La realidad de la Venezuela del chavismo emerge ante la descomposición del régimen

   Hugo Chávez ha estado recibiendo durante años informes semanales sobre las operaciones de narcotráfico realizadas en Venezuela, llevadas a cabo bajo control de las Fuerzas Armadas.

Detalles de esos encuentros, en los que el director de la Inteligencia Militar habría dado cuenta puntualmente al presidente venezolano de cómo se estaba desarrollando el negocio de los estupefacientes, han sido ofrecidos a la DEA por el huido magistrado venezolano Eladio Aponte.

Así lo ha podido saber ABC (España) de fuentes conocedoras de los pormenores de la voluntaria entrega de Aponte a las autoridades de Washington.

Un narcotráfico de Estado, dirigido por narcogenerales y tutelado por el propio Hugo Chávez, y una Justicia amañada tanto para proteger esas operaciones como para «montar» juicios contra disidentes políticos, es la Venezuela del chavismo cuya realidad ahora emerge ante la descomposición del régimen.

Pieza clave de esa utilización de los tribunales para los intereses del régimen fue el juez Aponte, primero como fiscal militar, y luego como responsable de la Sala Penal del Tribunal Supremo de Justicia del país. Con Chávez en plena salud, Aponte habría tenido pocas oportunidades de escaparse.

Pero ahora, con el presidente frecuentemente en Cuba y los responsables de seguridad más preocupados por su propio futuro, nadie reparó en que el gran testigo de la corrupción del chavismo podía marcharse del país.

La huida

Destituido el 20 de marzo por las acusaciones de Walid Makled, un excapo civil de la droga caído en desgracia debido a luchas internas, Aponte acudió a su despacho el día de su escapada para recoger sus cosas.

Cuando salió del edificio le dijo al chófer que prefería regresar a casa en taxi. Viajó en taxi hasta la península de Paraguaná, a unos 500 kilómetros de Caracas. Allí contrató a un pescador para que lo llevara en lancha a la isla de Aruba, a 45 minutos de distancia. Y en la isla tomó un avión, primero a Panamá y luego a Costa Rica, donde le recogió la DEA.

Sospechando que podía pagar los platos rotos por el caso Makled —él mismo había usado a chivos expiatorios muchas veces para salvar la cara de altos mandos militares en procesos penales—, Aponte estuvo enviando fuera del país documentos confidenciales durante tres meses. Todos están ya en poder de las autoridades estadounidenses.

Carta comprometedora

Entre ellos, por ejemplo, hay una comprometedora carta de 2007 en la que el entonces ministro de Defensa, el general Raúl Baduel, informaba a Chávez de que existían «suficientes elementos que vinculan» al general Henry Rangel, hoy titular de Defensa, con un caso de narcotráfico: un cargamento de 2,2 toneladas de cocaína, procedente de las FARC, se había guardado en un cuartel del Ejército de una zona fronteriza con Colombia y estaba siendo transportado por un convoy militar cuando fue interceptado.

La carta, a la que ha tenido acceso este periódico, señalaba que Rangel era primo de uno de los imputados, y añadía:

«Muy respetuosamente sugiero se abra una profunda investigación y auditoría de sus bienes (…), y el cese de sus actividades laborales, hasta que se pueda descartar su participación en los hechos antes mencionados».

Chávez no solo no promovió una investigación, sino que, de acuerdo con Aponte, le habría insistido para tapar cuanto se pudiera el asunto. Una injerencia en asuntos judiciales desde la Presidencia de la República que el juez asegura es frecuente en el régimen. Baduel pagó su osadía con la obligación de retirarse del Ejército al cabo de unos pocos meses, y en 2010 fue sentenciado a ocho años de prisión por corrupción.

Rangel fue promocionado, como también lo acabaría siendo el teniente coronel Pedro Maggino, principal encausado en el mencionado proceso judicial, que Aponte manipuló. El expediente de ese juicio permite concluir que el caso «no era un incidente aislado y que la planificación apuntaba a una red de narcotráfico bien establecida de oficiales militares», según el dictamen de juristas que lo han examinado.

El capo de los capos

Aponte es la primera persona que involucra directamente a Chávez en ese negocio, según el testimonio que avanzó una vez ya fuera de Venezuela a las fuentes consultadas por ABC.

