La otra sentencia de David Natera Febres

|MAR 21, 2018|

Esta es la historia de cómo procesaron y condenaron al director de un diario que hizo seguimiento a un caso de corrupción estatal en el estado Bolívar, al sur de Venezuela. Es, hasta la fecha, el único editor venezolano cuyo proceso ya produjo un fallo en su contra. Pero dos años después, se enfrenta a una sentencia que le pesa más: el riesgo inminente del cierre del diario Correo del Caroní.

FOTOGRAFÍAS: GABRIELA CARRERA

 

El 9 de marzo de 2016, en el municipio Sifontes del estado Bolívar, decenas de pobladores protestaban, por sexto día consecutivo, en la carretera que comunica el sur de Venezuela con Brasil. Exigían que les entregaran los cadáveres de al menos 17 mineros que, el viernes 5 de marzo, habían sido masacrados en una mina cercana.

Eran las 10:00 de la noche y en el diario Correo del Caroní, a cuatro horas de ese municipio, los periodistas se preparaban una vez más para ir a Tumeremo. Pero otros se alistaban, también, para cubrir un hecho que podía cambiar el curso del periódico: el Tribunal Penal Sexto de Juicio del estado Bolívar había retomado la causa en contra del director del periódico, David Natera Febres, después de un receso de dos años y medio, durante el cual el proceso debía de haber prescrito.

En la avalancha de noticias, el juicio en contra del editor de 75 años parecía otro aluvión. Eran dos pautas cruciales las que se conversaban en la sala de redacción: la masacre de Tumeremo, que había sido catalogada como “virtual” por el gobernador del estado Bolívar, el general Francisco Rangel Gómez, y la audiencia en la que se decidiría si Natera era responsable de los delitos de difamación agravada e injuria por permitir la publicación de reportajes sobre hechos de corrupción en la estatal procesadora de mineral de hierro, Ferrominera Orinoco.

El escándalo de la masacre, perpetrada por bandas armadas contra civiles que suelen terminar enterrados en fosas comunes, movilizó a figuras de peso como Luisa Ortega Díaz y Tarek William Saab, fiscal general y defensor del pueblo, respectivamente, y pronto el pueblo minero llamó la atención de la prensa nacional e internacional.

En la redacción del Correo del Caroní, hasta entonces único rotativo con 39 años de trayectoria en la región, la cobertura de Tumeremo ocupaba, por decisión editorial, a toda la plantilla de periodistas. Al único vehículo operativo, una camioneta roja Chevrolet pickup, le reparaban fallas para el traslado hasta el pueblo minero. Sería un viaje ida y vuelta, por seguridad, y porque no había presupuesto para pernoctar.

En paralelo, en el tribunal penal de Puerto Ordaz, se decidía la suerte del editor del periódico. Mañana, tarde y noche, durante el 8 y 9 de marzo, David Natera Febres, junto a su hijo, su abogado y varios periodistas —nosotros, porque yo cubría la fuente sindical en el diario—, estuvimos ahí para escuchar los alegatos del acusante. Sin aire acondicionado, ni ventiladores, el calor nos ahogaba.

A las 11:00 de la noche, todo indicaba que se produciría la sentencia.

La primera vez que David Natera visitó los tribunales de Puerto Ordaz en condición de acusado ocurrió en julio de 2013, cuando fue notificado de una primera demanda. Habían transcurrido seis meses del seguimiento informativo a una investigación adelantada por la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) en la Ferrominera.

Los primeros artículos publicados por el Correo del Caroní informaron los avances del procedimiento del gobierno contra empresas intermediarias en la comercialización de mineral de hierro. En los registros legales de esas compañías, con razones sociales ajenas al negocio minero, figuraban apellidos de conocidos empresarios de Guayana, entre ellos el de Yamal Mustafá, contratista de la Gobernación del estado Bolívar y director del diario regional Primicia.

Las detenciones de los gerentes de la estatal se produjeron en junio de 2016. En cadena nacional, el recién electo Nicolás Maduro, embarcado en una efímera lucha contra la corrupción, anunció la captura del entonces presidente de Ferrominera, Radwan Sabbagh, y de otros cinco gerentes de la compañía.

La fotografía completa de la historia la supimos un mes después, cuando el entonces diputado Andrés Velásquez, del partido opositor La Causa Radical, compartió con la redacción del Correo del Caroní un documento de la Dgcim. Las transcripciones de los interrogatorios, publicadas a partir del 11 de julio, conectaron cabos sueltos en el seguimiento de la historia. Confirmó, por ejemplo, que Yamal Mustafá sirvió de intermediario en la transferencia de 3.9 millones de dólares en el pago de sobornos al general de la Dirección de Contrainteligencia Militar, Juan Carlos Álvarez Dionisi, a quien apodaban “El Tiburón”.

La publicación de ese informe, con páginas completas durante una semana, fue el detonante para la presentación de dos acciones judiciales contra Natera Febres: una penal y otra civil. La demanda civil, el 18 de julio de 2013, coincidió con la captura de Mustafá, quien fue detenido e imputado por ser presunto cooperador en los delitos de peculado doloso propio, concertación de funcionario público con contratista y asociación para delinquir.

A pesar de su encarcelamiento, los tribunales admitieron la demanda penal (el 23 de julio) y la civil por daños y perjuicios (el 25 de julio), en la que solicitaba el pago de una multa (126 millones de dólares al cambio oficial de la época) y el embargo de los bienes del editor.

En sus alegatos, Mustafá sostuvo que su detención fue motivada por una “campaña de descrédito” que Natera y el Correo del Caroní emprendieron en su contra: una estrategia de “real malicia”. Pero en dos años y ocho meses, la audiencia de juicio fue constantemente diferida sin que él se presentara y todos los recursos presentados por la defensa fueron negados. Durante ese período, el contratista estuvo detenido en la sede de la Dgcim en Ciudad Bolívar y, antes, en el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional, en Caracas.

El sobrino de Mustafá, Manuel Mustafá, era el propietario de dos de la docena de empresas que en 2012 entraron para servir como intermediarios en la venta de hierro, una figura prohibida en el decreto de nacionalización del mineral. Los fiscales del Ministerio Público acusaron al director de Primicia de haberlo utilizado como testaferro en negocios de contrabando de mineral de hierro y extorsión en el seno de la compañía estatal. Un caso que produjo pérdidas estimadas de 1.113 millones de dólares para la Ferrominera Orinoco que, según los cálculos del periodista Joseph Poliszuk, hubiesen alcanzado para llenar 1.321 maletas como la de Guido Antonini Wilson, el empresario venezolano célebre por su llegada a Argentina en 2007 con una valija de 790 mil dólares, o el equivalente a las inversiones requeridas para, cuando menos, incrementar en un 50 por ciento la producción en CVG Bauxilum.

A las 11:00 de la noche del 10 de marzo de 2016, David Natera destacaba en la sala del Tribunal Penal Sexto de Juicio. Vestía pantalón, camisa blanca y mocasines negros, como el día anterior. Es un traje que suele usar con frecuencia.

Tal como pidió, su esposa no le acompañaba. Le asistía su abogado y amigo, Eliécer Calzadilla; su hijo, David José; el jefe de redacción del diario, Oscar Murillo; y el abogado Morris Sierralta.

—¿Estás escuchando, David? —refunfuñó Calzadilla.

—Ajá.

—Que tú tienes, coño, que reconocer, en los años que te quedan, que tienes que aprovechar Daytona (en Florida, Estados Unidos), sus playas, aprovechar tus vainas. Esto ya es historia, tú no puedes componer ni siquiera Villa Antillana (urbanización de Puerto Ordaz). ¡Tienes que posponer Venezuela!

Calzadilla protestó durante los dos días de juicio por la terquedad de Natera de permanecer en Ciudad Guayana como un centinela. Solo en noviembre de 2015, Natera había viajado a Estados Unidos para someterse a una operación. Llevaba tres años sin salir del país porque “no se puede descansar”. Y como repite siempre: “Yo soy de los que no se van”. La respuesta de Calzadilla siempre era la misma: “Esto ya no se compone”, “No estarías aquí”. Pero Natera callaba. Permaneció callado ambos días.

Ese 9 de marzo, Natera no refutó ni sentenció, como suele hacerlo. Se expresa con oraciones cortas, moviendo las manos con cadencia de punto y aparte, que uno completa y le da sentido si le conoce. Esos días solo sonrió con sarcasmo durante la exposición de la parte acusadora: una abogada que con frecuencia gritaba y, con ademanes histriónicos, se negaba a leer el contenido de los trabajos periodísticos que, en nuestra opinión, desmontaban el caso.

Escuché mi nombre dos veces en esa exposición. La primera porque aparecía entre los contactos telefónicos de “El Tiburón” y, la segunda, cuando expusieron las razones por las cuales demandaban penalmente al editor y no a la autora de las notas periodísticas. “Es un acto de cobardía del ‘editor’ David Natera Febres manipular a jóvenes periodistas para pretender descargar en ellos la responsabilidad de las acciones delictivas que, de manera reiterada y agravada, están cometiendo. Es un daño que le está haciendo tanto a ellos, a quienes pretende utilizar como carne de cañón para eludir responsabilidades, como al periodismo en general, y por esta razón decidí excluir de esta acusación a la joven periodista Clavel Rangel, quien está siendo vilmente manipulada por el editor de este medio de comunicación en decadencia”.

Durante todo el martes la exposición de motivos se centró en la lectura de titulares y la firma en el cabezal del periódico (donde resaltaban: “Director: David Natera Febres”), omitiendo la firma y el contenido de las notas que habíamos publicado con los hallazgos de la investigación. Natera no intervino ni dijo una palabra en esos dos días. Fue su decisión para no convalidar a tribunales que, desde un principio, calificó como corruptos.

Los alguaciles no permitieron grabar, ni tomar fotos, aunque se trataba de un juicio oral y público. Era una sala con piso de granito, mesas de madera  y juego de cuatro bancos de madera a la derecha y a la izquierda. El único ventilador estaba cerca del juez Beltrán Lira, conocido en Guayana, entre otros casos, por haber dictado orden de captura contra el secretario general del Sindicato de Trabajadores de Ferrominera Orinoco, Rubén González, en 2009, un episodio emblemático de criminalización de la libertad sindical y de la protesta.

Lira estaba de buen humor. Se trataba, además, de un encuentro estelar porque desde 2013 era la primera vez que Natera y Mustafá coincidían en una audiencia. Tres meses antes, en diciembre de 2015, el empresario había obtenido una medida sustitutiva de libertad luego de que la Corte de Apelaciones fallara a su favor y en contra de los fiscales que, en julio de ese año, congelaron su libertad. Así que el juez se permitió bromear y tratar de resumir la lectura de los alegatos expuestos por los abogados de Mustafá, los mismos que defendieron a directivos de Sidor acusados de corrupción en 2011 por el caso conocido como la “mafia de la cabillas”.

David Natera Febres estudió derecho, pero siempre su obsesión fue el periodismo. Lo atribuye, de pronto, a una coincidencia histórica: nació en 1941 en Ciudad Bolívar, a 50 metros de la casa del Congreso de Angostura, donde el libertador Simón Bolívar dio su histórico discurso en 1819. También, a 200 metros del río Orinoco y de la casa del Correo del Orinoco, el periódico del siglo XIX cuyo lema era “Somos libres, escribimos en un país libre y no nos proponemos engañar al público”.

Así se presenta. “No hablamos de cuestiones incoherentes cuando hablamos de un compromiso histórico”. Y eso último es casi su mantra. El compromiso es la respuesta a su permanencia en el negocio editorial, aunque hace años que el Correo del Caroní y TV Guayana, dos de las empresas de Editorial Roderick (cuyo nombre concedió en honor al impresor del Correo del Orinoco), solo generen pérdidas.

Comenzó a escribir a los 16 años y en 1977 fundó el Correo del Caroní en el barrio Villa Colombia, en el centro de Puerto Ordaz. Esperó días para que el encendido de la rotativa coincidiera con la fundación del histórico periódico del que tomó el nombre. Allí vivió durante dos años, a un cuarto de distancia de la rotativa, en el pequeño galpón amarillo que hoy, 40 años después, se mantiene intacto entre el centro comercial Venezuela y el mercado de Villa Colombia.

Desde entonces ha sido un hombre de medios, propietario de un diario que acaparó toda la publicidad y propaganda, tanto privada como estatal, en los años dorados de la entonces pujante Ciudad Guayana. Ser el único periódico de la zona, hizo del Correo el principal lugar para anunciar y eso le permitió a Natera amasar una fortuna, tener aviones, hacer viajes y asumir posiciones de poder, lo que le valió el mote, entre gente de confianza, de Ciudadano Kane, en referencia a la película de Orson Welles inspirada en el magnate de la prensa estadounidense William Randolph Hearst. “Con graves diferencias éticas, déjate de vaina”, le respondió al escritor venezolano Rafael Pineda cuando en un telegrama le apodó así. De esa bonanza, y de ir vendiendo propiedades, es que hoy el periódico y la televisora subsisten en operaciones mínimas.

Sus detractores —no pocos— han visto en David Natera a un hombre soberbio y poderoso, que no se mezcla con la clase empresarial de Guayana. “Yo los conozco, son los de siempre”, dice. Es presidente del Bloque de Prensa Venezolano, una agrupación de dueños de los otrora medios impresos del país, y fue vicepresidente para la región de la Sociedad Interamericana de Prensa, en cuya tarima se propuso siempre adversar a Hugo Chávez y calificar al suyo como un régimen, mucho antes de que Venezuela fuese reconocida como dictadura. Sin embargo, no convalidó el golpe de Estado de 2002 y es célebre un video de Rangel Gómez usando las cámaras de  TV Guayana colocándose a la orden de la transición, de modo que Natera no es un hombre fácil de encasillar. Es, en general, un hombre contrapoder que no le gusta compartir sus propios espacios.

Tampoco es la primera vez que se enfrenta a intereses locales. En la década de los 90, las publicaciones del Correo del Caroní lo encararon con el llamado “Grupo chino” del partido Acción Democrática, a quienes La Causa R calificaba de corruptos. Famosa fue aquella campaña en paredes de Ciudad Guayana donde lo acusaron a él y a su familia también de ladrones. “Allí perdí mi libertad. Hubo que contratar guardaespaldas y perdí libertad. Por eso yo los conozco, son la misma gente —insiste—. Los mismos corruptos”. Su paso por la política fue breve e irreversible cuando le tocó ocupar por unos meses la presidencia del Consejo Legislativo del estado Bolívar, entre 1979 y 1980.

En la época dorada del diario, cuando grandes anunciantes como Cantv, Movistar y Ternium pagaban páginas completas, Natera llegó a conceder publicidad por precios simbólicos al Sindicato Único de Trabajadores de la Industria Siderúrgica y Sus Similares (Sutiss), el sindicato de la Siderúrgica del Orinoco, solo para que hicieran contrapeso al consorcio ítalo-argentino que se apropió de Sidor en su exigencia de condiciones justas de trabajo. Pero así como ese gesto, en su expediente también aparece el cierre del diario El Pueblo cuando, quizás por coincidencia, un grupo de trabajadores se organizó para instalar un sindicato. En algún momento, el gobierno de Chávez se encargó, también, de auditarle hasta el último bolívar y sus cuentas bancarias fuera del país, en la búsqueda de algún rastro de ilegalidad. La detención de uno de sus sobrinos, el más cercano, piloto de uno de sus aviones, posó la mirada sobre él cuando aquel fue detenido en Estados Unidos por haber prestado su cuenta bancaria al narcotráfico. Pese a la exhaustiva búsqueda e intentos de vincularle, el gobierno jamás pudo demostrarle nada al editor. Él presenta cada capítulo de esa historia reciente como una batalla ética ganada. Y esta, la de la sentencia, no es siquiera la más importante.

El día más difícil para David Natera no fue el 11 de marzo de 2016, cuando lo declararon culpable de difamación agravada e injuria en forma continuada. Ni los días subsiguientes en los que no ha podido salir del país, ni las presentaciones mensuales en la comisaría, ni la violación de sus derechos políticos al ser excluido del registro electoral. Ha sido el día que el Correo del Caroní dejó de circular en su versión impresa, apagando temporalmente la rotativa GOSS Community. “Mi máquina… todos los días la veo y se la encomiendo a la Santísima Trinidad porque, desde que la arrancamos, mi mamá estuvo presente”.

Unos meses antes, el 31 de julio de 2015, el Correo pasó a convertirse en semanario impreso. Aquel miércoles de edición y montaje, para la preparación de lo que entonces ya era un diario que había cambiado de estándar a tabloide y con menos páginas, David Natera contemplaba la maqueta en la pantalla en absoluto silencio y con ira. Fue el preludio de la portada que circuló la última semana de noviembre de 2016, con una promesa que luego no se pudo cumplir: “El régimen que impera en Venezuela limita e impide la circulación de la prensa independiente, controlando la importación y suministro de papel para eliminar a los periódicos que no se doblegan ante la vergonzosa dictadura informativa. La preservación de papel es vital para las conquistas democráticas. Correo del Caroní circulará de nuevo el próximo año”.

La rotativa permanece apagada. Dos bobinas están en la parte trasera del periódico, esperando el momento definitivo para anunciar el fin de una era. Ahora la “resistencia” es digital, pero no es una idea que Natera defienda, ni admire, aunque ya grandes diarios hayan dado el paso. Se niega a usar Whatsapp, Twitter, Facebook. Tampoco responde mensajes de texto, solo llamadas telefónicas y correos electrónicos. El editor sueña con volver a imprimir en la rotativa. “No es un sueño, eso será así”.

En los últimos cuatro años, el periódico ha limitado sus funciones y su plantilla de periodistas y trabajadores. De poco más de 100 personas, hoy no están en nómina ni 30. Un cuerpo de cuatro editores y cuatro periodistas trabajan remota y directamente en la sede del diario en Villa Colombia.

La función de guardabarreras, propia de editores, quizás Natera la maduró con la experiencia de los años, lo suficiente como para dar libertad y aceptar el debate en momentos cruciales. Aunque todos conocemos sus maneras casi invisibles de ejercer su influencia, en mis 10 años en el periódico jamás le vi editar una portada o mandar a cambiar un titular antes de su impresión; ni siquiera vigilar el proceso, salvo en las ediciones aniversario cuando se quedaba hasta la impresión del último ejemplar para vigilar que el color fuese óptimo.

Por eso, David Natera nunca preguntó con qué íbamos a titular aquellos días de las publicaciones sobre Ferrominera Orinoco, aunque las discusiones entre jefe de redacción y periodistas eran intensas. Tampoco hubo mención a si estábamos en la dirección correcta en aquellos días de tensión, cuando tras cada reportaje aparecían dos páginas encontradas en el diario de Mustafá, amenazando con represalias o intentos de intimidación.

Sin embargo, la sentencia que el juez leyó en 11 minutos, el 11 de marzo de 2016, a las 12:55 de la madrugada, estableció otra cosa:

“(…) Si bien es cierto que los reportajes a los que se viene haciendo referencia no son suscritos por el querellado, no es menos cierto que constituye un hecho notorio que el lector del diario Correo del Caroní se circunscribe en la persona de David Natera Febres, recayendo sobre él mismo la responsabilidad de editar o limitar lo que debe considerarse como un hecho noticioso en el cual no se emiten juicios de valor. 

Es por eso que quien se pronuncia debe hacer una reflexión: los medios de comunicación social tienen un compromiso ineludible con los valores supremos a los cuales se contrae el artículo 2 de nuestra Carta Magna, así como también la obligación de informar en procura del respectivo equilibrio de esos valores, ello con el debido respeto de los derechos humanos a cualquier persona, dado que aún ni el delincuente más vil tiene derechos que deben ser tutelados. Más aún cuando el honor y la reputación trascienden del plano personal al plano familiar, no olvidemos que el mayor legado a nuestros hijos es el honor, el decoro y el respeto en una sociedad de iguales. Es así como en esta oportunidad el Tribunal Sexto en funciones de juicio declara la culpabilidad y responsabilidad del ciudadano David Natera Febres en la comisión de los delitos de difamación agravada e injuria en forma continuada, en consecuencia lo condena a cuatro años de prisión y una multa de mil ciento veintisiete unidades tributarias”.

