¿Por qué el chavismo acentúa el carácter mesiánico religioso del Presidente Chávez?

Sara Carolina Díaz

Fortalecer el liderazgo emergente del vicepresidente Nicolás Maduro es la prioridad del chavismo que se reacomoda para impulsar la figura de quien se perfila como el heredero de Hugo Chávez.

Margarita López Maya, historiadora y analista

De la mano del Estado se reviste al gran líder decimonónico de un aura mítico-religiosa que, tal cual ocurrió el 10 de enero, busca, opina la historiadora y analista Margarita López Maya, legitimar al ungido como nuevo jefe de la revolución bolivariana.

-¿Qué pasó el 10 de enero?

-Vimos el inicio de un proceso que busca dar legitimidad a un régimen político emergente que parece tener carácter cuasireligioso. El chavismo está poniendo empeño en una versión de la soberanía popular que está prácticamente anclada en creencias de tipo religioso.

Buscan conceptualizar a la voluntad popular como una especie de divinidad en la que el presidente Chávez se convierte en el líder encarnado de la voluntad popular.

Ese líder encarnado parece estar a punto de desaparecer y requiere un sucesor que es Nicolás Maduro. Todo el evento fue como una liturgia, se trata de legitimar al sucesor a través de esta simbología de tipo religioso.

-¿Por qué? ¿Sin eso no se aceptaría a Maduro?

-Quizás por eso están retrasando la ausencia temporal o absoluta del Presidente, tratan de desarrollar y de sedimentar una legitimidad religiosa alrededor de la figura de Chávez que fortalezca el liderazgo de Nicolás Maduro para presentarse a unas elecciones. La gran pregunta es qué tan penetrado está en la sociedad venezolana el liderazgo civil como algo religioso.

La clase media no suele tener vínculos religiosos con la política, le hace mucho daño a la política esa conexión. Pero dentro de la cultura política nuestra tan paternalista, y que ha tenido un culto a Bolívar fomentado en el pasado desde el Estado, todavía pudiera calar eso en algunos sectores.

Van a buscar gobernar en nombre de Chávez, van a buscar ser los sucesores del Chávez, eso podría funcionar un tiempo pero la sociedad es polarizada y así como Chávez ha despertado grandes amores, ha despertado grandes odios. Y estos líderes al final no son Chávez.

-¿Esa narrativa semireligiosa no la comenzó el propio presidente Chávez (y la izquierda venezolana y latinoamericana) desde el intento de golpe de 1992, el 13 de abril, y luego al construir una especie de mito sobre esos hechos?

-Uno de los grandes problemas del orden político en América Latina es la legitimidad para gobernar. La ruptura del lazo colonial nos dejó ese problema porque el monarca gobernaba las colonias por derecho divino y una vez que ese derecho se cortó, se planteó quién tenía derecho a gobernar a los demás. Los criollos dijeron que ellos pero eso no fue acatado y ahí vimos un siglo inestable de alternancias y revueltas. Así emergió el caudillo como para llenar lo que había dejado el rey.

El caudillo tiene una legitimidad porque tiene unos atributos que obligaba a los propietarios a hacer alianzas, atributos como valentía, irreverencia y que venían de “abajo”.

Ya en el siglo XX se trata de resolver eso con la voluntad popular expresada en las urnas. Pero hay una cultura no tan racional y la legitimidad tiene un componente más afectivo. El Gobierno ha funcionado como caudillo decimonónico.

El presidente Chávez ha tenido un liderazgo caudillesco que desde el principio ha tenido rasgos mesiánicos. Eso se ha visto desde 1998 y él tiene los atributos para ser un caudillo en Venezuela y América Latina.

-Al final no era un tema superado.

-Es curioso que aparezca a finales de siglo XIX cuando se suponía había una sociedad moderna, apareció a partir de los colapsos de los partidos políticos y la ausencia de mediaciones entre la sociedad y el Estado.

-¿El hecho de que sea militar agrega un componente extra a este tipo de liderazgo carismático?

-La cultura venezolana es muy militarista. Tenemos un momento muy emblemático de la legitimidad que lo da la guerra de la independencia donde los cuadillos militares adquieren legitimidad y gobiernan en el siglo XIX a cuenta de la factura de que ellos fueron los que libraron la guerra de independencia.

El militarismo ha estado muy arraigado a la cultura política venezolana.

-¿Considera que la enfermedad intensificó esa suerte de magia que envuelve al caudillo, las oraciones, considerarlo ‘el padre’, el sucesor de Bolívar y, ahora, el comandante de mil milagros?

-La parte religiosa se ha venido fortaleciendo en los últimos años.

No es un componente totalmente novedoso porque en la teoría del populismo se habla de los ribetes religiosos del líder carismático populista y Chávez tiene eso desde el principio. En los últimos años, y sobre todo a partir de la enfermedad, ha habido un énfasis en acentuar el carácter mesiánico religioso del presidente Chávez, de divinizarlo.

