Globovisión según Roberto Giusti

Elizabeth Araujo/ foto Saúl Uzcátegui

Para  Roberto Giusti lo que ha pasado con Globovisión es tan trágico para el periodismo, como cuando Hugo Chávez le bajó la santamaría a RCTV.

El periodista de El Universal; conductor, junto con Fausto Maso, del programa Golpe a Golpe, por RCR; y hasta hace unos días conductor de Grado 33 en Globovisión, no duda de que lo ocurrido en el canal de noticias, al sacar del aire a 6 programas estelares en 3 meses, forma parte de una estrategia de rebanar paulatinamente la libertad de expresión.

En su opinión, los nuevos dueños de la televisora olvidaron que es el público el principal accionista, “sin cuyo asentimiento y sintonía los medios se convierten en cascarones vacíos”.

Ante el argumento de que los nuevos propietarios de la planta televisiva buscan rescatar la ponderación en la cobertura informativa, Giusti les recuerda que ponderación es sinónimo de equilibrio.

“No creo que, luego de lo ocurrido, nadie crea que esa sea, ahora, la razón de ser de Globovisión. Quizás eviten la lujuria idiotizante de los medios oficiales, pero el silencio, la omisión y la autocensura son también formas de deformar la realidad”

– ¿Qué pasa realmente en Globovisión, que ahora los periodistas son la noticia?
– Ocurre que la Junta Directiva ha decidido el cierre de 6 programas en tres meses, cuatro de ellos en una semana y tres en poco más de 24 horas. Primero fue Buenas Noches, luego Yo Prometo, le siguió Tocando Fondo y finalmente Radar de los Barrios, Del Dicho al hecho y Aló Ciudadano.

Una muestra de cómo se puede despojar a una audiencia, en tan poco tiempo y de manera tan arbitraria, de unos programas y de unos anclas con los que se estableció una relación de mutua fidelidad y de plena interacción.

Olvidaron que el público es el principal accionista, sin cuyo asentimiento y sintonía los medios se convierten en cascarones vacíos.

– Pero el argumento de los nuevos dueños es que desean imprimirle un carácter equilibrado y positivo a la cobertura informativa. ¿Tan evidente era el sesgo opositor del otro Globovisión que requería de alguien para ponerle sensatez a un medio antigobierno?
– En Venezuela hemos vivido un clima de polarización extrema desde la llegada del chavismo al poder.

La convivencia se hizo imposible por obra de ese mensaje disolvente cuyo abanderado era el presidente Chávez y los medios no fueron la excepción.

Es cierto que luego del cierre de Buenas Noches los nuevos propietarios de Globovisión, propusieron una línea de equilibrio y de pluralidad. Y por eso muchos de quienes nos fuimos decidimos concederle el beneficio de la duda y obrar en consecuencia con ese postulado.

Lo hicimos y dio tan buen resultado que Maduro puso el grito en el cielo y de dos carajazos acabó con las buenas intenciones. La consecuencia fue el cierre de los dos programas de Chúo y el de Leopoldo.

– ¿Qué privó: la ingenuidad, el interés personal o el beneficio de la duda de quienes se quedaron en el canal luego de la salida abrupta de Buenas Noches y de sus conductores?
– Privó la intención de sostener un espacio para evitar el enmudecimiento total de la voz de más de medio país que ahora, con la mutación de Globovisión, queda ciega. Al menos a lo que a televisión se refiere.

– La salida de Leopoldo Castillo añade otro toque de misterio. Es cierto que había anunciado con tiempo su permanencia por otros 3 meses en el canal, pero su despedida, silenciosa, con explicaciones más personales que políticas, parece haber dejado en muchos la sensación del trabajador que abandona su oficina con una cajita feliz.
– No he tenido la oportunidad de conversar con Leopoldo, quien hizo un esfuerzo grande por mantener el equilibrio sin perder atributos que los distinguieron como la irreverencia y el cuestionamiento a loa desaguisados del gobierno.

– ¿Cómo llamar a quienes acaban de renunciar en masa del canal: pasajeros asustados del Titanic o los héroes de una lucha por la defensa de la libertad de expresión?
– No creo que estén asustados quienes renunciaron a su fuente de trabajo por sostener sus principios, defender el ejercicio de un periodismo libre y no traicionar la buena fe de millones de receptores que creen en su palabra y en su ejemplo.

– Surgen ahora otras explicaciones, como que Globovisión está en vía de convertirse en un medio informativo con acento en la ponderación. ¿Cómo puede ser entendido eso en la Venezuela donde el Gobierno hace uso de 11 canales televisivos para hacerle propaganda al PSUV?
– Ponderación es sinónimo de equilibrio y no creo que, luego de lo ocurrido, nadie crea que esa sea, ahora, la razón de ser de Globovisión.

Quizás eviten la lujuria idiotizante de los medios oficiales, pero el silencio, la omisión y la autocensura son también formas de deformar la realidad.

– Es posible que Globovisión haya incurrido en algunos excesos, al punto de que el fallecido Hugo Chávez lo llamara Globoterror ¿No le hizo daño al canal haber actuado en algún momento como vocero de la oposición?
– La defensa de la democracia cuando ésta se ve apaleada y reducida no es un exceso, ni muchos menos. Todo lo contrario, se convierte en una necesidad y en deber de todo periodista.

– Otros ven una táctica para pasar agachado hasta el 2015 cuando le renovarían la concesión que otorga el Estado ¿Le parece esa explicación una buena excusa para sobrevivir frente a un gobierno autoritario?
– Ahí está la raíz del mal. Cuando, haciendo una inversión millonaria, adquieres un medio cuya concesión tiene los meses contados, uno concluiría que debe existir, al menos, la promesa de una renovación.

Pero estando ante un gobierno como el que tenemos, no es difícil deducir que eso tiene un precio en especie. Y ahora, quizás están pagando las cuotas iniciales.

– En fin de cuenta, poseer una televisora, radio o un diario es también administrar un negocio, que debe dar dividendos para sus propietarios y estabilidad para sus trabajadores ¿No estaba Globovisión pasando por apuros económicos que obligaron a sus antiguos propietarios a venderlo?
– Desconozco las interioridades financieras del canal.

– ¿Cree que se ha puesto en marcha una estrategia de rebanar silenciosamente la libertad de expresión mediante la compra de medios, amenazas a los anunciantes para que no pongan avisos en determinados diarios, hostigamiento a la prensa de provincia y los retardos de aprobación de divisas para la importación del papel y equipos de transmisión?
– No me queda la menor duda. Lo que está pasando con Globovisión es tan o más grave que el cierre de RCTV porque cuando le bajaron la santamaría a este último quedaba Globovisión como referencia informativa que aseguraba la visión integral de la noticia.

Pero ahora, después de Globovision, no queda un solo canal, con cobertura nacional, que pueda hacerlo.

– ¿Cómo podría resumir su experiencia profesional en Globovisión? ¿Qué aprendió, que quiso hacer y no pudo terminar?
– Fue una experiencia trepidante, nunca cómoda, siempre en el filo de la navaja, pero gratificante como lo estoy comprobando ahora con la solidaridad recibida. Fue, también, un aprendizaje intenso y permanente y no sólo del modo de hacer televisión.

Por eso hay mucha gente a quien debo agradecerle mi paso por allá. Siempre retador nunca plácido. Incluso a aquellos con quien tuve diferencias.

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