Diez años del control de cambios: pura pérdida

Agencias

Una década ha pasado desde el inicio del control de cambio en Venezuela y varios han sido los episodios transcurridos desde entonces alrededor del codiciado dólar. En tiempos donde la confianza en el despreciado bolívar casi ha desaparecido, la divisa extranjera no deja de gravitar en la rutina económica.

El 5 de febrero de 2003, a través de la Gaceta Oficial, fue creada la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) y, con ella, todo un andamiaje posterior para evitar el libre tránsito de la compra y venta de dólares en el país.

Hasta el 12 de febrero de 2002, el país mantuvo un sistema de bandas cambiarias y el dólar se cotizó a 793 para la venta. Al amanecer del 13 de febrero de 2002, entró en vigencia un esquema de flotación, el cual produjo el cierre de la divisa estadounidense en 980 para la compra y 981 para la venta.

En Venezuela, desde febrero de 2003, el precio del dólar quedo sujeto a un control de cambio obligado que colocó a la divisa en Bs. 1.600, un año después se estableció en Bs. 1.920 y ya para el 2005 quedó en Bs. 2150. De allí las devaluaciones condujeron a los actuales Bs. 4,30 y Bs. 5,30.

Las razones de la creación del control cambiario fueron más políticas que económicas, describe el economista y vicepresidente de la comisión de Finanzas y Desarrollo Económico de la Asamblea Nacional, Jesús Faría.

Al control del dólar de 2003, le antecedió un golpe de Estado y sabotaje petrolero que intentaba desestabilizar al país y sacar del mando al presidente Hugo Chávez. Por lo que la fuga de capitales fue utilizada como un arma política, “un estrangulamiento financiero para el país”, expone el parlamentario.

La única respuesta posible para ese momento era el control de cambio, sentenció Faría, quien asegura que “todavía persisten las razones que originaron ese momento histórico: una élite empresarial que impulsa un cambio de Gobierno”.

Las razones económicas del régimen cambiario también persisten. El país, hoy en día, es tan dependiente del control de cambio como del mismo petróleo. Una línea muy delgada vincula a la restricción del tránsito de divisas con la factura petrolera. Los vaivenes del precio del crudo criollo condicionan el flujo de divisas que el país necesita para consolidar su crecimiento y hasta la estabilidad económica y política.

Una de las pocas coincidencias entre el chavismo y los sectores de oposición, es precisamente esa: el levantamiento del control de cambio es inviable para el país en este momento. “Tenemos una economía aún rentista y especulativa, mientras existan esas condiciones seguirá vigente el control sobres las divisas”, señala el diputado Jesús Faría.

El mundo entero conoce a la nación por su característica limitación en el tráfico de divisas dentro del país. Varias latitudes del Caribe, además, fueron escenarios de distorsiones y trampas cambiarias por parte de venezolanos; ésta época tuvo su pico entre 2006 y 2008, luego fueron contenidas con mayor restricción de divisas.

Por lo general, un control de cambio es un caldo de cultivo para actos de corrupción y operaciones cambiarias ilegales, que son motivadas por la idea de una ganancia rápida y fácil. El sistema cambiario venezolano no ha escapado de eso. En distintos niveles, el ímpetu por obtener una ganancia cambiaria nutre la especulación del mercado.

Además, detrás de todo control de cambio también hay un mercado negro de divisas. En Venezuela, el llamado mercado paralelo de divisas ha tenido momentos de luz y de sombras.

En economía, el bien más costoso es aquel que no se consigue fácilmente. Esta premisa se aplica al mercado no oficial de divisas. Variables como la escasez de dólares en los canales oficiales, aunado a la especulación latente del mercado, han hecho que el precio del dólar paralelo siga sin ancla.

Pero, el mercado negro también se ha visto disminuido. Las acciones oficiales de junio de 2010, cuando el Gobierno de un plumazo sacó del juego cambiario a las casas de bolsa y eliminó el llamado dólar permuta —que hasta ese momento había sido legal—, asimismo, la entrada del Sitme, bajaron la temperatura del mercado especulativo.

Las palabras dólar y devaluación están muy presentes en el imaginario político del país. Cualquier decisión en torno al esquema cambiario resulta sensible y con repercusiones a nivel de Gobierno. Un aumento del tipo de cambio ha sido y sigue siendo una de las medidas más impopulares para un Gobierno venezolano.

En el transcurso de los últimos 10 años, se han dado varios incrementos en el precio del dólar y también se han tenido varios tipos de cambio en un mismo momento, que permiten al Gobierno hacer jugadas estratégicas en el manejo de las divisas.

Por otro lado, el control de cambio le permitió al país conservar sus reservas internacionales por encima de los 30 mil millones de dólares. Además, no limitó la oportunidad de crecimiento del país, se llegó a crecer hasta 10% en promedio.

El economista y ex ministro de Finanzas, Rodrigo Cabezas, aseguró que “la gran virtud del control cambiario no sólo ha sido contener la fuga de capital, también direccionar una inversión de capital de 60% que ha permitido tasas de crecimiento sostenibles”.

Pero, controlar las operaciones cambiarias tampoco impidió la fuga de capitales. Los venezolanos tienen cerca de $ 300.000 millones depositados en el exterior y casi la mitad se ha fugado durante los últimos 10 años, lo que demuestra que en el país no se tiene confianza para mantener las divisas dentro, opina el economista Asdrúbal Oliveros, director de la firma Ecoanalítica.

Irremediablemente, el presente y futuro del control de cambio está supeditado a la política. En estos momentos, un nuevo episodio de incertidumbre trae de vuelta la idea de la devaluación del bolívar; aunque la respuesta del Gobierno haya sido ignorar el tema.

Pero, todo indica que el control cambiario, por ahora, no tiene fecha de expiración. En palabras del propio Chávez, “Venezuela tendrá 100 años de control de cambio”, pero algunos analistas alegan que el modelo cambiario actual se agotó y que ciertas flexibilizaciones son claves para propiciar el crecimiento económico y la estabilidad del país.

En cualquier escenario, devolver la confianza al bolívar, es primordial para levantar el control de cambio; un proceso difícil y de largo plazo.

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