Cinco comandantes de las FARC operan desde Venezuela

La Inteligencia Militar venezolana reporta cómo los guerrilleros se distribuyen en el suroeste del país, ejercen control sobre poblaciones, se reúnen con el chavismo y movilizan drogas por al menos 3 Estados

Thabata Molina (*), Panam Post

Cinco comandantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) operan en distintos municipios del Estado Apure, al suroeste de Venezuela, de acuerdo con la información revelada en un informe elaborado por la Dirección General de Contra Inteligencia Militar (DGCIM) de Venezuela, que además menciona la existencia de pistas de aterrizaje clandestinas en fincas de varios Estados, utilizadas para la recepción y despacho de alijos de droga.

En el documento oficial, de acceso exclusivo de Panam Post, los militares venezolanos señalan que estos comandantes de las FARC pertenecerían al décimo frente guerrillero, y que tienen poder en las comunidades que cubren.

“Se han observado varios sujetos vistiendo uniformes camuflados, portando armas largas y cortas, y con brazaletes alusivos a las FARC, quienes han implementado varias normas y los mismos se movilizan efectuando patrullajes tanto diurnos como nocturnos, en varios vehículos Toyota 4.5 tipo pick up y motos todo terreno”, dice el texto oficial.

Jaime Alberto Parra Rodríguez, alias “Mauricio Jaramillo”. (Imagen: http://www.semana.com)

Uno de ellos, Jaime Alberto Parra Rodríguez alias Mauricio Jaramillo, es calificado como el comandante del Bloque Oriental de las FARC, y estaría ubicado en un radio de operaciones sobre el sector Capanaparo del municipio Rómulo Gallegos.

Al segundo de los irregulares que han identificado y ubicado es alias Polanco al que se señala de tener el dominio entre las poblaciones de Achaguas, Guachara, Yagual y Apurito.

El documento da cuenta de otro líder con un especial poder, alias Gollo,  quien tendría el dominio sobre la población de Capanaparo, Tres Bocas, Paso Arauca y Cunaviche, así como del ingreso a Venezuela de los cargamentos de estupefacientes a través de la frontera con Colombia.

Pedro Leal (Psuv), Alcalde del municipio Pedro Camejo. (Imagen: http://2.bp.blogspot.com)

En el mapa que elaboraron las autoridades venezolanas, se indica que el comandante alias Buda estaría en la población de San Juan de Payara, junto con otros tres hombres, y que durante las labores de inteligencia realizadas se le vio en compañía del alcalde del municipio Pedro Camejo, Pedro Leal, quien pertenece a las filas del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

El Estado Apure es el tercero de Venezuela en tamaño, tiene una extensión similar a la de la República de Panamá (76.500 kilómetros cuadrados), y comparte con Colombia 685 kilómetros de frontera.

Como lo señala el informe de la DIM, además del tráfico de drogas, “estos grupos irregulares han convertido gran parte de esta zona en sitios donde ejercen el sicariato, cobro de “vacuna” (extorsión), secuestros y actividades de tráfico de combustible”.

Otras zonas de Apure donde han sido vistos estos irregulares de las FARC son Cinaruco, El Meta, San Juan de Payara, La Soledad, Cunavichito, Río Claro, Achaguas, Guachara, El Yagual, El Samán, Elorza, entre otros.

Últimas operaciones conocidas

En Elorza, una de las poblaciones más importantes de Apure, trabajaba el sexto de los comandantes mencionados por la DIM, alias Chapulín, quien fue ultimado en 2014 por el Ejército colombiano durante un enfrentamiento en la zona fronteriza.

La ficha de Interpol Venezuela sobre su detención figura que sobre “El Gago” de las FARC pesaban los delitos de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes y concierto para delinquir con fines de narcotráfico. (Imagen: Interpol Venezuela)

En esa misma población detuvieron el 24 de diciembre de 2014 al comandante guerrillero Germán Arturo Rodríguez Ataya, miembro del frente 10 de las FARC, alias El Gago o “el piloto de las FARC”.

Rodríguez Ataya fue aprehendido por una comisión de Interpol del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (CICPC) en esa localidad. Sobre él pesaba una orden de captura de la policía internacional signada como A-4489/6-2014 por un expediente del 11 de enero de 2003, debido a un allanamiento que se realizó en Bogotá en 2002 en el cual se decomisó un cargamento de droga que pertenecía a los frentes 10 y 16 de las FARC, a cargo de Rodríguez Ataya.

En 2005 fue capturado en Colombia por transportar, por vía aérea, guerrilleros y drogas, y la licencia de piloto que tenía le fue revocada.

Cuando Interpol Venezuela hizo la captura, hace más de dos meses, el detenido fue puesto a las órdenes de la Fiscalía 15 del Ministerio Público, la cual declinó competencia al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) venezolano para que gestionara la extradición de Rodríguez Ataya.

