El acertijo venezolano

Pedro Pablo Peñaloza

A finales de 2012, famosos astrólogos predijeron que este año traería “grandes cambios y transformaciones” para Venezuela. En realidad, no hacía falta estar muy iluminado para lanzar ese vaticinio. Ni siquiera se requería conocer todo el Zodiaco. Bastaba con leer la prensa y seguir la evolución de un signo: Cáncer.

Antes de recurrir a los caracoles, las cartas o la borra del café, mejor leer los indicadores del presente para asomarse al futuro de Venezuela.

El legado del comandante

El año pasado, en medio de la campaña electoral que culminaría con su tercera reelección, el Presidente admitió que en el país se registraban 50 homicidios por cada 100 mil habitantes. Aunque el número es inferior al denunciado por las organizaciones no gubernamentales, que lo cifran en 70, esta es la quinta peor tasa a escala mundial, según Naciones Unidas.

El 8 de febrero, Bolívar volvió a perder frente a Washington. Ese día el ministro de Planificación, Jorge Giordani, y el director del Banco Central de Venezuela (BCV), Nelson Merentes, anunciaron una devaluación de la moneda del 46%. Así, el tipo de cambio oficial -controlado desde hace 10 años- pasó de 4,3 a 6,3 bolívares por dólar. Medido en verdes “regulares” -en el mercado negro la divisa norteamericana supera la barrera de los 20 bolívares-, el salario mínimo cayó de 476 a 324,92 dólares.

La remuneración baja, pero los precios suben. La inflación anualizada a mayo de 2013 se ubicó en 35,2%, de acuerdo con el BCV. La peor estadística del continente. Luego, el ente emisor confirmó lo que ya sabían todas las amas de casa: el índice de escasez se elevó hasta 20,4% y el de diversidad (variedad de productos) se desplomó de 160,4 a 90,5.

En su favor, la revolución dice haber realizado en 13 años una inversión social de 500 mil millones de dólares. Con ese dinero habría disminuido la pobreza de 55,6% a 25,5% del total de 28.946.101 venezolanos. Sin embargo, la calle está que arde.

El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social reveló que en 2012 ocurrieron 5.483 manifestaciones en el país, un récord histórico. Más del 60% de estas protestas guardaba relación con asuntos laborales y reclamo de viviendas.

El líder socialista prometió sellar la gesta independentista -a su juicio, inconclusa- colgada en el aire por El Libertador. Pues bien, se marcha dejando a Venezuela absolutamente dependiente de la venta de hidrocarburos: el 96% de las divisas que alimentan al insaciable Estado venezolano es de origen petrolero.

Ya el maná que brota del suelo no es suficiente. En 2012 el barril cruzó los 100 dólares y la economía se expandió 5,5%, pero el déficit remontó a 16% del Producto Interno Bruto.

Entretanto, la voracidad del Gobierno empujó la deuda externa a 105 mil millones de dólares, según cálculos oficiales. Esta es la pesada herencia dejada por Hugo Chávez.

El chavismo sin Chávez

En el plano estrictamente político, cabe la pregunta: ¿hay vida después de la muerte? Quizás -sólo quizás- eso que se ha dado en llamar “revolución bolivariana” desaparezca junto a su autor, pero el “chavismo” sobrevivirá con fuerza.

Entonces, ante la ausencia de su máximo representante, surge la duda: ¿qué es el chavismo? ¿Un nuevo tipo de peronismo? ¿Una posible versión llanera del Partido Revolucionario Institucional de México con su “dictadura perfecta”, como aventuran otros? A esta hora la tentación de caer en comparaciones simplistas es muy grande. Para evitarlo, mejor recurrir a la evidencia: el chavismo es hoy el Estado venezolano.

Los “rojos” ejercen un control absoluto sobre toda la estructura del poder. Chavistas son los tribunales, la Fiscalía, el Consejo Nacional Electoral, el Parlamento y, en especial, las dos piezas clave de todo el sistema: Petróleos de Venezuela (PDVSA y la Fuerza Armada, cuyos altos mandos se han declarado “socialistas, antiimperialistas y chavistas”.

Militares activos y retirados dominan ministerios, ocupan direcciones generales, manejan cuantiosos presupuestos y, tras las elecciones regionales del 16 de diciembre, controlan 11 de las 23 gobernaciones.

El 8 de diciembre, el comandante ungió a su sucesor: el vicepresidente Nicolás Maduro, quien junto al presidente del Poder Legislativo, Diosdado Cabello, el canciller Elías Jaua y el jefe de PDVSA, Rafael Ramírez, encarnan ahora el chavismo sin Chávez.

Hasta la fecha, el discurso de los cuatro se ha reducido a una misma frase célebre: “Sí, mi comandante”. El Presidente instauró lo que un grupo de intelectuales afines al proceso calificó de “hiperliderazgo”, impulsando un régimen personalista que jamás se preocupó de forjar una generación de relevo. No obstante, sería un error menospreciar a este cuartero.

Este es el corazón del equipo que durante 14 años ha ocupado todos los resquicios del Gobierno venezolano, aplastando a la disidencia.

Maduro y compañía han perdido a un maestro, pero conservan otros dos de larguísima trayectoria: Fidel y Raúl Castro. La influencia de la revolución cubana sobre la venezolana puede incidir de manera contundente en el desarrollo de los acontecimientos.

Cierto es que el chavismo está atravesado por un sinfín de corrientes; que tal vez no tenga ni doctrina ni ideología que lo cohesione -el mismo Chávez alababa a Marx, pese a confesar que nunca leyó El Capital-; que el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) es cuestionado por los sectores más radicales, que lo tachan de burocrático y corrupto. Pero también es verdad que el chavismo cuenta en abundancia con dos armas fundamentales: poder y dinero para respirar y mantenerse adherido a Miraflores.

En la acera de enfrente está la oposición, concentrada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Aunque ha corregido varias de las políticas que la condujeron al fracaso, todavía sufre muchas tensiones internas y arrastra su peor mal: la incapacidad de conectarse con la mayoría que reside en los sectores populares y la falta de un líder. Y a la derrota en las presidenciales siguió el descalabro en las regiones, donde perdió estados que consideraba sus bastiones.

En un análisis interno posterior a los resultados electorales, la MUD advirtió que el chavismo “es actualmente un régimen político estable” que ha consolidado un “aparato” que ya es “independiente de la voluntad personal del líder, tiene su propia dinámica”.

En el fondo, ciertas cosas no cambian: con Chávez, no se sabía para dónde iba Venezuela. Sin él, tampoco.

Un pensamiento en “El acertijo venezolano

  1. Excelente tu analisis PPP, me duele ser venezolana y estar metida en este berenjenal. Me digo sera que los Castro se sienten tranquilos de haber fracasado 2 veces, aunque lograron invadir Vzla, fracasaron como estadistas y destrozaron otra economia prospera, sera un karma o una venganza?

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