El “malandro nuevo” no cree en nadie

Alejandra Rodríguez Álvarez, El Tiempo

Mientras que desde una celda bien acomodada en el Internado Judicial de San Felipe (podría ser cualquier otro), un “pran” hace una llamada y extorsiona a un ganadero, en el barrio La Bombilla de Petare un niño sueña con ser delincuente.

No, no quiere ser como Gustavo Dudamel, celebrado director de orquestas venezolano. Tampoco como el esgrimista olímpico Rubén Limardo. Quiere ser como “El Yoifre”, “El Niño Guerrero” o como cualquier otro de los muchos presidiarios que han ocupado los titulares de las noticias en el último lustro.

En el barrio para nadie es un secreto por qué ese niño, que bien podría llamarse Juan, Wilmer o Roberto, quiere ser “malandro”. Todos saben que pactar con la delincuencia le permitirá calzar zapatos de marca, obtener dinero fácil, tener mujeres y, sobre todo, reconocimiento. Ese que probablemente no encuentra en casa.

Lo que el infante todavía no advierte es que si logra convertirse en el próximo “Niño Guerrero”, la fiesta le durará poco. Con suerte llegará a los 25 años. Y, seguramente, dejará algún huérfano.

Los victimarios de la violencia delincuencial en Venezuela son cada vez más jóvenes, más crueles, no tienen arraigo de ningún tipo y tampoco respeto por la vida de sus pares, coinciden los expertos. No son, ni remotamente, parecidos a los de hace 20, 30 o 50 años. Han mutado, se han transformado.

Comisario Francisco Javier Gorriño.

“El delincuente de los años 80 era completamente diferente al delincuente de hoy”, afirmó el criminólogo y subcomisario jubilado del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), Francisco Gorriño.

Y no es la forma de ingreso al mundo delictivo lo que ha variado, sino el perfil que adquieren, luego de haberse sumado a las filas del hampa.

Sanos pero crueles

El psicólogo y director del Centro de Investigaciones Populares, el sacerdote Alejandro Moreno, distingue tres momentos en la evolución de la violencia delincuencial en Venezuela y, respectivamente, tres tipos de delincuentes: el antiguo, el medio o mediano y el nuevo.

Sacerdote y psicólogo Alejandro Moreno, director del Centro de Investigaciones Populares.

El antiguo y el nuevo son radicalmente distintos, no así el medio, el perfil de ese es un poco más difícil de establecer (es una mezcla entre el antiguo y el nuevo).

El nuevo es, entre otras cosas, muy joven. Ingresa al mundo delictivo antes de pisar la adolescencia y a los 25 ya es una máquina de matar. Aunque en Venezuela las cifras oficiales de violencia escasean, es bien sabido que el grueso de los involucrados en hechos delictivos no supera la mayoría de edad.

El último informe anual del Ministerio Público indica que en 2012 fueron acusados 17. 721 menores por participar en actividades ilícitas. El bajo rango etario no es el único rasgo que caracteriza al delincuente venezolano del siglo XXI.

El antiguo tenía algo de escolaridad. Solía abandonar los estudios a los 14 ó 15 años. El nuevo, con suerte, llega al sexto grado de educación primaria, asegura Gorriño. Tiende a ser problemático y, con frecuencia, se mete en líos: está buscando atención.

Se estrena robando, posiblemente, algún objeto de marca. Antes también era así. Pero convertirse en asesino significaba pasar a otro nivel. Hace un par de décadas los asesinos y ladrones estaban bien diferenciados entre sí. Únicamente se le arrebataba la vida a otro ser humano cuando se convertía en una amenaza. El asesinato era una “necesidad” producida por las circunstancias, explicó Moreno, quien por años ha estudiado el comportamiento criminal.

Ahora robar y asesinar van de la mano. Matar le da poder al delincuente, por eso lo hace sin ningún reparo y con saña. Mientras más cruel sea el asesinato, más “cartel” (prestigio dentro del mundo criminal) obtiene quien lo perpetra, dijo Gorriño. Los delincuentes compiten entre ellos: sus trofeos son las vidas de otros.

Tanto los “malandros” de la vieja escuela, como los de la nueva están involucrados en negocios ilícitos: microtráfico de drogas, por ejemplo. Pero en el pasado las drogas, el secuestro y el sicariato no eran el único modo de subsistencia de los antisociales: quienes delinquían solían tener algún oficio extra, alguna actividad adicional que les generaba ingresos y que alternaban con sus fechorías. Ahora la única “profesión” de los delincuentes es ser delincuentes.

Moreno aseguró que el criminal promedio, en Venezuela, no está enfermo. Y no lo está porque comete delitos en pleno juicio de sus facultades, explica. Pero a diferencia del antiguo, es difícil distinguir en el nuevo algún rasgo de humanidad.

Matar es fácil

Cifras extraoficiales reportan que en Venezuela cada 20 minutos un ciudadano es asesinado. El organismo no gubernamental Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV) estima que en 2013 la violencia homicida le arrebató la vida a aproximadamente 24.730 personas.

Profesor Félix Seijas.

Para los espectadores internacionales el número es escandaloso, pero la ciudadanía se ha resignado. O, por lo menos, eso es lo que aseguró el estadístico y profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV) Félix Seijas, quien afirmó que: “Estudios cuantitativos y cualitativos muestran que la posición de la mayoría de los venezolanos con respecto a la inseguridad, es la resignación”.

El problema de fondo es que en el país, cuya capital está listada como la segunda ciudad más violenta del mundo, reina la impunidad, cree Gorriño. El especialista aseguró que hace 30 años el éxito en el esclarecimiento de los homicidios estaba sobre 90% y ahora apenas sobrepasa 10%. “Ahorita cualquier delito ofrece impunidad al delincuente”.

Los cuerpos de seguridad no se dan abasto. No pueden contener la violencia desatada. En parte, porque algunos efectivos están aliados con los infractores. Para el delincuente nuevo la policía no es más que su competencia, por eso a veces la enfrenta, explicó Moreno. Antes no era así. El “malandro” antiguo se cuidaba de los cuerpos policiales.

Abogada especialista en seguridad, Mónica Fernández.

La abogada especialista en seguridad, Mónica Fernández, cree que el daño difícilmente podrá repararse en el corto plazo.

En Venezuela hubo un quiebre de la institucionalidad, asegura.

Todos los organismos encargados de garantizar la seguridad al ciudadano están viciados. Quien delinque no puede, por ejemplo, reformarse porque dentro de los muros de las prisiones son los reos quienes tienen el control.

Quien entra a un penal venezolano sale con postgrado en delincuencia. “Para que esto se arregle, deberán pasar unos 10 o 20 años, si comenzamos a trabajar desde ahora”, concluyó.

Criminólogo Freddy Crespo.

7 delitos de cada 10 no son conocidos, por lo tanto no entran en las estadísticas oficiales, según una encuesta de victimización, llevada a cabo en el 2013, por un equipo a cargo del criminólogo Freddy Crespo.

42% de los homicidios por arma de fuego que ocurren en todo el mundo son perpetrados en América Latina, según la Coalición Latinoamericana para la Prevención de la Violencia Armada.

Ni las misses se salvan

El asesinato de la Miss Venezuela 2004 y actriz, Mónica Spear y su exesposo, Thomas Henry Berry, ocurrido el 6 de enero, puso en boca de todos el tema de la inseguridad que azota al país. De los diez implicados en el crimen, dos resultaron ser menores de edad.

Para tratar de calmar las aguas, el gobierno nacional se pronunció y prometió que este año bajaría los índices delictivos. Dos de las posibles medidas que serán implementadas para combatir la delincuencia serán: la modificación del Código Orgánico Procesal Penal, para añadir más penas; y la modificación de la Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes, a fin de rebajar la edad mínima para ir a prisión, medida que hasta hace poco no era bien vista por los especialistas.

