Así fue como la GN escupió, golpeó y vejó a este periodista

Marianela Rodríguez, El Universal

Licenciado Luis Guillermo Carvajal

Luis Guillermo Carvajal, periodista de DAT TV y secretario de Asuntos Profesionales y Sindicales de la seccional Carabobo del CNP, considera que estuvo “secuestrado” durante más de dos horas en una patrulla de la Guardia Nacional Bolivariana, donde recibió golpes y vejámenes de un teniente que le escupía la cara y le golpeaba la cabeza constantemente.

El martes 26, a las 11:30 de la mañana, Carvajal y su equipo reporteril iban al Aeropuerto Arturo Michelena a cubrir el regreso al país del candidato de la MUD a la Alcaldía de Valencia, Miguel Cocchiola, cuando fueron detenidos en una de las tres alcabalas que la GNB había dispuesto en la vía hacia el terminal aéreo.

-¿Cuál fue el detonante de tu detención?

-Cuando en el punto de control le quitan los papeles del carro al conductor y nos quitan los equipos, les pregunté el por qué y el guardia me respondió: “porque a mí me da la gana”, a lo que respondí:

“si las cosas son así esto no es una retención, esto es un robo y un abuso de poder”.

Entonces un funcionario se acercó y me quiso dar una cachetada. Todo lo malo y desagradable pasó en el tercer punto de control (en la avenida Henry Ford), antes de llegar al aeropuerto. Ya en la otra unidad donde me trasladaron (al Destacamento de Seguridad Urbana, Desur, del Core 2) y en las instalaciones del destacamento en Tocuyito, no pasó nada.

-¿Qué más sucedió dentro de la patrulla?

-El teniente quiso meterme la mano en el bolsillo y entonces grité, porque vi que afuera estaban varios compañeros periodistas, entonces me dijo: “¡ay! este es marico”, y le dijo a otros funcionarios:

“pásame un precinto para ponérselo en la boca; ya lo vamos a desnudar y a tomarle fotos y lo vamos a rayar de marico”.

“Nos quitan los papeles del carro y los equipos. Pregunté por qué y el GN me respondió: “porque me da la gana”

En ese momento le dije: “si me vas a desnudar y te pones con eso habría que ver quién tiene más tendencia homosexual”. Entonces se molestó más y me volvió a golpear en la cabeza. En ese momento vino otro y le hizo un gesto para que me dejara y se salió de la patrulla.

Yo creo que lo que más lo molestaba fue que nunca bajé la cabeza y le respondía cada vez que me decía algo, mirándolo de frente.

Carvajal señaló que el mismo funcionario le espetó:

“¿Qué crees tú, que porque sales en la televisión no te vamos a joder? Ahora te vas conmigo y cuando lleguemos al Comando vas a ver que te voy a matar”

a lo que Carvajal dice que respondió: “Una bala menos para el comando”. Posterior a ese episodio otro grupo de la GNB llegó a la alcabala y trasladó a Carvajal a Tocuyito. “Me cambiaron las esposas hacia adelante y me pasaron a otra patrulla”.

-¿Qué pasó entonces?

-Cuando pregunté a dónde me llevaban me dijeron: “quédate tranquilo que vamos para el Desur por los caminos verdes porque las otras rutas están muy congestionadas”, y era cierto, todas las vías estaban colapsadas por la caravana de Miguel Cocchiola.

-¿Estabas asustado?

-De verdad no, porque tengo mi conciencia tranquila. Me puse en manos de Dios y de la Virgen Rosa Mística. Mi intención nunca fue suplicar ni ponerme a llorar, creo que eso fue lo que más le molestó, que no me humillé.

-¿Cuánto tiempo pasaste en el Desur y qué pasó allí?

-Me bajé de la patrulla, todavía esposado, y me pasaron a una oficina. Me dijeron que iban a ver qué hacían conmigo, si me pasaban a Fiscalía o me quedaba preso. Salí de esa oficina y me quedé en un área externa del destacamento, sin las esposas. Se sentaron varios guardias a mi lado y uno de ellos me ofreció un cargador para mi teléfono, para que llamara a mi familia.

Pasadas las 4:00 pm Carvajal fue liberado, no sin antes firmar un acta de no vejamen.

Me dijeron (los militares): “esto (el acta) es para que quede constancia de que aquí no pasó nada, porque lo que pasó allá (en la alcabala) ese no es peo de nosotros“. Por eso la firmé.

Carvajal recibió asistencia legal y llevará la denuncia al Ministerio Público.

“Yo sé que eso no va a pasar del papel, que no va a haber ninguna actuación, pero es necesario que quede constancia del hecho”.

“¿Qué crees tú, que porque sales en la televisión no te vamos a joder? Ahora te vas conmigo y cuando lleguemos al comando, vas a ver que te voy a matar”

Motorizados rueda libre

Lisseth Boon, Jesús Alberto Yajure, Laura Weffer, Airam Fernández, Liza López y Cristina González, Cadena Capriles

El sector industrial del motociclo, es uno de los de mayor crecimiento en los últimos años en Venezuela. Las ventas se triplicaron desde 2010, con un crecimiento de 187,31% en los últimos tres años.

