El escándalo de La Venezolana

Sebastiana Barráez, Quinto Día, y Roberto Deniz y Joseph Poliszuk, El Universal

La Venezolana es una concesionaria creada hace un año, en marzo 2013, según se revela en el blog la-tabla.

Su capital: Bs. 300 mil. Sede: un apartamento en el piso 5 del edificio Motatán de La Rosaleda, San Antonio del estado Miranda. Los socios no aportaron nada en efectivo, sólo inventario de bienes.

Ellos eran: José Ramón Briceño (49 años) y Yesnel Néstor Aceituno (20 años)  quien es jugador de basquetbol en Panteras de Miranda.

Siete meses después eran la gran revelación en Autoshow 2013.

En diciembre cambian de socios. Sale Aceituno y entra Jhon Wilmer Quiroz y la abogado de 24 años Angelis Gibelli Quiroz (en otros aparece como Gutiérrez Subero), quienes asumen el 75 % de las acciones; la directora de Finanzas es: Neisa Castellanos.

La Venezolana tiene sus oficinas en un galpón del km 9 de la carretera Panamericana.

“Allí habían muchos militares, incluso los encargados de organizar a la gente por si había reclamos”.

¿Quién es?

El presidente de la empresa es Jhon Wilmer Quiroz Fonnegra, quien habría metido sus manitos en otros dos casos donde más de uno salió engañado. Pero el abogado de Quiroz es un hombre habilidoso que siempre ha logrado sacarlo airoso.

El 3 de junio 2003 Jhon Wilmer Quiroz Fonnegra llegó al Tribunal primero civil de Apure, cuando tenía 34 años de edad,  y dijo que él dizque nació el 9 de febrero de 1969 en San Juan, municipio Páez del estado Apure. Agregó que sus padres eran Eliecer Quiroz y Virgelina Fonnegra (quien vivía en Antioquia, Colombia, y desapareció en 1986), a quienes dizque se les olvidó asentarlo en la prefectura cuando nació.

El juez notificó, el 17 de junio, al fiscal tercero.

El 4 de agosto Jhon Wilmer presentó a los testigos Carmen Morelia Cravo Ortiz y Verónica Castro. Y es así como el 3 de septiembre, es decir, en sólo tres meses, sin prueba contundente, la juez Francia Mayela Carrillo Croce ordenó insertar la partida de nacimiento y así un individuo, que no se sabe de dónde vino ni quien es, pasó a ser venezolano.

Y ahora estafó a miles de personas.

El consuelo que les da el presidente de la Comisión de Administración y Servicios de la Asamblea Nacional, diputado Claudio Faría, es que los estafados vayan a denunciar en esa instancia. Lo que le queda a Faría es averiguar

quiénes son esos oficiales de la Fuerza Armada  que permitieron que Quiroz Fonnegra con La Venezolana ejecutara una estafa, que los apoyaron, los encubrieron, les facilitaron presencia en instalaciones militares y contribuyeron a que más de un militar cayera como incauto.

Los estafados

Son casi 6 mil personas entre civiles y militares. Desesperados por adquirir un vehículo, creyeron en la oferta de La Venezolana. A finales de marzo 2014 se realizó una exposición caza incautos en las instalaciones del Fuerte Tiuna.

La Venezolana financiaba peleas de boxeo en Meridiano Televisión. Y patrocinaron juegos de playa en La Guaira.

Ahora el Cicpc anda a la caza de los bienes adquiridos con el dinero de los estafados. Han lanzado varios allanamientos.

Los carros

Quiroz declaró en una asombrosa rueda de prensa que no había tal estafa porque ellos tenían 20 contenedores en La Guaira, uno en Puerto Cabello y dos más a punto de llegar. Si eso es cierto, apenas tendrían unos 70 vehículos, porque en cada contenedor no entran más de 2 vehículos. “Tres pequeños”, explicó un importador.

La Venezolana no tiene licencia de importación para traer vehículos. Varios bancos concedieron créditos para la compra de esos vehículos.

¿Cómo es que el Estado no intervino ante el hecho de que un particular estuviese ofreciendo carros de importación?

Los únicos autorizados en el país para traer vehículos son tres empresas del Estado: Suministros Venezolanos Industriales (Suvinca), adscrita al Ministerio de Comercio; la Corporación Venezolana de Guayana (CVG Internacional),  y Veneximca, adscrita a la Vicepresidencia de la República. No le está permito a empresas privadas importar vehículos.

