El extraño caso de la arepa de los mil bolos

Esta fotografía no es de la arepa que realmente me comí con remordimiento y dolor de cartera. Es cortesía de la revista bienmesabe y la tomó Patrick Dolande.

Arnaldo Espinoza, El Estímulo

 Miércoles. 11 am. Saliendo de diligencias de la Universidad Central de Venezuela. No había desayunado. De repente, haciendo el camino mental a mi oficina pasé por Las Mercedes. ¡Una arepa!. Barata y resuelta. Al menos eso pensaba.

Al llegar al sitio fui, robóticamente, a la caja. He estado allí mil veces, nunca un miércoles y creo que nunca con sol. ¿Qué comprar? Es una batalla que llevaré hasta el final de mis días. Nada sabe tanto a mi infancia como una de queso de mano. Pero a medida que he ido ganando años, la “rumbera” (Pernil y queso amarillo) se ha ido llevando parte de mi corazón. Decido, basándome en que es mi des-almuerzo: el cochino gana la batalla.

Allí pasó algo que no me había imaginado. Al pagar me dijeron que eran 790 bolívares. ¡790 bolívares! Con el sueldo mínimo sólo podría comprar 9. Si lo calculo a dólar oficial son ¡125 dólares! Ni las arepas moleculares de Richard Blais cuestan tanta plata.

¿Qué pasó aquí, mi pana? Pregunto a los encargados. Que la harina de maíz ya no llega por los canales regulares, que los queseros les están subiendo el precio a la mercancía semanalmente, que el pernil es carísimo (siempre ha sido caro).

Pero me impactan más las diferencias: Una viuda (la arepa sola), cuesta 30 bolívares. Y de allí, un salto de garrocha que haría palidecer a Robeilys Peinado. La siguiente en la lista (la de mano, precisamente) son 450 bolos. 15 veces más cara.

La reina también pisa las 8 tablas y la de dominó ni siquiera está listada, no vaya ser que el kilo de caraotas a mil bolos pueda causar una reacción adversa en el estómago. Pido un favor raro, pesar la arepa: 200 gramos de relleno te encarecen el plato típico venezolano hasta a 30 veces su valor sin relleno. Menos mal que aún no cobran la mantequilla.

Es un fenómeno que he estado viendo desde hace tiempo. El valor de las cosas se volvió loco. Con lo que pago un refresco de lata, compro litro y medio de té pasteurizado.

Una lata de diablitos es más cara que una de atún regulado. Y, bueno, la típica comparación agua-gasolina, que se hace aún peor cuando, como en Caracas, no se consigue agua y el que la tiene te la quiere vender por lo menos al doble del precio “justo”.

¿Cómo hace una sociedad que no controla sus precios, que un teléfono celular de última generación te puede pagar un carro usado?

Ayer alguien me decía que en una isla de las Antillas donde no se consigue nada, realmente hay de todo, pero en dólares. ¿Será ese nuestro destino?

Así es el fraude eléctrico venezolano

Un exempleado de la compañía norteamericana ProEnergy coloca a la luz pública miles de comunicados, presupuestos y órdenes de compra-venta de una presunta operación fraudulenta que involucraría a la empresa Derwick Associates

Nicolás Robles Lecuna, Newsweek

No es un email filtrado. No hablamos de alguna correspondencia sobre un pequeño “chanchullo”, de esos típicos venezolanos. No es “me contaron” o “escuché”.

Aquí, de ser cierto, nos referimos a algo monumental. Algo masivo. Algo descarado, escandaloso: un insulto a la nación. Documentos tras documentos tras documentos… facturas encima de facturas y más facturas… precios que se alteran.

Compras de equipos eléctricos usados como si fueran nuevos. Por situaciones como ésta, entonces se entiende un poco más sobre la situación del caótico sistema eléctrico nacional.

Tras varias semanas de intenso estudio por parte del equipo de analistas de Newsweek En Español Venezuela, la conclusión es una sola: alguien se salió con la suya… y no fueron los ciudadanos venezolanos, quienes sufren de apagones a diario.

Esta historia es narrada en primera persona por Daniel Rosenau, norteamericano quien trabajó como ejecutivo de ventas de una compañía llamada ProEnergy, con base en Sedalia, Missouri.

Un mal día, este señor descubrió –usando no más que la lógica- que la compañía para la cual trabajaba en ese entonces tenía prácticamente un solo cliente: Derwick Associates, de Venezuela, fundada por Alejandro Betancourt López y Pedro Trebbau López.

