Hace 6 años murió Franklin Brito

Franklin Brito es, quizás, el ícono más representativo del valor ciudadano en los últimos 16 años. A riesgo del precio que pagó, su vida, se enfrentó al gobierno que le arrebató el futuro junto a su honorable familia. Físicamente, de él quedó un costal de huesos. Moralmente, legó una enorme lección de dignidad al país, cuyos hijos parece que todavía no terminamos de entender.

Gabriela Moreno y Tal Cual

Durante seis años ininterrumpidos, el productor agropecuario Franklin Brito luchó para que el gobierno de Hugo Chávez le devolviera sus tierras que le había expropiado en el estado Bolívar.

En varias oportunidades las autoridades trataron de acallarlo ofreciéndole dinero pero no pudieron quebrar su dignidad.

Franklin Brito murió el 30 de agosto del 2010 esperando que el gobierno resolviera su caso.

¿Quién era este hombre?

Franklin Brito nació en Irapa, estado Sucre, el 5 de septiembre de 1960. Cursó la carrera de Biología en la UCV y para obtener la licenciatura sólo le faltó elaborar la tesis de grado. Hacia sus 30 años puso sus ahorros en un lote de 290 hectáreas en Bolívar, estado que constituía una buena oportunidad para prosperar por las bondades de su tierra. Del terreno en total sólo 80 hectáreas eran aprovechables para el cultivo. La vocación de agricultor de Franklin Brito nació de sus faenas en la finca de su suegro.

Evadió los límites para protestar. Amputó el dedo meñique de su mano izquierda, para llamar la atención del presidente Hugo Chávez.

Su peso se redujo a menos de la mitad. De 105 kilos bajó a 33. Aún esquelético resistía.

Así defendió Franklin Brito, un agricultor de Ciudad Bolívar, sus tierras de los garfios de la revolución. Lo hizo durante una década.

Condenado por tener la razón

Alcalde Juan Carlos Figarella.

Cuando Franklin Brito propuso un proyecto de utilización de semillas de una variedad resistente a cierta especie de hongo para combatir la plaga que azotó los cultivos de la localidad en 1999, no sabía que su desventura estaba por iniciarse: la iniciativa de Brito se oponía a las medidas del alcalde Juan Carlos Figarella, que consistían en atacar el problema con químicos financiados por la CVG.

Los organismos que estudiaron el caso apoyaron al productor agropecuario y la Corporación retiró su apoyo a la gestión de Figarella. Ahí es donde el también docente situaba el origen de los atropellos en su contra.

En el 2001 lo despidieron del instituto agrícola municipal y en el 2003 encontró que el paso a su fundo estaba cerrado: el Instituto Nacional de Tierras había conferido cartas agrarias a trabajadores locales sobre sus propiedades, según las cuales las familias campesinas eran autorizadas para ocupar y cultivar terrenos que ahora pertenecían al estado y eran administrados por el INTI.

A partir de este momento comenzó la lucha de Brito para defender sus derechos.

Era dueño de la finca La Iguaraya, de 290 hectáreas.

El impase tuvo precio

El y su esposa fueron despedidos injustificadamente de sus cargos como docentes en varios institutos educativos de Guantazo (Bolívar), y el Instituto de Tierras les otorgó títulos de propiedad a otros productores sobre los terrenos que eran suyos.

Con dos cartas agrarias se concretó la decisión. En las misivas le notificaban que campesinos podían trabajar en sus terrenos. Según el gobierno, “el particular (Brito) no pudo probar su pertenencia”.

La primera huelga

A raíz de esto, y de la expropiación sufrida, Franklin Brito inició su primera huelga de hambre a finales del 2004 en la plaza Miranda, en Caracas, como único recurso del que disponía para ser resarcido.

Semejante decisión nació en su conciencia de la necesidad de ejercer presión para recuperar las tierras ocupadas arbitrariamente en el asentamiento campesino La Tigrera. Además, reclamaba el pago de un año de salarios represados injustamente.

Después de 125 días sin probar alimentos, decidió suspender la huelga luego de que la Unidad de Evaluaciones Estratégicas lo llamara para atender su caso. Logró un acuerdo parcial en el que se reconocieron las deudas estatales.

Más dolor por sus derechos

El 7 de julio del 2005, decepcionado por el incumplimiento de las promesas hechas por el Ejecutivo, volvió a la Plaza Miranda, con un semblante mucho más radical que el anterior: se cosió la boca en un gesto que reveló las magnitudes de su determinación.

