En Tocorón, el riesgo es que te quieras quedar

El penal de Tocorón, popular por su famosa discoteca, Disco Tokio, ofrece nuevas “amenidades” a los presos que allí cumplen condena. El centro de reclusión, ubicado en Aragua, ahora también cuenta con un “banco”, una piscina, un centro hípico, un gimnasio, un zoológico y una variedad de restaurantes

Unidad de Investigación Runrunes

El Centro Penitenciario de Aragua, conocido como Tocorón, se mantiene como territorio independiente, donde prevalecen los privilegios para los presos que cumplen su condena allí.

Los líderes o “pranes” manejan sus negocios sin ningún tipo de control por parte de las autoridades, y han logrado levantar una infraestructura recreativa que podría ser envidiada por cualquier resort vacacional.

En el penal, que se hizo popular por tener una de las “mejores” discotecas del país, Disco Tokio —recién remodelada— (https://www.youtube.com/watch?v=pCmJR-I-Cto) también tiene vende-paga (centro hípico), banco, piscina, gallera, restaurantes, campo de béisbol, bodegas, gimnasio, tiendas de ropa, cancha de futbolito y baloncesto, y hasta un zoológico de contacto -que entre sus animales más preciados tiene dos ponies-.

Establo donde se encuentran los caballos y ponies.

Aunque no es ni la primera o ni única cárcel que cuenta con una piscina para sus internos —la cárcel de San Antonio en Margarita también tiene la suya—, lo que sí es cierto es que la de Tocorón es de las más recientes y fue concluida y puesta en funcionamiento hace pocos meses.

Piscina y parque infantil.

La falta de cemento y cloro, el costo de las baldosas y otros insumos no fue impedimento para que trompos y otras maquinarias de construcción, trabajaran al ritmo que marca el dinero que mueven los “pranes”.

Parque infantil.

Después de pasar dos puestos de control de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y recorrer parte de la calle principal, que da acceso al penal, los visitantes de Tocorón también consiguen tiendas de ropa y bodegas en las que no hay colas ni escasez de productos, como en los abastos Bicentenario.

“Aquí adentro se pueden comprar compotas, pañales, toallas sanitarias, champú, detergente, jabón de baño o lo que quiera”, dijo el familiar de un recluso, que prefirió no dar su nombre.

En el estadio con frecuencia se realizan campeonatos de softbol y béisbol, con la participación de equipos externos femeninos y masculinos. No se sabe quién autoriza el ingreso. Pero estos visitantes reciben un trato especial. No son requisados y solo les piden mostrar las cédulas de identidad. Luego son escoltados por presos armados hasta al final de las extensas instalaciones del penal, reveló un visitante, que pidió mantener su identidad en reserva por seguridad.

En la cárcel hay 7 mil reclusos. Quienes no caben en las torres, viven en pequeñas casas de madera, dispersas en el resto del terreno. Algunas de estas edificaciones funcionan como ventas de empanadas, loterías, ventas de ropa, bodegas, cervecerías, abastos, entre otros.

En los restaurantes, como El Sazón del Hampa, la visita puede comer desde un sancocho hasta una paella y una parrilla a precios similares a los de la calle.

“En el lugar hay niños y mujeres casi permanentemente. Allí se sigue manteniendo la pernocta de familiares y los presos hasta tienen mascotas”, contó la mujer que frecuenta el penal para visitar a su hijo.

Aunque no existe un inventario del “parque” de armas que tienen los reclusos del penal, un sencillo ejercicio de observación permite hacer un balance del arsenal: armas largas, granadas, revólveres y pistolas automáticas.

Centro Hípico Tokio (vende-paga).

El 12 de julio, una comisión de la Policía de Aragua que patrullaba la carretera San Francisco-Tocorón, sintió en vivo el poder de fuego que tienen los presos de Tocorón. La unidad fue atacada a tiros desde la azotea del penal, resultando herido por bala de fusil un funcionario policial.

Bancarización penitenciaria

Como si se tratara de un juego de monopolio, donde cualquiera puede hacer realidad la fantasía de tener su propio banco, los “pranes” de Tocorón crearon uno a su medida. La piscina, el zoológico o la discoteca no son lo que más impresiona ahora a los visitantes del penal.

“Lo que más llama la atención es una especie de banco que opera en las instalaciones. Sí, un banco”, repite el familiar de un recluso, como queriendo convencerse de que era verdad lo que había visto.

