Delincuencia usa Facebook e Instagram para seleccionar a sus víctimas

Según cifras de la policía científica, 6% de los homicidios y de los secuestros registrados en Venezuela ocurren por la información que usuarios revelan en las distintas aplicaciones o redes sociales. Además, son usadas para concretar sicariatos desde algunas cárceles del país

María Isoliett Iglesias, Clímax

Sin dejar de hundir el frío cañón de la pistola sobre su sien, el secuestrador exhaló con fuerza y luego le dio las gracias. Su tono fue parsimonioso y por eso Marisela se asustó aún más.

¿Cómo era posible aquel cambio de humor tan repentino, si recién le había proferido una letanía de amenazas si no dejaba de retorcerse y de pedir a gritos que la liberaran?

El esfuerzo de Marisela por ahogar su desesperación, no fue lo que motivó el agradecimiento del delincuente, sino la “colaboración” que, según él, ella prestó para que la banda de secuestradores pudieran capturarla ese día. De eso se enteró después, cuando la tuvieron amarrada y acomodada en una guarida mientras llamaban a su familia para negociar su libertad.

Marisela no entendía cómo había podido ayudar a concretar su propio secuestro. Eso no se lo explicaron sus captores, sino los funcionarios de Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (CICPC). Para esta entrevista pidió llamarse Marisela porque todavía tiene miedo. Tampoco quiso hurgar en los detalles de su captura, ni en la especificación del tiempo que tuvo en manos de sus depredadores.

“Aprendí que la discreción es mi mejor aliada. Yo era de las que contaba todo, y en tiempo real, a través de mis redes sociales, sobre todo en Facebook. Aunque también usaba Twitter, pero no tanto. Luego Instagram y mi perfil era público. Todavía no sé por cuál de esas me hicieron seguimiento, pero cuando el funcionario me dijo que, de acuerdo a las investigaciones, habían descubierto que fui víctima por mi imprudencia en las redes sociales, me sentí vulnerable. Mi primer impulso fue cerrarlas todas porque sentía que me tenían vigilada. Hasta mi número de teléfono llegué a cambiarlo. No quería salir de mi casa. No quería hacer nada. Luego entendí que solo debía ser discreta y así empecé a retomar mis rutinas”, contó esta joven de 21 años.

En Venezuela, el uso de las redes sociales y apps para concretar delitos -secuestros y homicidios- no es una práctica cotidiana, pero de no atacarse a tiempo, el auge podría ser avasallante. Podrían convertirse en las mejores cómplices del hampa.

De acuerdo a fuentes de policía científica, que prefirieron mantener sus nombres anónimos, 6% de los secuestros y de los homicidios, ocurridos en el último año, estuvieron ligados al mal uso de las redes sociales sobre todo Facebook e Instagram.

Los agentes explicaron que las personas suelen publicar y “repostear” más de lo debido y, en consecuencia, obviar las propias advertencias de seguridad que puede ofrecer la aplicación, como por ejemplo la desactivación del GPS.

“Esto es lo que ha hecho que los delincuentes se sienten frente a una computadora para rastrear a sus víctimas. Es como si salieran a perseguirlas, pero desde la comodidad de su guarida, habitación o celda… hasta los convictos comenzaron a valerse de estas aplicaciones para cometer fechorías”, advirtieron.

De acuerdo a las indagaciones adelantadas, desde varias cárceles del país se han registrado casos en los que se crean falsos perfiles de Facebook para contactar a sus víctimas. Cuando lo logran, proceden a concretar su objetivo: secuestros u homicidios por encargo.

Las pesquisas y sondeos de casos emblemáticos, como el doble homicidio en el que murió Reidid Rafael Rojas, de 21 años, hijo del fiscal nacional Didier Rojas, lo certifican. Reidid fue un daño colateral del plan que varios presos de Yare I habían urdido. La sentencia era para Daivin Isaid Acosta, de 26 años.

