Lo que usted tiene que saber sobre la TV digital en Venezuela

Luis Carlos Díaz

La cantidad de canales de televisión que se pueden ofrecer con antena es limitada. Durante años conocimos apenas 4 o 5 canales, pero poco a poco se han ido incorporando algunos más. Esa banda de canales empieza a ser insuficiente y hay que buscar alternativas. Lo mismo ocurre con la radio: el dial es bastante limitado y en algunas ciudades no cabe una sola emisora más.

Para emitir esas señales, la radio y la TV usan frecuencias radioeléctricas, que son la magia existente antes del Wi-Fi. No las ves, no las sientes, pero su señal está en todas partes hasta que una antena las recibe y las convierte en imagen y sonido. Y no, no es un dios, aunque la televisión sí ha construido culto.

Como esa cantidad de canales es limitada, el Estado debe administrarla. En algunos países esas señales se subastan al mejor postor y en otros el Estado las otorga. En todos los casos se exigen ciertas responsabilidades sobre la explotación de ese recurso. Sin embargo, la palabra clave es la “escasez”.

Como hay pocas, no caben tantas señales. Por eso —y también por razones políticas—la señal que antes explotaba RCTV luego fue otorgada a TVeS (con antenas repetidoras y todo: en combo).

Con la llegada de la televisión digital el asunto mejora. Ya la señal en la que se emite un canal no viaja de manera analógica sino digital. Eso significa que la imagen y el sonido son más fieles, mejora su calidad y además puede ser comprimida.

Cuando decimos que algo está digitalizado es porque ha sido convertido en millones de ceros y unos que se transmiten por cable o de manera inalámbrica y que pueden reconfigurar, allá donde se reciba, una imagen, un sonido, un texto o casi cualquier cosa.

La revolución digital implica que los lenguajes humanos pueden conservar su riqueza y su diversidad utilizando un mismo código compuesto por ceros y unos: 01001000 01101111 01101100 01100001 significa “Hola”.

La palabra más importante del párrafo anterior es “comprimida”. Eso significa que en cada espacio por donde emitía una señal de un canal de televisión analógico, ahora caben 8, 6 o 4 canales digitales. Eso depende de qué tan comprimida sea la señal digital y cuánta calidad se desee en esa imagen. Sin embargo, sin importar cuál se seleccione, la señal tendrá más calidad y además habrá espacio para más canales.

Es decir, donde antes había sólo 12 posibles canales de televisión, ahora hay señal para al menos 40.

Una aclaratoria: estamos hablando de la televisión que se recibe por antena, la TV abierta. No se trata de la televisión por cable ni la satelital que se recibe con miniparabólicas en quintas y ranchos de todo el país y que exige el pago de una suscripción mensual.

Obviamente, en un espacio en el que caben más canales, habría capacidad de darle señal nuevamente a RCTV, mantenérsela a Globovision, y además darle canales a ONGs, comunidades organizadas, proyectos educativos y emprendedurías locales. La adjudicación de frecuencias no sería tanto problema porque no se administrarían desde la escasez.

Por lo tanto, cualquier decisión que deje por fuera a algunas de estas propuestas de canales no obedecerá a una limitación técnica sino a una decisión política, administrativa.

Al poder le incomoda que se le marquen los errores, pero Venezuela está rezagada en esta materia. Llega a la fiesta de la televisión digital con retraso y, además, intentando convertirla en un logro político, una ofrenda para el Máximo Líder, un regalo para el Pueblo. Basta revisar las experiencias en el resto del mundo y ver sus fechas para ver cómo tanta palabrería se cae.

No somos los primeros ni los más rápidos. De hecho, la gaceta oficial que define el protocolo japonés-brasilero de televisión digital fue publicada apenas ayer, 20 de febrero de 2013. Pero quizás sí somos el único país que arranca su proyecto de TV digital con señales de exclusión para los canales independientes y críticos con el partido de gobierno.

Ese televisor que tienes, así como está, no sirve para la televisión digital. Se pueden hacer dos cosas: o compras un televisor nuevo que tenga capacidad para recibir TV digital o buscas un decodificador digital que adapte esa señal a tu televisor. Eso último es lo que hará la mayoría de la población.

