La jornada laboral en Venezuela

Guillermo Zurga

Reducir la jornada laboral en Venezuela es una insólita medida en un país con una de las tasa de inflación más altas del mundo; una deuda interna y externa gigantesca; un producto interno bruto (PIB) bajo, que no es menor debido a la producción de petróleo; con indicadores de productividad muy por debajo del de los demás países; pareciera más bien ser de carácter electorero, demagógico y populista, que necesaria e imprescindible para hacer justicia social laboral.

En un país con una economía tan golpeada por la ineficiencia de la administración socialista del chavismo, que sobrevive gracias a la ya escasa producción de petróleo que se reduce anualmente por efectos de la ineficiencia del gobierno, cuando pudiera ser mucho más alta, es insensato bajar la jornada laboral que, como consecuencia directa, reduciría la productividad colectiva. Solo los gobernantes falsos, fanáticos e inconscientes, son capaces de hacer tal barbarie.

En momentos económicos tan dramáticos como los que vive la nación venezolana, se necesita ser más eficientes, generar mayor austeridad y control del gasto, atraer e incentivar a la inversión privada, crear más empresas, industrias y comercios que permitan generar más empleos y, a la vez, produzcan un crecimiento económico sostenido mayor que el que tiene actualmente Venezuela. Eso lo hacen los dirigentes en los países con gobiernos sensatos y organizados, cuando  sus economías están en crisis.

Si se reduce la jornada laboral, se mantiene el control de cambio de divisas, se aumentan los sueldos y salarios, se pagan parte de las prestaciones laborales que el ejecutivo debe desde hace varios años a los trabajadores, se mantiene la inamovilidad laboral, se sigue aplicando la Ley de Costos y Precios Justos, se continúa con las expropiaciones de empresas privadas, se arrecian los ataques contra la economía privada y se continua pensando en convertir a Venezuela en una nación socialista, no existe manera de que Venezuela prospere y salga adelante.

Al contrario, con tales medidas irracionales muchas otras empresas privadas irían irremisiblemente a la quiebra y los problemas políticos, económicos y sociales aumentarían y se profundizarían.

El presidente Hugo Chávez, con su obsoleto y negligente estilo de dirigir la economía del país, está atrapado en su propio laberinto y no existe manera alguna de que salga del mismo. No tiene ni tendrá ninguna posibilidad de éxito, mientras insista en priorizar al sistema económico socialista por encima del sistema económico de libre mercado o capitalista.

Es altamente preocupante que siga con sus políticas devastadoras en el manejo de la económica del país, lo que  pareciera sugerir que ya nada le importa, que estaría justificando su triste decisión de “morir matando”. Dios salve a Venezuela.

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