En promedio se venden 400 mil motos al año. Mientras las autoridades gubernamentales señalan que en el país hay 1 millón y medio de motos, cifras extraoficiales apuntan a que la cifra asciende a 4 millones, lo cual equivaldría a 1 moto por cada 7 venezolanos.

Más de 80% de piezas para ensamblar estos vehículos provienen de China, uno de los principales aliados comerciales de Venezuela. ¿La razón? El gobierno venezolano es el principal promotor de la industria de las motos chinas en el país.

Desde 2008, el Ejecutivo dictó políticas a favor del desarrollo del sector de ensamblaje de motociclo, como restricciones a la importación de motos completas y estímulo a la importación de piezas de ensamblaje para impulsar la industria local y generar empleo. También, se incorporó como accionista mayoritario de al menos cuatro empresas mixtas, en alianza con compañías privadas ligadas al área.

Regulaciones Las autoridades intentan poner orden a la circulación de motorizados desde hace 20 años. Pero ninguna normativa resulta contundente.

A principios de los noventa, la figura del motorizado ni siquiera aparece como un factor por ser tomado en cuenta en las leyes que regulaban el tránsito terrestre. Es en 1998 cuando esta figura comienza a ser parte del paisaje urbano, y solo diez años después, entra de lleno en las leyes venezolanas cuando se regula la función del mototaxi. Sin embargo, estos conductores ya estaban masivamente en la calle desde el 2002.

El último intento de controlar la situación de los motorizados fue adelantado por el Ejecutivo hace dos años, con la aprobación del Reglamento Parcial de la Ley de Transporte Terrestre sobre el uso y circulación de motocicletas en la red vial nacional.

A pesar de que el instrumento está vigente desde 2011, no se cumple porque los colectivos motorizados no están de acuerdo con algunas de las premisas, como el uso del chaleco y los límites de velocidad.

En el último censo nacional realizado en marzo de este año quedó registrado que circulan al menos 261 mil motociclos. Pero esta cifra todavía está lejos de acercarse a la cantidad real de motorizados que transitan en calles y vías rápidas de Venezuela, de acuerdo con fuentes del mismo sector.

Accidentes En Venezuela, el aumento vertiginoso de accidentes en moto se ha convertido en un problema de salud pública. Ya las estadísticas reflejan que la mitad de los siniestros viales son en vehículos de dos ruedas.

Algunos expertos en el área hablan incluso de “epidemia motorizada” al referirse a la cantidad de casos que se atienden al día producto de esta siniestralidad: 90% de los casos que llegan a las emergencias hospitalarias son por accidentes en motos: cerca de 100 lesionados y 4 muertos diarios en todo el país.

En los últimos 12 años, fallecieron casi 7 mil motorizados.

Los afectados son tanto conductores y pasajeros de los motociclos como personas que viajan en otros vehículos y transeúntes.

La gran mayoría llega a los hospitales con politraumatismos y 40% de los pacientes quedan con secuelas graves o amputaciones.

A los traumatólogos les llama la atención una lesión que es propia de esta “epidemia motorizada”: la rodilla flotante, una combinación de fracturas de fémur y tibia que requiere cuidados médicos especializados, que resulta ahora ser la más frecuente en las salas de emergencias.

El costo promedio para atender a un accidentado en moto en un hospital oscila entre 200 y 300 mil bolívares, gasto que tiene un alto impacto en el presupuesto que el Estado venezolano debe destinar a la salud pública.

Inseguridad Las motos se han convertido en un blanco de la inseguridad y también en herramientas del delito.

Analistas del sector estiman que el hecho delictivo que más se comete es el asalto en moto, y es el menos denunciado. Por esto no hay cifras oficiales.

Los motorizados actúan con frecuencia en las colas que se forman en las grandes autopistas y avenidas de las principales ciudades del país. Por lo general, son dos motos y cuatro maleantes: unos “cantan la zona” y los otros cometen la fechoría. 95% de los sicariatos que se ejecutan en el país son con motos, según cálculos de la Policía de Baruta. En el caso de los secuestros, la moto solo se utiliza como medio secundario, para hacer el “patrullaje”.

Según cifras del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), de los 13.726 vehículos robados y recuperados en 2012, 1.340 fueron motos (el 10%).

Pero en lo que va de año, la cifra ha crecido: de 14.046 automóviles, son 1.734 motos robadas (el 12%), que luego fueron recuperadas. Las más codiciadas son las de marca Keeway, Suzuki y Bera.

Integrantes de la Fuerza Motorizada Águilas Rojas de la Revolución señalan que en la Gran Caracas son robadas al menos 60 motos diarias y que, de los más de 4 millones de motorizados que ellos calculan ruedan por el país, 20% usan el vehículo como medio para delinquir.

Drama en cifras

– 4 motorizados mueren diariamente en Venezuela en accidentes de tránsito.

– Venezuela ocupa el noveno lugar en el mundo con más muertes en motos.

– Hasta septiembre la cifra de motorizados fallecidos en accidentes de tránsito era de 1.157.

– Los accidentes en moto ocupan el 50% del total de accidentes viales.

– Los choques con motorizados ocurren más en calles y avenidas que en las autopistas.

– El 2012 finalizó con 1.220 fallecidos en accidentes en moto.

– Para el 2013 se estima que serán 1.500 los fallecidos en accidentes en moto.

– Cada año las cifras aumentan entre 20% y 30%.