Los únicos carros que La Venezolana trajo fueron los que mostraron en exhibición y los pasaron rodando por la frontera y desde Colombia con visa de transeúnte.

El concesionario La Venezolana insiste en defender la transparencia de sus operaciones, luego de que el gobierno nacional los acusara de la comisión del delito de estafa.

El jefe del Órgano Superior de la economía, Hebert García Plaza, aseguró que el concesionario La Venezolana C.A había comercializado 6 mil carros sin poseer permisos para importarlos, por lo cual se presumía la comisión del delito de estafa.

El Ministerio Público acordó congelar las cuentas de la compañía, así como otras restricciones de tipo financiero.

Jhon Quiroz, presidente de la empresa, desmintió que hayan incurrido en una estafa. Sin embargo, ofreció pocas explicaciones y abandonó el salón donde convocaron a la prensa de forma sorpresiva.

La empresa aún no responde si posee las licencias de importación que emite el ministerio de Comercio, requisito indispensable para iniciar la compra de autos en el exterior que luego serán comercializados en el mercado venezolano.

Se desconoce también si las divisas con las que compraría los carros, han sido tramitadas en alguno de los tres mecanismos cambiarios que ofrece el Gobierno nacional.

Tampoco ha aportado información sobre el estatus de las otras dos marcas que ofrece, las también chinas Kawei y Brilliance.

La burbuja de La Venezolana

Bastaron 300 mil bolívares para registrar el concesionario La Venezolana. Con un capital equivalente al de un carro, la empresa fue constituida en marzo del año pasado y en septiembre ya acumulaba 100 millones de bolívares.

Como la espuma, la firma acusada de haber estafado a casi 6 mil personas creció 333 veces en sólo 6 meses.

Entre el debut y la despedida transcurrió poco más de un año, pero La Venezolana inscribió unos 15 millones de dólares si se calcula al tipo de cambio de 6,30 bolívares o 2 millones de dólares a la tasa del Sicad 2.

El actual vicepresidente de la empresa, José Ramón Briceño Hedderich, inscribió la compañía el 22 de marzo de 2013, en sociedad con un joven de 20 años que aparecía en los registros de la Misión Sucre como uno de los facilitadores que ni siquiera disponían de cuentas bancarias. Así se levantó en los Altos Mirandinos un negocio que, en principio, era un punto para la compra-venta de carros usados.

“Somos su mejor opción”, se leía en los primeros avisos que publicaron en la prensa en mayo del año pasado.

Si en los registros quedó constancia del músculo financiero de la empresa, sus anuncios publicitarios desde el principio dejaron claro que no querían pasar desapercibidos. Se presentaron como un “concesionario autorizado” de Nissan y prometieron “tiempo de entrega récord” de unos modelos que ni el verdadero distribuidor de la marca japonesa había comercializado, debido a las restricciones del Ejecutivo nacional a la hora de emitir las licencias de importación.

Sin aviso ni presentación un extraño irrumpió en el deprimido mercado automotor venezolano. Las promesas de la firma y el uso de la imagen de Nissan encendieron las alarmas, puertas adentro, de la industria automotriz. Pronto llegaría la respuesta…

Nuevo rostro

“Se hace del conocimiento de nuestros clientes que la sociedad Concesionario La Venezolana C.A no forma parte de la red de distribuidores autorizados Nissan, por lo cual no están facultados para ostentarse como representantes de la marca”, señaló Nissan el 30 de junio de 2013.

Nissan también había delegado poderes en un bufete de abogados para advertir al concesionario sobre los riesgos legales que corría al usurpar el uso de la marca asiática. El concesionario terminó dando un paso atrás.

“Nosotros no importamos vehículos de la marca Nissan”, respondió el 2 de julio de 2013 en un comunicado en el que se presentaban con nuevo rostro: “Somos un concesionario multimarcas y no tenemos exclusividad con ninguna, ya que nuestro norte es brindar un buen servicio, ubicando y vendiendo vehículos”.

El Concesionario La Venezolana, de cualquier modo, ya había empezado a ofrecer carros de marcas como Toyota, Chevrolet y Ford en “una gran feria automotriz”, celebrada el 1 de junio de 2013 en la que fue su primera sede, ubicada en la Zona Industrial Las Minas, en el kilómetro 14 de la carretera Panamericana.