El 13 de diciembre de 2016 fue declarado sin lugar el recurso de casación intentado contra la sentencia de la Corte de Apelaciones del Tribunal Supremo de Justicia, presidida por Maikel Moreno. La orden de prisión fue suspendida por decisión del Tribunal de Ejecución, siempre y cuando Natera permanezca en el país, se presente mensualmente y pague la multa. Le sigue ahora la activación del juicio civil que podría concluir en un embargo de bienes.

David Natera Febres va cada mes a la sede de la policía a tomarse una fotografía. En la pantalla de su teléfono muestra una seguidilla de retratos en los que, cabeza alta, posa bajo el letrero de la comandancia, como si se tratara de un delincuente más.

—Tenía que estar aquí —me dijo cuando lo entrevisté para escribir esta historia, a comienzos de febrero de 2018—. Esto es un emplazamiento diario. Yo no me voy. Tengo que estar, yo soy de los aquí, de los que no se van. Mi compromiso histórico es este y, realmente, estoy orgulloso de eso.

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Esta historia forma parte de Crónicas insumisas, un microsite del Instituto de Prensa y Sociedad Venezuela, en alianza con la Embajada de Canadá, La vida de nos, la ONG y El Anexo. Visite el proyecto completo en este enlace.

Hace 10 años murió Franklin Brito

Franklin Brito es, quizás, el ícono más representativo del valor ciudadano en los últimos 16 años. A riesgo del precio que pagó, su vida, se enfrentó al gobierno que le arrebató el futuro junto a su honorable familia. Físicamente, de él quedó un costal de huesos. Moralmente, legó una enorme lección de dignidad al país, cuyos hijos parece que todavía no terminamos de entender.

Gabriela Moreno y Tal Cual

Durante seis años ininterrumpidos, el productor agropecuario Franklin Brito luchó para que el gobierno de Hugo Chávez le devolviera sus tierras que le había expropiado en el estado Bolívar.

En varias oportunidades las autoridades trataron de acallarlo ofreciéndole dinero pero no pudieron quebrar su dignidad.

Franklin Brito murió el 30 de agosto del 2010, esperando que el gobierno resolviera su caso.

¿Quién fue este hombre?

Franklin José Brito Rodríguez nació en Irapa, estado Sucre, el 5 de septiembre de 1960.

Cursó la carrera de Biología en la UCV. Hacia sus 30 años puso sus ahorros en un lote de 290 hectáreas en Bolívar, estado que constituía una buena oportunidad para prosperar por las bondades de su tierra.

Del terreno en total sólo 80 hectáreas eran aprovechables para el cultivo. La vocación de agricultor de Franklin Brito nació de sus faenas en la finca de su suegro.

Evadió los límites para protestar. Amputó el dedo meñique de su mano izquierda, para llamar la atención del presidente Hugo Chávez.

Su peso se redujo a menos de la mitad. De 105 kilos bajó a 33. Aún esquelético resistía. Así defendió Franklin Brito, un agricultor de Ciudad Bolívar, sus tierras de los garfios de la revolución. Lo hizo durante una década.

Condenado por tener la razón

Juan Carlos Figarella

Cuando Franklin Brito propuso un proyecto de utilización de semillas de una variedad resistente a cierta especie de hongo para combatir la plaga que azotó los cultivos de la localidad en 1999, no sabía que su desventura estaba por iniciarse: la iniciativa de Brito se oponía a las medidas del alcalde Juan Carlos Figarella, que consistían en atacar el problema con químicos financiados por la CVG.

Los organismos que estudiaron el caso apoyaron al productor agropecuario y la Corporación retiró su apoyo a la gestión de Figarella. Ahí es donde el también docente situaba el origen de los atropellos en su contra.

En el 2001 lo despidieron del instituto agrícola municipal y en el 2003 encontró que el paso a su fundo estaba cerrado: el Instituto Nacional de Tierras había conferido cartas agrarias a trabajadores locales sobre sus propiedades, según las cuales las familias campesinas eran autorizadas para ocupar y cultivar terrenos que ahora pertenecían al estado y eran administrados por el INTI. A partir de este momento comenzó la lucha de Brito para defender sus derechos.

Era dueño de la finca La Iguaraya, de 290 hectáreas.

El impase tuvo precio

Él y su esposa fueron despedidos injustificadamente de sus cargos como docentes en varios institutos educativos de Guantazo (Bolívar), y el Instituto de Tierras les otorgó títulos de propiedad a otros productores sobre los terrenos que eran suyos. Con dos cartas agrarias se concretó la decisión.

En las misivas le notificaban que campesinos podían trabajar en sus terrenos. Según el gobierno, “el particular (Brito) no pudo probar su pertenencia”.

La primera huelga

A raíz de esto, y de la expropiación sufrida, Franklin Brito inició su primera huelga de hambre a finales del 2004 en la plaza Miranda, en Caracas, como único recurso del que disponía para ser resarcido.

Semejante decisión nació en su conciencia de la necesidad de ejercer presión para recuperar las tierras ocupadas arbitrariamente en el asentamiento campesino La Tigrera. Además, reclamaba el pago de un año de salarios represados injustamente.

Después de 125 días sin probar alimentos, decidió suspender la huelga luego de que la Unidad de Evaluaciones Estratégicas lo llamara para atender su caso. Logró un acuerdo parcial en el que se reconocieron las deudas estatales.

Más dolor por sus derechos

El 7 de julio del 2005, decepcionado por el incumplimiento de las promesas hechas por el Ejecutivo, volvió a la Plaza Miranda, con un semblante mucho más radical que el anterior: se cosió la boca en un gesto que reveló las magnitudes de su determinación.

«Se cosió la boca en un gesto que reveló las magnitudes de su determinación».

Semejante acto no generó ninguna atención sobre el caso del productor agrícola por parte de los entes competentes.

Ante tal panorama, el 10 de noviembre decidió amputarse el dedo meñique de la mano izquierda frente a los ojos del país entero.

Ese mismo día amenazó con cortarse un dedo cada semana hasta que el presidente Chávez se avocara a la investigación de sus reclamos.

Una nueva huelga se dio desde el 24 de noviembre del 2006 hasta 13 de diciembre, cuando formalizó un acuerdo con el INTI en el que le ofrecían reparar todos los daños a cambio de que firmara un documento en el que declaraba que las cartas agrarias no habían afectado sus propiedades.

El engaño oficial 

«Ese mismo día amenazó con cortarse un dedo cada semana»

Después de que el presidente del INTI, Juan Carlos Loyo, le ofreció firmar un texto en el que afirmaba que las cartas agrarias no habían afectado sus tierras, Franklin Brito se sintió engañado porque, si bien le devolvieron su terreno, no revocaron las cartas agrarias mediante las que su fundo -La Iguaraya- fue invadido.

Además, en diciembre del 2006 intentaron comprar su conciencia entregándole una indemnización (dinero y enseres) que también rechazó por considerar que así se convertiría en “cómplice de algún hecho de corrupción”.

Después de esto y de calificar la decisión del TSJ como “arbitraria e inconstitucional”, Franklin Brito empezó su quinta huelga frente al máximo tribunal en marzo del 2007.

En esa oportunidad declaró: “Aquí se cometió una de las mayores aberraciones con mi caso”.

También denunció que el acceso a su fundo sigue cerrado y el usufructuario de las cartas agrarias continúa metiendo su ganado en los terrenos de Brito.

Fue su punto de “no retorno” en la relación con el gobierno. Pedía una audiencia con el comandante. Nunca se vieron las caras.

Clamó por ayuda internacional

Como las autoridades venezolanas no resolvieron su caso, trataron de callar su huelga con dinero y se rehusaron entregarle documentos que explicasen las donaciones como indemnización por los daños causados, Franklin Brito, en julio del 2009, decidió realizar otra huelga de hambre frente a la sede de la OEA en Caracas.

Su objetivo era que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se pronunciara ante su caso. Después de 154 días de huelga de hambre, el 4 de diciembre el INTI anuló las cartas agrarias sobre los terrenos de Brito. Pero el productor afirmó que dicha revocación no es legal y volvió a negarse a recibir la indemnización.

Días después, inició una nueva huelga frente al organismo.

El 13 de diciembre del 2009 funcionarios de la PM se lo llevaron contra su voluntad al Hospital Militar, ya que un tribunal acogió la petición de la Fiscalía General que consideró a Brito “inhabilitado desde el punto de vista médico”, con una “disminución de su capacidad”, y ordenó llevarlo al Hospital Militar.

Fiscal General Luisa Ortega: “Inhabilitado desde el punto de vista médico y con una disminución de su capacidad mental”.

Se declaró “secuestrado”. El traslado fue en contra de su voluntad. No lo podían visitar ni sacerdotes ni abogados.

Sus días se extinguían en un cubículo que servía de depósito al servicio de terapia intensiva.

 

Quedaba al lado del aire acondicionado. Las vibraciones del aparato no lo dejaban dormir. La temperatura de su espacio era menor a ocho grados centígrados.

Elena Rodríguez de Brito y sus hijos, clamaban soluciones.

La situación se convirtió en una tortura. Su esposa, Elena Rodríguez de Brito e hijas, Ángela y Francia, clamaban soluciones. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos respondió a la peticiones e instó al gobierno a facilitar “el acceso, tratamiento y monitoreo por un médico de  confianza al paciente”. Pero la demora del Inti en reconocerlo como propietario ocasionó la radicalización de la protesta a cuatro meses sin noticias. Suspendió la hidratación.

Era el 5 de mayo del 2010. Sus riñones no soportaron. La medida lo condujo a un coma inducido. Tres meses después, el 30 de agosto, dejó de respirar.

«Pasó de ser carne para convertirse en símbolo y bandera para todos los atropellados por la soberbia del poder».

Pasó de ser carne para “convertirse en símbolo y bandera para todos los atropellados por la soberbia del poder, para los ofendidos por la prepotencia de los gobernantes, para los que creen que la verdad y la justicia están siempre por encima de circunstancias y conveniencias”, señaló su familia en un comunicado.

Defender su patrimonio le costó la vida.

Se fue insatisfecho a pesar de que insistía en que su “lucha no era contra Chávez sino para hacer valer los derechos”. Descansa en Río Caribe, en el estado Sucre.

Geólogo Ángela Brito Rodríguez.

Su hija, Ángela, heredó la batalla. Ya no lo llora, ahora va a “guerrear por él lo que sea necesario”.

Su peso se redujo a menos de la mitad. De 105 kilos bajó a 33. Aún esquelético resistía. Así defendió Franklin Brito, un agricultor de Ciudad Bolívar, sus tierras de los garfios de la revolución. Lo hizo durante una década.

Al momento de su muerte pesaba sólo 33 kilogramos, siendo un hombre de 1,90 metros de estatura.

Su viuda, Elena Rodríguez de Brito, no cree que haya valido la pena que su esposo luchara al punto de acabar con su vida. Dijo que, aun hoy, a pesar de que agotó las opciones en el país y en instancias internacionales, el gobierno no ha hecho justicia en el caso.

Elena y sus cuatro hijos (Francia, Ángela, Franklin y José) perdieron a Franklin Brito y las tierras que los mantenían.

Es por esto que hoy la viuda tiene que vender comida por encargo, dictar clases de tareas dirigidas en su casa y realizar transporte escolar para mantener a su familia. Aseguró, tajante, que nadie los financia, como afirman algunos miembros del gobierno.

Muerte irrelevante

Explicó que siguen buscando justicia en el caso de su esposo, por lo que el 31 de mayo del 2013 consignaron un documento ante el Ministerio Público, en el que pedían que se esclarecieran las causas del deceso:

“Responsabilizo al gobierno de la muerte de mi esposo. Aún no hemos obtenido respuesta y ya ni esperamos que nos la den”.

Para el gobierno venezolano las extrañas condiciones en las que ocurrió la muerte de Franklin Brito, bajo su tutela en el Hospital Militar, no tuvieron relevancia jurídica y ni siquiera merecen una investigación.

Así lo ha dejado claro la última sentencia de la Sala de Casación Penal del TSJ, que puso fin en el derecho interno a la acción interpuesta por Elena de Brito ante la Fiscalía General el 31 de mayo del 2011.

Esta nulidad procesal, según explicó el abogado penalista Alberto Arteaga Sánchez, además de impedir cualquier otra acción en el país, marca un precedente importante en la actuación judicial pues puede permitir que cualquier otra causa incómoda sea desestimada en su totalidad sin indagación alguna.

El abogado de la familia Brito, Alberto Arteaga Sánchez, aclaró que la denuncia se introdujo ante la Dirección de Derechos Fundamentales, pero fue recibida por la de Delitos Comunes y se encuentra en manos de la Fiscalía 62 Nacional.

Dijo que se trató de determinar responsabilidades por la privación de libertad y reclusión forzosa a las que fue sometido cuando lo trasladaron de la sede de la OEA al Hospital Militar.

Abogado Alberto Arteaga Sánchez

“Su huelga de hambre fue interrumpida con el alegato de proteger su salud”.

Lamentó que esa decisión, en lugar de ayudarlo, contribuyera con su muerte. El abogado dijo que el gobierno debió brindar una respuesta, pero hasta el momento no ha habido citaciones en el caso.

“Brito fue un ejemplo para el país y, a pesar de lo que algunos señalan, no fue una persona afectada en sus facultades mentales. No fue un hombre que quiso morir (…) Fue un hombre que expresó su voluntad y luchó por vivir dignamente”, agregó Arteaga Sánchez.

Madre e hija coincidieron en algo: el mayor logro de la lucha de Brito fue enseñar a los venezolanos a que tienen que pelear por sus derechos.

Explicaron que muchas personas que decidieron protestar mediante una huelga de hambre, admitieron que lo hicieron inspiradas en los actos del productor.

“A pesar de su muerte, Franklin Brito rescató la justicia de su país”, agregó su viuda.

Datos

* Productor agropecuario.

* Falleció el 30 de Agosto del 2010, en el Hospital Militar de Caracas.

* Desde el 2 de julio del 2009, Brito hizo sucesivas huelgas de hambre como medida de presión para solicitar la entrega de sus tierras e indemnización para su familia, debido a la expropiación.

* La última la inició el 1 de marzo del 2010, con consecuencias fatales para su organismo.

Diseño gráfico: Sala de Información. Imágenes: La Verdad, Tal Cual y vía web.

Nota de Sala de Información:

Prodavinci.com está promoviendo Franklin Brito: anatomía de la dignidad.

«Es un libro sobre una tierra violentada y el hombre que la defendió hasta el fin.

Editado por Cedice y escrito por la periodista y ensayista Faitha Nahmens Larrazábal, el libro llega al espacio virtual para contar la dramática saga de tenacidad, saña y silencio cuyo final es una injusticia sin límites; como los perdidos por un fundo invadido. Diez años después, sigue vigente el reclamo de un hombre esquilmado.

La vida de Franklin Brito se convierte en asunto de interés nacional cuando un conflicto de límites borrosos en el fundo Iguaraya de su propiedad, ubicado en el estado Bolívar, deja de ser un asuntillo de equivocaciones de medidas para convertirse en un despropósito de injusticia y retaliación que afecta, durante una década, su trabajo, sus derechos y, por último, su vida.

Y todo por haber propuesto fumigar unos terrenos de una manera ecológica y no como proponía el alcalde, con pesticidas cuya compra le habría resultado más lucrativo. Lo que parecía un quítame estas pajas saca a flote la calaña de unos funcionarios que se la juran. A él y a su tierra.

La historia crece con la levadura de la saña, así como la estatura de Brito, el nuevo hacendado que soporta todo y más con tal de no dar su brazo a torcer.

Si le pertenece su fundo ¿por qué usurparlo e impedirle su acceso? ¿Cómo es que incluyen Iguaraya en la lista de la lotería de haciendas desocupadas o improductivas? ¿Por qué despedirlos a él y a su esposa de sus trabajos? ¿Por qué no se oyen sus reclamos?

Viene entonces a Caracas imaginando que los tribunales le darían la razón pero se dará con un palmo de narices. Como una bola de nieve, el conflicto se convierte en asunto de Estado que involucra ministros y al entonces presidente del país. Impensable que durara nueve años esta querella. Increíble que Franklin Brito muriera viendo solo la espalda de los que deberían administrar la ley.

Ridiculizado, con promesas que se cumplen a medias pero nunca reconocida su titularidad, y al cabo de nueve huelgas de hambre en el doloroso ínterin, este libro cuenta la saga de un hombre que defiende sus derechos, el de protestar, el de ser escuchado, el de propiedad, y la de una familia abandonada por la historia.

Franklin Brito, anatomía de la dignidad, reconstruye la compleja trama de penurias, atropellos jurídicos, emocionales, legales y psicológicos y económicos que los afectó para siempre. Y cómo todo se enredó cada vez más.

Fallecido el 30 de agosto de 2010, ahora se cumplen diez años de este cruento pasaje de la historia del país.

Los cuatro hijos y la viuda entienden que perdieron Iguaraya, el fundo donde intentaron cambiar de vida y donde Franklin Brito perdió la suya. A la vista de tantos sin embargo Franklin Brito, con 33 kilos al partir, se va de este mundo crecido. No son pocos los que lo ven como un Gandhi.

Reportaje largo, investigación que expone nuestro sistema, retrato del país mezquino y un espejo donde vernos, Franklin Brito, anatomía de la dignidad está suscrito por la periodista Faitha Nahmens Larrazábal que fotografía la barbaridad desde la no ficción. Lamentablemente así pasó, nos pasó a todos.

Brito nos duele todavía».

Araya, la sal del desierto

Por: Helena Carpio.  Fotografías: Iñaki Zugasti | RMTF

PRODAVINCI

Las salinas de Araya fueron las más importantes de Venezuela por quinientos años. En 2020, el sistema de lagunas funciona otra vez como lo hacía durante la colonia. Los avances industriales se perdieron y la producción es mínima. Un grupo de jubilados trabaja para recuperar la producción. También lucha contra el olvido.

Frente al cristal de sal más grande del pueblo, Aníbal Núñez recordó al turco que visitó Araya diez años atrás.

Nunca supo cómo ni por qué un comerciante viajó más de 9.500 kilómetros desde Turquía hasta el estado Sucre, pero un día le tocó la puerta y preguntó por el gran cristal blanco. Era una mole translúcida formada por miles de pequeños cubos de cristal.

Pesaba más de veinte kilogramos.

Lo sacaron del centro de la Laguna Madre, llamada así porque parió la sal que dio origen al pueblo. Aníbal, al ver el asombro del turco, se adelantó: no está a la venta. El turco insistió con un precio. Era muy bajo: el cristal era un recuerdo de la mejor época de su vida. Le regatearon toda la tarde, pero ningún precio fue suficiente.

El cristal era invaluable para Aníbal. Al no poder comprarlo, el turco se despidió y no regresó a la Península de Araya.

Aníbal Núñez es un arayero de sesenta años, poeta y cronista, jubilado de las salinas. Ha escrito más de diez poemarios sobre Araya y al menos dos libros que recopilan mitos y leyendas de la península. Vive en una casa colonial de más de cien años de antigüedad, en la avenida principal de Araya.

La sala es amplia y tiene ventanas largas que dan a la calle. Las conversaciones de los transeúntes se cuelan y las de la sala se escuchan en la calle. Algunos caminantes se asoman a saludar. En Araya todos se conocen.

Todas las mañanas, un grupo de extrabajadores de las salinas se reúne en la sala para compartir la vida en Araya, los avances sobre sus reivindicaciones laborales y recordar mejores tiempos. Intercambian ideas sobre cómo recuperar la producción de sal.

Aunque están jubilados y muchos bordean los setenta, creen que pensar en el futuro les alarga la vida.

Jany Vásquez, un señor de lentes redondos, se recuesta de una pared mientras lee un viejo periódico.

Alí Frontado, de piel curtida y arrugas pronunciadas alrededor de la boca y los ojos, se arrima en el sofá.

Las salinas de Araya fueron las más productivas del país desde su descubrimiento en 1499. La Laguna Madre era la gran salina: el agua entraba directamente del mar, se evaporaba y se formaba la sal, todo en una misma laguna.

A partir de 1915, en la península se producía más de la mitad de la sal que se consumía en Venezuela. Era considerada sal de alta calidad. En los años sesenta se construyó un sistema de lagunas que alimentaban a la Laguna Madre, aumentando la productividad de la salina.

Hoy la producción es mínima.

En 1998 se produjeron 441 mil toneladas de sal para diferentes usos. Pero en los últimos años se abandonó el sistema de lagunas y ahora la Laguna Madre, una masa de agua rosada y marrón con más de 800 metros de diámetro, se alimenta como lo hacía en la colonia: directamente del mar.