– 100 motorizados ingresan cada día a los hospitales del país.

– Lesiones más comunes en accidentes motorizados: * 1 de cada 10 llega con trauma craneoencefálico. * 9 de cada 10 con quemaduras asfálticas en glúteos, dorso, manos y piernas. * 5 de cada 10 con fractura de pelvis. * 9 de cada 10 con fracturas en manos y muñecas. * 7 de cada 10 con fractura en miembros inferiores.

– 74% de los motorizados fallecidos en accidentes, son jóvenes, de quienes el 53% tiene entre 20 y 30 años.

– 80% de los accidentes en moto deja secuelas físicas.

– Un paciente con politraumatismos requiere de atención hospitalaria durante al menos 4 meses.

– El costo por paciente con politraumatismos supera los 300 mil bolívares por 1 mes de hospitalización; y los 900 mil bolívares, hasta 4 meses de hospitalización.

– En América el promedio de muertes por accidentes de tránsito, es de 16,1 por cada 100 mil habitantes. En Venezuela es de 22,7.

Diseño gráfico: Sala de Información. Gráficas: Cadena Capriles y vía web.

Ivan Simonovis: “Mi caso es venganza con refinamiento sádico”

“La necedad del Gobierno no tiene límites, piensa que atropellando logrará mejorar el país” “En 9 años de prisión y tortura no he perdido ni la entereza ni la esperanza”

Alicia De La Rosa, El Universal

“Sentir los rayos del sol” parece ser un anhelo que cualquiera puede cumplir, pero para Iván Simonovis, ex secretario de Seguridad Ciudadana de la Alcaldía Mayor, no es un deseo cualquiera sino el que resume sus ansias de salir de las rejas, en las que ha estado los últimos 9 años de su vida.

La condena de 30 años de prisión por los hechos de abril de 2002, no lo acompaña solo a él. Las marcas de “verdugos finos” han alcanzado a su familia, esa a la que el confinamiento le causa dolor por ver el deterioro físico y emocional que sufre Simonovis.

Tan aislado está en los calabozos del Centro de Procesados Militares en Los Teques (Cenapromil), que solo una intermediación de su esposa, María del Pilar Pertiñez de Simonovis, conocida por el país como Bony, a secas, permitió la entrevista.

La defensa del ex inspector de la otrora Policía Técnica Judicial (PTJ) ha solicitado, sin obtener respuesta, una medida humanitaria. Son cuatro oportunidades en las que se ha dirigido la solicitud a la juez de Ejecución, Ada Marina de Armas.

“Mis abogados no solo han solicitado la medida humanitaria, también solicitaron la medida alternativa de trabajo que me corresponde legalmente desde abril de 2012”.

Las negativas y un diagnóstico de 19 padecimientos médicos, no han hecho que Simonovis pierda la esperanza: lo mueve “el amor por su familia”, el sueño de estar otra vez en casa, un lugar al que solo llegará, según asegura, “por la voluntad del pueblo”.

-¿Hay ensañamiento del gobierno en su contra?

– En mi caso lo que hay es venganza con refinamiento sádico, ese que solo se ve en espíritus pervertidos que se deleitan con el sufrimiento ajeno.

Terminé bajo la tutela de refinados verdugos que por nueve años me han torturado a mí y a mi familia. Creo que de aquí solo me saca una decidida voluntad del popular.

-Dijo que estuvo a punto de perder la vida por un mal diagnóstico, ¿qué pensó entonces?

-Fue una situación complicada, durante 4 días estuve con dolores insoportables. He pasado por accidentes en moto, de paracaidismo, he estado herido de bala y nada se compara al dolor físico que sentí durante esos días. Luego del primer diagnóstico, realizado en el Hospital Victorino Santaella de Los Teques, pensaba que estaría bien, pero el dolor empeoró y fui trasladado de emergencia al Hospital Militar.

La sorpresa fue cuando, luego de ser examinado por cuatro galenos, una doctora me dijo: “prepárese va a quirófano”. Al principio me negué pero me notificaron que mi vida corría peligro. “’O va a quirófano ya o se muere”, así de tajante fueron los médicos.

“O va a quirófano ya o se muere”, así de tajante fueron los médicos.

Estuve casi 3 horas en la operación, se extrajeron 300 mililitros de infección abdominal y pasé 11 días hospitalizado.

El diagnóstico al egreso fue: Colecistitis aguda perforada, piocolecisto, gangrena vesicular, hidronefrosis derecha, hipertensión arterial y sacroileitis.

A esto hay que sumarle otras 19 patologías detectadas en octubre del 2011 y certificadas por médicos forenses.

-¿Cómo se encuentra en la actualidad?

-Entre las enfermedades más graves está la avanzada osteoporosis, lesiones en la columna y área cervical. Me han evaluado 11 veces, médicos particulares, forenses del Cicpc, galenos de la Fiscalía, del Sebin y del Hospital Militar y en todos los casos ratifican las 19 patologías.

Sin embargo, la juez de Ejecución, Ada Marina de Armas, exige ahora un informe de una “Junta Médica Militar”. Han pasado más de 120 días desde que se hizo la solicitud de medida humanitaria y aún no decide.

-Organizaciones de derechos humanos han insistido para lograr una medida humanitaria, ¿tiene esperanzas de lograr la libertad?