Este hombre tenía varios años viviendo en Venezuela y de hecho, era naturalizado venezolano. Las autoridades de la policía científica venezolana tenían conocimiento de su presencia en el país al menos desde 2012, según reporta una minuta del CICPC de fecha 15 de enero de ese año.

En ese momento se inició una averiguación debido a una denuncia anónima en la cual se señalaba que Rodríguez Ataya poseía “una finca denominada San Rafael, ubicada en Capanaparo, municipio Rómulo Gallegos, Estado Apure, la cual la utiliza como centro de acopio de grandes cantidades de sustancias estupefaciente y psicotrópicas, y posteriormente las traslada vía aérea, a bordo de avionetas personales hacia la capital del país y  países cercanos, para su comercialización, ya que cuenta con pista clandestina en terreno perteneciente a la referida finca”.

El pasado 26 de enero el TSJ de Venezuela asignó expediente a la solicitud de extradición de Rodríguez Ataya y al día siguiente otorgó su caso al magistrado Héctor Manuel Coronado Flores.

Las autoridades militares venezolanas advierten que en el territorio también estaría alias Jhon Sapo Negro, quien anteriormente operaba en la localidad de Elorza, pero que recientemente se habría transferido a la población de Barinas, en el Estado homónimo.

El tránsito aéreo de drogas se extiende a otros Estados

La unidad militar que hizo la labor de investigación determinó que además del Estado Apure, en Mérida y Zulia existen terrenos que también son utilizados por estos grupos irregulares para el aterrizaje y despegue de aeronaves presuntamente utilizadas para el narcotráfico.

Una de las pistas clandestinas estaría ubicada en el sector La Burra Mocha, en el Estado Mérida, dentro de una hacienda  llamada San Francisco. La fachada del negocio sería la cría de caballos de paso, pero cuenta con un terreno de 900 x 20 metros para el aterrizaje de aeronaves.

También en Zulia, en el municipio Francisco Javier Pulgar, detectaron la existencia de una pista con 800 x 30 metros dentro de la finca La Mano de Dios. La hacienda no cuenta con ninguna actividad productiva dentro de sus tierras.

En esta misma localidad del Zulia, que limita con Mérida, detectaron que dentro de la hacienda Bramaderos, donde supuestamente se dedican a la cría y venta de búfalos, cuentan con una pista de aterrizaje de un kilómetro x 30 metros, y un helipuerto.

Con la contribución de Elisa Vásquez.

Editado por Pedro García Otero.

(*) Thabata Molina es una periodista venezolana especialista en temas de seguridad, violencia y conflictos penitenciarios con 12 años de experiencia en periódicos venezolanos, entre ellos El Nacional y El Universal. Oriunda de Caracas, actualmente reside en Panamá. Síguela @Thabatica.

La Venezuela bolivariana confía su dinero a la banca suiza

Del 2005 al 2007, al menos 12.000 millones de dólares del erario estuvieron colocados en cuentas de la banca privada de HSBC en Suiza. Así lo revela la Lista Falciani, que abrió un canal a la institución financiera y la expuso a investigaciones en varios países. El Banco del Tesoro y la Tesorería Nacional, a cargo de Marco Torres y Alejandro Andrade, hicieron los depósitos en el cuestionado banco.

Diapositiva1Joseph Poliszuk / Emilia Díaz-Struck, ArmandoInfo

La Revolución Bolivariana también guarda su dinero en Suiza.

El gobierno nacional depositó entre el 2006 y el 2007 –al menos– más de 12.000 millones de dólares en la filial que el banco HSBC tiene en Ginebra, la oficiosa capital suiza de los negocios. Y se sabe ahora solo porque figuran entre las casi 85.500 cuentas cuyos datos se filtraron desde el interior de la misma institución financiera.

Como sucedió con los escándalos de los WikiLeaks y los Luxleaks, esta tercera filtración masiva de datos confidenciales que llega a la prensa, y que ya aspira al título de SwissLeaks, surge de un insider que descargó las bases de datos de un ente financiero, en este caso, la sucursal suiza del banco HSBC.

La filtración expuso a la luz pública miles de nombres de clientes: entre ellos figuran astros del jet set, multimillonarios de todo el mundo y hasta personajes enjuiciados por tráfico de armas.

Los clientes proceden de 203 países incluyendo exóticas cuentas con propietarios en Cuba y Haití. En total, los latinoamericanos y del Caribe suman más de 31.000 millones de dólares, casi la mitad procedente de la República Bolivariana de Venezuela, cuyas fortunas la ubican de tercera, solo detrás de las cuentas de la propia Suiza y del Reino Unido.

De los 14.800 millones de dólares registrados que corresponden a cuentas de venezolanos, la gran mayoría es dinero del Estado.

Diapositiva1Casi 85% de esos fondos salieron del gobierno venezolano y, en especial, de dos instituciones: la Tesorería Nacional y el Banco del Tesoro.