Entre el 2009 y el 2012, ProEnergy facturó a Derwick más de 2 billones de dólares.

Cuando intentó buscar información sobre Derwick en Google, pues se dio contra una pared. Las páginas estaban bloqueadas por el departamento de tecnología de su propia empresa. Ahí comenzó a pensar que algo estaba pasando… y esto fue lo que descubrió.

A continuación, el testimonio público de Daniel Rosenau

“Estoy dolorosamente consciente de la malversación de fondos y sobrefacturación que se relaciona con el sector energético de Venezuela, dado que hasta hace poco fui empleado de la compañía ProEnergy Services, ubicada en Sedalia, Missouri.

ProEnergy fue la contratista responsable de la construcción de una docena de plantas de energía, mediante tratos que involucraban sobrefacturaciones en bruto, múltiples transacciones offshore, y una turbia asociación con Derwick Associates, un grupo venezolano sin experiencia alguna en la construcción de plantas de energía.

Estoy haciendo público y disponible más de 10 GB de material; documentos que provienen directamente del disco duro de la empresa. Los metadatos de cada documento se pueden conectar directamente a las computadoras de Pro-Energía. Mi esperanza es que los datos adjuntos permitan exponer este fraude multimillonario.

”Entre los años 2009 a 2012, ProEnergy facturó prácticamente a un solo cliente una suma aproximada de 2 billones de dólares. El cliente es Derwick Associates.

Nuestra compañía vendió más de 1 billón de dólares en turbinas (la mayoría de ellas usadas o reconstruidas, pero vendidas como nuevas) para Derwick, que –apenas horas más tarde- las revendió al gobierno de Venezuela, a través de entes como el Ministerio de Energía, la Corporación Venezolana de Guayana (CVG). PDVSA y SIDOR.

Además de las ventas de turbinas a Derwick, ProEnergy construyó las centrales eléctricas que Derwick mercadeaba como de su propia fabricación, y por las cuales ambas compañías sobrefacturaban al gobierno venezolano por cientos de millones de dólares.

Según el diario The Wall Street Journal, Derwick se encuentra bajo investigación criminal por autoridades federales, además de autoridades locales en New York (Esto condujo a que Derwick contratase inmediatamente los servicios de Adam Kauffman, antiguo jefe de la división de investigaciones de la Fiscalía de Manhattan, quien ya representa a varios funcionarios del gobierno venezolano, que presuntamente malversaron cientos de millones de dólares).

Trabajando en el departamento de ventas de ProEnergy, me di cuenta de que la compañía había incursionado en negociaciones “sucias”, cuando un grupo de venezolanos con buenas conexiones, decidió ignorar y no comprar a fabricantes de equipos originales (OEM, siglas en inglés) como Rolls Royce, Pratt & Whitney, y General Electric. En cambio, usaron ProEnergy como un intermediario. En otras palabras, un intermediario utilizando otro intermediario.

Inexplicablemente, el departamento de Información y Tecnología de ProEnergy había bloqueado el acceso a sitios de Internet que pudieran referirse a la empresa Derwick.

Cuando busqué en Google “Derwick” y “corrupción”, las páginas estaban bloqueadas. Esto agitó mi curiosidad y por eso exploré el disco duro compartido de la computadora de la compañía, en busca de información relacionada con el término “Derwick”.

Lo que encontré allí me impactó: docenas de propuestas de venta para Derwick; generadores, plantas de energía, mejoras a estas plantas. Era realmente extraño, dado que ProEnergy NUNCA ha construido una planta de energía en los Estados Unidos (ProEnergy no cumple con los estándares americanos, por lo que tiene oficinas en lugares como Angola, Argentina, Pakistán y Venezuela).

Sorprendentemente, las propuestas de ProEnergy reflejan un margen de ganancia que va desde 20 hasta 74%. En mi sector, el margen de beneficio por lo general oscila entre el 2 y el 5%. Estos precios reflejaban que alguien estaba siendo estafado. ProEnergy sobre facturaba a Derwick.

Mi sensación de incredulidad aumentaba mientras leía. Descubrí documentos, borradores en papel membretado de Derwick. ProEnergy estaba redactando las propuestas y la preparación de las facturas que Derwick envió a clientes venezolanos por el mismo equipo descrito en las propuestas a Derwick de ProEnergy. Esto incluyó las facturas reales de Derwick a las empresas estatales de Venezuela como PDVSA.

