La Ley del Trabajo vs el Plan de Empleo

Orlando Cabrera Eleizalde

Venezuela sigue siendo una sociedad digna de analizar por parte de aquellos investigadores que se dedican a explorar las razones por las cuales unas naciones son más prósperas que otras, indistintamente de que dispongan o no de recursos naturales que favorezcan su desempeño.

Venezuela es definitivamente un caso atípico de involución, no obstante su riqueza. Pareciera entonces, que de acuerdo a la “política” el fracaso económico de los últimos 54 años no existe y  que nuestra sociedad vive un momento de inflexión. Todo se escribirá el 7 de octubre. No existe pasado ni tampoco futuro. Es Socialismo de Estado o Capitalismo de Estado.

Nos olvidamos que el hombre es el único animal que puede crear significados. El amor, el arte y la vida buena, son los tres grandes aspectos de la vida humana, que nacen de una fuente común: La Espontaneidad y la Libertad.

A decir de muchos la salud mental del venezolano está comprometida. La inseguridad social, la delincuencia, el desprecio por la vida, el desempleo o el empleo precario y la pobreza, generan un proceso de alienación, similar al de las grandes depresiones económicas del pasado o a las circunstancias sociales de las pasadas Guerra Mundiales.

La problemática del país en materia de salud mental, así como de sus tendencias, son alarmantes y nos hablan de un mundo vacío, sin sentido aparente, en donde las personas sólo son utilizadas por los regímenes económicos y políticos de diversa índole, provocando estados de soledad y angustia cada vez más profundos en las personas.

En este contexto el Gobierno promulga una nueva Ley del Trabajo, y la Oposición propone un Plan de Empleo. Se olvidan ambas tendencias políticas que en economía las leyes del trabajo no generan prosperidad, así como tampoco existen planes de empleo en solitario. La prosperidad la crea el crecimiento económico, y crecimiento económico es producción y consumo, donde la riqueza generada sea distribuida lo más equitativamente posible entre los ciudadanos.

La primera reflexión a la cual nos conduce este contexto, es pensar que la visión de los dirigentes políticos que se deben encargar de guiar al país por la senda de la recuperación y el crecimiento, está más persuadida por la demagogia causal, que por el nuevo modelo científico que hoy llamamos el “enfoque holístico” de la realidad.

El sentido del progreso en el mundo

Se consolida un nuevo concepto de desarrollo, que es denominado “desarrollo humano sostenible”. Se entiende que el desarrollo significa crecimiento equitativo y en armonía con la naturaleza. Los dirigentes dedicados a la profesión de políticos y como consecuencia de ello a gobernantes,  deben entender qué es lo que conduce el cambio favorable en lo económico, social y ambiental.

Según diversos autores, el progreso está determinado por el avance tecnológico, la productividad, el crecimiento económico que satisface las necesidades del crecimiento poblacional, generando riqueza y ahorro, que permitan abatir el hambre y la pobreza.

No creo que un “Plan de Empleo” pueda existir sin un Plan de Desarrollo Económico Sostenible, así como tampoco que una Ley del Trabajo genere empleo decente bien remunerado. En qué medida la producción, la  productividad y los flujos globales del comercio e inversión, pueden ser estimulados favorablemente por un Plan de Empleo y una nueva Ley del Trabajo en Venezuela… Pareciera agua de la misma fuente.

Lo que debería estar en la discusión pública, en términos accesibles para toda población venezolana, ilustrada o no, es en términos generales lo siguiente:

En primer lugar, como reestructurar la confianza en el mercado y en las instituciones y empresas que lo hacen funcionar y generan empleo decente. Eso requerirá mejorar y simplificar el marco regulatorio y un gobierno más eficaz en todos los niveles políticos, que facilite la interacción social y como consecuencia de ello, los negocios.

En segundo lugar, qué medidas se deben asumir para recuperar y restablecer el orden y buen manejo de las finanzas públicas, como base para el futuro de un desarrollo económico sustentable.

Paralelamente, que proyectos son necesarios para buscar nuevas alianzas y cooperación internacional, para fomentar la inversión extranjera que no hipoteque nuestro futuro, y apoye nuevas fuentes de crecimiento a través de la innovación, estrategias amigables para el medio ambiente y el desarrollo de nuestra economía, con inflación de un dígito bajo.

