¿Valió la pena vivir y gobernar con odio?

Wilfredo Franco

El odio es un sentimiento de profunda antipatía, rencor, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia personas, cosas, o fenómenos, así como el deseo de evitar, limitar o destruir el objeto odiado.

El odio se puede basar en el miedo a perder  lo que se tiene. En el psicoanálisis, Sigmund Freud define el odio como un estado del yo que desea destruir la fuente de su infelicidad. La psicología define el odio como un sentimiento “profundo y duradero, intensa expresión de animosidad, ira y hostilidad hacia una persona, grupo u objeto”.

Debido a que el odio se cree que es de larga duración, muchos psicólogos consideran que es más una actitud o disposición que un estado emocional temporal. Baruch Spinoza definió el odio como un tipo de dolor que se debe a una causa externa; según ello, odiar es sufrir, quizás sin conciencia real del origen del sufrimiento.

El odio ha signado la vida de toda Venezuela desde la campaña electoral de 1998.

El Presidente Chávez fue el principal vocero y sembrador de odio en la sociedad venezolana, usando y abusando de los medios de difusión pública. Y ese odio germinó y se multiplicó por todos los estratos de la sociedad.

Sus adláteres, seguidores, y hasta funcionarios públicos de carrera, se infectaron y aplicaron y aplican diariamente en su trabajo dosis de odio, absolutamente innecesarias, injustas e inconvenientes.

El odio dispersado efusivamente desde la Presidencia y otros altos cargos públicos no solo ha separado a oficialistas y opositores, sino aun a padres e hijos, hermanos, amigos, colegas y compañeros de trabajo hasta niveles de difícil, pero no imposible, reconciliación.

Peor aún, el odio invadió el alma de muchos que se dedican a la delincuencia y ya no solo roban, asaltan o secuestran, sino que violan, hieren y asesinan a mansalva a gente inocente e indefensa, como solo puede hacerse cuando se actúa impulsado por una locura de odio, con total desprecio por la vida humana. Cada día ocurren decenas de crímenes de odio.

El país está enfermo de odio y requiere una cura urgente.

El Presidente también está enfermo, grupos de células se multiplican alocadamente en su organismo destruyendo células sanas y dañando órganos, ¿Serán células cargadas de odio?

Luego de 14 años en el uso y usufructo del poder  y del dinero de la nación, como si fuera el hombre más rico del mundo manejando a su antojo y sin medida su fortuna personal, cabe preguntarse ¿valió la pena vivir y gobernar con tanto odio, vale decir, con tanto miedo a perder el poder y el dinero?

Toda gestión se mide y se recuerda por los resultados, por el saldo costos-beneficios, no por los discursos.

La Venezuela toda que tenemos hoy es el resultado de una gestión de odio.

Ello se refleja en el discurso oficial ofensivo e injurioso, en las persecuciones y acoso a críticos, empresas, iglesias, productores y ciudadanos de a pie, en las listas negras, en las decisiones judiciales de injusticia con maltrato, en la ineficiencia gubernamental pese a los cuantiosos recursos consumidos, en el deterioro de las ciudades y de las vías, en la peligrosidad en todas partes a toda hora, en la desmejorada calidad de los servicios públicos, especialmente educación, salud, transporte, energía eléctrica, recolección de la basura y hasta en la disponibilidad de gasolina.

Menosprecia a su país quien contrabandea combustible, cemento, cabilla, leche y tantas otras cosas hacia los países vecinos y los funcionarios cómplices que se llenan los bolsillos permitiendo el terrible daño a la nación.

Lucrarse indebidamente mediante actos de corrupción en las oficinas públicas, o incumplir con su deber, son expresiones de odio al propio país que se han multiplicado exponencialmente bajo el influjo de este gobierno.

Posiblemente Chávez en su momento y sus acólitos de entonces y de hoy -predicadores de odio- no tienen una real percepción del enorme daño causado a la nación venezolana a través de sus políticas, decisiones y actos de resentimiento social.

Bolívar dijo antes de morir “si mi muerte contribuye a que cesen los partidos (quiso decir divisiones y enfrentamientos impulsados por el odio), yo bajare tranquilo al sepulcro”.

La enfermedad no pudo iluminar a quien ha promovido tanto odio y tanto daño, a corregir su actitud y recoger sus miedos.

Hubiera sido más recordado en la historia por un noble gesto de pacificación y reconciliación nacional, que por sus 14 años de gobierno.

Venezuela seguirá existiendo más allá de las generaciones actuales y necesita desesperadamente reunificarse para enfrentar con éxito los retos de la pobreza, la delincuencia, el Estado ineficiente, inflación y baja productividad.

¡Desterremos los odios para poder avanzar! Ya vimos que solo dinero y poder, así sea mucho, ¡no basta!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s