-Si perdemos la esperanza, lo perdemos todo. En 9 años de tortura y prisión no he perdido la entereza ni la esperanza.

Los medios han sido testigo de eso y es porque sé que además de mi familia, detrás de mí hay miles de ciudadanos demostrando con templada voluntad su naturaleza luchadora, gente con inflexible espíritu de libertad y ánimo indestructible para defender los derechos que nos corresponden.

Mi agradecimiento es total con el diputado Edgar Zambrano (AD-Lara) y otros representantes políticos, con las diferentes organizaciones de derechos humanos, con los estudiantes, la sociedad civil, la Iglesia y los medios de comunicación que nunca nos abandonan, por apoyarnos y por cada una de las diligencias que han hecho para que se me otorgue la medida solicitada por los abogados.

-Su esposa María del Pilar Pertiñez de Simonovis (Bony) se reunió con el Papa Francisco ¿Qué logró y qué mensaje le envió su Santidad?

-Esas reuniones son cortas. Se plantean los problemas y de allí surgen otras actividades. En mi caso está en agenda una reunión con los máximos representantes de la Iglesia Católica venezolana, con quienes se coordinarán diligencias para buscar un punto de diálogo con el gobierno en el tema de los presos políticos.

Dependerá del Ejecutivo si quiere oír a la Iglesia o no. Hasta ahora han actuado de manera intransigente y negativos. Veremos.

-¿Cómo ve Simonovis la actual situación del país?

-Muy mal por la misma intransigencia del gobierno. Cuando una persona está mal y le ofrecen ayuda, debe aceptarla. La oposición ha ofrecido de muchas maneras ayuda al oficialismo, pero la necedad del gobierno no tiene límites, piensan que atropellando todo y a todos lograran mejorar el país. En el tema económico, por decir uno que está en el tapete, no podrán solventarlo solos. Se requiere de un esfuerzo del país entero y para eso hay que unir a los venezolanos, no dividirlos.

“La necedad del gobierno no tiene límites, piensan que atropellando todo y a todos, lograran mejorar el país”

Por otro lado, hay quienes pretenden llevar una vida “normal”, sin embargo al final les espera una lenta agonía. Para los que piensan que nunca les tocará, solo conseguirán un puesto más, atrás en la fila, e inexorablemente terminarán siendo perseguidos y alcanzados por la maquinaria de sometimiento del gobierno.

En todo caso aquí cada quien tiene sus obligaciones y serán las generaciones futuras las que darán su veredicto sobre la forma como llevemos esta transcendente misión.

-Presentó a la opinión pública “El Prisionero Rojo” ¿Qué temas tratas en el libro?

-Es una autobiografía. Además de hablar de mi vida personal y profesional cuento con detalles el “simulacro” de juicio que nos hicieron, cómo nos torturaron durante tres años y cuatro meses.

Lo comencé a escribir luego que me sentenciaron a 30 años de prisión. Mi situación es como una sentencia de muerte, así que debía hacer algo para contar lo que ha pasado con nosotros (los presos políticos).

Quiero que los venezolanos conozcan la verdad del 11 abril de 2002, pero sobre todo es una forma de denunciar cómo se manipula la justicia en Venezuela.

Espero que la parte correspondiente a lo jurídico sea analizada en foros y facultades de Derecho para que los futuros abogados, jueces y fiscales vean cómo no debe ser usada la Ley para inclinar la balanza hacia la injusticia.

-Su hija Ivana escribió una carta al gobierno para abogar por su libertad ¿Qué sintió al ver a la joven enfrentar esta situación?

-Yo no sabía que Ivana había escrito una carta y mucho menos que iría, junto al periodista Leocenis García, a entregarla en la Vicepresidencia. Quedé atónito cuando vi la imagen de mi hija y su entereza delante de las cámaras de televisión. Lloré cuando escuché de su voz lo que escribió en esa carta. ¡Estoy muy orgulloso!

“Quedé atónito cuando vi la imagen de mi hija y su entereza delante de las cámaras de televisión. ¡Estoy muy orgulloso!”

-¿Qué le dice a sus hijos de toda esta situación que le ha tocado vivir?

-Hay algo genético en todo esto. Mi esposa y yo somos de familias muy luchadoras, que no se amilanaron ante nada y es lo que tratamos de trasmitir a nuestros hijos, que sea como sea, hay que salir adelante. Hacemos hincapié en principios y valores.

Sin duda una pieza fundamental de esto ha sido Bony porque ella es quien los tiene a su lado.

En lo particular, ellos son mi motor y me esperan en casa, razón por la cual mantengo mis fuerzas y hago todo lo posible para lograr estar con ellos.

-¿Qué sería lo primero que haría Iván Simonovis al estar en libertad?

-Sentir los rayos del sol, abrazar y dedicar el mayor tiempo con mi familia y atender mis patologías.

Entre servilletas y papelitos

“Este es el testimonio de lo que no debe repetirse nunca más en el país”

“Hace cuatro años, Iván comenzó a escribir el libro.

Lo hizo en servilletas y papelitos que durante la visita nos entregaba para que un grupo de amigos lo transcribiera“.

Con estas palabras María del Pilar Pertiñez de Simonovis (Bony), narró cómo su esposo, Iván Simonovis, logró escribir en los calabozos del Sebin El Prisionero Rojo.