No hay cifras oficiales sobre producción de sal en Araya desde 2001, pero trabajadores de las salinas que pidieron protección de su identidad, aseguran que entre 2008 y 2018 no se produjeron 300 mil toneladas. Cincuenta años de avances industriales se perdieron.

Vista de la Unidad 1 y Laguna Madre o cristalizador, en noviembre del 2019.

El día que jubilaron a Aníbal de las salinas en el 2008, asumió la dirección de la asociación de jubilados de las salinas de Araya. Representaría a 77 extrabajadores.

Esa semana, sus compañeros de trabajo fueron a las salinas y sacaron un gran cristal del centro de la Laguna Madre. Lo cargaron con payloader y lo transportaron hasta la puerta de la casa de Aníbal. No tenían otra forma de pagarle por su trabajo.

El gran cristal blanco brillaba bajo el sol. Aníbal pensó que parecía valioso, porque las cosas preciadas brillan. Jany dijo que era oro blanco.

La sal común que usamos para cocinar o salar alimentos es cloruro de sodio, pero no es la única que existe. Hay miles de sales. Cada una tiene propiedades distintas, varían en colores, usos y sabores, y no todas son comestibles o solubles.

Por ejemplo, el cromato de sodio es una sal amarilla, el permanganato de potasio es morado y el disulfuro de hierro es metálico y brillante, a veces llamado oro de tontos. Cuando se queman sales coloridas, se producen los colores brillantes de los fuegos artificiales.

El sabor “salado” que asociamos a las sales es el del cloruro de sodio, pero hay sales que tienen sabores dulces como el diacetato de plomo (que es venenoso), y otras con sabores ácidos o amargos.

Las sales nacen cuando dos opuestos se unen: cuando un ion con carga positiva (catión) se pega a un ion con carga negativa (anión). Un ión es un átomo que perdió o ganó electrones: cuando pierde es un catión y cuando gana es un anión.

Estos compuestos positivos buscan juntarse con uno negativo para equilibrar la carga y estabilizarse. Y los negativos buscan los positivos para lo mismo. Todos los compuestos iónicos son sales. Convertirse en sal los estabiliza.

El cristal de Aníbal está en el piso, detrás de la nevera, entre la pared y el olvido. Con el tiempo se le incrustó polvo, arena y telarañas. Ahora está marrón. Aníbal no lo mueve. Como a los recuerdos distantes, decidió no tocarlo por miedo a que se desmoronase. Pero esa mañana insistió en trasladarlo al jardín para verlo brillar. Aníbal y Jany pidieron ayuda a un señor más joven.

Con la espalda encorvada, el hombre lo cargó y lo llevó al jardín. El cristal tenía rasguños y rastros de insectos por debajo.

Los animales necesitan sal para vivir y los animales silvestres, especialmente los herbívoros, buscan fuentes de sal en la naturaleza. Una de las primeras formas que usaron los humanos para encontrar sal fue seguir huellas animales; muchas llevaban a manantiales o lagunas saladas.

Cuando el hombre los domesticó, los animales perdieron la capacidad de encontrar sal y el hombre debió proveerla.

Aníbal tomó una escoba y su esposa una manguera y comenzaron a limpiar el cristal. Los jubilados contaron que el imperio romano a veces pagaba a sus soldados con sal. De allí vino la palabra “salario”.

Según Mark Kurlansky, autor de Una historia mundial de la sal, los romanos también salaban sus vegetales y de allí viene la palabra “ensalada”.

Hoy se conocen más de 14.000 usos diferentes para la sal. Van desde la industria de la belleza, pasando por la farmacéutica, petroquímica, agricultura, tratamiento de aguas, hasta materiales de construcción, según la Enciclopedia Ullmann de Química Industrial.

En Sahara Occidental, hay registro de una ciudad completamente hecha de sal. Taghaza era una ciudad blanca construída con bloques tallados y resplandecientes, incluyendo una elaborada mezquita, pero poco a poco las arenas del desierto la ensuciaron hasta volverla gris. Ibn Batuta, un viajero árabe que había atravesado África, Europa y Asia, escribió sobre el lugar en 1352. Era hogar de esclavos. La sal era el único material que tenían para construir.

La sal también se usa para preservar.

Los egipcios pueden haber sido los primeros en emplear sal para preservar alimentos a gran escala, según la investigación de Kurlansky. Todas las grandes civilizaciones humanas de la antigüedad salaban el pescado.

Como los egipcios vivían rodeados por el desierto del Sahara, dependían de las fértiles y angostas orillas del río Nilo para cultivar alimentos. El Nilo se desbordaba, dejando materia orgánica sobre la tierra, como algas y restos de peces, los cuales funcionaban como fertilizantes naturales. Pero cuando no había inundaciones, no había cosechas.

Para prepararse contra estas catástrofes y evitar el hambre, comenzaron a preservar comida. Esto los llevó a desarrollar conocimientos sobre la salazón y la fermentación.

Los egipcios comenzaron a usar la sal para preservar las momias. Primero extraían el cerebro y los órganos internos del abdomen. Luego cubrían el cuerpo con una sal llamada natrón por setenta días.

Al terminar, lavaban y secaban el cuerpo y lo envolvían con tiras de lino. En Egipto también hay cadáveres de cinco mil años, más antiguos que el uso de jeroglíficos, que todavía tienen piel. No son momias, pero están increíblemente preservadas, porque el desierto salado los protegió.

La sal preserva porque absorbe la humedad, la cual permite el crecimiento de las bacterias.

La sal (cloruro de sodio) también es esencial para la vida.

El cuerpo necesita sal para mantener el balance de fluidos extracelulares, contraer y relajar músculos, incluyendo los del corazón, venas y arterias, y absorber nutrientes.

El sodio es más importante para la salud que el cloruro, por eso las etiquetas nutricionales señalan el contenido de sodio (expresado en miligramos), no de “sal”.

La falta de sodio puede producir dolores de cabeza, estados mentales alterados o de confusión, náuseas, vómitos, fatiga, debilidad, espasmos musculares, convulsiones, comas y la muerte.

Aníbal pasaba el cepillo de escoba por los recovecos cristalinos y su esposa dejaba correr el agua encima del cristal. Pero no se disolvía. Los cristales de sal son difíciles de disolver porque el nexo entre moléculas es fuerte y organizado, requiere mayor energía para romperse.

La sal fina que se usa en la cocina, llamada sal amorfa por los químicos, es más fácil de disolver porque las uniones entre moléculas son más inestables y débiles.

La sal se cristaliza con el tiempo. Cuando el agua salada se evapora lentamente, con una fuente de calor estable como el sol, le da tiempo a los iones de organizarse.

Por eso se forman grandes cristales en el centro de la laguna, porque al ser más profundo, el sol tarda más tiempo en evaporar el agua. En cambio, la sal que se forma en las orillas es amorfa porque hay poca agua: se evapora rápido y no da tiempo para que se formen cristales.

La forma del cristal —pirámide, cubo, pentágono— la define el tamaño de los iones que lo forman. En el caso de las sales siempre cristalizan como cubos, pero cuando hay impurezas mezcladas, pueden formarse octaedros o dodecaedros.

Mientras lavaban el terrón, Jany contó que el poder de la laguna para cristalizar es impresionante. Los arayeros hacían figuras o escribían nombres con alambre y los lanzaban a ella. En una semana los sacaban y cientos de cristales de sal se habían formado sobre el metal, contorneando las figuras. En el pueblo se regalaban corazones de sal.

***

Cristóbal Colón pisó el Golfo de Paria, a 200 kilómetros de Araya, en 1498. Era la primera vez que llegaba a la plataforma continental y su tercer viaje al hemisferio.

Los españoles descubrieron las salinas al mismo tiempo que el continente americano. Pedro Alonso Niño y Cristóbal Guerra, que viajaban con él, exploraban la costa oriental de Venezuela en busca de perlas y otros recursos valiosos.

Avistaron las salinas de Araya en 1499. Llevaron la noticia a España de una salina gigante, pero a la corona no le importó. Tenían salinas propias que abastecían su mercado interno y daban para exportar. Lo que sí resultó atractivo fueron las perlas en Margarita, Coche, Cubagua y Araya.

La costa oriental de Venezuela pasó a conocerse como “La costa de las perlas”. Cuarenta años después comenzaron a agotarse los ostiales y dejó de ser atractiva por la baja productividad.

Antes de la llegada de los españoles había asentamientos humanos en Araya. Los guaiqueríes eran expertos pescadores y buzos que vivían entre esa península, Margarita, Coche, Cubagua y Cumaná. Extraían perlas y sal, y elaboraban pescado salado para intercambiar.

La Península de Araya está en el oeste del estado Sucre. Es árida. No tiene ríos de agua dulce. Después de Chacopata, el punto más cercano a Nueva Esparta, la tierra apenas logra soportar la vida de unos pocos dividives, cardonales y yaguareyes. La costa norte es un barranco continuo de tierra naranja, roja y amarilla que se yergue frente a las olas.

Son montañas ásperas, sin vegetación, tumultos de pliegues que frenan el mar. En Araya las olas no abrazan la costa, la relación se invierte. La península se le impone al mar Caribe, que la azota tratando de recuperar lo perdido. Araya es una tierra terca, donde los pocos árboles que crecen lo hacen torcidos.

El pueblo de Araya está en el extremo oeste de la península, entre dos serranías cardinales, el Cerro Macho que indica el norte, y un cerro sin nombre, coronado por antenas telefónicas, al sur. El mar Caribe al oeste y la salina al este. Es un punto de encuentro. Después de los guaiqueríes y españoles, llegaron los holandeses.

Los océanos, especialmente el Báltico, son poco salados. Llueve frecuentemente, hay poca incidencia solar y cientos de ríos desembocan cerca, aumentando la cantidad de agua que disuelve la misma cantidad de sal.

Entonces el agua tiene menor densidad y salinidad. Sobre el ecuador y en los trópicos sucede lo contrario: llueve poco, hay fuerte incidencia solar todo el año y hay corrientes calientes de viento. Esto evapora más agua y deja la sal atrás. Menos agua disuelve la misma cantidad de sal; entonces el agua tiene mayor salinidad y es más densa.

Los países del norte de Europa necesitaban sal. Con la ampliación de armadas y ejércitos y más viajes de exploración, se necesitó más comida no perecedera para los largos viajes y para el establecimiento en regiones donde escaseaba la carne.

La industria de salazón de pescado también creció, junto con la de quesos, mantequillas y otros productos. Holanda fue uno de los países que comenzó a buscar sal en otras latitudes.

Para los holandeses, Araya era atractiva porque la sal era de fácil acceso, alta calidad, gratis y aparentemente inagotable. La distancia entre Europa y Venezuela se compensaba al aprovechar el viaje de venida para traer mercancía de contrabando, la cual se vendía en las costas cercanas. También se llevaban perlas. El viaje generaba ganancias de ida y vuelta.

Cada año, entre 1600 y 1606, por lo menos 100 naves cargaron sal en Araya. A veces había 40 a la vez, según el gobernador de Cumaná, Diego Suárez de Amaya. También había barcos franceses e ingleses, pero en menor cantidad. Eran tantas, que Amaya no pudo visitar las salinas en su primer año de gobierno.

El número de barcos holandeses en Araya se disparó después de 1618 porque Holanda y España entraron en la Guerra de los Ochenta Años, y España limitó el acceso de los holandeses a las salinas europeas.

Cuando buscaban sal, peleaban con los locales, se abastecían de agua dulce en Cumaná o robaban mercancía. Los pobladores no tenían cómo defenderse. Cumaná tenía apenas unas 60 casas de bahareque, aunque había hatos y fincas en los alrededores. No había fuertes, artillería ni ejércitos.

En las salinas, los extranjeros bajaban de los barcos y arrastraban artillería hasta la laguna por si los cumaneses se presentaban. Cuando había barcos de distintas nacionalidades extrayendo sal al mismo tiempo, usaban las armas para defenderse. Con tanto poder de artillería cerca, los vecinos de Cumaná, Cumanacoa y Cariaco abandonaban sus cultivos de tabaco y de otros rubros para hacer guardia.

Las autoridades locales estaban desesperadas. No tenían cómo ahuyentar los cientos de barcos que anclaban en sus costas ni cómo defenderse en caso de un ataque.

Se sentían rodeados. Suárez de Amaya, el gobernador, pidió a la corona española estacionar galeras artilladas en las costas de Margarita, Cumaná y Araya. Propuso envenenar las salinas, para que causara daños consumir la sal. Pedro Suárez Coronel, sucesor de Amaya, propuso cegar la salina, interrumpiendo su comunicación con el mar para secarla.

Otros propusieron anegarla, construyendo un canal para que entrara agua a la Laguna Madre. Sin salinas, no vendrían los holandeses. Pero la corona española no autorizaba estas medidas.

Como España no necesitaba sal, la decisión estaba entre conservar las salinas con miras a explotarlas en el futuro, exponiendo a la población a continuos asaltos y ataques, o eliminarlas, ahorrando los costos de defensa.

En 1622, se aprobó la construcción del castillo “La Real Fuerza de Santiago de Arroyo de Araya”. Tomó 20 años. El castillo tenía 200 fusileros, 20 artilleros. El resto, oficiales y empleados. Era costoso de mantener. En 1684 hubo un fuerte terremoto que causó graves daños a la estructura, y en 1725 un huracán anegó la laguna e inhabilitó el cuajo de sal.

Las salinas dejaron de ser productivas. Cuando los holandeses dejaron de buscar sal en Araya, no necesitaron más el castillo. Al Consejo de Indias llegaron solicitudes de provincias limítrofes pidiendo las armas, cañones y los hombres. Hacían falta en otros lugares.

El 6 de enero de 1762, la Corona pidió que se demoliera el fuerte. A pesar de los explosivos, no lograron destruirlo por completo.

Las ruinas del castillo se levantan sobre una loma que marca el final de la playa. Los kioscos que sirven comida y bebida se acumulan cerca. Es el sitio más turístico de la península. Las fundaciones de la fortaleza parecen intactas, pero las columnas de piedra están retorcidas y las paredes tienen cráteres. Los muros de roca miden más de veinte metros y nacen en el mar. Es la edificación más alta de Araya. Nadie pudo o nadie quiso construir algo más alto desde entonces.

Los kioskos son el único lugar abierto para almorzar. Las mesas están en la orilla del mar y las olas rompen contra las sillas.

Son las tres de la tarde, y la cumbia y el reguetón suenan tan alto que las olas no se escuchan. Una familia llega caminando. Una mujer embarazada carga un bebé en un brazo y una botella de ron en el otro. Su pareja trae un niño más grande agarrado de la mano izquierda. La mujer sienta al bebé en la mesa y pone la botella al lado. Mientras saluda a sus amigos, el bebé gatea hasta el borde y se balancea. El hombre lo ataja. La mujer canta adelantándose al vocalista. Abre la botella, sirve y reparte. Uno para su pareja, uno para ella, otro para el bebé. La madre se ríe viendo al bebé tomar. Sigue cantando.

***

Francisco Marvar, uno de los jubilados que se reúne en la sala de Aníbal, dice que la vieja refinería de las salinas parece más antigua que el castillo de Araya. La visitó en 2019. Apenas entró al edificio de tres pisos, subió al segundo buscando el tablero de control de la planta donde trabajó como operador.

Desde allí veía a todos los trabajadores y máquinas: los molinos, lavaderos, centrífugas, secaderos, elevadores, mezcladores, tamices, silos y empacadoras. Recuerda que se encendían luces en el tablero para indicar máquinas operativas y alertar fallas. El diagrama de flujo ilustrado en el tablero le permitía sentirse conectado con cada paso del camino de la sal: desde que llegaba de la laguna hasta que salía empaquetada y la montaban en gandolas y barcos. Se sentía orgulloso de su trabajo.

Francisco trabajó 36 años en las salinas y recuerda con exactitud el primer día. Lo emplearon en la Empresa Nacional de Salinas (ENSAL) el 19 de agosto de 1976. Fue un día soleado como la mayoría en Araya. Varios amigos comenzaron a la vez y aquello parecía una fiesta. Primero trabajó montando sal en un elevador, pero quiso aprender más. Al final de su turno, aprendía sobre otras máquinas y otras partes del proceso. Al cabo de unos años lo ascendieron a supervisor del tablero de control.

Cuando se dañaba algo, Francisco y sus compañeros buscaban repuestos hasta en el basurero. Una vez se dañó una rejilla. Tardaban 3 meses en traerla de Estados Unidos.

“Había una gandola esperando la sal y teníamos que cumplirle. La sal de la Unidad 3 era la más valiosa, y con dos o tres gandolas llenas, prácticamente nos pagaban a todos”.

Entonces trabajó todo el fin de semana sin pago para reparar la rejilla. El lunes la planta estaba funcionando.

Otro fin de semana se ofreció para lavar la secadora y el lunes amaneció limpia. Cualquier cosa que se parara en la refinadora, los trabajadores la reparaban. “Se trabajaba bonito”, dice. Cuando lo jubilaron, no quería dejar de trabajar.

Foto Archivo Fotografía Urbana.

Doce años después, Francisco todavía habla con los empleados y a veces los ayuda con averías. Siente la misma hermandad. “Si me llaman para trabajar, regreso. Hay amor todavía”.

Ese día del 2019, dentro del edificio abandonado, el guardia le preguntó si estaba loco. “¿Qué pasa? ¿Quieres seguir trabajando aquí?”, le preguntó con ironía. Francisco no sabía qué responder. Se rió. Claro que quería volver. Quería regresar a la refinería, al edificio blanco de cerámica que los trabajadores llamaban “chíser” porque era difícil pronunciar Escher Wyss, el nombre de la empresa suiza que la construyó. No a ese cadáver de edificio.

Foto Archivo Fotografía Urbana.

Esa visita fue difícil. Francisco sintió que el trabajo de toda su vida se había perdido. “Con mi salario pude tener por lo menos dos casas. Todos mis hijos se graduaron. ¿A base de qué? De la empresa. Por eso me duele”.

La sal era uno de los productos principales para el Estado venezolano desde 1830. Santos Michelena, ministro de José Antonio Paéz, bajó los impuestos de exportación para hacerla competitiva en las Antillas. Creía en exportar para generar valor a la nación. Pero no funcionó: el contrabando de sal venezolana era mayor y la sal antillana no pagaba impuesto por su exportación; entonces se vendía más barata que la sal venezolana.

Foto Archivo Fotografía Urbana.

Para 1882, había 1.500 salinas, salinetas y pozos donde se formaba sal en Venezuela, según un informe del Administrador de Salinas, Sección Cumaná, José María Lárez. Las más importantes y rentables eran las de Araya.

Foto Archivo Fotografía Urbana.

En Araya se organizó y masificó la extracción de sal a partir de 1915, cuando el gobierno de Juan Vicente Gómez otorgó las salinas de Araya al Ministerio de Hacienda. Ese año se promulgó la Ley de Minas, que daba control al Estado de todas las salinas del país.

Foto Archivo Fotografía Urbana.

Los jubilados hablaron de Juanchú, un pariente que trabajó durante la administración del Ministerio de Hacienda, que duró 53 años hasta 1968. Juanchú trabajaba en las salinas con su familia: los hombres extraían sal y las mujeres empaquetaban.

Un día, el celador, sentado en la cúspide del pillote o pirámide de sal, pesó su mara (cesta) y le dijo que no servía: le faltaba un kilogramo para completar los treinta. En vez de dejarlo completar la mara y entregarle su ficha de bronce que luego canjeaba por pago, desechó la cesta. Juanchú respiró profundo y trató de nuevo.

Bajo la ley, los celadores eran la autoridad. Por eso tenían la pesa de un lado de la silla y la escopeta del otro. Juanchú escaló la montaña de sal en alpargatas, esta vez con 30 kilos sobre la cabeza. El celador agarró la cesta y la volteó. Entonces Juanchú entendió que era a propósito. Por tercera vez cargó sal de la laguna; más de noventa kilos recolectados esa tarde y ni un bolívar.

Cuando el celador fue a voltear la mara, Juanchú le pegó un puñetazo en la cara y corrió. El celador agarró la escopeta y se deslizó del pillote. Juanchú esquivó los disparos y, al ver un barco saliendo del puerto, sin pensarlo dos veces saltó al agua y nadó hasta encaramarse. No volvieron a ver a Juanchú.