La abogada experta en seguridad y conductora del programa televisivo “Se ha dicho”, que transmite Televen, Mónica Fernández, cree que la modificación de las legislaciones no logrará acabar con el problema de la inseguridad. “¿Más penas para qué?”, se preguntó.

Fernández advirtió que no habrá esfuerzo que valga si el sistema judicial no es saneado por completo.

Para el criminólogo y subcomisario jubilado del Centro de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), Francisco Gorriño, la única forma de combatir el delito es a través de los programas de prevención y el cese de la impunidad.

“Sobre la televisión se cierne una nueva capa de oscurantismo”

Alex Vásquez S., El Nacional

En 1989, con 30 años de edad, Leonardo Padrón se inicia en la escritura televisiva con la novela Amanda Sabater. Tuvo un comienzo nada despreciable: fue Salvador Garmendia, guionista de la historia, quien le enseñó los primeros trucos.

El joven agarró confianza. Escribió libros de poemas, guiones de películas y novelas como Gardenia, Amores de fin de siglo, El país de las mujeres, Amantes de luna llena, Cosita rica, y La mujer perfecta, entre otras. Una experiencia vasta que lo convirtió en referencia y testigo privilegiado del género, su significado para el país y, algo tan debatido hoy, sus efectos en la sociedad venezolana.

Leonardo Padrón, escritor y dramaturgo venezolano / Raul Romero.

Cuando se le pregunta si las telenovelas son responsables de la violencia social, su respuesta sorprende: “Me tientas a invocar una de las mejores anécdotas del género de la telenovela en su historial. En la guerra de la antigua Yugolasvia entre Bosnia y Herzegovina, se cuenta que el único momento de cese al fuego era cuando transmitían Kassandra, una novela de RCTV.  Si vamos a manipular, te podría decir entonces que las telenovelas más bien contribuyen con la paz mundial”.

Padrón destaca que desde que el chavismo está en el poder la cantidad de telenovelas que se hacen disminuyen y los homicidios aumentan. Cuando se transmitió Amanda Sabater de acuerdo con el Observatorio Venezolano de Violencia, la tasa de homicidios era de 13 por cada 100.000 habitantes. Hoy son 79 los fallecidos por cada 100.000 habitantes.

―¿Aumentan nuestras telenovelas las cifras de violencia?

—El argumento del presidente Nicolás Maduro es tan inconsistente que ya aburre rebatirlo. ¿No resulta paradójico que en 2013, el año más violento del país en la historia reciente, se haya transmitido solamente una novela nacional? ¿Tanta mortandad la causó la novela de Carlos Pérez?

Si no hubiera tantas muertes involucradas en el tema, diría que es risible la tesis. Maduro escamotea la responsabilidad del Estado. Ahora intenta desdecirse, pero todos lo escuchamos en cadena nacional. Y ni una sola línea de su discurso para hablar de la delincuencia organizada, del poder de los pranes, de las millones de armas ilegales en las calles, de los secuestros que se dirigen desde las cárceles. Nada.

Más bien hizo énfasis en que no se le estaba declarando la guerra al hampa, pero sí a las telenovelas. Buena parte de los países latinoamericanos consume las mismas novelas que Venezuela, y sus índices de criminalidad son notoriamente menores. Al menos 130 países del planeta ven telenovelas diariamente.

“El Estado posee una excesiva tolerancia con el hampa”

Si el género fuera tan letal, la epidemia de sangre sería mundial.  La telenovela posee un axioma ético de hierro: el bien siempre triunfa. En nuestro país la impunidad gana 92% de las veces.

—¿Por qué atacar entonces a las telenovelas en momentos críticos?

—Porque resulta un argumento vistoso. Es pirotecnia. La telenovela, de por sí, suele tener mala reputación. Digamos, al tigre le caben más rayas. Todo lo que huele a cultura de masas genera centimetraje. Mejor trapo rojo para desviar la verdadera discusión, imposible. Y Maduro lo logró. Henos aquí hablando del tema.

La ironía es muy cruel. Asesinan a Mónica Spear, una célebre protagonista de telenovelas, ¿y quién termina teniendo la culpa? Su trabajo. Una dirigente del gobierno cuestionó que Mónica anduviera sin guardaespaldas. Les faltó poco para decir que ella fue culpable de su muerte por hacer telenovelas.

Cuando transmitieron Por estas calles la tasa de muertes violentas era de 20 por cada 100.000 habitantes. Ahora es de 79 y esa es considerada la telenovela más violenta. Otro dato que derrumba la peregrina tesis de Maduro. Hace poco leí unas declaraciones contundentes de Antonio Pasquali.

Decía que en los 40 años de la guerra fría (entre los 50 y los 90) nuestro país consumió, a través de películas estadounidenses transmitidas por TV, de 300.000 a 400.000 asesinatos y que a pesar de tanta sangre en la ficción el promedio de homicidios se mantuvo en 9,08 por cada 100.000 habitantes.

Los analistas en comunicación, como Marcelino Bisbal, nunca han podido comprobar una relación directa entre el contenido de violencia en televisión y la violencia social.

—¿Contiene la Ley Resorte suficientes elementos de protección al televidente?

—No lo digo yo, ni tú. Lo dijo el propio director de Conatel. ¿Qué habría que inferir? Que esa gente no estaba haciendo bien su trabajo. Pero valga señalar que la televisión venezolana tiene 9 años funcionando con unos ojos sobre su hombro.

Entre la discrecionalidad de la Ley Resorte y ese virus llamado autocensura, hemos terminado haciendo productos muy conservadores, con poco riesgo argumental y exceso de pudor.

El resto del continente nos dejó atrás. Yo estoy de acuerdo en que ocho horas de telenovelas en un canal de señal abierta es un exceso. También suscribo que haya 50% de producción nacional.

Sobre la televisión se cierne una nueva capa de oscurantismo. Ya es cuesta arriba contar una historia en la que no puedes hablar de los temas neurálgicos de la condición humana porque –según ellos– resultan peligrosos.

¿Cómo mandas un mensaje sobre lo negativo de las drogas sin mostrar el proceso de seducción, consumo y deterioro progresivo?

—¿Se aplica por igual la Ley Resorte a todos los medios?

“¿Has visto una trama de una telenovela en la que un personaje salga a robarles el cabello a las mujeres para luego venderlo?”

—Por supuesto que no. ¿Alguien recuerda un programa de TV más violento que La Hojilla? Esta revolución se jacta de ser inclusiva y uno de los argumentos más recurrentes para atacar a Henrique Capriles era tildarlo de homosexual, por televisión abierta, casi todas las noches. En una telenovela ningún escritor sensato va a cuestionar una orientación sexual, a menos que sea justamente para hablar de la exclusión.

La violencia también se manifiesta a través del verbo y las ideas. El discurso de odio que tejió Hugo Chávez durante su largo mandato engendró altas cuotas de desprecio y resentimiento. Sus herederos continúan la pauta.

—Cerraron RCTV, emisoras, compran canales y asfixian periódicos con las divisas. ¿No sería otro mecanismo de censura la advertencia a los canales y cableoperadoras?

—Este gobierno le tiene miedo a la verdad. Y el asesinato de Mónica Spear y su marido, reveló -en el ámbito mundial- la verdad sobre la crisis de inseguridad que vive Venezuela. Quieren convertir el país en un largo silencio. Están atentando contra el libre albedrío del ciudadano. Subestiman su criterio. Los trabajadores de la industria de la televisión sabemos que viene un nuevo repliegue, otro aullido del miedo, mutismo, voces en puntillas. El Gran Hermano puso otro ladrillo en el bloqueo comunicacional.