La del Banco del Tesoro, por ejemplo, fue abierta el 10 de octubre del 2005 a las 9:10 de la mañana en la sede del HSBC de Ginebra.

Rodolfo Marco Torres

En la ficha de la institución financiera figura como responsable el propio Rodolfo Marco Torres, que entonces se mantenía al frente de esa institución y hoy ocupa los cargos de ministro para las Finanzas y Vicepresidente del Consejo de Ministros para Planificación y Conocimiento.

Dos meses después la Oficina Nacional del Tesoro también inició operaciones en Ginebra. Fue el 8 de diciembre del 2005 a las 10:49 de la mañana, según el reloj suizo.

Hervé Falciani: “Hay todavía más de lo que tienen los periodistas”

Así quedó asentado en el banco y así se lee ahora en una serie de archivos que aparecieron en medio de una historia que empezó en el 2008 con Hervé Falciani y su llamada lista Falciani, una de las más grandes filtraciones de los últimos tiempos, que publica Armando.info, en alianza con una red de periodistas de más de 45 países, motorizada por el diario Le Monde de París y el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, con sede en Washington DC.

La lista Falciani

Sospechoso de haber robado la data del banco en el que trabajaba, la Policía Federal de Suiza arrestó al informático Hervé Falciani el 22 de diciembre del 2008. Allanaron su casa, registraron su computadora y lo conminaron a declarar en un interrogatorio que se prolongó hasta la noche.

Las autoridades le permitieron ir a dormir a su casa con la condición de regresar al día siguiente, pero Falciani alquiló un carro esa misma noche y recogió a su esposa y a su hija para emprender camino a la frontera francesa, donde se convirtió en testigo protegido de un escándalo en el que seis años después ha venido documentando –a través de HSBC– casos en los que la banca suiza se ha hecho de la vista gorda para evadir impuestos y lavar dinero de la corrupción, el contrabando de minerales y hasta el narcotráfico.

Agazapada entre nombres de banqueros reconocidos y empresarios tradicionales, la filial suiza de HSBC guardaba una cuenta de 31 millones de dólares ligada al ex ministro de Industria y Comercio de Egipto, Rachid Mohamed Rachid, condenado por despilfarro y especulación por la justicia de su país, en un juicio celebrado en su ausencia luego de que en febrero del 2011 huyera de El Cairo hacia Dubai en medio de la revueltas contra el gobierno de Hosni Mubarak.

Entre tantas otras cuentas figura el nombre de Aziza Kulzum, a quien han llegado a llamar la Reina del Coltán y sobre quien pesa una condena de la Organización de Naciones Unidas, por conflictos como el de Burundi y el Congo.

También el español Arturo del Tiempo, sentenciado a siete años de prisión por tráfico de cocaína. Junto a ese tipo de clientes, y en la misma entidad –cuya sede se encuentra al pie del río Ródano en el 9-17 del muelle de Bergues de la ciudad de Ginebra– las autoridades venezolanas de finanzas colocaron el dinero público. Y lo mantuvieron allí al menos hasta el 2007, cuando Falciani descargó la data del banco.

¿Dónde están los dólares?

El diario Le Monde obtuvo la base de datos de cada una de las cuentas –a través de fuentes dentro del gobierno de Francia– y la compartió así con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ por sus siglas en inglés), para coordinar una red que ayudara a jerarquizar y poner en perspectiva la masiva nómina.

El Congreso de Estados Unidos puso en tela de juicio el nombre de HSBC y, tras una investigación en el seno del Senado, señaló en el 2012 laxitud en los controles de la filial suiza de esa institución financiera. Tanto así que advirtió sobre millones de dólares de los carteles de la droga de América Latina, que fueron a parar a las arcas de la banca suiza.

HSBC, con sede central en Londres, nació en 1865 en Hong Kong –bajo el nombre de The Hong Kong and Shanghai Banking Corporation– como vehículo para administrar las ganancias generadas por el tráfico de opio. Casi 150 años después, se ha mantenido a la vanguardia de los servicios financieros del mundo, por eso sus directivos atajaron el escándalo cancelando casi 2.000 millones de dólares en Estados Unidos para evitar que las denuncias del Congreso terminaran en un juicio.

Mientras las autoridades de Francia y Estados Unidos tomaban cartas en el asunto, los fondos públicos venezolanos hacían escala en las bóvedas del HSBC en el país alpino.

Diputado Andrés Velásquez

“¿Por qué tenemos que enterarnos dónde están las cuentas del erario por una filtración periodística?”, se pregunta el diputado Andrés Velásquez, desde la Comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional.

“El gobierno puede colocar en ese o en cualquier otro banco los recursos del Estado, pero también debe explicar con detalle a qué responden esos recursos”.

