RCTV y otras canalladas en espera

Elides Rojas

Canalla: persona que merece desprecio, ruin y miserable.

Canallada: ejecutar una acción despreciable, ruin y miserable.

Tal vez es la mejor palabra para definir uno de los actos más diabólicos, en esa casi inmaculada carrera de violaciones de los Derechos Humanos que acumula con mucha seriedad micomandantepresidente en estos casi 14 años de monarquía, como fue el cierre de RCTV.

No le importó nada. Ni la historia, ni el peso en la popularidad entre los venezolanos, no la tradición de varias generaciones, ni la venezolanidad que estaba pegada a la imagen del canal ni los más de 3.000 puestos de trabajo directos ni los más de 5.000 puestos de trabajo indirecto. No le importó nada. Ni la escuela que significaba para artistas, creativos, intelectuales,  productores y gente del medio. Ni sus aportes a la sociedad ni el peso internacional de sus producciones ni las academias que sostenía ni la capacidad para buscar talentos, cultivarlos y lanzarlos al mundo.

No le importó nada. Ni siquiera que era en ese momento por largo el canal más visto, con más penetración y de mayor apego en los sectores populares del país. A Chávez no le importó nada. Ni siquiera que a nivel nacional e internacional su decisión de cerrar a RCTV implicaba un costo político de gran peso, pues el cuento de que la concesión vencía no lo creyó nadie. Fue un fusilamiento mediático. Ni más ni menos. Fue un crimen contra la libertad de expresión, de prensa, de pensamiento, de empresa, de trabajo.

Fue un acto vil y de pleno abuso del poder. Incluso hasta el robo de la propiedad, de activos y equipos. Un acto atroz. Digno de un hombre que es capaz de irse arrodillado a llorar frente a la imagen de una virgen o un santo a pedir por su vida, no la de otros, siempre es su vida, mientras prepara su próxima masacre. Y ese es el punto.

A RCTV la mató por partes

Hasta cuatro cierres con sus consecuencias les ha disparado usando todo el peso del poder. El objeto siempre fue el mismo: desaparecer a la empresa, al medio, a sus dueños, a sus trabajadores. Y lo hizo. En términos a ataques a la Libertad de Expresión fue la bomba atómica. De ahí en adelante todo le ha sido fácil entre la amenaza y el chantaje como armas, se ha apoderado de casi todo más allá de medios y plantas de televisión. No le importó ni siquiera que estuviera despertando un fuerte movimiento estudiantil que todavía le hace peso, aunque en el afán de desaparecerlo se haya metido por el paltó otro montón de leyes.

Pero, cuidado, eso lo hizo un año después de ganar las elecciones en el 2006 contra Rosales. Y anunció la masacre laboral y mediática el 28 de diciembre de ese mismo 2006. Lo que ha hecho después de ese triunfo no es más que la muestra de lo que para Chávez significa el poder y cómo los votos no representan un mandato popular sino una espada o un cañón para hacer lo que le da la gana. Luego de eso se apropió de la mitad de las tierras privadas, haciendas, fincas, edificios, centros comerciales y hasta estacionamientos.

Se agarró los dólares de Pdvsa, inventó unos fondos, y maneja eso como su botija particular. Inventó habilitantes para legislar y se adueñó sin pena de todos los poderes públicos. Cada vez que gana elecciones, legítima o ilegítimamente, también estrena traje de verdugo.

Por eso cerró a RCTV. Por eso perdonó a otros canales este año. Pero en octubre hay elecciones. Ya se sabe qué viene, si el monarca gana. Otros canales fuera, otras grandes empresas expropiadas, bancos y aseguradoras, clínicas y colegios privados. Lo hará. Solo espera el momento.

Como hizo con RCTV.

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