—¿Hay alguna justificación para que el poder controle la cultura?

—La cultura es siempre una expresión de libertad. En un sistema autoritario se impone como premisa controlar las ventanas de expresión. Nada más peligroso para un régimen que la inteligencia. En la sensibilidad se forjan los mayores focos de resistencia.

—¿Cómo pueden ayudar los artistas a combatir la violencia?

—Cada quien desde su territorio y con sus fortalezas tiene que contribuir para una cultura de la vida, pero debemos exigirle al gobierno que sea menos arrogante y asuma sus fallas. Obviamente el sistema educativo venezolano ha fracasado. También es claro que tanta polarización incentiva la hostilidad ciudadana. Necesitamos un sistema penal que no mercadee con la justicia. Es urgente un plan de acción que trascienda al juego político.

—¿Qué propone usted para combatir la violencia?

—Que convoque a los verdaderos especialistas, criminólogos, penalistas, sociólogos, psicólogos, analistas que han escrito textos rigurosos. Que se cancele la excesiva indulgencia con los criminales. Que sientan que la ley existe. Trascender la retórica. Apagar los insultos políticos. Refundar las reglas de convivencia.

Todos podemos ayudar, pero es el Estado el que tiene el poder para que Venezuela deje de ser un país en pánico.

—En definitiva, ¿quién es el culpable de la violencia?

—Te aseguro que no son los escritores de televisión. Ninguno de los guionistas del patio ha tenido más imaginación que la que posee el propio país. ¿Has visto una trama de una telenovela en la que un personaje salga a robarles el cabello a las mujeres para luego venderlo? ¿Cuántas discotecas se han reproducido en las precarias cárceles de la ficción nacional? La responsabilidad primera es del Estado.

“Buena parte de los países latinoamericanos consume las mismas novelas que Venezuela, y sus índices de criminalidad son notoriamente menores. Al menos 130 países del planeta ven telenovelas diariamente. Si el género fuera tan letal, la epidemia de sangre sería mundial”.

El sistema judicial reinante ha propiciado un clima de impunidad brutal. Francisco Ameliach, gobernador de Carabobo, se dirigió a las 70 bandas organizadas que funcionan en el estado, les dio un plazo de 30 días para entregar sus armas y pacificarse. ¿Y los crímenes que cometieron quedan impunes? El Estado posee una excesiva tolerancia con el hampa.

Los más violentos

Francisco Olivares

Las causas fundamentales del incremento en la violencia que se registra en Venezuela a partir de la llegada al poder de Hugo Chávez en 1999, las encuentra el investigador Roberto Briceño León en un quiebre institucional de las normas de convivencia y de valores, promovido desde el gobierno, que redujo la acción represiva contra el delincuente, justificó manifestaciones de violencia y con ello promovió la impunidad.

Tal conducta “subversiva” generada desde el gobierno, estaba conducida por una motivación política e ideológica y la necesidad de permanecer en el poder, que interpretó la violencia como parte de “la lucha de clases” y asumió una postura de “no represión” a un mal que ahora parece incontrolable.

Henry Antonio, “El Chueco”, pran de Uribana.

Eventos como el poder que muestran los “pranes” desde los centros penitenciarios, la exposición pública de sus armas en redes sociales, la impunidad con que operan los colectivos armados y bandas, quienes igualmente exponen su poder armado públicamente, las invasiones de propiedades con el auspicio de funcionarios públicos y la FANB, son parte de la ruptura.

Desde el gobierno, este fenómeno de violencia le fue atribuido a la herencia del modelo capitalista, a la pobreza y a la influencia de los medios de comunicación y del imperialismo.

El estudio “Violencia e Institucionalidad” realizado por un equipo de investigadores del Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV) muestra a través de los índices de violencia, cómo Venezuela, a pesar de los grandes ingresos petroleros que permitieron aplicar políticas sociales hacia los sectores más pobres, se convirtió en uno de los países con más violencia, mientras sus vecinos redujeron significativamente la inseguridad, aún careciendo de la riqueza petrolera venezolana. ¿Qué se hizo mal?

En dónde estamos

Es un hecho que Venezuela ocupa los primeros lugares en índices de violencia en el mundo. Y también es irrefutable que a partir de 1998 el ascenso de la violencia ha sido sostenido, año tras año hasta 2013.

Los primeros 15 días de enero fueron particularmente violentos con 190 cuerpos ingresados a la Morgue de Bello Monte y con dramáticos sucesos como el enfrentamiento de dos colectivos durante 45 minutos en Cotiza o el asesinato de Mónica Spear y su esposo.

La conmoción generada por este último crimen ha obligado al gobierno a reaccionar convocando al diálogo y ofreciendo nuevos planes, adicionales a los 22 que se han llevado a cabo en los 15 años de gobierno socialista.

De la negación de la violencia que imperó en tiempos de Chávez, por primera ésta se reconoce; pero al mismo tiempo, se escurre la responsabilidad hacia factores distintos al gobierno.

El diputado Darío Vivas admite que: “tal vez reaccionamos muy tarde a la inseguridad” pero observa que el fenómeno ha sido sobredimensionado a través de los medios de comunicación, “que en lugar de contribuir a trabajar en función de los valores de la sociedad, han convertido la violencia en un negocio“.

Vivas sigue el discurso emitido con por el presidente Nicolás Maduro cuando señaló a las telenovelas como responsables de la violencia por lo que otros ministros han advertido que se tomarán medidas sobren los contenidos en la programación de los medios televisivos.

Sobre las cifras

El año 2013 se registraron 24.763 muertes violentas en el país, para una tasa récord, de 79 fallecidos cada 100 mil habitantes. El promedio mundial es de 8,9 por cada 100 mil habitantes.

Es de aclarar que esta cifra, proporcionada por el OVV, contempla muertes distintas a causas posibles como enfermedades, accidentes de tránsito o suicidios. Sólo se incluyen: homicidios, resistencia a la autoridad, enfrentamientos entre bandas o averiguaciones por muerte.

En 1998 se cometieron en Venezuela 4.550 homicidios, para una tasa de 19 homicidios cada 100 mil habitantes, a la par de países vecinos como Brasil y México en la mitad de la escala en Latinoamérica.

14 años después Venezuela despunta con 79 asesinados por cada 100 mil habitantes, mientras que Brasil se mantiene con promedio de 25.

Colombia, uno de los países con mayor violencia en el continente, en 2001 registró la extraordinaria cifra de 27.840 homicidios y en 2011 había logrado reducirlos a 13.520 casos (OVV). De 63 cada 100 mil, redujo su índice a 32.

En el primer año de Gobierno de Hugo Chávez se produce un salto muy grande en el índice de violencia al pasar a 5.968 muertes, con 1.421 más que el año anterior, sin que algún evento extraordinario justificara ese incremento. Esa tendencia no se detuvo.

Cabe señalar que el Plan Misión a Toda Vida, reconoce 50 homicidios cada 100 mil habitantes para el año 2012. Allí se descartan algunos segmentos como resistencia a la autoridad y situaciones en averiguación.

Por qué la violencia

Sostiene el director del OVV, que a partir de 1999 se comenzaron a quebrar acuerdos básicos en la relación social, regidos por instituciones. “No se destruyeron solos”, enfatiza el especialista.

“Hubo una voluntad de destruir las bases morales de la sociedad, las normativas y los organismos que regían ese acuerdo, es decir, los poderes alternos. Sabían lo que hacían en función de mantenerse en el poder, pero no pensaron en los efectos de esa acción”.