“Se cosió la boca en un gesto que reveló las magnitudes de su determinación”.

Semejante acto no generó ninguna atención sobre el caso del productor agrícola por parte de los entes competentes. Ante tal panorama, el 10 de noviembre decidió amputarse el dedo meñique de la mano izquierda frente a los ojos del país entero.

Ese mismo día amenazó con cortarse un dedo cada semana hasta que el presidente Chávez se avocara a la investigación de sus reclamos.

Una nueva huelga se dio desde el 24 de noviembre del 2006 hasta 13 de diciembre, cuando formalizó un acuerdo con el INTI en el que le ofrecían reparar todos los daños a cambio de que firmara un documento en el que declaraba que las cartas agrarias no habían afectado sus propiedades.

El engaño oficial 

“Ese mismo día amenazó con cortarse un dedo cada semana”

Después de que el presidente del INTI, Juan Carlos Loyo, le ofreció firmar un texto en el que afirmaba que las cartas agrarias no habían afectado sus tierras, Franklin Brito se sintió engañado porque, si bien le devolvieron su terreno, no revocaron las cartas agrarias mediante las que su fundo -La Iguaraya- fue invadido.

Además, en diciembre del 2006 intentaron comprar su conciencia entregándole una indemnización (dinero y enseres) que también rechazó por considerar que así se convertiría en “cómplice de algún hecho de corrupción”.

Después de esto y de calificar la decisión del TSJ como “arbitraria e inconstitucional”, Franklin Brito empezó su quinta huelga frente al máximo tribunal en marzo de 2007.

En esa oportunidad declaró: “Aquí se cometió una de las mayores aberraciones con mi caso”.

También denunció que el acceso a su fundo sigue cerrado y el usufructuario de las cartas agrarias continúa sigue metiendo su ganado en los terrenos de Brito.

Fue su punto de “no retorno” en la relación con el gobierno. Pedía una audiencia con el comandante. Nunca se vieron las caras.

Clamó por ayuda internacional

Como las autoridades venezolanas no resolvieron su caso, trataron de callar su huelga con dinero y se rehusaron entregarle documentos que explicasen las donaciones como indemnización por los daños causados, Franklin Brito, en julio del 2009, decidió realizar otra huelga de hambre frente a la sede de la OEA en Caracas.

Su objetivo era que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se pronunciara ante su caso. Después de 154 días de huelga de hambre, el 4 de diciembre el INTI anuló las cartas agrarias sobre los terrenos de Brito. Pero el productor afirmó que dicha revocación no es legal y volvió a negarse a recibir la indemnización. Días después, inició una nueva huelga frente al organismo.

El 13 de diciembre del 2009 funcionarios de la PM se lo llevaron contra su voluntad al Hospital Militar, ya que un tribunal acogió la petición de la Fiscalía General que consideró a Brito “inhabilitado desde el punto de vista médico”, con una “disminución de su capacidad”, y ordenó llevarlo al Hospital Militar.

Fiscal General Luisa Ortega: “Inhabilitado desde el punto de vista médico y con una disminución de su capacidad mental”.

“Inhabilitado desde el punto de vista médico y con una disminución de su capacidad mental”, diagnosticó la Fiscalía General de la República a Franklin Brito. La orden fue internarlo en el Hospital Militar.

Se declaró “secuestrado”. El traslado fue en contra de su voluntad. No lo podían visitar ni sacerdotes ni abogados.

Sus días se extinguían en un cubículo que servía de depósito al servicio de terapia intensiva. Quedaba al lado del aire acondicionado. Las vibraciones del aparato no lo dejaban dormir. La temperatura de su espacio era menor a ocho grados centígrados.

Elena Rodríguez de Brito y sus hijos, clamaban soluciones.

La situación se convirtió en una tortura. Su esposa, Elena Rodríguez de Brito e hijas, Ángela y Francia, clamaban soluciones.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos respondió a la peticiones e instó al gobierno a facilitar “el acceso, tratamiento y monitoreo por un médico de  confianza al paciente”. Pero la demora del Inti en reconocerlo como propietario ocasionó la radicalización de la protesta a cuatro meses sin noticias. Suspendió la hidratación.

Era el 5 de mayo del 2010. Sus riñones no soportaron. La medida lo condujo a un coma inducido. Tres meses después, el 30 de agosto, dejó de respirar.

“Pasó de ser carne para convertirse en símbolo y bandera para todos los atropellados por la soberbia del poder”.