Se trata de un aparato relativamente sencillo con una antena y un cable que va al televisor. En principio se anunció que el Estado distribuirá esos perolitos a través de los consejos comunales y después de hacer un estudio socioeconómico de las familias necesitadas… blablá y algo más de bla.

La cantidad de decodificadores es insuficiente, así que seguramente será el mercado el que termine de satisfacer la demanda. Pronto llegarán aparatos importados de Brasil o de China o del que mejor venda la cosa. Mientras tanto, el Gobierno le está comprando los aparatos o las piezas a Argentina.

Hasta los momentos no se ha presentado al país el presupuesto destinado para eso ni las empresas que han ganado esas licitaciones ni los márgenes de ganancia sobre el producto.

En este momento estamos en la transición: con un televisor sencillo podrás ver tus canales tradicionales, y, si consigues el decodificador, podrás disfrutar de la docena que se ofrecen por señal digital. Sin embargo, en algún punto debe darse el apagón analógico. Eso significa que sólo se podrá ver televisión digital. Ya decenas de países lo han aplicado y no ha sido un proceso traumático. Venezuela no tiene confirmada su fecha de apagón aún, pero puedes ver en esta tabla cómo andan otros países (http://es.wikipedia.org/wiki/Apag%C3%B3n_anal%C3%B3gico).

Hay otros puntos incómodos que no se dicen mucho en público:

La optimización no significa alta definición

La señal de la TV digital es mejor que la analógica, aunque igual puede sufrir con el clima o con los eventos naturales. Eso no significa que todos los canales de televisión pasarán a estar en alta definición (HD). Para emitir en HD es necesario que las plantas televisoras produzcan su señal en esa calidad, y eso implica cambio en las cámaras y muchas cosas más.

También es necesario que tu televisor sea HD y, por último, que la señal digital por donde viaja tenga el ancho de banda suficiente para que sea HD. Aún en Venezuela no han definido si habrá canales en definiciones de 720p o 1080i.

Esos numeritos significan la cantidad de líneas que son necesarias para construir un pantallazo: a mayor cantidad de líneas, mayor calidad y nitidez de la imagen. Un Blu-ray se ve en 1080p, una calidad que la TV digital no puede tener por los momentos.

Más canales para el Pueblo es menos Pueblo

La consigna de darle más canales de TV al “poder popular” e inundar la televisión con señales favorables al gobierno no significa necesariamente que habrá una mejor televisión. Las propuestas comunitarias y las televisoras de servicio público se pelean desde hace décadas en muchos espacios académicos y organizativos, pero la TV digital sólo resuelve el problema de la escasez de frecuencias, no el de la producción.

Cada canal otorgado significa una planta televisiva, con todos sus aparatos y personal, que debe instalarse. Y el problema de esos proyectos es su sustentabilidad.

Ya vimos cómo con las radios comunitarias, en muchos casos, la autonomía se perdió, como dice el maestro José Ignacio López Vigil. A su vez, otra investigadora del área, Raisa Urribarrí, concluyó en uno de sus estudios que algunas emisoras optaron por convertirse en “Gobunitarias”, porque su sostenibilidad era imposible fuera del presupuesto oficial, que no se otorga con neutralidad sino a cambio de mantener el proyecto de hegemonía comunicacional. Allí el Pueblo era sustituido por el Partido.

Por otro lado, la creación de más y más canales también puede significar ruido, porque hay algo que sigue siendo cada vez más escaso: la atención de las audiencias.

Con las radios chavistas en Caracas está pasando algo similar en estos meses: la Radio del Sur, Alba Radio, Activa Fm, Radio Arsenal, Radio Tiuna y la radio de la Asamblea Nacional, entre muchas otras, se encuentran peleándose pedacitos del mismo público objetivo. No significa más poder sino más dispersión y, a la larga y en el fondo, empiezan a decir más o menos lo mismo, lo que acaba con la pluralidad de pensamiento.

La lucha de los medios es ganar significación social, relevancia, marcar agendas y quizás fungir un poco de guías. La experiencia de la TV oficial es la del bajísimo rating, así que si una decena de canales se suman a Ávila TV, Vive TV, ANTV, TVeS y VTV, sin ofrecer algo distinto, terminarán peleándose las migajas de rating a un altísimo costo de presupuesto público para el mantenimiento de infraestructura y personal.