En septiembre la empresa sorprendió nuevamente al promocionarse como “agente autorizado” de la marca china Hawtai. La oferta desapareció rápidamente del catálogo y en octubre fue reemplazada por otros carros chinos de las marcas Zotye, Brilliance y Kawei.

Llegaron, incluso, a decir que estaban en capacidad de proveer al mercado 60 mil unidades anuales.

Enroques tras bastidores

Si la oferta comercial de Concesionario La Venezolana varió en pocas semanas, también ocurrió algo similar en el registro de la compañía. Tras bastidores la junta directiva sufrió enroques, entradas y salidas de nombres.

Dos meses después de su fundación pasó de los 300 mil bolívares originales a 2 millones, que entraron junto a un nuevo socio: el abogado Ronald Edison Mayz Rangel, quien anteriormente se desempeñó como secretario del Tribunal Penal Tercero de Control del Estado Sucre.

La participación de Mayz Rangel en el negocio de La Venezolana sólo duró una semana. El 6 de mayo fue designado como presidente y siete días después salió de la sociedad, quedando los socios fundadores con Angelis Gibelli Quiroz Gutiérrez, de 25 años.

Con ella el capital se multiplicó 10 veces para alcanzar los 20 millones de bolívares. De eso quedó constancia en el Registro Mercantil Tercero del Área Metropolitana de Caracas y el Estado Miranda, a donde los socios volvieron en septiembre para informar que el joven de la Misión Sucre salía al mismo tiempo que asentaban un capital de 100 millones de bolívares.

El negocio iba bien. Se mudaron al kilómetro 9 de la carretera Panamericana y seguían ganando clientes que dejaban una inicial de al menos 30% del precio de los vehículos.

El 14 de noviembre la junta directiva recibió como presidente y socio mayoritario a Jhon Wilmer Quiroz Fonnegro, el mismo que el pasado 20 de mayo abandonó sorpresivamente el salón principal de The Hotel, tras leer un comunicado ante los medios de comunicación para desmentir las denuncias por estafa.

“Quiero destacar que tengo 20 contenedores en La Guaira, actualmente, próximo barco a llegar a Puerto Cabello y otros dos barcos adicionales llegando a Venezuela”, agregó.

Carros chinos pero de Colombia

Los famosos carros chinos no terminaban de llegar. La Venezolana fungía como “concesionario exclusivo” de las marcas Zotye, Brilliance y Kawei aún antes de haber firmado unos acuerdos comerciales que fueron filtrados desde la misma empresa para este trabajo.

Esos papeles revelan que el convenio con Brilliance se cerró el 1 de noviembre de 2013; el pacto con Zotye se selló el 21 de octubre y con Kawei el 18 de octubre. Todos después del aviso del 2 de octubre en el que anunciaban unos autos con precios que oscilaban entre 198 mil y 398 mil bolívares como abreboca del “Auto Market”, que el año pasado se celebró en el Centro Comercial Ciudad Tamanaco (CCCT) entre el 26 de octubre y el 3 de noviembre.

La avalancha de clientes fue tal que, al estilo de una farmacia o carnicería, había que pedir número y hacer cola para ser atendido en el stand de La Venezolana.

La gente reservaba sus modelos sin saber que esos eran los únicos carros y que habían llegado a esa exhibición rodando desde Colombia bajo régimen turístico porque la empresa no tenía licencias para importarlos.

Esta práctica se mantuvo hasta el anuncio de la intervención por parte del gobierno nacional. Hebert García Plaza, jefe del Órgano Superior de la Economía, destacó el pasado 17 de mayo entre las irregularidades que los carros exhibidos en el local de la carretera Panamericana y en el establecimiento de Valencia, recién inaugurado el 2 de abril de 2014, entraron al país con régimen turístico.

En la onda cívico-militar

La empresa no le temía al ruido. Por el contrario, a medida que fue ganando terreno participó en más eventos. El pasado 14 de marzo estuvo en una “jornada cívico-militar” celebrada en las instalaciones del Círculo Militar, en la que varios miembros de las fuerzas armadas cayeron entre los 5.956 clientes que el gobierno cuenta entre los afectados.

El mes pasado el concesionario destacó como uno de los patrocinadores de los Juegos Suramericanos de Playa del estado Vargas, organizados por la Gobernación de esa entidad y el Ministerio del Deporte.

