Ciudad Guayana: de milagro de planificación a ejemplo de destrucción

María de Los Ángeles Ramírez Cabello, Revista Clímax

Fotos: William Urdaneta

Ciudad Guayana ya no es la cité de oro que fue: patrón de planificación urbanística lo mismo que modelo productivo junto a las empresas básicas del sur. Su panorama actual es más que desolador: pobreza, herrumbre, improvisación y una ideología —chavista— que minó todo espacio de desarrollo.

Héctor Goitia recorre la ciudad entera a diario. Volanteando su taxi se maravilla de la grandeza del río Caroní, cuando atraviesa el puente homónimo desde su residencia en una invasión de la estropeada San Félix.

Disfruta su portento en las caídas de agua del parque Cachamay —que se observan desde la avenida Guayana. Bordea la emblemática sede de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) en donde al menos una vez a la semana se cruza con protestas y continúa su largo camino de huecos, deterioro y mengua, hasta llegar a las empresas básicas que detrás de sus estructuras de acero guardan la desventura de un anhelo frustrado.

Él como muchos en Guayana no entiende qué pasó ni por qué el milagro que representó esta ciudad, en la margen sur del río Orinoco, ha sido derruido sin recato. Su resumida vida dibuja solo un añico del quebranto de la única ciudad de Venezuela planificada, cuya piedra fundacional fue colocada el 02 de julio de 1961, tras la fusión política-administrativa de Puerto Ordaz y San Félix, las más pobladas del estado Bolívar.

El crecimiento desordenado, obras en promesas y el estancamiento productivo de su motor industrial son en la actualidad algunos de los puntos frágiles de la urbe, cuyo levantamiento fue pilotado por el Plan Maestro de Desarrollo Urbano para Santo Tomé de Guayana, elaborado por profesionales del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) en 1962.

Así como Brasilia en Brasil, Ciudad Guayana fue dibujada en lienzos en blanco. Sus grandes avenidas, su conexión con San Félix, sus perfectas cuadras y la ubicación distante de las industrias del hierro, el acero y el aluminio con líneas férreas en sus márgenes fueron planificadas y llevadas a la realidad al calco.

Al cobijo de la CVG, creada en 1960, el proyecto de un polo de desarrollo en una zona bendita por su proximidad con los reservorios de minerales y metales y el río Orinoco se desarrolló de forma exitosa, tanto que sus tres objetivos primigenios se cumplieron, algunos con reservas: el aprovechamiento del potencial hidroeléctrico del río Caroní, en donde se produce 70% de la energía eléctrica que mueve al país; el desarrollo del emporio industrial con la creación inicial de Alcasa en 1960 y Sidor en 1964; y la creación del centro poblacional que se cristalizó con la fundación de Ciudad Guayana en lo que para entonces era un espacio despoblado.

Hoy la ciudad atraviesa una de sus peores crisis, en medio de una discusión sobre el agotamiento del planeamiento urbano y el mando asumido —entretanto— por la improvisación. Colapso del sistema de transporte; resguardos de terrenos a granel por el congelamiento de los grandes desarrollos habitacionales que por años dinamizaron la ciudad o invasiones, en su defecto; pérdida de la estética urbana y falta de visión bosquejan hoy el plano.

Pobreza general en el polo

En 1960, la función de Ciudad Guayana como polo de desarrollo apuntaba a la creación de empleo, al surgimiento de una alternativa económica no petrolera y al desarrollo urbano, en el marco de una visión global de país.

“Se cumplió con aquello de ser útil al país y cruzamos fronteras a Colombia y a Brasil al suministrarles energía limpia. Solo en las industrias de Guayana, se generaba 40% del Producto Interno Bruto no petrolero, resaltó Waldo Negrón, ingeniero químico llegado de Maracaibo a Guayana en 1969 cuando la ciudad, recuerda, era pujante y atraía a nacionales y extranjeros de todo el mundo, que siguieron llegando cautivados por una ciudad que en su interior atesoraba cascadas de agua en los parques La Llovizna y Cachamay, obras portentosas como la central hidroeléctrica Antonio José de Sucre en Macagua, una mirada única al oscuro río Caroní y las deslumbrantes estructuras de las empresas básicas.

Al cierre del 2014, la radiografía socioeconómica es totalmente aciaga. 72,7% de la población de Puerto Ordaz vive en pobreza general, de modo que no es capaz de cubrir el costo de la cesta básica, integrada por alimentos y servicios, de acuerdo con un estudio del Centro de Investigaciones para la Productividad, la Educación y la Vida (Ciepv) de la Universidad Católica Andrés Bello, campus Guayana (UCAB).

La pérdida del timón gerencial y la preeminencia del factor ideológico chavista en las empresas básicas de Guayana con la inyección de experimentos sociales, como la cogestión y el control obrero, extinguió los resquicios de productividad y la capacidad de aporte al país —que se descuidó además por la confianza en la renta petrolera como fuente inagotable de recursos.

En el 2014, de acuerdo con las Memorias y Cuentas del Ministerio de Industrias las pérdidas alcanzaron a más de 20 mil millones de bolívares entre el sector hierro-acero y aluminio.

“Leopoldo Sucre Figarella era gobernador y Rómulo Betancourt, presidente. Crean el municipio Caroní, se crea la ciudad y la CVG, una de las cinco corporaciones más exitosas de América Latina y de las 30 más importantes del mundo, capaz de planificar, dirigir, construir. Pero la visión cambió y de ser un ente omnipresente, si hoy quitas a la CVG, la gente no se daría cuenta, perdió los roles que tenía”, dijo.

Al entrar a las empresas básicas, no existen fronteras entre el partido político y el espíritu empresarial de una industria. La política penetró y los colores y las imágenes en la empresa son las mismas del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). No hay división.

Las industrias se convirtieron en máquinas de empleo, a costa de su rendimiento. Pero no siempre fue así.

El investigador José María Fernández explicó que entre 2004 y 2007 las industrias de Guayana, en manos estatales, alcanzaron resultados positivos porque “gozaban de autonomía, respetaron la gerencia de expertos en las áreas cuya meta era la producción, aumentaron los precios internacionales de los commodities, tenían ganancias y podían invertir en mantenimiento y actualización tecnológica”.

Ordenación territorial

El descalabro de las industrias es un espejo de lo que ocurre en el resto de Ciudad Guayana y sus servicios. A las cinco de la tarde, las colas para tomar un bus destartalado o, con suerte, alguna de las unidades rojas administradas por la Alcaldía de Caroní o la Gobernación de Bolívar son kilométricas. Otros con menos suerte deben abordar camionetas, conocidas como “perreras”.