Este establecimiento financiero, de reciente funcionamiento, opera en una casita de tablas. Está custodiada por dos hombres que portan armas largas. En la puerta hay un aviso, hecho en papel bond blanco, en el que claramente se leen los números de cuentas de varios bancos.

“Las cuentas que aparecen en la puerta del banco pertenecen a familiares del ‘pran’ de la cárcel y en éstas los presos (en realidad su familia) deben depositar semanalmente ´la causa´ —una cuota fija que cada recluso debe pagar solo para tener derecho a estar en el penal—”, según explicó el familiar de un preso, que declaró bajo la condición de anonimato por temor a represalias en contra de su pariente.

Este “servicio bancario” lo usan principalmente los familiares de los presos que están fuera del estado Aragua y que no pueden trasladarse semanalmente al penal. El dinero es movilizado a través de transferencias electrónicas. A falta de cajeros automáticos, los parientes depositan en las cuentas de los “pranes”.

Adicionalmente el banco de Tocorón presta dinero a los privados de libertad con un cobro de intereses semanales que oscila entre 10% y 20%, dependiendo del monto y del lapso de pago del total recibido.

Desde hace varios años, Tocorón está bajo control del “pran” Héctor Guerrero, alias “El Niño Guerrero”, quien se dio a conocer en el 2012, cuando se fugó supuestamente con la ayuda de su novia de entonces Jimena Araya, conocida como “Rosita”. Un año después fue recapturado.

Actualmente hay versiones de que la administración de Tocorón está en manos de tres reclusos o ex reclusos, cuyas identidades se mantienen en secreto. Durante la toma militar del sector San Vicente se vinculó con el control del penal a un hombre llamado Johan José Romero, apodado “Johan El Petrica”, quien también sería líder de una organización delictiva denominada “tren de Aragua”.

En la cárcel de Tocorón hay aproximadamente 7.000 reclusos, entre hombres y mujeres.  No se conocen con exactitud los ingresos y la cantidad de dinero que manejan los pranes de ese penal. Pero al multiplicar la cifra de 7.000 internos por los 500 bolívares que cada uno debe pagar semanalmente -por concepto de “la causa”-, el resultado es que los “pranes” reciben 3 millones 350 mil bolívares cada semana. Esto representa 14 millones de bolívares mensuales, monto que alcanza para comprar un apartamento de dos habitaciones en zonas como La Candelaria o Los Chaguaramos, en Caracas.

Además de “la causa”, los “pranes” de Tocorón tienen otros ingresos significativos producto de distintos negocios lucrativos asociados a actividades delictivas como venta de droga, extorsión, robo de vehículos y secuestro, entre otros.

Piscina.

En el caso del negocio de los restaurantes, quienes los regentan deben pagar a los “pranes” un monto semanal dependiendo de las ventas. Algunos de los restaurantes tienen aire acondicionado y otros están al aire libre; los mesoneros suelen ser los presos “evangélicos”.

Otras fuentes de ingreso para los “pranes” son las famosas fiestas y los conciertos, con artistas nacionales e internacionales, que se llevan a cabo dentro del penal para celebrar fechas especiales, como el día de la madre, del padre, del niño o navidad y año nuevo. Estos eventos aportan recursos por venta de licores y drogas.

Recientemente un funcionario del gobierno reveló que 21% del Producto Interno Bruto en Venezuela proviene de la industria del crimen.

Ingresos sobre ruedas

En Aragua es un secreto a voces que desde la cárcel de Tocorón se planifican robos de carros y secuestros. Fuentes policiales aseguran que 90% del hurto y robo de vehículos en la región está dirigido desde la cárcel.

Aunque las autoridades policiales se niegan a hablar oficialmente de este tema, todo el mundo conoce el modus operandi. Los presos tienen bandas que actúan fuera de la cárcel. Ordenan el robo del carro a un ciudadano, le quitan el celular y graban el número. Luego le regresan el teléfono inmediatamente al dueño con la advertencia de que no debe denunciar ante la policía, pues será contactado para negociar la devolución del vehículo.

Transcurridas dos o tres horas del robo del automóvil, el dueño es contactado y conminado a pagar una suma que varía de acuerdo al tipo de carro. El monto exigido como rescate va desde 70 mil bolívares por carros muy viejos hasta 700 mil en el caso de las camionetas.

