Los riesgos de las criptomonedas

Giovanni E. Reyes, PORTAFOLIO

Tanto de manera informativa, como por parte de contenidos sensacionalistas, se ha dado a conocer el “gran éxito” que tienen quienes invierten en criptomonedas.

El bitcóin es una de ellas, mas no la única.

Se ha realizado un notable despliegue publicitario con el fin de apalancar el dinamismo de la compra, de la demanda de criptomonedas: “invierta Usted, no se quede atrás cuando todos se están haciendo millonarios”.

Como ha ocurrido en otras ocasiones, esto puede terminar de manera súbita en una gran estafa.

Son varios los riesgos que están en juego y los casos, para citar sólo aquellos pertenecientes a la historia inmediata, están a la evidencia. Véase por ejemplo cómo en el  2004, en Australia, tuvieron que cerrar operaciones, tres medios criptos. Lo hicieron cuando la Comisión Australiana de Inversiones y Activos Financieros (ASIC) estableciera el requisito de licencias financieras para operar estos servicios.

Entre los aspectos que se deben tener en cuenta al momento de invertir en criptomonedas, es que no constituyen -por lo general- ni medios de pago ni de inversión.

Esto hace que las “inversiones” en criptos, tengan la presión de la convertibilidad. Es evidente que mientras usted puede entregarles sus pesos, dólares, euros o yuanes, y recibe criptos, la cosa va bien para los captadores. Ellos se hacen con circulantes que sí son reconocidos.

El problema de estas pirámides globales, que pueden desembocar en gigantescas estafas, es que quien tiene los criptos tarde o temprano requiere que se conviertan a monedas de uso oficial o reconocido.

Este es el problema central.

Quienes tienen su plata no estarían dispuestos a devolverla, no al menos con los ritmos que si lo hacían en un inicio de las operaciones.

Eso de las fases iniciales favorables desde luego, ocurre a fin de convencer a más gente acerca de las “bondades” de los medios cripto.

Al no ser reconocidos como medios de pago o de inversión en los países, las monedas criptos no cuentan con respaldo.

Al momento de que una crisis se presente en estos sistemas ¿quién responde?

No espere que lo haga un medio de control monetario, tal el caso del Banco de la República en Colombia, por ejemplo, o en general en los bancos centrales de los países.

Nadie responde y, por tanto, no se puede acudir a instancia legal alguna, toda cuenta que se trata de inversiones en medios no reconocidos.

¿Es probable que el negocio de los medios criptos pueda caerse sin previos avisos? Sí, es muy probable.

El rasgo inconfesado es que los cripto se prestan para lavado de activos, para la creación de burbujas y con todos los riesgos, para extraerle a usted sus recursos, con la ilusión de que los mismos se multiplicarán como panes y peces.

Los escenarios esenciales estarían montados para que no se pueda descartar, del todo, el desenlace de una potencial estafa globalizada.

Giovanni E. Reyes,
Ph.D. University of Pittsburgh/Harvard.
Profesor Titular y Director de la Maestría en Dirección de la Universidad del Rosario.

Por qué el régimen de Maduro arremete contra el banquero de mayor fortuna de Venezuela y España

Juan Carlos Zapata, ALnavío

Para un gobierno que ha agotado el discurso político, que ya no puede vender esperanzas, incapaz de manejar la crisis económica y social, y sin una oferta electoral que sea atractiva para sus propios seguidores, plantear una lucha contra el banquero de mayor fortuna de Venezuela y España, es tratar de construir un relato del bueno contra el malo, del pobre contra el rico, de la justicia contra la injusticia.

Es la consigna de la guerra económica, manejada y repetida desde el principio de los tiempos maduristas, que consiste en echarle la culpa del fracaso a los otros.

Escotet está al frente de Banesco en Venezuela y de Abanca en España / Foto: Abanca

Nadie. Nadie está seguro en Venezuela. Tampoco los bancos. Tampoco los banqueros. El gobierno de Nicolás Maduro ha consumado una de las amenazas pendientes, anunciando la intervención de Banesco, el banco de Juan Carlos Escotet, también presidente de Abanca en España. Sobre el instituto ya pendía la espada de Damocles, desde que Diosdado Cabello, uno de los factores de poder del régimen, anticipara que el gobierno podía adquirir la entidad. No la adquirió. La intervino, en principio por 90 días, han dicho las autoridades, pero se sabe cómo operan las dictaduras.

En 90 días Maduro se habrá reelecto luego de la farsa electoral del próximo 20 de mayo, y Banesco será un trofeo del poder.

Además, es usual entre los interventores encontrar problemas adicionales en las entidades intervenidas con el fin de eternizarse en el cargo, lo que el gobierno no rechazará mientras sirva al propósito de mantener bajo control a Banesco y, por ende, bajo amenaza a todo el sistema financiero.

Si el régimen no encontró elementos para plantear la compra, en cambio armó toda una operación con el fin de justificar la intervención, acusando al banco de Escotet de ser la plataforma de mafias que atentaban contra la moneda y contra la estabilidad económica.

Así, el gobierno abrió una averiguación -que llamó Operación Manos de Papel- que desencadenó en la detención de 11 ejecutivos de Banesco.

Lo que en principio la entidad tomó como una rendición de cuentas ante las autoridades, se transformó en una detención colectiva, en la que aparecen dos ejecutivos de nacionalidad española, hijos de inmigrantes.

Escotet se encontraba en Portugal atendiendo negocios y a la hora de conocer la evolución de los hechos partió hacia Caracas. Anunció a las autoridades de España que se desincorporaba de sus funciones en Abanca, lo que significa que está dispuesto a asumir los riesgos que implica concentrarse en el asunto Banesco.

La interventora designada es la viceministra de Finanzas, Yomana Koteich. Pero el verdadero poder detrás, son los cuatro figuras que han controlado la arremetida contra la institución: Cabello; el vicepresidente de la República, Tareck El Aissami; el fiscal designado por la Asamblea Constituyente de Maduro, Tarek Willian Saab, y el propio Maduro, quien siempre tiene la última palabra.

Diosdado Cabello anticipó que el Gobierno podía adquirir la entidad / Foto: ConElMazoDando

Para un gobierno que ha agotado el discurso político, que ya no puede vender esperanzas, incapaz de manejar la crisis económica y social, y sin una oferta electoral que sea atractiva para sus propios seguidores, plantear una lucha contra el banquero de mayor fortuna de Venezuela y España, es tratar de construir un relato del bueno contra el malo, del pobre contra el rico, de la justicia contra la injusticia.

Es la consigna de la guerra económica, manejada y repetida desde el principio de los tiempos maduristas, que consiste en echarle la culpa del fracaso a los otros.

Primero fue el Grupo Polar –el principal emporio agroindustrial del país– y ahora es Banesco, el banco líder; y en cuanto líder, creció más que el estatal Banco de Venezuela y supera a todos los demás en operaciones electrónicas, por lo que su plataforma tecnológica es un elemento apetecible para el gobierno.

