“La verdadera historia de aquel abril”

Elides Rojas

Hoy es un gran día para micomandantepresidente. Hoy, hace 10 años, sus propios militares, su alto mando, su gente de confianza, sus generales, le meten tremendo golpe al hígado y lo sacan del poder.

Un vacío de poder dijo el máximo tribunal del país y, luego, el líder intergaláctico los llamó plasta, pusieron la plasta y se fueron de vacaciones. Otra de las frases más famosas de esos días.

Compite, pero no le gana a la del otro héroe, el general Lucas Rincón, con aquello de se le presentó la renuncia, la cual aceptó.

Este mismo general, metido a diplomático desde entonces, también afirmó que estuvo durmiendo todo el tiempo, mientras ocurrían los hechos de la parte nocturna de la velada. Pero, a estas alturas, palabras allá o acá, nadie tiene nada claro sobre lo que ocurrió. Lo sabrá Chávez y su gente.

Como dicen por ahí, la historia la escriben los ganadores. Y Chávez ganó. Y, claro, también escribe la historia. Un cuento que, producto de la necesidad de crearse su propia épica, va cambiando cada año. Chávez, como gran actor que es, le va agregando detalles, le quita, le pone, inventa personajes, inventa situaciones. Ahora, esa historia no se parece en nada a la verdadera.

Tiene sus presos propios del jefe de la revolución y tiene sus víctimas, de ambos lados. Solo que las víctimas de la oposición las mató la misma oposición. Ese es el estilo.

Como van las cosas pronto escucharemos del propio comandantepresidente una versión más o menos así: cuando me informaron que la marcha se dirigía a Miraflores, me puse mi uniforme de campaña y salí al trote rumbo a la avenida Baralt.

Cuando apareció la turba, totalmente solo, me enfrenté a quienes encabezaban el asalto. Le hice el abrazo del oso a uno de amarillo, ataqué con un salto mortal a otro y le saqué el aire con un puño en el estómago al más grande de los golpistas. Me abrí paso saltando con una garrocha sobre un grupo de policías metropolitanos y los desarmé a karatazo limpio.

Allí, a pesar de todo el esfuerzo, me capturaron. Se necesitaron unos 200 para dominarme. Me llevaron amarrado hasta Fuerte Tiuna donde me encadenaron a un tanque.

Me solicitaron la renuncia y les dije que se la metieran por el paltó. Primero muerto. Decidieron fusilarme, pero prefirieron llevarme a una base de la Armada con los ojos vendados y sedado.

Pude escaparme en la noche y luego de romper cuatro puertas y hundir dos torpederas con unas metras que cargaba en el bolsillo, me atraparon nuevamente con tres destructores y un submarino.

Me metieron en un pipote y me llevaron a La Orchila. Lo demás es historia conocida.

Escapé en la madrugada y llegué nadando a Miraflores. De donde no saldré jamás.

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