Por qué me voy de Globovisión

Roberto Giusti, El Universal

Hace cuatro meses, cuando estaba por dar el paso al costado y dejar el canal, luego del episodio de Buenas Noches, hubo una oferta que lucía sensata: “no me importa cómo pienses, sólo quiero que sigas haciendo el periodismo como lo sabes hacer y sólo te pediría equilibrio“; en otras palabras, que confrontara, en Grado 33, todos los puntos de vista.

Bueno, exactamente eso era lo que por mucho tiempo habíamos hecho y dejamos de hacer (inicialmente en Primera Página y luego en Grado 33) por el boicot del chavismo contra Globovisión, cuyos dirigentes rechazaban las invitaciones a participar en nuestros programas.

Dentro de la desconfianza que sentía por todo lo ocurrido, consideré que la propuesta merecería, al menos, el beneficio de la duda.

A eso se debe añadir el consejo de muchos amigos según, los cuales (y yo lo creía así), “había que defender el espacio”, como lo estaban haciendo, entre otros tantos, Leopoldo Castillo y Jesús Torrealba.

De manera que yendo contra mis instintos, acepté quedarme y me embarqué en una ruda travesía que por fuerza habría de terminar mal, porque ya estaba escrito en el origen y la naturaleza del negocio (la compraventa de Globovisión).

Pero había una oportunidad de permanecer y posiblemente de llegar hasta el 8 de diciembre haciendo un periodismo que, como quedó demostrado, favorecía la verdad.

Algunos chavistas volvieron a Grado 33 y el formato del debate en temas como la economía, la ecología, la ideología, la forma de concebir el poder o el conflicto universitario, permitió un saludable contraste capaz de poner las cosas en su sitio.

Fue, entonces, cuando dejaron de ir o nunca llegaron a hacerlo a programas como Aló Ciudadano.

Descubrieron que sus artes dialécticas se habían enmohecido por falta de ejercicio y que en el estilo de la confrontación civilizada estaban totalmente perdidos.

Ahí fue cuando, y aquí ya entro en el terreno especulativo, se dieron cuenta de que estando en otras manos y con el formato aplicado, Globovisión les estaba ganando el desafío y que lejos de reducirse la brecha de descontento popular se había tocado una fibra sensible y expansiva.

Fue entonces cuando llegó la ola salvaje y montado sobre ella un torvo mensajero que apareció para aplicar el ácido. El proceso de “transición gradual”, dio paso a la “transición brutal”.

“Aquí se acabó la pen… del equilibrio” y volvieron a rodar las cabezas. Pero como yo sé que la mía está en juego y sólo me debo a la audiencia, a los receptores, a quienes creen en mi honestidad profesional, (que para mí son los únicos dueños del canal) les presento mi renuncia porque en Globovisión no están dadas las circunstancias para hacer un periodismo libre.

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