Hay un antecedente

En el 2010, el gobierno de Hugo Chávez y bajo propuesta del poderoso ministro de economía de la época, Jorge Giordani, intervino 35 casas de bolsa con el argumento de defender la moneda, atacando a los culpables, arrestando a los agentes bursátiles, señalados de especuladores y conspiradores, pues atentaban contra el bolívar.

El procedimiento no solucionó la escalada del llamado dólar paralelo. Pero los ejecutivos bursátiles pagaron cárcel por tres años y perdieron su negocio.

Un trofeo para Diosdado Cabello

Escotet distribuyó un video en el que se queja de trato injusto y operación desproporcionada hacia el tren de ejecutivos del banco.

Pero ¿qué significan estas palabras en un régimen en el que no impera el Estado de derecho? ¿Cuánto pesan estas palabras y cuánto puede pesar la defensa que emprenda el banquero?

Ha dicho que regresa a Caracas a dar la cara. Y con ello, se coloca en riesgo de ser detenido.

 

Banesco es un objetivo específico de Cabello. Lo era cuando vivía Hugo Chávez; y este, sabiendo el peso de la institución en el sistema financiero, evitó que se procediera con la misma cirugía de ahora.

Entonces se podía correr el riesgo de una corrida bancaria que afectara todo el entramado bancario.

Hoy, el peligro de una corrida es más remoto, pues no hay dinero efectivo que sacar de los bancos –el bolívar tampoco vale nada- y las vías electrónicas están colapsadas. Tampoco puede hablarse de banco refugio. En esta incertidumbre, no lo hay en Venezuela.

Los bancos y los banqueros, como todos los factores que hacen vida económica, son agentes sin protección, desamparados, ante el autoritarismo y la dictadura.

De hecho, el gobierno aplica con Banesco una fórmula similar a la que aplica con la multinacional Chevron.

Se procede contra la petrolera deteniéndole dos ejecutivos, se les señala de traición a la patria, y el mensaje es claro, según fuentes de todo crédito: que Chevron acepte el ingreso en la sociedad que mantiene con la estatal PDVSA en el campo PetroPiar, a un nuevo socio, la compañía rusa Rosneft, algo a lo que aquella se ha negado desde hace más de un año.

Con Chevron, el gobierno construye el relato de la lucha contra el imperio. Con Polar y con Banesco, la lucha contra la burguesía poderosa y apátrida.

Hay un universo chavista que asume estas consignas como verdad. Es el universo atendido por el clientelismo gubernamental. Es el chavismo que apoya a Maduro y recuerda a Chávez de manera incondicional.

Por su parte, Maduro entiende que después de ser reelecto en elecciones fraudulentas, requiere del respaldo de todas las facciones chavistas para soportar un periodo que se le hará más convulso, más incierto, debido a la posición militante de la comunidad internacional y debido a que no va a encontrar ni en el corto ni en el mediano plazo, soluciones a los graves problemas –hiperinflación, hambre, desempleo, caída del PIB, derrumbe de la producción petrolera- que sufre el país, que sufren los venezolanos y que provoca el éxodo masivo hacia el exterior.

La intervención de Banesco es un trofeo que Maduro coloca en manos de Cabello, a quien complace -por ahora- porque para después tampoco se sabrá si esta alianza de facciones se mantendrá, ya que todo es incierto y nadie está seguro en Venezuela.

Bancos ni banqueros. Ni el mismo poder. Ni siquiera Nicolás Maduro.

No olvidemos que la garantía de la producción y distribución de los alimentos, está a cargo de 27 generales y almirantes

En contraste con la fatídica realidad por la que transita el país en materia de abastecimiento de productos básicos, es importante recordar que el 24 de agosto del 2016 el gobierno anunció que 18 generales de la Fanb fiscalizarían la producción y distribución de los alimentos. Esta decisión está contenida en la Resolución N° 005/16, publicada en la Gaceta Oficial N° 40.977 del 30/08/2016.

Es decir, el gobierno dispuso en ese momento que Venezuela tenga a militares de alto rango para que garanticen que en todo tiempo no falte la comida en la mesa de cada habitante de este país, por cuanto estarán encargados de asegurar la producción y distribución de los 18 rubros de la canasta básica.

Ese fue el anuncio del ministro de la Defensa, Vladimir Padrino, quien también es el jefe de la Misión Abastecimiento Soberano.

En el programa televisivo “Contacto con Maduro” (24/08/2016) el ministro Padrino, dirigiéndose a Maduro, aseguró que

“He ordenado, de acuerdo a las instrucciones que usted nos dio, asignar un general o un equipo cívico-militar por cada rubro alimenticio; es decir, que habrá un General en Jefe para el arroz, por ejemplo, que va a mostrar un mapa de la comercialización y distribución de ese rubro (…) con esto lo que buscamos es gobernar realmente los 18 productos primarios tanto de farmacia como de consumo.”

Expresó que “El objetivo de estas designaciones es tener claro un mapa de comercialización para que los alimentos lleguen a todo el país. Buscamos gobernar todos los productos que de esos primeros 18 primarios, pasarán a los 50 prioritarios, tanto de farmacia como de consumo e industriales”.

Padrino afirmó:

“Los militares ya han visitado a las empresas productoras, tanto de alimentos como de medicamentos. Estamos agrupando fuerzas, formando una unidad de apoyo especial de distribución de fármacos”.

Añadió que “No podemos permitir que la distribución de alimentos y de medicamentos siga en manos de privados, teniendo nosotros los medios para hacerlo porque nos lo dejó el comandante Hugo Chávez”.En ese programa de TV, le aseguró a Maduro:

“Hemos cumplido con la designación de una autoridad única por cada mercado municipal en todo el país, para combatir mafias, sobreprecio, especulación y otros delitos”.

Más de 18

La lista de productos básicos asignados a generales y almirantes de la Fuerza Armada Nacional, fue ampliada de 18 a 27 según decreto firmado por Padrino y publicado en la Gaceta Oficial N° 41.266 del 27 de octubre del 2017.

En ese decreto se agregaron -a la lista inicial del 2016- otros productos agrícolas (tomate, cebolla, pimentón, papa y ají), fórmulas infantiles y compotas, embutidos, jugos de frutas pasteurizados, carne de conejo, alimentos para animales, repuestos para vehículos, construcción y cacao.

Ambas decisiones plasmadas en los correspondientes decretos y gacetas oficiales, ponen al frente de la alimentación y de la salud de los venezolanos, a militares de alto rango que de 18 designados en agosto del 2016, pasaron a 27 en octubre del 2017.

Por otra parte, y en el mismo contraste, las redes sociales han reflejado las quejas de integrantes de la tropa de la fuerza armada nacional, por la falta de comida o de comida deficiente en los cuarteles.

Esta situación es inaudita, por cuanto si militares de alta graduación son los responsables de garantizar la comida a todos los venezolanos, hacerlo para los cuarteles sería mucho más fácil.

¿Quiénes son los responsables directos de que cada venezolano coma tres veces al día, todos los días del año?

A la fecha, estos son los garantes designados por el gobierno de Maduro para asegurar el abastecimiento de alimentos, medicinas y de otros productos básicos a los venezolanos:

Aceite: General de Brigada Jorge Pérez Mancilla, director de Seguridad Aérea y Terrestre de la Inspectoría de la Aviación Militar Bolivariana.

