El verdadero peligro de Aponte

Vicente Díaz

El modelaje es la forma más poderosa de enseñar conducta social.  Los niños mediante la observación e imitación del comportamiento de los padres aprenden a ser humanos; internalizan hábitos, normas y habilidades que luego reproducirán matizados por los aportes de su propia experiencia y reflexión. Incluso en el reino animal, donde no hay lenguaje articulado, los padres compensan las carencias de los instintos enseñándoles a su prole, a través de su ejemplo, como sobrevivir.

En la vida moderna los referentes públicos compiten con los familiares como fuente normativa. Los muchachos internalizan los valores que transmiten las conductas de los personajes públicos. Y mientras menos estructurada es su familia, más sensible es un chamo a la influencia axiológica de los modelos extrafamiliares.

El guapetón del barrio, un personaje público en el ámbito comunitario, fácilmente se convierte en un modelo a seguir. Compite y derrota al maestro de la escuela como encarnación del deber ser: un educador sub-pagado, atracado mil veces, en un carrito destartalado no tiene nada que buscar frente al hampón armado, con plata y carro nuevo que cambia a diario.

Esos modelos, esos ejemplos de origen familiar, comunitario o público impactarán más en una sociedad en proporción directa a su nivel de estructuración e institucionalización. Las sociedades menos institucionalizadas procurarán rellenar con liderazgo sus vacíos normativos.

Mientras más débil es una sociedad más tiende a liderazgos fuertes y más busca modelos que inspiren y orienten el alma colectiva. Y más poder constructivo o destructivo tienen esos modelos.

José Antonio Abreu es un modelo, un deber ser. Un ejemplo de amor, tesón, talento y sabiduría. Encarna la Venezuela posible. Todos nos sentiríamos honrados de estrechar su mano. Igual que Andrés Galarraga, Jacinto Convit, Gustavo Dudamel, Juan Arango, Yolanda Moreno, Simón Díaz y miles más.

Pero la televisión también nos trae la imagen de un diputado diciéndole ratas a sus adversarios, o un comunicador diciéndole hijo de puta a un editor. Suena feo escrito. No es nada comparado a como se ve en televisión. Y peor aún cuando se internaliza entonces que humillar y ofender es aceptable como comportamiento en la sociedad de los humanos.

El caso de Aponte Aponte es el epítome de un referente negativo. No sé qué hay de verdad en lo que dijo. Si es verdad, hay inocentes presos. Y están presos a conciencia de que son inocentes. Una monstruosidad. Pero Aponte no está solo.

Hay muchos Aponte. Otras caras, otros nombres. Pero el mismo asco. Personajes que hacen daño concreto a gente concreta. Gente enquistada en el poder para servirse de él. Pero su efecto corrosivo trasciende a sus víctimas, se difunde y corrompe las entrañas del cuerpo social. Su ejemplo es el verdadero peligro.

Sus carreras ascendentes evidencian complicidad o impericia y desidia de los tomadores de decisiones. En todo caso son modelos destructivos que deben ser rechazados unánimemente. Y la forma concreta de rechazarlo, y generar un ejemplo constructivo de como debe actuar el Estado, es investigar cada uno de los casos donde este señor actuó.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s