Más de 50 buses de tránsito rápido —BRT, por sus siglas en inglés— con capacidad para transportar 180 personas permanecen estacionados en el Aeropuerto Internacional Manuel Piar, mientras el gobierno regional pisa el acelerador para construir 21 estaciones, que apenas empezó a edificar después de la llegada de las unidades, en febrero de 2015.

Polos comerciales como Alta Vista muestran hoy su peor cara por el descuido urbanístico de la ciudad y la falta de planificación de su ordenamiento, planeado con detalle en el Programa de Desarrollo Urbano Local (PDUL), engavetado hace un par de años.

La proliferación de resguardos de tierras, invasiones y construcciones residenciales no permisadas también ha sido una constante en los últimos años, a lo que se suma la falta de urbanismos y servicios. Fernando Roa lo vive desde que se levanta.

Llegó a Ciudad Guayana, desde su natal San Cristóbal, hace más de 30 años. Para ingresar a su vivienda en Villa La Paragua —al oeste de la ciudad— hay que atravesar un pasaje de huecos, enlodados por las lluvias de los últimos días.

Es beneficiario de la Gran Misión Vivienda, su casa del programa gubernamental carece de sistemas de aguas blancas y negras, y un servicio eléctrico de calidad, pese a estar a pocos kilómetros del poderoso en generación hidroeléctrica, río Caroní.

“La ciudad está sujeta a improvisaciones. No sabemos para dónde va y la respuesta es obvia, tenemos un caos”, expresó la docente investigadora de la Universidad Nacional Experimental de Guayana (UNEG), Ana Jorge, quien lideró el proyecto “Modelo de gestión local para avanzar hacia el desarrollo sustentable” del municipio Caroní, realizado durante dos años por un grupo de académicos a través del método de la prospectiva estratégica.

El estudio —que culminó recientemente— muestra las secuelas de la improvisación. “No planificamos el desarrollo, nuestras autoridades ejecutan un presupuesto, de allí los resultados. Éramos una ciudad urbano-industrial y ese cometido se estaba cumpliendo. Desde el 2007 los informes del Ministerio de Industria reflejan que nuestras empresas están disminuyendo la producción, así que lo que éramos ya no lo somos, ya no sabemos qué somos, tenemos que repensar nuestra ciudad”.

El estudio arrojó en la dimensión sobre estructura y funcionamiento del estado; Derechos Humanos, transparencia pública y participación ciudadana, asociatividad y diálogo social que en Ciudad Guayana hay violación de los Derechos Humanos en todas las áreas; hay opacidad en la gestión pública y contradicción de las estadísticas con fines propagandísticos y los espacios para la participación son limitados y solo favorecen la participación de los grupos adeptos al gobierno, lo que ha ocasionado que el diálogo social sea inexistente.

En cuanto a la economía local, persiste el cierre de las empresas privadas ante el “acoso y hostigamiento” y sigue siendo baja la inversión pública, que no responde a la planificación para el desarrollo, pues se limita a gastos corrientes.

“La inversión privada es la menor en el histórico y se limita a construcción comercial y residencial”.

Aunque la baja generación de empleos y el deterioro del poder adquisitivo ha abierto la puerta a innumerables emprendimientos en Ciudad Guayana, el estudio destaca que “las actividades emergentes no logran consolidarse por las precarias condiciones socioeconómicas y la inseguridad jurídica”.

En materia de ambiente, ordenación del territorio y calidad de vida, la investigación confirma “el deterioro progresivo en manejo de desechos urbanos, tratamiento de aguas servidas, potabilización y protección de áreas de alto valor ambiental”.

“La gestión no valora la planificación, se tiene desactualizado el marco de ordenación territorial generando condiciones para rezonificación y ocupación de zonas de riesgo ambiental”.

Despertar ciudadano

La urbanista María Nuria de Cesaris explicó que el PDUL contiene las previsiones de requerimientos y servicios de la ciudad hasta 2026, que considera se dejaron de lado en perjuicio de los intereses colectivos de los guayaneses. “Ha habido mucha ineficiencia y eso ha dado paso a la improvisación”.

El déficit de servicios sociales, espacios de recreación y crecimiento anárquico de la población, “metiendo casas por cualquier lado cuando existen terrenos determinados para construir”, a la par del trabajo no colaborativo entre las instituciones públicas devienen deterioro de la planificación, expresó la experta.

Bajo ese crepúsculo, sin embargo, grupos como el Plan Urbe, del que Cesaris es miembro, que apuesta al proyecto “Más P: más plazas, más parques y paseos”, empiezan a despertar tratando de incidir en la calidad de vida de su propia comunidad.

Muraleja.

La reserva de emprendimientos sociales que aspiran a una mejor ciudad es vasta y cada vez más entusiasta con iniciativas como el Festival de Espiritualidad en el Cine Venezolano (Fescive), los Arborizadores Voluntarios Urbanos de Guayana (AVUG), Ecocívico, Muraleja, FundArte, los Cachamay y Llovizna runners, entre muchos otros apasionados culturales, deportivos y ambientales.

Su apuesta es por una ciudad próspera, que respete el valor de su gente, que atraiga inversiones y cambios positivos y que, finalmente, sepulte la improvisación.

Los bachaqueros son peligrosos delincuentes

Sala de Información

“En el bachaqueo policías, militares, malandros, políticos, mafiosos y hasta el comercio formal, se dan la mano. El bachaqueo es producto de un gobierno absolutamente irresponsable y mentiroso. El bachaqueo es el resultado del mercado negro, la sofisticación crematística de la unión cívico-militar”. Elides Rojas

Los bachaqueros y colectivos se apropian de los espacios y coartan las posibilidades de personas dispuestas a hacer filas por horas con tal de adquirir artículos al precio legal. Ante cualquier cuestionamiento, las amenazas se convierten en represalias para aquel que solo exige su derecho.

Así lo relató Norkis Arias en un excelente trabajo para la revista Clímax, titulado “Bachaqueros: los más malandros de las colas”

En cada línea, Arias hurga en las experiencias trágicas de muchas víctimas de estos especímenes que no tienen contención gubernamental, quizás porque forma parte del “negocio”.

Eward Castillo le “robaba” los martes al trabajo, para acompañar a su madre a la cola del supermercado Éxito de Los Teques.

“Cuando en la zona se enteran de que van a llegar camiones a descargar, aparecen los colectivos en motos y secuestran el local. Se meten y se llevan lo que quieren, y dejan las sobras para los que hemos estado haciendo cola por horas”, relató el joven de 26 años.

