Chávez no necesita una constituyente para modificar la Constitución

Gustavo Linares Benzo

Chávez no da puntada sin hilo. Llamar proceso constituyente a una inocente (¿?) consulta del plan de la nación no es gratuito, a pesar de que ese nuevo Chávez conciliador pos 7-O haya asegurado y jurado de que no se trata de reformar la Constitución. Algo así como si la oposición llama golpe de Estado a unas verbenas pro fondos, garantizando, eso sí, que no se va a tumbar a nadie.

Entonces, ¿por qué una constituyente sin constituyente? “Estúpido, son los votos” podría decirse, usando la famosa frase de una campaña electoral norteamericana.

Sólo en los restaurantes y peluquerías del Este profundo de Caracas se debate la tontería del fraude y de las captahuellas, cuando todo el pueblo, chavista y de oposición, está asombrado del caudal de votos de Capriles. Más asombrado que nadie, Chávez.

Conclusión, las posibilidades de perder otra vez el referendo sobre la dictadura perfecta que propuso en el 2007 representan un riesgo demasiado grande.

Solución, el Poder Popular. Definido literalmente en la propuesta de reforma de la Constitución como aquel donde reside la soberanía y que “no depende de elección alguna” sino de la organización popular (chavista, claro) es el método perfecto para acabar con el único temor que queda en el espíritu presidencial, único aspecto de la democracia que aún se respeta: perder unas elecciones.

Redefinido el pueblo como el pueblo revolucionario, bolivariano, con exclusión de todos los demás, así sean casi siete millones, así lleguen a ser mayoría, se despacha el problemita electoral y llegan las comunas.

A nadie debería sorprender entonces que en el discurso inaugural de diez horas (hay que demostrar la perfecta salud del líder) se sugiera que una constituyente, o una reforma o una simple enmienda ya nos son necesarias, porque el poder popular habló en diciembre, el pueblo verdadero.

Los demás no son venezolanos, como dijo expresamente y sin rubor el propio Chávez en la expresión más cabal de su pensamiento político, eco del Bolívar del genocida decreto de guerra a muerte.

Su plan de la nación será ahora la nueva Constitución, como de hecho han sido sus planes anteriores así hayan sido rechazados expresamente por el pueblo (el de verdad, con cédula).

El contenido importa mucho menos, porque si se define al ciudadano por su lealtad a una figura y no por su simple condición de tal, todo es posible para el poder.

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