Arroz: General José Inés González Pérez, director de Planificación y Presupuesto del Ministerio de la Defensa.

Pollo y huevos: General José Gregorio Mirena López, director de Inteligencia REDI Los Andes.

Azúcar: General de Brigada Ludwing Palima Cisneros, director de Inteligencia Militar de la Guardia Nacional.

Carne de res: General de División Luis Alejandro Jiménez Villarruel, secretario permanente de Registro y Alistamiento para la Defensa Integral de la Nación.

Café: Contralmirante Juan Jiménez Peña, segundo comandante y jefe del estado mayor del Cuerpo de Ingenieros de la Armada Bolivariana.

Caraotas: General de Brigada Reynzer Rojas Omaña, jefe de Servicio de Policía Administrativa Especial y de Investigación Penal, para el Resguardo Nacional Aduanero y Tributario.

Detergente, jabón de baño, champú, crema dental, afeitadoras, cloro, suavizante y desodorante: General de División Franz Noé Calzada Cousin, director general de planificación del Viceministerio de Planificación y Presupuesto del Ministerio de la Defensa.

Medicinas y material médico quirúrgico: General de División Octavio Javier Chacón Guzmán, director del Comando Logístico de la Guardia Nacional.

Harina de maíz y maíz blanco: Vicealmirante Jorge Becerra Labrador, director General de Industrias Militares.

Leche, queso y mantequilla: General de Brigada José Gregorio Pérez Malavé, director del Régimen Especial de Seguridad del Ejército.

Maíz amarillo: General de División Javier Antonio Rosales Duque, director de la Oficina de Gestión Humana del Ministerio de la Defensa.

Margarina y mayonesa: Vicealmirante María Eugenia Flores de Asacanio, directora general de Desarrollo Económico.

Papel higiénico, toallas sanitarias y pañales desechables para bebé y adultos: General de Brigada Manual Vera Boada, director de Puesto de Comando de la Aviación Militar.

Trigo, pan y pasta: General de División Francisco Yánez Rodríguez, presidente de la Junta Permanente de Evaluación de la Aviación Militar Bolivariana.

Pescado e insumos para enlatados: Vicealmirante Luisa María Lozada Fergusson, directora naval de Participación Activa en el Desarrollo Nacional.

Carne de cochino: Contraalmirante César Saavedra Solórzano, director general de Desarrollo Educativo Integral.

Frijol de soja: Contraalmirante José Gregorio Bello González, subdirector de la Oficina Estratégica de Seguimiento y Evaluación de Políticas Públicas.

Productos agrícolas: General de Brigada Nelson José Morales Guitian, director de la Secretaría del Viceministerio de Servicios, Personal y Logística del Ministerio de Defensa.

Fórmulas infantiles y compotas: General de División Reinaldo Enrique Centeno Mena, subcontralor general de la Fanb.

Embutidos: General de Brigada Abdías González Trompiz, jefe del Puesto de Comando REDI Los Andes.

Jugos de frutas pasteurizados: Contralmirante Marianny Indira Mata Quijada, jefa de la oficina de Coordinación de Relaciones Internacionales.

Carne de conejo: General de Brigada Wilfredo José Morales Márquez, jefe de la Oficina de Tecnología e Información del Ministerio de la Defensa.

Alimentos para animales: Contralmirante Lisbeth Josefina Briceño Bravo, directora general de Seguimiento y Control de Planificación y Presupuesto del Ministerio de la Defensa.

Repuestos para vehículos: General de División Edmar Landaeta Rodríguez, director de Planificación Estratégica de la Guardia Nacional.

Construcción: General de División Santiago Sandoval Bastardo, director general de Empresas y Servicios.

Cacao: Coronel Lenin Herrera Hernández, presidente del Fondo de inversión “Misión Negro Primero”.

Ciudad Guayana: de milagro de planificación a ejemplo de destrucción

María de Los Ángeles Ramírez Cabello, Revista Clímax

Fotos: William Urdaneta

Ciudad Guayana ya no es la cité de oro que fue: patrón de planificación urbanística lo mismo que modelo productivo junto a las empresas básicas del sur. Su panorama actual es más que desolador: pobreza, herrumbre, improvisación y una ideología —chavista— que minó todo espacio de desarrollo.

Héctor Goitia recorre la ciudad entera a diario. Volanteando su taxi se maravilla de la grandeza del río Caroní, cuando atraviesa el puente homónimo desde su residencia en una invasión de la estropeada San Félix.

Disfruta su portento en las caídas de agua del parque Cachamay —que se observan desde la avenida Guayana. Bordea la emblemática sede de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) en donde al menos una vez a la semana se cruza con protestas y continúa su largo camino de huecos, deterioro y mengua, hasta llegar a las empresas básicas que detrás de sus estructuras de acero guardan la desventura de un anhelo frustrado.

Él como muchos en Guayana no entiende qué pasó ni por qué el milagro que representó esta ciudad, en la margen sur del río Orinoco, ha sido derruido sin recato. Su resumida vida dibuja solo un añico del quebranto de la única ciudad de Venezuela planificada, cuya piedra fundacional fue colocada el 02 de julio de 1961, tras la fusión política-administrativa de Puerto Ordaz y San Félix, las más pobladas del estado Bolívar.

El crecimiento desordenado, obras en promesas y el estancamiento productivo de su motor industrial son en la actualidad algunos de los puntos frágiles de la urbe, cuyo levantamiento fue pilotado por el Plan Maestro de Desarrollo Urbano para Santo Tomé de Guayana, elaborado por profesionales del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) en 1962.

Así como Brasilia en Brasil, Ciudad Guayana fue dibujada en lienzos en blanco. Sus grandes avenidas, su conexión con San Félix, sus perfectas cuadras y la ubicación distante de las industrias del hierro, el acero y el aluminio con líneas férreas en sus márgenes fueron planificadas y llevadas a la realidad al calco.

Al cobijo de la CVG, creada en 1960, el proyecto de un polo de desarrollo en una zona bendita por su proximidad con los reservorios de minerales y metales y el río Orinoco se desarrolló de forma exitosa, tanto que sus tres objetivos primigenios se cumplieron, algunos con reservas: el aprovechamiento del potencial hidroeléctrico del río Caroní, en donde se produce 70% de la energía eléctrica que mueve al país; el desarrollo del emporio industrial con la creación inicial de Alcasa en 1960 y Sidor en 1964; y la creación del centro poblacional que se cristalizó con la fundación de Ciudad Guayana en lo que para entonces era un espacio despoblado.

Hoy la ciudad atraviesa una de sus peores crisis, en medio de una discusión sobre el agotamiento del planeamiento urbano y el mando asumido —entretanto— por la improvisación. Colapso del sistema de transporte; resguardos de terrenos a granel por el congelamiento de los grandes desarrollos habitacionales que por años dinamizaron la ciudad o invasiones, en su defecto; pérdida de la estética urbana y falta de visión bosquejan hoy el plano.

Pobreza general en el polo

En 1960, la función de Ciudad Guayana como polo de desarrollo apuntaba a la creación de empleo, al surgimiento de una alternativa económica no petrolera y al desarrollo urbano, en el marco de una visión global de país.