Pasó de ser carne para “convertirse en símbolo y bandera para todos los atropellados por la soberbia del poder, para los ofendidos por la prepotencia de los gobernantes, para los que creen que la verdad y la justicia están siempre por encima de circunstancias y conveniencias”, señaló su familia en un comunicado.

Defender su patrimonio le costó la vida.

Se fue insatisfecho a pesar de que insistía en que su “lucha no era contra Chávez sino para hacer valer los derechos”. Descansa en Río Caribe, en el estado Sucre.

Su hija, Francia, heredó la batalla. Ya no lo llora, ahora va a “guerrear por él lo que sea necesario”.

Al momento de su muerte pesaba sólo 33 kilogramos, siendo un hombre de 1,90 metros de estatura.

Elena Rodríguez de Brito

Su viuda, Elena Rodríguez de Brito, no cree que haya valido la pena que su esposo luchara al punto de acabar con su vida. Dijo que, aun hoy, a pesar de que agotó las opciones en el país y en instancias internacionales, el gobierno no ha hecho justicia en el caso.

Elena y sus cuatro hijos (Francia, Ángela, Franklin y José) perdieron a Franklin Brito y las tierras que los mantenían.

Es por esto que hoy la viuda tiene que vender comida por encargo, dictar clases de tareas dirigidas en su casa y realizar transporte escolar para mantener a su familia. Aseguró, tajante, que nadie los financia, como afirman algunos miembros del gobierno.

Muerte irrelevante

Explicó que siguen buscando justicia en el caso de su esposo, por lo que el 31 de mayo del 2013 consignaron un documento ante el Ministerio Público, en el que pedían que se esclarecieran las causas del deceso:

“Responsabilizo al gobierno de la muerte de mi esposo. Aún no hemos obtenido respuesta y ya ni esperamos que nos la den”.

Para el gobierno venezolano las extrañas condiciones en las que ocurrió la muerte de Franklin Brito, bajo su tutela en el Hospital Militar, no tuvieron relevancia jurídica y ni siquiera merecen una investigación.

Así lo ha dejado claro la última sentencia de la Sala de Casación Penal del TSJ, que puso fin en el derecho interno a la acción interpuesta por Elena de Brito ante la Fiscalía General el 31 de mayo del 2011.

Esta nulidad procesal, según explicó el abogado penalista Alberto Arteaga Sánchez, además de impedir cualquier otra acción en el país, marca un precedente importante en la actuación judicial pues puede permitir que cualquier otra causa incómoda sea desestimada en su totalidad sin indagación alguna.

El abogado de la familia Brito, Alberto Arteaga Sánchez, aclaró que la denuncia se introdujo ante la Dirección de Derechos Fundamentales, pero fue recibida por la de Delitos Comunes y se encuentra en manos de la Fiscalía 62 Nacional.

Dijo que se trató de determinar responsabilidades por la privación de libertad y reclusión forzosa a las que fue sometido cuando lo trasladaron de la sede de la OEA al Hospital Militar.

Abogado Alberto Arteaga Sánchez

“Su huelga de hambre fue interrumpida con el alegato de proteger su salud”.

Lamentó que esa decisión, en lugar de ayudarlo, contribuyera con su muerte. El abogado dijo que el gobierno debió brindar una respuesta, pero hasta el momento no ha habido citaciones en el caso.

“Brito fue un ejemplo para el país y, a pesar de lo que algunos señalan, no fue una persona afectada en sus facultades mentales. No fue un hombre que quiso morir (…) Fue un hombre que expresó su voluntad y luchó por vivir dignamente”, agregó Arteaga Sánchez.

Madre e hija coincidieron en algo: el mayor logro de la lucha de Brito fue enseñar a los venezolanos a que tienen que pelear por sus derechos.

Angela Brito

Explicaron que muchas personas que decidieron protestar mediante una huelga de hambre admitieron ante ellas que lo hicieron inspiradas en los actos del productor.

“A pesar de su muerte, Franklin Brito rescató la justicia de su país”, agregó su viuda.

Datos

* Productor agropecuario.

* Falleció el 30 de Agosto del 2010, en el Hospital Militar de Caracas.

* Desde el 2 de julio del 2009, Brito hizo sucesivas huelgas de hambre como medida de presión para solicitar la entrega de sus tierras e indemnización para su familia debido a la expropiación de las mismas.

* La última la inició el 1 de marzo del 2010, con consecuencias fatales para su organismo.

Diseño gráfico: Sala de Información.

Imágenes: La Verdad, Tal Cual y vía web.

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