Así es la historia: Daivin había dejado cuentas pendientes con reclusos de Yare I, donde había estado confinado por algún tiempo. Ya libre, sus enemigos de celdas contactaron a cuatro personas afuera, las ovejas negras,  y crearon un perfil falso en Facebook. Lo mataron.

Una voluptuosa y sensual muchacha era la supuesta dueña del perfil que, con insistencia, lo pidió como amigo. Cuando él aceptó la solicitud, concertaron un primer y último encuentro. Se verían por los predios del 23 de Enero. La cita fue inesperada y por eso Daivin no tuvo tiempo de planificar cómo llegar.

Él estaba reunido con varios amigos, entre ellos Raidid. Uno de los muchachos le ofreció su carro para que no perdiera la oportunidad con aquella mujer de curvas urgentes. Pero Daivin no sabía manejar. Solidario, Raidid le dijo que lo llevaba y luego se devolvía. Hecho.

Daivin, para cerciorarse de que aquello no era una trampa, le pidió a la joven un número de teléfono, él llamó, habló con ella y luego salió con Raidid. Cuando llegaron al lugar acordado, los emboscaron y los asesinaron. La policía logró detener a cuatro personas por este caso.

La mala era digital

Crímenes como este empiezan a replicarse. Tanto, que en un año pueden concretarse, en promedio, más de mil homicidios por encargo y cuyos asesinos usan las redes sociales. De acuerdo a algunos expertos en seguridad, esto ocurre porque no existe control en los penales.

“Hay mucha anarquía adentro. Que haya Internet sin regulaciones es una aberración tan grande como la de la existencia de celulares. Esa falta de autoridad y de castigos, es lo que ha hecho que los malandros empiecen a mutar la forma de ubicar a sus víctimas. Pareciera que se aburren de tanta impunidad y se dedican a versionar sus formas de delinquir para establecer nuevos récords. Aquí no debería ser culpa del usuario de la red, sino de la falta de seguridad que el Estado aporta a sus ciudadanos. Si el sistema de justicia funcionara, las redes no se empezarían a convertir en las mejores herramientas de los delincuentes”, coincidieron los expertos consultados.

Pero esto no es todo. La policía también ha registrado casos de violaciones luego de concretarse citas a través de redes sociales. Para los funcionarios se vuelve difícil precisar la incidencia de este delito. Existe un subregistro importante. No todas las víctimas de abuso sexual denuncian lo que pasó y mucho menos lo que motivó que ocurriera.

¿Cómo evitarlo?

El ciber activista, Luis Carlos Díaz explica que todo tiene que ver con la forma en la que los usuarios utilicen sus redes y contactos. “Hay que aclarar que no es culpa de Instagram, sino del uso que se le dé. Lo primero que hay que tomar en cuenta es que la información que suele compartiste será pública y permanente, lo cual genera una traza para los demás”, dijo Díaz.

Esa huella es la que pueden usar los bandidos, o los ingenieros sociales, para aproximarse a su víctima y anticipar sus movimientos.

“Hay gente que revela información que la hace vulnerable, pues ostentan viajes, compras, fiestas… y hasta publican su ubicación en tiempo real. Eso debe evitarse. Aunque en Venezuela la recurrencia de los delitos por uso de redes sociales es muy baja, hay formas para que ni siquiera lleguen ocurrir”, advirtió Díaz.

Recomendó evitar ofrecer información que vulnere la privacidad y revele, por ejemplo, la actividad económica personal, o de la familia, amigos y allegados. Esto le impediría a un secuestrador conseguir víctimas potenciales a través de las redes. Tampoco se deben publicar actividades en tiempo real.

Por su parte, policías advirtieron que los padres deben supervisar las redes sociales de sus hijos para evitar que sean víctimas del abuso sexual, por ejemplo.

“Los adolescentes son vulnerables, no solo por la inexperiencia, sino por la rebeldía y la falta de prudencia. Hemos registrado casos en los que jovencitas aceptan invitaciones de personas que conocen a través de algunas aplicaciones y luego son violadas o secuestradas”.

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