“Se cumplió con aquello de ser útil al país y cruzamos fronteras a Colombia y a Brasil al suministrarles energía limpia. Solo en las industrias de Guayana, se generaba 40% del Producto Interno Bruto no petrolero, resaltó Waldo Negrón, ingeniero químico llegado de Maracaibo a Guayana en 1969 cuando la ciudad, recuerda, era pujante y atraía a nacionales y extranjeros de todo el mundo, que siguieron llegando cautivados por una ciudad que en su interior atesoraba cascadas de agua en los parques La Llovizna y Cachamay, obras portentosas como la central hidroeléctrica Antonio José de Sucre en Macagua, una mirada única al oscuro río Caroní y las deslumbrantes estructuras de las empresas básicas.

Al cierre del 2014, la radiografía socioeconómica es totalmente aciaga. 72,7% de la población de Puerto Ordaz vive en pobreza general, de modo que no es capaz de cubrir el costo de la cesta básica, integrada por alimentos y servicios, de acuerdo con un estudio del Centro de Investigaciones para la Productividad, la Educación y la Vida (Ciepv) de la Universidad Católica Andrés Bello, campus Guayana (UCAB).

La pérdida del timón gerencial y la preeminencia del factor ideológico chavista en las empresas básicas de Guayana con la inyección de experimentos sociales, como la cogestión y el control obrero, extinguió los resquicios de productividad y la capacidad de aporte al país —que se descuidó además por la confianza en la renta petrolera como fuente inagotable de recursos.

En el 2014, de acuerdo con las Memorias y Cuentas del Ministerio de Industrias las pérdidas alcanzaron a más de 20 mil millones de bolívares entre el sector hierro-acero y aluminio.

“Leopoldo Sucre Figarella era gobernador y Rómulo Betancourt, presidente. Crean el municipio Caroní, se crea la ciudad y la CVG, una de las cinco corporaciones más exitosas de América Latina y de las 30 más importantes del mundo, capaz de planificar, dirigir, construir. Pero la visión cambió y de ser un ente omnipresente, si hoy quitas a la CVG, la gente no se daría cuenta, perdió los roles que tenía”, dijo.

Al entrar a las empresas básicas, no existen fronteras entre el partido político y el espíritu empresarial de una industria. La política penetró y los colores y las imágenes en la empresa son las mismas del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). No hay división.

Las industrias se convirtieron en máquinas de empleo, a costa de su rendimiento. Pero no siempre fue así.

El investigador José María Fernández explicó que entre 2004 y 2007 las industrias de Guayana, en manos estatales, alcanzaron resultados positivos porque “gozaban de autonomía, respetaron la gerencia de expertos en las áreas cuya meta era la producción, aumentaron los precios internacionales de los commodities, tenían ganancias y podían invertir en mantenimiento y actualización tecnológica”.

Ordenación territorial

El descalabro de las industrias es un espejo de lo que ocurre en el resto de Ciudad Guayana y sus servicios. A las cinco de la tarde, las colas para tomar un bus destartalado o, con suerte, alguna de las unidades rojas administradas por la Alcaldía de Caroní o la Gobernación de Bolívar son kilométricas. Otros con menos suerte deben abordar camionetas, conocidas como “perreras”.

Más de 50 buses de tránsito rápido —BRT, por sus siglas en inglés— con capacidad para transportar 180 personas permanecen estacionados en el Aeropuerto Internacional Manuel Piar, mientras el gobierno regional pisa el acelerador para construir 21 estaciones, que apenas empezó a edificar después de la llegada de las unidades, en febrero de 2015.

Polos comerciales como Alta Vista muestran hoy su peor cara por el descuido urbanístico de la ciudad y la falta de planificación de su ordenamiento, planeado con detalle en el Programa de Desarrollo Urbano Local (PDUL), engavetado hace un par de años.

La proliferación de resguardos de tierras, invasiones y construcciones residenciales no permisadas también ha sido una constante en los últimos años, a lo que se suma la falta de urbanismos y servicios. Fernando Roa lo vive desde que se levanta.

Llegó a Ciudad Guayana, desde su natal San Cristóbal, hace más de 30 años. Para ingresar a su vivienda en Villa La Paragua —al oeste de la ciudad— hay que atravesar un pasaje de huecos, enlodados por las lluvias de los últimos días.

Es beneficiario de la Gran Misión Vivienda, su casa del programa gubernamental carece de sistemas de aguas blancas y negras, y un servicio eléctrico de calidad, pese a estar a pocos kilómetros del poderoso en generación hidroeléctrica, río Caroní.

“La ciudad está sujeta a improvisaciones. No sabemos para dónde va y la respuesta es obvia, tenemos un caos”, expresó la docente investigadora de la Universidad Nacional Experimental de Guayana (UNEG), Ana Jorge, quien lideró el proyecto “Modelo de gestión local para avanzar hacia el desarrollo sustentable” del municipio Caroní, realizado durante dos años por un grupo de académicos a través del método de la prospectiva estratégica.

El estudio —que culminó recientemente— muestra las secuelas de la improvisación. “No planificamos el desarrollo, nuestras autoridades ejecutan un presupuesto, de allí los resultados. Éramos una ciudad urbano-industrial y ese cometido se estaba cumpliendo. Desde el 2007 los informes del Ministerio de Industria reflejan que nuestras empresas están disminuyendo la producción, así que lo que éramos ya no lo somos, ya no sabemos qué somos, tenemos que repensar nuestra ciudad”.

El estudio arrojó en la dimensión sobre estructura y funcionamiento del estado; Derechos Humanos, transparencia pública y participación ciudadana, asociatividad y diálogo social que en Ciudad Guayana hay violación de los Derechos Humanos en todas las áreas; hay opacidad en la gestión pública y contradicción de las estadísticas con fines propagandísticos y los espacios para la participación son limitados y solo favorecen la participación de los grupos adeptos al gobierno, lo que ha ocasionado que el diálogo social sea inexistente.

En cuanto a la economía local, persiste el cierre de las empresas privadas ante el “acoso y hostigamiento” y sigue siendo baja la inversión pública, que no responde a la planificación para el desarrollo, pues se limita a gastos corrientes.

“La inversión privada es la menor en el histórico y se limita a construcción comercial y residencial”.

Aunque la baja generación de empleos y el deterioro del poder adquisitivo ha abierto la puerta a innumerables emprendimientos en Ciudad Guayana, el estudio destaca que “las actividades emergentes no logran consolidarse por las precarias condiciones socioeconómicas y la inseguridad jurídica”.

En materia de ambiente, ordenación del territorio y calidad de vida, la investigación confirma “el deterioro progresivo en manejo de desechos urbanos, tratamiento de aguas servidas, potabilización y protección de áreas de alto valor ambiental”.

“La gestión no valora la planificación, se tiene desactualizado el marco de ordenación territorial generando condiciones para rezonificación y ocupación de zonas de riesgo ambiental”.

