Capilla Ardiente

Alexis Alzuru

La incertidumbre se radicaliza tras la muerte de Hugo Chávez. Ese huracán no se detendrá ni siquiera con las elecciones presidenciales. Pues la inestabilidad es el mayor legado del Presidente fallecido. Una convivencia erosionada es su obra más acabada.

Aquella tesis de la revolución permanente se cumplió con escrúpulo. Arrasar para construir, solía repetir. Desmontó pieza por pieza los modos de relacionarse. Demolió costumbres, hábitos, reglas, maneras y formas de convivir. Estremeció los modos de vida de los venezolanos durante 14 años. El presidente Chávez destruyó más valores de los que construyó.

Un proceso necesario para abrir las puertas al socialismo del Siglo XXI, argumentan sus seguidores. Lo cierto es que de la cultura pasada quedó muy poco al momento de su muerte. Sobre todo, el terreno espiritual para redefinir el contrato social resultó convertido en tierra árida.

El desasosiego que cubrió los meses finales de la vida del Presidente dominará el futuro que se avecina. Las elecciones previstas apenas serán una ilusión de estabilidad. Pues con Hugo Chávez la confianza se sustituyó por la sospecha, con lo cual colapsó una de las columnas de la vida en democracia: Sufrió el valor que posibilita los acuerdos políticos.

De hecho, entre venezolanos media la desconfianza. Nadie cree en nadie, se podría afirmar sin exagerar. Pero el recelo es mayor entre quienes dirigen los dos bloques que se enfrentan por el poder. Oficialistas y opositores se acechan.

Además, la misma enfermedad la padecen quienes integran cada grupo. El PSUV no está unificado como tampoco lo está la MUD. Sus dirigentes y militantes están listos para traicionarse, aun cuando se mantienen agrupados por intereses fugaces.

En Venezuela los ciudadanos desconfían unos de otros.

Por cierto, ¿se puede lograr la estabilidad de la nación sin restablecer el valor de la confianza?

Acaso, ¿los votos disipan la desconfianza, el temor y el odio que dominan los sentimientos de muchos?

Es bueno entender que en democracia la estabilidad depende de la fortaleza de algunos valores y no del número de votos con los que se eligen los Presidentes.

Vivimos en una comunidad donde el instinto de muerte está anarquizado, en lugar de un pueblo con el deseo intacto de construir una vida en sociedad.

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