Un día, la tropelía lo llenó de valor y enfrentó a un motorizado. Le reclamó su derecho a comprar comida. “La disputa se elevó a unos empujones y Edward estaba dispuesto entrarse a puños, pero su adversario se alzó la camisa para dejar al descubierto una pistola. Esa amenaza lo hizo tragar grueso y desistir. Instinto de supervivencia…”

Esa violencia reiterada, la que humilla y desmoviliza, es práctica común en cada centro que venta alimentos.

Es la necesidad que se encuentra con la avaricia y la viveza sin mezclarse”, dice el reportaje de Clímax.

Y lo grafica señalando que “Mientras el que necesita madruga para probar suerte en supermercados, farmacias y establecimientos “a ver si” consigue algo para comer, el vivo se aprovecha y lo amedrenta para desaparecer la “justicia” del léxico local. Esa palabra está moribunda”

Por otra parte, la reventa de productos regulados –que cuenta con la complicidad por omisión (presuntamente) del gobierno- por encima de su precio legal, se ha convertido en una actividad económica usual.

“Se ha sofisticado hasta alcanzar un estatus delictivo con modus operandi propio que se ha esparcido como maldición por todo el país”.

A Alicia Ortiz su esposo la deja a las 3:30 de la madrugada en el supermercado Unicasa de El Paraíso, para comprar y llevar a algo casa… si la suerte también madrugó y la acompaña.

“Madrugo porque antes del amanecer un hombre con cicatrices en el rostro nos quita la cédula a un número arbitrario de personas en la cola. Él es uno de los líderes de bachaqueros y, horas más tarde, cuando la Guardia nos pide las cédulas laminadas, el tipo les entrega las requisadas junto con las de otras personas que no se encuentran en el lugar”. ¿Hay o no complicidad?

Los ausentes son bachaqueros que van apareciendo paulatinamente y se incorporan a la fila

Alicia comentó a Clímax que “Casi nunca le protestamos al tipo porque después te pueden sacar de la cola o hacer algo peor”.

A veces quita 50 cédulas, a veces 80. Depende de cuántos números vayan a repartir ese día en el mercado. Y a esas les agrega como 100 más que es la de su gente”, contó.

Son delincuentes

Ingrid Cabrera le contó a Norkis Arias que en el Central Madeirense de La Alameda en Santa Fe, una bachaquera llegaba y se metía de primera en la cola. A quien revirara, le mostraba un cuchillo que escondía en su pantalón.

“Ya esa mujer –agregó Ingrid- no se aparece más por aquí. Llegó una más brava y la corrió, pero la intimidación es la misma. Es mejor dejarse colear a terminar bañado en sangre”.

Los vigilantes, en los centros comerciales, tienen un camión lleno de “bachaco vivencias”.

“Te cuento pero no me saques”, dijo uno en el Unicentro el Marqués: “Grisapas (guirisapas), insultos, golpes y bombas lacrimógenas, son comunes aquí”.

“Eso se ve aquí todos los días. La gente duerme desde la 1 de la mañana del día anterior y cuando amanece, llegan los bachaqueros y les dicen que tienen gente adelante”

“Se ponen 20 bachaqueros de primeros, después una persona que hizo su cola, 20 bachaqueros más, otra persona normal y así. Es mejor no reclamar. Hay gente que lo ha hecho, pero terminan sacándolos de la cola. No los dejan comprar, los amenazan y si no hacen caso le caen a coñazos”.

En su trabajo periodístico, Arias señaló que “Se trata de la supervivencia del más apto. Unos someten y otros se dejan someter. Hay que suprimir la dignidad y aceptar la injusticia para evitar la violencia en un territorio donde reina la impunidad

Mafia arrecha

El Correo del Caroní, en investigación de la periodista María Ramírez, reflejó en sus páginas el saqueo de un camión de embutidos que descargaría mercancía en la panadería La Marquesa, en Puerto Ordaz.

Miriam Muñoz, trabajadora del local, contó que abrió la puerta trasera para recibir la mercancía. El chofer abría las puertas del camión cava y en ese momento observó que un grupo de personas que se habían aglomerado para hacer colas en locales cercanos, que habitualmente amanecen con tumultos para comprar productos regulados, corrían hacia el camión.

“La gente que hacía cola en Génesis vino corriendo cuando abrían la puerta del camión, así que cerré el portón y me metí”.

En el video captado por un trabajador, se observa a más de 30 personas robando la mercancía con la ayuda de otros quienes tiraban desde el interior jamones y quesos, mientras el chofer del camión caminaba de un lado a otro sin saber qué hacer. En unos 5 minutos todo terminó.

Los locales cercanos a la panadería La Marquesa estuvieron cerrados en las primeras horas de la mañana, tras el saqueo. FOTO: Correo del Caroní

Además de la cava con embutidos, al chofer de un camión que iba a surtir leche “le quitaron como tres cajas de leche porque arrancó”, dijo la trabajadora.

Los bachaqueros son delincuentes organizados

“Hace como tres semanas estaba en una cola, en un supermercado en la calle 72, esperando que abrieran el acceso, porque había detergente. De repente, llegaron 6 personas obligando a los primeros en la fila a ceder sus puestos porque ellos iban delante. La gente se molestó y empezó a reclamarles, pero estos sacaron cuchillos y navajas, amenazando quienes estábamos esperando”.

Este es el testimonio de un cliente quien contó que “No es la primera vez que ocurre. Siempre son los mismos, y nadie dice nada, ni los policías que organizan la cola, ni los gerentes de la tienda“.

En un reportaje para Panorama, la periodista Keila Vílchez señaló que en la Ley Orgánica contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo, esta acción se llama “Asociación para delinquir”.

Pero este no es el único delito. Los bachaqueros incurren en porte y uso ilícito de armas blancas y de fuego, especulación, alteración de la paz ciudadana y, al menos, otros 10 delitos.

Para el penalista Luis Prieto entrevistado por Vilchez,

“Muchas de estas personas forman parte de bandas de bachaqueros. Son delincuentes organizados, se asocian para delinquir. Cuando hablamos de delincuencia organizada, se trata de un grupo de 3 o más personas que se asocian por cierto tiempo, cometiendo un delito para obtener un beneficio económico para ellos o para un tercero; y esto está penado”.

Agregó que la Ley Contra la Delincuencia Organizada, en su artículo 37, establece que “Quien forme parte de un grupo de delincuencia organizada, será penado -por el solo hecho de la asociación- con prisión de 6 a 10 años”.