“El dueño, si quiere recuperar su carro debe acudir al penal de Tocorón con el dinero en efectivo. Allí lo dejarán pasar sin revisarle el bolso en el que lleva la plata para el rescate. Otra fórmula consiste en que si la persona no quiere entrar, un tercero (por lo general un ex preso) lo espera en la puerta de la cárcel, donde recibe el dinero, y es el encargado de entregarlo al ‘pran”, explica una de las víctimas.

Una vez verificado el monto, el dueño del vehículo recibe las llaves y las instrucciones que lo llevan al lugar donde el auto se encuentra estacionado. Algunas personas han tenido que retirar sus carros en centros comerciales (en Maracay, La Encrucijada y hasta en La Victoria) y otros en alguna avenida o calle poco concurrida.

A Marcos, quien vive en La Victoria, estado Aragua, le robaron su camioneta hace dos semanas. “Me interceptaron dos parejas de motorizados cuando salía de una pequeña parcela que tengo en Zuata. Me apuntaron con una pistola, me hicieron abrir la puerta de la casa y de allí se llevaron dos televisores LCD y tres aires acondicionados que fueron cargados en la camioneta. Después me pidieron mi número de teléfono y me dijeron que no denunciara”, relató.

Pero antes de marcharse los delincuentes hicieron una advertencia aterradora: “Sabemos dónde vives. Sabemos en qué colegio estudia tu hijo. Más tarde te llamamos para negociar. Tranquilo que te vamos a devolver la camioneta”, dijeron, deslizando el nombre del plantel.

Cuando iba camino a su casa, Marcos recibió una llamada de un número restringido y le pidieron 700 mil bolívares si quería volver a ver su vehículo. El dinero debía entregarlo personalmente en Tocorón en tres días. El agricultor pidió que le bajaran el monto del rescate, pues no disponía de esa cantidad. “No estaban de acuerdo y dijeron que me volverían a llamar”. Pero antes le recomendaron que vendiera “alguna vaina” para pagarles.

Finalmente los delincuentes aceptaron bajar el rescate a 500 mil bolívares. “Me dieron un nombre que tenía que decir en la entrada cuando me preguntarán a quién iba a visitar. Pasé sin que la Guardia Nacional me revisara el bolso donde llevaba el dinero. En la entrada me esperaban dos hombres, que me llevaron con otro a quien le di el bolso con la plata”, contó Francisco.

El hombre le dijo que confiaba en que el dinero estuviera completo y ni siquiera abrió el bolso. Le devolvió la llave y le dijo: “tu camioneta está en la vía Cagua-La Villa”. Y efectivamente el vehículo estaba en el estacionamiento de un conocido establecimiento de esa carretera.

Casi 100% de las víctimas de esta modalidad delictiva acuden al penal para pagar el recate por su vehículo y al hacerlo los recuperan en perfecto estado. Los que se han negado a pagar son amenazados con ser secuestrados o con que será asesinado algún familiar.

Fuentes policiales señalaron que algunos carros son retirados en el mismo penal, sin embargo no fue posible contactar a alguna víctima que pudiera confirmar que su vehículo estuvo dentro de la cárcel.

La ministra de Servicios Penitenciarios, Iris Varela, señaló recientemente que 90% de los privados de libertad del país están bajo el nuevo régimen penitenciario en cárceles en las que el Gobierno tiene el control. Pero éste no es el caso del penal de Tocorón, donde mandan los “pranes”.

¿Cuál régimen, Iris?

– En las cárceles que están bajo régimen penitenciario oficial (usan uniforme y son obligados a practicar el orden cerrado) al menos una vez al día los custodios cuentan a los privados de libertad. Sin embargo, en el penal de Tocorón esto no se hace porque los pranes no lo permiten.

– El número exacto de personas dentro del penal, que fue construido por albergar a 900 privados de libertad, no se conoce con exactitud.

– A las 7.000 personas, aproximadamente, que cumplen condenas en ese recinto debe agregarse la población flotante (esposas, hijos y otros familiares) que pernoctan cada fin de semana.

– Detrás del estadio de béisbol hay unas “casitas” de tablas donde viven los “pranes”. Les llamar booguies y se dice que están totalmente equipadas. Tienen cocina empotrada, aire acondicionado, televisores pantalla plana y otras comodidades.

