El estado malandro

Tulio Hernández

Que Últimas Noticias, uno de los diarios de mayor circulación en Venezuela, haya publicado reportajes sobre la existencia y los modos de operar de dos movimientos guerrilleros Venezolanos que se confiesan leales al Gobierno, la Fuerza Patriótica Bolivariana de Liberación (FPBL) y la Fuerza Bolivariana de Liberación (FBL), es la señal de que algo nuevo debe estar pasando en las relaciones entre la cúpula militar que gobierna al país y la diversidad de grupos de civiles armados cuya existencia es tolerada y en muchos casos abiertamente propiciada por el gobierno rojo.

Si la cobertura periodística hubiese sido realizada por alguno de los diarios de propiedad privada aún abiertamente opositor al Gobierno, el hecho sería relativamente normal.

Una denuncia más sobre la ilegalidad institucionalizada por la logia militar en el poder. Pero Últimas Noticias es un diario dirigido por Eleazar Díaz Rangel, público seguidor y entusiasta defensor del proyecto político de Hugo Chávez. Lo que hace pensar que, o el veterano periodista está cambiando de opinión, o la cobertura ha sido hecha con la anuencia oficial porque todos sabemos en Venezuela que en los predios oficialistas ninguna hoja delicada se mueve sin previa aprobación del jefe único.

Da igual. Porque de lo que habla la noticia es del grado de putrefacción ética e indolencia gubernamental con la que tenemos que convivir los venezolanos.

Sin sobresalto alguno porque nos hemos acostumbrado, bajo la firma de Eligio Rojas (“Guerrilla criolla tiene 500 personas armadas”, Últimas Noticias, 15/03/12, p. 30), la nota informa que los grupos ­conocidos en el argot delincuencial de la frontera venezolana con Colombia como los “boliches”­ operan en el Alto Apure con 500 hombres armados, el equivalente a dos batallones del Ejército.

Agrega que tienen dividido el territorio en nueve “teatros de operaciones”, son dueños de una imprenta y una radio, tienen su propio centro de entrenamiento, 11 casas-base distribuidas a orillas del río Uribante, cobran vacuna a ganaderos y comerciantes, y recientemente “compraron 600 granadas de mano al Cartel de La Guajira”.

Hay que resaltar que la información proviene de operaciones de inteligencia de la Fuerza Armada Nacional, específicamente, dice la nota, de la 92º Brigada de Caribes del Ejército nacional. Y se respalda en una decisión del Tribunal Supremo de Justicia publicada el 14/12/2011.

Es decir, que los “boliches” están plenamente identificados por el alto Gobierno que si así lo quisiera hace rato habría despachado a mejor vida la presencia “boliche” en tierra apureña.

Pero obviamente no quiere hacerlo. Porque el gobierno militarista venezolano tiene un encantamiento ideológico con todo aquello que remita a ilegalidad, heroísmo antiimperialista y “justicia popular”.

Esto es guerrillas “endógenas”, grupos parapoliciales, círculos bolivarianos y todo aquello que pueda venderse como comandos armados en defensa de la “revolución”.

Por eso han mantenido relaciones ambiguas con grupos ­colectivos, les gusta llamarlos­ como los conocidos Tupamaros, Tarapaica y La Piedrita, a los que algunas veces castiga y otras premia pero siempre usa como mano violenta para intimidar a periodistas, apedrear oficinas de medios, disparar contra actos del candidato opositor o, como ocurre con frecuencia en la Universidad Central de Venezuela, golpear a dirigentes estudiantiles, incendiar automóviles de las autoridades rectorales o destruir direcciones y decanatos.

En el “neoautoritarismo” o “autoritarismo del siglo XXI”, la estrategia de hacerse del poder absoluto pero manteniendo el maquillaje democrático no existe lo que en la dictadura militares se conoció como Estado terrorista. El poder se cuida de mantener su imagen y trata de dejar las acciones violentas y represivas en manos de “su” justicia popular.

“No fue la policía fue el pueblo que defiende la revolución”, es el argumento que justifica la violencia organizada. De esta manera el Gobierno actúa como los malandros.

Y probablemente ese sea su gran aporte histórico.

La Europa de la posguerra creó el Estado de bienestar; el militarismo de Hugo Chávez, el Estado malandro.

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