Las grandes mentiras de la crisis por la deuda

Daniel Lacalle

Nota de Sala de Información: Reproducimos este interesante artículo, cuyo fondo es aplicable a nuestro país.

Como todos los fines de año, el objetivo mediático es que ustedes se olviden de la deuda, aunque sea por unos meses. Como cuando le ponemos a un niño con fiebre la tele durante un rato, se calma y se olvida, pero la gripe sigue su curso.

Hay que dar mensajes optimistas, pero si los datos los ajustamos por deuda, salen unos números horrorosos, y eso no mola.

Pero la deuda importa, y mucho. Por su volumen, 3,2 billones de deuda adicional en la Eurozona desde 2002, y un Banco Central Europeo cuyo balance ya supera los tres billones de euros. Para que se hagan una idea, el Banco Central Europeo ha aumentado su deuda en una cantidad equivalente al PIB de España.

La crisis de deuda europea no es igual que la americana, inglesa o japonesa, es peor.

Importa, y mucho, el uso de esos recursos financieros -gasto corriente en más de un 65%, ya que ha llevado a una carga fiscal que ya alcanza el 44% del PIB. Voracidad recaudatoria que solo aumenta y continúa destruyendo puestos de trabajo y empresas.

El uso de recursos financieros -deuda- para gastos burocráticos y de baja productividad y los altos impuestos diferencian, en mucho, la crisis europea de la americana, británica o japonesa. Porque redistribuye recursos a elementos no productivos.

Burocracia disfrazada de gasto social. España, por ejemplo, ha multiplicado por dos su “gasto sanitario” desde 2002, no mejorando la calidad -sigue en los puestos de cola de la UE- sino en clientelismo, comités -que para eso somos los mejores- y gasto superfluo.

La deuda pública disparada importa porque se paga con impuestos y recortes o se hace impago, pero también por su impacto en la situación financiera de los bancos europeos, que necesitan más de 400.000 millones, según el FMI, para alcanzar los mínimos de capitalización de la propia Unión Europea.

Por eso, ante una población que sigue exigiendo más gasto y más deuda como si fuesen derechos y beneficios, quisiera recordarles:

El Tesoro no coloca con éxito. Le endeuda a usted.

Cada vez que oigo en una subasta que “el Tesoro coloca con éxito…” o “España consigue “x” millones en la subasta” me llevan los demonios. El Tesoro se endeuda. No subasta unas joyas de la abuela para que usted se vaya de crucero. Emite deuda que pagará usted con impuestos e inflación.

El “éxito” es tremendo. Endeudarnos más, al coste que sea. Porque emitimos más deuda de la que se cancela… es decir, nos endeudamos más. Que el coste sea del 4% o 5% es irrelevante.

Es como si usted fuera a su cónyuge diciéndole: “cariño, mira qué bien, he gastado aún más de la tarjeta de crédito que no podemos pagar, pero me ha costado solo un x por ciento”. La deuda no es capital. Es deuda. Y cuesta.

El problema de la crisis de deuda es que, además, el proceso de esconder bajo la alfombra deudas nos lleva a pensar que la deuda es capital.

Leía hace una semana a alguien que afirmaba que “Alemania roba el capital de los países del sur”. ¿Qué capital? Si casi todo es deuda. Todos los economistas, desde Keynes, a Hayek o Marx, alertaron sobre la ilusión ficticia de valorar como si fuera “capital” al proceso de acumular deuda sobre deuda. Aquí en Europa hemos roto todos los principios de acumulación de crédito.

La acumulación de deuda no mitiga los problemas, los intensifica.

Seguir acumulando déficit, deuda, es intentar salir de un agujero cavando más hondo. Cuando se gasta un 20%-25% más de lo que se ingresa no hay otra solución que dejar de cavar –gastar-, porque con más impuestos solo se consigue menos inversión, menos empleo, menos trabajo. Si un año generamos un déficit del 7%, solo para no aumentar más el agujero deberíamos crecer más del 7%. Cualquier cifra inferior es simplemente empobrecernos más.

La intervención sobre el mercado de deuda hunde el acceso al crédito de las empresas.

Si se interviene el mercado y los estados reciben condiciones extremadamente generosas, injustificadas, los bancos que deberían ser los creadores de crédito para la inversión, simplemente no prestan a empresas.

Es como si usted fuese un colegio y tuviese que elegir entre darle una plaza a un chico que tiene las respuestas de los exámenes, pero es un zote y uno que no, pero es listo.

Por mucho que estudie el segundo, ni se lo plantea. Y el efecto crowding out -cuando el Estado acapara el crédito para gastar en sandeces- se hace enorme.