Todas estas facturas, todos estos documentos y archivos con los que Dewrick negociaba, eran escritos y preparados por ProEnergy en Sedalia. En algunas de las facturas de Derwick, las instrucciones de pagos vía transferencias fueron a cuentas bancarias pertenecientes a ProEnergy. Algunos para el banco offshore Davos International y otros a JP Morgan en Nueva York.

Cuando me enteré de que los propietarios de Derwick apenas habían salido de la universidad y eran amigos del hijo del ministro de Energía Eléctrica, entendí por qué ProEnergy había preparado las facturas de Derwick: porque nuestros clientes venezolanos de Derwick (veinteañeros en su mayoría) sencillamente carecían de conocimientos técnicos.

Después de todo, ¿cómo puede una persona redactar una factura por un producto sin ningún conocimiento sobre el tema en cuestión?

Sorprendentemente, estos documentos preparados por ProEnergy -y supuestamente de Derwick- también revelaron descomunales márgenes de ganancia, muy por encima de los precios que ProEnergy le cobra a Derwick.

Así, un artículo como un conjunto de tres turbinas FT8 Swift Pac, comprados por ProEnergy a Pratt y Whitney, por $67.5M se vendieron un día después por $78M a Derwick, que luego las vendió -dos días después- a estatales venezolanas por $97.5M.

Y así, en cuatro días, un artículo con un precio de venta de $67.5M tenía un sobreprecio de $30M añadidos por ProEnergy y por Derwick Associates.

En otro caso, tres turbinas Rolls Royce Trent 60, adquiridas originalmente por $66M, fueron vendidas a Derwick por $79.3M, que a su vez las revendió horas más tarde por $97.5M, añadiendo otros $ 31M de lucro para Derwick y ProEnergy.

Al igual que estas operaciones hay decenas de transacciones inimaginables, que van de desde piezas de repuestos, presupuestos de construcción de turbinas, generadores, transformadores; costos de transporte y entrenamiento de personal. Detuve mi cuenta de todas las facturaciones al llegar a los 2 billones de dólares.

Un colega me dijo que el FBI había visitado ProEnergy en varias ocasiones. Fue como una tortura, semana tras semana, sabiendo que ProEnergy estaba robando una nación donde la pobreza y la delincuencia están desatadas. Pasé noches sin dormir pensando qué hacer. Pero una serie de despidos en toda la empresa resolvieron mi dilema inmediato.

La verdad es que sin la entrada de dinero proveniente de Venezuela, ProEnergy sufrió una fuerte crisis de liquidez. Tanto es así que la compañía Acon Investments de Washington DC, realizó una inyección de capital a ProEnergy. Acon está dirigido por Bernard Aronson, designado por Obama para América Latina.

Pasaron los meses y compartí información con el periodista venezolano César Batiz, quien verificó el material y permitió que un blogger publicara algo del material en Scribd.

Las revelaciones acerca de las actividades de lavado de dinero de los funcionarios de Venezuela en la  explicarían por qué los funcionarios estatales venezolanos acordaron sobre pagar a Derwick y ProEnergy.

Es desalentador que los ejecutivos del sector energético estadounidenses se muestren con tal avaricia que rápidamente han tomado parte en el saqueo a Venezuela.

Mi esperanza es que al salir públicamente con esta información, otros de mis antiguos colegas den un paso al frente y alerten sobre este escándalo internacional que involucra a Venezuela y también a Missouri.

Me han informado que Derwick Associates ha presionado a numerosos bloggers en Venezuela y fuera de sus fronteras, además de periodistas reconocidos”.

Manual para cuando te secuestren

 

Olga Krnjajsky, Noticiero Digital

El primer secuestro a mi familia ocurrió en 1998 cuando dos de mis hijas fueron a la panadería con el carro nuevo.

Que el carro fuera “regulado”, sin vidrios eléctricos ni otras virguerías significó que las “botaran” apenas una hora después a pocas cuadras de donde las atracaron.

El ladrón tuvo la cortesía de permitir que mi hija negociara con él la virgencita de su collar. Y luego tuvo el coraje de llamar a mi casa para pedir rescate por el carro y para “reclamarnos” que hubiéramos hecho la denuncia.