Personalidades del acontecer político, excompañeros de celda y procesados políticos, se reunieron en la Librería El Buscón para acompañar a la familia del exsecretario de Seguridad, en el bautizo y presentación de su autobiografía que describe Bony “como el testimonio de lo que no debe repetirse nunca más en el país“.

“En las 400 páginas de El Prisionero Rojo, Simonovis cuenta lo duro que fue para él y para la familia la persecución y un juicio plagado de inconsistencias. Además de anécdotas de su carrera profesional”.

Las palabras de presentación estuvieron a cargo del jurista, Asdrúbal Aguiar, quien se paseó por la historia de la Independencia para recordar que “el Estado y sus servidores son electos para servir y no para servirse, y que están sujetos al control de la opinión y de las plumas“, para luego señalarnos que “la cárcel de La Carraca, de Francisco de Miranda; La Rotunda, de José Rafael Pocaterra; y ahora la del Sebin, de Iván Simonovis, se convirtieron en aposentos de la razón, depósitos de razonantes“.

“El país -que es mucho más que el Estado, ese que a partir de 1999 otra vez muta en prisión de la ciudadanía- hoy recibe de las manos limpias de otra de las víctimas de este, Iván Simonovis, un libro testimonial.

Su narrativa, más allá de lo íntimo, de la vida suya que nos cuenta como en el Mito de Sísifo, desgarradora y vitalmente humana, es la síntesis renovada de una tara que marca la piel y hace hendidura en nuestra historia republicana“, comentó Aguiar.

Mensajes escritos por Simonovis el 31 de diciembre del 2013

“El odio es adictivo, nunca es sacia. El odio no beneficia a nadie y perjudica a todos. Todos debemos reflexionar”.

“Cualquiera puede odiar, pero sólo pueden amar aquellos que tienen el alma limpia”.

“Nuevamente mi familia es obligada a vivir en un pozo de desesperanza. ¡Ya basta de odio, soy inocente!”

“No es sobre el odio que se construye un país. No es sobre el odio que se construye una sociedad. Odiándonos no vamos a salir adelante”.

“El odio no es buen consejero. Presidente Maduro piense en el país. Reflexione”.

“Gracias a todos por sus mensajes de apoyo. Les prometo que voy a resistir”.

Diseño gráfico: Sala de Información.

Gráficas vía web.

“Calla, obedece y vive”

Saúl Godoy

Vamos a estar claros, los comunistas necesitan, para conservar el poder político en Venezuela, que con una minoría de burócratas y comisarios políticos, puedan controlar grandes territorios y buen número de comunidades y centros urbanos.

El control poblacional lo hacen por medio de las llamadas “bio-políticas”, es decir, fundamentalmente manejando a discreción la distribución de alimentos, como todos sabemos el gobierno destruyó el aparato productivo del país con tres claros motivos:

Primero, eliminar los puestos de trabajo que el sector privado podía ofrecer para que quedara el Estado como único empleador.

Segundo, trasladar la producción de bienes al extranjero, con países cómplices, para ganar apoyo internacional y abrir una economía de puertos.

Tercero, hacer que la población dependiera del gobierno en sus necesidades básicas.

El desastre agrícola que concluyó con la quiebra del campo venezolano, a fuerza de nacionalizaciones sumarias, ocupaciones ilegales de tierras productivas, control de los precios de los productos, competencia desleal con importaciones a menor precio, secar la cadena de suministros para el campesino y los empresarios agrícolas, le dieron al gobierno el absoluto dominio sobre la comida.

Estas políticas están dando resultado que no es otra que hacer realidad la famosa fórmula, utilizada con tanto éxito en la Rusia estalinista y en la Alemania nazi, “Calla, obedece y vive”.

De allí el interés del gobierno chavista de hacerse dueño de los supermercados y los bancos, para controlar el flujo de dinero y de comida a la población.

Pero ahora viene con la implantación de las comunas, que es el paso final para el control absoluto de poder en Venezuela, y lo hacen trancando el juego democrático por medio de lo que ellos llaman la Nueva Geometría del Poder.

Con la excusa de darle más poder al pueblo y de la búsqueda de la máxima felicidad posible, están logrando los tres pasos fundamentales en la construcción del nuevo Estado socialista.

1. Hacer que la gente solo piense en sobrevivir para que no piense en política sino en resolver sus necesidades más básicas: empleo y comida.

2. Obligarlos a integrarse en comunas, que es la única manera como pueden satisfacer sus necesidades más básicas, eliminando toda intermediación política.

3. Darles como única alternativa de vida la obediencia y su completa fidelidad al líder de la revolución y al partido de gobierno, y permitiendo que sus vidas privadas sean manipuladas e intervenidas por los demás, como parte del colectivo, serán premiados o castigados por los mismos comuneros.

Esa es la punta del iceberg, ya que con la nueva geometría del poder, están eliminando todas las instancias de poder en un marco democrático, representativo, descentralizado y de libertades, y lo están sustituyendo por uno comunista, centralizado y de obediencia.

¿Qué significa todo esto?