Aunque las condiciones eran duras, el padre de Aníbal, también llamado Aníbal, dice que se vivía bien. El trabajo daba sus frutos, especialmente después de 1969 cuando las salinas pasaron a la Empresa Nacional de Salinas (ENSAL), creada por el Instituto Venezolano de Petroquímica. ENSAL administró, explotó y comercializó todas las salinas de Venezuela hasta 1994. Por 25 años una empresa estatal tuvo el monopolio de la sal en el país.

Foto Thea Segall, Lo que miró el almirante (1992). Archivo Fotografía Urbana.

Aníbal padre recuerda que llegaron televisores giratorios, bicicletas y patines a los mercados del pueblo. Había hasta cines: uno dentro de la casa del señor Comas, que tenía un televisor a color en su sala y cobraba “un medio” (un cuarto de bolívar) para entrar a verlo, y otro que llamaban el “cine frío” porque era a la intemperie, cerca de la cancha de fútbol, donde pegaba brisa en la noche. El cine frío lo organizaba ENSAL, y pusieron un proyector, una caseta y una lona blanca guindada de dos postes. Pasaban westerns americanos y películas mexicanas. Pero duró poco. Un año después, se dañó el proyector, habían cambiado la gerencia de ENSAL y nadie lo arregló.

Comer pollo en Araya era un lujo, cuenta Aníbal padre. Y en ese pueblo de mar comía pollo casi todos los días. Cuando ENSAL pagaba los aguinaldos, los arayeros viajaban a Margarita a comprar. Aníbal padre construyó dos casas y crió diez hijos con su salario. Nunca les faltó nada.

Foto Thea Segall, Lo que miró el almirante (1992). Archivo Fotografía Urbana.

Aníbal hijo, Alí, Francisco, Jany y José, entraron a trabajar en las salinas con ENSAL. La empresa abastecía las farmacias del pueblo, construyó el colegio, pagaba el sueldo de los profesores, entregaba útiles a los hijos de los trabajadores y hacía donaciones frecuentes al hospital, cuentan.

Foto Thea Segall, Lo que miró el almirante (1992). Archivo Fotografía Urbana.

Pero el trabajo seguía siendo duro, incluso con la mecanización del proceso. El sol sacaba lágrimas, y la sal, llagas, cuenta Alí. El reflejo de la luz arayera sobre la sal hacía daño a la vista. Los cristales cortaban los pies, brazos y manos, la temperatura de la sal quemaba, y el constante roce con la ropa mojada sacaba ampollas. La sal de las salinas cura toda herida, excepto las hechas en la salina. Según los jubilados, entonces usaban la mata de guayaba para curarlas.

En la sala de Aníbal enseñaban sus cicatrices con orgullo.

Producción industrial de sal en los setentas (ENSAL). Video Bolívar Films.

Aunque las condiciones eran duras, el padre de Aníbal, también llamado Aníbal, dice que se vivía bien. El trabajo daba sus frutos, especialmente después de 1969 cuando las salinas pasaron a la Empresa Nacional de Salinas (ENSAL), creada por el Instituto Venezolano de Petroquímica. ENSAL administró, explotó y comercializó todas las salinas de Venezuela hasta 1994. Por 25 años una empresa estatal tuvo el monopolio de la sal en el país.

A finales de los años ochenta bajó la venta de sal arayera. El Fondo de Inversiones de Venezuela decidió liquidar ENSAL en 1994. Ese año, bajo la Ley de Descentralización, Delimitación y Transferencia de Competencias a los Estados y Municipios, el gobierno otorgó todas las salinas del país a las gobernaciones.

En 1995, la gobernación del estado Sucre le dió una concesión a Tecnosal, un consorcio entre la empresa venezolana Tecnored (55%) y la empresa israelí Salt Hiram Process (45%), que luego se llamó Salinas de Araya C.A.

Un trabajador actual de las salinas, que pide proteger su identidad, vivió cinco administraciones entre 1997 y 2020. Para él hay dos etapas: antes y después de PDVSA.

En Tecnosal se premiaba al trabajador del mes y se daba un bono en premio a la labor. Cuando se dañaba algo se reparaba rápido. Los materiales llegaban a tiempo, la empresa entregaba uniformes y equipos a los trabajadores, los jefes iban a toda hora a la empresa, eran puntuales y no dejaban esperando a nadie. “Los gerentes preguntaban si los trabajadores necesitaban algo, se preocupaban por uno y eso motivaba. Provocaba trabajar. A todos nos importaba lo que pasaba en la empresa”.

En 2001, el gobierno de Hugo Chávez revocó la concesión de Tecnosal y estatizó la empresa, creando el Servicio Autónomo Complejo Salinero de Araya (Sacosal), un “servicio autónomo sin personalidad jurídica”.

Cuando llegó PDVSA en 2009, las cosas cambiaron. Los gerentes convocaban asambleas de trabajadores a las ocho de la mañana, llegaban a las doce y no daban explicaciones ni ofrecían disculpas.

La directiva prometía invertir, reparar maquinaria, comprar equipos y traer materiales para trabajar, pero no lo hacían.

“Ni siquiera traían el gasoil o el aceite, y había operadores que no estaban pendientes de que las máquinas tuvieran aceite. No revisaban porque igual cobraban. ¿Y qué pasaba? Se dañaban”.

PDVSA Industrial, una filial de PDVSA, creó la Empresa Socialista Salinas de Araya S.A., adscrita a varios ministerios durante los nueve años que la filial explotó las salinas.

Unidad 2 en el 2019.

Después de PDVSA, la gobernación de Sucre tomó control. El trabajador ve la administración actual de la gobernación como la de PDVSA. A los jefes tampoco le importan los trabajadores.

“La máquina de empaquetar sacos tiene un problema y el trabajador tiene que agacharse y le salen hernias en la espalda, pero en vez de repararlo, lo dejan así porque todavía empaqueta”.

Ve a los trabajadores sin zapatos y se pregunta por qué van si saben que no pueden trabajar así. La gobernación no ha dado uniformes.

“Los trabajadores firman asistencia en el laboratorio o en la planta, ven que no hay nada que hacer y se van. Después de PDVSA, la gente no tiene amor por el trabajo, ¿cómo va a tenerlo?”.

Unidades 3, 4, 5 y 6, en el 2019.

En la antigua refinería de la Unidad 3, el guardia advierte que la estructura está inestable y los escombros caen sin aviso. El suelo acumula medio metro de basura, bolsas para empaquetado de sal, arena, papeles del antiguo laboratorio químico y excremento de caballo.

El guardia dice que no hay nada que hacer ahí, no queda nada de valor. Las tuberías y los rieles que sostenían las máquinas guindan del techo como ramas de un árbol seco. La sal hinchó el sostén de metal del edificio quebrando las paredes y revelando vigas deformes y endebles. Lo poco que queda se desintegra.

Hoy los únicos que visitan el edificio son caballos vagabundos, traídos a la península para cargar peso. Y extrabajadores que tratan de reconciliar el pasado con este presente.

***

Guaranache parece un codo pronunciado en la carretera peninsular. Es el punto más importante de alimentación para la Laguna Madre. Allí el mar entra en la tierra para poco a poco convertirse en sal.

En 2015, una tubería salía de una caseta de bloques en la costa y se enterraba en el mar, succionando agua del Caribe y depositándola en una laguna con forma de “S”. Arrastraba algas, peces pequeños, arena y sedimentos. El mar y la laguna estaban separados por una carretera y una playa angosta.

Dos empleados uniformados de rojo, con el logo de PDVSA en el pecho, cuidaban las bombas. Había muchos robos en Araya. Extrañaban al gobierno del general Marcos Pérez Jiménez aunque no lo vivieron. Preferían a Pérez Jiménez que a Hugo Chávez porque creían que hacía falta “mano dura” en el país.

“Guaranache mar” se creó en los setenta, durante la era de ENSAL, como parte de la Unidad 1, para aumentar la productividad y la calidad de la sal.

Antes, el agua de mar entraba por la playa de Araya directo a la Laguna Madre. Con Guaranache, el agua de mar pasaba primero al “evaporador”, una laguna donde el agua alcanzaba cierta salinidad por acción del sol y del viento.

Luego se bombeaba al “concentrador” donde se repetía el proceso, y por último, se pasaba al “cristalizador”, donde se formaban los cristales y se cosechaba la sal.

El sistema de lagunas ayudaba a eliminar compuestos que vienen en el agua de mar, como el sulfato de calcio (que se convierte en yeso), entre otros. Cuando la salmuera o agua saturada con sal aumenta en salinidad, estos compuestos se solidifican y se hunden. Al bombear el agua a la próxima laguna, los compuestos sólidos se quedan en el fondo y no pasan.

En Araya, cuando la salmuera llegaba al cristalizador, precipitaba cloruro de sodio con 98% de pureza. Sal de excelente calidad.

Hace ocho mil años, los chinos cosechaban sal de una laguna en la provincia de Shanxi. Con el tiempo, los gobiernos entendieron la importancia de este mineral.

En China, durante la dinastía Qi, el Estado creó un monopolio con dos productos: el hierro y la sal. Fijaron precios altos. Los ingresos se usaron para mantener ejércitos y, entre otras cosas, para construir la Gran Muralla China. Durante la dinastía Tang, que duró desde el año 618 al 907, la mitad de los ingresos que percibió el Estado venían de la sal. Es el primer caso conocido de un monopolio controlado por el Estado sobre un producto básico, según Kurlansky.

Los romanos, aunque no impusieron un monopolio, controlaron los precios de la sal. El imperio también tomó control de las salinas privadas de Ostia, porque consideraba que sus precios eran demasiado altos. Durante la República, el imperio subsidió los precios para asegurar que fueran accesibles. Era una recompensa, como un recorte de impuestos, que usaba cuando necesitaba apoyo popular.

El emperador Augusto también distribuyó sal y aceite de oliva gratis para lograr apoyo antes de una gran campaña naval. Durante las guerras púnicas, que duraron casi cien años, manipularon los precios de la sal para levantar dinero para la guerra. Como los chinos, declararon precios artificialmente altos y usaban las ganancias para fortalecer al ejército.

Venecia veía la sal como un producto estratégico y construyó una serie de lagunas de agua salada con un sistema de canales con esclusas y bombeo, que las comunicaba. Era un sistema de lagunas de evaporación, concentración y cristalización, que permitía un constante flujo de agua y aseguraba abundante producción de sal. El sistema que tenía la antigua Venecia para producir sal era el mismo de Araya.

Las bombas y las tuberías de Guaranache no existían ya para finales de 2019. La laguna tampoco. No había empleados uniformados. No había nada que cuidar.

Photo Credits: Before Google Earth After Google Earth.

El sistema que modernizó la producción de sal en Araya, las lagunas de evaporación y concentración, ya no estaban. Ahora se alimenta la Laguna Madre como se hacía durante la colonia, directamente del mar. Cincuenta años de industrialización desaparecieron.

Montañas de conchas abiertas de pepitona y guacuco cubren la playa. Seis pescadores cocinan su escasa pesca del día en una caldera sobre leña. Tobos rotos y abandonados marcan los lugares de ollas extintas. Dos personas excavan el suelo seco de la laguna, acumulando la sal de un pequeño charco.

“Antes, estas lagunas estaban llenas de camarones y uno venía a pescar”, dice Alí al ver las lagunas vacías. “Pero se robaron todo”, agregó Francisco.

Guaranache se quedó solo.

La Unidad 2, una ampliación de las salinas que ENSAL construyó cerca de Punta Araya para duplicar la producción de sal, también está sola. El laboratorio químico de control biológico no tiene techo ni paredes. Los vecinos de la zona juegan fútbol en las lagunas vacías. Las arquerías están hechas con tuberías y las mallas con redes de pesca. Algunos se sientan en los divisores de las lagunas que servían para que los técnicos caminaran y midieran la salinidad de la salmuera, y cuentan goles.

Después de las lagunas abandonadas se ve una franja arenosa. Le dicen playa Los Muertos.

Un grupo de niños juega dentro de la Laguna Madre de la Unidad 1. Son las cinco de la tarde y no hay electricidad en la península. Junior, de once años, persigue a Leomar, pero se corta el pie con un cristal de sal.

Otros dos niños recogen cristales en la orilla y los devuelven al centro de la laguna. Antes subían los silos y se lanzaban a las pirámides de sal, deslizándose como un tobogán. La sal amortiguaba sus caídas. Pero con la producción parada, el patio de juego en la Unidad 1 se redujo: solo les queda una laguna salada que les corta los pies.

Los abuelos de Leomar aparecen en la película de Margot Benacerraf. Francisco explica los procesos de la extracción y el lavado. Su padre que trabaja allí, le enseñó. Todos tienen un padre o un abuelo que vivió de las salinas. Hoy ninguno quiere trabajar ahí. “Hoy solo sirve para jugar”.

***

En la avenida principal de Araya no había electricidad. En el mercado solo aceptaban efectivo. Una muchacha pidió una barra de chocolate, un pote pequeño de Nutella, dos paquetes de chicles y harina. Pagó con un billete de cincuenta dólares. Afuera, sentado en la acera, un niño con morral escolar y uniforme de colegio pedía dinero para comprarse unos zapatos. Estaba descalzo.

En el mercado vendían sal, pero no de Araya. Los paquetes recorren más de 1.280 kilómetros para llegar a los estantes. Vienen de San Francisco de Zulia. El dueño del mercado dice que cuando le ofrecen sal de Araya prefiere no comprarla.

Algunas personas están sacando sal de la laguna, moliéndola en casa, empaquetándola y vendiéndola como sal comercial. Es sal que no está lavada ni procesada adecuadamente. Para evitar vender sal “mala”, compra sal que viene del otro lado del país.

Cerca, en la sala de Aníbal, más de veinte fotografías viejas estaban puestas sobre la mesa. En una, un grupo de cuatro personas posaba frente a la Laguna Madre. La laguna era rosada y tenía orillas de sal que parecían espuma. En la foto, Aníbal era irreconocible. “Ahí pesaba casi 120 kilos. Ahora estoy en 68”.

En el jardín de la casa, el gran cristal de sal comienza a brillar. Jany, José Boada y Aníbal ven cómo regresa al esplendor original. José recuerda sus 42 años de trabajo en las salinas. Jany, su 45 años y la vida que le dio a su familia.

El cristal cumple doce años pronto”, dice Aníbal. El terrón marca los aniversarios de su jubilación. Sacosal jubiló al grupo en 2008. De 77 extrabajadores de las salinas, han muerto 18. Ninguno ha recibido sus prestaciones, ni los vivos ni los muertos.

El año pasado, la gobernación de Sucre los citó a las siete de la mañana para hablar de sus prestaciones.

Salieron a las cinco de Araya, sin desayunar, para estar a las siete en Cumaná. El gobernador llegó doce horas después.

Tienen doce años haciendo reuniones, protestas, cartas, cabildos, informes y comunicados, para que les paguen sus prestaciones. “Pero lo único que hemos conseguido es la muerte”, dice Jany.

Entre varios, levantan el cristal blanco. Por primera vez se ve la parte de abajo. Hay un gran hueco. Se lo habían comido los animales, poco a poco, desde adentro. Se ven rasguños y mordiscos. Hay alas rotas guindando de la cúpula. El cristal es una cáscara. Está vacío.

Agradecimientos

A Bolívar Films, al profesor Jesús Pastrana de la Universidad Simón Bolívar, al ingeniero Carlos Toro y a los jubilados de las salinas de Araya.

Créditos

Dirección general: Ángel Alayón y Oscar Marcano

Jefatura de investigación: Valentina Oropeza

Jefatura de diseño: John Fuentes

Jefatura de innovación: Helena Carpio

Dirección de fotografía: Roberto Mata | RMTF

Texto: Helena Carpio

Fotografías: Iñaki Zugasti | RMTF y Archivo Fotografía Urbana

Video: Bolivar Films

Edición: Ángel Alayón, Oscar Marcano y Valentina Oropeza

Concepto gráfico, desarrollo y montaje: John Fuentes

Redes sociales: Salvador Benasayag

Original en https://araya.prodavinci.com/

Una hamburguesa con Bayón

Germán Dam es un destacado periodista, especializado en la fuente más difícil de cultivar y de ejercer: sucesos.

Lleva 11 años desarrollando su profesión con éxito, al que ha contribuido su otro grado universitario como abogado.

Esa combinación periodista/abogado le ha permitido “morder” la noticia, hablar el lenguaje de la fuente que cubre, entender la estructura del sistema de justicia y los procesos judiciales, conocer la conducta criminal y descubrir las tramas cómplices del delito.

Por ello, habla y escribe con propiedad.

Recientemente, narró en su cuenta de Twitter .@GEDV86 una vivencia dura, peligrosa, valiente y audaz, inmersa en su diario trajinar del ejercicio profesional.

Pero también profundamente humana en su motivación.

Estas son sus líneas, forjadas en el crisol del periodismo de sucesos.

Una hamburguesa con Bayón

Corría el 2012, o 2013… ya no recuerdo. Era mediodía y estaba de guardia en .@CorreodelCaroni Iba a desglosar el material con el que trabajaría ese día, cuando recibo una llamada de “Zé Pequeño”.

Óscar José Mosquera Mina, alias “Ze Pequeño”.

«Hermanito, tenemos que hablar urgente«, me dijo.

Le pregunté sobre qué y respondió “debe ser personalmente”.

Me extrañó porque Zé Pequeño era mi fuente desde hacía muchos años y había extrema confianza entre ambos.

Acordamos almorzar en un viejo restaurante chino en Castillito, para tratar el misterioso asunto.

Llego al restaurante, paso a la sala principal y en la última mesa a la izquierda estaba esperándome el joven pran de Puerto Libre.

La comida estaba servida para dos; me dijo “comamos primero para luego hablar”.

Comimos arroz especial, lumpias y agridulce de cerdo.

Finalizado el almuerzo, “Zé Pequeño” -con cara de preocupación nunca vista- me explicó que «el jefe» había mandado a sacar del paso a mi amiga, mi hermana y compañera de trabajo .@MaisdulinY

La razón: «No le gusta como escribe de él. Se afinca mal«.

A .@MaisdulinY la conozco hace más de 15 años.

Estudiamos en la UCAB, luego fuimos colegas de Sucesos (ella en Nueva Prensa y yo en Correo del Caroní), después compartimos la fuente en el mismo medio.

Era mi día a día, nos peleamos, nos reconciliamos. Éramos nosotros.

Yo tenía que impedir la ejecución de esa orden a como diera lugar y lo primero que vino a mi cabeza fue pedir una reunión con «el jefe»… que era nada más y nada menos que “Gordo Bayón”, quien junto a “Capitán” eran los delincuentes más peligrosos de Ciudad Guayana para ese entonces.

En ese momento no me importó nada… yo metía (y meto) las manos por mi amiga. En el fuego si es necesario.

“Zé Pequeño” cogió su teléfono, se paró y se alejó de la mesa e hizo una llamada corta. Al regresar me miró aliviado y me dijo: «Esta noche vamos a verlo y le explicas«.

Nos despedimos a eso de la 1:30 de la tarde tras acordar que lo buscaría en Puerto Libre a las 7:00 de la noche, sin falta y puntual.

Llegué al periódico y comencé a escribir la pauta del día. Las horas pasaban lento y en mi mente sólo imaginaba todos los posibles escenarios de la reunión.

Sin decirle nada a nadie -porque sabía que las respuestas me dejarían más asustado que valiente- salí de mi segunda casa y me enrumbé a Castillito.

Llegué a casa de “Zé Pequeño” y nos fuimos a la reunión con “Gordo Bayón”, en un barrio vecino: La Curva de Castillito.

Conduje hasta la cancha de futbolito, ubicada en lo más alto del cerro. Allí me indicó que estacionara. Nos bajamos y cruzamos la cancha, después de saludar de puñito a 2 jóvenes armados con ametralladoras.

Nos ubicamos cerca de una torre de alta tensión y esperamos.

La vista del río Caroní a esa hora y desde ese punto, era impresionante.

«Si algo malo pasa, por lo menos me iré con una bonita visión«, pensé.

No pasaron 10 minutos cuando llegó una Toyota 4Runner y se estacionó delante de mi camioneta.

De ella descendió un hombre alto y flaco, vestido con una camisa azul manga corta, bluyín y zapatos casuales marrones. Corte de cabello bajo y lentes.

En su espalda llevaba terciado un fusil Steyr AUG y en la cintura una Beretta F92. Llegó sin escoltas. Ese flaco era “Gordo Bayón”.

