Peligrosa seducción

Cronicario Tal Cual

Una joven llamada Gaby fue la mujer de seis pranes de la cárcel de Sabaneta. Durante seis años estuvo seducida por el oscuro mundo en el que se tejía una gruesa red hamponil. A sus 25 años cuenta su historia con un gusto amargo en la boca

Esa experiencia me gustó, sentí la adrenalina de seducir a los hombres con mi cuerpo y comencé a hacerles bailes eróticos. Ya no los hacía por mi cuenta. Una vez, después de salir de un baile, uno de los strippers hombres, conversaba sobre las relaciones de pareja. Le dije:

“No me gustaban los coñitos, quiero un tipo pesado. Él de inmediato me respondió que tenía al candidato perfecto. <Mi primo reúne el perfil>, me comentó.

No le presté atención, pero al otro día yo estaba por la Circunvalación 2, cuando recibí la llamada de un pran de la cárcel de Sabaneta. Para mi sorpresa era el primo del stripper.

Comencé a hablar con él por teléfono. Conversábamos a diario, después de un mes me incitó y me hizo entrar a verlo. Recuerdo que fue en diciembre de 2010.

En principio me daba terror. Sentía las palpitaciones a millón, pero también me carcomía la curiosidad de conocer cómo era la vida allá adentro. Escuchaba muchas cosas feas de la cárcel, me imaginaba eso como un túnel oscuro y tenebroso, como un lugar carente de toda comodidad.

Pero no era así, eso era como ver un liceo con su cancha. Penal era el área más equipada, era como entrar a una universidad, era un lugar grande y con pilares inmensos, allí no comían de cuentos para hacer una rumba.

En reeducación, los presos también tenían discotecas, y en calabozo hicieron una tasca poco menos de un año.

Estaba clara en lo que quería, mi objetivo era hacerme novia del reo principal, el que mandaba. Él tenía 24 años cuando lo conocí y fue mi primer novio dentro de Sabaneta. Estaba en el área de máxima y había caído preso por un cargamento de cocaína.

Después de que uno entraba a la cárcel cambiabas por completo. Parecía que se te envenenaba la mente. Sentía el deseo de querer más y más cosas porque veía como los internos manejaban grandes pacas de dinero.

Es un ambiente donde la ambición por querer tener más, crece y crece. Todo era producto de sus negocios ilícitos: Ellos cobraban por todo. Tenían entrada de dinero por el “obligaíto” que pagaba cada recluso, por la droga, por los sicariatos que se planificaban entre esos muros, los cobros de vacunas, el tráfico de armas y las extorsiones. Todos esos reales iban a parar a los bolsillos de los pranes.

Era increíble la cantidad de menores de edad que entraban a la cárcel a tener sexo con los reos. Los pranes pagaban y cuadraban con los guardias para que las dejaran entrar. Y si uno iba a visitar a algún familiar o amigo en la cárcel, y el pran gustaba de ti, ellos hacían la vuelta y como sea te tenían.

Desde mis 18 años estuve como estríper y haciendo “guisos” en la calle, un guiso es salir a prostituirse.

Puedo asegurar que todas las stripper que existen en Maracaibo bailaron e hicieron sus guisos tras las rejas.

Pero antes de bailar para todos los presos consideré que era más rentable convertirme en su mujer. Así nadie más me tocaba.

Hice muchas amistades y me enamoré locamente de seis pranes. Dos de ellos eran del retén y luego fueron trasladados a Sabaneta. A los dos recintos fui a visitarlos.

La primera vez que entré a la cárcel a visitar a “El Chacarrón”, sus hombres, a quienes llamaban los “cuadrilleros”, fueron quienes me recibieron. Me llevaron hasta la lujosa habitación del pran. Había presos que tenían ventiladores, otros aires acondicionados, había cuartos bonitos y equipados.

Todo eso lo vi cuando era novia del pran. Cuando uno va a prestar servicio es otra cosa. Había siempre una mujer que manejaba los “guisos”.

Los presos siempre pedían mujeres, pero eran muy vivos, no les gustaba pagar, a menos de que estuviese muy explotadísima y full operada. El dicho de ellos era que podían tener a la mujer que les diera la gana.

En el negocio se cobraba 2 mil bolívares por la mujer, el encuentro duraba dos o tres horas. A ella se le pagaban mil doscientos y a uno le quedaban 500 bolívares.