Creímos que eso era lo peor…

El segundo le ocurrió a otra de mis hijas cuando, iniciándose en Derecho Laboral, los sindicalistas de una planta, “secuestraron” al equipo de abogados, con ella incluida, durante varias horas.

El tercero ocurrió en 2009 y fue el pionero de la modalidad de “secuestros colectivos”. Es decir, un equipo completo de entre 15 y 20 personas secuestró completo al edificio. En aquella oportunidad escribí la crónica de la terrorífica experiencia en ¡Secuestrados!

Y este viernes 29 de mayo, a media cuadra de mi casa, exactamente a las 11.20 pm de regreso de una cena con unos amigos, fuimos bruscamente interceptados.

Del carro que nos interceptó por delante salieron dos individuos con armas largas, del de atrás no sé cuántos; nos sacaron y en menos de un minuto, en una operación flash, unos se llevaron nuestro carro y otros nos metieron a empellones en el otro carro, mi esposo y yo en el medio con cuatro secuestradores… y empezó la odisea.

Unos minutos más tarde, el cuarto secuestrador se mudó de carro a otro de la banda y quedamos tres secuestradores y mi esposo y yo.

No iré a los detalles del horror, del miedo, de la conciencia de absoluta indefensión. Solo compartiré lo que, para lo que pueda servirles, son datos útiles en la nada descartable opción que se vean en el trance.

Hoy mismo, ¡ya!, ahora

1. Establezca y acuerde los familiares o amigos a quienes contactarán en caso de ser secuestrados. Es probable que los secuestradores llamen a más de uno simultáneamente. Lo harán además desde los teléfonos de los secuestrados –el suyo- y el receptor de la terrorífica llamada sabrá que no es falso.

2. Los contactos que establezca deben tener a su vez los datos de los otros “contactables” para que puedan estar en comunicación entre ellos sin que los secuestradores sepan. Nunca más de dos. Diga que sus amigos son unos pelabolas. Que sólo el que le dio primero podría hacer algo. Si la presión es mucha, dé el segundo.

3. Preparen “el guión” que regirá la información sobre ustedes mismos y sobre sus contactos. Deben coincidir en TODO. Lo que diga usted y lo que digan sus contactables. Cualquier inconsistencia se traduce en amenazas, agresión y violencia para con los secuestrados. Estos datos son:

* Ocupación (de qué viven).

* Tipo de vivienda que ocupan usted y sus contactos (edificio con vigilante no         les resulta atractivo).

* Enfermedades que podrían dañar “la mercancía”. Sí… usted el secuestrado es la mercancía y sus contactables deben decírselo al negociador. Ten cuidado que el señor es cardíaco, o que acaba de salir de una operación… algo. Lo que acuerden.

* Les harán mencionar varios familiares o amigos.

Manténganlo simple

Cuanto más simple, mejor. Mejor la profesión que la empresa donde trabaja (ingeniero, economista, profesor). El vocabulario de los secuestradores es muy reducido y con él, su capacidad de razonamiento y entendimiento.

De las profesiones menos apetecibles, la de profesor, por razones tristemente obvias, resulta en una demanda de rescate baja.

Empleado también impone limitación de ingresos.

Jubilado… ¿tengo que explicarlo?

Por el contrario, la demanda de rescate aumentará si usted dice que tiene un negocio o que lo tiene su contactable. Téngalo muy presente.

4. Apréndase de memoria esos teléfonos. En mi caso ocurrió que mi teléfono se cayó en nuestro carro y ¡oh desgracia! , mal-acostumbrada a confiar en mi aparato no me sabía de memoria los teléfonos. Afortunadamente mi esposo sí y eso nos salvó.

Durante el secuestro

Sepa que los secuestradores también tienen su guión. Uno hace de malo, muy malo, otro hace de bueno (¿?) y el otro no quiere paja sino plata.

Este último es el negociador. Si son secuestrados en pareja, como nuestro caso, la emprenderán contra uno, para que el otro “colabore” ante las amenazas horribles que se repetirán durante “la película” como definen entre ellos el secuestro con sus secuaces.

La primera demanda de rescate es astronómica. A nosotros arrancaron pidiéndonos $50.000, joyas, Rolex (¿aun existen?). Sin descorazonarlos, debe establecer que esa cifra es simplemente inalcanzable pero creen que sus contactos “algo podrán conseguir”. Pero también debe decirles que no está al cabo de saber cuánto pueden recoger.

Mantenga la cabeza baja. SIEMPRE.