En muchos de sus comunicados la empresa se manifestó a favor del Gobierno nacional y desafió a las automotrices tradicionales. “Ya nuestra primera flota se encuentra navegando las aguas del Pacífico rumbo al mar Caribe, a pesar de los cobardes ataques en nuestra contra de los carteles de la industria automotriz, que insisten en ser actores de la desestabilización política y económica en contra del legítimo gobierno nacional, encabezado por el presidente Nicolás Maduro Moros“, señaló el 5 de marzo.

“Estamos convencidos que no podrán con la fuerza heredada de uno de los mayores líderes que ha conocido la historia contemporánea de nuestra nación, el legado del Comandante Presidente Hugo Chávez”, sentenciaron en el mismo escrito.

Rodeados de estrellas

Algo debió salir mal en este negocio: apenas dos meses atrás, el concesionario La Venezolana cambió su domicilio principal al Centro Empresarial Metrosur de Valencia. Incluso registró una tercera sucursal en la misma dirección de un local Hyundai que -tras la crisis del sector automotriz- bajó la santamaría en la sede que ostentaba en la avenida Francisco de Miranda a la altura de Los Palos Grandes.

A contracorriente de la mayoría de los concesionarios del país, el de La Panamericana había logrado crecer y expandir sus negocios en tiempos de vacas flacas.

En septiembre del año pasado, los mismos socios registraron otras empresas como el restaurante El Padrazo, cuyos eventos llegaron a tener eco en todos los Altos Mirandinos luego de que llevaran hasta el mismísimo Oscar D’León a su local del Centro Comercial La Casona.

También Karina, Guillermo Dávila y Oscarcito. Desde la entrada hoy solo se ve una pecera y un cartel pegado en la puerta que dice “cerrado por inventario”. Ni en ese ni en ninguno de los otros negocios de sus accionistas hay quien de pistas de lo que pasó con Concesionario La Venezolana.

Tampoco hay quién cuente cómo multiplicaron su capital más de 300 veces en seis meses.

En la dulcería Pink Cake Lui’s -conocida por los domingos de taebo, aerobics y bailoterapia que llegaron a organizar también en el Centro Comercial La Casona- señalan que no saben nada de sus dueños.

El alto perfil de la compañía ha terminado. En su página web aun queda una galería de fotos que recuerdan el momento en que su vicepresidente, José Ramón Briceño Hedderich, cerró en China los acuerdos comerciales que les permitirían importar los miles de vehículos que prometieron, pero que nunca llegaron a una Venezuela en la que también escasean carros.

Lo curioso

No tuvo cédula hasta los 34 años. Como un joven, el número de identidad del presidente del concesionario La Venezolana, Jhon Wilmer Quiroz Fonnegro, pasa de 21 millones por un caso especial que en el 2003 llevó ante la justicia, tras asegurar que nunca había tenido partida de nacimiento.

El Tribunal de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil, Agrario, Tránsito y Trabajo del Estado Apure confió -según la sentencia pública del expediente 3.342-2003- en los testimonios de las ciudadanas Carmen Morelia Cravo Ortiz y Verónica Castro como suficientes testigos, para determinar que el presidente del concesionario no se equivocaba cuando decía haber nacido el 9 de febrero de 1969 en el vecindario San Juan del municipio Páez del estado Apure.

Quiroz, de chaqueta azul con ribetes rojos, marca Adidas, sobre una franela roja

Quiroz, finalmente registrado con la cédula de identidad número 21.320.874, es el mismo que el pasado 20 de mayo se presentó ante las cámaras de televisión con una chaqueta Adidas sobre una franela roja, para asegurar que los carros de La Venezolana aún estaban por llegar.

Yo quisiera saber, que me indiquen, dónde está la estafa“, preguntó antes de terminar de leer un comunicado que no dejó espacio para preguntas.

“Nos debemos a nuestros clientes y estoy aquí de la mejor disposición, dispuesto a resolver lo que haya que resolver y asumir la responsabilidad que ellos consideran debemos asumir”, agregó, ya de pie y a punto de abandonar el lugar.

Afuera lo esperaba una moto y varios escoltas. Desde entonces no se había vuelto a saber nada más de él hasta que el diputado Claudio Farías, presidente de la Comisión Permanente de Administración y Servicios de la Asamblea Nacional, asegurara el viernes que continuaba en el territorio nacional. “Hasta ayer no se había ido del país”, afirmó.

