropello; y como reacción, el ciudadano-víctima a su vez se convierte en victimario con una conducta habitualmente egoísta y anticívica.

En el país tenemos democracia pero escasean las conductas democráticas, tanto en el ámbito público como privado. Como diría Simón Rodríguez, tenemos república pero sin repúblicos.

En términos educativos no hemos sido muy exitosos en crear ciudadanía, ni desde la familia, ni desde la escuela y la comunidad. En todos estos ambientes tiende a prevalecer el mal ejemplo y la “mala educación” expresada en conductas frecuentes de irresponsabilidad e insolidaridad.

A nivel declarativo y en la retórica formal, la Constitución y las leyes proyectan un ideal de sociedad casi perfecto, de muy pocos deberes y muchos derechos y se nos habla abundantemente de una democracia protagónica y participativa, en donde el “pueblo” lo es todo.

En la práctica no es así, porque seguimos siendo una sociedad profundamente desequilibrada y oprimida, con altos niveles de marginalidad social y cultural. Realmente lo que predomina es una minoría que, más que una élite meritocrática, son grupos de logreros y oportunistas que usualmente utilizan la vía política para acceder al poder y a la riqueza. Las garantías legales son casi inexistentes y el “fuero privado” se irrespeta todos los días.

No hay nada más inerme que nuestra ciudadanía, acosada por la violencia y la inseguridad generalizada, así como por la indefensión legal, a menos que formemos parte de esa minoría privilegiada en donde las “relaciones” y las “posiciones” les permitan usufructuar la seguridad y la impunidad.

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