Manual del buen bolivariano: cómo “domesticar” a la prensa en 10 pasos

Kike A. Pretel, El Confidencial

Como en Los Diez Negritos de Agatha Christie, los medios venezolanos han ido sucumbiendo, uno tras otro, a la “hegemonía comunicacional” del chavismo.

Al igual que los infortunados personajes de la popular novela británica, todos escondían un cadáver periodístico en el armario por su funesto papel en el complot para derrocar a Hugo Chávez en el 2002.

Pero lo que comenzó como una venganza personal se ha convertido una cuestión de supervivencia política.

La prematura muerte del Comandante dejó al socialismo desnudo de carisma, corto de dinero y pobre en retórica para lidiar con el creciente caos económico y social que vive el país petrolero.

Las bondades sociales del proyecto bolivariano se marchitan por falta de liquidez, corrupción y desgobierno, mientras el descontento por el desabastecimiento, la inflación y el crimen crece incluso entre los sectores más fieles al difunto.

“Chávez era excelente imponiendo su modo de comprender el país, pero con las limitaciones del presidente Nicolás Maduro lo que queda es represión y control discursivo”, consideró Luis Carlos Díaz, del centro de investigación Gumilla, en una entrevista desde Caracas con El Confidencial.

En estas circunstancias, moldear la percepción de la realidad es tan importante, o más, que cambiar la propia realidad. Y mucho más sencillo. “Me van a llamar dictador. No me importa”, afirmó Maduro en febrero, cuando volvía a denunciar una conspiración de la prensa burguesa. “¡Les va a llegar su hora!”, prometió desafiante.

En sus 20 meses de mandato, tres de los últimos grandes medios afines a la oposición cambiaron de propietario y, poco después, de línea editorial. A esta novela de misterio solo le queda un capítulo.

1) Diez negritos se fueron de cena / uno se asfixió y solo nueve quedan

Nunca Chávez reflexionó tanto sobre el poder de los medios como en sus horas más aciagas del 12 de abril del 2002, secuestrado por un grupo de militares y civiles que lo derrocaron aprovechando una oleada de protestas opositoras.

El único canal público fue sacado del aire, mientras los medios privados silenciaban las dudas con dibujos animados y arengas en favor de los golpistas. La revolución bolivariana, surgida precisamente de un accidente mediático tras su propio intento de golpe de Estado en 1992, se quedó muda por primera -y última- vez.

La asonada se malogró en pocas horas, pero supuso un antes y un después en la Venezuela contemporánea. El presidente Chávez contraatacó con la creación de un mastodóntico sistema de medios públicos financiado con dinero de todos pero al servicio de su causa en el que él sería el único protagonista.

Actualmente, el Gobierno controla tres canales nacionales (VTV, Tves, VIVE), dos internacionales (Telesur, AlbaTV), varias televisiones locales (Ávila, Catia TV) y otras especializadas (ANTV, FanTV); una agencia de noticias (AVN), tres periódicos (Correo del Orinoco, Ciudad Caracas, Ciudad VLC), decenas de radios (RNV, YVKE, Radio del Sur) y una creciente red de medios comunitarios.

Sin embargo, hace tiempo los medios públicos venezolanos dejaron de ser significativos. Asfixiados por el mensaje oficial, se convirtieron en una loa permanente al “máximo líder” de un país en el que no hay crisis, ni oposición, ni corrupción, ni crimen, ni desabastecimiento.  No tienen malas noticias, pero tampoco tienen audiencia.

2) Nueve negritos se desvelan / uno durmió demasiado y solo ocho quedan

El 18 de junio del 2004, el presidente Chávez y el magnate mediático Gustavo Cisneros se reunieron -por mediación de Jimmy Carter- para atemperar los ánimos antes del referéndum con el que la oposición buscó, otra vez sin éxito, poner fin a su mandato. Lo que hablaron el hombre más poderoso de Venezuela y el hombre más rico de Venezuela esa tarde en Fuerte Tiuna sigue siendo un misterio. Pero lo que pasó a continuación en las pantallas, no.

Tras espolear el golpe y el paro petrolero del 2002, Venevisión -propiedad de Cisneros- y Televen, sufrieron un extreme makeover de línea editorial: dulcificaron sus noticieros, despidieron a sus anclas más antichavistas y se abandonaron al entretenimiento barato.

Las dos principales cadenas privadas del país cayeron en un profundo sueño informativo que les valió todo tipo de críticas, pero que también les permitió prosperar en medio de la vorágine política y beneficiarse de la caída en desgracia de la díscola competencia.