Finalmente, sostener la innovación y el crecimiento. Necesitamos asegurarnos que la gente de todas las edades puedan desarrollar habilidades para trabajar productiva y satisfactoriamente en los empleos del mañana.

La Distribución del Ingreso en el Mundo y Venezuela

Si la información no es alarmante, no sabría qué nombre ponerle a lo que vive la humanidad. Venezuela que debería ser una excepción, es la economía Latinoamericana que no crece y exhibe una de las inflaciones más alta del mundo.

El 40 % de la población mundial “vive” con 1.20 dólares diarios, y 45% de dicha población satisface sus necesidades con 5.20 dólares diarios. Esto es, la distribución es tan desigual que el 85% de la población en el mundo subsiste con menos de 5 dólares diarios.

¿Pensarán estos individuos en los beneficios que el progreso ha tenido? ¿Necesitarán una nueva Ley del Trabajo o un Plan de Empleo aislado de un Plan de Desarrollo económico, como retórica política?… No lo creo. Claro que no.

Venezuela no escapa a esta tendencia.

Solo el 5% es próspero.

Para ser clase Media Alta (15%) se requiere un ingreso familiar de Bs. 20.000 mensuales.

Una familia con ingresos de Bs. 15.000 es Media Pobre (30%).

Estar en Pobreza Crítica (45%) significa ingresos de Bs. 10.000 al mes.

La Pobreza Extrema incluye al 5% de la población que no llega a cubrir la Canasta Alimentaria.

En síntesis el 75% de las familias venezolanas manifiestan síntomas de pobreza porque no ahorra ni se recrea y el 5% vive en el vaivén de la pobreza extrema.

Es decir la escandalosa cifra de 5.136.000 familias de una u otra manera manifiesta pobreza.

Esa es la realidad, enmascarada por la dádiva que genera la utilidad marginal del ingreso.

Ese ingreso que sigue siendo captado por el 20% de la población.

La Importancia de la Ley del Valor-Trabajo

La primera cuestión que debe entenderse es el hecho de que la regulación de la economía en la actualidad está dada por la Ley del Valor-Trabajo, en tanto los medios de producción (y el capital como una de sus manifestaciones más importantes) son propiedad de unos pocos, ya que la mayoría de la población asalariada y no asalariada, detentan tan sólo su fuerza de trabajo o la capacidad de venderla.

Desde el punto de vista de la producción, el progreso y la división del trabajo explican la esencia de la competitividad, en la medida en que se encuentra incorporado el aspecto tecnológico como base de la competitividad, se logra reducir el tiempo de trabajo incorporado a los productos y explica la mayor o menor productividad que tienen las empresas.

La clave de una moderna Ley del Trabajo, no estriba en su concepción “reivindicativa del salario y de las prestaciones sociales” o la vieja lucha por encarar al patrono explotador. La verdadera clave radica en cómo legislar para que trabajadores y empleadores entiendan y acepten que son “socios” en la empresa, en el progreso del bienestar colectivo y en la función de abastecer a la sociedad con bienes y servicios en el momento oportuno y a precios accesibles.

Esa sociedad no significa anular el derecho de la propiedad, pero si es esencial que promueva una adecuada distribución del ingreso y se traduzca en prosperidad para todos. No debe haber empresas ricas, con empleados pobres.

Los elementos anteriores sirven para comprender en sus justos términos la presencia de la racionalización de la ley del valor y, por ende, su manifestación en el marco de la distribución del ingreso.

La segunda reflexión que podemos hacer en función a los comentarios precedentes, es que en la medida que los venezolanos podamos cultivar con mayor facilidad nuestra inteligencia a través de la educación, podremos mejorar la productividad laboral, incorporarnos a la tecnología de los nuevos tiempos y mejorar nuestro ingreso, reduciendo al mismo tiempo la jornada laboral, para beneficio de nuestra salud mental y de nuestra familia.

No percibo que la nueva Ley del Trabajo y el Plan de Empleo que se le contrapone, nos permitan alcanzar la prosperidad deseada por todos y la justa redistribución de la riqueza.

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