El chavismo colapsó a punta de patadas de sus propios partidarios

Pero un día la muerte se llevó a Chávez y al siguiente, los mercados de hidrocarburos se desinflaron. La resaca nos encontró con un extraño en la cama: Maduro, ese perverso regreso de Rumildo devenido dictador.

Milagros Socorro, Konzapata

El chavismo siempre fue violento. Nació de la violencia. Y Chávez, su principal vocero, no mostró inhibiciones para perseguir, confiscar, quitarles a muchos para darles a unos pocos (a su círculo, sus socios y, desde luego, a su familia), encarcelar, insultar, en fin, destruir instituciones, empresas, familias…

Y así marchó, viento en popa mientras el petróleo tenía altos precios. Nunca fue tan carismático Chávez como cuando el crudo pasó de cien dólares del barril. Ah, entonces era una mezcla de Bertrand Russell con Groucho Marx, qué sabio era para los “hermanos latinoamericanos”, qué gracioso para los truhanes caribeños, que con una mano le daban palmaditas en los mofletes y con el otro arrancaban el cheque del talonario.

Pero un día la muerte se llevó a Chávez y al siguiente, los mercados de hidrocarburos se desinflaron. La resaca nos encontró con un extraño en la cama: Maduro, ese perverso regreso de Rumildo devenido dictador.

Entonces, la carcajada se les cortó en seco a los festejantes y en coro profetizaron que Venezuela se dirigiría al colapso.

Pero, ¿cuánto mide la carretera que va al colapso? ¿Cómo sabemos si ya estamos en el colapso o en el precolapso?

Venezuela exportaba arroz, ahora los chats de periodistas se ocupan en preguntar si “alguno tendrá, perdonen la vaina, un poquito de arroz por ahí…”. ¿Eso es el colapso?

La brillante economista Anabella Abadí dijo -en una de las tertulias que organiza el Centro Cultural Chacao- que solo se sabe con exactitud cuándo se está en el colapso cuando se sale de él. En este momento, de desquiciante inflación y cada vez mayor racionamiento, sabemos, sin embargo, que todavía podemos estar peor.

Sabemos que la Unión Soviética estuvo peor. Por años. Incluso, mucho peor. Sabemos que en Cuba la desnutrición llegó al punto de que mucha gente desarrolló severas dificultades de visión por falta de vitaminas y proteínas. Ciegos de hambre, pues.

En Venezuela, con todo y las penurias, no hemos llegado a comer carne humana como en Siberia, donde un fotógrafo captó una mesa donde se exhibían las cabezas destinadas al sancocho con todo y su mueca de horror.

A ver, no digo que no estemos ya en pleno colapso. Puede ser. Si salimos de él en unos meses, yo estaré dispuesta a dar testimonio de cómo era el colapso. No es que me haya acostumbrado a esta mengua hasta el punto de decir que no está tan mal, que mientras haya platanito y queso habrá vida… No. Lo que digo es que se puede estar peor. De hecho, hoy está peor que ayer.

A donde intento llegar es que el colapso económico todavía puede estirarse (como estamos haciendo con el paquete de harina P.A.N., que hemos hecho rendir mediante el expediente de hacer arepas más flacas o mezclarla con otras cosas).

Pero de lo que no hay duda es de que el colapso político ya le llegó al chavismo. Con la fuerza y contundencia de una patada.

Los bandazos que hemos visto dar a Maduro son signos palmarios de colapso, pero ninguno tan elocuente y patético como haber mandado un piquete lumpen a agredir a los familiares y partidarios de Leopoldo López en las puertas del “Palacio de Justicia”.

Una revolución que se ocupó de dos cosas básicamente, robar y cuidar la foto, ya ni se molesta en contratar asesores de imagen ni pagarles millonadas a figuras de Hollywood para que proyecten destellos de glamour al pesebre de los hijos de Maisanta y Zamora. Ya no hay pudor.

Ahora la cara de la revolución es el ritctus de odio y frustración de un pobre diablo que se cree Camilo Cienfuegos porque golpea a Manuela Bolívar y rasga su ropa… por cierto, en mi pueblo hay una gente que no solo no son cómplices de quienes agreden a su hija embarazada sino que los enfrentan con coraje. Se llaman hombres.

Vamos a ver qué hará Didalco Bolívar después de que sus compañeros de revolución agredieron brutalmente a su muchachita, de cinco meses de gestación.

Jacqueline Farías, escoltada y en una camioneta blindada, como un crustáceo fracasado y mediocre, es una de las caras del colapso político. El malandraje con que el chavismo se hizo presente en las inmediaciones del lugar donde se dictaría sentencia a Leopoldo López es la concreción del colapso.

El chavismo hoy no es más que eso, palos y piedras, un paleolítico moral representado en millonarios a costa de la república y pandillas con la cara deforme por la rabia, repartiendo patadas a las afueras de un juicio vergonzante, donde Maduro entró a su personal colapso.