Despertar ciudadano

La urbanista María Nuria de Cesaris explicó que el PDUL contiene las previsiones de requerimientos y servicios de la ciudad hasta 2026, que considera se dejaron de lado en perjuicio de los intereses colectivos de los guayaneses. “Ha habido mucha ineficiencia y eso ha dado paso a la improvisación”.

El déficit de servicios sociales, espacios de recreación y crecimiento anárquico de la población, “metiendo casas por cualquier lado cuando existen terrenos determinados para construir”, a la par del trabajo no colaborativo entre las instituciones públicas devienen deterioro de la planificación, expresó la experta.

Bajo ese crepúsculo, sin embargo, grupos como el Plan Urbe, del que Cesaris es miembro, que apuesta al proyecto “Más P: más plazas, más parques y paseos”, empiezan a despertar tratando de incidir en la calidad de vida de su propia comunidad.

Muraleja.

La reserva de emprendimientos sociales que aspiran a una mejor ciudad es vasta y cada vez más entusiasta con iniciativas como el Festival de Espiritualidad en el Cine Venezolano (Fescive), los Arborizadores Voluntarios Urbanos de Guayana (AVUG), Ecocívico, Muraleja, FundArte, los Cachamay y Llovizna runners, entre muchos otros apasionados culturales, deportivos y ambientales.

Su apuesta es por una ciudad próspera, que respete el valor de su gente, que atraiga inversiones y cambios positivos y que, finalmente, sepulte la improvisación.

Los bachaqueros son peligrosos delincuentes

Sala de Información

“En el bachaqueo policías, militares, malandros, políticos, mafiosos y hasta el comercio formal, se dan la mano. El bachaqueo es producto de un gobierno absolutamente irresponsable y mentiroso. El bachaqueo es el resultado del mercado negro, la sofisticación crematística de la unión cívico-militar”. Elides Rojas

Los bachaqueros y colectivos se apropian de los espacios y coartan las posibilidades de personas dispuestas a hacer filas por horas con tal de adquirir artículos al precio legal. Ante cualquier cuestionamiento, las amenazas se convierten en represalias para aquel que solo exige su derecho.

Así lo relató Norkis Arias en un excelente trabajo para la revista Clímax, titulado “Bachaqueros: los más malandros de las colas”

En cada línea, Arias hurga en las experiencias trágicas de muchas víctimas de estos especímenes que no tienen contención gubernamental, quizás porque forma parte del “negocio”.

Eward Castillo le “robaba” los martes al trabajo, para acompañar a su madre a la cola del supermercado Éxito de Los Teques.

“Cuando en la zona se enteran de que van a llegar camiones a descargar, aparecen los colectivos en motos y secuestran el local. Se meten y se llevan lo que quieren, y dejan las sobras para los que hemos estado haciendo cola por horas”, relató el joven de 26 años.

Un día, la tropelía lo llenó de valor y enfrentó a un motorizado. Le reclamó su derecho a comprar comida. “La disputa se elevó a unos empujones y Edward estaba dispuesto entrarse a puños, pero su adversario se alzó la camisa para dejar al descubierto una pistola. Esa amenaza lo hizo tragar grueso y desistir. Instinto de supervivencia…”

Esa violencia reiterada, la que humilla y desmoviliza, es práctica común en cada centro que venta alimentos.

Es la necesidad que se encuentra con la avaricia y la viveza sin mezclarse”, dice el reportaje de Clímax.

Y lo grafica señalando que “Mientras el que necesita madruga para probar suerte en supermercados, farmacias y establecimientos “a ver si” consigue algo para comer, el vivo se aprovecha y lo amedrenta para desaparecer la “justicia” del léxico local. Esa palabra está moribunda”

Por otra parte, la reventa de productos regulados –que cuenta con la complicidad por omisión (presuntamente) del gobierno- por encima de su precio legal, se ha convertido en una actividad económica usual.

“Se ha sofisticado hasta alcanzar un estatus delictivo con modus operandi propio que se ha esparcido como maldición por todo el país”.

A Alicia Ortiz su esposo la deja a las 3:30 de la madrugada en el supermercado Unicasa de El Paraíso, para comprar y llevar a algo casa… si la suerte también madrugó y la acompaña.

“Madrugo porque antes del amanecer un hombre con cicatrices en el rostro nos quita la cédula a un número arbitrario de personas en la cola. Él es uno de los líderes de bachaqueros y, horas más tarde, cuando la Guardia nos pide las cédulas laminadas, el tipo les entrega las requisadas junto con las de otras personas que no se encuentran en el lugar”. ¿Hay o no complicidad?

Los ausentes son bachaqueros que van apareciendo paulatinamente y se incorporan a la fila

Alicia comentó a Clímax que “Casi nunca le protestamos al tipo porque después te pueden sacar de la cola o hacer algo peor”.

A veces quita 50 cédulas, a veces 80. Depende de cuántos números vayan a repartir ese día en el mercado. Y a esas les agrega como 100 más que es la de su gente”, contó.

Son delincuentes

Ingrid Cabrera le contó a Norkis Arias que en el Central Madeirense de La Alameda en Santa Fe, una bachaquera llegaba y se metía de primera en la cola. A quien revirara, le mostraba un cuchillo que escondía en su pantalón.

“Ya esa mujer –agregó Ingrid- no se aparece más por aquí. Llegó una más brava y la corrió, pero la intimidación es la misma. Es mejor dejarse colear a terminar bañado en sangre”.

Los vigilantes, en los centros comerciales, tienen un camión lleno de “bachaco vivencias”.

“Te cuento pero no me saques”, dijo uno en el Unicentro el Marqués: “Grisapas (guirisapas), insultos, golpes y bombas lacrimógenas, son comunes aquí”.

“Eso se ve aquí todos los días. La gente duerme desde la 1 de la mañana del día anterior y cuando amanece, llegan los bachaqueros y les dicen que tienen gente adelante”

“Se ponen 20 bachaqueros de primeros, después una persona que hizo su cola, 20 bachaqueros más, otra persona normal y así. Es mejor no reclamar. Hay gente que lo ha hecho, pero terminan sacándolos de la cola. No los dejan comprar, los amenazan y si no hacen caso le caen a coñazos”.

En su trabajo periodístico, Arias señaló que “Se trata de la supervivencia del más apto. Unos someten y otros se dejan someter. Hay que suprimir la dignidad y aceptar la injusticia para evitar la violencia en un territorio donde reina la impunidad

Mafia arrecha

El Correo del Caroní, en investigación de la periodista María Ramírez, reflejó en sus páginas el saqueo de un camión de embutidos que descargaría mercancía en la panadería La Marquesa, en Puerto Ordaz.

Miriam Muñoz, trabajadora del local, contó que abrió la puerta trasera para recibir la mercancía. El chofer abría las puertas del camión cava y en ese momento observó que un grupo de personas que se habían aglomerado para hacer colas en locales cercanos, que habitualmente amanecen con tumultos para comprar productos regulados, corrían hacia el camión.

“La gente que hacía cola en Génesis vino corriendo cuando abrían la puerta del camión, así que cerré el portón y me metí”.

