La última oportunidad de Chávez

Francisco Rivero Valera

Chávez y Pérez Jiménez se parecen.

Ambos han sido militares-políticos. Ambos han sido golpistas y golpeados. Han gobernado al país durante más de 12 años. Con rasgos de dictadura al concentrar el poder absoluto en sus manos. Ambos han reprimido la libertad.

La diferencia está en la gestión de gobierno.

Pérez Jiménez logró alto sentido nacionalista y marcado progreso económico al ejecutar una ambiciosa política de construcciones.

Desarrolló el sistema de electrificación del Caroní, la Planta Siderúrgica del Orinoco, la minería, carreteras, autopistas, bienes raíces y otros.

Además, grandes avances en la educación de las Fuerzas Armadas, y en la renovación de equipos militares. Y nunca tomó la iniciativa de amenazar a otro país con el uso de las armas.

En política interior, logró altos estándares de seguridad y orden, y fomentó los valores morales en la población. Pero, con un punto fatal: reprimió la libertad y  los partidos políticos.

Chávez, por su parte, ha tenido la mejor oportunidad del mundo para transformar a Venezuela en un país desarrollado: 13 años de gobierno, altísimos ingresos petroleros, apoyo popular y control absoluto de todos los poderes.

A cambio hemos recibido mentiras como arroz picao y, ahora, chantaje sentimental por su enfermedad. Y destrucción del aparato productivo, incremento alarmante de las importaciones y de la inflación; destrucción de la vialidad y de la electrificación; incremento alarmante de la corrupción, inseguridad y violencia; violación de los derechos humanos, desempleo, anagrama de los valores morales y otros.

O sea, Chávez invirtió los términos: destruir al país, por construir un gran país. Ante tales circunstancias, a Chávez le queda la última oportunidad para tratar de aliviar su pésima historia política: renunciar. Para evitar mayor infelicidad en los venezolanos. Para prevenir la anarquía y la violencia sangrienta entre sus compinches, cuando su inexorable enfermedad obligue su discapacidad y retiro. Para evitar que el país continúe hacia el retroceso y la ruina.

Renunciar por ahora, en cadena nacional.

Y aunque Chávez es experto en cadenas nacionales, no está demás ayudarlo con algunos detalles. Por ejemplo, ante todo decir la verdad, sin groserías.

Decir que ha decidido renunciar porque está enfermo o porque las cosas no resultaron como las esperaba. Que hizo todo lo posible  por dar  felicidad con su proyecto comunista y que lamenta sus fatales resultados. Pero que no diga que lo engañó Fidel, ni que fue culpa de la IV republica o del Imperio porque, a estas alturas de la vida, después de 13 años,  ya nadie le va a creer esa excusa.

Que diga, con sinceridad, que ha sido mal administrador porque, para gastar un millón de millones de dólares y terminar en crisis de electricidad, viviendas y alimentos; en corrupción, depresión de la economía y demás, hay que ser pésimo administrador. Pero, puede usar un último comodín como  excusa: que todo ha sido por falta de experiencia.

Y no estaría mal que también pida perdón por tantas cadenas nacionales repletas de amenazas, mentiras y malas palabras, nunca dichas por Presidente  alguno, ni siquiera por dictadores como Pérez Jiménez; por la represión de medios de comunicación social y de todo cuanto sea oposición y, en pocas palabras, por tanta metida de pata.

Y como final de su renuncia también es soportable que diga: errar es de humanos y rectificar de sabios. Que así sea.

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