Lo que hizo Chávez y su camarilla fue tomar el control del país para que ellos, los comunistas, puedan perpetuarse en el poder eternamente, eliminando las elecciones directas, secretas, universales y sustituyéndolas por las asambleas comunitarias de donde saldrán los líderes de las comunas, que quieren hacernos creer son independientes y que administran sus comunidades, lo cual es falso, tienen que proponer proyectos y esperar el financiamiento de un ministerio, son controladas por el partido, ya tienen leyes y normas que las regulan y las someten al control jurisdiccional del poder central.

La nueva geometría del poder elimina todas las instancias de poder que por mucho tiempo se llegaron a construir para proteger al ciudadano del poder absoluto del Estado, la separación de poderes trata de eso justamente, de crear niveles institucionales que nos protejan y por los cuales podemos defendernos de las arbitrariedades de la voluntad del tirano y sus secuaces.

Igual que en Cuba, el pueblo sostiene con su trabajo y sacrificio a un grupito de privilegiados, mientras la gente sufre y es explotada en nombre de la solidaridad y del amor, y quien proteste, queda automáticamente sin derechos.

El gobierno comunista eliminando la separación de poderes, las gobernaciones, las alcaldías y parroquias y creando provincias federales, territorios comunales, distritos funcionales y haciendo de las comunas el único ámbito de vida posible para el súbdito (ya no es ciudadano), queda a merced de la voluntad omnipotente de los jefes de la revolución, decidiendo en asuntos de vida y muerte, como ya actuaron en los casos del fiscal Anderson, de Franklin Brito, de los policías y comisarios presos, de la jueza Afiuni…

Sin los gobernadores, sin los alcaldes, sin los fiscales, sin los jueces, sin los procuradores ni los defensores del pueblo, sin los diputados, sin los jefes civiles, sin los partidos políticos, sin las asociaciones de vecinos, sin los medios de comunicaciones libres e independientes, quedan los individuos y las comunidades al desnudo frente al poder aplastante de los comunistas, tal y como sucede en Cuba.

Días de Furia

La usura y la corrupción han crecido como un cáncer feroz gracias a la distorsión de nuestra economía. Hay maneras de combatir la especulación, pero el actual encargado del poder aplastó con un zapato todas las teorías y manuales económicos

“O ya no entiendo lo que está pasando, o ya no pasa lo que estaba entendiendo”. Carlos Monsiváis

Jorge y Marielena son la clásica pareja joven que gusta de celebrar la llegada del viernes. Sí, el país está complicado, pero ellos no van a dejar que les clausure el entusiasmo por la vida. Esa noche han bebido y compartido jugosos chismes con sus amigos.

Regresan a su casa un poco más temprano de lo que quisieran por esa barrera de contención llamada inseguridad. Viven en Guarenas, una clásica ciudad dormitorio, y el regreso a casa siempre es más largo de lo deseable.

En una curva del camino, la camioneta cae bruscamente en un hueco y termina volteándose en aparatosos giros de desconcierto y tragedia.

Luego de breves segundos, Jorge se incorpora desde el manto de fierros humeantes. Ve a su esposa inconsciente y sangrando profusamente por la cabeza. Intenta extraerla del peso de la camioneta que la aprisiona. Imposible. Aturdido, se palpa los bolsillos buscando el celular.

Se dispone a llamar a la policía, a un familiar, a quien sea. De pronto, ve que tres personas bajan por la ladera donde cayó el vehículo. Se alegra. A nadie le falta Dios. Vienen a ayudarlo.

Son tres hombres. Suficiente fuerza para mover tanto lastre. Pero ellos siguen directo hacia el interior de la camioneta a robar lo que consigan. El más rezagado lo apunta con un arma y le pide el celular. Jorge no lo puede creer. Le ruega ayuda. El ladrón le exige prisa. “Dame el teléfono, becerro”.

Jorge le dice que su mujer se está muriendo, que al menos le dé chance de llamar a una ambulancia. Pero, ¿cómo les explico? la delincuencia también tiene sus premuras. Quizás el líder de la banda le había prometido a su mujer no llegar tan tarde esa noche.

Meses después, todavía Marielena está sumergida en una severa rehabilitación para intentar recuperar el habla y la movilidad de sus piernas. La tardanza en la atención produjo daños en el cerebro.

Mientras, en algún barrio de la Gran Caracas, cerveza mediante, los tres pillos recuerdan entre risas aquella anécdota del sifrinito que lloraba desesperado para que no le robaran el “piazo de celular”.

En alguna curva del camino, este país cayó en un hueco y entre otros desbarajustes, se le salió una rueda: esa donde la vida humana era una prioridad moral.

***

Ya es de noche. El supermercado Plan Suárez está a punto de cerrar. Son pocas las personas que deambulan en busca de lo que casi nunca hay. Dos jóvenes, de turbia estampa, ven a una mujer de 45 años de edad que lleva el botín dorado en su carro de supermercado: leche.

Le preguntan dónde la consiguió. Ella hace un mohín con la quijada señalando un lugar y subrayando que eran los dos últimos potes. Tres anaqueles más allá, un empleado pone en segundo plano los tomates magullados y escucha algo parecido a un forcejeo y un grito ahogado.

Al fondo, los jóvenes corren con el trofeo con tanto ímpetu que al vigilante apenas le da tiempo de gritarles un quieto. Al lado de las chucherías y galletas, sentada sobre su propia sangre, la señora intenta con perplejidad detener la hemorragia. Una puñalada por dos potes de leche. Eso le toca contarle a sus hijos. Si alcanza. Si se orilla a la vida.

