¿Cómo somos los venezolanos? (II)

Grissel Montiel, Centro Gumilla

El éxito o fracaso de una sociedad está altamente influenciado por el tipo de motivaciones que mueve a sus ciudadanos.

Psicóloga Rosario Fonseca. Foto: Carlos Chourio

Tras organizar sus reflexiones desde un análisis psicosocial, la profesora Rosario Fonseca, psicóloga e investigadora de la Universidad del Zulia, aclaró que el paso del ser al hacer –y en consecuencia, al tener– viene dado por los patrones de conducta inducidos desde las instituciones formales: gobierno, iglesia, academia, representantes gremiales, entre otras. Lo que se premie como excelente y lo que se castigue como comportamiento reprobable será determinante.

Aferrados al poder

Los antivalores o la pérdida de los valores fundamentales están relacionados con el tipo de motivación que subyace en el comportamiento de los venezolanos.

Fonseca aseguró que el aporte David McClelland —psicólogo que se dedicó a estudiar las motivaciones de los colectivos en 45 países del mundo y que estudió el perfil motivacional de los venezolanos a principios de 1970 con retrospectiva de la década de los 30 y los 70— si estuviera vivo y viniera nuevamente al país a repetir el estudio, encontraría lo mismo.

De las tres motivaciones sociales –logro, poder y afiliación–, McClelland halló a un venezolano que está prioritariamente motivado al poder, luego a la afiliación y por último al logro.

La investigadora acotó de esta invariabilidad motivacional con el pasar del tiempo, que el venezolano, aunque no está en el mismo país de hace 15 años, sí responde de la misma manera ante los hechos que inducen su conducta:

“Eso es una explicación de por qué seguimos siendo un país subdesarrollado, porque lo que nos podría desarrollar, según el estudio de McClelland, apenas 15 % de los venezolanos en los años 70 estaban motivados al logro, y son esos emprendedores, integrados, según la categoría sociológica”.

El logro es el deseo de superación y las características de personalidad de este perfil motivacional estará más inclinado a la excelencia, responsabilidad, tenderá al éxito, al riesgo moderado, a la apreciación del futuro a mediano y largo plazo, a la fijación de metas sucesivas y la necesidad de retroalimentación constante; el poder es el deseo de influir en otros y controlarlos, de tener poder económico, estatus, prestigio, respeto, estas personas son mayormente impulsivas, autodefensivas y oportunistas; y la afiliación es el deseo de crear nexos y conexiones con otros, explica la profesora.

Para McClelland, lo ideal en una sociedad es que sus ciudadanos estén principalmente motivados al logro y que el poder y la afiliación sean motivaciones subsidiarias del logro. Es decir, que para poder desarrollarse hay que tener una cuota de poder y se tengan unas relaciones interpersonales que permitan el alcance de las metas –manifestó Fonseca– de lo contrario, las sociedades están destinadas al fracaso. “Porque ni el poder ni la afiliación van a darles la sensación de felicidad”.

Aseguró que en lo político, en lo económico, en lo social, en lo familiar y en lo educativo, el venezolano está motivado principalmente al poder, luchan por ganarse una posición: “A costa de lo que sea, incluso intimidando y creando la sensación de miedo y es algo muy visible en los modelos a seguir, lo vemos en los representantes políticos tanto de un bando como de otro”.

La motivación al poder hace que por ejemplo  –dijo la experta–  los jóvenes sigan escogiendo para estudiar carreras tradicionalmente prestigiosas, de estatus social alto, como Derecho, Medicina e Ingeniería, no buscando necesariamente su desarrollo personal, sino la obtención de una posición que le permita ganarse el respeto de otros.  “Carreras de ciencias puras como Física o Química son muy poco demandadas porque en Venezuela el campo científico tiene poca oferta laboral para estos egresados, que en su mayoría terminan siendo docentes y eso habla de un techo de realización muy bajo, para el esfuerzo que sugiere estudiar estas carreras, y por ende de una cuota de poder muy pequeña.El venezolano intenta siempre tener mayor poder de influencia y estatus”, expresó.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), Venezuela ocupa el 5to lugar en el mundo y el 2do en América Latina en matrícula universitaria. Se han creado 29 universidades en los últimos 14 años, según el Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria que han permitido, junto a la gratuidad de la educación, que cada vez más jóvenes con deseo a superarse por la vía del estudio puedan acceder.