Velásquez, diputado de la oposición por el partido Causa R, aprovecha para preguntar dónde están los 500 millones de dólares que el gobierno chino entregó a sus aliados venezolanos para oxigenar la economía del sur de Venezuela por medio de las empresas básicas de Guayana.

“Dijeron que esos fondos habían sido depositados en la filial libanesa del Gazprombank de Rusia pero luego desaparecieron”, denuncia. “El gobierno nos tiene acostumbrados a no informar y, entretanto, ahora resulta que aparecen dos cuentas en un banco suizo”.

Nacido en revolución

Las autoridades venezolanas no han dado luces sobre el tema. Tampoco los funcionarios que aparecen a cargo de las cuentas suizas. Aunque se intentó en repetidas oportunidades consultar al ex tesorero nacional, Alejandro Andrade, a través de contactos en el sur del estado de Florida, Estados Unidos, no fue posible localizarlo para obtener un comentario.

Teniente (r) Alejandro Andrade.

Fue Andrade uno de los funcionarios que manejó los casi 700 millones de dólares que aparecen colocados en el HSBC suizo. El resto de los recursos suman 11.900 millones de dólares a nombre del Banco del Tesoro, un banco del Estado nacido en revolución, según presenta su propio eslogan en una retahíla de cuñas que abundan en la radio y la televisión venezolana.

Al menos hasta el 2007, esa institución financiera disponía de 9.500 millones de dólares en una cuenta principal y otros 2.200 millones repartidos en un par de cuentas espejo, que fueron creadas cinco meses después de la principal, la noche del 15 de marzo del 2006.

Conocidas en el argot de la banca como cash pooling, las cuentas espejo sirven –de acuerdo con varios especialistas consultados– bien para dar transparencia y seguridad sobre el monto principal o, precisamente, para simularlo y poder tener libertad para desviar los recursos a otros instrumentos financieros.

En agosto del 2011, cuando Hugo Chávez aún gobernaba, informó que sacaría las reservas de oro depositadas en Europa y Estados Unidos, para guardarlas en las bóvedas del Banco Central de Venezuela.

En medio de esos anuncios, varias voces empezaron a advertir sobre una serie de rumores que, finalmente, el chavismo confirmó: las reservas internacionales de la República Bolivariana de Venezuela pasarían a partir de ese momento a  bancos de la órbita de aliados como Brasil, China y Rusia.

Diputado Julio Montoya

“¿Qué está pasando que no sabemos los venezolanos?”, cuestionó en ese momento el diputado de la oposición, Julio Montoya, tras filtrar documentos oficiales que daban cuenta de la intención de transferir las reservas de la Nación.

Esa misma pregunta ahora la hace su homólogo Andrés Velásquez, quien desde ya anuncia solicitar una investigación en la Comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional, para precisar qué pasó con los recursos que, al menos hasta el 2007, estaban en Ginebra al resguardo de la sucursal que HSBC mantiene en Suiza.

Mea culpa

Como en Estados Unidos y Francia, la llamada lista Falciani o lo que ya se conoce como los SwissLeaks, han fomentado investigaciones sobre la data de HSBC-Suiza. Argentina es el primer país que lo hace en la región; su Administración Federal de Ingresos Públicos acusó a HSBC de desarrollar “una plataforma ilegal” que involucra al menos 3.000 millones de dólares con el fin de evadir impuestos.

Las filtraciones que hoy empiezan a aparecer en los medios imprimen un nuevo capítulo en una serie de señalamientos que ponen a la institución bancaria en el peor escándalo de su historia. Al principio, sus autoridades insistieron al ICIJ que debían destruir la data, pero ahora hacen un mea culpa.

A finales del mes pasado, después de conocer detalles sobre una serie de investigaciones periodísticas que hoy publican en simultáneo en más de 45 países, dieron una respuesta más resignada:

“Reconocemos que la cultura de cumplimiento y los estándares de procedimiento en el banco HSBC de Suiza, así como la industria en general, fueron significativamente más bajos que en la actualidad”.

A través de una carta, señalaron que el banco había dado pasos importantes en los últimos años para poner en práctica reformas necesarias. Hablaron incluso de haber sacrificado clientes.

“Como resultado de este reposicionamiento, el banco privado suizo HSBC ha reducido su base de clientes en casi 70% desde el 2007”.

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¡Allá va el ladrón!

Peter K. Albers

Hace cuarenta años nadie hubiera pensado que íbamos a caer tan bajo.

Y no me refiero al nivel económico, que malos los hemos tenido, sino al aspecto moral que uno observa todos los días en quienes más bulla hacen desde sus altos cargos burocráticos.

No es que hace cuarenta años no había corrupción, peculado, abuso de poder. Altos personajes, principalmente allegados a las altas esferas del gobierno, utilizaban su influencia en la consecución de contratos y regalías; gente que medraba a la sombra del poder.

