En la Asamblea Nacional se roban hasta la comida

Periodista Janet Yucra, columnista del diario Notitarde y redactora de Crónica Parlamentaria.

Hace un mes, en la sede administrativa de la Asamblea Nacional (AN), conocido como el edificio de Pajaritos, hubo un curso obligatorio para empleados del Parlamento, que incluía refrigerios, debido a que se trataba de varias horas dedicadas al mejoramiento de la imagen de la institución.

A la hora del almuerzo, los organizadores del curso ordenaron que llevaran 50 empaques con la comida para igual número de asistentes. Cuando se aprestaban a consumir los alimentos, una de las organizadoras dio la mala noticia: “se robaron la comida”.

Empleados de la AN, quienes pidieron que se reserve su nombre, por temor a represalias, se quejaron ante esta cronista, porque “la escasez que hay en el Parlamento no es solamente de insumos básicos, sino de valores”.

Relatan que “los pasillos de Pajaritos se han convertido en un mercado de buhoneros, donde fácilmente te puedes encontrar a un vendedor de polvo azul para matar ratas y chiripas o señoras que ofrecen ropa y zapatos en las oficinas“.

Esto no sería tan malo, dicen los afectados, si en la AN fueran justos con todos, porque “a los empleados nos registran hasta las carteras, además de tener que marcar la huella dactilar. Pero aquí uno se consigue a cualquier persona que al parecer no tiene mayores problemas para entrar, salvo ser identificado como del proceso”.

En este sentido, esta redactora puede dar fe de que a la hora de ir a Pajaritos, a los reporteros acreditados nos buscan en una lista donde están nuestros datos y los funcionarios de seguridad deben llamar a alguien de prensa para que nos deje pasar. Esto denota que las “medidas de seguridad” no son iguales para todo el mundo.

Humillados y robados

Pero el episodio de los almuerzos no es el único, puesto que ahora los asistentes a la edificación deben tener cuidado con sus pertenencias, pues han robado dentro de las oficinas, donde se pierden carteras y celulares.

“Yo no llevo dinero y siempre cargo encima mi teléfono, porque ya me robaron y cuando fui a seguridad a poner la queja, me dijeron que eso era todos los días“, relató un empleado.

Contó que cuando se presentó el problema con la diputada María Corina Machado, “a los empleados nos registraban de arriba  abajo y a quienes llevaban su carro a los estacionamientos les obligaban a bajar los vidrios y a abrir el maletero. Más de uno se molestó y reclamó ante esta humillación”, agregó.

No obstante, cuando se quejan por los robos en las oficinas, porque hasta han llegado a hurtar objetos de los “arturitos”, en seguridad no responden.

Escasez de papel higiénico

Por otro lado, el Sindicato de Trabajadores de la AN, Sinfucan, emitió un comunicado público, quejándose por la falta de insumos básicos en la institución, que va desde la escasez de papel higiénico, hasta simples instrumentos de trabajo.

El escrito señala que “desde el 2013 estamos recibiendo quejas por deficiencia de papel higiénico, servilletas, agua potable, insumos de limpieza y otros. También existen reclamos sobre la ergonomía adecuada en los puestos de trabajo que afectan la salud“.

La queja llega hasta el colmo de relatar cómo en algunas oportunidades los trabajadores “han tenido que irse a sus casas, a hacer sus necesidades“, porque no hay papel en los baños y si hay servilletas, las comparten entre varios.

También falta papel para impresoras, tintas, lápices y otros elementos que facilitan el trabajo.  Sinfucan advierte que esta situación significa “el deterioro lento del compromiso de los trabajadores con nuestra querida institución“.

“Medio sanduchito”

En las comisiones, relatan que se hace muy difícil trabajar, sobre todo de miércoles a jueves, porque “se acaban los botellones de agua potable y en varias ocasiones no hay ni cómo limpiar los baños, porque no llegan productos que se requieren para ello”.

Y ni qué decir de la falta de material para sacar copias y demás insumos”. Incluso, “hemos llegado al colmo de llevar nuestros propios productos de limpieza y guardarlos en lugares secretos, donde nadie los encuentre”, agregan.

“A veces, cuando hay trabajo en las comisiones, se acostumbra repartir frutas, pastas secas y en algunos casos sanduches. Sin embargo, la crisis ha llegado al punto de que los panes se dividen en dos y te toca la mitad, seas diputado o ministro“, informaron.

Esto ocurre, a pesar de que varios diputados han tenido que poner de su dinero para comprar alimentos e insumos, o los trabajadores hacen “vacas” para comprar café.

Los parlamentarios también han tenido que comprar pintura, para acondicionar sus oficinas.

Los temores de Maduro

Fernando Ochoa Antich, El Universal

Numerosos venezolanos, casi todos provenientes de partidos cercanos a la izquierda democrática, se hicieron la ilusión de que Nicolás Maduro sería capaz de reorientar a Venezuela, superando los muy graves errores políticos y económicos cometidos por Hugo Chávez.

En verdad, yo no pensé de esa manera.