Cuando Chávez se murió siendo el hombre más poderoso de Venezuela, Cisneros seguía siendo el hombre más rico de Venezuela.

3) Ocho negritos a Devon llegan / uno se escapó y solo siete quedan

Era 28 de diciembre, pero no fue una inocentada. Con una reelección récord bajo el brazo, Chávez aseguraba pocos días antes de terminar 2006 que no renovaría la concesión de Radio Caracas Televisión (RCTV), acusándola de liderar una intriga permanente contra su Gobierno.

Seis meses después, empleados, actores, técnicos y periodistas del canal entonaban por última vez el himno nacional para poner fin a 53 años de transmisiones en abierto. La señal y los equipos del canal fueron confiscados para montar Tves, la televisión “revolucionaria” que nadie ve.

El mandatario venezolano pagó un alto precio político y electoral por sacar del aire a uno de los canales más populares del país –apreciado más por sus telenovelas que por sus informativos radicalmente antichavistas-. Pero el líder socialista quería sentar un claro precedente para sus antagonistas: la concesión como metáfora del poder. RCTV trató de escapar a la autocensura y fue silenciada.

4) Siete negritos cortando leña / uno se partió en dos y solo seis quedan

“Es grato dirigirme a ustedes para notificarles que están fuera del aire”. Con una escueta nota, la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) retiraba en 2009 la concesión 33 estaciones de radio y a un canal local de televisión, mientras que otras 210 emisoras y 40 cadenas regionales fueron advertidas de no seguir “lavándole el cerebro al pueblo”.

Las frecuencias “liberadas” fueron colonizadas por emisoras comunitarias fieles al proceso cuya misión fue combatir la furia opositora en las ondas. El dial, como el país, partido en dos.

5) Seis negritos jugando en la colmena / la abeja picó a uno y solo cinco quedan

Chávez no vio caer a su último “jinete del apocalipsis”. Con las tres grandes cadenas Venevisión, Televen y RCTV neutralizadas, Globovisión subsistió durante seis años como último oasis periodístico de la oposición.

Con una cobertura muy limitada en abierto y una mínima audiencia en cable, el canal de información 24 horas no suponía una amenaza real para el poder y su antichavismo visceral daba cierto aire de pluralidad al espectro radioeléctrico. Pero Maduro no quiso dejar ningún cabo suelto.

Poco después de retener la presidencia por la mínima, un grupo de empresarios vinculado con el oficialismo compró la cadena de televisión por unos 70 millones de dólares.

La picadura de la boliburguesía resultó mortal. En pocas semanas, las denuncias de censura y presiones desataron el éxodo –voluntario o forzoso- de sus presentadores y periodistas más emblemáticos y radicales. Con la concesión a punto de vencer y una pila de expedientes que podrían hundir al canal, los nuevos propietarios tienen clara la nueva estrategia.

Juan Domingo Cordero

“Ustedes saben las razones por las qué Globovisión no venía a este palacio”, dijo Juan Domingo Cordero, nuevo presidente de la cadena, tras reunirse con Maduro. “Eso no va a volver a pasar”.

6) Cinco negritos cursan la carrera / uno llega a juez y solo cuatro quedan

Maduro ha implementado un nuevo mecanismo para doblegar a la prensa que todavía se resiste a la versión oficial. En el último año, el 40% de los periódicos del país se han visto obligados a reducir tirada y paginación debido a que las autoridadades les niegan las divisas preferenciales para importar papel.

Al menos ocho cabeceras han parado las rotativas, según la ONG Espacio Público. Sin embargo, para el Tribunal Supremo de Justicia esta atípica situación no supone “una amenaza para el derecho a la libertad de expresión”.

La sentencia corona tres lustros de juicios viciados, multas desproporcionadas y amenazas sistemáticas.

El diario Tal Cual fue condenado a pagar 100.000 dólares por una una carta satírica dirigida a la hija pequeña del expresidente Chávez.

El Nacional fue multado con el equivalente al 1% de sus ingresos brutos de 2009 por “atentar contra la salud mental de los niños” al publicar una foto de la morgue de Caracas con los cadáveres apilados al tuntún.

Un diario llegó a ser acusado de cifrar mensajes subversivos en sus crucigramas.

Las hemerotecas están trufadas con ejemplos del acoso legal y económico del chavismo contra el enemigo mediático.

Sin embargo, nunca se multó a un medio público.