Saludó a todos con un choque de mano y luego de puños y se acercó hasta donde me encontraba. Mi corazón latía a mil -literalmente porque sufro de hipertensión- pero no podía, ni quería demostrar miedo.

Yorman Pedro Márquez Rodríguez, alias “Gordo Bayón”.

“Gordo Bayón” me dijo: «Querías hablar conmigo y aquí estoy«.

Sin titubear, sin gaguear, sin demostrar miedo, le expliqué que ni ella ni yo teníamos algo en su contra. Le expliqué detalladamente cómo los periodistas hacen su trabajo, cómo van a las fuentes, cómo llegan a la información que sale publicada en los medios.

También le cuestioné que tanto ella como yo escribíamos de él, su socio y su banda cuando tocaba hacerlo por equis o ye caso, pero que sus amenazas iban sólo contra ella y no contra mí.

Contra todo pronóstico, el entendió y me dio la razón.

Sacó su teléfono, hizo una llamada para frenar la orden contra Maisdulin y me prometió que nada le pasaría.

Como muestra de «buena fe», me pidió que cenara con él y su gente en el mismo sitio donde estábamos.

Comer para salvar a una amiga, ¿quién diría que no?

“Gordo Bayón” sacó un fajo de billetes y se lo dio a uno de los muchachos.

«Gordo Bayón»: «Como muestra de buena fe, cena conmigo».

«Compra todo eso en hamburguesas. Para mí, un refresco de uva y Coca-Cola para el resto«, ordenó.

Durante esa media hora hablamos de todo. “Gordo Bayón” me llamaba licenciado y yo le pedía tutearme.

Las hamburguesas llegaron. Especiales para él, para “Zé Pequeño” y para mí, y sencillas para el resto del grupo. Igual pasó con el refresco de uva y la Coca-Cola.

Terminamos la cena, cada quien cogió su camino y más nunca lo vi.

De eso ya 7 años, o 6… ya no recuerdo.

Gordo Bayón muerto, “Ze Pequeño muerto” y yo fuera de mi amada ciudad.

Esta es una historia que ni .@MaisdulinY sabe -hasta que lea este hilo- pero que mi memoria decidió sacar a flote hoy y coordinó con mis dedos, para traerla a ustedes.

NOTA DE SALA DE INFORMACIÓN

¿Quién fue “Gordo Bayón”?

Yorman Pedro Márquez Rodríguez, alias “Gordo Bayón”, fue un sujeto de 30 años con un extenso prontuario por homicidios, tráfico de sustancias estupefacientes, sicariato, extorsión, pranato minero y posesión de armas de guerra.

El 7 de mayo del 2012 fue ingresado a la nómina fija de Sidor, pese a tener orden de captura por triple homicidio y porte ilícito de armas de fuego.

En ese entonces el presidente de la siderúrgica fue el coronel Rafael Gil mano derecha del gobernador, general Francisco Rangel.

En Sidor, “Gordo Bayón” fue incorporado a la Alianza Sindical –dirigida por José Meléndez e identificada con el Frente Bolivariano de Trabajadores- corriente afecta al gobernador Rangel.

Fue representante de los tercerizados de Sidor y actuó como el enlace entre ellos y el gobierno de Chávez.

El 11 de mayo del 2012, “Gordo Bayón” –a solo cuatro días de haber ingresado a Sidor- se presentó ante el Ministerio Público por la investigación de un triple homicidio en Vista Alegre, San Félix, el 29 de febrero de ese año.

Fue llevado ante un juez de control, quien ordenó privativa de libertad y reclusión en la cárcel La Pica (Monagas).

Esa orden no se cumplió y quedó recluido en una comisaría en Puerto Ordaz.

El 2 de agosto de ese año, fue llevado de nuevo ante el Tribunal Tercero de Control, cuyo juez ordenó libertad bajo régimen de presentación y prohibición de salida del estado Bolívar.

Ese mismo día y a pesar de tener prohibición de salida del estado, viajó a Caracas para reunirse en Miraflores con Chávez. Fue atendido por el entonces vicepresidente, Elías Jaua.

Lo hizo en un avión Beechcraft B200 siglas YV 2452, que partió desde el hangar de la gobernación en Ciudad Bolívar, rumbo a La Carlota. Esta información nunca fue desmentida.

Gordo Bayón” y “Capitán”, fueron cabecillas de una de las bandas que supuestamente recibió más apoyo de parte de la gobernación de Bolívar.

Para el 2013 la banda tenía una gran organización logística y de combate, financiada por los ingresos de sus actividades criminales en Ciudad Guayana: venta de drogas y armas, y el robo de carros y bancos.

Estos delitos contaban con el apoyo de funcionarios de rangos altos, medios y bajos, según fuentes policiales y militares.

“(…) no hay cartuchos para los funcionarios policiales, pero existe un grupo dentro del gobierno regional que está armando a los delincuentes, entregándoles zonas de responsabilidad en los sectores populares”, denunció el entonces comisario jefe del Sebin, José Lezama.

“Gordo Bayón”

“Gordo Bayón”, fue asesinado en Caracas la noche del 02 de junio del 2014, luego de participar en una reunión que el Sindicato Único de Trabajadores de la Industria Siderúrgica y sus Similares (Sutiss) sostenía con el gobierno, para discutir incumplimientos de la contratación colectiva de Sidor.

Su homicidio fue confesado por un jugador del Minerven Bolívar Fútbol Club, quien robaba bancos y comercios: Eduardo José Natera Balboa, alias “El Pelón”, quien se atribuye con orgullo el asesinato de “Gordo Bayón”.

Hoy lidera la Organización 3R o Fundación RRR, en Tumeremo y se encuentra entre los 10 más buscados por el Cicpc.

En entrevista para Transparencia Venezuela, confesó: “Yo quebré a “Gordo Bayón”.

Tras el asesinato de “Gordo Bayón”, el mando recayó en “Capitán” quien llevó las riendas de la banda los siguientes cuatro años, hasta que el 27 de octubre del 2018 fue abatido por funcionarios de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim), en el estado Miranda.

Recién regresaba al país después de hacer viajes de “negocios” a España y Guatemala.

Hoy la banda fundada por “Gordo Bayón” y Capitán”, la lidera Ronny Colome Cruz Yackson, alias “Ronny Matón”.

Según “El Pelón”, “Ronny Matón” controla el pranato minero “él solo tiene una parte en Guasipati y otra en El Callao; pero no más de ahí, porque hay grupos igual de fuertes y se lo impedimos”.

¿Quién fue “Capitán”?

“Capitán” amenazó de muerte al diputado Américo De Grazia.

Phanor Vladimir Sanclemente Ojeda, alias “Capitán”, quedó al mando de una de las bandas más grandes y peligrosas del estado Bolívar, cuando Yorman Pedro Márquez Rodríguez, alias “Gordo Bayón”, fue asesinado en Caracas.

“Capitán” tenía orden de captura por homicidios, tráfico de drogas, extorsión, sicariato y comercio ilegal de oro, amparado por las autoridades, según fuentes policiales.

“Gordo Bayón” y “Capitán”, otorgaban ingresos y despedían personal de Sidor y en sus empresas contratistas.

En Puerto Ordaz eran custodiados por Patrulleros del Caroní, la policía oficial de la alcaldía de Caroní (Ciudad Guayana).

En su momento, “Capitán” amenazó de muerte al diputado Américo De Grazia tras destapar la olla de la masacre de Tumeremo del 5 de marzo del 2016.

Ronny Yackson Colomé Cruz, alías “Rony Matón”.

La mañana del sábado 27 de octubre del 2018, funcionarios de la contrainteligencia militar dieron con “Capitán” en Miranda y lo mataron.

Con la muerte de los 2 «fundadores» de la banda -“Gordo Bayón” y “Capitán”- ahora el líder de la mayor banda en Bolívar es Ronny Yackson Colomé Cruz, alías “Rony Matón”.

El segundo al mando es el exfuncionario de la Policía del estado Bolívar, Plesklin Wladimir Gómez Beria.

¿Quién fue “Zé Pequeño”?

Óscar José Mosquera Mina, alias “Ze Pequeño”, fue un delincuente quien lideraba una banda cuyo centro de operaciones fue el sector Puerto Libre, en Castillito (Puerto Ordaz).

En su prontuario destacan varios homicidios, de ejercer el pranato en las zonas mineras del sur del estado Bolívar y de comandar un peligroso grupo de extorsionistas y sicarios.

Estuvo solicitado por los tribunales segundo y cuarto de control, por robo, extorsión y sicariato.

“Ze Pequeño” fue abatido por la policía en junio del 2017, en la calle dos de Puerto Libre.

Integraba la lista de los diez bandidos más buscados de Ciudad Guayana.

De izquierda a derecha «Gordo Bayón», «Capitán» y «Ze Pequeño».

La vida poco «comunista» de Karl Marx: criadas, deudas y despilfarro de dinero en alcohol y burdeles

Imagen tomada de biography.com e insertada por Sala de Información.

El comportamiento del pensador que clamó contra la opresión y defendió a las clases obreras más desprotegidas, fue muy poco coherente con las ideas que desarrolló.

I. Viana, Diario ABC (España)

Karl Marx es el pensador que, posiblemente, más ha influido en la historia y la política de los dos últimos siglos, imprescindible para configurar el mundo tal y como lo conocemos hoy.

Su obra es la responsable del surgimiento de ideologías tan importantes como el comunismo y el socialismo, que dio lugar a regímenes dominantes y longevos como la URSS de Lenin y Stalin, la China de Mao Tse Tung, la Cuba de Fidel Castro, la Camboya de Pol Pot, la Rumanía de Ceausescu o la Yugoslavia de Tito.

Desde su muerte, obviamente, se ha hablado y escrito mucho sobre sus ideas, pero no tanto sobre si estas han sido coherentes con su vida.

Resulta chocante pensar que el hombre que se alzó contra los obreros esclavizados e introdujo conceptos como la lucha de clases, la dictadura del proletariado y la importancia del trabajo, llevara una vida de burgués; y fuera, durante su juventud, un estudiante aficionado a los burdeles, las borracheras y los suspensos.

Esa otra parte de su vida la recogen Malcolm Otero y Santi Giménez en «El club de los execrables» (Penguin Random House, 2018), donde cuentan el lado oscuro de otros de los personajes más idolatrados de la humanidad, como Churchill, Chaplin, Picasso, Hitchcock o Einstein.

El de Marx tiene lo suyo. No hay más que ver dónde gastó su estancia en la Universidad de Bonn, muy lejos de las aulas.

Se unió al Club de la Taberna de Tréveris, una asociación de bebedores de la que llegó a ser su presidente. Allí malgastó sus primeros meses con unos compañeros de batallas que, encima, lo describían como un juerguista violento e infiel, muy poco preocupado por su formación.

La situación tocó fondo cuando, en el primer semestre de 1836, las autoridades universitarias lo expulsaron por «desorden nocturno en la vía pública y embriaguez».

La solución de la familia Marx, una familia de clase media acomodada, fue matricularlo en Derecho por la Universidad Humboldt de Berlín y tampoco le fue muy bien.

Sus estudios en leyes no le interesaron mucho (o nada), pero allí al menos comenzó a desarrollar su querencia hacia las ideas filosóficas de los jóvenes hegelianos.

Finalmente Marx se doctoró en la Universidad de Jena —conocida en el ámbito académico como un centro donde se conseguían títulos con relativa facilidad— con una tesis sobre el materialismo de Demócrito y Epicuro.

Más que los jóvenes millonarios

Marx nunca llegó a sentar la cabeza del todo. Durante su estancia en la Universidad de Berlín, donde pasó cuatro años y medio, fue encarcelado por alboroto y embriaguez y, además, fue acusado de llevar armas no permitidas.

Llegó incluso a batirse en duelo y en el diploma que le extendió la institución, constaba que había sido denunciado en varias ocasiones por no saldar debidamente sus deudas económicas.

En aquella época, fue frecuente que su padre le llamase la atención por el mal uso que hacía del dinero que la familia le enviaba para su manutención.

Karl Marx, junto a su mujer, en 1869 – ABC

Prueba de ello es la carta que este le manda preguntándole cómo era posible que, durante el primer año en la capital alemana, se gastara 700 tárelos, tres o cuatro veces más que cualquier otro estudiante de su edad. «Más que los jóvenes millonarios», le dijo.

Era casi lo que ganaba un concejal del ayuntamiento de Berlín.

«A veces me hago amargos reproches por haberte aflojado demasiado la bolsa y he aquí el resultado: corre el cuarto mes del año judicial y tú ya has gastado 280 táleros. Yo no he ganado todavía esa cantidad durante todo el invierno», añadió su padre en otra carta recogida por Antonio Cruz en «Sociología: una desmitificación» (Clie, 2002).

Después de aquello, Marx se volcó en el periodismo. Se trasladó a la ciudad de Colonia en 1842 y comenzó a escribir para el periódico radical «Gaceta Renana».

Allí expresó libremente unas opiniones cada vez más socialistas sobre la política, junto a unos compañeros de trabajo que lo describían como un hombre dominante, impetuoso, apasionado y con una confianza sobredimensionada en sí mismo.

Matrimonio aristócrata

Jenny von Westphalen. (Imagen tomada de Wikipedia e insertada por Sala de Información).

El pensador alemán ya se había casado con Jenny von Westphalen, una baronesa de la clase dirigente prusiana que rompió su compromiso con un joven alférez aristocrático para estar con él.

Otra cosa es que Marx le correspondiera con es debido.

Lo primero que hizo este fue pedirle que pagara las deudas que había contraído de sus de juergas y afición a las prostitutas. Y ni aún así detuvo sus excesos.

La dote de su esposa se esfumó rápidamente.

En la misma noche de bodas perdió una buena parte del dinero que le había regalado su suegra.

Obviamente no se habló de estas cosas cuando, en mayo, un manuscrito del pensador alemán fue vendido por 523.000 dólares en una subasta celebrada en Pekín.

Más de 1.250 páginas de notas que el filósofo de Tréveris produjo en Londres, entre septiembre de 1860 y agosto de 1863, como preparación para su obra cumbre, «El Capital», base de la ideología comunista.

Fue precisamente durante su estancia en la capital británica, y mientras su propia familia sufría calamidades, cuando se pulió su propia herencia a base de borracheras.

Durante esos años, Marx y su familia tuvieron que sobrevivir de las pequeñas ayudas que les brindaba su suegra millonaria y sus amigos.

Friedrich Engel.
(Imagen tomada de Wikimedia y agregada por Sala de Información).

El propio Friedrich Engel, con quien el filósofo alemán escribió su famoso « Manifiesto comunista» en 1848, tuvo que regalarles una casa. Y a pesar de ello, no consiguió que llegara a su hogar la estabilidad económica que tanto ansiaban su mujer y sus hijos.

Él lo confiesa en una carta a su amigo en la que reconoce que, a pesar de no tener que pagar ningún alquiler, sus deudas no paran de crecer.

Esto no impidió que Marx veraneara en los mejores balnearios ni que mandara a sus hijas a estudiar piano, idiomas, dibujo y clases de buenas maneras con los mejores profesores de Londres.

Todo ello, claro, pagado por Engels.

Un yerno de «mala» familia

Resulta sorprendente igualmente que el famoso pensador socialista, promotor de la lucha de clases, llegara a escribir otra carta en la que expresaba sus dudas sobre el marido de una de estas hijas.

La razón: no tenía claro que fuera de buena familia. Una actitud no muy propia de alguien que pregonaba contra la opresión y defendía a las clases obreras más desprotegidas y desfavorecidas.

Marx, en 1875 – ABC

Otra dato curioso es que, a pesar de las penurias económicas que arrastró, el autor del «Manifiesto comunista» tuvo una criada trabajando en su casa durante toda su vida.

Su nombre fue Helene Demuth y servía a familias ricas desde los diez años. Después de pasar por varias mansiones llegó a la de la baronesa Westphalen, la suegra de Marx.

Cuando la hija de esta se casó con el pensador, les regaló a su sirvienta, que tuvo que seguir al matrimonio hasta París y Londres aunque solo hablaba alemán.

Por su trabajo, Karl Marx no la pagaba ni un solo céntimo, a pesar que se encargaba de las tareas domésticas, de cuidar a sus siete hijos y de administrar los pocos recursos de la familia. Y por si no fuera poco, el filósofo mantuvo con ella una relación extramatrimonial.

Helene Demuth. (Imagen tomada de biography.com e insertada por Sala de Información).

En 1850 dejó embarazada a su mujer; y, aprovechando un viaje de esta a Holanda para conseguir fondos para la causa marxista, también a su criada. Él no lo reconoció, hasta el mundo de que le dijo a su esposa que el padre era su amigo Engels. Hasta le puso el nombre de su colaborador.

A causa de esto, la mujer de Marx no podía ver a Engels.

Marx mantuvo la mentira durante un tiempo, pidiéndole a su esposa que no le recriminara nada a su amigo, que no solo le regaló un piso, sino que asumió una paternidad que no le correspondía. Y cuando la señora von Westphalen por fin conoció la verdad, aquello se convirtió en una especie de herida familiar silenciada para los restos.

«No se hablaba del asunto, en parte porque el hecho les parecía escandaloso a la luz de la moral burguesa imperante en la época, y en parte porque no se ajustaba a los rasgos heroicos e idílicos propios de un ídolo de las masas. Se borraron, pues, todas las huellas de ese hijo y, sólo la casualidad, preservó de la destrucción una carta que aclaraba el asunto», escribió el filósofo alemán Hans Blumenberg, en «Karl Marx en documentos propios y testimonios gráficos» (Salvat 1984).

Pero ahí no acabaron las andanzas del fundador del comunismo.

Además de su afición por los prostíbulos londinenses, cuentan Otero y Giménez que, mientras su mujer estaba convaleciente con varicela, intentó abusar de su sobrina. Todo ello mientras su familia sufría un revés tras otro.

Imagen tomada de Verkami e insertada por Sala de Información.

De sus siete hijos, solo consiguieron sobrevivir tres hijas: Eleanor, Jenny y Laura. Jenny murió de cáncer a los 38 años y las otras dos se suicidaron.

Una de ellas, Laura, lo hizo junto con a su marido, Paul Lafargue, uno de los introductores del marxismo en España y autor del famoso «El derecho a la pereza».

Habían pactado hace años ya que se quitarían la vida cuando su salud no les permitiera mantener su independencia vital y lo cumplieron pasados los 60 años.

La otra, Eleanor, se envenenó a los 43 al descubrir que su compañero, el socialista Edward Aveling, se había casado en secreto con una amante.

Imagen tomada de biography.com e insertada por Sala de Información.

Srdja Popovic: “En la política y el fútbol, si quieres ganar tienes que tomar la ofensiva”

José Ignacio Hernández G., Prodavinci

En octubre de 1998, Srdja Popovic participó en la fundación de Otpor!(¡Resistencia!, en español), en el marco de las protestas contra el régimen de Slobodan Milosevic en Serbia. Inspirados en las ideas sobre protestas no violentas de Gene Sharp, el movimiento tuvo un importante rol en la derrota de Milosevic en el 2000.

Posteriormente, Popovic fundó el Centro para la Aplicación de Acciones y Estrategias No Violentas (CANVAS), dedicado a difundir el estudio de los mecanismos no-violentos para enfrentar autocracias y promover cambios hacia la democracia.

En apretada síntesis, la tesis de la que parte CANVAS, es que los mecanismos no violentos de protestas tienen mayor probabilidad de lograr cambios democráticos en la medida en que incidan sobre los pilares que soportan a los regímenes autoritarios.

Asimismo, insisten en la necesidad de enfocar protestas proactivas, no meramente reactivas. De allí la importancia de diseñar estrategias basadas en narrativas que expliquen cuál es la visión del futuro, vale decir, cuál es el cambio que desea promoverse a través de la protesta no violenta.

En el 2017, junto con Slobodan Djinovic, publicó un artículo en el que daba una serie de recomendaciones para reorientar las protestas que entonces se realizaban en Venezuela.

El país, escribía, podía ser salvado de una catástrofe, pero bajo determinadas condiciones.

Desde entonces muchas cosas han cambiado en Venezuela. La instalación de la Asamblea Nacional Constituyente llevó a la elección presidencial, en mayo del 2018, la cual fue desconocida. La crisis económica y social ha empeorado, generando una inédita diáspora.

Hoy no queda tan claro cuál es la ruta para salvar al país de una catástrofe, ni por qué las protestas del 2017 no lograron promover un cambio político en Venezuela.