Lo mismo ocurre con las pequeñas emprendedurías privadas que quieran empezar a hacer TV: si no logran ser rentables, no podrán sostener el proyecto.

El reto de la TV

Hay un agujero negro que no pueden responder los voceros de la hegemonía venezolana ni las apuestas de las televisoras digitales en países donde los privados llevan la batuta: la televisión compite en un nuevo escenario de abundancia informativa.

La televisión abierta está compitiendo hace mucho rato con la televisión satelital, capaz de brindar centenares de canales de todo el mundo, parrillas de programación, señales en alta definición y hasta grabar para ver en diferido.

También debe competir con la televisión por cable, que tiene todo lo anterior sumado a servicios de Internet de alta velocidad y menos problemas por los cambios climáticos. Y además debe competir con el hecho evolutivo de que las audiencias más jóvenes están consumiendo otro tipo de contenidos audiovisuales a través de Internet.

De hecho, la próxima batalla podría ser entre la televisión en tiempo real —donde ves lo que transmite su señal en vivo— y la televisión asincrónica —en la que decides cuáles programas ver, cuándo verlos y eliminas publicidad y otras cosas.

Así que la gran inversión pública que estamos haciendo también choca contra nuevas dificultades: la llegada de la televisión digital es inminente, es necesaria, es obvia, pero también es tardía y burocratizada. Además llega en un contexto en el que no logra capturar la mayor cantidad de audiencia.

La sociedad de masas murió hace rato, así que el sueño de controlar al pueblo anestesiándolo con el consumo de más televisión y mensajes oficiales no tiene sentido en un entorno de audiencias fragmentadas.

El futuro de la TV será tener grandes picos de audiencia con hechos de magnitud social: un mundial de fútbol, el Miss Venezuela, una excelentísima telenovela… pero de resto debe conformarse con sus niveles de rating actuales y ser el ruido de compañía en las salas de espera. Esta ecuación sólo la puede romper la calidad de los contenidos y la significación social para sus audiencias.

Por el contrario: el propagandismo es repelente

Salvo la gratuidad, no hay ningún incentivo para pasarse de la televisión por suscripción (antena y cable) a la TV digital. Y a la primera que los canales digitales también se vean obligados a cumplir con la Ley Resorte-me y hacer cadenas, veremos otra estampida de sus televidentes. Por lo tanto, aunque el reto es enorme y habrá que distribuir decodificadores para cada televisor del país, como se ha hecho sin cháchara política en otros países, lo importante es el mensaje y no el medio.

Bienvenida sea la TV digital, pero el control remoto lo tenemos los usuarios.

Un pensamiento en “Lo que usted tiene que saber sobre la TV digital en Venezuela

  1. LIBRO; POR QUÉ LAS PERSONAS INTELIGENTES PUEDEN SER TAN ESTÚPIDAS;
    CREENCIAS.
    Habla sobre el aumento o mejora de la inteligencia y su disminución, en función de los supuestos mentales y nuestra propia disposición a asumir errores o a temerlos. Además presenta pruebas sobre la relación entre la inteligencia en disminución y las decisiones estúpidas con la idea de que la inteligencia sea algo innato y pueda ser medida.
    INCOMPETENCIA Y ESTUPIDEZ.
    El autor señala que la estupidez suele ser habitualmente algo más relacionado con el observador que con el sujeto de una acción, ya que al igual que una persona suele tomar decisiones estúpidas cuando cuenta con información incompleta o errónea, esto se aplica igualmente al observador de esas decisiones que puede juzgar como “estúpida” una decisión perfectamente lógica, coherente y acertada o simplemente catalogar algo como estúpido al desconocer perspectivas alternativas.
    LA TEORÍA DEL DESEQUILIBRIO DE LA TONTERÍA.
    Es un libro interesante por partes y que puede arrojar una luz diferente a la habitual, diferente a la que estamos acostumbrados por el día a día de estupideces en el trabajo, en la calle, en la televisión y en nuestro propio comportamiento, y que su lectura puede ayudarnos en nuestra vida cotidiana, tanto en el trato con los demás, como en la observación de nuestro propio comportamiento.

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