Cualquier movimiento debe ser anunciado ANTES (tengo que enderezarme un poco, voy a acomodarme… pida permiso antes de hacerlo).

No haga drama. Los asusta, los pone nerviosos y agresivos y eso no le conviene.

No haga bravuconadas. Ellos están al mando, armados, y lo superan en número y determinación. No aspiran a pasar de los 40 años. Usted sí.

Hable despacio y en frases cortas de lenguaje básico. El “hombre nuevo” no maneja las frases coordinadas.

Lo llevarán a recorrer la ciudad. De norte a sur, de este a oeste. Del Cementerio a Petare. La Libertador. La Cota Mil. La autopista. Y vuelta a repetir el circuito. Durante horas. Le dolerán músculos que no sabía que tenía por la postura antinatura que le obligarán a tomar. Les taparán la cabeza y respirar será una hazaña. Sí. También tendrá que pedir permiso para respirar cuando se sienta asfixiado.

A sus contactables los llamarán cada 15 minutos para darles tiempo a “recoger” el rescate.

A su vez, el contacto deberá pedir por usted para saber si están bien para seguir con la negociación.

Cuando le pongan a su amigo al teléfono, sea breve. “Sí Fulano, estamos aquí”. No invente argucias ni claves porque Venezuela no es Hollywood.

Hábleles a los secuestradores de la “condición” de su contacto. Es una persona mayor… está enfermo… a su esposa la operaron… Todo lo que les dé la tranquilidad de que su contacto no llamará a la policía o sobre todo de que él mismo sea una amenaza para ellos.

Cosas con las que deberá lidiar durante y después del secuestro

* La culpa: usted escuchará a los secuestradores amenazar y amedrentar a su familia o amigo. Sabrá a ciencia cierta que los contactados padecen con usted todo el secuestro pero a ciegas y sabe cuán injusto es que tengan que lidiar con el horror del temor a equivocarse y arriesgar las vidas de los secuestrados. Es decir, la suya. Adicionalmente, estará penosamente consciente del miedo que habrán de pasar para la entrega del rescate sin garantía alguna que el pago se traduzca en liberación.

Uno allí, con la cabeza tapada, sumará al suyo, el miedo por el amigo. Uno sintiéndose culpable por lo que los amigos están pasando por “culpa” de uno.

No es fácil…

* Dar las gracias: sépalo. No habrá forma que JAMÁS pueda usted agradecer a su familiar o amigo. En nuestro caso, sin familia aquí, fueron nuestros amigos. Una deuda de Vida. Literalmente. Saber que nuestros amigos tuvieron que recibir la llamada de madrugada que nunca significa nada bueno, llamando ellos a su vez a otros amigos, a sus hijos, a sus vecinos, a otros familiares para levantar la cifra. Sabiendo cuán injusto darles la carga de que nuestra vida estaba en sus buenos oficios.

100 dólares por aquí, 420 por allá, 310 más allá. 50 euros, 3.000 bolívares ¿Cuánto llevamos? El que no tenía nada sintiéndose aún peor por no tener nada que aportar. Suma. Suma. Esperar la llamada de los secuestradores. Temer lo peor si la llamada no llega a los 15 minutos.

Dato importante: la cifra NUNCA debe ser redonda para que los secuestradores entiendan que la colecta es de pequeños montos de mucha gente.

No. Jamás podrán agradecerles suficiente.

La llamada del secuestrador

¿Cuánto tienes?

– Llevo tanto.

– Busca más.

– No tengo de dónde.

– ¿Qué te pasa maric@? ¿Quieres que los mate? Porque los voy a matar. -A gritos-. ¿Me oíste mmg?

– Déjame hacer otra llamada… ya no sé a quién llamar… espera me falta una persona.

– Así está mejor. Te llamo en 15 minutos.

Esa negociación se repetirá con tantos amigos suyos como hayan contactado. (de ahí la importancia que sus contactables puedan comunicarse entre ellos). Usted las vivirá todas. Y escuchará a sus secuestradores “evaluando” si lo recolectado basta. Si su amigo miente, pichirrea, les toma el pelo o peor aún, si está contactando a la policía.

La evaluación del precio de su vida está en manos de unos secuestradores cuyo vocabulario no llega a 200 palabras.

Es una certeza arrechamente desmoralizante.

¿Existe manera humana de corresponder el gesto más sublime de amistad de esos amigos que negociaron y salvaron tu vida?