Nicolás Maduro me pareció una personalidad demasiado débil para poder enfrentar una situación tan compleja como la que tiene su gobierno. El problema comenzó desde el principio.

La decisión tomada por Hugo Chávez tenía que crear en amplios sectores del chavismo, particularmente en los militares comprometidos el 4 de febrero, una importante resistencia. De todas maneras, era tan fuerte la autoridad de Chávez que nadie se atrevió a oponerse a dicha candidatura.

Allí estuvo el primer error de Nicolás Maduro. No aprovechar el inicio de su gobierno para imponer su autoridad. Lamentablemente, no lo logró.

Era imposible resolver tan delicado asunto sin lograr fortalecer una propia personalidad política.

Creer que el prestigio de Chávez iba a ser suficiente, fue el segundo gran error.

Era necesario, lanzar con audacia un conjunto de acciones que le permitieran fortalecerse para poder controlar los dos grupos que, con certeza, lo iban adversar: el chavismo radical y los militares del 4 de febrero.

Tuvo varias oportunidades para hacerlo. Una casi de inmediato: ordenar la libertad de los presos políticos y el regreso de los exiliados. Sólo esta medida le hubiera dado un propio perfil político que lo habría ayudado a obtener una mayor votación en las elecciones presidenciales.

En caso de que hubiera habido que recontar los votos, debió aceptar la propuesta de Capriles. De todas maneras, logró superar la crisis y triunfar en las elecciones municipales. Era otra oportunidad para fortalecer su autoridad. También la dejó pasar…

Lamentablemente, en política las oportunidades siempre son escasas.

La crisis empezó a manifestarse con particular intensidad: marcada inflación, grave inseguridad y  escasez de productos de primera necesidad. Era imposible que tan delicada situación económica no tuviera una expresión política. El descontento se manifestó a través de un sector particularmente combativo: los estudiantes.

La manifestación del 12 de febrero fue un primer estallido, que pudo haberse solucionado con cierta facilidad: liberar a los primeros estudiantes detenidos en San Cristóbal, antes de la manifestación en Caracas, era una medida imprescindible si en realidad se deseaba superar, sin mayores complicaciones, el enfrentamiento estudiantil. Sorprendentemente, se hizo lo contrario.

Un agente del Sebin asesinó a dos estudiantes. Las razones no son fáciles de explicar, pero claramente se percibe algún interés político…

A partir de ese momento, el estallido popular fue tomando particular fuerza. El camino inicial del gobierno fue la represión. Los estudiantes mantuvieron con firmeza su posición.

El número de muertos, heridos torturados y detenidos alcanzó tal gravedad que obligó al gobierno a proponer un diálogo con la oposición. El gobierno propuso, como garantes de dicho diálogo, a la Unión de  Naciones Suramericanas. La MUD aceptó el diálogo, con ciertas condiciones: un representante del Vaticano como mediador y el reconocimiento por parte del gobierno de cuatro puntos como base de la discusión.

Esos puntos fueron:  “una ley de Amnistía para todos los detenidos políticos, una Comisión de la Verdad realmente independiente, un acuerdo que permitiera la renovación equilibrada de los poderes públicos y la desmovilización y desarme de los grupos paramilitares, mal denominados colectivos, con verificación internacional”.

La negociación, como era de esperarse, no ha avanzado ni un ápice. Los grupos radicales del chavismo, liderados por Diosdado Cabello, han hecho lo imposible por sabotear las conversaciones.

La mejor demostración fue la reciente designación por el Parlamento de una Comisión de la Verdad sólo constituida por representantes oficialistas. Este desafío del chavismo radical tiene que ser analizado. Además, hay otro elemento: el incremento de las acciones represivas dirigidas por el general Miguel Rodríguez Torres.

¿Estas dos acciones están respaldadas por Nicolás Maduro o por el contrario es una clara demostración del rechazo del sector radical del chavismo a su política de diálogo?

Estoy convencido que Maduro prefiere aceptar la imposición del chavismo radical que enfrentar una crisis interna de consecuencias impredecibles. Naturalmente, a la MUD no le quedó otra alternativa que suspender las conversaciones. Los garantes tienen la última palabra.

Las milicias populares: el brazo armado de la revolución chavista

Fabiola Sánchez

La barriada popular del 23 de Enero fue concebida hace más de cinco décadas pensando en una ciudad moderna, resultado de una minuciosa planeación. Pero hoy exhibe una de las caras más violentas de la capital, donde grupos armados pro oficialistas detentan el control territorial y mantienen sometidos y aterrorizados a sus habitantes.

Con el apoyo de cámaras de circuito cerrado instaladas en lo alto de los postes de luz, estas milicias populares vigilan a todo el que entra y sale en las aproximadamente diez cuadras que controlan.

En las noches, hombres armados y encapuchados montan retenes en los que, a punta de pistola, obligan a los habitantes a identificarse e impiden el paso de personas que no viven en la comunidad.

En el barrio ellos son la ley. La policía no se aventura a entrar a la zona y cuando deciden hacerlo deben notificar a este poder armado de facto.