Sociólogo Roberto Briceño León, director del Observatorio Venezolano de la Violencia.

Recuerda el investigador que en los primeros años de Chávez, cuando el OVV comenzó a estudiar a fondo el problema de la violencia, los funcionarios buscaban una explicación del por qué el aumento de la violencia. No comprendían por qué, si les estaban dando dinero, recursos, ayudas, generando inclusión con las misiones, seguían aumentando los índices de violencia.

Briceño identifica dos componentes en el incremento de la violencia: “Lo que se dejó de hacer y lo que se hizo mal”.

Punto esencial en lo que se dejó de hacer fue: “no actuar, no reprimir”. Eso fue una decisión temprana de Chávez. “No vamos a actuar, no vamos a reprimir”. Se temía a los abusos policiales, muy denunciados en la cuarta República, y se consideraba que la violencia era parte de la lucha de clases, el despertar de la lucha de clases. Concepto que nació con aquella frase de Chávez en la que justificaba el robo si era por hambre. ¿Qué estaba haciendo Chávez? fomentando la lucha de clases.

Con tal visión, Chávez estaba incentivando que la violencia podía ser justificada en determinadas circunstancias porque era legítima.

Y ese pensamiento sigue vigente en el chavismo.

Ya en el gobierno, intervenir las policías, desarmarlas y cambiarlas, tenía el propósito de romper con poderes alternos. El poder armado de las policías, de las FAN, la empresa privada, el TSJ, es decir todos los poderes alternos a la revolución. Había que acabarlos para luego transformarlos.

La impunidad

No actuar, quebrar la independencia de los poderes y ponerlos al servicio de la revolución, generó la impunidad que hoy se refleja en las cifras de criminalidad.

En 1998 por cada 100 homicidios había 118 detenidos y a partir de 2006, por cada 100 homicidios se produjeron apenas 8 detenciones.

Sumando los primeros 10 años con el chavismo en el poder, de 107.044 mil homicidios, hubo 21.555 detenciones, lo que deja 85.489 casos de impunidad acumulados.

Al atribuir al capitalismo, a los medios, a la pobreza y la desigualdad el tema de la violencia, las acciones que debían tomarse eran fundamentalmente de política social, lo que para el gobierno eso se ha hecho bien.

Lo que se hizo mal

Para los investigadores del OVV una influencia esencial ha sido el “elogio a la violencia” como un medio legítimo para alcanzar fines.

El elogio a los violentos, como figuras moldeadoras de la vida social, como El Ché Guevara, cuya imagen está en todas las oficinas públicas.

El 3 de marzo de 2008 Hugo Chávez desde su programa Aló Presidente guardó un minuto de silencio por la muerte de jefe de las FARC Raúl Reyes señalando que el ataque al campamento del jefe guerrillero fue un asesinato del gobierno de Colombia.

Un elogio a la violencia también es la consigna patria socialismo o muerte. Qué era decir esta revolución es pacífica pero armada.

Otro aspecto que destaca Briceño es la propaganda que enfatiza la deshumanización del otro, del enemigo. El enemigo pierde su carácter humano y se le condena a la destrucción. Entonces el enemigo es un objetivo a destruir y no un adversario. Se entra en la lógica de la guerra, no de la convivencia.

La forma de hacer política, fundada en la imposición de la mayoría y no en el respeto de la minoría, fue un cambio sustancial con el chavismo. Una sociedad inclusiva considera a la minoría, como ocurría en la distribución del poder durante la democracia.

Impunidad en cifras

El Estado: Un monstruo de 111 cabezas

Pedro Pablo Peñaloza, El Universal

El 3 de septiembre de 1999, el difunto presidente Hugo Chávez decía que sus predecesores habían manejado el gobierno guiados por sus “caprichos partidistas e intereses cupulares“.

“Así nacieron ministerios, fundaciones, instituciones, incluso en una época, por conflicto entre amantes y primeras damas, llegaron a crearse entes para mantener este conflicto manejable”, aseguraba el finado comandante.

Aquel discurso coronaba una reestructuración del Ejecutivo nacional que disminuía el número de ministerios de 21 a solo 13. “Estamos haciendo esfuerzos por sistematizar el Estado y por darle una visión holística integral en función de objetivos estratégicos”, argumentaba el líder bolivariano.

Catorce años más tarde, la realidad es otra. Nicolás Maduro, “el primer Presidente obrero”, encabeza un gabinete conformado por 31 ministros.

La burocracia chavista no termina allí. La Gaceta Oficial número 408.859 del 20 de enero daba cuenta de la creación de 111 viceministerios, con los cuales -expresa el documento- “se busca el acercamiento directo con organizaciones del poder popular construyendo la institucionalidad del Estado venezolano para su pueblo, con su pueblo, bajo criterios de igualdad, continuidad, flexibilidad, integralidad, imparcialidad, transparencia, participación, confiabilidad, eficiencia, corresponsabilidad, solidaridad, equidad y sustentabilidad económica y financiera”.

En ascenso

¿Para qué sirve un viceministro?

De acuerdo con la Ley Orgánica de la Administración Pública, este funcionario de libre nombramiento y remoción por el Presidente de la República colabora con el ministro en la “suprema dirección” de la cartera donde está asignado.

Un ejemplo: el Viceministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo, adscrito al Ministerio del Despacho de la Presidencia, tiene como objeto estratégico “la articulación e integración de las políticas de prevención, protección, atención, recreación e inclusión social de las familias, niños, niñas y adolescentes, las personas en situación de calle, los adultos y adultas mayores, las personas con discapacidad y en general todas aquellas personas que se encuentren en condiciones de vulnerabilidad social“, según quedó establecido en la Gaceta Oficial N° 406.524 del 30 de octubre de 2013.

¿Y cuánto “cuesta” un viceministro?

La Ley Orgánica de Emolumentos, Pensiones y Jubilaciones de los Altos Funcionarios y Altas Funcionarias del Poder Público, estipula que estos servidores devengarán mensualmente “el monto equivalente a diez salarios mínimos como límite máximo“.

La remuneración básica en Venezuela se ubica en 3.270 bolívares. Es decir, que cada uno de los 111 viceministros bolivarianos podría percibir unos 32.700 bolívares mensualmente por su aporte en la construcción del socialismo.

Eglé Iturbe de Blanco

La profesora Eglé Iturbe de Blanco, ex ministra de Finanzas entre 1989 y 1990, señala que a mediados de los 90 aparecen en el horizonte los viceministerios y las direcciones generales sectoriales, “ante la complejidad creciente de la administración pública nacional y la necesidad de mejorar el nivel de remuneración de los funcionarios de alto nivel”.

En principio, cada ministerio tenía un viceministerio, pero más tarde irrumpieron los “viceministerios sectoriales” que -opina la académica- afectaron la labor de estos organismos.

“Se eliminó la persona que, a falta del ministro, tenía el conocimiento general del ministerio, sustituyéndose por figuras de igual jerarquía que solo estaban en conocimiento de su área o sector”, explicó.

Roja rojita

Iturbe de Blanco sostiene que desde el arribo de Chávez en 1999 la administración pública “ha crecido en forma acelerada, desordenada y casuística“.

No solo se trata de los ministerios y viceministerios. De acuerdo con sus cálculos, en este período se ha registrado un “crecimiento acelerado de los órganos y entes adscritos a los diversos ministerios, llegando en 2013 a la cifra de 849 (444 sin fines empresariales y 409 empresas y entes financieros)“.

Con respecto a los últimos decretos sobre los viceministerios, la investigadora apunta que el gobierno busca que los “nuevos” nombres de estas dependencias “reflejen las prioridades de las políticas públicas necesarias para la construcción del socialismo y la refundación de la patria“.