No. No la habrá. Sepan que la Vida no les bastará para agradecerles la vida. Asúmanlo y honren la amistad.

El pago de rescate

Ese será otro episodio que le atormentará mucho…y por mucho tiempo. Una vez que los secuestradores estimen que no van a sacar más, indicarán a su amigo dónde ir. Lo harán identificar su vehículo y usted sabrá que lo están siguiendo y hablando de él.

Evalúan si están solos o si alguien los sigue.

Usted será mudo e impotente testigo de las órdenes que recibe. Le indicarán si acelerar o reducir la velocidad. Le indicarán el rumbo a seguir, la salida que debe tomar. Le dirán amenazantes.

– No vayas a colgar.

Le pedirán que baje los vidrios. Un momento de terror cuando nuestro amigo dice que sus vidrios de atrás no bajan. Usted imaginará a su amigo manejando y con el teléfono pegado a la oreja tratando de cumplir las órdenes.

– ¿Quién cñ está contigo, ah? ¿Quién es ese?

– Es mi sobrino, tranquilo.

– Avisaste a la policía, ah? ah?

Imagina a su amigo tranquilizando al secuestrador.

– Chamo, aquí hay dos patrullas.

– ¡Verga, hay patrullas!

– Sigue, no hagas nada raro (es una amenaza). Coge el canal de la izquierda. Pásate a la derecha. Suavecito… ¡te dije que suavecito wbon!

– ¡Párate! ¡Párate! Saca la funda con los reales y ten la mano estirada afuera.

Sentirá el acelerón desquiciado por un lado, sentirá simultáneamente el ruido del arrebatón con el golpe de aire que le entra, el negociador ordenando a su amigo marcharse acelerando y el grito de triunfo con el primer rescate en sus manos.

Se repetirá una escena similar con los contactos a quienes decidan llamar los secuestradores.

Usted se preguntará muchas veces cuando los van a dejar. Si los van a dejar salir con bien. Si el rescate los satisfizo.

Uno de los secuestradores contó billetes y puso 1.000 bolívares en el bolsillo de mi esposo “para que agarren un taxi”.

Créanme, a las cuatro de la mañana no hay taxis. Los protagonistas de la madrugada son otros.

Nos soltaron en La Campiña. Desorientados, mareados y asustados y sin seguridad que el tiro llegara por la espalda. ¡NO VOLTEES CARAJO! Caminamos hacia donde nos indicaron y resultó ser la Libertador. Vi llegar una camioneta y le hice señas. No culpo al conductor por acelerar y marcharse a toda prisa a pesar que me puse en la mitad de la calle.

Detrás de ellos llegó una moto con parrillero.

Una nueva angustia al pensar que si eran ladrones, no teníamos nada. Resultaron ser dos buenos hombres… o dos hombres que vieron que ya no había nada que quitarnos. Nos prestaron su teléfono para llamar a nuestro amigo que vive cerca.

Justo les estaba agradeciendo que fueran los ángeles de nuestra pesadilla cuando en su cara se pintó el terror. Corrieron a su moto. Cuando me giré, cinco individuos venían caminando hacia nosotros. Pensé en aquella cuña de Gillette “Lo que a la primera se le pasa, la segunda lo repasa”. Nos sentimos tan, pero tan vulnerables, tan a la buena de Dios…

Cuando se tiene miedo, no se tiene más nada. Solo miedo.

Resultaron ser cinco hombres que volvían de algún trabajo… tan asustados ellos de la noche, como nosotros de ellos. Nos cruzamos. Ni una palabra.

Miedo en estado puro.

Caminamos hasta Pdvsa La Campiña.

Nuestro amigo llegó unos minutos más tarde. Sentarnos en su carro es la experiencia más cercana de entrar al cielo que vaya a tener jamás.

A 48 horas del evento, estoy como si me hubieran vaciado.

¿Llorar? No he podido. Yo que soy de lágrima fácil, no he podido llorar. Pero tampoco puedo reír. Sonreír es un esfuerzo sobrehumano.

Le decía a una de mis hijas, que me iba a convertir en Amish. Así tendré leche fresca todos los días sin hacer cola, no tendré que recordar ningún número porque no usan teléfono, y en vez de carro, andaré en carreta. Pero lo más importante: no tendré miedo de mis semejantes.

Pero soy venezolana en Caracas. Ya no tengo carro, ni tengo teléfono, tengo miedo de mis semejantes y tengo una deuda inmensa con mis amigos. Espiritual y monetaria.