– El área donde viven los pranes, está cerca de uno de los límites de la prisión y es custodiada permanentemente por presos con armas largas, que cumplen funciones de vigilancia.

– De lo que sí se tienen cuentas exactas es del número de presos que fueron trasladados desde El Rodeo. De un total de 400 que fueron llevados allí en el 2011 (luego de un motín), solamente quedan 182 en un anexo que denominan Rodeíto y que está bajo el nuevo régimen.

– También se conoce el número de mujeres en el anexo femenino, pues también están bajo nuevo régimen. En total 121 mujeres purgan condena en Tocorón. Rumores entre los presos indican que las autoridades están próximas a cerrar ese anexo.

Peligrosa seducción

Cronicario Tal Cual

Una joven llamada Gaby fue la mujer de seis pranes de la cárcel de Sabaneta. Durante seis años estuvo seducida por el oscuro mundo en el que se tejía una gruesa red hamponil. A sus 25 años cuenta su historia con un gusto amargo en la boca

Esa experiencia me gustó, sentí la adrenalina de seducir a los hombres con mi cuerpo y comencé a hacerles bailes eróticos. Ya no los hacía por mi cuenta. Una vez, después de salir de un baile, uno de los strippers hombres, conversaba sobre las relaciones de pareja. Le dije:

“No me gustaban los coñitos, quiero un tipo pesado. Él de inmediato me respondió que tenía al candidato perfecto. <Mi primo reúne el perfil>, me comentó.

No le presté atención, pero al otro día yo estaba por la Circunvalación 2, cuando recibí la llamada de un pran de la cárcel de Sabaneta. Para mi sorpresa era el primo del stripper.

Comencé a hablar con él por teléfono. Conversábamos a diario, después de un mes me incitó y me hizo entrar a verlo. Recuerdo que fue en diciembre de 2010.

En principio me daba terror. Sentía las palpitaciones a millón, pero también me carcomía la curiosidad de conocer cómo era la vida allá adentro. Escuchaba muchas cosas feas de la cárcel, me imaginaba eso como un túnel oscuro y tenebroso, como un lugar carente de toda comodidad.

Pero no era así, eso era como ver un liceo con su cancha. Penal era el área más equipada, era como entrar a una universidad, era un lugar grande y con pilares inmensos, allí no comían de cuentos para hacer una rumba.

En reeducación, los presos también tenían discotecas, y en calabozo hicieron una tasca poco menos de un año.

Estaba clara en lo que quería, mi objetivo era hacerme novia del reo principal, el que mandaba. Él tenía 24 años cuando lo conocí y fue mi primer novio dentro de Sabaneta. Estaba en el área de máxima y había caído preso por un cargamento de cocaína.

Después de que uno entraba a la cárcel cambiabas por completo. Parecía que se te envenenaba la mente. Sentía el deseo de querer más y más cosas porque veía como los internos manejaban grandes pacas de dinero.

Es un ambiente donde la ambición por querer tener más, crece y crece. Todo era producto de sus negocios ilícitos: Ellos cobraban por todo. Tenían entrada de dinero por el “obligaíto” que pagaba cada recluso, por la droga, por los sicariatos que se planificaban entre esos muros, los cobros de vacunas, el tráfico de armas y las extorsiones. Todos esos reales iban a parar a los bolsillos de los pranes.

Era increíble la cantidad de menores de edad que entraban a la cárcel a tener sexo con los reos. Los pranes pagaban y cuadraban con los guardias para que las dejaran entrar. Y si uno iba a visitar a algún familiar o amigo en la cárcel, y el pran gustaba de ti, ellos hacían la vuelta y como sea te tenían.

Desde mis 18 años estuve como estríper y haciendo “guisos” en la calle, un guiso es salir a prostituirse.

Puedo asegurar que todas las stripper que existen en Maracaibo bailaron e hicieron sus guisos tras las rejas.

Pero antes de bailar para todos los presos consideré que era más rentable convertirme en su mujer. Así nadie más me tocaba.

Hice muchas amistades y me enamoré locamente de seis pranes. Dos de ellos eran del retén y luego fueron trasladados a Sabaneta. A los dos recintos fui a visitarlos.