Fonseca explicó que en gran parte los jóvenes que buscan este camino de ascenso no están buscando su autorrealización, el logro, sino el poder a través del prestigio y respeto que reciben con una titulación y el poder económico por medio de lo que esa profesión pueda generarles como ingreso.

Cuando el joven venezolano egresa de las universidades y a sus 27 años no ha obtenido lo que esperaba se desencanta, se decepciona de haber elegido ese camino para el ascenso. El camino al logro se entiende que es de mayor esfuerzo, sacrificio y espera, pero el venezolano tiene otras dos características: “Es impaciente y tiene poca tolerancia a la frustración”, reflexionó Fonseca.

Pocas instituciones en Venezuela han entendido lo que significa modelar una conducta de logro, porque eso empieza por fomentar y promover el autoconocimiento, la autovaloración, la exploración del propio perfil que le hace preguntarse al venezolano quién es, qué le hace feliz, cuáles son sus habilidades, sus fortalezas personales y por dónde le conviene más dirigir la búsqueda de la felicidad según su propia identidad.

¿Genuinamente sociales?

Se habla mucho de un venezolano afectivo, espontáneo, familiar, compadre, amigo, sociable, conversador, solidario… y eso es relativo, en opinión de la psicóloga, quien explicó que la mayoría de las veces se trata de una solidaridad circunstancial:

“Ese venezolano que en una cola o el abasto es capaz de compartir contigo su marco de referencia aunque no te conozca, al mismo tiempo no hace que eso sea algo que trascienda, eso queda allí, somos mucho del cotilleo, de ese ‘yo me relaciono con todo el mundo’, pero son relaciones que terminan en lo superficial y lo compruebas al observar las familias venezolanas: hay un alto porcentaje de disfuncionalidad”.

La sociedad venezolana es matriarcal y en algunos de los casos en donde el núcleo está completo, el poder y liderazgo recae en los hijos, o el padre no cumple su rol ni de padre ni de esposo. Fonseca dijo que se afectan los valores como la honestidad, la lealtad, el respeto, la fidelidad. “No es que no existan entre los venezolanos, sino que su definición ha cambiado”.

Para Fonseca, la motivación al poder y la redefinición de valores como el respeto (que es visto por una importante porción de venezolanos como la búsqueda de que el semejante tema y se sienta intimidado) explican solo —desde la psiquis— los altos índices de violencial. “El delincuente ahora sale a matar porque es su manera de obtener respeto, de imponerse”.

De acuerdo con la psicóloga Rosa de Abreu, “la mitad de quienes se casan en Venezuela se divorcian o separan”. Las cifras de divorcio habría que verlas con recelo en vista de que expertos coinciden en que, aunque no se llegue al paso oficial de divorciarse, la cifra de separados que se suma alcanza a la mitad de los que se casan anualmente. Esa disfuncionalidad en el hogar se ve reflejada en la manera en la que el venezolano se comporta en la calle.

“Respecto a la motivación de afiliación, los afectos profundos están distorsionados por la lucha de poder y los afectos son más circunstanciales, porque se piensa que entre más y mejor sean las relaciones con todos, más posibilidades se abren de obtener alguna cuota de poder y se mantienen si es conveniente para los objetivos de cada quien”, explicó Fonseca.

Sentirse más o menos

La poca motivación al logro del venezolano está resumida en este diagnóstico de Fonseca:

Venezuela tiene 2 tipos de ciudadanos, el que se sobrevalora y el que se subvalora.