El magistrado aseguró que varias veces había estado presente cuando el director de Inteligencia Militar presentaba su informe semanal al presidente sobre las operaciones de tráfico de droga. No está claro que esa acusación la pueda sustentar con pruebas escritas.

En cualquier caso, asegura tenerlas (por ejemplo, pagos a cuentas bancarias) contra Diosdado Cabello, el presidente de la Asamblea Nacional, que es el jefe del partido y uno de los posibles sucesores de Chávez al frente del movimiento.

«Cabello es el capo de los capos, porque es el que controla toda la infraestructura del lavado del dinero», declaró Aponte, de acuerdo con las fuentes citadas.

En declaraciones que entonces también hizo a la cadena SoiTV de Miami, calificó al general Clíver Alcalá, que comanda la División Acorazada, como «el zar de la droga», quien se ocupa de la operatividad de los envíos, en colaboración nada menos que con la Oficina Nacional Antidroga, el coronel Néstor Reverol.

¡Qué pena Eladio, eres un caliche!

José Mayora

Una vez más la valiente e incisiva periodista barquisimetana (no colombiana) Andreína Flores, descuadró al comandante presidente con una pregunta pertinente.

En efecto, en una de las triunfales apariciones que HCF hace después que los rumores sobre el deplorable estado de su salud, incoados desde el oficialismo, llegan al paroxismo, la guara se fue al grano y le preguntó al convaleciente guerrero su vinculación con el exmagistrado Eladio Aponte, quien lo mencionó en una reciente entrevista como un personaje con quien había cierta cercanía en el trato.Por cierto, por las redes sociales circulan algunas fotos que parecieran ratificar la apreciación de Don Eladio.

Fiel a su costumbre cuando algo lo incomoda, HCF eludió la respuesta y se refugió tras una “bata quirúrgica”, calificando la pregunta de “calichosa” y al magistrado en cuestión como un delincuente. En la acepción venezolana el término caliche significa noticia sin importancia.

El delincuente a quien alude el Presidente fue, hasta hace pocos días, magistrado del máximo organismo de la justicia venezolana, TSJ, con una pasantía previa por los tribunales militares, responsable de muchas actuaciones judiciales favorables al proceso y vinculado con un siniestro personaje asociado a causas poco nobles como el narcotráfico, la extorsión y otros medios inescrupulosos de ingente lucro y de cómoda obtención.

Pongamos atención a lo siguiente. El Olimpo de la justicia venezolana no tiene mecanismos para filtrar el ingreso de los magistrados pues a mí me cuesta creer que este jurisconsulto sea delincuente de nuevo cuño. Cuando HCF califica tajantemente de “delincuente” al magistrado, lo hace porque conoce los méritos que lo hacen acreedor a tal distinción.

Lamentablemente para HCF, las gravedades compiten y yo estoy persuadido que la gravedad del país supera con creces su gravedad (en el supuesto que esté verdaderamente enfermo) pues no hay manera de cómo garantizar la probidad de los miembros de la cúpula oficial del Poder Judicial y por extensión a la de cualquier poder vinculado con el oficialismo.

Por supuesto que ahora entendemos porqué el gobierno no ha podido combatir la inseguridad pues los delincuentes no sólo están en las tinieblas de la noche o en las deterioradas calles citadinas. ¡No! Están en la nómina de importantes poderes públicos.

Es precisamente a este espeluznante hecho al que HCF califica de calichoso, es decir, sin importancia. Y los venezolanos que apoyan al régimen, ¿tampoco le dan importancia a este hecho?

Ningún proceso social que evolucione o que revolucione, puede subsistir cuando las bases de sustentación están soportadas en una moral como la exhibida por el socialismo del siglo XXI, en cuyo seno para hacer el grado de revolucionario y disfrutar de las bondades de la sociedad socialista, chavista, se requiere, por encima de todo, fidelidad al régimen y a su líder, no importa si los miembros del PSUV se orientan por alguno de los 7 pecados capitales (versión antigua o moderna).

Eladio Aponte cayó en desgracia no por delincuente, sino por el concierto que está dando en la DEA. Lamentablemente para el oficialismo, es verdaderamente difícil, por no decir imposible, desvincularse del magistrado soplón.

