Las verdades de La Planta: el submundo que ensombrece el sistema penitenciario

Ana Vanessa Herrero

El pasado viernes La Planta, centro de reclusión que ha ocupado la mayor parte de las noticias en las últimas semanas, cerró sus puertas para siempre. Pero a pesar de esto, el problema dista mucho de cesar. Al menos así lo reconoció una fuente oficial, quien dio todos los detalles del “otro mundo” que viven muchos venezolanos.

“Lamentablemente”. Así expresaba esta persona el pesar que sentía al afirmar que la situación de La Planta no es la única. Cierto. Es algo que todos sabemos. Pero escucharlo de una persona que recoge información de primera mano, es, tal vez, más fuerte. Y es que las fiestas, las muertes, la falta de autoridad y el problema, parece que no se detiene y que se agrava con el tiempo.

“La tensa calma” de La Planta: más de 350 hombres desplegados y varios francotiradores

Más recientemente nuestras memorias aún tienen las imágenes de los conflictos en Rodeo I, un penal donde los reos ya no eran tales, sino jefes y dueños de un microestado que se desarrollan, al parecer, en cualquier lugar que se llame cárcel.

Pero, más allá de la política, ¿cuál es el verdadero problema? Según información recogida, el problema, además de venir de tiempos anteriores, donde las denuncias de maltrato y hacinamiento no eran suficientes, se basa en el tiempo que los funcionarios de seguridad, Guardias Nacionales y Custodias, pasaban trabajando en el penal.

“No los rotaban” y esto hacía el panorama propicio para que estos se acercaran cada vez más a los reclusos que estaban dentro. Una relación extraña donde el que manda es el dinero. Grandes cantidades que se movían, además, dentro de las altas paredes del retén.

Los tiros que se escuchaban y que alertaron y apresuraron las acciones de las autoridades penitenciarias, son solo sombras de lo que pasa dentro. Lo difícil, según se conoció, es “pelear contra los presos, los Custodios y los Guardias”, personas que dejan de tener poder y se acostumbran a una vida diferente donde la rectitud no existe. “Cada vez que escuches una protesta en una cárcel, no es porque los Guardia están matando, sino porque el Guardia es correcto”.

Al menos el día viernes, unos 350 funcionarios de las fuerzas de seguridad del Estado estaban desplegados.

“O más”, porque según la fuente consultada, los francotiradores que estaban en los edificios hacían mayor el número. “Ellos -los reos- tienen su zona (…) ellos saben que si pisan fuera de esa zona son hombres muertos”, decía mientras veía hacia el cielo, en dirección a los edificios del sector.

Los pranes y los “carros”: los jefes “más bravos”

La palabra “Pran” se hizo conocida en nuestro país a raíz de una protesta que se hizo en el antiguo retén de Catia-esa es la historia que se maneja-, pero no hay un acuerdo claro de su origen. Cuentos de camino indican que pran es la unión de las primeras letras de las palabras: preso; rematado; asesino; nato. Y la historia, al menos, puede confirmarlo.

El inicio de la palabra tal vez es lo menos importante. Lo más resaltante puede ser el poder que estas personas ostentan. Y es que cada pran dentro de un pabellón cobra supuestamente, al menos, 50 bolívares semanales por preso que “tiene a su mando”. Es decir, en un fin de semana puede percibir 500 mil bolívares fuertes para proporcionar comida, agua, aseo y “seguridad”. Este poder, o abuso de él, se le denomina “carro”: el carro lo conduce uno y varios lo conforman, al menos hasta que otros quieran quitarle ese privilegio y un motín “los tumbe”.

Llevándolo a términos políticos, porque eso parece, sería una especie de estado, donde un hombre conduce el uso de la fuerza y maneja el dinero, aunque todo de manera ilegítima. Dejan entonces de ser personas que están cumpliendo una condena, para convertirse en dueños del área y delante de los ojos de todos: por eso le llaman “otro mundo”.

Llegar a este estatus dentro de la población penal no es fácil, hay que acabar con muchas vidas, derrocar a los “carros” existentes y manejar dinero para comprar a los funcionarios que deberían estar cumpliendo con la Ley. Pero es que dentro, la Ley no existe, son solo códigos predeterminados que se aprenden sobre la marcha.

Las fiestas, las mujeres y la droga

“Es triste” la realidad que preguntábamos después. Algo que escuchamos siempre y que cuesta creer: las fiestas dentro de los centros como si fuese un sábado familiar. Según se no indicó, es cierto que esas visitas de cientos de mujeres prostitutas ocurren. De hecho, en eso estarían involucrados supuestamente autoridades del penal, quienes incluso, según la fuente, han sido amonestados tras informes entregados denunciando esta situación.

“¿Tú quieres reconocer a la mujer de un pran?”, entonces solo cabría mirar a aquellas visitas que tienen “las tetas hechas, las nalgas montadas y catiras”. Supuestamente, las mujeres de los pranes son las que mejor viven, pues entran los fines de semana a buscar el dinero correspondiente para hacerse las cirugías necesarias y así complacer al hombre.

En una oportunidad, se intentó pasar una botella de 5 litros de agua al penal. Una de las autoridades lo prohibió y pidió revisarla. Los familiares protestaron, se quejaron y lo impidieron, pero cuando se pudo, descubrieron que el agua no era tal: la botella contenía 5 litros de anís.

Según informaciones, los visitantes son los que mayoritariamente pasan “los beneficios” que reciben los reos. Pero esto, claro está, con autorización y consentimiento de aquellos encargados de velar por la seguridad. Muchas veces, municiones y licor, son pasadas por las personas que visitan al recluso y que ya tienen su pago correspondiente hecho al guardia de turno.

“Los Guardias también pasan las armas”, porque por esto reciben cantidades de dinero insospechadas. Es, según se nos indicó, la forma de tener acceso a armas de guerra que son usualmente encontradas y exhibidas dentro de los centros penitenciarios.

La Planta: el cuento de nunca acabar

La implosión del retén de Catia, la toma de Rodeo I y ahora, la toma de La Planta, son todos hechos de un mismo fenómeno que vivimos en el país. Pero lo más preocupante, no son los focos de violencia, sino que esta información es manejada por todos y no es sino hasta esos hechos que se toman medidas al respecto.

Un problema tan grande ha sido atajado por las autoridades, primero, creando el Ministerio para Asuntos Penitenciarios y segundo, movilizando los recusos necesarios para poder aplicar las políticas. La ministra Iris Varela aseguró que fue un éxito el traslado de los reos y el cierre de La Planta y de hecho lo fue. Pero el estudio debe ir a la raíz del problema, cuestión que tomará más tiempo, pero que se está haciendo.

La realidad de hoy, al menos, no dista mucho de la pasada y lo que queda, es continuar el trabajo y la colaboración para que los escenarios vistos no vuelvan a suceder.

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