La primera vez que entré a la cárcel a visitar a “El Chacarrón”, sus hombres, a quienes llamaban los “cuadrilleros”, fueron quienes me recibieron. Me llevaron hasta la lujosa habitación del pran. Había presos que tenían ventiladores, otros aires acondicionados, había cuartos bonitos y equipados.

Todo eso lo vi cuando era novia del pran. Cuando uno va a prestar servicio es otra cosa. Había siempre una mujer que manejaba los “guisos”.

Los presos siempre pedían mujeres, pero eran muy vivos, no les gustaba pagar, a menos de que estuviese muy explotadísima y full operada. El dicho de ellos era que podían tener a la mujer que les diera la gana.

En el negocio se cobraba 2 mil bolívares por la mujer, el encuentro duraba dos o tres horas. A ella se le pagaban mil doscientos y a uno le quedaban 500 bolívares.

A mí dentro de la cárcel no me pagaban, yo solo iba a rumbear, como quien dice iba de nota. Llegué a llevar mujeres, pero no era buen negocio, a veces no querían pagar lo que era, o en otros casos ellas se enamoraban de los presos, se querían quedar con ellos y a uno entonces se le caía el negocio.

En un día entraban a un patio, al menos, cuatro mujeres a prestar servicios, ellos le decían cualquier cosa en el cuarto, entonces ellas comenzaban a entrar por su propia voluntad.

En la calle el negocio es distinto, porque es solo una hora, un solo encuentro sexual lo pagan más barato.

Para ser novia de un pran hay que concentrarse solo en él, porque si mirabas a los lados tenías la muerte segura. En la cárcel no comían de nada para agredir a alguien.

Mi relación con el primer pran duró dos meses y medio, porque era muy celoso. Hasta antes del desalojo de la cárcel me llama para amenazarme. Me decía que me iba a matar, que iban a enviar un carro para que me tiroteara la casa y que donde me viera me iba a caer a tiros. Todo eso es porque después que terminamos la relación, él se enteró que yo entraba en otros patios y que me veía con otros reos.

No todos mis novios fueron en el mismo patio. El último que tuve era pran en el retén. Luego fue llevado a la cárcel.

Mi tercer novio también estaba en el retén y después pasó a Sabaneta, él era una persona que me trataba como una princesa y me complacía en todo. Siempre me habló claro y me dijo que tenía otras mujeres, igual no me importó y nos hicimos novios. Cuando lo pasaron a la cárcel me tarde en ir a visitarlo porque yo había tenido dos novios en esa área.

El venía de ser un pran en el retén y estaba claro con los tipos. Yo también tuve que ser clara y le conté que me había acostado con dos reos. Ambos estábamos pidiendo “luz” (permiso) con el pran para poder entrar.

Luego de toda esta experiencia, llegué hasta visitar brujas para saber si me iban a matar o no. La política que manejaban los presos era hacer las cosas bien, no hablar, no mirar pa’ los lados. Si entras en un patio no tienes porque entrar en otro.

Hay mujeres que se “tragan la luz”, como fue el caso de una muchacha a la que le dieron un tiro en la pelvis porque salió de “calabozo” y luego se fue caminando para “máxima” a visitar a otro reo.

El día de las elecciones del 2012, también asesinaron a Georgina Solorzo, en el frente de la casa de su abuela, al parecer, tenía cuentas viejas con un pran de la cárcel y meses antes una muchacha recibió un tiro en la frente cuando se trasladaba en su carro cerca de Sabaneta. Iban por Georgina, pero se confundieron y cayó la inocente.

Esos tipos tenían tanto tiempo presos que se hacían una mente maquiavélica. Así dijeras que eras una santa o que venías de un convento, ellos no iban a ver eso. Eso sí, cuando te conseguían, te trataban como una reina, los “cuadrilleros” preparaban comida y te servían.

Cuando me empaté con mi quinto novio a mí no me pagaron nada, solo el taxi y las tarjetas para activar el teléfono.

Al momento de nuestros encuentros los obligaba a que se colocaran el preservativo. Cuando tenía el periodo no me dejaban entrar, supuestamente para evitar contaminación en el área, pero quiénes más sucios que ellos.

La última vez que entré a la cárcel fue en Semana Santa del año pasado, me tiré una rumba con pistolas y todo, y me tomé fotos con todo el mundo.