Farías pidió una medida cautelar contra Quiroz y, en la misma onda, Samuel Ruh, ex presidente del Instituto para la Defensa y Educación del Consumidor y del Usuario, el extinto Indecu, hizo lo mismo en nombre de su organización Alternativa Democratica 1.

Ruh criticó el papel de la Fiscalía General de República y solicitó actuar de inmediato: “Se le debe dictar a Jhon Quiroz una prohibición de salida del país porque este señor puede comprar un boleto e irse en cualquier momento y para traerlo costaría Dios y su santa ayuda. Señora Fiscal, si usted no actúa, usted es cómplice“.

Las caras

Tiene doble identidad. El presidente del Concesionario La Venezolana no solo se llama Jhon Wilmer Quiroz Fonnegro. Su foto también aparece en el registro interno del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime) como Jhon Alexander Quiroz Suescun, y con una serie de antecedentes penales que aparecen en pantalla desde 1992.

Sus tres identidades: Jhon Wilmer Quiroz Fonnegro, Jhon Alexander Quiroz Suescun y Alexander Suescun.

El Jhon Quiroz, que el pasado 20 de mayo se presentó ante los medios para negar que su empresa engañó a las casi 6.000 personas que le compraron vehículos, es el mismo que hace siete años fue denunciado por estafa en el Juzgado Quinto de Control del Circuito Judicial Penal del Estado Sucre.

En ese y otros casos salió ileso; hasta ahora el presidente de La Venezolana era un simple desconocido. De acuerdo con el expediente RP01-P-2012-002021 que reposa en el Archivo Judicial Penal de Sucre, el tribunal sobreseyó la causa hace dos años por tratarse de un caso prescrito que había estado varado desde 2007.

Registrado con la cédula de identidad 10.185.898, Jhon Alexander Quiroz Suescun fue demandado en la ciudad de Cumaná por haber ofrecido un paquete de graduación, que incluía “tres fotos con toga y birrete, un portarretratos, un botón, una medalla y el diploma, valorado en cien mil bolívares“. Llegó el día de la graduación pero nunca cumplió, por lo que fue demandado en un caso que más allá de lo anecdótico sirve de antecedente a lo que vino después.

Sin partida de nacimiento

Jhon Quiroz se presentó el año pasado en el Registro Mercantil Tercero del Distrito Capital y el Estado Bolivariano de Miranda con su nuevo nombre. El 14 de noviembre hizo su aparición como presidente de La Venezolana con un número de identidad que -como si tuviera 20 años- pasa los 21 millones.

En ese momento aumentó el capital de la empresa de 20 a 100 millones de bolívares y con ese mismo documento firmó una declaración jurada de origen de destino lícito de fondos.

Y nadie le puso peros. A ningún organismo le pareció extraño que hasta los 34 años estuviera feliz e indocumentado. La historia detrás de cámaras quedó registrada en otro juzgado esta vez de Apure, donde se supone que nació según el testimonio que él mismo rindió ante el Tribunal de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil, Agrario, Tránsito y Trabajo de esa entidad.

En junio de 2003 pidió una nueva identidad sin ningún papelito que certificara de dónde había salido. A falta de partida de nacimiento ni siquiera presentó el acta de bautizo de la Iglesia Católica, que en otros tiempos daban testimonio de la identidad de los indocumentados; tampoco promovió testimonios de familiares cercanos.

La jueza Francia Carrillo confió en los testimonios de las ciudadanas Carmen Morelia Cravo Ortiz y Verónica Castro como testigos, para darle la razón al señor que decía haber nacido el 9 de febrero de 1969 en el municipio Páez del estado Apure.

Libre en Venezuela

Quiroz, finalmente registrado con la cédula de identidad número 21.320.874, es el mismo que el pasado 20 de mayo apareció ante las cámaras de televisión con una chaqueta Adidas sobre una franela roja, para asegurar que los carros de La Venezolana aún estaban por llegar. “Yo quisiera saber, que me indiquen, dónde está la estafa”, preguntó antes de terminar de leer un comunicado que no dejó espacio para preguntas.

“Nos debemos a nuestros clientes y estoy aquí de la mejor disposición, dispuesto a resolver lo que haya que resolver y asumir la responsabilidad que ellos consideran debemos asumir“, agregó, ya de pie y a punto de abandonar el lugar. Afuera lo esperaba una moto y varios escoltas.

