La rebelión de los incapaces

Abog. José Carlos Blanco Rodríguez, Primicia

La próxima rebelión no será contra los ricos sino contra los capaces. Esto lo dijo H.G. Wells por allá por los años 30 del siglo pasado. Y sobre esto, también escribió Manuel Fraga en 1978, refiriéndose a la realidad española de aquella época.

Cuestionaba cierta tesis “progresista” de aquel entonces, que defendía la igualdad a ultranza, cometiendo el pecado imperdonable de desconocer el mérito privilegiando la mediocridad. Parece que hoy, casi 40 años después, esto se está cumpliendo. Pero antes de continuar debo hacer algunas aclaratorias.

En primer lugar, cuando utilizo el adjetivo “incapaz”, no me refiero a incapacidades jurídicas de goce, ejercicio etc; tampoco a las incapacidades morales, que se manifiestan en personas que no saben distinguir entre el bien y el mal; me refiero específicamente a la falta de talento para realizar una actividad u ocupar un cargo.

En segundo lugar, no soy partidario del darwinismo social y no pretendo que se divida la sociedad entre aptos y no aptos, Las tesis del destacado científico no pueden aplicarse a los hombres, porque todos tienen derecho a llevar una vida digna independientemente de sus méritos o capacidad profesional. Pero una cosa es tener derecho a la salud y otra pretender ejercer la medicina sin saber. Creo que este ejemplo aclara mi posición.

Como decía al principio, me atrevo a asegurar sin temor a equivocarme, que en este tiempo se cumple la profecía de Wells.

“Los incapaces se rebelan contra quienes tienen talento, y quieren ocupar espacios que profesionalmente no les corresponden; la lucha contra lo bello, lo virtuoso, lo sublime, o lo decente está a la orden del día”.

Parece que la excelencia está satanizada y se hace todo lo posible por ignorar y destruir, a toda costa, el reconocimiento al talento individual.

Y esto arranca desde la educación. Me cuenta una profesora que da clases de física en bachillerato que, como aplazó a varios alumnos, fue citada a la Dirección del liceo y obligada a reunirse con los estudiantes para “resolver el problema”.

Ahora bien, el único y principal problema, era que los alumnos no sabían responder el examen, y el que no sabe de física no puede aprobar esa materia. Pero eso no lo entendió la Directora y parece que tampoco lo entienden las demás autoridades educativas.

Nadie discute que todos tienen derecho a la educación, pero no todos tienen derecho a obtener títulos si resultan aplazados en los exámenes.

No se puede tapar el sol con un dedo, dice la sabiduría popular. Si hay una actividad humana donde se evidencia que no todos somos iguales, es en el ejercicio profesional: hay médicos buenos y malos, ingenieros buenos y malos, abogados buenos y malos.

Aunque los políticos se empeñen en sostener lo contrario, el dominio de la ciencia y la técnica no tienen nada que ver con la derecha o la izquierda, la burguesía o la revolución.

Lo malo es que la política se meta en estas cosas, designando a dedo, a personas poco aptas para ocupar los cargos de dirección en materias indispensables para el bienestar social.

El problema es más grave de lo que parece, porque no solo afecta el bienestar material, también mina la moral social, tal y como lo evidenciaba Fraga en el artículo mencionado:

“La revolución se prepara de muchos modos; ninguno más seguro que este: destrozar el principio del esfuerzo y el mérito, y de proponer la incapacidad arrogante. De todas las formas de igualdad, la que pone al mismo nivel al trabajador y al vago, al cobarde y al comprometido es -sin duda- la más negativa y la más funesta”

Y lo peor, es que quienes cargan siempre con las consecuencias de la rebelión de los incapaces, son las personas más humildes, que no tiene para pagar el costo privado de los servicios de calidad que el estado debe garantizarles.

Un pensamiento en “La rebelión de los incapaces

  1. Solo me gustaría aportar a este excelente escrito, que estas advertencias nos las han venido señalando numerosos valiosos hombres y desde hace siglos. En Respeto a la brevedad mencionaré solo tres Personajes:
    1.-Sócrates
    “El famoso solo sé que no sé nada de Sócrates, por allá, por el siglo VI antes de Cristo, no quiso ser una expresión de modestia, sino una burla dirigida a las ambiciones de esa heterogénea multitud que pretendía gobernar a Atenas cuando era tan inculta que, a diferencia del filósofo, ni siquiera tenía conciencia de su ignorancia”
    “Esta reflexión de Sócrates, pudiera considerarse el primer antecedente histórico de la denominada actualmente por algunos autores como la “Insurgencia de la Ignorancia”. En este orden de ideas, el concepto de democracia nació satanizado, por su relación directa a los conceptos pueblo, mayoría, masa e ignorancia, y todos sabemos que pasó años después con la sociedad ateniense” (Tomado de “El mito de las mayorías”)

    2.-José Ingenieros
    José Ingenieros, en su obra “El Hombre Mediocre” (1913) nos ilustra sobre este fenómeno, expresando que:
    “La naturaleza se opone a toda nivelación, viendo en la igualdad la muerte; las sociedades humanas, para su progreso moral y estructural, necesitan del genio más que del imbécil, y del talento más que de la mediocridad. La historia no confirma la presunción igualitaria: No suprime a Leonardo para endiosar a Panza ni aplasta a Bertoldo para adorar a Goethe. Unos y otros tienen su razón de vivir, ni prospera el uno en el clima del otro. El genio en su oportunidad, es tan irremplazable como el mediocre en la propia; mil, cien mil mediocres no harían lo que un genio”

    También sentencia Ingenieros, ahora en su obra “Las Fuerzas Morales,” publicada en 1925:
    “áspero es todo sendero que se asciende sin cómplices; los que no pueden seguirlo conspiran contra el que avanza, como si el mérito ofendiera por el simple hecho de existir, el mérito vive rodeado de adversarios; la falta de éstos es inapelable testimonio de insignificancia”
    3- José Ortega y Gasset
    “Desde España, en 1930, se alzó la pluma de José Ortega y Gasset. Con su obra premonitoria “La Rebelión de las Masas”. En plena concordancia con Ingenieros, afirmó que “La sociedad es siempre una unidad dinámica de dos factores: minorías y masas. Las minorías son individuos o grupos de individuos especialmente calificados. La masa es el conjunto de personas no especialmente calificadas”. En alusión directa a lo que ocurría en Alemania, España, e Italia, alertó.
    “Bajo las especies de sindicalismo y fascismo aparece por primera vez en Europa un tipo de hombre que no quiere dar razones ni quiere tener razón, sino que sencillamente, se muestra resuelto a imponer sus opiniones. He aquí lo nuevo: el derecho a no tener razón, la razón de la sinrazón, yo veo en ello la manifestación más palpable del nuevo ser de las masas, por haberse resuelto a dirigir la sociedad sin capacidad para ello” (Tomado de “El mito de las mayorías”)

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