Corrupta anticorrupción

Fernando Rodríguez, Tal Cual

Maduro ha anunciado, y caminado algunos centímetros, un plan contra la corrupción. En principio, no suena mal después que la horda roja ha devorado el tesoro público durante catorce largos años, en completa impunidad.

Al menos parecería posible que algunos se asustaran de la repetitiva proclama a la hora de codiciar lo poco que va quedando.

Lo malo es que el plan mismo es un modelo de corrupción moral de una dimensión colosal y es probable que, alcanzadas las últimas fronteras de la degradación de la decencia, sirva más bien para incentivar todo lo ilícito en el país.

Por supuesto que quedará para la historia universal de la infamia la muy comentada sesión homofóbica de la Asamblea Nacional.

Es obvio que Pedro Carreño se recordará por mucho tiempo, personaje de la picaresca más negra, a la que ya pertenecía por sus aportes a la tecnología mediática, a la captura del criminal de Montesinos o sus denuncias alocadas. Pero ojalá fuese eso no más, el coeficiente intelectual y el refinado discurso de un chafarote cualquiera.

No, se trata de una línea política que, para ponerse en práctica, pretende realizar una proeza descomunal: demostrar que no han sido las tropas bolivarianas que han gobernado sin bridas estos lustros, los responsables de la gigantesca rapiña sino la oposición que, salvo las gobernaciones de algunos estados y algunas alcaldías mantenidas por el gobierno central en situación de sobrevivencia económica y bajo control obsesivo, no ha podido acercarse al suculento botín petrolero de estos años benditos.

Para lograr semejante cosa, la mentira y la fe son las únicas armas posibles; pero eso sí, sin límites ni reparos. Y eso están haciendo con la mayor pasión.

Conseguir unas míseras donaciones particulares, lícitas por lo demás, a políticos opositores para montar el espectáculo. El caso Caldera es ejemplar, recibió veinte mil bolívares de un señor que supuso serio, su único pecado, y era un malandro que le montaba una trampa.

Esa es la escala en que trabajan, cuando las acusaciones contra sus adeptos andan, según los expertos, en cientos de miles de millones de dólares; cientos de miles de millones de dólares repito.

Cifras que se pueden consultar con el profesor Giordani.

Y como todo se permite, montar con unas fotos íntimas y mal habidas de una fiesta del encargado de finanzas de un partido opositor una novela que llega hasta la trata de blancas, la pedofilia, el narcotráfico y el lavado de dinero, más Uribe y el Departamento de Estado.

Como algo hay que hacer en las propias filas, pues se han conseguido algunos chinitos y ciertos caídos en desgracia; porque en realidad nada grande hay por ahí, tanto que el “ingenuo” Maduro duda que exista algo que se pueda llamar boliburguesía.

Concepto que, entre otros, ha pergeñado en sus libros el mentado profesor Giordani para designar la legión de funcionarios y suministradores de bienes y servicios, que han hecho desmesuradas fortunas.

Hay que tener riñones para revertir de esa manera tan flagrante los roles entre ovejas y lobos. Hay que estar muy enfermo para vomitar infundios de esa manera.

Todo esto, orquestado desde la cúpula del gobierno, Nicolás Maduro que dice, maldice y repite (repetir es su especialidad), muchas veces agrandando las viles especies; y todo ello con el coro y la complicidad de la mayoría del alto funcionariado de todos los poderes.

Es la peste que se extiende por todo el régimen.

Ante esto solo queda esperar que tan evidente y grotesca falacia electoral, no se la trague la gente, que se convierta en un búmeran que acabe de descoyuntar a sus autores.

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