Según Prieto, “Estas bandas, que incluso se sectorizan según la ubicación de los supermercados, operan amenazando al cliente natural de estos locales. Generalmente, hay uno que suministra el dinero, quien los traslada, quienes hacen la cola y compran. Este delito es muy dañino, porque no se trata del pequeño revendedor, quien también incurre en un delito, sino que estos grupos muchas veces cuentan con complicidad interna en los supermercados y en los propios centros de distribución de los alimentos”.

El reportaje de Panorama señala que los relatos de los compradores lo confirman y, además, denuncian la vinculación de los cuerpos policiales.

Ricardo González, residente de la avenida La Limpia, confesó que “Hace varias semanas, vi con indignación cómo un policía metió a un grupo de 15 bachaqueros en la cola de las personas de la tercera edad, que yo estaba haciendo, para comprar unas afeitadoras. Lo peor, es que fui a buscar al funcionario porque, como siempre, los bachaqueros se quieren meter a la fuerza y pensé que el policía lo iba a impedir. Pues no. Se apartaron del grupo, hablaron algo y metió a la gente”.

Añadió el penalista que “Los policías que sean cómplices de estas organizaciones delictivas están cometiendo un delito de corrupción propia. Cuando un funcionario pide dinero para permitir que se cometa un acto delictivo, subsume su conducta en delitos tipificados en la Ley contra la Corrupción“.

También señaló que esa conducta es causal de destitución, según la Ley del Estatuto de la Función Policial, que en su artículo 97 prevé la destitución por la  “Comisión intencional o por imprudencia, negligencia o impericia graves, de un hecho delictivo que afecte la prestación del servicio policial o la credibilidad y respetabilidad de la función policial“.

Por su parte el comisario Biagio Parisi, secretario de Seguridad y Orden Público, declaró que tienen a más de 20 funcionarios con expedientes abiertos por estar presuntamente involucrados en las redes del bachaqueo.

“Estos grupos infringen el derecho al libre desenvolvimiento que tiene todo venezolano, contemplado en la Constitución en su artículo 20. Y que es sancionado en el Código Orgánico Procesal Penal (Copp), en los delitos contra la libertad individual, en el artículo 175:”Cualquiera que, sin autoridad o derecho para ello, por medio de amenazas, violencias u otros apremios ilegítimos, forzare a una persona a ejecutar un acto a que la ley no la obliga o a tolerarlo o le impidiere ejecutar alguno que no le está prohibido por la misma, será penado con prisión de quince días a treinta meses”.

Los bachaqueros causan riñas, portan ilegalmente armas blancas y de fuego, sobornan, coñacean, ejercen violencia sicológica y –en casos- han asesinado.

“Estos grupos cometen delitos graves. Estas personas deben ser castigadas severamente“, precisó el jurista Prieto.

A ello deben añadirse otros delitos tales como especulación, acaparamiento, contrabando de extracción, alteración fraudulenta de precios, alteración de productos para cometer fraude con su venta, venta de productos vencidos y desestabilización económica. “Son delitos castigados con penas de 5 a 14 años de cárcel”.

Es importante destacar que el gobierno tiene todo un andamiaje jurídico para someter a estas bandas. ¿Tiene voluntad política para hacerlo?

Los bachaqueros son malandros

¿No son criminales aquellos quienes atentan contra la vida de los ciudadanos? ¿Y qué hace un bachaquero cuando especula con los alimentos y los medicamentos del pueblo?

Son preguntas que se hace el jurista Salomón Benshimol. “Hablamos de alimentos de la dieta básica y medicamentos que sirven para brindar salud a quienes viven en Venezuela, ya que esos delincuentes juegan con el hambre y la salud del pueblo y también con su buena fe y la necesidad de adquirirlos para poder subsistir”.

Agregó que “Eso continuará si no se ataca el problema de la complicidad de los funcionarios policiales y de comerciantes inescrupulosos, de los empleados de los puntos de venta de alimentos o medicamentos”.

“El bachaqueo –dijo Benshimol– es un enorme negocio que cuenta con militares, policías, comerciantes y toda una mafia que cobra su parte”.

Agregó que los bachaqueros son delincuentes y homicidas en potencia.

Según el diputado Eduardo Labrador, “Los  bachaqueros  se  han convertido  en  lanza y  cuchillo  contra  su  propio  pueblo, destruyendo la  base  fundamental de  la  convivencia y el sustento  nacional”.

Agregó que ya  es  la  hora  de prohibir, actuar y desmantelar al  bachaquero,  al  que  vende abiertamente en  las  vías  públicas,  al  que vende clandestinamente  en  su casa,  todos  por  igual  son  parte de  la cadena.

“Es necesario  hacer  sentir la  ley a estos delincuentes que le hacen daño a la sociedad,  no perdamos  tiempo  conciliando la  paz en medio  del caos  de  los bachaqueros,  impongamos  el  orden desde  el  imperio de  las leyes y  sobrevendrá  el  bienestar”, agregó el diputado.

Los bachaqueros son una plaga

El gobernador de  Anzoátegui, Nelson Moreno, aseguró en VTV que “Los bachaqueros son una epidemia, son un virus,  los bachaqueros son delincuentes, no podemos convalidar ni convivir con los bachaqueros, son una plaga de la sociedad y tienen que ser tratados como delincuentes, allí están los traficantes de drogas articulados, allí están los asesinos, allí están los ladrones, allí están los traficantes de armas, todos están articulados con el crimen organizado para imponer su ley, para vender cupos, para comprar cupos, para utilizar objetos para cortarle la cara a una dama, para cortar a un ciudadano, para crear el terror en las colas y ellos reinar. Los bachaqueros están propiciando violencia”

El gobernador denunció que bandas delictivas –asociadas al bachaqueo- están saqueando camiones y amedrentando a los propietarios de las empresas.

Por su parte, la presidenta de la cámara municipal de Puerto La Cruz, afirmó que “Los bachaqueros son unos delincuentes y tenemos que atacarlos, para acabar con la reventa de alimentos a sobreprecio”,

Para el Defensor del Pueblo, Tareck William Saab, “El bachaquero es un delincuente, está al margen de la ley. Nadie en su sano juicio puede apoyar o defender a quienes contribuyen con el daño a la economía venezolana. Nadie puede asociarse a un bachaquero”.

El bachaquero es escoria social

Geovanni Peña, venezolano de a pie. chavista y víctima del bachaqueo, afirmó que “El bachaquero es nefando. Atroz. Los bachaqueros son delincuentes, andan asaltando con sus sobreprecios. Son tan despreciables que su misma clase social los ve como ladrones de siete suelas. El bachaquero afecta a su propia familia que es tildada de ladrones”.

