El matrimonio del muerto

Abog. José Carlos Blanco Rodríguez, Primicia

Decía el ilustre filósofo Bertrand Russell que, en ocasiones, por razones de justicia se debe ignorar lo que ordenan las leyes. Este es uno de los principales problemas que enfrenta el Derecho, cuando su aplicación conduce a resultados que para la gente común parecen inmorales o injustos.

Canaima, la gran novela guayanesa de Rómulo Gallegos, narra un suceso, que sirve perfectamente para entender el eterno dilema entre el derecho y la justicia; me refiero al matrimonio del muerto.

En el capítulo IX se cuenta que, José Gregorio Ardavin se encontraba gravemente enfermo y, antes de morir, quería casarse con la india Rosa, compañera de vida y madre de sus hijos. Entonces, manda a llamar a Apolonio Alcaraván, que era la autoridad competente para presenciar el matrimonio, quien en ese momento se encontraba conversando con Marcos Vargas, protagonista de la novela.

El asunto era urgente, porque si José Gregorio fallecía sin casarse, sus bienes pasarían a manos de un hermano de mala conducta que no se los merecía.

Pero cuando llegan a casa del enfermo, este había fallecido.

-Aquí no hay nada que hacer- dijo el funcionario.

-Espere un momento- replicó Marcos. -No es posible que por una simple fórmula se cometa esta injusticia. ¿Qué se hace amigo?

Contestó Apolonio: “El difunto tuvo la culpa, por no resolver antes su matrimonio con la India. Ahora la ley protege al legítimo heredero, que es el hermano, con todo lo maluco que sea. Ya eso es clavo pasado”.

-Todavía no- le dijo Marcos, hay un remedio: ¡Casar al muerto!

Y valiéndose de ciertas artimañas, y dos testigos que engañaron, diciéndoles que no podían acercarse al enfermo, porqué padecía un mal contagioso, casaron al difunto con la india Rosa, que apenas sabía escribir su nombre en el acta de matrimonio.

Palabras más, palabras menos, este es el episodio del matrimonio del muerto. He invitado a reflexionar sobre esta historia en mis clases de Derecho, y la mayoría de los estudiantes están de acuerdo en que Apolonio Alcaraván y Marcos Vargas hicieron lo correcto, porque ya conocían la voluntad del difunto.

Sin embargo, otros consideran que cometieron un delito al realizar un acto falso, y lo dos deberían estar presos. La cosa es más complicada de lo que parece. Ilustres representantes del pensamiento jurídico señalan que, cuando se deja de aplicar el derecho invocando la justicia en un caso particular, se comete una injusticia general, pues se viola el principio de la universalidad de las leyes.

El Estado debe velar porque las leyes se les apliquen a todos por igual, y si los funcionarios encargados de hacerlo no cumplen con ese deber, “favorecen” a quienes no le aplican la ley y son injustos con todos los demás.

Luce muy buena la actuación de Apolonio Alcaraván y Marcos Vargas al casar al muerto para que herede la esposa. Pero visto desde otra óptica, constituye una injusticia con las personas que en igual situación que la india Rosa se quedaron sin heredar, porque no tuvieron a un Marcos Vargas ni a un Apolonio Alcaraván, que hicieran la vista gorda ante el imperio de la ley.

Pero el asunto se enreda más, porque desacatar la ley invocando a la justicia, puede utilizarse para cosas buenas y para cosas malas.

En la novela, mientras Marcos Vargas buscaba a los testigos, Apolonio Alcaraván, que no era ningún santo, aprovechando el analfabetismo de la india Rosa, le hizo firmar un documento donde se hacía propietario de un lote de ganado que pastaba en la cercanía. Es decir, no salió tan bien la heredera, ganó la finca pero perdió el ganado.

Comencé este artículo citando a Bertrand Russell, quien justificaba que en ocasiones, por razones de justicia se puede desaplicar el derecho, ahora termino citando a José Ortega y Gasset que, en sus consideraciones sobre la crisis del Derecho, decía:

“A fuerza de hablar de justicia se ha aniquilado el Ius, el Derecho, porque no se ha respetado su esencia que es, la inexorabilidad y la invariabilidad”

Una polémica de ayer y hoy, donde siempre surgirán posiciones encontradas y opiniones diferentes. Y usted amable lector, ¿Cómo ve este problema? ¿Está de acuerdo con el matrimonio del muerto?.

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