7) Cuatro negritos por el mar navegan / un arenque rojo se tragó a uno y solo tres quedan

Cinco meses después de la venta de Globovisión, un desconocido grupo de inversores pagó unos 140 millones de dólares para hacerse con la Cadena Capriles, editora –entre otros- de Últimas Noticias (ÚN), el periódico más leído del país caribeño y un caso único en la polarizada arena informativa venezolana.

Con un director abiertamente chavista y un equipo de periodistas críticos, el diario lograba mantener una suerte de equilibrio noticioso dando cal y arena al gobierno y a la oposición con sus exóticos titulares.

Meses después de asumir la nueva gerencia, la jefa del premiado equipo de investigación del periódico renunció porque le vetaron un reportaje sobre las manifestaciones opositoras.

“No me necesitas en ese puesto”, cuenta Tamoa Calzadilla que le dijo al director Eleaza Díaz Rangel cuando presentó su dimisión en marzo. “Necesitas una operadora política, alguien experto en propaganda oficial y ésa no soy yo”.

Desde entonces, dicen en el gremio, al “diario del pueblo” se lo tragó la censura.

8) Tres negritos por el zoo pasean / un gran oso atacó a uno y solo dos quedan

Pretendían transmitir la zozobra de un golpe de Estado. ¡Fuera del aire!”. Maduro, furioso, justificaba así su decisión de sacar del cable al canal colombiano NTN24 por su cobertura en vivo de las protestas callejeras de febrero que la televisión nacional prefería ignorar.

También advirtió a la estadounidense CNN en Español que seguiría el mismo camino si no moderaba sus reportajes y revocó las credenciales de sus corresponsales.

El zarpazo demostró que la televisión por cable, que llega a más del 50% de los hogares venezolanos, no es inmune al “sueño hegemónico”.

“Nadie va a venir del exterior a tratar de perturbar el clima psicológico de Venezuela”, concluyó el presidente.

9) Dos negritos se sentaron al sol / se quemó uno de ellos y solo uno quedó

La compra de medios por empresarios abiertamente afines al oficialismo o sospechosamente anónimos parece haberse convertido en el nuevo patrón de avance hacia la domesticación del periodismo.

Tras más de un siglo bajo la tutela de la familia Mata, El Universal, decano de la prensa venezolana y referencia para los críticos del socialismo chavista, fue vendido por 22 millones de dólares a una misteriosa firma española con todos los visos de empresa fantasma sin dueños conocidos.

En poco más de un mes, una treintena de columnistas fueron dados de baja, se censuró una caricatura crítica y han comenzado a aparecer algunas piezas sin firmar en disconformidad por cambios de titulares o enfoque en las noticias.

Muchos temen que la anestesia informativa llegue rápidamente a la primera plana y queme la credibilidad del que fuera el diario más prestigioso del país.

“Lector de El Universal sospecha de cambio editorial tras leer el artículo ‘Maduro más bello”, resumió el portal satírico El Chigüire Bipolar.

10) Un negrito solo quedó / salió, se ahorcó y ya ninguno quedó

Con los medios tradicionales maniatados, la red se convierte en el último campo de batalla por amansar la percepción de la realidad.

Pese a que la penetración de internet en Venezuela es modesta (50%) y muy desigual por estratos socioeconómicos y geográficos, el país es notablemente activo en las redes sociales con 9 millones de cuentas en Facebook y más de 4 millones de usuarios en Twitter -una de las más tasas per cápita más altas del mundo-.

Las recientes protestas callejeras han sido un excelente ejemplo del poder de la pantalla virtual para soslayar el blackout informativo

“No todos en las redes se quieren informar de política, pero son muchos más de los que consumen prensa o televisión. Internet todavía es un medio excluyente en Venezuela, pero es ahí donde se está tejiendo la nueva plaza pública”, dijo Díaz, uno de los ‘tuiteros’ (@luiscarlos) más influyentes del país caribeño.

“Por eso no podemos hablar de control en futuro. El bloqueo de páginas web, el ‘hackeo’ de correos, el apagón digital… Ya está pasando”, aseguró.

El 14 de abril de 2013, en el momento más tenso de las elecciones más polémicas de las últimas décadas, el gobierno tumbó internet. Horas más tarde, el vicepresidente reconocía la medida –de cuatro minutos- como una defensa ante un supuesto ataque informático extranjero contra la página del Poder Electoral.

La combinación de exceso de fuerza con falta de criterio fue un claro recordatorio de lo fácil que es para el poder apretar el nudo corredizo de la soga digital.

Muchos recordaron entonces las palabras de Chávez, cuando en 2010 renegaba: “internet no puede ser una cosa libre donde se haga y se diga lo que sea”.

La “hegemonía”, a un negrito de distancia.

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