Pero el venezolano medio repudiaba dichas acciones o, en la mayoría de los casos, las ignoraba. Eran maniobras discretas, solapadas, y los súbitamente enriquecidos no hacían ostentación de sus bienes mal habidos.

No tenían un “sencillito” de 120 mil dólares guardados en la caja fuerte de su casa para que se lo robara la amante de turno, conocedora de la combinación, ni habían pasado súbitamente de taxistas a propietarios de caballos pura sangre.

Había más disimulo en la rapiña, o al menos eran cifras que, si bien procuraban el bienestar del ladrón durante el resto de su vida, no afectaban el funcionamiento de la administración pública.

Al menos, se veían obras construidas: autopistas, hospitales y escuelas surgían, y de las contrataciones para construirlas salían importantes “comisiones” que se repartían entre los otorgantes de los contratos. Es decir, que si no había construcción no había comisión.

Hoy el sistema funciona distinto. Te consigo el contrato, te doy el anticipo, que nos lo repartimos mitad y mitad, y no construyes nada. Y tampoco ha pasado nada. Así se ha perdido el producto acumulado al vender dos millones y medio de barriles cada día del año, a cien dólares el barril, durante quince años.

Saque la cuenta el lector, si su computadora le da ese pocotón de números y lo entiende. Fácil no es.

Y hemos llegado al punto donde unos antiguos guardaespaldas de importantes funcionarios denuncian, ante organismos encargados de la lucha contra las drogas, que sus otrora jefes son máximos “capos” del narcotráfico.

Primero fue uno, y al parecer se han sumado otros siete. Ahora no es él solo quien “canta”, sino que con sus compañeros ha formado un coro. Las graves acusaciones, como siempre, han tomado el rumbo más conveniente: por una carretera de tierra que levante bastante polvareda, capaz de ocultar a dónde se fue el ladrón. Quien, por supuesto, no desmiente la denuncia, sino que descalifica al denunciante.

Ya los venezolanos conocemos el viejo truco. Tras un escándalo, crear otro que distraiga a los ingenuos. Y así hasta el infinito, un nuevo escándalo desvía la atención del anterior, hasta que el pueblo se olvida, y deja impunes a los corruptos y usurpadores del poder.

Pero esos corruptos y usurpadores del poder no olvidan jamás: crean “comisiones de la verdad” para investigar torturas entre 1958 y 1998. Para vengar a los caídos en una inútil lucha de grupos irregulares contra gobiernos legítimos, apoyados por el comunismo de los Castro, o bien para tratar de ocultar sus propios procedimientos, violatorios de los Derechos Humanos, en perjuicio de quienes se oponen a su despótico régimen.

Pero las tácticas de distracción no les funcionarán. Serán juzgados por jueces imparciales y no sumisos al régimen de turno, y pagarán los malhechores.

Dios proveerá.

La Banda de Nicolás

Alberto Barrera Tyszka

No sé si a ustedes les pasa lo mismo. A mí me cuesta, cada vez más, perseguir las ideas del presidente.

Lo oigo hablar, quiero entenderlo, me concentro, trato de mantener el ritmo y la atención… pero siempre hay algo que cruje, siempre hay un traspié, un brinco, un paso en falso, una vuelta en U inexplicable.

El discurso de Nicolás Maduro parece una carrera de obstáculos. Te obliga a saltar de un lado a otro, a tropezar y a agacharte, para tratar de comprender qué es lo que realmente está comunicando.

Pretende hablar a muy distinta gente a la vez, pretende mandar diferentes tipos de mensajes al mismo tiempo. El resultado es caótico. Parece un fuego artificial que de pronto ha perdido el control y gira sobre el aire, sin sentido ni dirección, disparando luces hacia cualquier lado.

Maduro conoce las fórmulas retóricas. Y seguro las ha ensayado con disciplina. Sabe cuándo rugir y calentar la temperatura de su voz. También ejecuta la rutina de señalar con nombre y apellido a alguno de los presentes, tratando de crear un clima coloquial que sabotee los formalismos del poder.

Imita a Chávez de manera constante. Últimamente, incluso, en ciertos momentos habla para dentro, como aspirando las vocales, cuando quiere imprimirle un tono más sentimental a lo que dice.

Sí. Maduro conoce todas las fórmulas. Pero las combina mal. No sabe qué hacer con ellas.

Pasa de la descalificación grosera a la invitación melosa. En este minuto te declara la guerra, en el minuto que sigue te declara el amor. Mezcla los conceptos sin demasiado tino. Sin darse cuenta, ha llegado a acusar a la oposición de seguir una de las grandes consignas maoístas: “Agudizar las contradicciones”.

Cree que la realidad es una conspiración. Quiere convencernos de que el fracaso del gobierno es una forma de heroísmo.

Se define como revolucionario y de izquierda, pero termina proponiendo soluciones mágico-religiosas para enfrentar la crisis.