Uno de los murales más emblemáticos de ese grupo, lo constituye una Virgen que lleva cargado a un niño Jesús que porta un fusil y que está junto a un Jesucristo también armado.

A un lado de una empinada y estrecha calle, casi diagonal a un centro de meteorología de la Armada venezolana, se levanta una inmensa reja pintada de rojo y blanco que marca la entrada a la edificación llamada “Bloque Siete”, donde se concentran los miembros de “La Piedrita”.

Detrás de la reja puede observarse a un grupo de delgados jóvenes, vestidos con franelas azules y gorras verde oliva, quienes, como disciplinados vigilantes, resguardan la entrada y limitan el acceso de cualquier visitante.

“Le agradecemos que se retiren pacíficamente”, dijo uno de los jóvenes del grupo, que no quiso dar su nombre, y que salió frente a la reja para impedir el paso del equipo periodístico de The Associated Press que visitó el lugar.

“Desde los mandos altos hasta los bajos nadie va a dar declaraciones porque van a tergiversar la información”.

Mientras uno de los miembros del grupo conversaba con la reportera, otro apuntó con una pistola 9 milímetros al fotógrafo y al conductor que lo transportaba. El hombre armado los obligó a bajarse de la motocicleta y posteriormente exigió al equipo periodístico abandonar el lugar.

“Después de las 10, 11 de la noche uno no puede estar por la zona del 23 de Enero porque hay momentos en los que se montan alcabalas (puntos de control) y paran los vehículos”, dijo el dirigente vecinal Manuel Mir, quien ha vivido durante 52 años en el populoso barrio. “El que no es de la zona lo bajan. Son encapuchados y gentes armadas. Yo no puedo concebir que a nosotros como comunidad nos garantice la seguridad grupos de esta naturaleza donde inclusive en algunos casos… son elementos que también cometen actos delictivos como tal”.

“Estos grupos armados de forma ilegal pudieran en algún momento dado utilizar esas armas para cometer delitos o para desestabilizar cualquier gobierno”, dijo Luis Izquiel, quien dirige el comité de seguridad de la MUD.

Miguel Dao

Pero el ex director de la policía judicial, Miguel Dao, la policía ya no puede contener sus acciones. “Hoy por hoy yo pienso que estos grupos irregulares están mejor armados que las policías”, dijo.

Chávez, durante los más de 13 años que estuvo en el poder, dijo reiteradamente que la revolución socialista es “pacífica pero armada”.

“Nuestra revolución es pacífica, pero también es armada y si la burguesía arremetiera de nuevo con las armas, nosotros sacaríamos también nuestras armas, que no lo olviden”, dijo el mandatario en un discurso que ofreció en agosto de 2010 durante una visita al 23 de Enero.

Chávez también creó una milicia bolivariana que la integran decenas de miles de voluntarios que participan en campamentos de formación militar dirigidos por oficiales del Ejército. Pero las milicias populares del 23 de Enero, sin embargo, tienen vínculos más flexibles y difusos con el gobierno.

Milicias como los “Tupamaros” y “La Piedrita” han existido por años al oeste de Caracas, aún antes de que Chávez asumiera el poder en 1999. Pero desde entonces, se han expandido y han surgido nuevos grupos.

Los barrios que las albergan se encuentran a menos de 1 kilómetro y medio del palacio presidencial, y son controlados por más de una docena de estas milicias que se autodenominan como “colectivos” y llevan nombres como “Alexis Vive” y “Carapaica”.

En el 23 de Enero operan más de una decena de milicias que se reparten el control de la barriada por áreas y edificios. Políticos opositores estiman que se trata de unas 300 personas, en su mayoría jóvenes oriundos del lugar.

Se declaran abiertas defensoras del proyecto político de Chávez y realizan actividades de servicio comunitario como pintar edificaciones, reparar ascensores y hacer labores de limpieza en sus áreas de influencia.

Desde pistolas hasta armas largas, han exhibido algunos de sus miembros en diversas apariciones públicas, vídeos y fotografías que se han difundido en internet.

Fermín Marmol García

El abogado criminalista Fermín Marmol García refiere un informe de Amnistía Internacional que dice que “en Venezuela es fácil conseguir una arma de fuego y municiones”, y agregó que el mismo estudio reconoce que el país superó la barrera de los “12 millones de armas de fuego ilegales”.

“En Venezuela no hay un real control de las armas de fuego que pertenecen a nuestro parque público”, dijo Marmol García. Agregó que existe el riesgo de que militares o policías “de muy baja moral” hayan “distraído” armas del Estado hacia estos grupos.

Agregó que las autoridades policiales manejan la hipótesis de que a través de los cargamentos de droga que pasan por Venezuela, que es considerada por la ONU como uno de los 20 países con mayor tránsito de estupefacientes, podrían estar ingresando armas ilegales que terminan en manos de delincuentes o de estos grupos.

Tampoco existe certeza acerca de la estructura de las milicias y si reciben algún tipo de entrenamiento para manipular armas.