Aquí podrían mencionarse el Viceministerio del Sistema Socialista de Alimentación y el Viceministerio para el Nuevo Ordenamiento Urbano y Rural Socialista, por citar dos casos.

A juicio de Iturbe de Blanco, la “reforma” ordenada por Maduro -que en algunos casos se limita a la nomenclatura y en otros reordena por funciones-, “parece tener el hilo conductor en el socialismo y no en la eficiencia de la estructura institucional venezolana”.

Nuevos despachos en función de “objetivos estratégicos”

Venezuela, el país de las maravillas

Eduardo Salazar De Peñaranda

Erase una vez un territorio muy, muy cercano, del Nuevo Mundo, en el que la gente era muy alegre, hasta el Record Guinness por ello ostentaban. Desde lo más profundo de sus suelos brotaba el oro negro, lo que hasta hoy por hoy mueve al mundo: el petróleo.

Habitaban allí ciudadanos de todas las razas, de estatura mediana, y con una gran actitud ante la vida. Sus playas eran tan hermosas que llegaban turistas de todas partes del planeta, sin miedo.

La gente paseaba hasta altas horas de la noche por sus calles, desde las ciudades hasta los campos. No sabían qué significaban los robos, secuestros o asesinatos. Incluso, tenían actrices y misses, sí, reinas de belleza que disfrutaban de las milenarias montañas o los sinfines de las sabanas sin correr peligro.

En ese país impresionante, que nadie podía creer, tampoco existía el amarillismo de los periódicos, desconocían que en otras naciones había canales de TV, los cuales con desparpajo trabajaban la ironía para captar espectadores; en los que el desorden, la desidia y el peligro se parecían a Suiza, y la paz y la tranquilidad, por el contrario, los dibujaban como Trípoli o Bagdad.

Allí nadie jugaba a la desestabilización, no había elites “boli-burguesas” (bolivariano y burguesía) enriqueciéndose, ni familias adineradas imponiendo sus propias reglas durante décadas y décadas, siempre las mismas, tan desgatadas.

De hecho, por esas lides se hacía imposible que otros reyes de imperios extranjeros tuvieran injerencias en sus asuntos internos.

El poder era de todos, y los pobres sólo se veían en noticias foráneas. Allí prevalecía el bien común.

La amnesia colectiva

Algo muy particular de esa tierra llena de gracia era que las caras duras de los gobernantes, los rabos de pajas de líderes opositores de oficio, se constituían en ejemplos difíciles de ilustrar. Las mentes de estos ciudadanos eran sanas, y la amnesia colectiva una enfermedad muy lejana.

¿Quién pudiera creer que atroces homicidios, desfalcos, malversaciones de fondos públicos, inflación económica, especulación inescrupulosa de empresas privadas, etc, etc, pudieran olvidarse tan fácilmente… de un día para otro?

Nadie, en esta pintoresca República, no se olvidaba lo malo, no porque no existiera, sino porque buscaban mecanismos para solucionar los problemas, sin culpar a terceros, o lo que es peor, hacerse de la vista gorda.

Una nación hermanada con el resto, en la que no dominaba el Norte avaro y capitalista, pero tampoco se aliaban con  mandatarios bélicos o dictatoriales del Sur. En ese lugar todo funcionaba a la medida.

Los días no eran suficientes para vivir el mal y el bien, todo lo contrario, duraba  años en ver cosas insólitas.

Nunca se imaginarían sus habitantes que en otras partes, por citar casos espeluznantes, se apagarían las luces de varias ciudades y se culparían a iguanas. Eran fantasiosos pero no tanto. Con decirles que allí, habían mucho circo, pero también mucho pan…

Las gentes no tenían que hacer colas para comprar sus alimentos, gozaban de todos los productos de la cesta básica, poseían en sus anaqueles y posteriormente en sus alacenas al menos 2 kilogramos de harina o leche (por una familia pequeña), y mucho papel higiénico.

La única esperanza de volver a casa: ¡vivo!

En ese lugar fascinante los niños jugaban a los carritos y con muchos caramelos, a veces, algunos se preguntaban si tal como en las películas existían realmente barrios bajos en los que por las noches se dormía al ritmo de los balazos.

Que en lugar de casas de chocolates, había casas de barro con techos de zinc.

Películas en las que mostraban que los infantes perdían a sus padres antes de cumplir los 12, y sus hermanos mayores a los 23, las madres luchaban solas por sus pequeños, y ellos tenían que salir a las calles a jugarse la vida, sin ir a la Universidad, trabajando matando tigritos (haciendo lo que sea para subsistir y obtener alguna ganancia), sorteando todos los obstáculos del camino, mendigando, vendiendo flores, oliendo pegamento y con la única esperanza de volver a casa: ¡vivo! “Dios mío, qué escenas tan maléficas”.

Los más grandes, adolescentes y jóvenes, dejaban volar sus pensamientos a otras dimensiones en los que un “avance informativo” acelerara el corazón, erizara la piel y sudaran frío, pues la incógnita de lo que vendría les abismaba.

Vaya idiotez, reían a carcajadas después de imaginar semejante aberración.

Y otros, más aventureros, se adentraban en mundos de terror en los que para viajar a otros destinos había que padecer un control cambiario de divisas, con diversos nombres pero que al final se trataba de lo mismo.

80 % de “devaluación”

Los adultos divagaban sobre la desdicha de otros de ver cómo enviar remesas al extranjero, comprar por internet o viajar con tarjeta de crédito o cash era una tortura, para salir y para entrar.

Pero, lo que a estos ingenuos más les asombraba era que a vecinos  les devaluaran su moneda con eufemismos; que no es la Comisión de divisas tal, sino el Centro aquel. Que si esto, que si lo otro.

Que si le debían millones de dólares a menganito o a zutanito no le aprobaban para producir, que si entonces no se fiscalizaba, que si planes desestabilizadores.

Una vez se asustaron mucho cuando elucubraron sobre la posibilidad de que su dinero se desvalorizara un 80 %. Además, oyeron que cierto ministro de una tierra lejana, decía que  tomaban medidas drásticas o no tenían medicamentos.

Se alegraron eso sí, cuando cayeron en cuenta que en esa otra nación le pondrían la lupa a casos de corrupción, para que no hubiera fuga de capitales y poder normalizar la economía, pero desde su más peculiar inocencia, se preguntaron: ¿será verdad?

Todo lo anterior para este pueblo de héroes y conquistas, de mujeres guapas y de hombres trabajadores, de artistas y escritores famosos, de científicos laureados, no les importaba en gran medida, puesto que ellos no padecían males ni siquiera alegóricos a los mencionados. Vivían en una telenovela rosa.

El Metro (sistema de transporte masivo) funcionaba para miles y miles sin contratiempos, el agua nunca faltaba, el gas no suponía preocupación, había parques y vías para los ciclistas, los motorizados respetaban, los conductores cedían el paso a los peatones, los “buenos días” se oían sin cesar en ascensores, escuelas, restaurantes…

Estos ciudadanos mantenían una sonrisa en el rostro. Eran realmente felices… ese país de las maravillas se llamaba: Venezuela.

La buena noticia, es que con el transcurrir el tiempo, mucho ha cambiado, pero ese país del “erase una vez” sigue intacto esperando que la fantasía supere a la realidad, pero que ésta no sea un producto de la inventiva.

Venezuela necesita apagar las luces del circo y convertirse en un lugar en el que quepan todos, sin discriminación.

En el que la pobreza y la violencia sean quimeras post modernas inverosímiles. En el que se ajuste cada ciudadano al contexto, en el que no se regale el combustible, los macro servicios se cobren justamente, y en el que las empresas puedan producir de la mano del Estado, y en el que “las manos peludas” dentro de entes gubernamentales sean eliminadas y den paso a personas progresistas.

