Valentín Santana y Mario Silva: La SS criolla

 Soledad Morillo Belloso

El uno, Valentín Santana, procede con el libertinaje del prevalido de poderes omnímodos.

Se identifica como líder de un colectivo bautizado con el dulce nombre de “La Piedrita”, que hace pensar en un pre-escolar donde los niñitos aprenden a cantar, jugar con plastilina y compartir con sus compañeritos, y no en lo que en efecto es, un grupo y un comandante que exudan violencia y sobre los cuales cual pesan severas acusaciones por delitos gravísimos.

El colectivo en cuestión, dotado de armas de guerra como las que el Gobierno compró con fondos nuestros para proteger nuestra soberanía, ha convertido a su zona de “gestión” en un ghetto.

Allí sólo se hace o se autoriza a hacer lo que “La Piedrita” tenga a bien. En el 23, “La Piedrita” es poder ejecutivo, legislativo, judicial y moral. A Santana le temen todas las fuerzas de seguridad del Estado.

En el Gobierno formal, ese que tanto se afana en gruñir y amenazar a los ciudadanos, le tiemblan y no consiguen ponerle preso, aun cuando sea vox populi su diversidad de paraderos y madrigueras.

El otro, Mario Silva, el showman de “La Hojilla”, magazine nocturno que se emite en una emisora que es propiedad y responsabilidad del Estado, actúa a sus anchas. Él, su abultado abdomen, sus pasionales ojos claros, su pendenciera ignorancia y su notoria cobardía se agazapan tras la mampara de las cámaras, para disparar cada noche una brutal ráfaga mediática.

No es sólo el uso del más procaz castellano o su incapacidad manifiesta para la elegancia y el mínimo decoro que son exigencias elementales de la ética y la estética mediáticas.

En eso no es distinto a tantos otros animadores de shows que se trasmiten en canales hispanohablantes de este continente nuestro donde el lenguaje de albañal genera altos niveles de “rating”.

Tiene de particular que Silva es un incitador de oficio. En “La Hojilla” -suerte de novela de terror en vivo y en directo- cada noche se destila odio, se condecora el rencor, se inocula veneno a la escena social.

Quienes no somos novatos en las lides de la comunicación, conocemos de vista y trato a varios trabajadores del Canal 8.

Y es gente de Venezolana de Televisión -que nos pide no ser identificada- la que nos cuenta que este individuo genera pánico en los pasillos, salas, estudios y oficinas de la planta de Los Ruices, cuya eslogan como “el canal de todos los venezolanos” suena más a risotada burlona que a declaración de misión y visión de una empresa subvencionada con dineros públicos para propiciar el encuentro ciudadano.

Me apuntan que Silva es un “intocable”, que tiene línea directa y secreta con Miraflores, que le protegen padrinos de peso.

Santana y Silva recuerdan a la Schutzstaffel, la SS, la terrible y pavorosa mano ejecutora de control policial del Tercer Reich, página imborrable en la memoria criminal de la Alemania Nazi.

Aun cuando suene increíble, entre estos personajes media un tácito decreto de guerra a muerte. Silva ha sido declarado “enemigo de La Piedrita” y es, por tanto, objetivo bélico. A Santana con frecuencia se le pone frente al paredón en La Hojilla. Uno y otro se juzgaron y sentenciaron. Solo falta la ejecución.

Estos paladines del muy revolucionario odio son ejemplo de la barbarie que quiere aplastar a la civilización. Tienen liderazgo, pero del perverso, ese que como el colesterol malo es altamente perjudicial para la salud.

¿Es acaso concebible que en un Gobierno que presume de pacífico y que en cada oportunidad de hacer turismo político internacional cacarea de haber creado una democracia participativa y protagónica sin parangón en el planeta, Santana y Silva hagan de las suyas y no exista alguien en las alturas del poder con el coraje para ponerles en cintura?

Estos individuos no sólo presumen de licencia y patente de corso para realizar lo que les venga en gana, sino, además, están tan guapos y apoyaos que cabe la pregunta sobre quién en realidad manda en Venezuela.

Quien sea que mande, aplica literalmente aquello del “dejar hacer, dejar pasar”. Léase, impunidad.

En Sierra Leona, país africano que vivió una horrenda guerra civil, uno de sus líderes, Issay Sesay, transcurridos varios años de firmarse el acuerdo de paz, fue procesado no sólo por los delitos que cometió sino por los que permitió y/o promovió. Hallado culpable, fue sentenciado a más de quinientos años de prisión.

La democracia no admite destrozos como los de “La Piedrita” y “La Hojilla.” Santana, Silva y sus protectores harán bien en aprender de lo ocurrido en otras latitudes.

Hay crímenes sin fecha de vencimiento.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s