Valentín Santana

El líder del grupo “La Piedrita”, Valentín Santana, quien tiene órdenes de captura pendientes que datan del 2007, 2008 y 2009 por homicidio y lesiones personales, apareció a inicios del 2013 en una transmisión de Venezolana de Televisión (VTV) desde la Iglesia San Pedro Claver de la barriada del 23 de Enero.

La difusión del discurso de Santana, desató las críticas de la oposición que acusa al gobierno de protegerlos y de darles financiamiento y armas. Las autoridades han rechazado los señalamientos.

Sus acciones no se limitan al perímetro del 23 de enero. En más de una ocasión han atacado con explosivos de bajo poder y bombas lacrimógenas, en nombre de la “revolución”, a medios de comunicación críticos del gobierno, la Nunciatura Apostólica, la sede de la mayor organización empresarial del país, y han amenazado públicamente de muerte a algunos adversarios del gobierno.

Tras la muerte en marzo de 2011 de Lina Ron, quien era considerada su líder y principal vínculo con el oficialismo, estas milicias bajaron su perfil, pero en meses recientes “La Piedrita”, resurgió de nuevo protagonizando violentos incidentes en un sector del 23 de Enero. También hicieron visitas amenazantes a medios de comunicación.

A inicios del 2012, la divulgación de unas fotografías en las que aparecían niños portando fusiles de asalto durante un acto organizado por “La Piedrita” en el barrio, suscitó una fuerte polémica en el país y una lluvia de críticas que -entonces- llevaron a Chávez a desmarcarse públicamente de esa organización y exigir acciones contra ellos.

La exhortación presidencial fue acatada de inmediato por la Fiscalía General y autoridades policiales que abrieron procesos judiciales a dos de sus integrantes por el incidente de los niños armados, y detuvieron a otros tres miembros del grupo señalados por el homicidio de un guardaespalda oficial.

El sacerdote católico José Gregorio Carias, párroco de la Iglesia San Pedro Claver, admitió que algunas de estas milicias recurren a la “violencia”; dijo que, por ejemplo, “La Piedrita” realiza un intenso trabajo social a favor de su comunidad y mantiene un comedor popular donde se da diariamente alimentos gratis a unas 40 personas pobres.

Esa dualidad que mantienen grupos como “La Piedrita” en su accionar es considerada por los analistas como un comportamiento típico de estas organizaciones que buscan ganar respaldo dentro del área que controlan y al mismo tiempo mantener sometidos a sus habitantes por la fuerza.

Rafael Nieto

El analista colombiano de política y seguridad, Rafael Nieto, descartó que las milicias del 23 de Enero puedan considerarse como organizaciones paramilitares tal como las que surgieron en Colombia o Centroamérica, e indicó que por el propósito que persiguen son “colectivos que de manera paraestatal… cumplen funciones de represión”.

“Tienen el propósito de asegurar un régimen político o reprimir a los contradictorios y a los disidentes o en este caso defender un propósito revolucionario”, acotó.

Nieto dijo a la AP que considerando la suerte que han corrido organizaciones similares en la región no duda que estos “colectivos” terminen cometiendo “violaciones de derechos humanos” y “abusos de la fuerza en las comunidades en las cuales operan”.

“El hecho de que sean parainstitucionales genera ausencia de control… mala formación, mal entrenamiento y ausencia de disciplina. Entonces terminan involucrados en actividades criminales”.

Venezuela encabeza la lista de los 10 países más miserables del mundo

El Universal, México

¿Qué hace miserable a un país? ¿Tiene que ver con su forma de gobierno, las políticas económicas que aplican sus mandatarios, la violencia que ejercen contra la población?

En el estudio “Índice de Miseria Internacional” realizado por el Instituto Cato, se demuestra que Venezuela es el país más miserable a nivel mundial.

De acuerdo con información del sitio businessinsider.com, la fórmula utilizada para obtener el índice, aplicada a 90 naciones, es la suma de la tasa de desempleo, la tasa de interés y la tasa de inflación, y resta el porcentaje de cambio en el PIB real per cápita. Es decir, es un análisis sumamente completo, pero basado sobre todo en las percepciones económicas de los ciudadanos de cada país.

Según Steve Hanke, profesor de economía aplicada en la Universidad Johns Hopkins, el índice también está íntimamente relacionado con la perspectiva que tienen los habitantes de una población sobre sus mandatarios y para nadie es secreto que Venezuela, vive una crisis por las circunstancias del modelo “socialista” en que vive, así lo indica el portal es.panampost.com

Datos del sitio eiu.com, señalan que es la primera vez que este estudio se lleva a cabo fuera de un país que no sea Estados Unidos, lugar en que se inició en 1930 por Arthur Khon, un economista que trabajó en el Consejo de Asesores Económicos del Presidente, cuando el primer mandatario era Lydon Jonhnson, pero en ese entonces la fórmula era a suma de la inflación y la tasa de desempleo.

