Anarquía motorizada

Luis Izquiel, El Universal

No todos los motorizados del país son anárquicos o participan en delito. Seguramente la gran mayoría utiliza su vehículo de dos ruedas, como herramienta de trabajo o para evadir el infernal tráfico urbano.

Sin embargo, es indudable que la proliferación indiscriminada de motocicletas se ha convertido en un factor clave en el incremento de la inseguridad y el caos en Venezuela.

El 4 de octubre de 2011 fue publicado en Gaceta Oficial el Reglamento Sobre el Uso y Circulación de Motocicletas en la Red Vial Nacional y el Transporte Público de Personas en la Modalidad Individual Moto Taxis, que no ha sido aplicado por falta de voluntad política del gobierno nacional.

Pareciera que desde el poder no existe interés alguno en ponerle coto al accionar ilegal de muchos motorizados en el país.

El reglamento obliga a los motorizados a cumplir, entre otras normas, con las siguientes:

– no transitar por las aceras o en contravía;

– no exceder los límites de velocidad;

– no conducir utilizando equipos electrónicos o de comunicación móvil o celular;

– no circular cambiando continuamente de canal;

– no estacionarse en sitios prohibidos y tampoco transportar simultáneamente a más de dos personas (incluyendo al conductor), niños menores de diez años o mujeres embarazadas.

Todos los motorizados deben igualmente portar siempre un chaleco reflectivo, identificado con el código alfanumérico que a tal efecto determine el INTT, que debe ser idéntico al del carnet único de motociclistas.

En la actualidad nada de esto se cumple y los infractores se burlan de las autoridades.

La mayoría de los robos y sicariatos en Venezuela se cometen con la participación de motorizados. Asimismo, hace pocos días causó gran impresión en la sociedad el saqueo que realizó un grupo de motociclistas a un camión que se había accidentado en la autopista Francisco Fajardo, mientras el chofer agonizaba.

También son frecuentes los entierros en los que participa un gran número de motorizados que, aprovechando el caos que generan, ejecutan fechorías contra la ciudadanía.

Pareciera que desde el poder no existe interés alguno en ponerle coto al accionar ilegal de muchos motorizados en el país.

Estudios recientes calculan que en Venezuela circulan cerca de 1 millón y medio de motocicletas. Este número se mantiene en constante ascenso. La importación masiva y el relativo bajo costo de la mayoría de estos vehículos, ha influido en esta situación.

Hoy en cada ciudad o pueblo del territorio nacional, la proliferación de motos es una realidad.

Pareciera que el oficialismo permite el caos y el desastre que generan muchos motorizados, porque algunos de ellos son utilizados como grupos de choque en los distintos eventos electorales o como elementos disuasivos en las protestas estudiantiles, laborales o comunitarias. Esta complicidad facilitaría la impunidad.

Otra parte del problema está representado por el gran número de accidentes que a diario sufren los motorizados. En estos percances muchos pierden la vida o quedan gravemente heridos.

Las emergencias de los hospitales frecuentemente se encuentran abarrotadas por esta situación. Se trata de un verdadero problema de salud pública.

Es imprescindible que el accionar de los motorizados sea efectivamente regulado. De lo contrario, el caos, la anarquía y la inseguridad seguirán aumentando en Venezuela.

Diseño gráfico: Sala de Información.

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