Agregó que el Bachaquero es un delincuente, un mafioso, un sinvergüenza que roba al pueblo y pulveriza las finanzas de todos.

“El bachaquero, con su avaricia, le hace daño al pueblo venezolano. Hay que acabar con esta escoria social que arremete contra sus inocentes semejantes”.

Bachaqueros asesinos

El 26 de mayo un joven fue asesinado en Charallave por bachaqueros durante una riña en una cola para comprar productos regulados.

La víctima acudió en horas de la madrugada a un supermercado para abastecerse de productos regulados. Le tocó el puesto número 20 en la fila.

Un grupo de bachaqueros que controlaba la cola le entregó otro. Cuando el joven reclamó, los revendedores lo agredieron en múltiples ocasiones con un arma blanca, matándolo. Luego tiraron su cadáver a la quebrada de Charallave.

Ni con el pétalo de una rosa

Sin duda los venezolanos desprecian a los bachaqueros. A pesar de ello, no se atreve a neutralizarlos. Ni la sociedad civil, ni las autoridades.

Miedo, complicidad, negocio redondo, vaya usted a saber.

Lo cierto es que este país hoy está controlado por lo peor que ha parido en su historia. Y allí también están los bachaqueros.

Lo que llama la atención, es que si en la población hay el convencimiento de que los bachaqueros, además de ser delincuentes, le arrancan la comida a la gente, siendo el pobre la víctima más lesionada, entonces ¿por qué los saqueos son contra los comerciantes y no contra los bachaqueros que están abarrotados de mercancía acaparada?

“Bachaqueros: delincuentes y estafadores, un cáncer en aumento”. David Goncalves

En Sala de Información, también:

– Este es el brutal negocio del bachaqueo http://tinyurl.com/grdh578

– “Las bachaqueras me amenazaron y persiguieron hasta el carro. Me cayeron a golpes y se llevaron mis compras” http://wp.me/p2i0kq-13F

– “Los bachaqueros hicieron disparos al aire y nosotros, aterrados, estábamos dentro del supermercado” http://wp.me/p2i0kq-13F

– “Los bachaqueros rompen las piezas sanitarias de los baños, rayan las paredes y dejan restos de comida por todos lados” http://wp.me/p2i0kq-13F

– “No son vecinos ni gente humilde que viene a buscar comida. Son bachaqueros con armas y sin temor a la autoridad” http://wp.me/p2i0kq-13F

Guía rápida para entender a los CLAP

El Estímulo

El presidente Nicolás Maduro ha puesto todas sus fuerzas y energías en empoderar a estas figuras, no contempladas en la normativa jurídica. Acá explicamos brevemente la composición de estos grupos que, en dos meses, parecen pasar a dominar la distribución de productos clave para la alacena del venezolano.

Los comités locales de abastecimiento y producción (CLAP), creados en abril de 2016, son grupos de tendencia oficialista, cuyo objetivo es “monitorear en tiempo real la distribución de alimentos en las comunidades organizadas para combatir la guerra económica, y garantizar que los alimentos lleguen directo al Pueblo”, de acuerdo a palabras del presidente Maduro.

En la práctica son milicianos chavistas que funcionan como filtro, encargados de racionar los productos básicos.

¿Quiénes los conforman?

De acuerdo a un video del propio Partido Socialista Unido de Venezuela, los CLAP están conformados por miembros de las Unidad de Batalla Bolívar-Chávez -células partidistas que se encargan de propagar la doctrina chavista-, miembros del Frente Francisco de Miranda -el ala radical del chavismo-, una representante de Unamujer -una organización feminista pro-gubernamental- y miembros del Consejo Comunal.

¿Qué figura jurídica ampara a los CLAP?

Los Comités no son organizaciones enmarcadas en la Ley del Poder Popular, pues fueron creadas a posteriori. Sin embargo, el Decreto de Estado de Excepción y Emergencia Económica les confiere, en el apartado 11 del artículo 2, plenas facultades para organizar y mantener el orden público junto a militares, policías, consejos comunales y otros brazos del llamado “Poder Popular”.

¿Quién dirige los CLAP?

Freddy Bernal, quien viene de ser el zar policial de Venezuela, fue designado el 12 de mayo como Jefe Nacional de los CLAP. Bernal fungió como Alcalde del Municipio Libertador entre 200 y 2008 y también ha estado ligado a los Círculos Bolivarianos y los Colectivos chavistas, fuerzas de choque armadas para la defensa de la “Revolución”.

¿Por qué los CLAP han cobrado protagonismo?

Los CLAP se han encargado de la distribución de “bolsas de comida” con productos regulados en sectores populares con el gobierno local chavista (como, por ejemplo, el municipio Libertador del Distrito Capital). El presidente Nicolás Maduro los considera “fundamentales para derrotar el acaparamiento y la guerra económica” pues, en su teoría, eliminarán intermediarios, “usureros y bachaqueros” (aunque en realidad lo que eliminan es la cadena natural entre distribuidor y punto de venta). Fue un enfrentamiento entre miembros de un CLAP y compradores lo que desató los sucesos del jueves 2 de junio 2016 en la avenida Fuerzas Armadas de Caracas, pues pretendían recoger la distribución de productos regulados de bodegas y negocios para asignarlas directamente.

¿Quién abastece a los CLAP?

Al carecer de norma jurídica, no queda claro quién debe abastecer a estos comités. Sin embargo, en la práctica han tomado el inventario de los establecimientos oficiales (Pdval, Mercal) para armar sus bolsas. La Superintendencia de Servicio de Administración Tributaria del Distrito Capital había acordado en asambleas del Poder Popular desviar toda la distribución de productos regulados a estos grupos. La medida fue suspendida.

¿Quién garantiza transparencia en la gestión de los CLAP?

A pesar de las declaraciones del Jefe de Gobierno del Distrito Capital, Daniel Aponte, de que los CLAP no limitan su alcance a afectos al gobierno, ya existen denuncias de venta de cupos para las bolsas de comida y negación de las mismas a personas simpatizantes de la oposición. Nuevamente, su limbo legal les concede una libertad de acción que, como denuncia Consecomercio, da la impresión de que son organismos de tipo político y no económico.

 

Tiempo de bachaqueros. Una mirada cercana a la miseria humana

SOBRE LA MARCHA

ELIDES J. ROJAS L, El Universal

Es la nueva y más productiva actividad económica nacida en tiempos de chavismo en decadencia. En otros países que viven o vivieron con el esquema comunista o socialista de base soviética o cubana, es lo normal.