Es imprescindible que se dé rápidamente la apertura del sistema de divisas para todos por igual y para quienes se comprometan con el crecimiento de esta lastimada y vapuleada Patria.

Asimismo, se aclare el panorama y se detenga ya la desvalorización del bolívar con políticas bien pensadas que vayan al meollo del asunto y no sean simplemente paños de agua tibia. Más ricos algunos, más pobres los de abajo.

No se trata de tumbar gobiernos, sino de exigir respuestas y avances significativos. De aportar granitos de arena como ciudadanos, de que el Poder Ejecutivo y oposición trabajen en conjunto, pero con cuentas claras.

En el que no se meta gato por liebre. Y que Alicia (o Esteban, Virginia, Juan o María) no salga corriendo despavorida por la inseguridad; lo que en los últimos años ha desencadenado una fuga de cerebros en lugar de que los chicos y chicas apuesten por el sitio en el que nacieron. En Venezuela se cuenta con las maravillas, es hora de volverla posible.

Los cuatro grandes crímenes económicos de Hugo Chávez

Gustavo Coronel

Entre los múltiples crímenes cometidos por Hugo Chávez durante sus 14 años de desmanes hay 4 que merecen atención especial: la destrucción de PDVSA, el aniquilamiento de la CVG, el colapso del Puerto de Puerto Cabello y el saqueo del erario público por la vía de los fondos paralelos.

Creo que estos cuatro grandes crímenes han causado un buen 80 por ciento de la ruina financiera venezolana porque PDVSA, CVG y el Puerto son los organismos que mueven más dinero en el país, mientras que a los fondos paralelos, manejados sin transparencia y sin rendición de cuentas,  ha ido a parar mucho del ya exiguo tesoro nacional.

Se necesitaría un libro y el concurso de expertos para analizar estos cuatro crímenes en detalle, pero vale la pena mencionarlos una vez más, porque creo que el país no está consciente de la magnitud de estos desastres y de la total responsabilidad del difunto en estos desafueros.

PDVSA

Una comparación de las cifras más importantes de PDVSA para 1998 y 2012, muestran una pérdida de producción de unos 500.000 barriles diarios bajo el régimen chavista.  Aunque el precio del petróleo ha subido de unos $11 por barril en 1998 a unos $100 hoy, la PDVSA roja se ha endeudado en unos 150.000 millones de dólares, si se incluyen todos los compromisos y contingencias que afectan a la empresa.

De hecho, PDVSA está técnicamente quebrada y depende del endeudamiento para financiar sus operaciones.

La actividad exploratoria prácticamente ha desaparecido, las refinerías en el exterior están en liquidación y no se ha construido ninguna de las refinerías planificadas. Las refinerías domésticas están operando a una fracción de su capacidad instalada, un 70 por ciento, lo cual ha obligado a la importación de gasolina y de diesel desde los Estados Unidos, país al cual antes le exportábamos gasolina. Esta importación a precios internacionales es regalada en el mercado interno.

El número de empleados casi se ha cuadruplicado al pasar de 35.000 a 120.000. Existe un cuantioso  déficit de gas natural que ha obligado a importar gas desde Colombia mientras los planes para producir gas costa afuera progresan a paso de tortuga.

La producción que se vende a precios comerciales en el exterior es apenas un 60% del total exportado, ya que el otro 40% se entrega a precios subsidiados o prácticamente regalados a Cuba y otros países “amigos”.

Las empresas internacionales asociadas con PDVSA en la faja no son las mejores técnicamente y hasta algunas, como Petronas y miembros de un consorcio Ruso se han retirado o están en vías de hacerlo.

CVG

Con pocas excepciones durante su historia, la CVG ha dado consistentes pérdidas financieras para la nación.  Ello ha tenido dos razones fundamentales, como lo apunto en mi libro: “Una Perspectiva Gerencial de la Corporación Venezolana de Guayana”, Caracas 1995.

Una razón es que las ventas de las empresas se hacen fundamentalmente entre filiales o a otras empresas y agencias del Estado que rara vez se han preocupado por pagarle.

Se establece una cadena perversa: Cadafe le debe a Edelca, el ministerio de la Defensa le debe a Cadafe, cadena basada en múltiples irresponsabilidades. La otra razón es que las empresas se endeudan en dólares y cobran, cuando cobran, en bolívares.

Por ejemplo, Edelca vende a Cadafe o como se llame ahora, en bolívares pero sus deudas para pagar las inversiones en las represas son en dólares.

¿Puede ganar dinero Edelca? Imposible. Puede mostrar ganancias a nivel operacional pero nunca a nivel consolidado.

Lo que era una situación de pérdidas crónicas se convirtió, bajo el régimen chavista, en un colapso total.  Damián Prat en su “Guayana: El Milagro al revés”, Caracas, 2012, esboza este colapso. En esencia, todas las empresas están quebradas.

Es imposible transcribir los detalles de la gran tragedia pero aquí van algunos ejemplos:

* La planta de tubos de SIDOR fue paralizada por orden del régimen hace más de 4 años. Ahora se importa la tubería de perforación de China. Se le vende el mineral de hierro a los chinos a precios bajos y se le compra la tubería a precios altos.

* Un 34% de la producción de aluminio está comprometida con una empresa, Glencore, a cambio de un préstamo de $500 millones que “las empresas nunca vieron”.

* Se ha importado bauxita a pesar de tener inmensas reservas de este mineral.

* Alcasa está importando aluminio desde el Canadá y USA porque solo produce menos del 30% de lo que producía anteriormente. Esta importación fue autorizada por Hugo Chávez en punto de cuenta del 4 de Junio de 2010.Sidor produjo en 2011 y 2012 la mitad de las cabillas que producía en 2007,  por lo que se han tenido que importar cabillas desde México, por cierto compradas a la misma empresa -Ternium- que Chávez expropió.

* Debido a la falta de gas natural, producto de la ineficiencia de PDVSA,  las empresas de Guayana sufrieron un recorte en su suministro eléctrico en 2010, lo cual obligó a Alcasa y Venalum a recortar su producción a la tercera parte, con pérdida desastrosa de equipos.

Cuando los técnicos aconsejaron una paralización progresiva y no brusca para evitar daño irreversibles a las plantas, Chávez dijo: “Nada de progresiva, es ya que van a cerrar!”.

* Alcasa producía normalmente 200.000 toneladas anuales de aluminio. En el 2011 produjo 70.000 toneladas y en 2012 unas 50.000 toneladas.

* El Plan Guayana Socialista, 2009-2012 incluía locuras tales como el Control Obrero de la gerencia, centralizar la planificación, crear superministerios del hierro y el acero, un bla bla bla populista que ha sembrado total confusión en la empresa.

* En 2006 se quedaron sin vender unas 50.000 toneladas de aluminio que hubiesen podido obtener altos precios, porque Chávez ordenó no venderle aluminio al imperialismo. En esto se perdieron unos $100 millones.

* Los 500 millones de dólares prestados por Glencore a Alcasa y Venalum  fueron a parar a un banco del Líbano. Nadie sabe exactamente qué se hicieron.

* Sidor en manos del capital privado dio dividendos. Chávez la estatizó y pasó de producir 4.3 millones de toneladas anuales en el 2007, cuando estaba en manos privadas, a producir 2.4 millones de toneladas en el 2011. Hoy ni siquiera tiene dinero para pagar nómina y los empleados se han levantado en huelga.

