¡Pánico!

Marisa Iturrisa, Tal Cual

En marchas, manifestaciones, concentraciones, en los pocos programas radiales participativos que quedan, los ciudadanos proclaman no tener miedo.

Otros sí tenemos muchísimo.

Por mencionar algo: perder media vida en colas inmensas para comprar lo que sea, que se acabe el azúcar, no consiga harina para las arepas, o pan, leche, cebolla, tomate, aceite, mantequilla, papel sanitario, pañales desechables, etc.

De que -si hay- quiera comprar de más por temor a que desaparezca.

Miedo a la enfermedad, a la falta de medicinas, al accidente, a la falta de tratamiento médico adecuado.

Miedo al desempleo, al apagón, al corte de agua, a basura en todas partes, a postes sin luz, a huecos en las calles, a falta de repuestos para reparaciones, a perder tiempo en trancas de tráfico, a transporte deficiente, a cierres de calle o desvíos, a la contaminación, a la falla de mantenimiento, al deterioro general, a la injusticia, inseguridad y violencia, a no tener pasaporte.

A que amigos y familiares deban emigrar.

Miedo a que el Ejecutivo te descalifique con el “suave” adjetivo de opositor, apátrida, ultraderechista, enemigo de la patria.

Burgués y/o capitalista aunque no tengas escoltas, ni automóviles último modelo, ni mansiones, ni astronómicos ingresos de “enchufado” y eso sea suficiente para no tener derechos.

No es probable que haya un sujeto tan radicalmente izquierdista que porque detesta la derecha y lo relacionado, se corte la mano derecha, ni el ojo derecho, ni la b… derecha. En fin, no es probable que sacrifique nada para no tener en su anatomía ni una pizca de oposición.

Para funcionar se necesitan las dos partes, porque así es la naturaleza.

Puede que ese súper radical fanático tenga hasta más miedo que los que hacemos cola para ver cómo conseguimos lo básico y cómo teme perder lo que perpetran: ¡Poder!, desconociendo su (i) responsabilidad, amenace e insulte en vez de enmendar.

Amedrente con represión y con el miedo que tenemos a empeorar en vez de mejorar, a perder aún más de lo que se ha perdido.

La democracia ha servido para ir eliminando mucha arbitrariedad, injusticias y unos cuantos miedos.

Si el Ejecutivo reinante asimila que no es que heredó un gran terreno con un gentío adentro que apabullar sino que se le encargó una Patria que honrar, con una CONSTITUCIÓN aprobada, ganaría en respeto, quedaría de lo más lucido y todos podríamos avanzar positivamente, con libertad y sin miedo.

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