Sr. Presidente, si esta noticia no tiene importancia, por favor ayúdenos a entender cuáles son las cosas importantes por las que valga la pena invertir nuestras energías, por favor, excluya de la lista a su enfermedad.

La Narcoconspiración Venezolana

Roger F. Noriega (*)

Un juez impugnado de la Corte Suprema de Justicia venezolana recientemente huyo de su país y ha denunciado públicamente al presidente Hugo Chávez de interferir en los asuntos penales para proteger a narcotraficantes en los niveles más altos de su gobierno.

En entrevistas televisivas grabadas antes de que comenzara a cooperar con la Agencia Antidrogas de los Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés), el juez Eladio Aponte Aponte describe a un sistema judicial que ha sufrido de una corrupción sistemática a manos de los compinches y los líderes militares chavistas; quienes han hecho miles de millones de dólares a través del tráfico de cocaína y el blanqueo de las ganancias de un sindicato criminal internacional.

Chávez ha desestimado estas severas alegaciones, llamándolas “caliches”. Es evidente que el hombre ha estado corrompiendo a las instituciones, permitiéndole a sus militares el tráfico de la cocaína y el lavado de activos al punto que se le ha olvidado que, incluso en Venezuela existen leyes en contra de estas cosas.

Las reacciones histéricas de los antiguos colegas de Aponte en las posiciones más altas del régimen, por el contrario, ponen de manifiesto las conciencias culpables de un grupo de gánsteres.

Puede que vean a Chávez como el único hombre capaz de mantenerse en el poder y de evitar que se maten entre sí; pero sus días están contados.

El juez Aponte ha tenido una relación estrecha con Chávez, quien le otorgó varios cargos de confianza, entre ellos el de fiscal militar, y finalmente el de juez principal a cargo de los asuntos penales en el Tribunal Supremo de Justicia.

El año pasado, el conocido capo de la droga Walid Makled huyó a Colombia donde concedió una serie de entrevistas en las que acusaba a Aponte y a decenas de altos oficiales militares de complicidad con su empresa de contrabando de cocaína, manejada desde la ciudad de Puerto Cabello.

Hace un año, las autoridad colombianas devolvieron a Makled a Venezuela para que enfrentara cargos de asesinato, y su juicio comenzó en Caracas este semana.

A pesar de las denuncias de Makled, Aponte se mantuvo en su cargo judicial hasta su remoción el mes pasado.

Según mis fuentes venezolanas, el juez abandonó el país tras haber sido alertado por sus amigos de que Chávez pretendía convertirlo en el chivo expiatorio durante el juicio de Makled con el propósito de proteger a otros conspiradores que por casualidad dirigen el gobierno, el ejército y el partido político gobernante – cuando no están ocupados con el contrabando de drogas.

De hecho, en entrevistas grabadas que fueron difundidas la semana pasada, Aponte afirmó poseer información específica que implicaba a Chávez y a otros, incluyendo al Ministro de Defensa, el general Henry Rangel Silva, al comandante del Ejército, el general Cliver Alcalá, y al ex jefe de inteligencia, el general Hugo Carvajal Cordones.

El régimen reaccionó con furia ante estas alegaciones y a la noticias de que Aponte se encuentra en Washington D.C. cooperando con la DEA. Después de haber pasado meses capturado por el régimen, el capo Makled fue trasladado de urgencia ante la televisión estatal el miércoles para declarar que le pagaba $70,000 por mes a Aponte y que el juez era su socio en la ahora desaparecida aerolínea Aeropostal.

El confidente y Ministro de Relaciones Exteriores de Chávez, Nicolás Maduro, tildó a Aponte de delator, diciendo: “Es fácil entender que un prófugo de la justicia, acusado de tener vínculos mafiosos con el tráfico de drogas, impugnado de su cargo, habría vendido su alma a la DEA”.

El presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, el Ministro del Interior Tarek El Aissami y otros miembros del partido gobernante han realizado comentarios similares. Sin una pizca de ironía, el diputado chavista y ex Ministro de Justicia Pedro Carreño (quien ha calificado a la DEA como una cartel de la droga) encabezó el ataque contra Aponte en la Asamblea Nacional.