La fogata donde quemaron franelas color naranja (divisa de Voluntad Popular), no lejos de donde mataron al militante de esa tolda, Horacio Blanco, a quien los golpes de la horda le precipitaron un infarto fulminante, será el último altar de la revolución. Ahí se consumirá.

En el rescoldo quedarán los ojillos de Chávez, mirando al abismo con esa expresión de resentimiento y hambre vieja.

Los bachaqueros: quiénes son, cuánto ganan, cómo trabajan

Un estudio cualitativo de la firma Datos revela detalles sobre un nuevo grupo económico: los bachaqueros. En el marco del foro ¿Cómo presupuestar? organizado por Venamcham, Luis Maturén, presidente de la empresa, explicó quiénes son, cuánto ganan y cómo trabajan.

Nicolle Yapur, El/Interés

Son pocos los revendedores, mejor conocidos como bachaqueros, que trabajan solos. Este grupo, denominado por el experto como “los solitarios”, es el más escaso. Sin embargo, los revendedores en esta clasificación forman parte de una red donde intercambian información.

Lo más común son las parejas, sostuvo. Después están las familias de 5 o 6 miembros que se dedican a esto de forma “profesional” y van a dos o tres supermercados en paralelo. “Normalmente ocultan las compras”, indicó Maturén.

La firma revela el nacimiento de la figura del aguantador, una persona encargada de guardar la mercancía cerca del lugar de compra.

Los bachaqueros entrevistados por Datos señalaron que entre ellos existe una organización. Se detectaron casos en los que llegan en autobuses y se paga a la persona para comprar.

Según la firma, el perfil del bachaquero está integrado por antiguos buhoneros, desempleados, trabajadores con horarios flexibles o a tiempo parcial. Trabajan de miércoles a domingo, porque son los días en los que los supermercados están mejor surtidos.

“Los días en los que les toca por cédula se van al sureste de Caracas, porque los controles son más difíciles de burlar ya que no son de la zona”, explicó Maturén.

“El resto de los días van al oeste porque es más probable que sorteen los controles” y hacen alianzas con personal de los supermercados, agregó.

En cuanto a los horarios, trabajan desde muy temprano. Salen desde las 4 de la mañana y terminan más o menos a mitad de la tarde.

El estudio revela que también cuentan con una red de contactos: pasilleros, vigilantes, cajeros, porque tienen que acelerar el proceso de compra.

En cuanto a la venta del producto hay distintas modalidades. Los que son buhoneros, que ya tienen un punto, trasladan hacia allá los productos adquiridos. No obstante, la gran mayoría venden de forma directa en las oficinas.

Los bachaqueros necesitan mucho efectivo para pagar la cantidad de “peajes” para poder comprar: normalmente no hacen cola, por lo que deben compensar a los vigilantes. La amistad con las cajeras les permite saltar las captahuellas. Mientras, los pasilleros les informan que ha llegado, explicó en analista.

¿Es rentable?

Si a la semana un bachaquero compra Bs 30.000 en productos y calcula sus costos en Bs 9.000, su ingreso neto puede ser de Bs 21.000. “Pueden ganar hasta 120.000 mensuales, dependiendo de cómo se muevan”, indicó.

Pese a las grandes ganancias los consultados por Datos afirman que se sienten mal por lo que hacen. “Ellos quieren que la situación se acabe”, aseguró Maturén.

El venezolano es otro

Según la firma, 8 de cada 10 venezolanos manifiestan que pueden comprar la mitad o menos de lo que necesitan. Un tercio de los encuestados indican que pueden adquirir muy pocas cosas. No hay distinción entre escalas sociales sobre esta percepción, indicó Maturen.

También han cambiado las prioridades: 69% de las personas señalaron que no prescindirían de productos de alimentación. El analista destacó que es la primera vez que la frecuencia de esta respuesta se ubica por encima de los artículos de cuidado personal. “Antes, tomaban la alimentación como un hecho”, indicó. En las prioridades tampoco hay distinciones entre nivel socioeconómico.

Consultados sobre lo primero de lo que prescindirían, en orden de importancia, comer fuera de la casa sumó la mayor cantidad de respuestas. De segundo lugar quedó el consumo de bebidas alcohólicas, algo que Maturén consideró particularmente impactante.

La expectativa de la gente es que va a consumir menos”, especialmente en entretenimiento, ropa y calzado.

A la gente le va a importar el precio y las compras serán más racionales que emocionales, advirtió. También indicó que hay un cambio social en la dinámica del hogar. La experiencia de compra se consideraba un plan familiar.

El estudio cualitativo de la firma de análisis de mercado señala que actualmente ir al supermercado despierta sentimientos de angustia y violencia.

Dentro del establecimiento se recibe hostilidad y maltrato”, indicó Maturén.

Imágenes vía web.

Diseño gráfico: Sala de Información

Cansados de la delincuencia, venezolanos hacen justicia por sus manos

Diego Oré y Alexandra Ulmer, Reuters

Como muchas otras noches, unos ladrones irrumpieron hace poco en un bloque de apartamentos en Valencia para robar neumáticos, baterías y radios, de los autos que dormían a la intemperie.