* Las plantas eléctricas de emergencia que fueron compradas por el régimen en 2010, debido al colapso de Corpoelec,  fueron adquiridas  a una “empresa gringa de gran experiencia”,  dijo Hugo Chávez por la televisión.

La empresa resultó ser venezolana, controlada por gente sin experiencia, Derwick y asociados, hoy objeto de una demanda legal en USA, acusada de sobornar a altos funcionarios del régimen venezolano.

El Puerto de Puerto Cabello

Hugo Chávez necesitaba controlar el Puerto de Puerto Cabello, para meterse en el bolsillo los dineros que generaba, porque en materia de ingresos operativos este puerto es probablemente la tercera empresa del estado más importante, después de PDVSA y la CVG. Cuando fui presidente del Puerto de Puerto Cabello, en 2000, operábamos con menos de 200 empleados directos y la utilidad neta era de unos $25-30 millones al año.

Sin embargo, Chávez comenzó a hostigar la gerencia del puerto que estaba en manos del Estado Carabobo.

La marina estableció un puerto paralelo en Puerto Cabello, llamado OCAMAR, que operaba de manera poco profesional y a tasas artificialmente bajas, presionando a las empresas navieras para que les dieran trabajo.

Por otro lado DIANCA, una empresa ineficiente y corrupta, amenazaba con extenderse dentro de los terrenos del puerto. Presidir el puerto exigía una dura y peligrosa lucha contra el chavismo codicioso.

La Guardia Nacional y la Aduana, totalmente fuera de nuestro control, eran organizaciones muy corruptas, que trabajaban horas de oficina, en lugar de trabajar 24 x 7. Pero lo que si era verdad es que el puerto generaba dinero.

Finalmente, en  2007 Chávez creó una empresa mixta Vene-Cubana para “administrar y modernizar” puertos. (Véase la Gaceta Oficial N° 38.703, del 12 de Junio de 2007).

Esta empresa se llamó “Bolivariana de Puertos, S.A.” y era esencialmente propiedad de Chávez y de los hermanos Castro. La empresa de Cuba que tiene el 49 % de las acciones se llama Grupo Empresarial de la Industria Portuaria, ASPORT y pertenece al régimen cubano. Desde que esa empresa “administra” Puerto Cabello:

* Las mercancías tardan entre 18 y 21 días para salir de los puertos por falta de equipos y coordinación entre las autoridades que deben revisarlas, lo cual eleva significativamente los costos de importación.

* Se manejan apenas unos 5 contenedores por hora. Hace doce años, cuando fui presidente del puerto se manejaban en el puerto de Puerto Cabello unos 12-15 contenedores por hora, cifra que ya era baja, por no tener sin grúas tipo Gantry.

* En 2010 unos 3 mil trabajadores, entre directos e indirectos congelaron sus actividades, afectando las labores de descarga de buques, mantenimiento, seguridad y mano de obra especializada del puerto ubicado en el estado Carabobo. Ello se debió a que el Puerto no les pagaba.

* En el 2012  Hugo Chávez dijo:  “El puerto de Puerto Cabello está abandonado”, reconociendo su fracaso.

* En Agosto 2012,  14 buques cargados con 188.000 toneladas  de cereales estuvieron varados por tres semanas en Puerto Cabello, sin poder bajar su carga.

* Hace once años el nuevo terminal había sido planificado a un costo de poco más de cien millones de dólares, pero su construcción fue obstaculizada por organizaciones parásitas del estado venezolano como DIANCA, OCAMAR y la Base Naval Agustín Armario, todas en manos de fanáticos chavistas. Hoy, ni siquiera ha comenzado esa modernización y un proyecto elaborado por una empresa China costaría seis veces más que el que dejamos listo en 2001.

* El desastre de Pudreval está íntimamente relacionado con la ineficiencia y  el colapso del Puerto.

Henrique Salas Feo denunció en Abril 2009  la presencia de 30 contenedores con leche líquida en descomposición en Puerto Cabello.

En febrero 2010  se reportaron 3.600 toneladas de alimentos en 120 contenedores en abandono legal en las instalaciones del puerto de Puerto Cabello, y que pertenecían a PDVAL.

Dos semanas después se encontraron otras 45.4 toneladas de alimentos de PDVAL bajo abandono legal en el mismo puerto.

Los Fondos paralelos

Estos fondos fueron creados por decreto por Hugo Chávez para poder administrar los ingresos nacionales a su libre arbitrio, sin controles, sin transparencia o rendición de cuentas. Así lo celebraba Rafael Ramírez en un memorándum a Chávez dado a conocer por el diputado Miguel Ángel Rodríguez.

El Llamado Fondo de Desarrollo Nacional, FONDEN, ha recibido unos $80.000 millones sustraídos por el Ejecutivo, léase Hugo Chávez, a PDVSA y al Banco Central de Venezuela, con la cobarde complicidad de las directivas de estos organismos.

Los documentos obtenidos en el 2011 por Miguel Octavio (ver http://lasarmasdecoronel.blogspot.com/2011/08/fonden-y-giordani-un-atraco-de-70000.html), contienen una lista de proyectos financiados por FONDEN sin transparencia alguna. El monto de lo gastado hasta ese año ascendía a la inmensa suma de $70.000 millones.

Uno de los hallazgos más importantes de Octavio fue establecer un aparente faltante de $29.000 millones en esas cuentas. Ello se deduce de la diferencia entre los totales de los proyectos listados y el desembolso total que declara FONDEN. Por ejemplo:

* 72 fábricas “socialistas” construidas por el gobierno a un costo de $355 millones. Dónde están?

* Gastos en el Central Azucarero “Ezequiel Zamora” por la inmensa cantidad de $70 millones.

* $20 millones para instalar una fábrica de pólvora.

* 40 cadetes a ser “entrenados” en Bielorrusia, a un costo para la nación de $10 millones, así como suena.

* $551 millones para una planta de pulpa y papel.

* $1000 millones para proyectos petroleros en Cuba. Increíble despilfarro y corrupción.

* $1500 millones para vías agrícolas en Maracaibo y en el Estado Guárico. Vaya usted a buscarlas.

* $2.000 millones en casas contratadas con Bielorrusia, Irán, Uruguay, Vietnam, con Raimundo y todo el mundo. ¿Dónde están?

El llamado Fondo Chino

Este es un fondo hecho con préstamos de China por más de $30.000 millones, a ser pagado a China por PDVSA, con producción petrolera a futuro, por los próximos diez años, o algo así.

Es un fondo turbio e ilegal porque compromete petróleo a futuro y porque ha sido contratado en el mayor secreto, con precios del petróleo que incorporan descuentos.

La utilización del dinero es un secreto pero se sabe que los proyectos que pudieran estar siendo financiados con ese dinero son hechos por empresas chinas, con materiales y equipos chinos y hasta obreros chinos (como las casas de Fuerte Tiuna), lo cual es imperialismo económico en mayúsculas, aunque Hugo Chávez siempre se jactó de ser el nuevo libertador y se llenaba la boca con retórica anti-imperialista.

El costo para Venezuela de estos cuatro grandes crímenes es incalculable. Estamos hablando de unos $400-500.000 millones en pérdidas derivadas de baja producción, ventas subsidiadas, colapso y destrucción de plantas y equipos, y robo y caos en el manejo de los fondos paralelos. Final del formulario.

Comportamiento inflacionario de las economías del mundo y las cifras oficiales venezolanas

Bárbara Lira, ODH Grupo Consultor

Con el mayor retraso registrado hasta ahora en la publicación del índice nacional de precios de un mes (noviembre); y en un comunicado de tono inusual ─bastante más cercano al de discurso político que al de informe técnico─ el BCV anunció que la inflación de 2013 cerraría en 56,1%.