Los seguidores más fervientes de Hugo Chávez se han convencido a si mismos durante los últimos trece años de la farsa de que Chávez es un defensor de sus derechos. Podrían ser los últimos en enterarse que la justicia en su país es una farsa.

Las denuncias sobre la corrupción del sistema judicial a manos de uno de los protegidos de Chávez pueden ser el primer golpe a su fe ciega. Por esa razón, los defensores del régimen, deben destruir la credibilidad de Aponte al identificarlo como un agente de los Estados Unidos.

Los chavistas tienen la esperanza de ganar la batalla de las relaciones públicas, pero  cuando los gánsteres, nerviosos sobre la cooperación de Aponte con la DEA, comiencen a traicionarse unos a otros, se desencadenará una batalla de otra naturaleza.

Y a medida que los fiscales de los Estados Unidos basen sus argumentos en el hecho de que Caracas ha formado un Narcoestado, los sucesores de Chávez perderán cualquier sentido de legitimidad junto a cualquier esperanza de mantenerse en el poder por mucho tiempo.

(*) Ex embajador de EEUU ante la Organización de Estados Americanos

Chávez sacó lo peor del venezolano

Elides Rojas

Más claro no canta un gallo. Más claro que el agua. Clarete. Ni que le apaguen la luz. Se nota de lejos. Imposible disimularlo. Hay tres cosas, mínimo, que no puedes esconder: los reales, la gripe y el embarazo. Impepinable. De cajón. Colón descubrió América. La mentira tiene las patas cortas.

Sobran los dichos para establecer la condición actual del gobierno chavista en materia de cobas, mentiras y manipulaciones. Hoy más que nunca, hasta para quienes no lo quieren ver, la condición de forajidos, malandros y manipuladores de la fuerza golpista que maneja al país está expuesta, inocultable y a la vista de todo el mundo.

Son tantas y tan variada señales. Son tantas y tan variadas pruebas. Son tantas y tan variadas estacas clavadas en el camino que es más difícil pensar que es el imperio o la oposición.

El chavismo, los líderes del chavismo, hoy más que nunca están al descubierto. Nunca existió socialismo ni siquiera comunismo. Esto es una gran estafa.

Chávez y su gente idearon, con la muy interesada ayuda de los cubanos, todo un sistema, un discurso, un esquema de gobierno que les ha permitido apoderarse no solamente de las instituciones y el dinero del país. También lograron sacar a flote lo peor de muchos compatriotas.

Hasta el ascenso de Chávez al poder había una especie de mito sobre la integridad de los venezolanos en todo el mundo. Un mito que además era creído y formaba parte del espíritu de todos: era la tierra de los libertadores. Tierra de gente brava, valiente y dura.

Gente íntegra. Incapaz de venderse o de dedicarse al más lamentable ajetreo de lamer botas desde la mañana hasta la noche y si el amo lo pide de madrugada también. Gente no manipulable. Jalamecate sí, pues lo ha sido toda la vida y hasta libros se han escrito.

Gómez no murió de viejo ni de cáncer. Gómez muere porque a sus escrotos los atropelló un carro.

Ese mito establecía cosas que ahora vemos a diario, pero en contrario. Nadie podía imaginarse que un buen número de empresarios, periodistas, editores, intelectuales, ingenieros, profesionales y hasta filósofos pudieran poner en venta sus talentos e influencias a un bodrio como el chavismo.

Pero lo hicieron. Y lo hacen. Nadie podía imaginarse que hasta encuestadores de prestigio dejaran los pantalones en medio de la calle al menor llamado de Miraflores.

Nadie podía imaginarse que existieran tipos como Eladio Aponte Aponte, militares, profesionales y magistrados de altísimas cortes. Chavistas corruptos y destructores de vidas.

Nadie podía imaginarse que existieran venezolanos como Danilo Anderson capaces de disfrazarse de auxiliares de justicia, de socialistas y de hombres de bien, para sacarle la plata de los bolsillos a otros a cambio de perdón e inacción del aparato opresor del que formaba parte.

Pero sí. Ahora se sabe lo que se sabe. El chavismo logró sacar lo peor de los venezolanos. Lo cultivó, lo modeló, le puso plata en los hocicos, le colocó la silla y los montó. Ahora se sabe.

Esta no es la mejor Venezuela.

Y aunque pensamos que esto va a terminar pronto, lo malo está ahí.