En el video captado por un trabajador, se observa a más de 30 personas robando la mercancía con la ayuda de otros quienes tiraban desde el interior jamones y quesos, mientras el chofer del camión caminaba de un lado a otro sin saber qué hacer. En unos 5 minutos todo terminó.

Los locales cercanos a la panadería La Marquesa estuvieron cerrados en las primeras horas de la mañana, tras el saqueo. FOTO: Correo del Caroní

Además de la cava con embutidos, al chofer de un camión que iba a surtir leche “le quitaron como tres cajas de leche porque arrancó”, dijo la trabajadora.

Los bachaqueros son delincuentes organizados

“Hace como tres semanas estaba en una cola, en un supermercado en la calle 72, esperando que abrieran el acceso, porque había detergente. De repente, llegaron 6 personas obligando a los primeros en la fila a ceder sus puestos porque ellos iban delante. La gente se molestó y empezó a reclamarles, pero estos sacaron cuchillos y navajas, amenazando quienes estábamos esperando”.

Este es el testimonio de un cliente quien contó que “No es la primera vez que ocurre. Siempre son los mismos, y nadie dice nada, ni los policías que organizan la cola, ni los gerentes de la tienda“.

En un reportaje para Panorama, la periodista Keila Vílchez señaló que en la Ley Orgánica contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo, esta acción se llama “Asociación para delinquir”.

Pero este no es el único delito. Los bachaqueros incurren en porte y uso ilícito de armas blancas y de fuego, especulación, alteración de la paz ciudadana y, al menos, otros 10 delitos.

Para el penalista Luis Prieto entrevistado por Vilchez,

“Muchas de estas personas forman parte de bandas de bachaqueros. Son delincuentes organizados, se asocian para delinquir. Cuando hablamos de delincuencia organizada, se trata de un grupo de 3 o más personas que se asocian por cierto tiempo, cometiendo un delito para obtener un beneficio económico para ellos o para un tercero; y esto está penado”.

Agregó que la Ley Contra la Delincuencia Organizada, en su artículo 37, establece que “Quien forme parte de un grupo de delincuencia organizada, será penado -por el solo hecho de la asociación- con prisión de 6 a 10 años”.

Según Prieto, “Estas bandas, que incluso se sectorizan según la ubicación de los supermercados, operan amenazando al cliente natural de estos locales. Generalmente, hay uno que suministra el dinero, quien los traslada, quienes hacen la cola y compran. Este delito es muy dañino, porque no se trata del pequeño revendedor, quien también incurre en un delito, sino que estos grupos muchas veces cuentan con complicidad interna en los supermercados y en los propios centros de distribución de los alimentos”.

El reportaje de Panorama señala que los relatos de los compradores lo confirman y, además, denuncian la vinculación de los cuerpos policiales.

Ricardo González, residente de la avenida La Limpia, confesó que “Hace varias semanas, vi con indignación cómo un policía metió a un grupo de 15 bachaqueros en la cola de las personas de la tercera edad, que yo estaba haciendo, para comprar unas afeitadoras. Lo peor, es que fui a buscar al funcionario porque, como siempre, los bachaqueros se quieren meter a la fuerza y pensé que el policía lo iba a impedir. Pues no. Se apartaron del grupo, hablaron algo y metió a la gente”.

Añadió el penalista que “Los policías que sean cómplices de estas organizaciones delictivas están cometiendo un delito de corrupción propia. Cuando un funcionario pide dinero para permitir que se cometa un acto delictivo, subsume su conducta en delitos tipificados en la Ley contra la Corrupción“.

También señaló que esa conducta es causal de destitución, según la Ley del Estatuto de la Función Policial, que en su artículo 97 prevé la destitución por la  “Comisión intencional o por imprudencia, negligencia o impericia graves, de un hecho delictivo que afecte la prestación del servicio policial o la credibilidad y respetabilidad de la función policial“.

Por su parte el comisario Biagio Parisi, secretario de Seguridad y Orden Público, declaró que tienen a más de 20 funcionarios con expedientes abiertos por estar presuntamente involucrados en las redes del bachaqueo.

“Estos grupos infringen el derecho al libre desenvolvimiento que tiene todo venezolano, contemplado en la Constitución en su artículo 20. Y que es sancionado en el Código Orgánico Procesal Penal (Copp), en los delitos contra la libertad individual, en el artículo 175:”Cualquiera que, sin autoridad o derecho para ello, por medio de amenazas, violencias u otros apremios ilegítimos, forzare a una persona a ejecutar un acto a que la ley no la obliga o a tolerarlo o le impidiere ejecutar alguno que no le está prohibido por la misma, será penado con prisión de quince días a treinta meses”.

Los bachaqueros causan riñas, portan ilegalmente armas blancas y de fuego, sobornan, coñacean, ejercen violencia sicológica y –en casos- han asesinado.

“Estos grupos cometen delitos graves. Estas personas deben ser castigadas severamente“, precisó el jurista Prieto.

A ello deben añadirse otros delitos tales como especulación, acaparamiento, contrabando de extracción, alteración fraudulenta de precios, alteración de productos para cometer fraude con su venta, venta de productos vencidos y desestabilización económica. “Son delitos castigados con penas de 5 a 14 años de cárcel”.

Es importante destacar que el gobierno tiene todo un andamiaje jurídico para someter a estas bandas. ¿Tiene voluntad política para hacerlo?

Los bachaqueros son malandros

¿No son criminales aquellos quienes atentan contra la vida de los ciudadanos? ¿Y qué hace un bachaquero cuando especula con los alimentos y los medicamentos del pueblo?

Son preguntas que se hace el jurista Salomón Benshimol. “Hablamos de alimentos de la dieta básica y medicamentos que sirven para brindar salud a quienes viven en Venezuela, ya que esos delincuentes juegan con el hambre y la salud del pueblo y también con su buena fe y la necesidad de adquirirlos para poder subsistir”.

Agregó que “Eso continuará si no se ataca el problema de la complicidad de los funcionarios policiales y de comerciantes inescrupulosos, de los empleados de los puntos de venta de alimentos o medicamentos”.

“El bachaqueo –dijo Benshimol– es un enorme negocio que cuenta con militares, policías, comerciantes y toda una mafia que cobra su parte”.

Agregó que los bachaqueros son delincuentes y homicidas en potencia.

Según el diputado Eduardo Labrador, “Los  bachaqueros  se  han convertido  en  lanza y  cuchillo  contra  su  propio  pueblo, destruyendo la  base  fundamental de  la  convivencia y el sustento  nacional”.

Agregó que ya  es  la  hora  de prohibir, actuar y desmantelar al  bachaquero,  al  que  vende abiertamente en  las  vías  públicas,  al  que vende clandestinamente  en  su casa,  todos  por  igual  son  parte de  la cadena.

“Es necesario  hacer  sentir la  ley a estos delincuentes que le hacen daño a la sociedad,  no perdamos  tiempo  conciliando la  paz en medio  del caos  de  los bachaqueros,  impongamos  el  orden desde  el  imperio de  las leyes y  sobrevendrá  el  bienestar”, agregó el diputado.