Además es mercado negro a secas. Solo que en Venezuela todo termina en corrupción desplegada y en complicidad total. Donde autoridades, policías, militares, malandros, políticos, mafiosos y hasta el comercio formal se dan la mano para delinquir y sacar plata fácil.

Es aprovecharse de la situación de pobreza, de escasez, de controles, de mercado miserable, de presiones contra productores, de amenazas contra la industria.

Es aprovechar para ganar dinero o sobrevivir, dependiendo de qué lado de la miseria humana usted esté parado.

No es la guerra económica como dice el gobierno en decadencia. No es el sabotaje de la derecha. No es Obama ni el imperio. Es escasez, es falta de suministros, es producto de un gobierno absolutamente irresponsable y mentiroso.

Claro que hay tramposos, claro que hay especuladores, claro que hay estafadores. Pero la verdad es otra. Y todo venezolano pensante lo sabe. En dos platos.

El comandante difunto destruyó casi todo el aparato productivo de la nación, dinamitó la agricultura y la agroindustria, acabó con la siderúrgica, desmanteló a Pdvsa y se tiró al comercio. Todo aguantó mientras Chávez y el gobierno tuvieron dólares para importar y mantener a la gente comiendo, viajando y sacando plata. Se cayó el precio petrolero y se vino abajo la estafa.

Le tocó a Maduro, a dedo limpio, seguir la mentira de la revolución, a punta de cadenas y motores fundidos, a punta de días libres y aumentos devaluados; pero sin plata y sin recursos personales como carisma y labia, para afrontar con éxito tamaño reto.

Así que pasó, lo que tenía que pasar. A la calle, como leonas, a buscar la comida. Todo lo demás no importa. La quiebra es general, pero la clave es seguir comiendo. Eso es así desde la prehistoria. Si no comes te mueres.

Es días pasados, en la madrugada del jueves 14 de abril, contratamos a un taxista de confianza para que nos dejara a las 4 de la mañana en las colas, muy largas por cierto, que se forman en la avenida San Martín de Caracas, en pleno Oeste de Caracas, zona popular y tradicional de la capital. La zona: entre el Centro Comercial Los Molinos, esquina de la vieja Lotería de Caracas, hoy sede de dependencias del ministerio de Salud, hasta dos cuadras hacia el oeste. Acera norte.

Tres colas diferentes. Un supermercado, un abasto grande y un local de una cadena de farmacias. La vista aprieta y da miedo. Da miedo por lo que pueda venir. Más de 200 personas en cada cola.

Ahí se ve de todo. Gente humilde, gente que necesita la comida, gente que hace la cola con sus niños y hasta bebés tirados en las sucias aceras, gente con la ropa vieja y rota. Niños llorando. Personas comiendo arepas frías rellenas de quesos indescriptibles  o pedazos de algo que va de carne mechada a carne molida sin mucha diferencia.

Todo es un puré frío y sin olor. Personas que comen sentadas en la calle con las manos marrones. Gente pobre, a secas. El propio pueblo pasando las de Caín. Viviendo la cara oscura del socialismo chavista. El socialismo con petróleo barato. El peor de todos. Pero no todo es así.

En la acera del frente está la crema y nata del comercio ilegal, el resultado del mercado negro, la sofisticación crematística de la unión cívico-militar: los bachaqueros.

Son el comercio legal en horas de la madrugada. Protegidos por las policías, asociados a los militares, cómplices de la operación desleal con empleados de supermercados y abastos.

Más o menos 40 personas por cada cola forman parte de este grupo que duerme en las cercanías y que es atendido antes de que abran oficialmente las puertas de los locales.

Pagan unos 1.000 bolívares a la gente del mercado privado y otros 1.000 a la policía o a la Guardia Nacional, o a ambos. Además, cosa muy rara en este país, hay malandros en la zona que cobran vacuna para dejar que los bachaqueros ejecuten su estafa popular.

En esa pasantía callejera de 2 horas vimos que a eso de las 5 de la mañana llegaban motorizados armados y al comienzo de la cola, más o menos en el puesto 5, le decían a la gente que “de aquí en adelante los siguientes 10 puestos son míos. Al que no le guste que hable“.

Dicho eso, la mano iba a la cintura donde se podía ver la Glock.40 negra, seguramente con muchos tiros de kilometraje. O la camionetota con logo ministerial bajando a seis personas directo a puesto preferencial.

La  parte de la cola que conforman pobres, madres, pocos hombres, y niños con la verdadera necesidad de comprar el sustento del día o de dos días, es la más larga; pero la menos atendida.

Los bachaqueros formales, los clientes ministeriales, los amigos de policías, los protegidos por los malandros se llevan la mejor parte de lo que se encuentre para ser vendido. También, y eso se explica en una sociedad moderna y de avanzada como la venezolana, existen tipos y tipas que se te acercan en la cola y ofrecen todo lo que quieras cerrando el negocio ahí mismo, pagando en efectivo y con entrega en más o menos una hora en la acera de enfrente. Precios por las nubes. Un delivery malandro, pero efectivo. Mercadeo fino. Directo.

Detalles a tomar en cuenta. Todo es sabido por todo el mundo: La gente con hambre es la que menos compra. Más de cuatro millones de venezolanos están dedicados al bachaqueo actualmente. Militares y policías son parte del negocio.

Malandros a secas controlan parte de la operación. Desde cajeros hasta gerentes están en el negocio. Muchas veces desde que el camión sale de la planta o de la distribuidora, el chofer, también cuadrado en la movida, avisó a sus compañeros de mafia para asegurar su tajada.

El bachaqueo incluye productos subsidiados por el gobierno. También atrapa  lo poco que pueda importar el gobierno actualmente. Marcar la cola es marcar la propiedad del puesto. Y ese puesto vale plata. Hasta eso se vende.

El puesto se vende a otros compañeros de hambre, a malandros desarmados o a bachaqueros. Los malandros armados no compran puesto, lo toman a la fuerza y listo.

Cosas que todo el mundo sabe, incluso el gobierno.

No hay guerra económica. Lo que hay realmente es la pérdida total del concepto de Estado. Aquí lo que hay es un territorio donde habita un montón de gente y vive como puede.

Eso es lo que hay.

Hacer colas para comprar comida se ha tornado de alto riesgo

Dulce María Rodríguez, El Nacional

“Nos sacaron de nuestros supermercados. Ya no podemos comprar en los comercios que nos eran habituales, a los que hemos acudido por años”, contó Carmen Landaeta, vecina de El Cafetal, refiriéndose a los bachaqueros.

Aseguró que no ha vuelto a ir al supermercado, en el centro comercial Caurimare, porque la golpearon por avisarle al vigilante que un grupo de bachaqueras se estaba coleando.

