Raro, muy raro

Elides J. Rojas L.

Matan a golpes a un connotado dirigente de la revolución, militar y con fama de feroz combatiente. No obstante, en un barrio, en las afueras de Caracas, medio perdido en su carro fue atacado por un grupo fuera de control y se acabó. El gobierno, como ya es costumbre, responsabilizó del asesinato al imperio, a la oposición, a Uribe y a los paramilitares. Raro.

Un diputado es asesinado de manera atroz. Su cuerpo fue encontrado sin vida en el tradicional barrio La Pastora en Caracas. Se ha dicho de todo. Hay versiones de todo tipo. Varios detenidos, uno de ellos cayó en Colombia donde se supone está el otro sicario y señalan que en el extraño caso también hay sicariato. Acusados, más o menos en el mismo orden, el imperio, Uribe, la oposición, paramilitares y los golpistas de Miami.

La gente se levanta muy temprano para coger señas de dónde hay harina, jabón o desodorante. No importa. Muchas veces se van a  los supermercados a hacer colas sin saber para qué. Lo importante es comprar lo que haya, pues mañana no se sabe si habrá.

La población, saboreando lo que es socialismo incipiente y desabastecimiento del Siglo XXI se acostumbró a esta extraña forma de vida en menos de un año y según parece ya está listo para mantenerse de cola en cola y de captahuella en captahuella hasta el fin de los días. Muy raro, demasiado raro.

La luz se va a cada rato. Hay días en que la gente puede estar sin energía eléctrica hasta tres o cuatro horas al menos dos veces por semana. Pero la oscuridad socialista ya se hizo parte del panorama de vida.

Los más afortunados compraron plantas y conviven entre el olor del combustible y el ruido del motor, pero tienen patria y luz. Otros simplemente apelan a la vieja vela o a la lámpara de camping para salir del paso. Lo mismo pasa con el agua, un servicio indispensable. Se sabe que hay zonas del país donde el agua llega cada quince días. En el estado Vargas ocurre con demasiada frecuencia.

La gente, llena peroles y tanques improvisados para adaptarse al nuevo desierto bolivariano, tienen agua en lata, pero también criaderos de zancudos con su dengue y Chikunguya pegado al piquito.

En Vargas, por solo mencionar una zona, gana el chavismo todas las elecciones que le pongan por delante, pero eso no significa que tengan agua, luz o que les encierren a los malandros. Todo sigue igual o peor. Y la gente está acostumbrada. Raro, muy raro.

Colas y más colas. No hay gasolina ni aceite para motor. La gente debe meterle al tanque de su carro el combustible que consiga. En la frontera crearon un sistema especial de control que implica desde captahuellas hasta vigilancia electrónica y ahí van.

Quienes van de viaje en plan de turistas para Táchira, por ejemplo, tendrán que administrar muy bien la gasolina. Un cupo determina cómo y cuánto rodar. Pero, en último caso, siempre está el mercado negro bolivariano, presente en todos los rincones del país.

Producto que desaparece producto que entra en un canal irregular y violador de la ley. El mercado negro de los alimentos tiene a los buhoneros socialistas de fiesta. Lo que no existe en los anaqueles de los abastos puede ser encontrado en las calles de las ciudades más importantes del país. En ese mercado irregular no hay decreto ni medida del gobierno que pueda.

¿Dónde consiguen los buhoneros la mercancía? De varias formas: de los Mercales, de los propios abastos en forma de bachaqueros o entregados a cambio de repartir ganancias, de funcionarios corruptos. Muchas vías hay. La clave aquí está en que lo raro se hizo normal.

En todo el país se impone lo raro.

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