Lo otro que nos quitaron no queda a la vista como una herida que impresione a nadie. Es un roto por dentro.

Otra vez.

 

Cubanos en Venezuela: los persigue la revolución

Más allá de la cifra de 46.000 cubanos que el gobierno exhibe orgulloso como servidores públicos, ¿qué hay de las historias humanas? ¿Cómo son sus condiciones de vida? ¿Cuáles han sido las dificultades que han enfrentado para adaptarse a la cultura local? Estos inmigrantes temporales lo que sí tienen claro es que su futuro es tan incierto como el de la revolución.

John Manuel Silva, Clímax

El 30 de octubre del 2000, el ex Presidente Hugo Chávez Frías firmaba el Acuerdo Integral de Cooperación Cuba-Venezuela. Se estaba concretando así una vieja simpatía ideológica que el fallecido líder de la revolución bolivariana siempre tuvo hacia la dictadura comunista de Fidel Castro, desde sus tiempos golpistas y más atrás, desde que protagonizó en el Samán de Güere una folklórica reedición del juramento de liberación de la Patria de Simón Bolívar.

Los temores de cierto sector opositor, que acusaba al gobierno bolivariano de querer instaurar en Venezuela un régimen similar al que en la isla prosperaba desde 1959, parecían al fin tener base concreta, ya que hasta ese momento las relaciones entre la recién iniciada revolución venezolana y la jurásica antillana se mantenían dentro de cierta simpatía inofensiva, que no iba más allá de encendidas proclamas públicas y fanfarronadas retóricas, bañadas de esa cursilería estrambótica que indefectiblemente caracteriza al discurso izquierdista. Sería ese el primer paso tangible de una larga cooperación mutua que, con el tiempo, fue profundizándose hasta establecer una sólida alianza estratégica.

El puente fraterno ha llevado a que funcionarios de la isla controlen sectores medulares de la Nación como los puertos, aeropuertos, administración tributaria y hasta departamentos fundamentales de la policía política, y de los organismos de espionaje del Estado venezolano.

“En principios estábamos muy vigilados y se nos había advertido que no debíamos mezclarnos mucho con los médicos de acá, sino que nuestro trabajo estaba ligado a las comunidades y con ellas debíamos tratar”, dice Marta, quien pide antes de iniciar la conversación en un pasillo del Parque Residencial Los Helechos de San Antonio de los Altos, donde está ubicado el Centro de Diagnóstico Integral (CDI), para el que trabaja, que por favor le cambie el nombre.

Ella es una de los 46 mil cubanos que el gobierno exhibe orgulloso como servidores públicos en Venezuela, según cifras sugeridas por Venezolana de Televisión en un artículo publicado el 30 de octubre de 2014 a propósito de la conmemoración de los 14 años de la firma del Convenio Cuba-Venezuela. Continúa en voz baja y echando ocasionales miradas hacia la recepción, que en esas horas de la tarde sabatina está casi vacía de pacientes y personal.

“Pero claro, al final uno se compenetra. Son tres años de servicio los que uno pasa aquí y es imposible que solo sea trabajo. Me gustan los venezolanos. Se parecen un poco a los cubanos en lo dicharacheros, jodedores como dicen aquí”, dice y su rostro refleja una cierta cordialidad.

Ella es amable. Pero a los pocos minutos entra en temas más escabrosos y su amabilidad torna en alerta.

“A varios los han robado. A un colega aquí le quitaron un celular que se había comprado cuando estaba en Los Teques. Eso se oculta. Nos ordenan no decirlo. Cuando ese médico le contó a quien nos coordina aquí en Miranda, éste le dijo que lo olvidara y que no lo hiciera público, porque eso afea la imagen de la misión y le da armas a los enemigos”.

Rogelio Polanco, quien sustituyera al célebre Germán Sánchez Otero como embajador de Cuba en Venezuela, declaró en noviembre de 2012 que más de 100 médicos cubanos habían muerto en el país desde que se inició el convenio. La mayoría, aseguraba el diplomático, de causas naturales o en accidentes.

No quiso comentar los incómodos casos de Rosa María Christy Labañino, quien recibió un tiro en Cumaná el 30 de julio de 2006; o el de Raquel de los Ángeles Pérez, asesinada, también en 2006, en Petare, caso que provocó la indignación del entonces jefe de Estado, quien dijo en su maratónico Aló Presidente: “Tenía tres años aquí con nosotros curando enfermos, salvando vidas, dejando a su familia en La Habana. ¡Qué dolor que regrese a Cuba cadáver!”.