A pesar de los buenos momentos, yo hago un stop en mi vida y reflexionó, y doy gracias a Dios porque salí ilesa de todo esto. Fui testigo de cómo mandaron a matar a varias amigas y vi a madres llorar sus muertes.

De lo que estoy segura es que de esta vivencia tan oscura todo se desvanece y solo quedan recuerdos, lágrimas, experiencias, malas vivencias, el estrés y el cansancio de hacer y deshacer para conseguir falsos lujos.

“Llega un momento en que uno piensa que el mundo de afuera no existe”.

Gabriela fue testigo del punto final que las autoridades pusieron a historias de armas y prostitución en la Cárcel Nacional de Maracaibo. Hoy, con una nueva vida y con una niña de cinco meses en sus brazos, celebra lo que ella misma ha llamado su renacimiento personal.

La mafia de los barrotes

CEFAS

Lo que en adelante relatamos es el producto de la recopilación informativa previa a un proyecto editorial que quisimos llamar “La Mafia de los Barrotes” y que en parte coincide con el excelente trabajo que el equipo periodístico del diario El Universal ha publicado.

La Planta de “El gocho José”

En el desalojado retén de La Planta – en El Paraíso, Caracas- la figura de “El Gocho José” era sinónima de poder sin escrúpulos. Este andino, nacido en San Cristóbal, era el PRAN (preso rematado asesino nato) que controlaba todas las actividades que se generaban dentro y hacia las afueras del penal. José es un hombre de 47 años, aproximadamente, que fue sentenciado por el delito de homicidio.

Desde su llegada a La Planta “hizo una carrera exitosa” que lo lleva a encumbrarse como PRAN hasta su reciente traslado a Yare en donde “se le garantizó” su espacio para continuar sus actividades que le permiten ganar cientos de millones de bolívares semanales.

“El Gocho José” es el jefe de un grupo que desde esa penitenciaría (y estimamos que desde Yare será igual) manejaban actividades como el tráfico- de afuera hacia adentro y viceversa- de drogas, el sicariato, la prostitución, el tráfico de armas y municiones.

Fuentes ligadas a “El Gocho José” aseguran que este “jefe” maneja un negocio de drogas que le deja 200 mil bolívares fuertes semanales. Su principal zona para el negocio de los estupefacientes es Antimano-Carapita lugares en los cuales el microtráfico está bajo su control.

En la Planta, el citado PRAN tenía una especie de oficina en la cual se planificaban todas las acciones delictivas dentro y fuera del penal. Por ejemplo, se nos asegura que “El Gocho José” estableció lo que en la jerga carcelaria se llama “la causa” para tasar ciertos aspectos relativos al funcionamiento de la cárcel, el ingreso de nuevos reos y su supervivencia dentro del reclusorio.

Para ser más gráficos podemos decirles que si el “equipo” del PRAN determinaba que un nuevo reo contaba con recursos monetarios suficientes se le ofrecía una cámara con televisión por 25 millones de bolívares (25 mil BsF) de entrada. Luego de esto, en adelante pagará mensual entre 1 y 2 mil BsF. Si no paga su vida será muy corta. Pero estos son casos particulares ya que el preso común para garantizar su resguardo en el penal paga desde 100 bolívares fuertes semanales hasta montos cercanos a los mil bolívares.

En La Planta también el esparcimiento y las diversiones estaban incluidas. El PRAN disponía que semanalmente un grupo de las que eufemísticamente se les ha dado por llamar “chicas prepago” ingresaran al penal para compartir con los reos que pagaran. La causa nunca era inferior a los mil bolívares fuertes.

Lógicamente en dicha actividad se incluye el licor y las drogas que suman valor a la diversión. Estas trabajadoras no ingresaban a La Planta a escondidas sino por la puerta principal y bajo la mirada inalterable de las autoridades.

Hasta hace aproximadamente 1 año la cárcel fue dirigida por una dama. Su destitución se produjo porque las autoridades, supuestamente, se enteraron de que tendría vínculos con las actividades ilícitas que se generaban dentro y fuera del penal. La ex funcionaria ya venía de trabajar en el INOF y otras instituciones judiciales.

De acuerdo con nuestras fuentes, su relación con las actividades ilegales era tal que se asegura que habría participado- de manera directa- en “eventos” que rayaban en la sodomía y la ninfomanía.

No obstante su salida no cambió en nada la rutina de uno de los centro de acción de la Mafia de los Barrotes.