Desde entonces no se tenían noticias de su paradero hasta la tarde de este viernes, cuando el Ministerio Público informó que las autoridades migratorias del estado Falcón frustraron un intento de fuga en el aeropuerto Josefa Camejo de Punto Fijo, en el que apresaron al piloto, el copiloto y dos escoltas que lo acompañaban en la huida.

Según el reporte del Ministerio Público, Quiroz logró evadir la justicia con su hija, Angelis Quiroz, quien también formaba parte de la junta directiva del Concesionario La Venezolana. La abogada de la empresa, en cambio, el jueves fue detenida en Los Teques por el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, y presentada ante la justicia por el mismo caso de los 5.956 carros chinos que prometieron y nunca llegaron.

La misma cara

Los propietarios del Concesionario La Venezolana inscribieron la empresa el 22 de marzo de 2013, gracias a las diligencias de la abogada Graciela Auxiliadora González Pacheco, a quien la Fiscalía presentó ante el Tribunal 34 de Control del Área Metropolitana de Caracas para que justifique los fondos que encontraron en sus cuentas bancarias.

“Presuntamente González Pacheco solicitaba dinero para gestionar la compra y entrega de vehículos a través del mencionado concesionario”, señaló el Ministerio Público en una nota de prensa que publicó momentos antes de que fuera llevada al juzgado.

Hasta ahora hay seis personas solicitadas ante Interpol. La fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, informó el jueves que el Ministerio Público pidió a la Policía Internacional incorporarlos en su base de datos con alerta roja. Ortega no precisó nombres ni habló de dobles identidades.

La foto que muestra el registro civil del Saime deja claro, de cualquier modo, que el rostro de Quiroz tiene varios números de identidades: Jhon Wilmer Quiroz Fonnegro, el presidente de La Venezolana, pasa por una puerta giratoria y aparece como Jhon Alexander Quiroz Suescun, en cuya ficha aparecen varias cuentas con la justicia.

Comerciante y chef

Además de dos casos pendientes desde 1992 y 2003, la base de datos del Saime indica en pantalla que la última orden de captura en contra de Quiroz Suescun salió del Tribunal 51 de Control del Área Metropolitana el pasado 21 de mayo, un día después que apareciera dando la cara en nombre de la empresa.

No en vano, con esa identidad está inhabilitado para ejercer su derecho al voto, según consta en el Registro Electoral Permanente.

Si eso no es suficiente, los perfiles de Twitter y Facebook en los que hasta hace dos semanas mostraba fotos personales y, en los que se presentaba como el Chef Alexander Suescun, coinciden no solo con su segundo nombre y su segundo apellido, sino también con el oficio con el que originalmente comenzó esta historia.

En el restaurante El Padrazo, anteriormente llamado Casanosa y Rusio Moro, se preguntan cómo es que el mismo señor que a finales del año pasado se presentaba como chef y vendía pan de jamón en ese local del Centro Comercial La Casona, terminó -rodeado de una comparsa de guardaespaldas- comprando ese y el resto de los negocios que aparecieron y desaparecieron a la sombra del concesionario de la carretera Panamericana.

En esos negocios también hay reclamos. “Que alguien nos de la cara”, pedía Rafael Pereira, en nombre de los mesoneros, camareros y personal de cocina que quedaron sin empleo en el restaurante. Reunidos a las puertas del local, él y otros improvisaron el martes una manifestación que exigía sus prestaciones sociales.

Recordaban además que esta historia está llena de paradojas. Si los eventos con La Dimensión Latina, Los Adolescentes y Oscar D’León ya dejaban bien claro que El Padrazo no era cualquier restaurante, en enero los empleados quedaron sorprendidos cuando descargaron dos camiones llenos de cajas de whisky en el depósito del local.

Saludos desde Twitter

“Solo en esa pecera hay peces de 40.000 bolívares”, señalaba el mesonero Robert Fernández para dar cuenta del lujo que hay al otro lado de una puerta de vidrio, que el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas clausuró el lunes luego de allanar el local.

La policía científica se llevó equipos del circuito cerrado de seguridad, así como computadoras y documentos administrativos. Por lo pronto en el local solo destacan empleados que montan guardia para demandar su paga y noticias de clientes que también perdieron dinero por alquilar el local.

“Por razones ajenas a nuestra voluntad hemos tenido que hacer un cambio de lugar para la celebración del día del adulto mayor“, apunta el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) en un comunicado pegado en la puerta.