En el análisis, cada país tiene un factor predominante debido al que su miseria es mayor, en algunos casos es la inflación, en otros el desempleo o en otros la tasa de interés. Japón se coloca como el país menos miserable del conteo…

Este es el índice:

Venezuela: Nivel de Miseria: 79.4. La razón: La inflación. Un índice que supera el 60%, debido al evidente fracaso del modelo económico. Las carencias han causado que los jóvenes salgan a protestar contra la pobreza además de la violencia que priva en el país.

Irán: Nivel de Miseria: 61.6. La razón: La inflación, que se encuentra por arriba del 40%. Irán ha sido llamado como el país en donde los precios cambian a diario. Esto aunado a la situación que mantiene con Rusia, un diálogo necesario para la paz en Siria.

Serbia: Nivel de miseria: 44.8. La razón: El desempleo. Desde hace un par de años, Serbia vive una crisis de desempleo que supera los niveles del 25%, con una población de más de 7.1 millones de habitantes.

Argentina: Nivel de Miseria: 43.1. La razón: La inflación, ubicada en un 17% sobre el precio del dólar. Hace unos años, el país sufrió una de las mayores crisis económicas que ha vivido alguna nación latinoamericana, un duro golpe del cual aún no se levanta del todo.

Jamaica: Nivel de Miseria: 42.3 La razón: La alta tasa de interés ubicada en 6.4%. Jamaica es un país con graves carencias en el cual más del 40% de la población se encuentra en condiciones de pobreza, además de un alto nivel de incidencia en el VIH –SIDA

Egipto: Nivel de Miseria: 38.1. La razón: El desempleo. Un país que está en construcción luego de la Primavera Árabe, que dejó miles de muertos; un gobierno que ha sido acusado de represor y la idea de que uno de cada 5 egipcios vive con menos de dos dólares al día.

España: Nivel de Miseria: 37.6. La razón: El desempleo. Al gobierno del presidente Mariano Rajoy le cayó un balde de agua fría, cuando los jóvenes tomaron las calles para protestar porque más de 5.925.359 no tienen trabajo. Una larga crisis económica con efecto devastador.

Sudáfrica: Nivel de Miseria: 37.4. La razón de la miseria: El desempleo. Sudáfrica tiene muchos problemas: es uno de los países más corruptos, más pobres, más desiguales, más violentos. Su tasa de desempleo supera el 24.9% de la población.

Brasil: Nivel de Miseria: 37.3. La razón de miseria: La tasa de interés, calculada en 11%. Brasil se prepara para recibir al mundo entero al ser la sede del Mundial de Futbol en 2014, pero leyendas como que el gobierno está exterminando a indigentes, hacen sombra.

Grecia: Nivel de miseria: 36.4. La razón de miseria: El desempleo. Grecia vive una fuerte crisis económica que la ha mantenido lejos de la zona Euro, puesto que para financiar el déficit público, la deuda pública creció. Se calcula que 1.317.848 no tienen empleo.

El método Rodríguez Torres

Alberto Barrera Tyszka

La realidad es un exceso. Vivimos sobre-indignados. Ahora, producimos más asombros que barriles de petróleo.

Me senté a revisar las noticias para escribir y, nuevamente, me encontré con una gran oferta de oportunidades para entrar en contacto con la locura. Una posibilidad era escribir sobre la confirmación que esta semana nos ha dado el Banco Central sobre la escasez de 50% en insumos médicos.

En una protesta en el Hospital Periférico de Coche, una cirujana alzó una pancarta que decía: “No solo las balas matan, la falta de medicinas también”.

¿Qué pasó con el pomposo “Estado Mayor para la Salud” que se instaló en agosto del año pasado? ¿Cuántas jeringas caben en el presupuesto de Pastor Maldonado?

Otra posibilidad era escribir sobre la nueva campaña publicitaria del presidente. “Maduro es pueblo”, reza el eslogan. Y ahí está él, sonriente, siempre con una chaquetica que casi nadie se pone, donde parece un oso grande vestido de astroboy bolivariano, jugando beisbol, jugando a abrazar a una viejita, jugando a llevar un casco de obrero… Es una campaña que, sobre todo, delata su carencia.

Es la lógica de la publicidad y del mercado. Si Maduro fuera pueblo, no necesitaría gritarlo.

Estaba todavía revisando más posibilidades cuando, de pronto, llegó la madrugada del jueves. Los más de 900 oficiales de la policía y de la Guardia Nacional Bolivariana terminaron desalojando también cualquier otra noticia y ocupando firmemente el lugar de la irritación. Casi 250 detenidos, en su inmensa mayoría jóvenes y estudiantes. Se trata de una invasión militar al espacio y a la experiencia ciudadana.

Es un secuestro. Un ejercicio de poder que solo puede entenderse como una provocación, como un intento de sabotear el diálogo, de desviar la atención de la crisis económica y pretender mantener la calle como un espectáculo. Cualquier interpretación es posible. Pero la rabia y la impotencia no cambian. Las heridas siguen intactas.

Polonio, al referirse a Hamlet, decía que “hay un método en su locura”. Así ocurre. En medio de la generalizada sensación de descontrol, de marea sin rumbo, que envuelve al país, el gobierno ha terminado encontrando en la aplicación de la fuerza su método.