Esta magnitud es alarmante en sí misma, pues indica un considerable deterioro del poder de compra de los venezolanos durante el año.

De hecho, desde 1951 solo hemos tenido valores de inflación anual superiores al de 2013 en 4 ocasiones: 1989, y 1994, 1995 1996. Pero la magnitud de la inflación en 2013, revela una situación más dramática cuando se comparan los resultados de Venezuela con los del resto del mundo en esos años [1]:

─ En 1989 la inflación de Venezuela fue 81%. Sin embargo, esta cifra representaba solo un quinto de la inflación de América Latina, que en promedio fue de 436,8%. Ese año, Argentina, Perú y Brasil encabezaron la lista de los países con mayor inflación del mundo con tasas de 4.923,5%; 2.775,3% y 1.972,9% respectivamente.

─ En 1994, la inflación de Venezuela (70,8%) representó la mitad de la inflación de América Latina (137,2%). En la región, Brasil era el país con más inflación (916,4%). Ese año la República Democrática del Congo fue el país con más inflación del mundo, con 9.796,9%, seguido de Bielorrusia (1.959,7%) y Armenia (1.884,5%).

─ En 1995, la inflación de Venezuela (56,6%) resultó la más alta de América Latina, duplicando al promedio de la región (29%). Ese año los países con más inflación del mundo fueron Angola (3.783,9%), Tayikistán (2.144,2%) y Turkmenistán (1.261,5%).

─ En 1996, la inflación de Venezuela alcanzó su máximo histórico de 103,2%.La cifra era 5,5 veces superior a la de América Latina (18,5%). Ese año Venezuela fue el sexto país del mundo con más inflación después de la República Democrática del Congo (1.705,1%), Angola (1.650,8%), Turkmenistán (445,7%), Bulgaria (310,8%) y Sudán (114,3%).

─ Para 2013, la inflación de Venezuela es 8,1 veces superior a la de América Latina (estimada en 6,9%). Ya no solo es la tasa más alta de la región, sino que ahora es la más alta del mundo, al menos entre los países de los que se tiene información estadística oficial [2]. A Venezuela le siguen de lejos la República de Irán con un estimado de 35% de inflación, y Sudán con 19,8%.

Si ordenamos en una barra a los países del mundo (de los que hay datos disponibles [3]), colocando en la base al país con menos inflación y en el tope al país con más inflación, podemos ver cómo con el paso de los años Venezuela ha venido subiendo posiciones en el ranking entre los países más inflacionarios del mundo: para 1983, Venezuela ocupaba la posición 67 de 109 países; en 1993 pasamos a ocupar la posición 25 de 160 países; en el 2003 nos ubicamos como el 5to país con más inflación entre 184 países; y para 2013 nos ubicamos de primeros en el ranking entre 187 países.

Si bien es cierto que Venezuela tuvo tasas de inflación superiores a la del 2013 en las 4 ocasiones mencionadas, el país nunca antes había estado en peor posición relativa en comparación con el resto del mundo.

La tasa de inflación de Venezuela estuvo por debajo del promedio de América Latina hasta 1994, aunque se mantenía en el tercio superior del ranking de los países más inflacionarios del mundo. Desde 1995, la tasa de inflación de Venezuela se ha ubicado en todos los años por encima del promedio latinoamericano, alcanzando en el 2013 su peor posición con respecto a la región, es decir, la mayor distancia entre la inflación venezolana y la latinoamericana registrada hasta ahora (8,1 veces).

En promedio, Venezuela se mantuvo entre 1996 y el 2005 entre el 10% de los países con más inflación del mundo, y desde el 2006 se ha consolidado en las primeras posiciones del ranking, ubicándose en el top 2% de los países con más inflación.

De hecho en el 2013 Venezuela alcanza por segunda vez el primer lugar entre los países con más inflación, luego de haber ocupado esta posición en el 2010 con un alza de precios de 27,2%. Ese año estuvimos seguidos por Guinea, que tuvo una inflación de 20,8%. Para el 2013 Venezuela amplía la distancia que la separa del segundo lugar, superando a la inflación de Irán por 21 puntos porcentuales.

La tasa de inflación venezolana se ha mantenido por encima de los dos dígitos desde 1986. Desde entonces su valor mínimo ha sido 12,3% en el 2001. Luego de ese año, para el 2007 la inflación había aumentado a 22,5% y ahora se ubica en 56,1%, mostrando una tendencia creciente, contraria a la que se observa para la inmensa mayoría de los países del mundo.

Para 1980, 72% de los países tenían tasas de inflación por encima de 10%. Esa proporción se redujo a 48% para 1990, a 19% para el 2000 y a 14% para el 2010. En el 2013, de los 187 países para los que hay información estadística disponible, 171 (91%) tienen tasas de inflación de un dígito, solo 16 tienen tasas de 10% o más, y de éstos, solo 3 países tienen tasas de inflación por encima de 15% (Venezuela, Irán y Sudán).

Por su parte, países que han padecido graves episodios inflacionarios han logrado superar el problema. Brasil, por ejemplo, pasó de un máximo de inflación de 2.477,2% en 1993, a una tasa de 22,4% en 1995, luego de 9,6% en 1996, y desde entonces ha mantenido tasas de alrededor de 6% de inflación. Zimbabue padeció un proceso hiperinflacionario, tal que en julio del 2008 los precios llegaron a subir 231 millones por ciento (la tasa oficial interanual).Para el 2012 la inflación en esta nación acumuló 2,9%, y entre enero y noviembre del 2013 los precios acumularon una caída de 2,4%. Bielorrusia tuvo una inflación de 108,7% en el 2011, y entre enero y noviembre del 2013 acumula una inflación de 18,5%. Sudán del Sur tuvo una inflación de 78,8% en el 2011, para el 2012 se redujo a 41%, y entre enero y noviembre del 2013 los precios han caído en 3,8%.

Además de los episodios inflacionarios superados, vale comentar que la inflación promedio del mundo se ha mantenido estable alrededor de 4,2%, luego de que en 1993 se ubicara en 36,9%, se redujera a 11,3% en 1995, y posteriormente a 5,5% en 1997. Es decir, que el problema inflacionario está relativamente bajo control en el mundo. Los países, y en particular los bancos centrales, conocen bien las medidas que deben tomar para mantener la estabilidad de precios y resguardar el valor de sus monedas.

A estas alturas de la historia, es difícil justificar con las circunstancias una inflación que casi se triplica en un año, después de más de una década creciendo (desde el mínimo alcanzado en el 2001).

Más aún, es difícil argumentar que se han tomado las decisiones económicas correctas en la lucha contra la inflación, cuando el resultado real es un país que se consolida en el tope entre los más inflacionarios, mientras sigue una tendencia al alza de los precios que va en dirección opuesta a la que siguen la región a la que pertenecemos y el mundo.

***

[1] Los datos contenidos en este artículo corresponden al World Economic Outlook Database, del Fondo Monetario Internacional. Las tasas de inflación promedio de América Latina incluyen el Caribe. Los datos de inflación para Venezuela corresponden a la variación del IPCAM hasta el 2007 y del INPC desde el 2008, ambos del BCV.

[2] Siria reportó en mayo del 2013 una inflación interanual de 68%, en medio de una guerra civil con un saldo de al menos 100.000 muertos y 2,3 millones de refugiados. Se presume que el alza de precios se aceleró aún más en el transcurso del año, pero para el cierre del 2013 no hay información oficial ni estimado de consenso.

[3] Con el transcurso de los años ha aumentado el número total de países con información estadística oficial disponible. La base de datos del FMI no incluye las naciones de las que no se cuenta con información oficial.

Fuente: @GVcensurado