Ya se sabe cuán arrastrado y desalmado se puede llegar a ser. Y, lo más grave, es que no se sabe todo todavía.

Vendrán tiempos mejores. Mejores en todo.

¡Ese cáncer nos tiene locos!

Agustín Blanco Muñoz

La historia de esta “revolución socialista y bolivariana, pacífica pero armada” es una antes y después del cáncer que se afirma contrajo el jefe, líder, caudillo y golpista-presidente.

Antes de este avatar (sin necesidad de detenerse si es real o no), todo transcurría sobre la base de un proceso a cuyo frente estaba una especie de ser supremo, invencible y perfecto-infalible. Todo un ídolo-caudillo, a la usanza de Bolívar o Maisanta, pero aún superior.

El asunto debe ser visto en términos históricos. A partir de 1958, se creó e impulsó una ficción de democracia y libertad que sirvió para hacerle creer a muchos que estábamos en presencia de nuevas e innovadoras políticas. La representación se vendió como una historia del colectivo.

Sin embargo, ya en el mediano plazo, se hizo evidente que el viejo y el todopoderoso caudillismo seguía con vida. El 27F-89 es el mayor reconocimiento del fracaso de esos gobiernos.

El modelo económico petrolero-rentista democrático queda agotado y al perderse el control social, se abre el camino de la abierta represión.

Con la mayor masacre de la llamada historia republicana concluye esta experiencia que se vendió como democrática.

En este marco de derrota democrática, lo primero fue la reivindicación del dictador derrocado el 23 de enero de 1958, quien es elegido senador en el proceso electoral de 1968.

Pero una vez instalada en la memoria la masacre del 27F-89, el inconsciente colectivo deja de creer en las instituciones llamadas democráticas, incluyendo los partidos políticos, lineamientos, dirigentes, y lanza su mirada hacia un aspirante a caudillo.

Una figura que toma cuerpo con la actividad conspirativa que se desarrolla desde los inicios de los 80 y que tiene como cabeza y organizador principal a quien se presentará el 04F-92 como jefe golpista fracasado en su intento de derrocar el gobierno de Carlos Andrés Pérez .

Desde este momento entra en escena política una figura que se convierte progresivamente en la síntesis del histórico caudillismo que ha controlado el quehacer venezolano a lo largo del llamado período republicano. Un vengador cuya misión es rescatar la institucionalidad del antiguo autócrata y darle un ropaje de entidad renovada.

De allí que en un inicio se trate de presentar como la copia-síntesis de tres raíces: Bolívar, Zamora y Simón Rodríguez. Pero al advertir el simplismo de esta fórmula tan identificada con el caudillismo decimonónico, se acoge la orientación y recomendación de Fidel Castro de adelantar aquí una revolución socialista siglo XXI, copia ampliada y corregida de la que él fundó en Cuba.

Y es así como suma a su atuendo la condición de revolucionario a la cubana, en cuya dirección llega hasta aceptar, convalidar y promover la constitución de Venecuba, dos revoluciones con un solo camino, un único sentido político e ideológico y un solo gobierno.

Un caudillo que asume los rasgos de la llamada “tradición heroica”, simbolizada en Maisanta, pero que da el paso hacia una supuesta revolución, que se adelanta, no con la clase obrera, sino a punta de negocios o conexiones petroleras.

El “proceso” está costeado por los precios del crudo, y no para desarrollar una economía sino para vivir el día a día en base al reparto, la compra-venta, la negociación. Un caudillo que sumó a su poder una economía que en el marco global-capitalista ocupa puesto privilegiado.

Este es el héroe-caudillo mesiánico y nuevo Simón Bolívar, que dice hoy estar afectado por un cáncer que califica de controlado pero que muchos agentes de las oposiciones consideran terminal.

La verdad sobre esta materia no puede ser dilucidada por falta de información confiable. Por ello no nos queda sino jugar a los escenarios, entre ellos la muerte inmediata o la sobrevivencia.

Nos acogemos al último, sin descartar lo imponderable, a sabiendas de que cualquiera sea el nivel y veracidad de la enfermedad, no se puede poner en duda los esfuerzos y grandes recursos-inversiones en la curación que pone a prueba la “clínica fidelista”.