Todos los países de la eurozona tienen una deuda real –real- sobre PIB superior al 100%. Y eso en una época en la que los tipos de interés han sido extremadamente bajos.

¿Se imaginan cuánto se hubieran endeudado los países europeos si, además, todos hubieran tenido barra libre? Tendríamos un BCE insolvente, una eurozona con un gasto público que superaría en mucho al actual, y monstruoso, 50% sobre PIB.

Pero claro, el BCE no iba a quebrar así que ya sabían ustedes con qué se iba a pagar ese fiestón público. Con sus impuestos… bueno, con los impuestos de los que se quedasen en Europa después del éxodo de profesionales y empresas que pudieran deslocalizarse, claro. Si los estados se financian a tipos ínfimos, compiten injustamente y subvierten el proceso inversor. Y se dan genialidades del “todo es gratis” como las estatuas de Castellón, ciudades del circo, artes… etc.

Detrás de todo Banco Central hay inversores privados o impuestazos para usted.

Un Banco Central que se convierte en el motel de las cucarachas es una bomba a punto de explotar, y si no hay inversores privados dispuestos a asumir su riesgo porque la economía no es dinámica, no genera productividad, ni beneficios, lo termina pagando usted. Sea el que sea, el de Reino Unido o el de EEUU. Y su capitalización, en cualquier caso, la paga usted en impuestos. No hay salida.

Monetizar deuda no es la panacea, lo paga usted igual.

Si monetizar la deuda -imprimir moneda- fuera la solución, los países con más éxito del mundo serían Zimbabwe o Argentina. Sin credibilidad financiera, no sirve. Imprimir moneda genera inflación -el impuesto silencioso-, menos renta disponible y menor crecimiento, lo estamos viendo cada día. Es robar al ahorrador para perpetuar el gasto de un estado endeudado.

El déficit no es un derecho y la deuda no es un beneficio.

Escuchaba el otro día en un programa a un miembro de la Xunta de Galicia que “reclamaba su derecho a generar el mismo déficit que el Estado”. Su “derecho” está basado en unos supuestos “gastos de educación y sanidad” que se han duplicado en ocho años, el truco de disfrazar como gasto social lo que en realidad es clientelismo, facturas diez veces superiores y comités de seguimiento hasta de la cantina.

El déficit no es un derecho, y mucho menos un derecho acumulable a cada estado, cada región, cada ayuntamiento, cada barrio…. porque al final de esa cadena ¿quién paga? Usted.

Si piensan que el mercado genera costes inasumibles, no lo saturen.

España se endeuda a razón de 450 millones de euros diarios. Mas que los diez países de África con mayor producción petrolera, por ejemplo.

Somos oligarcas sin recursos. Y, además, queremos deuda barata.

Yo no les voy a convencer si, como les dicen día tras día, todo es culpa de los malvados especuladores y chorradas de esas.

Este país es el paraíso de las teorías de la conspiración. Pero lo que yo sí que tengo claro es que, si no me gustan los prestamistas que me dan dinero porque tienen cara de malo, pistola y un puño americano, lo que no hago es ir a pedirles pasta todos los días y cada vez más.

Contra la chorrada de la dictadura de los mercados, no se endeuden salvajemente. No gastemos un 25% más de lo que ingresamos para dar subvenciones y pagar gasto político.

No se puede exigir más crédito y menos responsabilidad crediticia. Si de verdad creemos que va a fluir el crédito y vamos a recibir más financiación cuando exigimos que se eliminen las responsabilidades de pago y las obligaciones, lo llevamos claro.

Una deuda solo es una inversión si se paga el principal y el que presta tiene la fea manía de querer que le devuelvan su dinero y sus intereses, qué cosas. Y cuanto más riesgo tengamos como prestatarios, si nuestra credibilidad se desploma, subirá el coste o desaparecerá la financiación.

A diciembre 2012, la deuda pública de España, incluidos todos los pasivos, alcanza el billón de euros. Cada ciudadano español deberá alrededor de 27.000 euros. Poco a poco, se va filtrando en prensa que el déficit del año no será del 6,3%, sino superior al 7%. Pérdidas. Recuerden siempre que déficit significa pérdidas y más deuda. Casi 85.000 millones más. Y la espiral de deuda no debe acelerarse.

O paramos esta carrera para ver quién pierde primero -quién hace impago primero para que los demás parezcan “buenos” por comparación- o me temo que nuestro país y otros similares tienen todas las papeletas de llegar antes que nadie.

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