Los cursos de repostería que los mismos socios organizaban en la dulcería Pink Cake Lui’s también quedaron suspendidos. Muchos de sus asistentes incluso tuvieron que enterarse por los vigilantes del Centro Comercial La Casona. Como el resto de los afectados de La Venezolana, esperan una respuesta de los dueños.

En su último mensaje de Twitter, el 27 de mayo Quiroz retuiteó un mensaje con fotos al primer mandatario nacional, para advertir que algunos de los vehículos que La Venezolana ofreció ya llegaron al país: “@NicolasMaduro Presidente aquí están las fotos de los carros en Pto Cabello y el BL del Roll and Roller que llegó”.

Desde la misma trinchera de Twitter y con el usuario @elcheff2011 , se presentó dos años atrás como Jhon Quiroz para enviar saludos a su párroco de Colombia. Entonces no tenía problemas; no había organismos policiales que estuvieran buscándolo y andaba como si nada con dos cédulas: la del Jhon Wilmer Quiroz Fonnegro que anduvo indocumentado durante 34 años y la de Jhon Alexander Quiroz Suescun, que en el Registro Electoral Permanente aparece como inhabilitado para votar por los mismos antecedentes que señala la base de datos del Saime.

Vendieron carros pese al finiquito de los chinos

El Concesionario La Venezolana ofreció carros aun después de que las fábricas chinas le revocaran los contratos. Dos meses antes de que la empresa fuera intervenida, las marcas Brilliance, Kawei y Zotye pasaron por escrito la suspensión de los acuerdos, a través de la empresa Forza Motors Group, compañía colombiana que cedió los derechos para vender esas marcas en el mercado venezolano.

“Se determinó por las plantas suspender cualquier proceso de despacho de los vehículos solicitados hasta tanto no existiera plena claridad en cuanto al pago de dicha mercancía”, participó Forza Motors Group en una carta que enviaron el pasado 10 de marzo a los accionistas de La Venezolana y que ahora hacen pública, para señalar que también son parte afectada.

Si bien en septiembre del 2013 firmaron y notariaron un acuerdo comercial en Bogotá, insisten en que también fueron estafados por Concesionario La Venezolana. “Somos otro afectado más pero a nivel macro“, dice el director de Operaciones, Luis Armando Maita, vía telefónica desde Bogotá. “Llevaban ocho meses vendiendo humo“.

Las cosas venían mal desde noviembre del 2013, cuando pasaron una carta en español a nombre de Kawei, para cambiar las cláusulas debido a los retrasos en los pagos:

“La representación exclusiva de Kawei se mantendrá a nombre de Forza Motors Group USA Llc y/o Jorge Arévalo quienes podrán designar, a su discreción, como representante exclusivo a cualquier empresa venezolana”.

Estacionados en China

El vicepresidente de La Venezolana, José Ramón Briceño, en septiembre del 2013 selló el acuerdo en Colombia y un mes después cerró la negociación en China para tener la exclusividad con las tres automotrices gracias a la intermediación de Forza Motors Group.

Con los contratos firmados pactó la compra de 1.382 carros valorados en 14,8 millones de dólares, pero solo cancelaron 1,9 millones. Desde China, finalmente, despacharon un lote pequeño de autos.

Reconducir la negociación

En su única presentación en público, el presidente de La Venezolana, Jhon Quiroz, declaró el pasado 20 de mayo que los carros habían empezado a llegar a los puertos. En paralelo, la empresa publicó un comunicado en el que aseguraba que compraron 162 carros a Zotye y que otros 1.100 estaban por arribar al país. Fue la única respuesta que ofreció la empresa luego de que el Ejecutivo nacional el 17 de mayo los acusara de haber estafado a casi 6 mil personas.

Pero la mayoría de los carros que pactaron en las negociaciones con las tres automotrices se quedaron estacionados en las plantas. Brilliance resolvió vender un buen lote a otros países, pero en Kawei aun tienen 400 de los vehículos -originalmente producidos para La Venezolana- en sus instalaciones.

En Colombia plantean ofrecérselos nuevamente a los estafados. “Los afectados nos han contactado para ver si enviamos sus carros“, dice el director de Operaciones de Forza Motors Group, Luis Armando Maita. “Sabemos que estas personas están huérfanas y estamos dispuestos a sentarnos a negociar, más no a tocar el dinero de gente que ya fue estafada; allá el Gobierno cómo establezca los mecanismos de cobro”.

