“Confesiones del juez malandro”

Elides J. Rojas L.

El magistrado y militar Eladio Aponte Aponte, todo un emblema del chavismo ilustrado. Oficial retirado, abogado, con varios postgrados y doctorado, se dio el lujo de vivirse al chavismo como solo Fidel Castro ha sabido hacerlo.

Enamoró a Chávez, le jaló mecate a Chávez, se le metió en el despacho y logró, a cambio de un servilismo que ni siquiera un perrito de quinta, que lo nombraran magistrado del Tribunal Supremo de Justicia.

Pero, según lo que dijo, sus favores comenzaron mucho antes. De hecho, cuando era fiscal militar, ya andaba traficando con la justicia a pedido de su jefe o jefes, pues alguien así necesita a varios que lo maltraten y lo arrastren.

Las confesiones del magistrado chavista, ahora en manos de DEA y con el alma entregada al diablo, según Maduro, no hablan sino de servilismo, arrastre, delitos cometidos por él mismo y delitos cometidos por su majestad y la corte.

Por menos de esto, cualquier país serio estaría en medio de una gran investigación; pero aquí resulta que los organismos de justicia son parte del mismo cuento. Es decir, están involucrados en el más cochino tráfico de influencias y abuso de poder que se conozca desde los tiempos de Hitler.

Como era de esperarse el alto mando chavista reacciona, no a favor de la justicia y la verdad, lo cual sería imposible por ser parte del enredo.

El chavismo salta más bien de la mejor forma que conoce: a descalificar.

Ahora resulta, para Maduro, Aissami, Saúl Ortega, Bernal y otros próceres, el magistrado, que antes era brillante, útil y digno revolucionario, como si hubieran apagado la luz, pasa a ser un maldito, borracho, depravado, ladrón, narcotraficante, consumidor, vendido al imperio.

Un bicho terrible muy parecido, según la descripción de la nomenclatura chavista, a George Bush, pues parece que hasta a azufre hiede.

Con las primeras reacciones también es fácil predecir que no pasará nada, al menos dentro del país.

El caso seguirá sonando, y cada vez más duro, en la medida en que el magistrado chavista, suelte más carne en los predios de la DEA, pero eso solamente vale para que el ventilador descargue la porquería por todos los rincones del mundo. Dentro de las fronteras de la perfecta revolución bolivariana no pasará absolutamente nada. Son parte y se dan el vuelto.

¿Cómo haría la presidenta del TSJ para abrir una investigación sobre las cochinadas que contó Aponte Aponte, mientras era parte justamente de esa instancia judicial? ¿Cómo haría la Fiscalía para buscar una verdad que seguramente le conviene esconder?

El Poder Ejecutivo, en la persona del mismísimo Chávez, tendría serios problemas para hablarle al mundo en la forma en que lo hace, luego de saberse cómo controla y maneja los poderes del Estado y el daño que hacen contra personas y bienes. Muy complicado todo.

Y es complicado hasta para el chavismo decente, que también lo hay. Un chavista resentido, del tipo destructor, le importa un pito que sean verdad los cuentos de Aponte, justamente porque los comparte y aprueba.

Pero, lo peor, es que el propio Aponte, un prócer chavista, realmente corrupto y descompuesto, denuncia una serie de barbaridades en contra de su propia profesión, tanto la militar como la de leyes, involucrando a sus colegas de gobierno. No se sabe si Aponte mismo produce más asco que los otros funcionarios.

Todo es una plasta. La gran plasta chavista.

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