A la vez es necesario entender que para una buena parte del colectivo, sumido en la pobreza, es indispensable la salvación que le permita continuar en el mando-poder.

Esto significa que la enfermedad, lejos de restarle seguidores le suma voluntades, por ser vista como la única posibilidad de que siga el reparto petrolero extendido a través de misiones y demás formas de mantener conforme y participativo al colectivo.

Por ello el cáncer adquiere al lado del petróleo el rango de jefe de campaña del golpista-presidente (GP). Por todas partes la información y la contra-información para una conclusión: ese cáncer tiene loco a este expaís.

No estamos entonces ante una simple enfermedad, sino frente a un mal que aqueja al “hombre-culto-historia”, que todo lo ocupa y sin el cual nada sería igual.

El colectivo, las oposiciones y los medios están controlados por el cáncer del GP. Todas las demás noticias vienen después. En pocas horas, por ejemplo, el affaire Aponte Aponte será un vago recuerdo.

Y frente a este panorama ¿hay posibilidad real de confrontar-derrotar a este GP que controla la suma de individuos que somos, con petróleo y hasta con la más agresiva manipulación que toma la enfermedad como objetivo central?

Para muchos políticos estamos hoy ante una especie de vigilia necesaria, como la que se hace en diciembre del 35 dada la convicción de que sólo la “muerte natural” podía acabar con el dictador.

Y de nuevo preguntamos: ¿Por qué no admitir que estamos anclados hoy en esa fecha y circunstancias? ¿Es qué nuestra política hoy ha ido más allá del grito indescifrable de la generación del 28: ¡Sacalapatalajá!? ¡Qué historia amigos!

Los miedos del chavismo

Fernando Ochoa Antich

Los altos dirigentes del PSUV están asustados. No tengo la menor duda. Es la única explicación que le encuentro a tantos y tan continuos errores.

El miedo les impide tener una visión clara de los hechos y de sus consecuencias. Habían creído que su poder iba a ser eterno, pero empiezan a percibir algunas señales que les indican que esa ilusión ha empezado a desvanecerse.

El problema más grave ha sido la enfermedad de Hugo Chávez. El proyecto bolivariano se estructuró con el convencimiento de que su liderazgo iba a permanecer en el tiempo. El ejemplo de Fidel influía en esta certeza. De repente, surgió el cáncer. La respuesta política a este delicado asunto fue modificándose con el pasar de los días.

La primera acción, fue negar la enfermedad. Su gravedad y los rumores lo obligaron a aceptar esa dolorosa realidad.

El segundo paso fue convencer a los venezolanos que Hugo Chávez había dominado el cáncer. Crearon un ambiente para que su curación pareciera un milagro. Todo se veía bien encaminado, pero la recurrencia de la enfermedad y la necesidad de someterse a una nueva intervención quirúrgica comprometieron de manera definitiva el esfuerzo.

Ahora quieren repetir la historia: ya no es un juego de beisbol, es apenas el lanzamiento de algunas bolas criollas. Una pantomima que tendrá delicadas consecuencia.

El miedo ha empezado a propagarse, ya no sólo existe en la dirigencia del PSUV sino también en su militancia.

La mejor demostración de esta realidad fueron las delicadas declaraciones de Wilmar Castro Soteldo, gobernador de Portuguesa, en un acto del PSUV. Tratemos de analizar los tan comentados escenarios.

Los tres supuestos escenarios establecidos durante la reunión del Comando “Carabobo” fueron: “ir a las elecciones sin Hugo Chávez, con él debilitado, o que no hayan elecciones”.

En ellos sólo se considera un factor determinante: la gravedad del cáncer de Hugo Chávez. Lógicamente, si no puede intervenir en la campaña electoral tampoco está en capacidad de cumplir cabalmente, ahora o después, sus deberes como Presidente de la República.

Me imagino que éste es un tema de conversación más que natural entre los miembros del PSUV, como lo es entre todos los venezolanos. De allí que no entienda el impacto que tuvo esta noticia en la opinión pública. Lo que sí creo deberíamos preguntarnos cuáles fueron las razones que tuvo el gobernador Castro para cometer una imprudencia de esa magnitud al plantear públicamente el asunto.

