Lo que le espera a Venezuela

Plinio Apuleyo Mendoza

Está, pues, cargado de negras nubes el futuro del imperio chavista.

Los riesgos que le esperan a Venezuela son enormes. Pero antes de dibujar este tenebroso panorama es necesario recordar que la victoria de Chávez no fue para nada limpia, sino que se sustentó en los clásicos sobornos a buena parte del electorado, propios de un régimen como el que mantuvo en el poder durante tantos años a Gadafi y hoy a Mahmud Ahmadineyad, en Irán.

Soborno es una palabra más bien discreta para calificar la compra de votos con dinero, mercados, electrodomésticos, bonos salarios otorgados en cerros y aldeas a los llamados milicianos bolivarianos y toda clase de ofertas.

¿Qué le espera ahora a Venezuela? Ante todo, una aguda incertidumbre. La deuda externa del país alcanza hoy los 200.000 millones de dólares.

Teniendo en cuenta este compromiso y el desmesurado regalo que el gobierno hace a los Castro en barriles de petróleo por valor de 6.000 millones de dólares al año, los ingresos reales del país se limitan a lo que obtiene de los Estados Unidos por ese mismo concepto.

La ruina de la agricultura y de la industria independiente, como resultado de ciegas expropiaciones y confiscaciones, ha determinado que Venezuela no produzca casi nada y que el 75 por ciento de la comida sea importada.

La devaluación de la moneda va a conducir a una escasez sin precedentes, capaz de alborotar a la población.

A estos  riesgos tenemos que sumarles los que desde hace más de una década vienen registrándose: la pavorosa inseguridad, las crecientes fallas en los sistemas de energía eléctrica y en la infraestructura vial, la crisis hospitalaria, el empobrecimiento y la mayor inflación de América Latina.

Y, como si fuera poco, estos agudos descalabros se verán agravados por el anunciado propósito chavista de profundizar la revolución bolivariana. Es decir, el ruinoso modelo castrista que asfixia toda iniciativa privada y deja en manos del Estado empresas industriales y agrícolas.

Está, pues, cargado de negras nubes el futuro del imperio chavista.

La fuerza adquirida por la corriente democrática de Venezuela acabará imponiéndose, estoy seguro. Pero heredará un desastre.

Por lo pronto, como bien lo ha dicho Fernando Londoño, Venezuela es una caldera del diablo, caldera que va a explotar.

Sus estragos se harán sentir en todo el continente antes de que le demos sepultura a ese extravío llamado socialismo del siglo XXI.

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