***

Hay más. Recordemos que en estos días las cadenas de supermercado son sitios de peregrinaje rabioso. Sucede que tienes que hacer cola para esperar por el carrito de supermercado. 40 minutos promedio. Mientras tanto, observas la abrumadora cola que te espera para pagar lo que adquieras.

Luego, cuando llevas dos tercios del  mercado hecho, te alejas un poco para buscar el té de durazno que tanto les gusta a tus hijos, vuelves y no encuentras el carrito. Te desconciertas. “Pero si yo lo dejé aquí”. Ves a los lados. Y entiendes.

Algo inaudito: se lo robaron. Te asomas al pasillo central y el tráfico de carritos supera la posibilidad de encontrar al culpable. La escena se repite en todas partes. La gente se ve los carritos de soslayo, con apetencia, con ojeriza. Todo el mundo desconfía de todo el mundo.

Una tarde, en el Excelsior de Los Palos Grandes, llegó el aceite. Solo 4 botellas por persona. La noticia atrajo a una marejada de gente. A la suegra de una amiga trataron, varias veces, de quitárselas. Un hombre logró burlarle una. Ante su airado reclamo, él le replicó: “Póngase mosca, señora, cuide su aceite”.

En el Twitter, una mujer se queja del desastre. Le rompieron la ventana de su carro para robarle el mercado. Ya no importan bagatelas como un reproductor de música. Algunos clientes piden bolsas negras para ocultar que llevan papel tualé y despistar a las aves de rapiña.

Y no estamos en Filipinas donde hubo un tifón con miles de muertos y millones de afectados. Nosotros, uff, qué placer, chapoteamos –de aquí para allá- en el mar de la felicidad.

***

La usura y la corrupción han crecido como un cáncer feroz gracias a la distorsión de nuestra economía. Hay maneras de combatir la especulación, pero el actual encargado del poder aplastó con un zapato todas las teorías y manuales económicos, todo lo que ha salido de las mentes más lúcidas de MIT, Harvard, Chicago o Princeton.

Básicamente, siguió el preclaro consejo de María Bolívar, dueña de una panadería en Maracaibo y terca candidata a lo que sea, cuando la periodista Aymara Lorenzo le preguntó cómo combatiría la inflación si ganara la Presidencia de la República y respondió: “Bajando los precios”. Ese día, sin duda, Maduro estaba viendo televisión.

***

En Latinoamérica el populismo ha engendrado unos cuantos remedos de Robin Hood. Pero la más funesta caricatura la está ofreciendo hoy Venezuela. Es así como un país entero está descubriendo cuán nocivo puede ser lanzar flechas sin ser arquero. No estábamos preparados para los días que han desfilado delante de nuestros ojos.

Nicolás Maduro proclama un día, desgañitado, ahíto de poder, en irresponsable cadena nacional: “¡Vayan y vacíen los anaqueles!”. Medio país se vuelve una turbamulta. La gente que tenía trabajo, citas médicas, diligencias impostergables, entrega de informes, consultas en el psiquiatra, manda todo al demonio y se abalanza hacia la tienda de electrodomésticos más cercana.

Cada uno se consigue con, al menos, 1.000 personas que le antecedieron en velocidad y reflejos.

La tensión se agiganta. La vieja raza de los avispados se colea, se infiltra, vuelve todo un mezclote. Algunos venden su puesto en la cola por 5.000 bolívares.

Otros, dos cuadras más allá, negocian la mercancía adquirida al triple del monto que pagaron. Es el delirio del capitalismo salvaje. Gritos, empujones, alboroto.

Aparece la Guardia Nacional Bolivariana. Marca a los compradores como ganado. Las colas se hacen infinitas, exasperantes. Algún malandrín patea la santamaría de un comercio, otro le sigue, y otro.

La puerta del local se llena de patadas.

Muchos, entre risotadas, aprovechan para mostrar la fuerza de sus talones.

La santamaría se dobla como una plastilina: el caos irrumpe sediento.

El que ayer era un sereno albañil, mensajero o empleado de un cyber café hoy es parte de una horda que arrasa con lo que puede.

No importa si necesita el televisor o no, el tema es que la piñata reventó y esa golilla no la puede ignorar.

La palabra saqueo queda regada por la calle y proscrita en los medios de comunicación.

En la noche, algún Juan llega a su casa y su mujer le pregunta urgida si por fin consiguió leche para el bebé de 4 meses. Él le dice que no y abre los brazos feliz. Su sonrisa mide 50 pulgadas en HD. Que el niño vea Disney Channel mientras se le consigue la leche.

Yorman, un mototaxista de dientes amarillos, me confiesa: “Jefe, ¿y usted cree que yo voy a esperar hasta enero a que bajen las colas? ¡Esas tiendas no abren más nunca!”

***

Eso somos hoy: un país donde se confunden las colas. Unas para adquirir neveras a precios de rebatiña y otras para clamar por la existencia de aceite, harina y leche. Un país que se nos puso raro, muy raro. Hemos traspasado la franja de lo inverosímil.

Maduro ordena que vacíen los anaqueles. El presidente del Indepabis pide que no, que dejen la compradera compulsiva.