De allí la importancia de entrevistar a Popovic, a los fines de conocer sus impresiones sobre la situación venezolana, en perspectiva con otras experiencias similares.

¿Por qué estima usted que las protestas del 2017 no pudieron promover un cambio democrático en el país?

Un punto importante en las protestas del 2017 es que la oposición estaba unida en torno a un objetivo común.

Sin embargo, para promover un cambio político, en casos como el venezolano, es necesario lograr la coordinación de cuatro actores claves.

El primero, por supuesto, son los partidos políticos en la unidad. Sin embargo, sin un apoyo popular claro, las acciones de los partidos políticos pueden ser valoradas como decisiones adoptadas por élites, lo que reducirá su efectividad y fracturará la unidad.

El segundo actor es la sociedad civil organizada, en especial, a través de ONG, sindicatos y organizaciones, quienes deben estar alineados en la estrategia para promover el cambio.

El tercero es la comunidad internacional, y en especial Latinoamérica, que debe estar igualmente coordinada en una estrategia para lograr el cambio político.

El cuarto actor debe ser la diáspora que ha incrementado por la migración forzosa de venezolanos que huyen de la crisis venezolana.

Por ello, las protestas masivas no son suficientes para promover el cambio político en Venezuela, pues se requiere la acción conjunta de otros actores.

Las protestas masivas pueden degenerar en actuaciones violentas y desordenadas, lo que puede promover el incremento de la represión y de las medidas autoritarias, todo lo que puede terminar “desestimulando” las protestas.

De allí la importancia de tener una visión a largo plazo que logre la acción coordinada de estos cuatro actores. Además, no basta con promover la movilización de las personas que apoyan el cambio político, también es necesario influenciar a quienes se oponen a ese cambio y, en especial, a los funcionarios que son el soporte del gobierno, como -por ejemplo- funcionarios del Poder Judicial y del propio gobierno.

Luego de la cuestionada elección presidencial del 20 de mayo, ¿cuál, a su manera de ver, debería ser la estrategia de la oposición venezolana?

Hay distintos ejemplos históricos que permiten comprender mejor cómo elecciones que no son reconocidas pueden promover el cambio político.

Cuando no hay condiciones electorales, la oposición puede optar entre abstenerse de participar en la elección o presionar por el cambio del sistema electoral.

Pero si la oposición no tiene una estrategia unitaria –con algunos actores participando y otros absteniéndose– es difícil que se produzca algún cambio.

Otra opción es organizar elecciones paralelas, que aun cuando no serán reconocidas por el gobierno, pueden ayudar a organizar movilizaciones no violentas.

Esto puede ser más efectivo que el boicot electoral, que requiere un alto grado de organización y coordinación. Además, promover elecciones paralelas como mecanismo de movilización resulta siempre mucho más efectivo que esperar sentado a que el cambio político se produzca.

En todo caso, también es necesario documentar los abusos cometidos en la elección. No es lo mismo denunciar un fraude electoral que probar el fraude de manera objetiva. Ello puede ayudar a organizar protestas en torno a las elecciones fraudulentas.

En resumen, cuando las elecciones son fraudulentas, las estrategias más efectivas son participar en la elección exigiendo condiciones más justas o promover elecciones paralelas como herramienta de protesta ante las pruebas de fraude.

Pero como en el fútbol, si quieres ganar, tienes que tomar la ofensiva. No se puede ganar solo en una posición defensiva.

¿En qué medida la crisis económica y social puede ser relevante para el cambio político?

Las protestas del 2017 fueron principalmente políticas. Y en Venezuela no solo la política debe ser reformada. La crisis económica, marcada por la hiperinflación, es un componente que puede movilizar a las personas con mayor facilidad que las motivaciones puramente políticas.

Pero ello requiere un plan que, con claridad, explique cómo puede solucionarse la crisis económica.

No basta con proponer salir del gobierno porque es malo.

Es necesario explicar cuál es el plan para solucionar la crisis.

Venezuela es, probablemente, un lamentable caso de estudio de cómo un país con grandes recursos naturales puede sumergirse en una crisis devastadora por erradas políticas públicas.

Pero ello requiere explicar cuál es el modelo económico alternativo que Venezuela necesita. Y para construir ese modelo se requiere un amplio consenso político y social.

Otra estrategia, es que la oposición junto con las ONG’s organice mecanismos para proveer bienes y servicios que el Estado no puede suministrar por la crisis. Esto permitiría ampliar la estrategia política a la estrategia económica y social.

¿Por qué las estrategias no violentas de protesta suelen funcionar mejor que las estrategias violentas de protesta?

Hay pruebas científicas que señalan que las estrategias políticas no violentas son mucho más efectivas que las estrategias violentas, como han demostrado Erica Chenoweth y Maria J. Stephan.

Pero hay también razones de sentido común.

Si quieres luchar contra un régimen autoritario, no es razonable tratar de luchar con mecanismos violentos, pues en ese terreno el régimen es más fuerte. Por el contrario, es necesario implementar estrategias en las que el régimen sea débil, como es el caso precisamente de las protestas no violentas.

Si quieres retar a Mike Tyson no es razonable que lo hagas en un ring de boxeo: intenta más bien hacerlo jugando ajedrez.

El problema en Venezuela es que las personas están desesperadas, y la desesperación lleva a la rabia, y ello puede incentivar acciones violentas, todo lo que puede complicar la implementación de mecanismos de protesta.

Por eso es importante diseñar estrategias que generen esperanza en los venezolanos, pues ello incrementa la probabilidad de ejecutar efectivamente mecanismos no violentos de protesta que puedan promover el cambio político, disminuyendo los riesgos que atentan contra la vida y la integridad personal de los venezolanos.

Por todo lo anterior, lo importante es diseñar una estrategia unitaria basada no solo en protestas, también en mecanismos inteligentes que disminuyan riesgos personales. Esa estrategia debe ser capaz de transmitir cuál es el cambio que se quiere producir.

¿Cuál es el rol de la justicia en procesos de transición democrática?

El rol dependerá de cada situación. Desde un punto de vista es fundamental defender la justicia, especialmente en casos de violaciones de derechos humanos. Pero también es necesario promover mecanismos de reconciliación, y allí la justicia transicional podría funcionar.

En este sentido, podría además alinear los intereses de quienes apoyan al gobierno, quienes podrían estar dispuestos a colaborar en un proceso de transición para beneficiarse de los incentivos de dicha justicia.

La justicia transicional debería formar parte de una estrategia clara, que defina cómo puede promoverse la transición como sucedió, por ejemplo, en Filipinas o Túnez.

Lo importante no es tanto la justicia transicional en sí, sino la estrategia para promover la transición democrática.

El golpe permanente

Alberto Barrera Tyszka, Prodavinci

Sorprende un poco que a algunos les sorprenda tanto.

Tal vez se debe a que la palabra golpe, sobre todo en el contexto de la política, parece acompañarse de un cierto sentido de sobresalto, de movimiento violento e inesperado. Un golpe de Estado suele ser un imprevisto. Quizás. Pero no en Venezuela. Aquí es al revés.

Esto es un golpe cantado con mucha antelación. Aquí vivimos, desde hace años, en un permanente golpe de Estado.

El principio siempre es el verbo. ¿Qué se puede esperar de un partido que llega al gobierno y jura que sus adversarios jamás volverán a ejercer el poder?

Desde hace mucho, la idea del golpe se instaló en el lenguaje. Ese fue el primer desacato. Insistir, día tras días, de manera pública y oficial, en que la alternancia política es un delito, un pecado, una catástrofe, una traición a la historia. Llevan demasiado tiempo torciendo las palabras, intentando lograr que un golpe de Estado nos parezca algo natural.

Lo que ocurrió esta semana (Las sentencias 155 y 156 del TSJ), en el fondo, forma parte del horizonte previsible que todos los venezolanos conocemos.

El oficialismo lleva años preparándose, minuciosamente, para gobernar sin pueblo.

Exceptuando a Rodríguez Zapatero (quien actúa y opina como si fuera un empleado menor del Ministerio de Turismo de Venezuela), las reacciones internacionales han mostrado un rechazo contundente ante la actuación del TSJ.

Sin embargo, lo que para la mayoría de los países del planeta resulta indignante e inaceptable, para el gobierno ha terminado siendo tan solo un leve malentendido.

Creen que pueden funcionar afuera con la misma facilidad que dicen y se desdicen dentro del país.

Se han acostumbrado a mentir de tal manera que ya han perdido cualquier noción de los parámetros. La política les parece un teatro donde todo es posible, donde ya no hace falta ningún sentido de verosimilitud. El público lo aguanta todo.

La obra de hoy, por ejemplo, es así: Maduro aparece vociferando, desde una tarima, repartiendo insultos y decretando que “ni por las malas ni por las buenas” la oposición volverá a ser gobierno.

Dos minutos después, en medio de un consejo de Ministros, vestido de rojo, Maduro celebra la “sentencia histórica” del TSJ, que le permitirá a él –modestamente– defender la independencia institucional del país.

Luego de dos minutos, con un pequeño cambio de vestuario, de liqui liqui a camisa de campaña, aparece de nuevo Maduro, sentadito en un estudio, calmado y estadista, pronunciando suavemente palabras como “controversia”, “discrepancia”, “impasse”…

Se trata de un ejercicio ilimitado de representaciones.

Maduro es Rambo con un fusil al hombro, Maduro es Candy Candy en una escuela primaria, Maduro es profesor de salsa casino en la televisión, Maduro se disfraza de billete de 100 para pasar desapercibido, Maduro nuevamente promete que muy pronto seremos una gran potencia.

Es una gimnasia que practican todos. Todo el tiempo.

Tarek William Saab, por ejemplo, puede también ser Defensor del Pueblo, poeta o militante pro gobierno según las ocasiones. El oficialismo vive en un constante juego de roles. Han convertido la identidad en un disfraz.

Pero detrás de toda esta alharaca, el proyecto continúa. De manera persistente y obcecada. Las palabras tratan de suavizar la realidad pero no lo logran. El impase es entre un gobierno que se cree eterno y un pueblo que quiere un cambio.

La controversia es entre una cúpula que controla al poder electoral, postergando unos comicios que se han debido realizar el año pasado, y un país que está exigiendo que haya elecciones.

La discrepancia es entre un gobierno cómplice que oculta información, actúa sin transparencia, sin controles, y los ciudadanos que quieren auditar al poder, que desean saber –por lo menos– quienes se robaron los miles de millones de dólares que faltan en el tesoro público.

El impase es entre la mayoría de los votantes del 6 de diciembre del 2015 y la antigua Asamblea que –a última hora– le dio un golpe al TSJ para quitarle poder al resultado electoral.

Y así podríamos seguir todos, enumerando puntualmente cada problema, cada tragedia. Desde el arco minero hasta la represión, desde la inseguridad hasta la escasez de medicamentos.

En verdad, no son impases, no son controversias, no son discrepancias. Es un abismo. Es el vacío.

Es un error pensar que el golpe de Estado es un suceso, un hecho que ocurre de pronto y de una sola vez. Aquí se ha convertido en la rutina del poder. Avanza o retrocede, pero nunca cesa. Es un ejercicio lento y constante. Es el “Proceso”.

El golpe de Estado no es otra cosa que la Revolución.

Habló la jueza Mariela Casado: “Quiero que la ministra Varela me explique por qué mi hermana está muerta y Wilmito en la playa”

Redacción Runrun.es

Jueces, ministros, un  gobernador y un ex director del Sebin formarían parte de la red de conexiones de “Wilmito” con el chavismo. Mariela Casado, ex presidenta del Circuito Judicial del estado Bolívar, a quien el pran mandó a matar en el 2010, habló desde el exilio

“Ese hombre destruyó mi vida, destruyó a mi familia y acabó con mi carrera”, dijo luego de conocer que el pran quien planificó el sicariato en el que fue asesinada por error su hermana María Gabriela Casado, se encuentra en libertad por un beneficio de Régimen de Confianza Tutelada

“Él no es un delincuente cualquiera, él es un asesino nato y sanguinario”, fue lo primero que dijo sobre “Wilmito”, la jueza Mariela Casado, ex presidenta del Circuito Judicial del Estado Bolívar, al responder el teléfono desde cualquier país del mundo.

Ella lo sabe bien, lo conoció, lo vio convertirse en pran de la cárcel de Vista Hermosa, fue testigo de cómo arrodilló al sistema de judicial, junto a su familia vivió en carne propia el impacto de las balas del Wilmer José Brizuela Vera, y lo sigue padeciendo siete años después cada semana, cuando acude a terapia con un sicólogo.

En el 2010 tuvo que dejar el país después del asesinato de su hermana, María Gabriela Casado, para huir del alcance de Brizuela Vera, su verdugo, y proteger a sus hijos. No tenía opciones, su condición de máxima autoridad del Poder Judicial en Bolívar no le proporcionaba ninguna seguridad.

Así lo entendió unos días después del homicidio, cuando un amigo criminólogo la llevó a Caracas a hablar con el comisario Wilmer Flores Trosel, director del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas en ese entonces.

Doctora le recomiendo que se vaya del país. Yo… el Estado no le puede garantizar su seguridad”, le confesó Flores Trosel en una mezcla de preocupación y honestidad.

El jefe policial le confió, además, que meses antes había recibido en su despacho de la avenida Urdaneta a “Wilmito” -para ese momento prófugo de la justicia-. Llegó en compañía de la dirigente chavista y líder de los círculos bolivarianos, Lina Ron.

Para ese momento, junio del 2010, Hugo Chávez era el Presidente de la República, y Tareck El Aissami era el ministro de Relaciones Interiores y Justicia. Ambos se comunicaron telefónicamente con Casado y le ofrecieron la posibilidad de refugiarse en una embajada con un cargo administrativo. Tampoco ellos se arriesgaron a comprometer al Estado garantizando la seguridad de una jueza.

Un pran con línea directa con la gobernación de Bolívar

Mariela Casado conoció a “Wilmito” en el 2006 cuando ella era jueza de la corte de apelaciones y él cumplía condena por el secuestro de un empresario de Ciudad Bolívar.

“Estaba preso desde el 2005 y ya había sido condenado antes por porte ilícito de armas. La condena por el secuestro se dio en el 2006 y yo fui la juez ponente que ratificó la sentencia de 10 años, eso quiere decir que le correspondía salir en el 2015 por ese caso”, explicó.

“Desde 2006 se hizo pran. No se conocía esa figura en Venezuela. Antes de eso el Estado tenía control en los penales. Fui juez de primera instancia y visité centros de reclusión, como Tocuyito. Y se podía entrar y hacer requisas. A finales de ese año “Wilmito” dijo en una reunión ante autoridades de seguridad de la región: <no voy a entregar las armas porque las armas son las que me dan a mi el poder>”, relató la ex jueza.

Recordó que hasta ese momento el líder de Vista Hermosa era Oswaldo Martínez Ojeda, el jefe de la primera megabanda que hubo en el país, dedicada al robo de blindados en todo el territorio nacional y a quien se le imputa el asesinato de más de una docena de funcionarios de cuerpos de seguridad. “Él era la autoridad ahí, un hombre también sanguinario que infundía terror. Pero a este no le gustaba la visibilidad, como sí le gustaba a Brizuela”, comentó Casado.

A Martínez Ojeda lo trasladan a Carabobo y así comenzó el pranato de “Wilmito”. La ex jueza recuerda que:

“Desde ese momento no se pudo entrar más al penal de Vista Hermosa. Se convirtió en un búnker. Los alguaciles no podían entregar boletas de excarcelación o traslado. Ya habían sacado al personal penitenciario de las instalaciones. Los funcionarios de prisiones tenían que despachar desde un toldo que colocaron afuera de la cárcel”.

–Estaban en la calle, trabajando en la calle, todo el mundo los veía, todo el mundo lo sabía ¿y nadie, ninguna autoridad hacía nada?

–No, nada. Hay oficios del comandante de la GNB del destacamento de la cárcel donde decía que no sabía qué hacer con el Wilmito, que salía y entraba y que con el cuento de los juegos deportivos salía y se quedaba. Iba al bingo Calipso, donde -por cierto- escondieron los carros que usaron para matar a mi hermana.

Mariela Casado recuerda que en su condición de presidenta del Circuito Judicial enviaba al TSJ, al MRIJ y al destacamento de la GNB informes sobre las fiestas que programaba el pran en Vista Hermosa y nadie respondía.

Según el relato de quien fue la máxima autoridad del Poder Judicial en Bolívar, luego ocurrieron una serie de hechos irregulares. “Se hacían reuniones en el comando de la Guardia Nacional y ya se comenzaban a manejar los intereses del pran”.

–¿Puede explicarse mejor, cómo se manejaban los intereses de Brizuela?

–En las reuniones sobre las políticas de seguridad de la región se hablaba de las exigencias de “Wilmito”. Incluso había una persona que era un enlace entre la gobernación y la cárcel, que solo se entrevistaba con “Wilmito”. La relación, supongo, empieza por tener a un tipo que mantuviera el control y evitara las huelgas en la cárcel. La GN temía tomar alguna decisión que molestara al pran.

¿Enlace de la gobernación? ¿Quién era el gobernador?

–Rangel Gómez (Francisco). Siempre ha sido Rangel Gómez. Pero incluso, ya después el pran no le permitió entrar más a la cárcel al representante de la gobernación.

A estas demostraciones de poder le siguieron las fiestas en el penal, la presencia de grupos musicales y la apertura de un restaurante. “Desde cosas insignificantes como esas hasta permitir o no el ingreso, salida y traslados de reclusos. Pero uno de los hechos más escandalosos fue la fuga de los asesinos de Carolina Di Lucca. Todo el mundo en Bolívar sabe que se fueron por la puerta caminando”, aseguró Casado.

Carolina Di Lucca era hija del coronel Roberto Di Lucca, jefe de Estado Mayor del Teatro de Operaciones N5, de Bolívar, y fue asesinada en mayo de 2006 en venganza porque su padre decomisó 2.700 kilos de cocaína a un grupo delictivo integrado por miembros del ELN y el hampa común.

Chávez lamentó el asesinato en una cadena, casi todos los responsables fueron detenidos, pero poco después lograron fugarse de cárceles de Bolívar. Al militar lo sacaron del país y lo enviaron a la embajada de Guyana.

“No te puedo hablar de justicia porque es una palabra que se perdió, con esa fuga se perdió. El director del internado decía que no podía ir en contra de las políticas de Brizuela. Al Estado nunca le ha interesado lo que tiene que ver con los centros penitenciarios”, dijo la ex jueza.

Jefe del Sebin, jueces y alguaciles en el círculo de “Wilmito”

María Gabriela Casado, profesora de la Universidad de Oriente, de 37 años de edad, fue asesinada el 17 de junio del 2010 por varios sicarios que le efectuaron tres disparos. “La muerte de mi hermana fue la destrucción de su vida y de todos nosotros. Yo llevo un puñal en mi espalda, porque nunca se me va a quitar de encima saber que ese era mi lugar y no el de ella”, dice la ex jueza.

Por el sicariato de Casado fueron imputadas 11 personas, entre ellas Roisy Wilmary Brizuela Macuare, hermana de “Wilmito” y Reinaldo José Figarella Zambrano. “Ella, la hermana de Wilmito, tenía una relación sentimental con Juan Carlos Figarella Díaz, diputado a la Asamblea Legislativa del estado Bolívar por el PSUV, que los protegía”, explicó Mariela Casado.

El diputado Figarella Díaz, quien también fue alcalde del municipio Sucre del estado Bolívar, fue asesinado en abril del 2012, en un supuesto intento de robo.

Otro de los imputados por su participación en el crimen fue Rafael Ventura Pérez Ytao, quien se desempeñaba como alguacil del circuito judicial penal de Bolívar. En la investigación se estableció que entre el 19 de junio (dos días después del homicidio) y el 25 de julio hubo 19 llamadas entre los teléfonos de Pérez Ytao y “Wilmito”, la mayoría coincidía con las fechas de las audiencias de los imputados por el homicidio.

El rastreo de llamadas fue también lo que permitió a los investigadores del Cicpc establecer la autoría intelectual de Wilmer Brizuela en el sicariato (delito establecido en la Ley contra la Delincuencia Organizada). Para ese momento el pran se encontraba recluido en la mínima de Tocuyito, en Carabobo, pues en el 2009 se vio involucrado en una presunta fuga.