El futuro depende de Dios. “Derecha” es su palabra multiusos. Se contradice a tal velocidad que es casi imposible seguirlo. Maduro no practica la coherencia ni en defensa propia.

También es cierto que, del otro lado, la oposición no tiene un relato alternativo. Durante mucho tiempo, la unidad parecía ser su mejor mensaje. Ahora es una abstracción o una adivinanza.

No se puede enfrentar este vacío por Twitter, haciendo chistecitos sobre el Capitán Garfio.

Tampoco se puede seguir insistiendo en la prédica de La Salida. Es ilógico.

Exigir la renuncia de Maduro no es un programa político, no es un proyecto de país. Tampoco parece tener asidero real entre la gente.

Ya casi parece un empeño caprichoso, desvinculado de las angustias de los sectores populares. Es una propuesta que, además, se sitúa en el contexto simbólico que le conviene al gobierno.

Pedir la renuncia de Maduro es seguir luchando contra Chávez, es continuar enganchados en contra de su última voluntad. Forma parte de la misma aspiración que tiene el oficialismo: vivir de la memoria. Que Chávez vuelva a ganar las elecciones este año.

Obviamente, la oposición tiene desventajas trágicas. Sus líderes han sido invisibilizados o encarcelados. El control mediático del gobierno es impúdico. Han convertido el silencio en una forma de violencia institucional.

Maduro no tiene coherencia, tampoco ofrece ahora una narrativa verosímil frente a la crisis, pero tiene las pantallas y los altavoces. Y tiene el Estado y las instituciones y los militares. Tiene hasta una barra capaz de aplaudirle todo, incluso sus traiciones. Después de mucha danza en el discurso presidencial, Maduro mandó una señal directa al cártel de los dolarizados, a la élite roja rojita, a la casta que tiene acceso a las divisas a un precio ridículo.

No se preocupen. No se angustien. A cuenta del pueblo y de la pobreza, van a poder mantener sus privilegios, van a continuar enriqueciéndose. La fiesta sigue. Al menos para la banda 6,30, la fiesta sigue.

Venezuela, el paraíso convertido en ruinas

Carlos Alberto Montaner

Venezuela debe ser el país peor gobernado del planeta.

El periódico «The Daily Telegraph» de Londres, describió el desastre en un reciente reportaje montado sobre 8 gráficas espeluznantes.

En el 2015 la economía se contraerá en un 7% del PIB. Los venezolanos serán notablemente más pobres y tendrán menor capacidad de consumo.

La inflación es la más alta del mundo. Los expertos de Caracas Capital Market la sitúan en un 120% anual. Como la productividad es bajísima y el aumento de los salarios no compensa, la vida cotidiana será mucho más cara.

La caída del precio del crudo

El bolívar, la moneda nacional, tiene varios cambios. Oficialmente, está a 6,30 por dólar. En realidad, se acerca a los 190 en el mercado negro. La diferencia es el modo más directo de enriquecer a los corruptos boliburgueses.

Compran a 6.30 para importar, usan una parte y revenden clandestinamente la otra.

En pocas horas cualquier idiota con conexiones puede hacerse millonario.

 

El valor promedio del barril de petróleo hoy está un 50% por debajo del precio que tenía en enero del 2014. Eso es gravísimo en un país cuyo ingreso en divisas depende en un 96% de las exportaciones de crudo.

Añadiéndole sal a la herida, la producción de PDVSA disminuye y anda por los 2.4 millones de barriles diarios, cuando debería estar produciendo entre 4 y 5. Esto sucede por una mezcla de incapacidad y falta de inversiones.

Para agravar la situación, los venezolanos consumen diariamente algo más de 700.000 barriles se petróleo por el que no pagan prácticamente nada. Llenar el tanque de gasolina de un coche grande -allí casi todos son enormes- vale menos de un céntimo.

Ese subsidio a la clase media y alta -los que tienen autos-le cuesta al país entre 11 mil y 13 mil millones de dólares al año, pero nadie se atreve a suprimirlo. ¿No decían que el petróleo era de todos los venezolanos?

El gobierno en el 2014 importó bienes y servicios por un monto de 60.5 mil millones de dólares y exportó petróleo cobrable (hay otro previamente comprometido) por 39 mil millones.

La diferencia, claro, se convirtió en parte de la deuda y es una de las razones que explica el desabastecimiento. No tienen divisas para importar los insumos que necesita un país en el que el chavismo ha diezmado a la clase productora y ha cerrado siete mil empresas de todos los tamaños.

Abocados a la quiebra

Venezuela probablemente no pueda afrontar el pago de la deuda y tenga que declararse en quiebra, de acuerdo con las sombrías predicciones del Banco Mundial. Este año la nación tendrá que abonar 11 mil millones de dólares en intereses y obligaciones, y carece de liquidez para pechar con ese compromiso.

En el 2016 le volverá a suceder lo mismo. La quiebra, posada como un buitre sobre los tejados de los bancos, le encarecerá notablemente las líneas de crédito.