Jacqueline Farías, en una entrevista al periodista Vladimir Villegas, habla de lo “bellas” que son esas colas (!!!). Y en la noche, habilitante en mano, Maduro pide que le “bajen dos” al consumismo, contradiciéndose sin pudor. Los partidarios del gobierno deben estar seriamente confundidos.

***

De vez en cuando uno se soslaya de la realidad. Un cuadro viral me sacó de mi carril durante tres largos días. Con las cortinas cerradas, decidí hundirme en las páginas de La verdad sobre el caso Harry Quebert, un adictivo libro de Joël Dicker que ganó el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa. Perseguí en el televisor un juego Caracas-Magallanes, que los Leones perdimos torpemente.

Escuché música. Y, tardíamente, aterricé en la prensa del día. Mis ojos se toparon con un reporte de la cadena de noticias CNN:

“La cruda verdad es que Venezuela está desperdiciando las mayores reservas petroleras del mundo y ya se está comenzando a parecer a Corea del Norte”.

Abrí las cortinas. Abrí la nevera. Abrí el Twitter. Y comencé, de nuevo, a ingerir paladas inmensas de realidad nacional. Todo sigue en un crescendo apocalíptico. Desviar la mirada no resuelve nada. Escruté el calendario.

Las elecciones del 8 de diciembre están cada vez más cerca. Por algún lado tenemos que empezar. Que la furia sea tu mejor voto.

Mi felicidad

Claudio Nazoa

Se puede ser relativamente feliz olvidando las penas; también se puede vivir en felicidad o llegar a ser completamente feliz.

Lo que no se puede hacer es decretar la felicidad.

La felicidad personal es un hecho individual, y la colectiva depende de la sumatoria de las individuales. La felicidad no es una utopía inalcanzable, está en las cosas más sencillas y a veces en las intangibles.

Hay situaciones que nos hacen felices, por ejemplo, saber que nuestra familia tiene techo, comida, salud y educación asegurada. En teoría, eso es felicidad aunque, fíjese, aun cuando su familia esté muy bien, usted, individualmente, podría ser infeliz por otras causas.

Aquiles Nazoa dijo: “Mi infancia fue pobre, más nunca fue triste”, es decir, mi padre, a pesar de ser un hombre muy humilde, fue feliz. Soy un ejemplo de lo anterior; mi familia nunca tuvo dinero; sin embargo, crecí con la sensación de que éramos muy ricos.

Recuerdo una infancia llena de aprietos económicos graves, con un padre perseguido político y exiliado en Bolivia durante tres años; pero, a pesar de esas vicisitudes, no recuerdo momentos de infelicidad en mi niñez.

La felicidad está ligada a una manera filosófica y positiva de ver la vida. No se puede decretar ser feliz, pero sí podemos hacer infelices a otros con las consecuencias de nuestros actos.

Digamos que yo (Dios me salve) sea partidario de esta cosa infeliz que nos gobierna; por más fanático que fuera me sentiría igual de infeliz tratando de conseguir, infructuosamente, aun teniendo el dinero, las cosas mínimas que siempre hemos tenido ricos y pobres cuando mandaban adecos y copeyanos.

Yo nunca fui adeco ni copeyano, pero siempre en mi casa había papel tualé, harina PAN, pollo, etc. No me gustaban esos gobiernos por muchas razones, pero sin darme cuenta era feliz cada vez que iba al baño, le ponía azúcar al café, me comía una arepa o un pollo.

Nunca hice colas humillantes para comprar nada, y, ojo, tampoco tuve dinero en exceso: vivía de mi sueldo de profesor.

Antes, si uno quería ir a Margarita o a Mérida, se acercaba a una agencia de viajes, y compraba su pasaje y… no me lo van a creer: ¡siempre había! Existían ferrys que flotaban; todos estudiábamos en las universidades, y, aun siendo comunistas, conseguíamos empleo con los adecos y los copeyanos.

Los artistas podíamos presentarnos en cualquier teatro y nadie nos censuraba.

En la época de los adecos y los copeyanos se inauguraron maravillosas autopistas y los mejores hospitales que se han construido en Venezuela; se construyó el Teatro Teresa Carreño, el Poliedro…

En diciembre, Rafael Salazar, Pedro León Zapata, Cecilia Todd, Laureano Márquez, los Robertos (Montoya y Hernández), Aníbal Nazoa, Iván Pérez Rossi y este servidor, entre otros, éramos pregoneros de la Navidad de los gobiernos adecos y copeyanos. Momento que siempre aprovechábamos para criticarlos y caricaturizarlos.

Los adecos y los copeyanos asistían a nuestros actos, nos aplaudían, y después, sin ponerse bravos o pasarnos facturas, amenazas y multas, nos pagaban y nos seguían contratando.

Muchos de los artistas izquierdistas, hoy convertidos en talibanes exclusionistas, reaccionarios y sapos, enviaron con los adecos y copeyanos a sus hijos para que estudiaran en otros países, y nadie preguntaba qué tendencia política tenían.

En esa época de gobiernos adecos y copeyanos a nadie se le ocurrió inventar un Ministerio para la Felicidad.

Simplemente, éramos felices pero no lo sabíamos.

Diseño gráfico: Sala de Información:

Gráficas vía web