“Me amenazaron y me persiguieron hasta el carro. Allí me cayeron a golpes por ‘sapa’, dijeron, y se llevaron mis compras”.

Dijo que hizo la denuncia ante la seguridad del centro comercial, pero le respondieron que lamentablemente eso pasaba todos los días y que no podían impedirles el acceso.

En el centro comercial Vizcaya Marta Singer vivió una situación de pánico y zozobra al quedar encerrada en un supermercado. Refirió que una mujer amenazó con una navaja a una cajera porque no le permitió pasar la compra de productos regulados y los clientes corrieron hacia los pasillos.

Aunque los vigilantes actuaron y lograron sacar a la bachaquera, junto con otras personas intentó entrar por la parte de atrás.

“Hicieron disparos al aire y nosotros, aterrados, estábamos dentro del supermercado”, agregó.

Luego llegó la policía y se los llevaron. Sin embargo, todo el centro comercial cerró y ella decidió no volver a ese supermercado, al que acudía frecuentemente.

Mary Salazar describió que el “modus operandi” de algunos bachaqueros en el centro comercial Macaracuay Plaza la alejó de allí porque consideró que su vida estaba en riesgo.

Narró que un día se fue muy temprano a hacer la cola de productos regulados y entró en la lista de los primero 50 clientes. Al rato llegó un grupo de bachaqueros y uno de ellos se subió la camisa para mostrarle a los vigilantes la pistola que llevaba en la cintura.

“Entraron primero que los que teníamos horas en la cola y nadie se atrevió a decir algo porque a nosotros también nos enseñó la pistola”.

Consumidores afirmaron que reconocen a las personas que van con la intención de provocar violencia en las colas por su forma de actuar, vestir y hablar.

“No son vecinos de la zona, ni gente humilde que viene a buscar comida. Portan armas de fuego o navajas y no le temen a la autoridad”, expresó Salazar.

La violencia, además, ha adquirido otro matiz según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social.

En su último informe señaló que entre enero y febrero de 2016, documentaron 64 saqueos o intentos de saqueo por falta de alimentos.

Precisó que en febrero se reportaron 41 saqueos, el número más alto en los últimos 12 meses.

También destacó que 81% de los hechos vandálicos fue en contra de transportes de alimentos o bebidas mientras cubrían sus rutas de distribución.

“El 19% restante fue contra centros de expendio de alimentos, depósitos y otras instalaciones”, señaló el Observatorio.

Ventas por el suelo

Algunos comerciantes de los centros comerciales Caurimare y Macaracuay Plaza coincidieron en que sus ventas han descendido 80% por la presencia de bachaqueros en las instalaciones.

“Los vecinos les tienen pánico y al ver las colas no pasean por el centro comercial ni vienen a comprar”, afirmaron.

Maria Betancourt, dueña de una tienda de ropa para dama en Macaracuay, dijo que a todos los que trabajan allí los han despojado del celular o la cartera y les han robado mercancía pequeña.

“Nosotras también nos sentimos aterrados y cerramos más temprano cuando la cola es muy larga para evitar el riesgo”, manifestó.

Señaló que entre las 12:30 pm y las 3:00 pm, cuando se apagan las luces de los pasillos, los ascensores y el aire acondicionado por el ahorro de electricidad, hay toque de queda en las tiendas.

“Algunos bachaqueros aprovechan la oscuridad para robar a los clientes, también para orinar y dejar sus excrementos en los pasillos”, contó.

Betancourt agregó que sacaron la fila de compradores para afuera del centro comercial porque las instalaciones están destruidas.

“Han roto las piezas sanitarias de los baños, rayado las paredes y dejan restos de bebidas y comida tiradas por todos lados”, aseguró.

Un aviso colocado en el Centro Comercial Caurimare dice:  “Se prohíbe la permanencia de personas frente a los locales comerciales”. Y en las fachadas de las tiendas hay notas en las que se lee: “No se guardan bolsos” y “No se presta el baño, no insista”.

Helena Barrios, propietaria de una juguetería, indicó:

“Es muy duro trabajar con temor de que te van a robar o a agredir”.

Refirió que ha recibido todo tipo de insultos por no prestar el baño, los vigilantes son amenazados con armas todos los días y hasta han secuestrado a personas en el estacionamiento.

Barrios relató que en la zona viven muchas personas de la tercera edad que valoraban la cercanía a los comercios; pero ahora lo consideran una desgracia. Pero aun en presencia de la Guardia Nacional Bolivariana en los establecimientos, los consumidores no se sienten seguros en las colas.

José Gregorio Tovar indicó que en el Unicentro el Marqués por el racionamiento eléctrico retrasaron a las 12:00 m la hora de apertura. Sin embargo, la cola para el supermercado y la farmacia igual se forma desde la madrugada.

“A mediodía la gente ya esta desesperada de aguardar debajo de sombrillas, malhumorada e incontenible. El miércoles pasado pedían con rabia que agilizaran el proceso de acceso a la tienda y el ambiente era tenso”, relató.

“Son hechos aislados”

Claudia Itriago.

Claudia Itriago, directora ejecutiva de la Cámara Venezolana de Centros Comerciales, Comerciantes y Afines, señaló que las largas filas en las tiendas o supermercados han generado inconvenientes.

“Son hechos aislados, que a veces se salen de las manos, pero que deben haber sido atendidos por el personal de seguridad de los centros comerciales”.

Aclaró que los establecimientos Macaracuay Plaza y Caurimare no están afiliados a Cavececo.

“Los agremiados a la cámara ofrecen a su personal de seguridad programas de capacitación y se mantienen en comisiones todo el año para desarrollar nuevas tácticas y estrategias a fin de solventar los inconvenientes que pudiesen presentarse, explicó.

Dijo que trabajan en coordinación con las policías municipales para el control de los incidentes irregulares.

 

 

Los bachaqueros: quiénes son, cuánto ganan, cómo trabajan

Un estudio cualitativo de la firma Datos revela detalles sobre un nuevo grupo económico: los bachaqueros. En el marco del foro ¿Cómo presupuestar? organizado por Venamcham, Luis Maturén, presidente de la empresa, explicó quiénes son, cuánto ganan y cómo trabajan.

Nicolle Yapur, El/Interés

Son pocos los revendedores, mejor conocidos como bachaqueros, que trabajan solos. Este grupo, denominado por el experto como “los solitarios”, es el más escaso. Sin embargo, los revendedores en esta clasificación forman parte de una red donde intercambian información.