A mí dentro de la cárcel no me pagaban, yo solo iba a rumbear, como quien dice iba de nota. Llegué a llevar mujeres, pero no era buen negocio, a veces no querían pagar lo que era, o en otros casos ellas se enamoraban de los presos, se querían quedar con ellos y a uno entonces se le caía el negocio.

En un día entraban a un patio, al menos, cuatro mujeres a prestar servicios, ellos le decían cualquier cosa en el cuarto, entonces ellas comenzaban a entrar por su propia voluntad.

En la calle el negocio es distinto, porque es solo una hora, un solo encuentro sexual lo pagan más barato.

Para ser novia de un pran hay que concentrarse solo en él, porque si mirabas a los lados tenías la muerte segura. En la cárcel no comían de nada para agredir a alguien.

Mi relación con el primer pran duró dos meses y medio, porque era muy celoso. Hasta antes del desalojo de la cárcel me llama para amenazarme. Me decía que me iba a matar, que iban a enviar un carro para que me tiroteara la casa y que donde me viera me iba a caer a tiros. Todo eso es porque después que terminamos la relación, él se enteró que yo entraba en otros patios y que me veía con otros reos.

No todos mis novios fueron en el mismo patio. El último que tuve era pran en el retén. Luego fue llevado a la cárcel.

Mi tercer novio también estaba en el retén y después pasó a Sabaneta, él era una persona que me trataba como una princesa y me complacía en todo. Siempre me habló claro y me dijo que tenía otras mujeres, igual no me importó y nos hicimos novios. Cuando lo pasaron a la cárcel me tarde en ir a visitarlo porque yo había tenido dos novios en esa área.

El venía de ser un pran en el retén y estaba claro con los tipos. Yo también tuve que ser clara y le conté que me había acostado con dos reos. Ambos estábamos pidiendo “luz” (permiso) con el pran para poder entrar.

Luego de toda esta experiencia, llegué hasta visitar brujas para saber si me iban a matar o no. La política que manejaban los presos era hacer las cosas bien, no hablar, no mirar pa’ los lados. Si entras en un patio no tienes porque entrar en otro.

Hay mujeres que se “tragan la luz”, como fue el caso de una muchacha a la que le dieron un tiro en la pelvis porque salió de “calabozo” y luego se fue caminando para “máxima” a visitar a otro reo.

El día de las elecciones del 2012, también asesinaron a Georgina Solorzo, en el frente de la casa de su abuela, al parecer, tenía cuentas viejas con un pran de la cárcel y meses antes una muchacha recibió un tiro en la frente cuando se trasladaba en su carro cerca de Sabaneta. Iban por Georgina, pero se confundieron y cayó la inocente.

Esos tipos tenían tanto tiempo presos que se hacían una mente maquiavélica. Así dijeras que eras una santa o que venías de un convento, ellos no iban a ver eso. Eso sí, cuando te conseguían, te trataban como una reina, los “cuadrilleros” preparaban comida y te servían.

Cuando me empaté con mi quinto novio a mí no me pagaron nada, solo el taxi y las tarjetas para activar el teléfono.

Al momento de nuestros encuentros los obligaba a que se colocaran el preservativo. Cuando tenía el periodo no me dejaban entrar, supuestamente para evitar contaminación en el área, pero quiénes más sucios que ellos.

La última vez que entré a la cárcel fue en Semana Santa del año pasado, me tiré una rumba con pistolas y todo, y me tomé fotos con todo el mundo.

A pesar de los buenos momentos, yo hago un stop en mi vida y reflexionó, y doy gracias a Dios porque salí ilesa de todo esto. Fui testigo de cómo mandaron a matar a varias amigas y vi a madres llorar sus muertes.

De lo que estoy segura es que de esta vivencia tan oscura todo se desvanece y solo quedan recuerdos, lágrimas, experiencias, malas vivencias, el estrés y el cansancio de hacer y deshacer para conseguir falsos lujos.

“Llega un momento en que uno piensa que el mundo de afuera no existe”.

Gabriela fue testigo del punto final que las autoridades pusieron a historias de armas y prostitución en la Cárcel Nacional de Maracaibo. Hoy, con una nueva vida y con una niña de cinco meses en sus brazos, celebra lo que ella misma ha llamado su renacimiento personal.

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