En la revisión de los números telefónicos de los que disponía el pran para la fecha, no solo se encontró el cruce de llamadas con los responsables del sicariato. “También había una llamada del comisario (Luis Enrique) Hernández Sanguino, director del Sebin en Bolívar”.

–¿El director del Sebin llamaba al pran por teléfono?

–Sí, lo llamó el mismo día del asesinato de mi hermana. Primero me llamó a mí para darme el pésame, porque yo no estaba en Ciudad Bolívar ese día, y después se comunicó con Brizuela. Yo supongo que para confirmarle que se habían equivocado y que yo estaba viva. La fiscalía determinó este recorrido telefónico.

–¿Y qué pasó después, se comprobó si había relación entre el comisario Hernández Sanguino y el pran?

–Eso se quedó así. Al comisario lo mataron un tiempo después.

El comisario Luis Enrique Hernández Sanguino fue asesinado en diciembre de 2013. Su cuerpo fue localizado con varios impactos de bala en un sector de Parque Caiza, luego de permanecer desaparecido durante 16 días. Las autoridades nunca informaron de su desaparición.

El funcionario había dejado el Sebin y se desempeñaba como jefe de Seguridad del Banco de Venezuela.

–Además del comisario, y el alguacil ¿consiguieron alguna otra vinculación telefónica entre “Wilmito” y funcionarios del Estado?

–Hay un juez que sigue activo en Bolívar. El día anterior al asesinato de mi hermana y el mismo día del crimen uno de los imputados por el homicidio se comunicó con él.

Mariela Casado también describió como sospechoso que dos días antes del asesinato (el 15 de junio de 2010) un juez de ejecución otorgó la libertad al autor material del sicariato, Luis Ramón Acosta Vriggs. “Además por el homicidio nunca fue imputado un hombre apodado “El Ciego”, que estuvo entre los atacantes de mi hermana y controla la minería en El Callao y Tumeremo”, agregó.

“Allí vine a darme cuenta de que la corrupción no se entiende como un acto que conlleva sangre. Creen que es solo recibir dinero. Yo decía cada quien con su conciencia. Y pensaba: ‘a mí no me iba a pasar nada, porque yo estoy dando ejemplo’. Conmigo no hay corrupción, pero no, resulta que casi todos mis compañeros estaban involucrados en corrupción y yo era un estorbo”.

Lo vieron en Ciudad Bolívar en los días de los saqueos

En enero de 2014, Brizuela fue condenado finalmente a 14 años y 10 meses de prisión por los delitos de cómplice no necesario en robo agravado de vehículo automotor, sicariato y asociación para delinquir. Todos referidos al asesinato de Mariela Casado, ocurrido en 2010.

Aunque le asignaron como sitio de reclusión la cárcel de Vista Hermosa, el pran permaneció en Tocuyito, estado Carabobo.

En diciembre de 2015, “Wilmito” acudió a un torneo de rugby en el marco del proyecto Alcatraz de la Hacienda Santa Teresa, como parte de la delegación que representaba al Internado Judicial de Aragua, conocido como cárcel de Tocorón. Aunque no jugó, era el líder del equipo.

–¿Cómo se enteró de que Brizuela estaba en libertad?

–Algunos familiares y amigos me llamaron en los días de los saqueos en Ciudad Bolívar (entre el 16 y el 18 de diciembre de 2016) y me dijeron: “lo soltaron y está aquí”. Incluso pensé que se lo habían llevado para allá para ayudarlos a controlar los saqueos.

Un abogado amigo de Casado pudo verificar que la juez de ejecución del estado Carabobo no había otorgado ningún beneficio a “Wilmito”, ni tenía conocimiento de que estuviera en libertad.

Sin embargo, un documento que circuló en las redes sociales, con el título de acta de traslado, confirma que el domingo 18 de diciembre de 2016, Wilmer Brizuela recibió un beneficio de Régimen de Confianza Tutelada, que otorga la ministro de Servicio Penitenciario. Esta medida de libertad condicional autorizaba su traslado al centro de régimen especial Simón Bolívar, ubicado en Caracas. Pero considerando el poder del pran, no es descabellado que su destino hubiera sido su tierra natal: el estado Bolívar.

No obstante, Brizuela no tenía la opción de optar a un Régimen de Confianza Tutelado por su condición de reincidente en prisión y por estar sentenciado por un delito (homicidio) con excepciones para el otorgamiento de beneficios. En su caso se violaron los artículos 162, 482 y 488 del Código Orgánico Procesal Penal (Copp)

Además el pran podría haber desacatado la condición de permanecer en centro de reclusión especial en El Paraíso, Caracas, pues además de ser visto en Ciudad Bolívar –a 589 kilómetros de la capital de Venezuela– también habría sido víctima de un incidente ocurrido en Playa Parguito, en la isla de Margarita.

Funcionarios de Protección Civil informaron que un hombre identificado como Wilmer José Brizuela Vera fue herido durante un atentado, junto a tres miembros de su familia el sábado 18 de febrero de 2017 en Margarita. Cuatro días después funcionarios del ministerio de Servicio Penitenciario desmintieron el hecho filtrando información extraoficial a algunos periodistas.

–¿Qué sintió usted cuando confirmó que la ministra Iris Varela le había otorgado un beneficio a Brizuela y éste se encontraba en las playas de Margarita?

–Lo que quiero es que la ministra, el Estado, nos expliquen a mi familia y a mí por qué mi hermana está muerta y “Wilmito” está en la playa vacacionando. Mi hermana era una persona valiosa, una docente talentosa, sobreviviente de cáncer, que amaba la vida.

La ex jueza recuerda que sus dos hijos presenciaron el asesinato de su tía y hasta hoy arrastran secuelas sicológicas de esa experiencia. “Ese hombre destruyó mi vida, destruyó a mi familia y acabó con mi carrera. Yo era una juez y hoy no soy nadie. Además me obligaron a irme de mi tierra porque no hay quien nos garantice la vida a mí y a mis hijos”.

A pesar de lo ocurrido, Mariela Casado dice que no quiere ser tratada como una víctima. “No me gusta el término víctima. Lo que se conoce como víctima en el derecho, en Venezuela es nada. Porque si “Wilmito” anda en la calle y a “El Ciego” no lo han aprehendido, entonces nosotros, y mi hermana, no tenemos derechos”, aseguró la ex jueza de 57 años.

–¿Cuál es la razón por la que Brizuela la manda a matar?

–Después de la fuga, en 2009, “Wilmito” se entrega en Caracas y allí un tribunal de control le asigna como sitio de reclusión la cárcel de Tocuyito, pero no se pronuncia sobre la fuga. Pero su causa seguía en Bolívar.

En abril del 2010 a él lo trasladan a Ciudad Bolívar para la audiencia y el juez le dicta una medida privativa por la fuga y mantiene como sitio de reclusión Tocuyito, en Carabobo. Eso lo enfureció, porque él quería volver a Vista Hermosa. Al salir de la audiencia comenzó a gritar: “Maldita la Casado, me las va a pagar,» y también amenazó al juez. En junio ocurrió el atentado donde muere mi hermana.

La ex presidenta del Circuito Judicial recuerda que hubo protestas y huelgas en su contra, además de disparos contra la sede del Palacio de Justicia en esa ocasión. Ya en 2006, Casado le había negado un beneficio procesal a Brizuela.

“Aunque yo había decidido inhibirme en las decisiones que tuvieran que ver con Brizuela, en todas las reuniones de seguridad de la región yo insistía en que era inaceptable que un preso de 25 años tuviera arrodillado a un estado. Ponía calcomanías a los carros para el cobro de vacuna, salía y entraba. Estoy segura que de allí salía la información para él”, explicó Casado.

Lea también: “Wilmito” sentenciado por sicariato, secuestro y robo de blindado recibió beneficio de Iris Varela

–¿Usted tiene idea de quién protegía a Brizuela dentro del Gobierno?

–El Ministerio de Relaciones Interiores y la Gobernación de Bolívar. Fíjate que cuando se fugan los implicados en el caso Di Lucca, el ministro Pedro Carreño y el viceministro Tareck El Aissami entraron solos al internado a hablar con “Wilmito”. “Wilmito”, así como Yonny Bolívar (asesino de Adriana Urquiola), a quien conocí cuando estaba en El Dorado, tenían acceso directo a los ministros.

Pran “Wilmito” tiene su orquesta de salsa, que opera desde la cárcel http://elinformadorweb.net/colmo-pran-wilmito-orquesta-salsa-opera-desde-la-carcel/

“Nunca perdonaré a los corruptos. A los jueces que se venden por un viaje. No entienden que son tan asesinos como ¨Wilmito¨. Mi hermana era la mitad de mi vida, a mi me quitaron la mitad de mi vida”, dijo entre lágrimas, la ex jueza que aceptó por un tiempo la oferta de Hugo Chávez, y se incorporó al personal de una embajada en Centroamérica en comisión de servicio hasta el 2015.

Alberto Barrera Tyszka: “Maduro es un personaje para la tragedia”

Alejandro Hernández, Runrunes

La voz de Alberto Barrera Tyszka es imprescindible para entender la Venezuela contemporánea. En sus obras de ficción, en sus artículos de opinión y otros textos periodísticos se puede rastrear la ruta de un país que se sucumbió al embrujo de Hugo Chávez y que hoy luce atrapado en un laberinto.

Su obra literaria le ha valido el reconocimiento de la crítica. Con la novela La Enfermedad obtuvo en 2006 el premio Herralde, mientras que en 2015 recibió el premio Tusquets Editores con la novela Patria o muerte, un relato cuyo telón de fondo es la Venezuela de un Chávez agonizante y unos personajes desconcertados por la escasa información sobre la salud del mandatario.

“Me interesa más saber por qué los venezolanos caímos en el hechizo de este tipo, qué hay en nuestra sociedad y qué hay en ese Chávez que funcionó. Por qué se dio esa relación de carisma tan impresionante”, reflexionó Barrera Tyszka.

En el 2004 había escrito junto a su esposa, la periodista Cristina Marcano, la obra Hugo Chávez sin uniforme, una aproximación biográfica al personaje que regía los destinos de los venezolanos y avanzaba hacia la construcción de lo que a la postre denominó el “Socialismo del Siglo XXI”.

Sus artículos de opinión, publicados cada domingo durante años en El Nacional, y desde hace unos meses en Prodavinci.com, diseccionan la narrativa que construyó el chavismo, su deriva autoritaria y la actitud cada vez más de negación de la realidad.

“El Gobierno decidió no ver la realidad, es una decisión política que tomaron, asumieron la negación claramente y poniendo la cara”, sostuvo.

En una conversación de casi una hora y luego de tres tazas de café, Barrera Tyszka apuntó que es “impresionante ver todo lo que ha entrado en la idea de normalidad de los venezolanos”. Aunque no tiene claro cómo será el final de la autoproclamada “revolución bolivariana”, anticipó que

«Cuando Nicolás Maduro no funcione más, su propio partido lo va a sacrificar para que continúe el proyecto con otra gente”.

-Hace poco usted escribió que el proyecto fundamental del Gobierno es el engaño, ¿Eso es sostenible?

-Uno de los grandes problemas que hay en el país hoy tiene que ver con el tema de la verdad, con saber qué es y qué no es verdad, que también tiene que ver con el tema de la información y las noticias.

«Hay mucha yesca seca como para que se prenda algo. Creo que en los venezolanos de lado y lado hay gran temor a eso, a que se desate una violencia que no se pueda controlar«.

El oficialismo estratégicamente ha convertido al Estado en una máquina de producción de mensajes, pero el ciudadano común está indefenso ante eso. En este país todo tiene dos, tres y hasta cuatro versiones.

En Venezuela la posibilidad de discernir y tener una verdad común para todos se perdió, fue devorada por la polarización.

-En un contexto así es muy fácil mentir día tras día…   

-Yo sí creo que una de las cosas que ha dejado clara el Gobierno es que se puede mentir y que desde la política se puede decir lo que sea, cualquier cosa, porque no importa. Esto produce una sociedad como la que tenemos hoy en Venezuela, que no tiene ningún sentido de la verdad, pero tampoco ningún sentido común porque todo tiene muchas versiones.

Aquí no hay certeza sobre qué es falso y qué es verdad, por lo tanto nunca se sabe muy bien qué es real y qué no lo es.

-¿Esa ceguera llevará al país a un barranco?

-Sí, el Gobierno decidió no ver la realidad, es una decisión política que tomaron. Asumieron la negación claramente y poniendo la cara. El Gobierno pretende hacer creer que no es culpable de nada y es experto en trasladar las responsabilidades a los supuestos enemigos externos e internos, e incluso al propio ciudadano.

«Hemos vivido tantos años al filo de la violencia política, como al borde de un estallido que nunca llega, gracias a Dios, porque este es un país y una sociedad muy armada y donde se ha legitimado mucho la violencia a través del discurso político«.

El socialismo del siglo XXl es un modelo que sólo existe si tienes un barril de petróleo a $100, porque es un modelo político que depende de la riqueza, sólo es aplicable si eres rico, cosa que es terrible para un país

-¿Cómo se puede contrarrestar ese relato oficial?

-Chávez descubrió y entendió muy rápidamente la importancia de la comunicación y tenía como hacerlo porque fue alguien cuyo nacimiento político provino de un golpe militar que fue un fracaso, pero un azar de la comunicación, de 15 ó 17 segundos, lo convierte en un héroe.

Por eso Chávez construyó una nueva hegemonía comunicacional y fíjate donde terminamos, es decir, el poder que tiene hoy el Estado en el control de los mensajes es asombroso, el Gobierno puede decidir qué es y qué no es noticia a través del control que tiene de los medios .

Por ahí el Gobierno tiene un control de lo que es verdad en Venezuela y eso es muy importante. Finalmente el Gobierno hizo y repitió lo que muchas veces en la cuarta república el poder hizo con la izquierda, la invisibilizó, la deslegitimó.

El chavismo ha despojado a la oposición de cualquier legitimidad; por tanto no le permite nada, ni siquiera aparecer como noticia, sino siempre como una mentira.

-¿Entiende la oposición venezolana esa realidad?

«Maduro está intentando darle una imagen de fuerza a su Gobierno porque no la tiene. Está poniendo a su lado a un uniformado que tiene armas, está en la calle y controla las colas. La está diciendo a la gente: no soy tan frágil».

-Es muy difícil ser oposición en Venezuela porque es enfrentarse al Estado y hasta la Fuerza Armada está en tu contra. Sé que la oposición ha tenido varias debilidades y que siempre hay agendas personales tratando de saltar y de sabotear la unidad, pero yo valoro más el esfuerzo titánico que han hecho para enfrentarse a esto.

Lo que me preocupa es que la oposición pueda construir un proyecto de país que sea independiente del chavismo y que tenga códigos culturales nacionales y populares propios.

-La sociedad también parece haber perdido la capacidad de asombro…

-Eso tiene que ver con el sinsentido de todos estos años y la pérdida del sentido común. Es impresionante ver todo lo que ha entrado en la idea de normalidad de los venezolanos, ya nos parece normal que aparezca un tipo en televisión en un programa con el Presidente de la República hablando de matar a otro, nos parece normal que tres de los funcionarios más altos del régimen tengan cada uno un programa en la televisión del Estado, pareciera que todo entra de lo normal.

«El venezolano está mucho más acorralado y claro que hay un problema de indefensión, pero que empieza ahí en el sometimiento a la crisis económica, porque eso es una humillación«.

Esto nos puede ayudar a entender cuál es la idea que los venezolanos tenemos de lo que somos nosotros mismos.

Siempre hemos tenido la idea de que nosotros los venezolanos somos unos tipos guerreros, rebeldes, corajudos e incluso creemos que salimos a exportar la independencia y resulta que es realmente asombroso ver cómo nos hemos sometido a la dinámica de las colas; es decir, esos exportadores de independencia ahorita hacen cuatro horas de colas para que les den una bolsita con comida.

Entonces, ¿Quiénes somos en realidad? Y eso tiene un poco que ver también con lo que asumimos con naturalidad y con normalidad.

-¿La sociedad, la gente, habrá aprendido algo de todo estos?

-Es muy difícil de precisar eso o saber hasta qué punto el venezolano ha aprendido o no. La gente piensa en términos de necesidad y economía, yo no creo que los venezolanos hayamos dado un salto cultural y ahora pensemos que el modelo chavista no sirve. Creo que más bien piensan que Maduro no es bueno, la gente quiere que se le resuelvan sus problemas concretos y que le cumplan algunas promesas. Yo creo que todavía seguimos en la dinámica populista.

Chávez volvió a resucitar esos grandes sueños de que somos un país rico, que no hace falta trabajar porque la riqueza está ahí y solo hay que saberla repartir.

-En buena medida el relato oficial lo construyó Hugo Chávez a imagen de sí mismo…

-Chávez fue un liderazgo personalista que sólo deseaba ser querido y convertirse en el eje central de la sociedad. Chávez era el yo te doy, es una narrativa también basada en ese yo, en yo que establece una relación de afecto porque te estoy dando a ti. Acuérdate de cómo hablaba Chávez, Maduro trata de imitarlo pero todo le sale mal.

La gente sentía que era Chávez el que se metía la mano en su propio bolsillo y le daba, eso reforzaba la idea de que por fin hay un pobre en el Gobierno y no hay que trabajar, sino que la riqueza está ahí y dependemos de un hombre bueno que nos la dé.

-Pero esa figura ya no está…

-A mí me interesa más saber por qué los venezolanos caímos en el hechizo de este tipo, qué hay en nuestra sociedad y qué hay en ese Chávez que funcionó. Por qué se dio esa relación de carisma tan impresionante.

Chávez fue un populista, un militar, un tipo autoritario y sigo pensando que él sólo creía en los militares y despreciaba profundamente el mundo civil. Creo que Chávez reinventó el caudillismo latinoamericano con todos los elementos de la modernidad, y ahí incluyó a los medios, la cursilería.

Chávez era un militar y a la vez un cursi. Es una imagen que a mí me sorprende mucho porque tiene el elemento de la autoridad militar sumado al showman y eso es un cóctel explosivo.

Hay una imagen que yo recuerdo y me parece sensacional, es un acto público, Chávez vestido de militar, cantaba una ranchera que llama “La gata bajo la lluvia”. Ese mismo hombre al que llamaban dictador, estaba con micrófono en mano cantando ´seré la gata bajo la lluvia y maullaré por ti´. Esa combinación explosiva y mediática produjo que Chávez fuera el personaje que fue.

Tuvo riqueza, tuvo talento comunicacional, tuvo carisma y no tuvo ningún escrúpulo, y eso también es una combinación muy fuerte.

-Hoy se acabó la bonanza y a esa figura carismática la ha sucedido Nicolás Maduro…

Ilustración: Victor Abarca.

-Maduro es un personaje para la tragedia. Él está ahí para recoger el fracaso de Chávez y administrarlo sin dejar a Chávez como culpable.

Él es un presidente que, aunque cambie el huso horario que Chávez modificó, es incapaz de decir que el comandante hizo algo mal, él no vive en La Casona porque ahí vive una hija de Chávez.

Maduro es un tipo que está ahí para proteger el nombre de Chávez para la posteridad, él es el gran guardián de Chávez para la posteridad, y si tiene que sacrificarse por eso, quizás lo haga.

Es difícil saber el destino de Maduro, aunque todo parece indicar que en el momento en que ya no funcione más, su propio partido lo va a sacrificar para que continúe el proyecto con otra gente.

-¿Por eso Chávez lo eligió como sucesor?

-A mi la pregunta de por qué Chávez eligió a Maduro me parece interesante; tengo la idea de que Chávez ya como enfermo terminal creía que podía sobrevivir a la operación, pero quedar quizás mal y eso probablemente pesó en su elección. Probablemente pensó de todos estos quién es el más leal si yo sobrevivo pero quedo choreto y dijo: es Maduro.

Maduro para Chávez representó la lealtad a su posteridad y eso pesó en su decisión, más que la cosa política.

-Usted ha dicho que Maduro renunció a la política para refugiarse en la fuerza, ¿Qué le resta a los ciudadanos en ese escenario?

-El venezolano primero está tratando de ver cómo sobrevive a la inflación, a la inseguridad y a la calle, antes de ocuparse de toda esta discusión que es más de la clase política.

Por esto el venezolano está mucho más acorralado y claro que hay un problema de indefensión pero que empieza ahí en el sometimiento a la crisis económica, porque eso es una humillación.

En el 2014 se desarrolló una política represiva por parte del Gobierno que ha definido los tiempos que vivimos hoy.