Simultáneamente, el subsidio a Cuba, de acuerdo con el economista Carmelo Mesa Lago, alcanza los 13 mil millones de dólares al año, y ahí se incluyen 107.000 barriles de petróleo que llegan diariamente a Cuba, de los cuales la isla revende unos 40.000.

Venezuela se calcutiza, pero con un agravante, las ciudades no sólo están cada día más sucias y llenas de escombros: el crimen es la principal causa de muerte. Ni el cáncer ni los infartos, ni los episodios cerebrales, por separado, matan tanto como lo que en ese país llaman «los malandros».

Asesinar impunemente

El año pasado fueron asesinadas 25.000 personas y el 94% de esos crímenes quedaron impunes. Es menos arriesgado pasearse con un ejemplar de «Charlie Hebdo» en las manos por las calles de Damasco que ir a comprar el pan en Caracas. Tal vez no haya pan, pero seguramente encontrarán maleantes.

El gobierno, además, ha armado y convertido a los delincuentes en milicias paralelas para controlar, acosar y, si es necesario, dispararle a la oposición, como se ha visto en cien vídeos exhibidos por internet. Cuando no persiguen a los opositores, persiguen los anillos, billeteras y relojes de los aterrorizados ciudadanos.

Una buena parte de la vida del venezolano -sobre todo de las mujeres- transcurre en las colas a la búsqueda y captura de cualquier objeto necesario: comida, medicinas, útiles de aseo personal. A veces hay peleas por unos muslos de pollo o por unos cartones de leche.

Cada día que pasa faltan más objetos. El papel higiénico se ha convertido en una obsesión nacional.

En Miami, los exiliados venezolanos, en venganza, han hecho imprimir miles de rollos con la cara de Maduro para darle su fétido merecido al presidente.

En esta atmósfera no es extraño que los venezolanos más educados quieran marcharse del país. Ya lo ha hecho, afirman, millón y medio. Se les ve, laboriosos y eficientes, en España, Panamá, Colombia, Ecuador y Estados Unidos.

En el gran Miami, la ciudad de Doral es fundamentalmente venezolana, incluido su alcalde. A Weston, 20 kilómetros más al norte, la llaman Westonzuela. En Aventura, un rico vecindario costero a 35 kilómetros de Miami, se han asentado los judíos venezolanos, con el prestigioso rabino Pynchas Brener a la cabeza, y allí han llevado sus saberes, sus capitales y sus buenas costumbres empresariales y profesionales.

En Miami, además, los venezolanos han revitalizado el teatro en español, poseen un diario, varias estaciones de radio y al menos dos canales de televisión. La desgracia de Venezuela ha sido una bendición para el sur de la Florida.

Lo lamentable es que la mayor parte de esos refugiados no regresarán a su país cuando amaine la tormenta. Se quedarán en EE.UU. a generar riqueza, criar a sus descendientes y disfrutar de la institucionalidad de la más vieja democracia del hemisferio.

Tal vez es importante preguntarse por qué uno de los países potencialmente más ricos del mundo ha caído en ese abismo.

Se trata de una nación de más de 900.000 kilómetros cuadrados, y menos de 29 millones de habitantes («supervivientes», dicen allí), dotada por la naturaleza con todos los bienes imaginables: petróleo, hierro y otra docena de minerales valiosos, tierras fértiles, agua potable en abundancia, playas paradisíacas, fabulosas selvas vírgenes, y una población educada en la que abundan los profesionales formados en universidades nacionales y extranjeras en las que han adquirido su postgrado.

¿Por qué ocurrió esta catástrofe?

¿Por qué semejante paraíso, al que durante décadas emigraban los canarios y gallegos, los italianos y centroeuropeos, en busca de un mejor destino, sufre hoy este descalabro?

Fundamentalmente, se debe a que en el país prevalecían varias ideas y actitudes totalmente erróneas que pueden resumirse en una palabra: populismo. Muchos venezolanos pensaban, porque así se lo aseguraban los políticos, que el país era rico, y no que la riqueza se creaba mediante el trabajo metódico.

Creían que la pobreza de muchos venezolanos era debida a la riqueza de los que habían conseguido prosperar. Bastaba con arrebatársela a los pudientes para establecer una sociedad más justa.

Pensaban que esa situación cambiaría cuando un grupo de personas bienintencionadas, dirigidas por un caudillo enérgico, acabara con las injusticias. Ese personaje fue el nefasto Hugo Chávez.

Los venezolanos no eran capaces de advertir que los 25 países más prósperos y felices del planeta, son democracias regidas por la ley y sustentadas en instituciones de Derecho.