Los bachaqueros son una plaga

El gobernador de  Anzoátegui, Nelson Moreno, aseguró en VTV que “Los bachaqueros son una epidemia, son un virus,  los bachaqueros son delincuentes, no podemos convalidar ni convivir con los bachaqueros, son una plaga de la sociedad y tienen que ser tratados como delincuentes, allí están los traficantes de drogas articulados, allí están los asesinos, allí están los ladrones, allí están los traficantes de armas, todos están articulados con el crimen organizado para imponer su ley, para vender cupos, para comprar cupos, para utilizar objetos para cortarle la cara a una dama, para cortar a un ciudadano, para crear el terror en las colas y ellos reinar. Los bachaqueros están propiciando violencia”

El gobernador denunció que bandas delictivas –asociadas al bachaqueo- están saqueando camiones y amedrentando a los propietarios de las empresas.

Por su parte, la presidenta de la cámara municipal de Puerto La Cruz, afirmó que “Los bachaqueros son unos delincuentes y tenemos que atacarlos, para acabar con la reventa de alimentos a sobreprecio”,

Para el Defensor del Pueblo, Tareck William Saab, “El bachaquero es un delincuente, está al margen de la ley. Nadie en su sano juicio puede apoyar o defender a quienes contribuyen con el daño a la economía venezolana. Nadie puede asociarse a un bachaquero”.

El bachaquero es escoria social

Geovanni Peña, venezolano de a pie. chavista y víctima del bachaqueo, afirmó que “El bachaquero es nefando. Atroz. Los bachaqueros son delincuentes, andan asaltando con sus sobreprecios. Son tan despreciables que su misma clase social los ve como ladrones de siete suelas. El bachaquero afecta a su propia familia que es tildada de ladrones”.

Agregó que el Bachaquero es un delincuente, un mafioso, un sinvergüenza que roba al pueblo y pulveriza las finanzas de todos.

“El bachaquero, con su avaricia, le hace daño al pueblo venezolano. Hay que acabar con esta escoria social que arremete contra sus inocentes semejantes”.

Bachaqueros asesinos

El 26 de mayo un joven fue asesinado en Charallave por bachaqueros durante una riña en una cola para comprar productos regulados.

La víctima acudió en horas de la madrugada a un supermercado para abastecerse de productos regulados. Le tocó el puesto número 20 en la fila.

Un grupo de bachaqueros que controlaba la cola le entregó otro. Cuando el joven reclamó, los revendedores lo agredieron en múltiples ocasiones con un arma blanca, matándolo. Luego tiraron su cadáver a la quebrada de Charallave.

Ni con el pétalo de una rosa

Sin duda los venezolanos desprecian a los bachaqueros. A pesar de ello, no se atreve a neutralizarlos. Ni la sociedad civil, ni las autoridades.

Miedo, complicidad, negocio redondo, vaya usted a saber.

Lo cierto es que este país hoy está controlado por lo peor que ha parido en su historia. Y allí también están los bachaqueros.

Lo que llama la atención, es que si en la población hay el convencimiento de que los bachaqueros, además de ser delincuentes, le arrancan la comida a la gente, siendo el pobre la víctima más lesionada, entonces ¿por qué los saqueos son contra los comerciantes y no contra los bachaqueros que están abarrotados de mercancía acaparada?

“Bachaqueros: delincuentes y estafadores, un cáncer en aumento”. David Goncalves

En Sala de Información, también:

– Este es el brutal negocio del bachaqueo http://tinyurl.com/grdh578

– “Las bachaqueras me amenazaron y persiguieron hasta el carro. Me cayeron a golpes y se llevaron mis compras” http://wp.me/p2i0kq-13F

– “Los bachaqueros hicieron disparos al aire y nosotros, aterrados, estábamos dentro del supermercado” http://wp.me/p2i0kq-13F

– “Los bachaqueros rompen las piezas sanitarias de los baños, rayan las paredes y dejan restos de comida por todos lados” http://wp.me/p2i0kq-13F

– “No son vecinos ni gente humilde que viene a buscar comida. Son bachaqueros con armas y sin temor a la autoridad” http://wp.me/p2i0kq-13F

Guía rápida para entender a los CLAP

El Estímulo

El presidente Nicolás Maduro ha puesto todas sus fuerzas y energías en empoderar a estas figuras, no contempladas en la normativa jurídica. Acá explicamos brevemente la composición de estos grupos que, en dos meses, parecen pasar a dominar la distribución de productos clave para la alacena del venezolano.

Los comités locales de abastecimiento y producción (CLAP), creados en abril de 2016, son grupos de tendencia oficialista, cuyo objetivo es “monitorear en tiempo real la distribución de alimentos en las comunidades organizadas para combatir la guerra económica, y garantizar que los alimentos lleguen directo al Pueblo”, de acuerdo a palabras del presidente Maduro.

En la práctica son milicianos chavistas que funcionan como filtro, encargados de racionar los productos básicos.

¿Quiénes los conforman?

De acuerdo a un video del propio Partido Socialista Unido de Venezuela, los CLAP están conformados por miembros de las Unidad de Batalla Bolívar-Chávez -células partidistas que se encargan de propagar la doctrina chavista-, miembros del Frente Francisco de Miranda -el ala radical del chavismo-, una representante de Unamujer -una organización feminista pro-gubernamental- y miembros del Consejo Comunal.

¿Qué figura jurídica ampara a los CLAP?

Los Comités no son organizaciones enmarcadas en la Ley del Poder Popular, pues fueron creadas a posteriori. Sin embargo, el Decreto de Estado de Excepción y Emergencia Económica les confiere, en el apartado 11 del artículo 2, plenas facultades para organizar y mantener el orden público junto a militares, policías, consejos comunales y otros brazos del llamado “Poder Popular”.

¿Quién dirige los CLAP?

Freddy Bernal, quien viene de ser el zar policial de Venezuela, fue designado el 12 de mayo como Jefe Nacional de los CLAP. Bernal fungió como Alcalde del Municipio Libertador entre 200 y 2008 y también ha estado ligado a los Círculos Bolivarianos y los Colectivos chavistas, fuerzas de choque armadas para la defensa de la “Revolución”.

¿Por qué los CLAP han cobrado protagonismo?

Los CLAP se han encargado de la distribución de “bolsas de comida” con productos regulados en sectores populares con el gobierno local chavista (como, por ejemplo, el municipio Libertador del Distrito Capital). El presidente Nicolás Maduro los considera “fundamentales para derrotar el acaparamiento y la guerra económica” pues, en su teoría, eliminarán intermediarios, “usureros y bachaqueros” (aunque en realidad lo que eliminan es la cadena natural entre distribuidor y punto de venta). Fue un enfrentamiento entre miembros de un CLAP y compradores lo que desató los sucesos del jueves 2 de junio 2016 en la avenida Fuerzas Armadas de Caracas, pues pretendían recoger la distribución de productos regulados de bodegas y negocios para asignarlas directamente.

¿Quién abastece a los CLAP?

Al carecer de norma jurídica, no queda claro quién debe abastecer a estos comités. Sin embargo, en la práctica han tomado el inventario de los establecimientos oficiales (Pdval, Mercal) para armar sus bolsas. La Superintendencia de Servicio de Administración Tributaria del Distrito Capital había acordado en asambleas del Poder Popular desviar toda la distribución de productos regulados a estos grupos. La medida fue suspendida.