Este enfoque cambia totalmente la percepción de lo ocurrido. Estoy convencido de que la presencia de periodistas en la sala de reuniones fue perfectamente percibida por los organizadores del acto.

Al descartar esta posibilidad, queda claro que se deseaba que el problema de la salud de Hugo Chávez saliera a la calle para que se transformara en un tema fundamental de discusión entre los militantes del PSUV, ante la certeza que se tiene en amplios sectores de ese partido que la candidatura de Hugo Chávez ya no es plena garantía de triunfo electoral y mucho menos de permanencia en el poder.

No creo que el gobernador Castro se haya atrevido a hacer un planteamiento tan delicado sin un suficiente apoyo interno de alguno de los grupos de poder en que se debate el chavismo y mucho menos que lo haya hecho sin valorar sus consecuencias.

La primera hipótesis que surge es que se haya realizado con autorización del propio Hugo Chávez. No me parece posible, ya que él se encuentra aferrado a la idea de ser candidato presidencial para continuar en el poder. Además, no creo que él hubiera aceptado que se planteara la posibilidad de su posible muerte.

Es verdad, que en dicha reunión se habló del Comando Antigolpe y se planteó organizar acciones desestabilizadoras en algunas gobernaciones de oposición para terminar analizando un posible escenario de suspensión de las elecciones. No creo que el gobernador Castro deje de entender que un hecho de esa gravedad crearía un enfrentamiento nacional de tal magnitud que pondría en riesgo la paz de Venezuela.

Además, el PSUV limitaría totalmente su posibilidad de transformarse en un partido democrático con un seguro destino político.

La segunda hipótesis, que a mi criterio es la acertada, es que dicha filtración se permitió para presionar a Hugo Chávez con el fin de obligarlo a retirar su candidatura, para que con tiempo suficiente se seleccione, preferiblemente por un método democrático, un candidato del PSUV que salga a la arena política a tratar de ganar unas elecciones que empiezan a verse cuesta arriba.

El fortalecimiento de la candidatura de Henrique Capriles ha empezado a provocar un profundo temor en muchos miembros del PSUV que perciben un rápido desmoronamiento de la popularidad del régimen.

Además, están convencidos que las medidas populistas de última hora no serán suficientes para enfrentar la dinámica campaña electoral de la oposición.

“Delincuencia organizada ocupa altos niveles del Gobierno”

Roberto Giusti

Expresidenta de la Conacuid (Comisión Nacional Contra el Uso Indebido de las Drogas) durante este Gobierno y conocedora profunda del tema, Mildred Camero no titubea al señalar que el coronel (r) Eladio Aponte Aponte, exmagistrado del TSJ, resulta apenas un componente más de una organización dedicada al narcotráfico y que estaría enquistada en altos cargos del Gobierno nacional:

“Yo me sentí impactada con las declaraciones de ese señor (Aponte Aponte). Fue una cosa terrible para mí. Como juez con más de 35 años en el Poder Judicial, jamás vi un descaro tan grande.

Sobre todo por su postura que era la de un delincuente, carente de la dignidad y del lenguaje jurídico de un juez. Cínico, además, a la hora de reconocer que extorsionó y manipuló los expedientes en casos como el de Mazuco y otros más”.

-Si ese es el abrebocas, ¿cómo será lo que venga luego, a la hora de negociar?

-El no contó toda la verdad. Dijo apenas lo necesario porque sabía del impacto que provocaría su sola aparición. Cuando lo destituyeron yo me pregunté, “¿por qué?” Ciertamente es un falta grave entregar una credencial a un narcotraficante, pero debe haber algo mucho más grave y profundo. Siempre pensé que se trataba de un caso de drogas y aunque ya no soy juez, sigo en el ambiente y uno escucha.

-¿Inculpar a Aponte no fue un error?

-Pienso que sí. Ellos se imaginaron que pasaría lo mismo que con Luis Velásquez Alvaray, quien dijo cuatro tonterías y se fue. En cambio, este señor (Aponte) se estaba preparando porque cuando dice que no lo atendían y lo estaban aislando, intuyó lo que podía pasar. Creo, además, que debe tener pruebas de algo porque nadie se atreve a contactar a la DEA y ésta no mueve un avión, a no ser que disponga de evidencias concretas. Debe ser algo grave.

-¿Como qué?