Pero en esa ocasión, un grupo de residentes, furiosos por los robos semanales y alertados por el llamado de un vecino, atraparon a uno de los tres hombres, lo desnudaron, lo golpearon con rudeza y lo ataron a un poste de alumbrado público, donde lo apedrearon y rociaron con gasolina, relataron vecinos.

Mátenlo, denle“, gritaba la turba según recordó Trina Castro, de 82 años, que vive en uno de los edificios de Kerdell, la urbanización azotada, y que se despertó por el alboroto en plena madrugada hace poco más de una semana.

Fue horrible“, agregó cerca de unas paredes pintadas con mensajes como “choro (ladrón) que se agarre, se quema”. El hombre finalmente no fue quemado, pero quedó inconsciente y fue llevado a un hospital local, según testigos y la policía, que no dio mayores detalles.

En Valencia y por toda Venezuela, los linchamientos o intentos de ajusticiamientos están aumentando, de acuerdo a grupos de derechos humanos y reportes de medios.

Organizaciones no gubernamentales (ONGs) creen que la justicia por mano propia está surgiendo en respuesta a la rampante delincuencia que ha colocado desde hace unos años a Venezuela, según Naciones Unidas, como uno de los países con la mayor tasa de homicidios en el mundo.

Pero también por la impunidad.

De cada 10 criminales atrapados por la policía sólo uno acaba en la cárcel, asegura el Observatorio Venezolano de Violencia y otras agrupaciones.

En lo que va del año han ocurrido al menos una treintena de linchamientos o intentos de linchamiento. Y tan sólo en el último mes hubo 13, de acuerdo con un seguimiento de medios locales hecho por Reuters.

Una fuente en el ministerio de Interior y Justicia, quien pidió no ser identificado porque el ministro el único autorizado para hablar con la prensa, dijo que la dependencia usualmente no comenta sobre casos en investigación.

Sin embargo, funcionarios del gobierno del presidente Nicolás Maduro y muchos de sus simpatizantes aseguran que la “ola de linchamientos” es un “invento” de medios opositores que, con financiamiento extranjero, buscan derrocarlo.

Represalias

En otros países de la región como Bolivia, México y los andes peruanos, los linchamientos ocurren con frecuencia pero a mucha menor escala. El año pasado, por ejemplo, la Defensoría del Pueblo reportó 10 personas linchadas en toda Bolivia.

Durante el mismo período, en Venezuela lincharon a 40 personas, en su gran mayoría, en zonas pobres del interior, según la ONG local Observatorio Venezolano de Violencia.

Pero esa tendencia está cambiando con un aumento de casos en zonas urbanas: a finales del mes pasado, dos delincuentes fueron brutalmente golpeados luego de arrebatar la cartera a una mujer en una zona de clase alta de Caracas.

Tras el robo, los ladrones fueron perseguidos por vecinos enardecidos que lograron atraparlos una cuadra después para golpearlos airadamente hasta que llegó la policía. Desde los apartamentos circundantes, otros vecinos gritaban “denles duro“.

Por la gravedad de sus heridas, los ladrones tuvieron que ser llevados en una ambulancia a un hospital cercano.

No estoy de acuerdo con los linchamientos, pero ¿qué podemos hacer?”, se preguntó Raquel Brito, una vecina testigo de los hechos quien aseguró que los robos en la zona son comunes.

Elisio Guzmán, un experimentado comisario al mando de la Policía del estado de Miranda asegura que la impunidad en la zona que protege, llega al 60 por ciento: de cada 10 aprehendidos, seis regresan a las calles.

“En la medida en que no haya respuesta del Estado, van a incrementarse los linchamientos. La policía lo puede poner preso, pero llega al tribunal y lo sueltan“, opinó Guzmán, quien tiene 45 años de experiencia policial.

Fuera de Caracas, donde viven el 80 por ciento de los casi 30 millones de venezolanos, los linchamientos son más feroces.

A mediados de agosto, en el estado central de Aragua, una turba arremetió contra tres supuestos ladrones de baterías de autos, escasas en el país. Uno de los acusados fue brutalmente atacado a machetazos y finalmente degollado.

Cuando los pobladores se disponían a linchar a sus dos acompañantes, la policía llegó y se llevó a la pareja.

La gente es perversa. El delito, generalmente, no se compara con los daños que le ocasionan al ladrón“, dijo Guzmán.

Analistas sostienen que los linchamientos no disuaden a los ladrones. Sólo alimentan un círculo vicioso de violencia ya que los familiares de las víctimas van en busca de venganza o porque los ladrones se arman para evitar ser linchados.

Ahora creemos que pueden venir represalias. No me siento segura“, dijo María Pérez, una vecina de Kerdell, la urbanización en Valencia, al centro del país. “Estamos pensando en mudarnos“.

“Una pared pintada con el mensaje “choro (ladrón) que se agarre, se quema” en uno de los edificios de la urbanización Kerdell en Valencia”. Imagen: Thomson Reuters 2015.