Aunque no ha precisado montos ni propiedades, la Fiscalía General de la República ha dicho que congelaron y enajenaron las cuentas y los bienes de los dueños de La Venezolana.

Algunos de los afectados plantean la idea de continuar la compra de los carros a Forza Motors Group. “Apelamos a sus buenos oficios y voluntad, a fin de que nos sirva de interlocutor ante las autoridades de nuestro País y consustancialmente obtenga la solución efectiva de traer nuestros vehículos”, indica una carta colgada en la cuenta de Facebook de un grupo que se presenta como Alternativa Caso La Venezolana.

“Se nos está diluyendo el tiempo y yo me preocupo por mi pequeño capital”, comenta Nallybe Ortiz en nombre de ese grupo. Pero desde Facebook, en el grupo Clientes Caso La Venezolana manifiestan dudas frente a la alternativa, “por propuestas promovidas insistentemente a través de supuestos afectados con identidades no comprobadas”.

6 pensamientos en “El escándalo de La Venezolana

  1. Yo fui contratada como contadora para administrar el restaurante El Padrazo ( antigua Casa Nosa ) en el c.c. la casona y al revisar los documentos esa no es la cédula con la que aparece de echo en la compra venta de este negocio el aparece como colombiano de nacionalidad y nada que ver con ese disparate de la venezolana, además en los días que estube ahi , conocí a su hermano gerente del restaurante Jakoc Quiroz a su hija, socia y abogada Ángely Quiroz así como a una mujer de nombre Luisa de Quiroz que se presento como su esposa y dueña de una boutique de ropa en el mismo centro comercial, este restaurante es o era manejado por una amiga de la familia de nombre Marlene y en lo que ahonde en que el negocio no contaba con libros contables, registro legitimo y que contaba con una plantilla de mas de 110 personas me pareció muy turbio, así como un gasto aproximado de 130.000 Bs. Diarios , unos 3.500.000 mensuales en un negocio de comida que no llenaba mas de 10 mesas en su mejor día …. me contrataron con un sueldo astronómico para ser Administradora y renuncie al 4 día debido a que a estas personas les pareció malo que pidiese las claves de las cuentas y de los balances correspondientes bancarios para hacer mi trabajo …. el Sr Quiroz, Jhon me refirió que el tenia múltiples negocios y quien sabe bajo que ALIAS o que nombre pero me dijo que le iba muy bien a su modo de manejarlos… cabe referir que hice múltiples quejas y denuncias que ningún ente de Miranda tomo en serio …quien investiga encuentra …

    • Usted Emilly, por lo que dice es una verdadera mujer honesta.! La felicito xq pocas personas actuarian como usted lo hizo, mucho mas con la situacion económica actual. Que lastima q gente como esta pretenda enriquecer sus bolsillos a costa de la buena fe y el sacrificio de los demás, causando tristeza, impotencia, rabia ademas del daño patrimonial a miles de familias incautas q confiaron en estos inescrupulosos. Ojala ae haga justicia y ese mismo dinero no siga siendo mal utilizado comprando libertades y librando de responsabilidades y su respectivos expedientes a estos estafadores.

  2. La pregunta es … de donde sacaba la cantidad para mantener este elefante blanco a menos de 4 meses de su inauguración y apertura y como estos empleados ganaban mas de un sueldo regular …ejemplo : la amiga de la familia Era. Marlene ganaba un sueldo de 25.000 mensuales y el hermano un sueldo de 50.000 Bs. …¿¿¿ mi sueldo no era nada mal ganaba igual que un diputado pero cabe preguntar …un sueldo vale la conciencia de saber que esta mal algo y quedarse callado … es triste pero una dura lección y realidad en Venezuela …yo me niego a venderme y se que eso parecía mas un negocio de lavado de dinero … pero de donde …¿¿¿ investiguen y lo sabrán estoy segura

  3. Cuando de verdad le metan el ojo (SIN PROTEGER A NADIE) a este Sr. se darán cuenta que es un testaferro de algún enchufado. Se caen porque se metieron en un negocio muy rudo en este país como es el de los Carros.

    • que aqui los unicos q perdimos fuimos nosotros. los estafados q aun no hemos tenido resouesta alguna, y nuestro dinero en manos de no se quien,queremos es solucion no mas chisme

  4. Pingback: Luz verde para la mafia automotriz | Relatos atemperados

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