Han institucionalizado la represión. Gradualmente, la han ido convirtiendo en un procedimiento legítimo y legal. Quieren que aceptemos que la represión es lo natural. Que la fuerza bruta es la mejor inteligencia que pueden ofrecernos.

“Sería bien bueno que la gente pudiera ver cómo reprimían las manifestaciones, cómo trataban al pueblo, a los viejitos le metían la ballena, a los estudiantes… Recuerdo que a un estudiante le tiraron un autobús encima, y eran estudiantes de bachillerato.

Había un movimiento, una efervescencia popular en la calle y, bueno, la decisión que tomó un gobierno de espaldas al pueblo fue reprimirlo”. Esto no lo dijo CNN. No lo declaró Henri Falcón. Esto es una frase de Diosdado Cabello, recordando los sucesos de 1992, criticando cómo era el gobierno de aquel entonces.

Ahora el discurso es distinto. Ahora que están del lado del poder y de sus privilegios, la represión no es una máquina endemoniada sino un noble sistema de defensa.

En el zócalo de la ciudad de México, frente al Palacio Nacional, es muy común ver diferentes carpas levantadas, improvisados refugios de manifestantes que, por diversas razones, permanecen durante días, a veces semanas y meses, en “plantón”.

Si Nicolás Maduro gobernara en ese país, la próxima madrugada disponible pondría a un enorme contingente de oficiales a invadir la plaza, repartiendo golpes y patadas, deshaciendo la protesta pacífica y llevándose detenido a todo el mundo.

El ministro Rodríguez Torres, al declarar, se refirió al “bochorno social”, a la “la promiscuidad” que supuestamente se vivía en los campamentos de los estudiantes. Ese es su método. Reprimirnos es su forma de salvarnos.

Descenso a la Barbarie

Pedro Rojas Alcalá, fue un excelente estudiante de periodismo en la Universidad Católica Andrés Bello – Guayana. Su agudo sentido del entorno y preciso uso del lenguaje, lo convirtieron en un periodista de altos quilates, que maneja la pluma con excelencia. Las siguientes líneas muestran la áspera estepa en que se ha convertido Venezuela, la realidad del óxido diario que se carcome a un país otrora paraíso de propios y visitantes. Las siguientes líneas muestran un “Así somos y aquí estamos”. Sala de Información.

 

Pedro Rojas Alcalá, blog “Vainas Literarias”

 

 

 

 “No vamos a sacarlos de la pobreza para que se vuelvan escuálidos”                             Héctor Rodríguez, Ministro para la Educación de Venezuela

Para la segunda mitad del siglo XX, Venezuela era uno de esos países que aunque presentaba problemas, se preciaba de contar con una de las sociedades más respetuosas, avanzadas, abiertas y educadas del continente.

Calles limpias, tráfico ordenado, abundancia y libertades eran (además de las misses) los puntos de referencia en el extranjero, hecho que estimuló la llegada de miles de inmigrantes de España, Italia o Portugal (entre otros países), o en años más recientes, de Chile o Argentina, debido a las vicisitudes políticas existentes en el Cono Sur.

Aunque ese orden y decencia se menoscabaron en los 70, 80 y 90, debido a malos gobiernos y decisiones equivocadas, todavía en la memoria colectiva mundial, Venezuela seguía siendo un país tranquilo (por lo menos hasta el 4F) y en donde era posible vivir.

Sí, había inseguridad, desempleo, pobreza, pero el tejido social aún estaba en buena forma, sólo golpeado por malos ejemplos producto de nuestra maldita “viveza criolla” como orinar en la vía pública, circular por el hombrillo, tirar basura en la calle, robarse insumos o estacionarse en zonas de personas con capacidades diferentes.

Pese a eso, todavía en la calle imperaban mayoritariamente los valores, el respeto, el saber que como sociedad teníamos derechos y deberes, y que situaciones que afectaran socialmente nuestra integridad física o moral por el bien de otros eran sólo casos de barbarie y de lo que se debía rechazar. Era una sociedad donde no nos faltaba nada, donde todo servía, y donde podíamos elegir nuestro futuro.

Pero, si eso lo teníamos claro, ¿qué pasó con nosotros? ¿Qué hizo que cambiáramos de forma tan abrupta y negativa para ser hoy una sociedad donde todo se perdió?

Welcome to the jungle

A lo largo de estos tres lustros hemos ido cayendo poco a poco en nuestra calidad social. Lo inverosímil pasó a ser cotidiano, lo absurdo pasó a ser regla. La injusticia pasó a ser Ley.

Hechos que han causado consternación y repudio, como aquella vez en Plaza Altamira en 2003, cuando tras ser tomada por afectos al oficialismo (guiados por José Vicente Rangel y el entonces chavista Ismael García), se profanó y rayó una efigie de una Virgen ubicada en ese espacio público.

De hecho uno de los “individuos” salió en cámara simulando actos lascivos al cuerpo quebrado de la religiosa, para festín de los presentes.