Ahí el Estado se convirtió en un ente que genera miedo y que ha llevado a la ciudadanía a una situación de sometimiento voluntario frente a ciertas cosas.

-¿Por eso los militares ganan terreno en el Gobierno y en la vida nacional?

-Maduro está intentando darle una imagen de fuerza a su Gobierno porque no la tiene. Está poniendo a su lado a un uniformado que tiene armas, está en la calle y controla las colas. La está diciendo a la gente: no soy tan frágil.

-¿Cómo imagina el final de esta historia que es la Revolución Bolivariana?

Ilustración de Victor Abarca.

-Me gustaría ver el final, que todavía no lo tengo claro, entonces no lo puedo imaginar, me gustaría que fuera sin violencia, pero a veces me cuesta, porque hemos vivido tantos años al filo de la violencia política, como al borde de un estallido que nunca llega, gracias a Dios, porque este es un país y una sociedad muy armada y donde se ha legitimado mucho la violencia a través del discurso político.

Entonces tenemos todos los ingredientes, hay mucha yesca seca como para que prenda algo, pero yo creo que en los venezolanos de lado y lado hay gran temor a eso, a que se desate una violencia que no se pueda controlar.

Por todo esto es que no tengo claro el final.

Fotos: Agencia de Noticias EFE.

El oscuro papel de las cabezas del Complejo Editorial Maneiro

“Cabezas” (por Hugo su director) y “Coronado” (por Luis, mano derecha del anterior) son dos apellidos de evocación cefálica que se revelan claves en una trama de negociados tejida alrededor de la empresa que el Estado venezolano creó en el 2013 para centralizar los suministros de papel imprenta importado a medios y editoriales. La privatización tras bambalinas de su razón de ser, se consuma a través de redes de parientes en funciones ejecutiva, manipulación de las tasas cambiarias, vínculos con intermediarios privilegiados, y otras maniobras que permiten comprobar que el papel aguanta todo.

Roberto Deniz, ArmandoInfo

El Complejo Editorial Alfredo Maneiro (Ceam) nació hace poco más de tres años. Enclavada en Los Flores de Catia, en el oeste de Caracas, en su sede se decide –mediante la asignación de provisiones de papel imprenta- la suerte que corren desde periódicos longevos a nuevas empresas editoriales.

Comenzó como un sueño del comandante Hugo Chávez”, relató una voz en off de un video institucional de la empresa. Si acaso fue un sueño presidencial, cristalizaría con cierto retraso. Porque el decreto que dio origen al nuevo ente se expidió cuando ya habían pasado dos meses del deceso de Chávez y cuando Nicolás Maduro escasamente completaba su primer mes como mandatario.

La partida de nacimiento del Ceam está en la Gaceta Oficial número 40.168 del 16 de mayo de 2013. Entonces quedó adscrito al Ministerio de Comunicación e Información (Minci) y alineado a la superestructura del Sistema Nacional Bolivariano de Información y Comunicación (Sibci), a cargo de la “producción, distribución y comercialización de diversos productos impresos, destinados a la información, divulgación, propaganda y publicidad, tales como: periódicos, libros, revistas, folletos, afiches y afiches desplegables, tanto para el consumo nacional como para la exportación”.

Por disposición presidencial, el Ceam también quedó facultado para participar en la “fabricación, comercialización, importación, exportación, modificación y restauración de insumos, partes, piezas y equipos de impresión y reproducción” justo cuando los periódicos independientes y la industria gráfica empezaban a tambalearse por la imposibilidad de importar papel y otros insumos por los retrasos de la antigua Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) a la hora de pagar los dólares.

Hugo Cabezas, presidente del Complejo Editorial «Alfredo Maneiro»

Era el comienzo de un negocio monopólico, manejado con opacidad y dirigido desde sus inicios por Hugo Cabezas, ex gobernador del estado de Trujillo, ex ministro del despacho de la Presidencia y ex director de la antigua Oficina Nacional de Identificación y Extranjería (Onidex).

“Hemos decidido simplemente abrogarnos y adherirnos al derecho que nos da el ser una sociedad anónima que simplemente se reserva el derecho de venderle papel periódico a quien consideremos sea nuestra prioridad, no prioridad de Hugo Cabezas, sino prioridad por el tiraje que tengan estas instituciones”, declaró Cabezas en abril del 2016.

El funcionario reaccionaba a la sorpresiva inspección a las instalaciones del Ceam realizada por diputados de la Comisión Permanente del Poder Popular y Medios de Comunicación de la Asamblea Nacional (AN), desde enero dominada por la oposición.

Pero en su respuesta no está toda la verdad detrás de las actividades del Ceam y del negocio del papel, que en Venezuela podría suponer más de 100.000 toneladas anuales.

Esta familia coronó

El control estatal de la importación de papel levantó un mercado paralelo o de bachaqueros, como reveló una investigación publicada en febrero del 2016 en Armando.info. (http://armando.info/historias/6011=el-papel-prensallega-a-las-redes-de-los-bachaqueros).

Nuevas evidencias permiten comprobar que no se trata de una simple distorsión espontánea en el sistema, sino de un esquema conectado a las cabezas del Ceam. Pero ni en febrero ni ahora, ese ente o el propio Hugo Cabezas han atendido a los llamados que solicitan respuestas sobre estas y otras irregularidades.

Propietarios de periódicos, empresarios de la industria gráfica, impresores y directivos de editoriales, reconocen que desde el año pasado irrumpieron en el mercado empresas “desconocidas” que ofrecían el papel importado por el Ceam.

Son varias y aparecen repentinamente intentando dejar pocos rastros. “Llamaban directamente a los dueños o jefes de compra de los medios”, aseguró un propietario de periódico.

Una de esas compañías fantasmales es Proyectos y Ejecuciones Guian C.A, domiciliada en Maturín, estado de Monagas.

El expediente de la empresa que yace en el Registro Mercantil indica que está dedicada a la “explotación mercantil del ramo de construcción de obras de ingeniería civil, movimientos de tierra, drenajes, proyectos, cálculos, estudios topográficos, urbanismo, puentes, pilotajes, mantenimiento básico de edificaciones, plazas, avenidas, vías rurales, plantas de tratamiento de aguas, viviendas, edificaciones industriales, obras civiles menores, refractarios, soldadura en general, electricidad industrial, transporte de equipos, productos, enseres y materiales, alquiler de vehículos, y transporte de personal, alquiler de todo tipo de maquinarias, servicios de mantenimiento y reparación de obras civiles, pintura, desmonte, reforestación y jardinería, recolección de basura, impermeabilización, mantenimiento y reparación química de tanques y en general cualquier otra actividad de licito comercio o relacionado con lo anteriormente descrito”.

Pero a finales del año pasado a las cuentas bancarias de Proyectos y Ejecuciones Guian C.A ingresó dinero proveniente de empresas necesitadas de papel prensa y otros tipos de papel traído por el Ceam.

Los depósitos no son casualidad. Proyectos y Ejecuciones Guían C.A está relacionada con Luis Coronado Viaje, hombre de confianza de Hugo Cabezas y directivo del Ceam hasta enero de este año, de acuerdo a los registros en línea del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS).

“Luis Coronado era la mano derecha de Hugo Cabezas”, coinciden varios empresarios que dependen de los despachos del Ceam. Los apellidos Coronado Viaje se repiten en uno de los socios de Proyectos y Ejecuciones Guían C.A. Se trata de Ana Coronado Viaje, quien actualmente es la vicepresidenta de la empresa.

El otro socio y presidente de la compañía es Luis Guillermo González Regardiz, que también tiene una sociedad con Luis Coronado Viaje, Raquel Coronado Viaje y Rubén José Coronado Viaje, los tres ligados al Ceam y Hugo Cabezas desde hace tiempo, en la Cooperativa Coronela Manuela Sáenz R.L.

La cabeza sabe lo que hacen las manos

Varios datos confirman la cercanía de los Coronado Viaje y Hugo Cabezas. Luis Coronado Viaje fue director de finanzas de la Gobernación de Trujillo en la gestión de Cabezas entre 2008 y 2012.

Raquel Coronado Viaje fue directora de recursos humanos de la Gobernación y Rubén José Coronado Viaje dirigió la Fundación Regional Niño Simón, dependiente del gobierno regional. Años después los tres llegarían al Ceam de la mano del mismo Cabezas. Raquel Coronado Viaje figuró como directora suplente del Ceam en la junta directiva que se oficializó el 22 de julio del 2013 (Gaceta Oficial 40.212), poco más de un mes después de que el entonces ministro de Comunicación e Información, Ernesto Villegas, designara a Hugo Cabezas como presidente del organismo recién creado.

Rubén José Coronado Viaje ingresó al Ceam el 1 de febrero de 2014, de acuerdo al IVSS, mientras que Luis Coronado Viaje, comenzó desde 2013 en la Oficina de Administración y Finanzas del Ceam, tal y como recoge la Memoria y Cuenta de ese año del Minci.

En enero del 2014 Nicolás Maduro nombró a Hugo Cabezas como ministro del Despacho de la Presidencia y Seguimiento de la Gestión de Gobierno. “He decidido convocar a un hombre que lo conocí hace muchos años en las luchas estudiantiles, sociales, y que fue un extraordinario ministro de la presidencia del presidente Hugo Chávez en su momento, se trata de Hugo Cabezas, ex gobernador de Trujillo, y le he dicho que asuma el ministerio de la presidencia”.

Su designación como ministro apareció en la Gaceta Oficial número 40.330 del 9 de enero de 2014. En cuestión de días, y en su doble condición de ministro y presidente del Ceam, tomó decisiones que beneficiaron a los Coronado Viaje.

El 22 de enero nombró a Raquel Coronado Viaje como directora general de la Oficina de Recursos Humanos del ministerio, el 31 de enero el Ceam pasó del Minci al Ministerio del Despacho de la Presidencia y Seguimiento de Gobierno – justamente bajo responsabilidad de Cabezas- y el 11 de febrero ascendió a Luis Coronado Viaje al puesto de director general de Operaciones del Ceam.

El bachaqueo por las coimas

De acuerdo al testimonio de los empresarios que prestaron sus testimonios bajo condición de reserva de sus nombres, el pago a Proyectos y Ejecuciones Guian C.A funcionaba como una especie de “coima” , “comisión” o “alcabala”.

El papel que trajo Maneiro comenzó a regarse, es el mismo fenómeno del bachaqueo” , sostuvo una de las fuentes consultadas.

Explicó que el precio del papel era “bastante más elevado” que el fijado por el Ceam, pero “más barato que calculado al dólar paralelo” , lo que hacía atractivo el intercambio. “En el último trimestre del 2015 comenzó lo del pago por fuera, las coimas”, insistió.

A Proyectos y Ejecuciones Guian C.A el negocio parece haberle funcionado. El 3 de diciembre del 2015 el capital de la compañía ascendió a 3,135 millones de bolívares –unos 3.000 dólares, al cambio paralelo del mercado negro-, un incremento de 2.222% con respecto a los135.000 bolívares –unos 135 dólares a la parida negra de 2016- con que se fundó el 3 de julio de 2007.

“Hubo periódicos que hacían negocios a través de Luis Coronado Viaje, tenía contactos con los periódicos”, reconoció un directivo de un medio impreso. A Luis Coronado Viaje se le contactó para conocer su versión, pero desechó esa posibilidad indicando que estaba fuera del país.

Un propietario de periódico también reconoció el esquema de reventa. “Nos llamaban empresas desconocidas ofreciendo el periódico, el papel importado por Maneiro, a un precio mayor al de Maneiro, pero menor al del mercado del dólar libre, ¿Cómo tenían acceso a ese papel?”, se preguntó.

Los intermediarios de Panamá y Miami

En el negocio del Ceam hay más intermediarios. Son los que adquieren el papel a las papeleras en el exterior, especialmente canadienses, y luego se lo revenden a la compañía estatal. “El Ceam no hace licitaciones internacionales”, precisó un empresario.

El registro fotográfico de la inspección que realizaron los diputados de la AN a las instalaciones del Ceam, arrojó algunas pistas.

En las etiquetas de las bobinas de papel almacenadas está el nombre de la importadora: Morichal Corp. Morichal Corp fue registrada en Panamá en el 2007 con un capital de 1 millón de dólares por el bufete Rodrigo Molina Ortega y Asociados, una firma legal que al estilo de la ya famosa Mossack Fonseca, cuyos documentos se filtraron en la investigación periodística Panamá Papers, se dedica al registro de empresas para clientes que buscan los beneficios fiscales del istmo.

Quienes hacen las veces de directores de esas empresas suelen ser empleados del agente registrador, quien cobra por ese servicio, pero siempre a nombre de un beneficiario final (beneficiary owner) que suele permanecer oculto.

En el Registro Nacional de Contratistas (RNC) venezolano, Morichal Corp aparece inscrita como una sociedad extranjera “sin domicilio ni filial en Venezuela” y apenas cuenta con un trabajador en su nómina. La persona de contacto y el nombre detrás del número telefónico venezolano que aparece en las facturas emitidas por la empresa panameña al Ceam, es Thierry Dumoulin Pereira.

En diciembre del 2014 el presidente del Ceam convocó a los empresarios de la industria gráfica a una reunión en el Hotel Eurobuilding, en Caracas, y les pidió “prepagar” en bolívares la importación de la mercancía que Dumoulin Pereira y Morichal Corp había negociado frente a los proveedores canadienses.

Las facturas prueban que en agosto del 2015 Morichal Corp vendió al Ceam “papel recubierto brillante (glasé)” por un valor de 1.195 dólares la tonelada y que en enero de este año le despachó papel bond de distinto “gramaje” en 1.250 dólares la tonelada, en una factura que suma casi 4,2 millones de dólares.

Aunque en los mercados internacionales los precios varían según las cantidades a comprar, las condiciones de pago, y la disponibilidad y procedencia del producto, varias fuentes consultadas coinciden en que esos precios de Morichal Corp son elevados.

“Esos productos comprados a las papeleras debieron salir entre 600 y 800 dólares por tonelada”, apuntó una fuente.

Carlos Prosperi, uno de los diputados que visitó en abril de este año las instalaciones del Ceam como integrante de la Comisión Permanente del Poder Popular y Medios de Comunicación, también sospecha que los intermediarios encarecen la compra.

“Lo que llegamos a creer y presumir es que hay un gran sobreprecio y por eso se les compra a los brokers e intermediarios, y no directamente a los molinos en Chile o Canadá”.

Morichal Corp no estaba en el negocio, asumió eso por contactos con el gobierno”, señaló otro de los empresarios de la industria gráfica nacional.

El historial empresarial de Thierry Dumoulin Pereira, muestra que durante años ha sido proveedor de numerosos organismos públicos mediante la Asociación Cooperativa La Fuente 4598699 R.L, de la que fue socio fundador en el 2004.

Según el RNC, entre 2005 y 2011, esa cooperativa -cuyo promedio anual de trabajadores es de apenas 5 personas- suministró a entes como el Ministerio de la Defensa, el Ministerio de Interior y Justicia, el Seniat, la Alcaldía del Municipio Libertador, la Universidad Bolivariana y la Corporación Venezolana de Petróleo, entre otros, productos de limpieza, papel higiénico, electrodomésticos, equipos electrónicos y aires acondicionados.

También se encargó de realizar obras como la “recuperación de la plaza Martí” en el centro de Caracas, la construcción de un galpón en la instalación militar de Fuerte Tiuna y la “recuperación integral de módulos de Barrio Adentro”, por citar algunas.

De acuerdo al expediente que reposa en el Registro Público, Dumoulin Pereira renunció a la Asociación Cooperativa La Fuente 4598699 R.L en marzo de 2010. No obstante, en el IVSS está registrado como trabajador de la cooperativa desde el 8 de abril del 2016.

Las oficinas de la Asociación Cooperativa La Fuente 4598699 R.L y Morichal Corp, el proveedor de papel para el Ceam, también parecen estar conectadas por su ubicación. Ambas están en el piso 14 de la Torre Miranda del Edificio Multicentro Empresarial del Este, en Caracas.

Además de Morichal Corp, el Ceam le ha comprado papel prensa, al menos, a otro intermediario. Se llama FS Paper Trading, está domiciliado en Coral Springs, en la ciudad de Miami, y su propietario es el venezolano Frank Siegel, relacionado con una familia que durante años se ha movido en el negocio de la importación de papel prensa.

De acuerdo a una factura emitida por la papelera canadiense Resolute Forest Products, FS Paper Trading compró en agosto del año pasado 4.010 toneladas de papel prensa en 600 dólares cada una destinada para revender al CEAM.

“Tanto que criticamos al imperio, tanto que hablamos de los Estados Unidos y resulta que el Complejo Editorial Alfredo Maneiro le está comprando a unos brokers que están dentro de los Estados Unidos, lo que nos lleva a pensar es que hay un gran negocio con el papel prensa”, criticó el parlamentario.

Aunque las restricciones económicas de Venezuela han obligado a numerosas empresas a trabajar con la figura de los intermediarios para poder comprar en el exterior, los manejos del Ceam levantan sospechas en el sector.

Si se trae el producto de Canadá, por qué lo negocian con un trader en Panamá o en Miami. ¿Qué molinos hay ahí para comprar el papel periódico en esos países?”, observó uno de los empresarios consultados.

Añadió que una compañía que atiende la demanda de unos 150 periódicos, entre estatales e independientes, podría negociar directamente con las papeleras mejores precios sobre la base de ese volumen.

Propietarios de periódicos que han logrado comprar papel prensa al Ceam, indicaron que en los últimos meses el precio rondó los 20.000 bolívares por tonelada, pero Hugo Cabezas anunció en marzo pasado que la tonelada de papel prensa se elevaría a 47.754 bolívares, debido a los efectos de las sucesivas devaluaciones del bolívar.

“Sabemos que de acuerdo a las últimas facturaciones de Maneiro, el kilogramo de papel estaría en 42 bolívares; cuando uno multiplica y divide eso, nos da un monto por el orden de 4.000 y pico de dólares por cada tonelada, es un monto exorbitante” , denunció el diputado Prosperi.

Jugando con el diferencial cambiario

El desconcierto cambiario de la economía venezolana, le ha permitido al Ceam jugar con los precios y cotizaciones para sus clientes.

“Nosotros importamos a 13 bolívares y nacionalizamos a 200 bolívares”, dijo Hugo Cabezas, según reseñó el Correo del Orinoco el 2 de marzo de este año, tras reunirse con algunos dueños de medios impresos y anunciar ajustes en los precios de la tonelada de papel prensa.

Pero las Declaraciones de Aduana (DUA) relacionadas con las facturas de Morichal Corp, incluyendo una de enero del 2016, muestran que el tipo de cambio utilizado para nacionalizar la mercancía fue el preferencial de 6,30 bolívares por dólar. Los empresarios de la industria gráfica lo saben.

A finales del 2014 acordaron con el Ceam “prepagar” en bolívares una mercancía al tipo de cambio de 6,30 bolívares por dólar. La carga debía llegar en los primeros meses del 2015, pero no fue sino hasta agosto de ese año cuando empezaron a recibir parte de los pedidos.

Para entregar la mercancía, el Ceam exigió el pago de un diferencial que estaba asociado al uso de un nuevo tipo de cambio en la importación, aunque el producto fue comprado a 6,30.

“Inicialmente el papel se compró a 20 bolívares por kilo, pero luego recalcularon a más de 40 bolívares por kilo. Según la Declaración de Aduana se adquirió a 6,30, no se justificaba el aumento, aunque aún era a un precio por debajo del dólar paralelo”, detalló uno de los empresarios que participó de la negociación.

Las cotizaciones envidas por el Ceam a las compañías muestran que en diciembre del 2014 la tonelada de papel bond se había fijado en 18.765 bolívares y que para julio del 2015, cuando el Ceam comenzó a entregar la mercancía, el precio de los mil kilogramos de papel bond se había disparado a los 44.286 bolívares.

Mientras decenas de periódicos han dejado de circular definitivamente en los últimos meses y otros tantos han sufrido recortes en su circulación. o se han visto obligados a reajustar su diseño para sobrevivir en el mercado, el rol oficial del Ceam en el manejo del papel prensa continúa.

En septiembre llegarán al país poco más mil toneladas de papel prensa que Morichal Corp, el intermediario registrado en Panamá, compró en Canadá como parte de una negociación que alcanzaría las 30.000 toneladas para abastecer el mercado en los próximos meses.

Imágenes vía web.