Lo que el Gobierno no nos puede dar

Wilfredo Franco

El Gobierno tiene los bolsillos llenos a reventar de petrodólares y de dinero obtenido mediante una gigantesca deuda pública que crece sin parar.

El Gobierno súper-rico puede repartir comida barata, puede pagar fortunas a chinos, rusos e iraníes para que hagan algunas casas y apartamentos, y va a repartirlas, al igual que mucho dinero, en su campaña por permanecer en el poder otros 6 años más, para completar 20.

Gobierno muy rico, pueblo pobre y Estado infuncional

El Gobierno no nos puede dar independencia y soberanía, dependemos del precio del petróleo.

Nuestros salarios, lo que comemos, las medicinas, las empresas de Guayana, las empresas estatizadas, la agricultura, las misiones y hasta la gasolina y el gas, todo, TODO, depende del precio del petróleo.

Y el precio no lo fijamos nosotros, lo fijan en Walt Street y en Londres, en los corazones paralelos del Imperio. Y el precio alto depende de la tensión entre Irán y Occidente, de la tensión entre Israel y el mundo árabe, en fin, depende de conflictos allende los mares.

El Gobierno no nos puede dar paz y tranquilidad, lleva una década sembrando las semillas de la violencia, del odio entre venezolanos, diez años destruyendo el empleo digno y sostenible, creando y fomentando el clima de confrontación, paralizando a los actores económicos de la sociedad, los inversores se espantaron, los propios y extraños, y los que están también los mueve la obtención de los mismo:

petróleo barato mientras duren los precios altos, o el oro y los diamantes de Guayana, o el festín del erario público, que se reparte a través de contratos multimillonarios en cadena nacional y se comparte con los hermanos cubanos, argentinos, brasileños, nicaragüenses, bolivianos y cualquiera que venga a adular al proceso revolucionario.

Hay muchas, muchas armas y droga en la calle, y desempleo y falta de oportunidades, la combinación perfecta para la multiplicación de la delincuencia.

Dicen que hay 20.000 bandas organizadas, quizás más de medio millón de delincuentes armados cuyo trabajo diario es el robo, la extorsión, el secuestro y el narcotráfico, y han infiltrado a las policías.

Trabajan tranquilos, recuerdo la caricatura de Zapata de hace unos años, que presentaba una larga cola de choros entrando a Venezuela, porque aquí se había justificado el asalto a mano armada si había hambre en la casa.

El Gobierno no puede acabar con la corrupción, un mal que corroe la economía individual y se lleva una enorme tajada del tesoro nacional. Y la corrupción es la mitad de la inflación que nos diluye el salario cada día.

Para todo hay que pagar, no importa si el cargamento está en orden, desde la llegada en el barco, hasta el paso por alguna alcabala vial, debe pagar. No importa que usted sea honesto y correcto, si necesita una diligencia oficial, lo más probable es que deba pagar para obtenerla.

Cualquier obra pública cuesta el doble o triple que en otros países. El cemento bolivariano a setenta bolívares si necesita construir y logra encontrarlo.

El comerciante final de cualquier mercancía no sabe si podrá reponer existencias ni a qué precio vendrán y se asegura. Nuestros bolsillos pagan por ello. Y mientras más controles más corrupción.

El contrabando de gasolina está enriqueciendo brutalmente a malhechores colombianos y a algunos funcionarios controladores, flotas de camiones y envases de todo tipo se llevan la gasolina por decenas de puntos de trasvasado en la frontera, de noche y de día, se volvió la principal fuente de empleo fronterizo.

Y los venezolanos de Táchira, Zulia, Apure, Barinas y hasta del Sur del Lago, a madrugar para hacer la cola y tratar de obtener la poca gasolina que el contrabando nos deja.

El Gobierno súper-rico no nos puede dar un país que funcione, con poderes públicos autónomos e independientes y un Estado que funcione, que aproveche la riqueza temporal del petróleo caro para generar bases sólidas y sostenibles de la economía nacional promoviendo una sociedad productiva, de amplia clase media.

Por el contrario, nos está empeñando el futuro con una deuda imparable para gasto corriente, y para ñapa, nos estamos comiendo a la gallina de los huevos de oro servida en trocitos en cadena nacional.

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