Un manual para políticos

Eliécer Calzadilla

Lo que hago en estas notas va contra toda norma: uno jamás debe hablar del tema de un libro que tiene en mente, porque es probable que ocurran dos cosas: que otro lo haya escrito, o que a alguien se le ocurra fusilarle la idea y lo escriba primero.

Pero como he renunciado a cualquier fama, notoriedad o trascendencia, anuncio que voy escribir un manual de discursos para políticos venezolanos y para los dedicados al poder.

Es sobre retórica relampagueante; lo abordaré de manera sencilla y poco original, lo confieso, pero doy fe que se nutre de la observación y la experiencia, y vale para el gobierno y para la oposición; pretendo abarcar todo el mercado.

Quebranto otra norma: promociono un “producto” antes de que exista, pero me arriesgo. Muestro parte del contenido:

Caso A

El político es un típico temporadista electoral, que aparece cuando hay elecciones, entonces debe decir esto:

“No tengo ninguna ambición, lo que pasa es que la gente con la que hablo: mujeres y hombres, empleados y desempleados, vigilantes nocturnos, campesinos urbanos y rurales, buhoneros y ‘cuidacarros’, me piden que lance mi candidatura”.

Caso B

Un político “emprendedor”, cuyo oficio permanente es, por ejemplo, traer güisqui de Margarita para revenderlo en tierra firme, preguntado por qué lanza su candidatura, debe decir:

“Creo que es el momento de brindarles a mis compatriotas la experiencia que tengo como gerente, creo que a la política lo que le falta son gerentes”.

Caso C

Alguien le recuerda al político que se ha lanzado mil veces y no gana, que lo único que le falta es lanzarse en paracaídas, debe responder, categórico:

“Eso lo dicen mis enemigos porque me tienen miedo”.

Caso D

Si al político o funcionario le recuerdan que tiene más historias delictivas que Papillón o el Capitán Avendaño debe contestar: “No caigo en provocaciones”. (Es uno de los comodines discursivos que recomiendo cuando no hay nada qué decir; si el político afirma “no debemos caer en provocaciones”, que es una frase aparentemente idiota, queda bien aunque hable puras idioteces).

Caso E

Si al candidato nadie lo quiere, su partido no lo apoya ni los otros tampoco pero quiere entrar en la contienda debe decir, serio: “Allí está mi nombre, mi nombre está allí y estará a la orden para las mejores causas de la patria”. (En este caso el aspirante puede añadir, en voz alta, un etcétera después patria y la frase sonará grandiosa, así:

“Allí está mi nombre, mi nombre está allí y estará a la orden para las mejores causas de la patria, etcétera”).

El libro, que deberá tener pocas páginas y letras grandes porque, en principio, político venezolano que se estime lee muy poco y estudia menos, y se aprende frases hechas para que crean que estudia y lee, tiene unos capítulos especiales dedicados a latiguillos de alto impacto y multiuso de defensa y ataque, como cuando alguien, pruebas en mano, señala al funcionario, ex funcionario o aspirante a funcionario como autor de alguna vagabundería; debe responder así:

“Tiburcio Porquénosecalla (apellido del acusador) no tiene autoridad moral para hablar”.

Esa original, aturdidora y jamás usada frase, debe contribuir a frenar cualquier investigación en un país como Venezuela donde todas las investigaciones nacen frenadas.

El libro explicará otros recursos verbales copiados de la vida real como la infidelidad marital. Ese capítulo se llama “No reconozca nada, usted es inocente”, allí se enseña al funcionario y al gobernante a culpar a las tormentas solares, al deshielo glaciar, al imperio, a la burguesía y al rey Fernando VII de España de todo lo malo que ocurre.

Otro capítulo contiene “respuestas detergentes”, que lavan toda ignorancia, como “la municipalización”, que el tipo debe emplear para licuar los infinitos “cómo va a hacer usted para…” y siempre va a quedar bien.

Otro recurso detergente de ignorancias es el deporte, obligado en el recetario de respuestas: el tráfico internacional de drogas, armas y personas, el crimen organizado, la corrupción de funcionarios, el lavado de dinero, la corrupción judicial y policial, todo se arregla con canchas deportivas: nadie que ofrezca deporte queda mal. Igual con “la participación”; la palabra está pegada y cala en la mente de la gente porque nadie la puede ver y menos medir, y este es un país que ama lo esotérico.

Recomendaré también en mi libro usar hasta el hartazgo el complejo adánico de los venezolanos, que nunca falla:

“Esta es la primera vez que no se traiciona a Simón Bolívar, se baila tamunangue, se hace sancocho de pescado, se defiende a la arepa con queso e’ mano” y otras consignas que emocionan a las masas.

Termino este abreboca del libro con el “complejo de coctel” de los políticos venezolanos: “Preparado”, úselo siempre que pueda, afirme que usted está preparado para recuperar la Guayana Esequiba, construir un teleférico a la luna y lavar el río Guaire con aguas del Caroní, la gente cree, los venezolanos creemos en vainas.

Busco editor.

Diseño gráfico: Sala de Información

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