¿Quién garantiza transparencia en la gestión de los CLAP?

A pesar de las declaraciones del Jefe de Gobierno del Distrito Capital, Daniel Aponte, de que los CLAP no limitan su alcance a afectos al gobierno, ya existen denuncias de venta de cupos para las bolsas de comida y negación de las mismas a personas simpatizantes de la oposición. Nuevamente, su limbo legal les concede una libertad de acción que, como denuncia Consecomercio, da la impresión de que son organismos de tipo político y no económico.

 

Tiempo de bachaqueros. Una mirada cercana a la miseria humana

SOBRE LA MARCHA

ELIDES J. ROJAS L, El Universal

Es la nueva y más productiva actividad económica nacida en tiempos de chavismo en decadencia. En otros países que viven o vivieron con el esquema comunista o socialista de base soviética o cubana, es lo normal.

Además es mercado negro a secas. Solo que en Venezuela todo termina en corrupción desplegada y en complicidad total. Donde autoridades, policías, militares, malandros, políticos, mafiosos y hasta el comercio formal se dan la mano para delinquir y sacar plata fácil.

Es aprovecharse de la situación de pobreza, de escasez, de controles, de mercado miserable, de presiones contra productores, de amenazas contra la industria.

Es aprovechar para ganar dinero o sobrevivir, dependiendo de qué lado de la miseria humana usted esté parado.

No es la guerra económica como dice el gobierno en decadencia. No es el sabotaje de la derecha. No es Obama ni el imperio. Es escasez, es falta de suministros, es producto de un gobierno absolutamente irresponsable y mentiroso.

Claro que hay tramposos, claro que hay especuladores, claro que hay estafadores. Pero la verdad es otra. Y todo venezolano pensante lo sabe. En dos platos.

El comandante difunto destruyó casi todo el aparato productivo de la nación, dinamitó la agricultura y la agroindustria, acabó con la siderúrgica, desmanteló a Pdvsa y se tiró al comercio. Todo aguantó mientras Chávez y el gobierno tuvieron dólares para importar y mantener a la gente comiendo, viajando y sacando plata. Se cayó el precio petrolero y se vino abajo la estafa.

Le tocó a Maduro, a dedo limpio, seguir la mentira de la revolución, a punta de cadenas y motores fundidos, a punta de días libres y aumentos devaluados; pero sin plata y sin recursos personales como carisma y labia, para afrontar con éxito tamaño reto.

Así que pasó, lo que tenía que pasar. A la calle, como leonas, a buscar la comida. Todo lo demás no importa. La quiebra es general, pero la clave es seguir comiendo. Eso es así desde la prehistoria. Si no comes te mueres.

Es días pasados, en la madrugada del jueves 14 de abril, contratamos a un taxista de confianza para que nos dejara a las 4 de la mañana en las colas, muy largas por cierto, que se forman en la avenida San Martín de Caracas, en pleno Oeste de Caracas, zona popular y tradicional de la capital. La zona: entre el Centro Comercial Los Molinos, esquina de la vieja Lotería de Caracas, hoy sede de dependencias del ministerio de Salud, hasta dos cuadras hacia el oeste. Acera norte.

Tres colas diferentes. Un supermercado, un abasto grande y un local de una cadena de farmacias. La vista aprieta y da miedo. Da miedo por lo que pueda venir. Más de 200 personas en cada cola.

Ahí se ve de todo. Gente humilde, gente que necesita la comida, gente que hace la cola con sus niños y hasta bebés tirados en las sucias aceras, gente con la ropa vieja y rota. Niños llorando. Personas comiendo arepas frías rellenas de quesos indescriptibles  o pedazos de algo que va de carne mechada a carne molida sin mucha diferencia.

Todo es un puré frío y sin olor. Personas que comen sentadas en la calle con las manos marrones. Gente pobre, a secas. El propio pueblo pasando las de Caín. Viviendo la cara oscura del socialismo chavista. El socialismo con petróleo barato. El peor de todos. Pero no todo es así.

En la acera del frente está la crema y nata del comercio ilegal, el resultado del mercado negro, la sofisticación crematística de la unión cívico-militar: los bachaqueros.

Son el comercio legal en horas de la madrugada. Protegidos por las policías, asociados a los militares, cómplices de la operación desleal con empleados de supermercados y abastos.

Más o menos 40 personas por cada cola forman parte de este grupo que duerme en las cercanías y que es atendido antes de que abran oficialmente las puertas de los locales.

Pagan unos 1.000 bolívares a la gente del mercado privado y otros 1.000 a la policía o a la Guardia Nacional, o a ambos. Además, cosa muy rara en este país, hay malandros en la zona que cobran vacuna para dejar que los bachaqueros ejecuten su estafa popular.

En esa pasantía callejera de 2 horas vimos que a eso de las 5 de la mañana llegaban motorizados armados y al comienzo de la cola, más o menos en el puesto 5, le decían a la gente que “de aquí en adelante los siguientes 10 puestos son míos. Al que no le guste que hable“.

Dicho eso, la mano iba a la cintura donde se podía ver la Glock.40 negra, seguramente con muchos tiros de kilometraje. O la camionetota con logo ministerial bajando a seis personas directo a puesto preferencial.

La  parte de la cola que conforman pobres, madres, pocos hombres, y niños con la verdadera necesidad de comprar el sustento del día o de dos días, es la más larga; pero la menos atendida.

Los bachaqueros formales, los clientes ministeriales, los amigos de policías, los protegidos por los malandros se llevan la mejor parte de lo que se encuentre para ser vendido. También, y eso se explica en una sociedad moderna y de avanzada como la venezolana, existen tipos y tipas que se te acercan en la cola y ofrecen todo lo que quieras cerrando el negocio ahí mismo, pagando en efectivo y con entrega en más o menos una hora en la acera de enfrente. Precios por las nubes. Un delivery malandro, pero efectivo. Mercadeo fino. Directo.

Detalles a tomar en cuenta. Todo es sabido por todo el mundo: La gente con hambre es la que menos compra. Más de cuatro millones de venezolanos están dedicados al bachaqueo actualmente. Militares y policías son parte del negocio.

Malandros a secas controlan parte de la operación. Desde cajeros hasta gerentes están en el negocio. Muchas veces desde que el camión sale de la planta o de la distribuidora, el chofer, también cuadrado en la movida, avisó a sus compañeros de mafia para asegurar su tajada.

El bachaqueo incluye productos subsidiados por el gobierno. También atrapa  lo poco que pueda importar el gobierno actualmente. Marcar la cola es marcar la propiedad del puesto. Y ese puesto vale plata. Hasta eso se vende.

El puesto se vende a otros compañeros de hambre, a malandros desarmados o a bachaqueros. Los malandros armados no compran puesto, lo toman a la fuerza y listo.

Cosas que todo el mundo sabe, incluso el gobierno.

No hay guerra económica. Lo que hay realmente es la pérdida total del concepto de Estado. Aquí lo que hay es un territorio donde habita un montón de gente y vive como puede.

Eso es lo que hay.