“El que se sobrevalora es el ‘sobrado’ que cree que se las sabe todas, siempre tiene la razón, que se la da de autónomo e independiente cuando realmente no lo es porque se conecta con otros y es sociable para luego buscarlos cuando los necesita. Es ególatra, cuida mucho su apariencia física y cómo luce, le gusta mostrar lo que tiene y destacar. No hace la cola porque ‘la cola es de los tontos’, es el típico vivo criollo. Se evalúan por encima de lo que realmente son y así se presenta ante los demás”, explicó.

Está también el venezolano víctima-victimario: “Pobrecito yo, que no tuve las oportunidades que tú tuviste, a mí nadie me ayudó, nadie me toma en cuenta, todos me dejan, las cosas que me han sucedido es porque no he tenido suerte en la vida”. Son personas inseguras, con una autoestima muy baja, que al evaluarse se colocan por debajo de lo que realmente son. No tienen autocontrol.

Presión a la adaptación

Los líderes políticos, de los que el venezolano modela por ser tan visibles y estar tan centrados en la política, exponen su verdad y la imponen cuando no tiene porque ser esa la verdad de todos los venezolanos, subrayó Fonseca.

“Desde el poder, el gobierno impone su modelo que a sus seguidores los conforma y a sus opositores les causa ansiedad pero a ambos grupos los presiona a la adaptación, porque ese modelo también es algo nuevo para los afectos, en pocas palabras, el venezolano está recibiendo un ‘Esto es lo que hay, ¡adáptate!’ y todos nos tenemos que adaptar y generar el comportamiento que se nos está imponiendo. Eso redunda en la pérdida del autocontrol, esencial para la autorrealización”.

El chiste y la racionalización

Más de un apagón nacional de horas se ha “amenizado” con las ocurrencias y el humor del venezolano que, de todo, hace un chiste. Al respecto la docente explicó que aunque buscar el lado positivo en las tragedias o frente a los problemas es una actitud resiliente y sana, en el caso venezolano, se trata más bien de obnubilar los problemas con mecanismo de defensa como la “formación reactiva”.

Otro mecanismo de defensa común entre los venezolanos es la racionalización, buscarle explicación a todo, reconocer una causa o culpable que al encontrar, esa información alivie la gravedad de los problemas. Por último, usamos el mecanismo de desplazamiento para pagar la frustración de no tener lo que quiero, con otro que sí lo tenga, muy usado por delincuentes y corruptos.

¿Cómo nos podemos salvar?

Estar centrados en los problemas que preocupan a los venezolanos como la inseguridad y el alto costo de la vida invisibiliza esas iniciativas que ejemplifican cómo sí hay venezolanos motivados al logro aunque sean minoría.

“Hay cantidad de fundaciones sin fines de lucro, altruistas, que de verdad quieren ayudar y no para luego pasar una factura, si no para crear un bien. Por otra parte, pequeñas empresas están luchando en la adversidad y están mostrando capacidad de resiliencia. Este grupo de motivados al logro sabe que el camino es duro pero confía en sí mismo porque conocen sus potencialidades y sus limitaciones. Mostremos estos ejemplos”, pidió Fonseca.

Un principio para disminuir los motivados al poder, los sobrevalorados y los subvalorados puede venir de los medios de comunicación.

“Los venezolanos consumimos mucho contenido de los medios, que nos muestran crisis y desesperanza. Son los medios los que deberían empezar por darle mayor espacio a mostrar las experiencias exitosas de personas motivadas al logro. Que haya una política comunicacional educativa, que nos muestre nuestras posibilidades y que forme conductas de superación”.

Es necesario demostrar desde las instituciones y los medios que aún en las peores condiciones se puede surgir: “Cuando solo ofrezco malas noticias le quito la posibilidad a la gente de soñar y de enfrentar la realidad –no con mecanismos de defensa–, y que el venezolano se proponga hacer las cosas bien. Eso nos cambiaría a actuar para ser, y no solo para tener y poder”, concluyó.

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