Estaban decididos a terminar con el bipartidismo y liquidar a los dos partidos tradicionales, a los que acusaban de ineficientes y corruptos -algo de eso había-, sustituyéndolos con los iluminados populistas antisistema de Hugo Chávez, pese a que en los 40 años transcurridos entre 1959 y 1999 -la etapa democrática- Venezuela había experimentado el mejor periodo de su turbulenta historia.

El resultado está a la vista: Venezuela es hoy la nación más corrupta de América Latina según Transparencia Internacional, en la que nadie sensato invierte un dólar, de donde escapa todo el que puede, regida por un tipo estrafalario que habla con los pajaritos y obedece a un comisario cubano, tristemente patrullada por unas Fuerzas Armadas controladas por narcogenerales.

Tomen nota los españoles. En todas partes cuecen habas. Basta con que prevalezcan las ideas populistas para que un país se hunda irremisiblemente.

Teoría de colas a la venezolana

Carolina Jaimes Branger

En 1909, el matemático danés Agner Krarup Erlang publicó el primer trabajo sobre teoría de colas para la Copenhagen Telephone Exchange, empresa para la que trabajaba. El estudio era para mejorar el sistema de llamadas y evitar los congestionamientos de las líneas.

En ingeniería, en particular en la investigación de operaciones, la teoría de colas se usa para modelar sistemas y optimizar su funcionamiento. En otras palabras, para que la gente espere en cola el menor tiempo posible.

En el estudio de las colas se asume que éstas se forman “debido a un desequilibrio temporal entre la demanda del servicio y la capacidad del sistema para suministrarlo” (Wikipedia).

 Es decir, como la cola es directamente proporcional a la capacidad del sistema para suministrar el bien o el servicio, podemos inferir que en Venezuela nos esperan largos años de largas colas, porque si algo ha demostrado nuestro “sistema” es su absoluta incapacidad de producir un bien o prestar un servicio.

Las colas en Venezuela son imprevisibles e inmedibles. Primero, porque nosotros JAMÁS hicimos cola para nada. Si acaso para ver “Tiburón” en 1975 y fue algo tan ajeno a nosotros y tan rocambolesco, que casi todos los días salía en el periódico una foto o una reseña de la gente en fila…

Segundo, porque nuestra idiosincrasia -por más que deteste reconocerlo- es de no hacer cola. Los venezolanos se le colean hasta a su abuela. Hasta un comercial de una famosa bebida hizo una apología de la “viveza criolla” representando a un tipo que se coleaba, que por supuesto, era el héroe del comercial. En cualquier otro país, hubiera sido el villano.

Aquí la gente se colea de varias maneras: siempre sospecho de quienes se hacen los tontos, caminan con la boca abierta viendo para arriba y al llegar al principio de la línea ¡zas!, se meten como si nada. En los bancos proliferan. Otros llegan diciendo “solo voy a hacer una pregunta” y ¡zuás!, terminan comprando primero que todos los demás. Esos abundan en las farmacias.

Otros buscan a un amigo que les dé cola “es que nosotros vinimos juntos, pero yo fui a parar el carro”. O simplemente le entregan al amigo el dinero de lo que quieren comprar y esperan -sin discreción- a que les entreguen su pedido. Los más descarados se meten a lo macho y ya.

Por esto la Teoría de Colas muere en una cola venezolana.

El jueves pasado pasé por la puerta de un supermercado y había una larga cola. Le pregunté por curiosidad a una señora que qué estaban vendiendo, y me dijo que no sabía, y que “nadie había sido capaz de decirle qué iban a traer”.

¡Pero ella estaba haciendo cola para comprar algo que no sabía qué era!

Me pareció tan exagerado que me puse a preguntar y en efecto, ninguno de mis encuestados -que fue casi la cola completa- sabía para qué estaba haciendo cola. Solo en Venezuela.

La expansión de los rumores es exponencial. Me imagino que será información de quienes trabajan adentro, y como el venezolano es familiar y amiguero les avisa a su familia y amigos “vénganse, que llegó la leche”.

Lo que sigue siendo humillante -y espero que siempre lo sea y no nos acostumbremos a ello- es cuando marcan a la gente como reses, para que no vuelvan a comprar.

¿Y cómo no volver a comprar si se tiene una familia grande?

No es lo mismo comprar para una pareja que para una familia de seis, ocho y más miembros.

Eso significa que todos tienen que ir a hacer cola, hasta los bebés.

Hace un año la gente cordializaba en las colas, y en diciembre de 2013 hasta bailaba gaitas si en el local comercial había música. Hoy no. Hoy hay agresividad y rabia. Hay impaciencia y desazón.

Supe de un pleito de dos mujeres en San Juan de los Morros donde una le sacó el ojo a otra que se le coleó.

El nivel de tensión sube día tras día. Y es que nadie puede pasar diez o más horas de colas a la semana. Nadie. Menos un pueblo acostumbrado a lo contrario.

Las colas son como ollas de presión mal cerradas, que cuando estallan dejan vuelto añicos todo a su alrededor…