-Además de una decisión de carácter político, tiene que ver con drogas porque ya le había dado una credencial a Makled, quien, tengo entendido, trabajaba para la inteligencia militar. De manera que había una vinculación alrededor de un tráfico de drogas muy grande.

Makled estaba metido en el narcotráfico desde el 2003, época para la que comenzamos a recibir información sobre su afinidad con grupos del alto Gobierno, algunos de miembros de las Fuerzas Armadas, otros de la policía científica y de las policías regionales. De allí que elaboráramos cinco informes denunciando, hace siete años, lo que ahora está sucediendo.

-En el año 2008 usted dijo que el presunto narcotraficante asesinado ese año, Wilber Varela (a) Jabón, había sido protegido por las autoridades civiles y militares.

-Exacto. Luego fue la vinculación de Makled con José María Corredor (a) El Boyaco, un traficante que fungía como intermediario con las FARC, negociaba el intercambio de armas por drogas y trabajaba, también, con militares de alto rango.

-¿No resulta imposible considerar la culpabilidad de Aponte sin vincularlo a toda una red de la cual él sería un componente más?

-Si usted observa las declaraciones de este señor (Aponte) percibe de inmediato que no se trata de alguien inteligente, con un muy bajo nivel y una perceptible debilidad mental. Ellos pensaron que lo podían manipular fácilmente porque no se comprende cómo llegó a ser magistrado. Entonces lo menospreciaron, pensaron que no haría nada y fíjese en lo que se convirtió.

-Ya sabemos que no habrá investigación, pero si usted estuviera a cargo, ¿por dónde comenzaría a desenredar la trama de Aponte?

-La investigación no se va a hacer porque hay muchas personas involucradas, pero yo comenzaría con la relación entre Aponte y Makled. Eso es clave. Habría que aclarar qué tipo de trato había entre ambos. ¿Si yo te pagaba 300 millones de bolívares por ser socio en Aeropostal o porque yo cargaba drogas en los aviones de esa empresa, la trasladaba y recibía una comisión? Luego, se deben investigar las ramificaciones e ir a la base, (Makled), para extender el radio y establecer responsabilidades. Para mí se trata de una gran organización.

-¿Conformada por quién?

-Aún no nos hemos dado cuenta de que en Venezuela se ha ido instalando una delincuencia organizada, ubicada en un alto nivel gubernamental. Uno de los delitos que produce más dinero es el del tráfico de drogas. Y esto comienza por un problema de corrupción. Luego te vas metiendo y ya no sólo cobras por sobornar, por extorsionar o por dictar una decisión, sino que traspasas la barrera, encuentras que lo más rentable es el negocio de las drogas y te unes a la organización.

-¿Qué pasará con Aponte en EEUU?

-Si él se acoge al programa de protección de testigos tendrá algunas ventajas y hasta el nombre le cambian. Pero no creo que sea muy feliz porque estará controladísimo.

-¿Se le puede abrir juicio a funcionarios venezolanos o declarar al de Venezuela como un narcoestado?

-Con la Ley Rico sí. Si se acepta, como se dice, ir a un gran jurado, a una Corte Federal y a Venezuela la declaran como un país comprometido con el tráfico de drogas, hasta llegar a convertirse en narcoestado, muchas cosas pueden suceder. A las personas señaladas se les quita la visa, se les decomisa los bienes y finalmente se emite una orden de aprehensión, de manera que no podrán salir al exterior porque en cualquier momento se las llevan. Y eso es así porque se considera que han cometido un delito contra la soberanía de EEUU.

-¿Se puede emitir una sentencia con el simple a expediente de una declaración de un testigo poco confiable?

-Me imagino que tendrá muchas pruebas. No creo, como le dije, que la DEA se haya movido si este señor no le garantizó las pruebas.

-¿Hasta qué nivel del Estado puede llegar la asignación de responsabilidades en el trafico de drogas?

-Si se establece que están involucrados en ese delito, ellos serán considerados como traficantes de drogas. Pero, ¿qué haríamos en Venezuela? Abrir la investigación. Claro, eso no ocurrirá, a pesar de que ahí está Makled, la clave de todo.

Además, él no está procesado por tráfico de drogas sino por homicidio. Y la pregunta es: ¿por qué? Porque puede involucrar a mucha gente.