¿Sería que ese tipo no tuvo madre que le dijera que eso no se hace?

¿Lo habrán recibido con felicitaciones cuando volvió a su casa?

Hechos como el derrocamiento de la estatua ancestral de Cristóbal Colón en el Paseo homónimo en 2004.

Los también seguidores del oficialismo creyeron que con derribar la estatua de un tipo que lleva muerto siglos, se iba a remediar si explotó o no a los aborígenes que consiguió.

Lo mismo pasa en Buenos Aires, donde todos los años se raya la “Torre de los Ingleses” por el reconcomio malvinense, como si eso fuese a devolver el archipiélago a manos argentinas.

Estos sucesos comenzaron poco a poco a menoscabar la esencia amistosa del venezolano. A hacernos más duros, menos amables, más vinculados con actos semejantes.

Y eso se ve en el día a día.

Vas a una tienda o lugar público, dices los Buenos Días, y nada, cero respuestas.

Pides algo por favor y te voltean la cara como diciendo “¡coño éste sí ladilla!”.

Ya no damos paso a los mayores, ya no cedemos puesto en los autobuses, ya no ayudamos a quien está accidentado en la vía por flojera o por temor a un robo o secuestro.

Otro tema es la alimentación. Venezuela fue hasta hace unos años un país exportador.

Buen café, buen ron, excelente chocolate, leche de calidad. Los productos alimenticios llegaban a otras fronteras. Ahora los supermercados dan lástima.

Antes se podía elegir el de gusto o preferencia. Ahora hay que ir a cinco, a ver si se consiguen los insumos básicos como azúcar, papel sanitario, leche, arroz, o Harina Pan, ésta última esencial para las arepas.

Los fines de semana ya no son para descansar, sino para hacer tour por varios supermercados o abastos para lograr la meta de abastecerse. Hay gente que hasta hace selfies si consigue harina y otra que llega a los puños para garantizar que el paquete de papel sanitario vaya a su casa.

Cuando pensábamos que ver números en brazos era como recuerdo de los aciagos días de la Alemania Nazi, ahora resulta que los venezolanos tenemos que portar un guarismo en el brazo, para entrar a un supermercado.

Resultó al final que la idea de marcar gente de Hitler tuvo auge en Venezuela, y de parte de sus opuestos ideológicos. ¿Será que Venezuela es un 4to Reich?

Además, y gracias al sempiterno “Gran Hermano” Fidel, resulta que el régimen de Maduro se enorgullece de lanzar tarjetas de abastecimiento, versión criolla de las libretas de racionamiento cubanas, las cuales mantienen a la isla bajo una dieta forzada e insuficiente, pero que no se compara con la frugalidad de la que disfrutan los cagalitrosos tripulantes del “Granma”.

Llegamos a un punto tan bajo que ahora somos capaces de descuartizar en plena carretera a una vaca que tuvo el infortunio de ir en un vehículo volcado.

Las imágenes de la gente desmembrando al animal con desesperación dan señal o del hambre existente, o de la falta de valores y la necesidad de adueñarse de lo ajeno sin respeto.

Ni qué decir del caso Daka, donde se sacó lo más bajo de cada ser para agarrar lo que hubiera. No importa si se vivía en un rancho, si fallaba la luz, si no había trabajo, con esa tele LED ahora sí estaba todo bien, sobre todo para el venidero Mundial en Brasil.

¿Cuándo en la vida nuestra tierra tenía que haber pasado por semejante situación? ¿Cómo carrizo pasamos de ser un exportador a ser una nación donde no hay nada? ¿Cómo permitimos que eso pasara?

Antes la gente pedía regalos, equipos electrónicos o ropa para cumpleaños o aniversarios. Ahora nos contentamos si nos regalan azúcar o algún producto escaso.

Restringir es la meta

Venezuela en otras épocas, y debido a su posición geográfica, fue el destino predilecto de muchos dignatarios y turistas. Artistas y figuras como Louis Armstrong, Queen o Neil Armstrong vinieron a nuestra tierra, y para nosotros era normal que Viasa estuviera a la par de otras como KLM o Lufthansa.

Hoy, la mayoría de las líneas se ha ido. Caracas ya no es visitado por figuras de renombre, salvo uno que otro actor, o los siempre hambrientos de plata reggaetoneros. Muchas operaciones se han cambiado a países vecinos. Conviasa no es ni la cuarta parte de lo que fue Viasa (por cierto, seguimos esperando la explicación de por qué se cayó uno de sus aviones cerca de Sidor), y ahora los venezolanos tenemos menos opciones para salir o entrar a nuestra tierra cuando antes podíamos elegir.

Los servicios públicos

Un Metro de Caracas que siempre fue limpio, neutral en política, eficiente y ordenado dio paso a uno donde se vela más por el socialismo ridículo, donde los vagones chocan, donde los trenes no alcanzan, y donde no hay casi inversión. En las estaciones (y ya bajo tierra) te roban ante la mirada tranquila de la gente y si es hora pico, te aplastarán para quitarte tu chance de subirte.