Creo que el 10 de enero se pretendía darle legitimidad a un liderazgo sumamente gris y débil como puede ser el de Nicolás Maduro o el del chavismo en general. Darle legitimidad al régimen del Estado comunal, a partir de una especie de religión del país, que es la figura de Chávez, como con Bolívar, se está tratando de crear una especie de credo religioso.

Quieren darle legitimidad al Estado comunal y al liderazgo chavista que tiene que presentarse a unas elecciones pronto. La revolución mexicana está montada en la legitimidad en sus líderes. El PRI logró gobernar 70 años pasando factura a nombre de la revolución, en nombre de sus líderes, de Emiliano Zapata, etc.

-El acto del jueves se hizo en nombre de la soberanía popular, “todos somos Chávez”.

-En el nombre de la soberanía popular se diosifica la voluntad popular y se desecha el Estado de Derecho. Es una contradicción, para que haya democracia debe haber voluntad popular y Estado de Derecho, no basta con la voluntad popular. Hace falta la democracia directa y el Estado de Derecho, que permita reglas y convivencia y garantice los derechos de las minorías.

Muchos dijeron ese día fue 1984 de Orwell y yo lo comparto, porque lo del 10 de enero fue un acto de la Constitución violando la Constitución, volteando el discurso. Nadie gobierna a nombre de una voluntad popular al desnudo.

-¿El chavismo logrará mantenerse cohesionado?

-Chávez sacó la Constitución y dijo qué era lo que había que hacer. Ya la ruptura que se hizo el 10 de enero en nombre de la voluntad popular fue muy grave, pero la voluntad popular tiene que expresarse por las urnas y si eso se rompe no estará cohesionado el chavismo.

En cuanto al exterior tampoco durarán los apoyos internacionales. Hasta ahora el chavismo ha cumplido con el tema de la democracia directa, con elecciones. Tendría un costo político muy alto no seguir ese compromiso y ese costo sería la caída del chavismo.

Mientras tanto estamos observando la sedimentación de la legitimidad del régimen a partir de una divulgación de la figura de Chávez como líder religioso; estamos por ver algunas excentricidades más porque es una estrategia política para poder fortalecer liderazgos débiles como los de Maduro y Cabello de cara a a unas elecciones que vienen.

-Pero el TSJ habló de continuidad, no se dio fecha para esas elecciones…

-El Estado de Derecho se ha estado debilitando sobre todo a lo largo del segundo gobierno del presidente Chávez. No hay poder que controle al Ejecutivo, no hay contrapesos y esto (sentencia del TSJ) es la estocada más fuerte porque tiene que ver con la Presidencia.

Maduro tiene dificultad para gobernar en esas condiciones de ilegitimidad, debe ganar la legitimidad y quizás la diosificación de Chávez, que lo ungió, contribuya a eso si lo apoyan ciertos sectores del chavismo.

Maduro y el régimen buscan legitimarse con la diosificación de Chávez.

-¿Y a qué tipo de régimen nos dirijimos?

-Hacia el régimen de la formación del Estado comunal que no es el que está en la Constitución, el que está en la Carta Magna es el de la democracia participativa. Buscarán sacarnos de la democracia liberal y llevarnos al Estado comunal, la democracia asamblearia, que no descansa en el individuo sino en el colectivo.

Allí no hay sufragio directo, universal y secreto; es un Estado con rasgos autoritarios fuertes como los del socialismo del siglo XX. Viene una apoteosis del imaginario religioso fomentado desde el Gobierno nacional porque es una manera de mantenerse en el poder.

-¿La tensión civil-militar en el chavismo se intensifica ante la ausencia del líder?

-La tensión principal en el chavismo siempre ha sido esa relación, ha sido muy difícil y ha pasado por diferentes momentos. El militarismo no ha estado muy asociado al Socialismo del siglo XXI, está mucho más asociado al discurso nacionalista, en algunos casos, perezjimenista.

Eso ha estado en tensión con la cultura más civilista de grupos de izquierda, en tensión con el propio modelo socialista luego de la derrota de la lucha armada. Eso sigue allí aunque se haya purgado a la FAN.

El proyecto socialista obliga a una parcialización política del Ejército, y la FAN tuvo una socialización muy fuerte al ser institución del Estado no parcializado y eso trae tensión interna ante cuadros que manifiestan simpatía por chavismo.

-¿Hay tensión entre Cabello y Maduro, como dice la oposición?

-Eso lo ha mencionado sobre todo Primero Justicia y Julio Borges. Han dicho que lo que impide la juramentación de Cabello en ausencia de Chávez es lo que ´el pudiera representar en los intereses militares.

Maduro tiene una formación más clara de izquierda y fue escogido por eso, como garantía para perpetuar el Estado comunal. Diosdado Cabello es más militarista.

-Sin embargo, Maduro exalta los valores militares cuando dice cosas como que la Patria se fundó en el Ejército. ¿Se impuso el militarismo en el chavismo?

-En los grupos de izquierda siempre hubo esa idea, creo que de Douglas Bravo. No es contradictorio. En la Liga Socialista se hablaba de una alianza cívico-militar, un discurso de los 60.

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