Lo más común son las parejas, sostuvo. Después están las familias de 5 o 6 miembros que se dedican a esto de forma “profesional” y van a dos o tres supermercados en paralelo. “Normalmente ocultan las compras”, indicó Maturén.

La firma revela el nacimiento de la figura del aguantador, una persona encargada de guardar la mercancía cerca del lugar de compra.

Los bachaqueros entrevistados por Datos señalaron que entre ellos existe una organización. Se detectaron casos en los que llegan en autobuses y se paga a la persona para comprar.

Según la firma, el perfil del bachaquero está integrado por antiguos buhoneros, desempleados, trabajadores con horarios flexibles o a tiempo parcial. Trabajan de miércoles a domingo, porque son los días en los que los supermercados están mejor surtidos.

“Los días en los que les toca por cédula se van al sureste de Caracas, porque los controles son más difíciles de burlar ya que no son de la zona”, explicó Maturén.

“El resto de los días van al oeste porque es más probable que sorteen los controles” y hacen alianzas con personal de los supermercados, agregó.

En cuanto a los horarios, trabajan desde muy temprano. Salen desde las 4 de la mañana y terminan más o menos a mitad de la tarde.

El estudio revela que también cuentan con una red de contactos: pasilleros, vigilantes, cajeros, porque tienen que acelerar el proceso de compra.

En cuanto a la venta del producto hay distintas modalidades. Los que son buhoneros, que ya tienen un punto, trasladan hacia allá los productos adquiridos. No obstante, la gran mayoría venden de forma directa en las oficinas.

Los bachaqueros necesitan mucho efectivo para pagar la cantidad de “peajes” para poder comprar: normalmente no hacen cola, por lo que deben compensar a los vigilantes. La amistad con las cajeras les permite saltar las captahuellas. Mientras, los pasilleros les informan que ha llegado, explicó en analista.

¿Es rentable?

Si a la semana un bachaquero compra Bs 30.000 en productos y calcula sus costos en Bs 9.000, su ingreso neto puede ser de Bs 21.000. “Pueden ganar hasta 120.000 mensuales, dependiendo de cómo se muevan”, indicó.

Pese a las grandes ganancias los consultados por Datos afirman que se sienten mal por lo que hacen. “Ellos quieren que la situación se acabe”, aseguró Maturén.

El venezolano es otro

Según la firma, 8 de cada 10 venezolanos manifiestan que pueden comprar la mitad o menos de lo que necesitan. Un tercio de los encuestados indican que pueden adquirir muy pocas cosas. No hay distinción entre escalas sociales sobre esta percepción, indicó Maturen.

También han cambiado las prioridades: 69% de las personas señalaron que no prescindirían de productos de alimentación. El analista destacó que es la primera vez que la frecuencia de esta respuesta se ubica por encima de los artículos de cuidado personal. “Antes, tomaban la alimentación como un hecho”, indicó. En las prioridades tampoco hay distinciones entre nivel socioeconómico.

Consultados sobre lo primero de lo que prescindirían, en orden de importancia, comer fuera de la casa sumó la mayor cantidad de respuestas. De segundo lugar quedó el consumo de bebidas alcohólicas, algo que Maturén consideró particularmente impactante.

La expectativa de la gente es que va a consumir menos”, especialmente en entretenimiento, ropa y calzado.

A la gente le va a importar el precio y las compras serán más racionales que emocionales, advirtió. También indicó que hay un cambio social en la dinámica del hogar. La experiencia de compra se consideraba un plan familiar.

El estudio cualitativo de la firma de análisis de mercado señala que actualmente ir al supermercado despierta sentimientos de angustia y violencia.

Dentro del establecimiento se recibe hostilidad y maltrato”, indicó Maturén.

Imágenes vía web.

Diseño gráfico: Sala de Información

El extraño caso de la arepa de los mil bolos

Esta fotografía no es de la arepa que realmente me comí con remordimiento y dolor de cartera. Es cortesía de la revista bienmesabe y la tomó Patrick Dolande.

Arnaldo Espinoza, El Estímulo

 Miércoles. 11 am. Saliendo de diligencias de la Universidad Central de Venezuela. No había desayunado. De repente, haciendo el camino mental a mi oficina pasé por Las Mercedes. ¡Una arepa!. Barata y resuelta. Al menos eso pensaba.

Al llegar al sitio fui, robóticamente, a la caja. He estado allí mil veces, nunca un miércoles y creo que nunca con sol. ¿Qué comprar? Es una batalla que llevaré hasta el final de mis días. Nada sabe tanto a mi infancia como una de queso de mano. Pero a medida que he ido ganando años, la “rumbera” (Pernil y queso amarillo) se ha ido llevando parte de mi corazón. Decido, basándome en que es mi des-almuerzo: el cochino gana la batalla.

Allí pasó algo que no me había imaginado. Al pagar me dijeron que eran 790 bolívares. ¡790 bolívares! Con el sueldo mínimo sólo podría comprar 9. Si lo calculo a dólar oficial son ¡125 dólares! Ni las arepas moleculares de Richard Blais cuestan tanta plata.

¿Qué pasó aquí, mi pana? Pregunto a los encargados. Que la harina de maíz ya no llega por los canales regulares, que los queseros les están subiendo el precio a la mercancía semanalmente, que el pernil es carísimo (siempre ha sido caro).

Pero me impactan más las diferencias: Una viuda (la arepa sola), cuesta 30 bolívares. Y de allí, un salto de garrocha que haría palidecer a Robeilys Peinado. La siguiente en la lista (la de mano, precisamente) son 450 bolos. 15 veces más cara.

La reina también pisa las 8 tablas y la de dominó ni siquiera está listada, no vaya ser que el kilo de caraotas a mil bolos pueda causar una reacción adversa en el estómago. Pido un favor raro, pesar la arepa: 200 gramos de relleno te encarecen el plato típico venezolano hasta a 30 veces su valor sin relleno. Menos mal que aún no cobran la mantequilla.

Es un fenómeno que he estado viendo desde hace tiempo. El valor de las cosas se volvió loco. Con lo que pago un refresco de lata, compro litro y medio de té pasteurizado.

Una lata de diablitos es más cara que una de atún regulado. Y, bueno, la típica comparación agua-gasolina, que se hace aún peor cuando, como en Caracas, no se consigue agua y el que la tiene te la quiere vender por lo menos al doble del precio “justo”.

¿Cómo hace una sociedad que no controla sus precios, que un teléfono celular de última generación te puede pagar un carro usado?

Ayer alguien me decía que en una isla de las Antillas donde no se consigue nada, realmente hay de todo, pero en dólares. ¿Será ese nuestro destino?