Hay incendios en el país, y la Venezuela “potencia” los apaga con baldes y tobos, porque no hay camiones. Los nuevos venezolanos, los que llegan a este mundo, en lugar de hacerlo en instalaciones limpias y decentes, lo hacen en el nuevo estilo socialista: una caja de zapatos o en el suelo.

Nuestro país con su potencial hidroeléctrico era capaz de suministrar energía a sus vecinos, y ahora perdimos también el derecho a una electricidad decente. Apagones continuos y largos, subidas de voltaje que dañan nuestros enseres, y altas tarifas, quizás para pagar los cursitos de socialismo y guerra asimétrica que hacen en Corpoelec.

En el Estado Bolívar por ejemplo, el “Gobernador” Rangel Gómez, el mismo que pidió cacao el 12 de abril de 2002, prometió agua cristalina “para tu regadera”.

¿La realidad? Agua con tono marrón, con presencia de tierra y otros elementos, a lo cual cuestionó alegremente que cuál era el problema.

Antes se decretaban Parques Nacionales, Monumentos Naturales y zonas protegidas. Se construían museos, se hacía nueva infraestructura. Hoy nada de eso. No ha habido parques nuevos, y los ya existentes se entregaron al abandono.

La Plaza del Agua o Ecomuseo del Caroní en Puerto Ordaz. Un espacio que visité tantas veces, lleno de arte, cultura, limpieza y belleza, hoy es un mamotreto sucio, desolado, inseguro y que sólo muestra como nuevo el grupo de afichitos de Chávez y Maduro, mientras se cae a pedazos.

En la época de nuestros padres, podías con tu sueldo comprar casa, carro y otros beneficios. Hoy el Bolívar “Fuerte”, tiene la misma fuerza que el talco, y se necesitan varios sueldos mínimos para comprarte una miserable hamburguesa.

Guayana era una zona de un potencial enorme. Hierro, bauxita, oro, carbón, sílice, y empresas para convertirlos en productos exportables. ¿Hoy qué hay? Empresas destruidas, con nóminas triplicadas y cero inversiones. Sidor, que llegó en 2007 a producir 4.2 millones de toneladas, hoy sólo produce lástima. Alcasa no produce nada. Venalum anda Venalumbrada porque no tiene futuro propio.

Perdimos Orinoco Iron, Agroisleña, Owens Illinois, Diana, Los Andes, Electricidad de Caracas, para dar paso a empresas mediocres que no generan desarrollo y que dan vergüenza. ¿Quiere construir una casa? Pues antes que teníamos todo ahora ya no tenemos ni cabillas, ni cemento ni bloques.

Teníamos medios de comunicación independientes, variados, de calidad. Hoy, RCTV no existe, Venevisión se arrodilló, y Globovisión es la analogía perfecta de un supermercado actual: desaparecen sus mejores productos y se nota la ausencia.

TVes no sirve para nada, con sus novelas “reales” basadas en que todo funciona, y con un rating que sólo será porque lo ven en casa del llorón de Winston Vallenilla.

Todo lo anterior ha dado pie a protestas y marchas en todo el país. Pero Venezuela es tan al revés, que la policía y la Guardia Nacional se despliegan para atacar al inocente, al desarmado, mientras grupos armados a favor del gobierno andan libres y tranquilazos, destruyendo hogares y acabando con la vida de civiles, como Geraldine Moreno.

Venezuela está plagada de guerrilla de las FARC y ELN, de garimpeiros, de paramilitares, de hampa común y organizada, pero los huéspedes de las cárceles son estudiantes universitarios.

Simonovis tiene 10 años preso, Leopoldo lleva 70 días aproximadamente.

Scarano va por el mismo camino.

¿Hemos hecho algo? No. Porque también perdimos el asombro.

Highway to Hell

Al igual que la canción de AC/DC, los venezolanos vamos directo a un infierno cada vez más cercano. Perdimos nuestra variedad alimenticia, nuestra decencia, nuestras libertades, nuestros derechos, nuestro respeto, nuestro deber ser.

De lo que fuimos queda muy poco. De esa cultura y país amigo, sólo quedan retazos dispersos por la geografía, cubiertos en el lodo de lo que nosotros mismos permitimos. De ese país próspero que atrajo tantos científicos y artistas, sólo queda un cascarón vacío, que cruje lentamente mientras Maduro y Cilia bailan en medio de la matazón estudiantil.

¿Es recuperable Venezuela? Por supuesto. Si Japón soportó dos bombas atómicas, ¿por qué no podemos nosotros superar a dos ignorantes atómicos en 15 años?

Tenemos que despertar, exigir lo nuestro, retornar a ese estándar de calidad y excelencia al que siempre estuvimos acostumbrados.

No dejarnos sobornar con ideas rancias de “soberanía alimentaria” que nos hacen ir a cinco abastos. Ni mucho menos con libritos de colegio donde ahora Bolívar le cuida el perrito a Chávez.

Somos demasiado arrechos para seguir soportando esta vaina. ¡Es hora de despertar!