“Presidente, en el 2012 nos vamos los dos”

Elizabeth Araujo

Cada 2 semanas cuando, sentada en el extremo del recinto de la sala plena, ve mecerse el bosque de manos alzadas de sus colegas, aún incluso si la presidenta del TSJ no ha concluido de leer el acta, la magistrada Blanca Rosa Mármol de León siente una fugaz frustración que ha sabido domesticar en 37 años de carrera en el Poder Judicial.

–¿Qué pasa en el TSJ que nunca le conceden la razón al ciudadano cuando un recurso de amparo va contra el Estado?
–Lo que está pasando en el TSJ es la demostración fehaciente de que este poder no es autónomo. Cada día se demuestra que, con cada decisión que se toma, depende más del Ejecutivo y la prueba más grave es lo que ha ocurrido con la jueza María Lourdes Afiuni, quien está presa por haber tomado una decisión que no agradó al Gobierno.

–¿Qué papel juega usted entonces, si sólo se limita a salvar su voto y explicar la razón de esa decisión individual?
–Desde que asumí esta función, yo decidí ser respetuosa de las leyes y de la Constitución y muy especialmente de mi conciencia. Cada decisión que he tomado como juez de la República, la asumía y la tomo con responsabilidad, respetando la Ley. Desde juez de Primera Instancia hasta magistrada de la Sala Penal.

Para ser autónomo el juez debe pensar que cada decisión podría ser la última tomando en cuenta la interferencia de poderes.

–¿Por qué el caso Afiuni está rodeado de tanta miseria, como eso de no permitirle que vaya a la consulta de su ginecólogo personal?
–Eso es una demostración de que allí no se busca la equidad en la Justicia, y que se trata de una actuación de venganza. ¿De quién? No sabemos. Es vox populi que es del Ejecutivo nacional. ¿Es aplicar la justicia a un juez porque le dio la libertad a una persona, a quien alguien lo quiere tener preso? En este caso se había pasado por todos los lapsos procesales. Lo peor es ver cómo algunos jueces han permitido esa conducta infame. Sabemos que lo que hizo la jueza Afiuni no es delito ya que se trata de una decisión. Entonces, ¿es justo trasladarla presa, a las 4 de la madrugada y esposada como si fuera un capo?

Eso no tiene otro nombre: es venganza, una aberración de lo que tenemos hoy en día en el Poder Judicial.

–¿Qué pasa cuando el Poder Judicial se somete al Ejecutivo y legisla según el criterio de quien ejerce la Presidencia?
–La justicia desaparece. De hecho, la justicia aquí desapareció hace tiempo. Uno hace lo que puede, salva el voto, pero al final, prevalece la injusticia.

–Una alta magistrada dijo que los jueces venezolanos debían aprender del sistema de justicia de Cuba ¿Cree que se debe aprender en materia de justicia de un país gobernado por una dictadura?
–¡Qué espanto! Eso produce terror. En esa isla lo que se vive es el anacronismo de la Justicia. Cuba lleva 59 años de despotismo. ¡Que Dios nos libre!

–¿Tienen los tribunales en parte la culpa del hacinamiento penitenciario, con reos que tras un año no han asistido por primera vez a una audiencia?
–Ciertamente. Lo que pasa en las cárceles es algo trágico. Todo eso me duele, porque yo empecé como defensora pública y no podía creer lo que veía: tanta injusticia y tanta pobreza. En esto, hay gran responsabilidad de los jueces. Hay mucha injusticia en el traslado de los presos. No se cumple con el debido proceso.

No entiendo cómo un juez puede dormir tranquilo cuando tiene a alguien al frente y no lo somete a un juicio justo.

Y son muchas las causas: no se traslada al recluso; se pide, pero no lo hacen. Pero otra causa es el miedo. Hay jueces con miedo. Prefieren no meterse en el fondo. Todo eso es parte del miedo.

–Pero los tribunales de la llamada “cuarta república” no eran un jardín de rosas…
–No, para nada. Siempre han sido un grave problema. Pero entonces había una Asociación de Jueces que obligaba a respetar las decisiones judiciales y no dependían automáticamente del Ejecutivo, como ocurre ahora.

En la llamada cuarta república se concedió un habeas corpus al actual Presidente, y cuando hubo amenaza por esa acción, fuimos a un paro nacional de jueces para defender al colega que tomó la decisión.

Acudimos a la Corte Suprema como instancia suprema y fuimos respetados y, más aún, la decisión sobre Hugo Chávez fue favorable. Eso se olvidó. Repito, no era un jardín de rosas pero actuábamos solidariamente. Había niveles de independencia.

Nunca hubo juicio penal por decisiones tomadas en un tribunal. Jamás hubo un caso Afiuni ni siquiera por afinidad. Ahora es peor que nunca. Hay jueces que se arrodillan y complacen al Poder Ejecutivo.

–Sin dudas, este comportamiento suyo, la tiene “rayada” en la fracción oficialista del TSJ. ¿Cómo sobrevive entonces, rodeada de tantos chavistas?
–Como debe ser. La parte jurisdiccional no es fácil porque hay que tener una posición firme y denunciar cómo se violan las leyes. Pero yo me cuido de no infligir las leyes y hacer lo que mi conciencia y experiencia me dicen que es lo correcto. Si no estoy de acuerdo con una sentencia salvo mi voto. Ese es el desahogo del juez, es lo que debería ser en su criterio, lo que debió haber sido y no fue.

En el TSJ se han tomado decisiones inconstitucionales que jamás debieron aprobarse.

–¿Cómo cuáles?
–Prefiero no referirme a ninguna en particular. Ya lo he dicho en los votos respectivos. Cuando eso pasa recuerdo al gran jurista italiano Guido Calogero que dijo que “algún día los votos salvados serán la jurisprudencia”.

–¿Será por eso que gran parte de los venezolanos hay la percepción de que el TSJ es otra oficina de Miraflores?
–Es por eso. No se ven actuaciones independientes. No hay autonomía. Se complace al Ejecutivo. Eso es un hecho, tanto es así y si hacemos memoria, cuando tomamos la decisión del presunto golpe de Estado, se aumentó el número de magistrados de 20 a 32, que no era necesario. Pero necesitaban tener más gente para mantener el control.

–¿Qué debería hacer el próximo Presidente de la República para mantener buenas relaciones con el Poder Judicial?
–Respetar al Poder Judicial. Si comenzamos con eso, sería  perfecto. Hay que respetar la independencia de los poderes. Es muy sencillo.

La apuesta

Mármol de León no olvida la última vez que Chávez asistió a la apertura del año judicial. “Una intervención inesperada ya que no corresponde al Presidente hablar en el acto solemne que marca el inicio oficial de actividades del Poder Judicial”. Esa decisión ni siquiera se planteo en Sala Plena. De modo que el 31 de enero, en medio del acto, Luisa Estella Morales invitó a Chávez a dar una alocución que Mármol de León no duda en calificar de irrespetuosa por lo inconsulta.

La magistrada recuerda que en esa oportunidad, en la fila para saludar, y cuando estaba frente a ella, Chávez amable le dijo

“Doctora, ¿cuánto tiempo tiene usted aquí?”, a lo que Mármol de León le respondió: “¿En el Poder Judicial?”  Él ripostó “no, aquí en el TSJ”; y ella le dijo “en el 2012 nos vamos los dos”.

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