“Es un miedo. Este país es muy inseguro. La gente aquí dice que Venezuela es igual a Cuba, y tal vez lo sea en muchos aspectos, pero no en ese, en Cuba no te matan en la calle, no de esta manera. La violencia es algo que me impresiona mucho de este país. Aquí los niñitos de 12 años ya son delincuentes. Yo atendí a una señora que fue herida por un muchachito para robarle su cartera. He atendido varios casos así. Es muy feo eso”, se espanta Marta.

Julio González  también pide que se le cambie el nombre para este trabajo. Es opositor, pero lleva meses tratándose en el centro de rehabilitación que funciona detrás del CDI de Los Helechos. Una caída en el trabajo lo sacó de la vida activa durante meses. Le mandaron rehabilitarse, pero el alto costo de los centros privados lo obligó a tragarse su orgullo y hacer sus terapias con los antillanos.

“No te lo niego: son muy amables y a mí me han atendido muy bien. Te miento si te digo que no es así. Pero es que es jodido, porque la salud es un derecho y el Estado tiene que dártela, pero entonces tienes que venir aquí y lo primero que ves en la sala de espera es una cartelera con recortes de Fidel, de Chávez, de Maduro. Es una humillación, pero yo no tengo plata para la terapia, o me la hago aquí o no voy a poder volver al trabajo”, comenta.

Y aunque frustrado, no deja de agradecer que su terapia forme parte de las 564.000.000 de consultas médicas que ha conseguido la Misión Barrio Adentro, dato suscrito por el presidente del Instituto Nacional de Estadísticas, Elías Eljuri, para la agencia de noticias AVN. Informó, asimismo, que 5 millones 527 personas se diagnostican en los consultorios de Barrio Adentro.

“A mí no me gustaba eso del convenio desde un principio. Me parece bien que se le dé salud a los pobres, que se hagan estas cosas, pero con médicos locales”, exhorta.

Cuando se le pregunta qué pasa si, como denunció el gobierno en su momento, los médicos locales no desean ir a zonas rurales a atender a los pacientes de allí porque prefieren la comodidad de las grandes ciudades y las consultas privadas, Julio responde:

“Eso está muy bien. No es xenofobia, si algún extranjero viene a trabajar, pues qué bueno. Mi miedo es que detrás de los médicos haya agentes, espías, infiltrados”, dice sin temor a sonar paranoico.

Marta no niega a especie, sino que la afirma por debajito. “¿Qué quieres que te diga? Eso es normal. A nosotros en principio no nos dejaban tener celular o hablar mucho con la gente. Hubo romances, algunos médicos aquí se enamoraron de venezolanas, y eso no le gustaba al coordinador. Si tienes pareja de aquí debes pedir permiso y…”, se detiene y lo piensa mucho antes de continuar: “bueno, yo me di cuenta de que apenas un doctor dice que tiene novia, le acortan el tiempo de servicio. Porque lo que nosotros tenemos es un acuerdo de servicio: venimos por un tiempo, nos dan algo aquí para nuestros gastos y una prima para nuestras familias allá. Cuando se nos vence el contrato, volvemos. Pero si ellos deciden que volvemos antes por cualquier razón, lo tenemos que hacer. Y ellos han hecho eso: les han dicho a los médicos que tienen novia que deben volver antes. Los ponen en una disyuntiva porque deben decidir si se quedan con la pareja o regresan. Si se quedan, están desertando, y allí se echan el mundo encima. En Cuba te penalizan por eso, muchas veces no puedes regresar a la isla por diez años. En Venezuela les niegan la cédula y los papeles, quedan mantenidos por sus novias porque no pueden trabajar ni nada. Algunos tienen un plan B y logran salir de Venezuela. Eso lo han hecho mucho, pero no se dice, está escondido”, finaliza Marta quien ya no quiere responder más preguntas y se despide pidiendo discreción respecto a su identidad.

Kelly Martínez llegó a Venezuela en 1993, con 13 años de edad recién cumplidos. Hija del reputado fotógrafo Ramón Grandal, es parte de los millones de cubanos que han emigrado desde la instauración de la revolución. A los 18 vio cómo llegaba al poder la revolución bolivariana, y un año después fue testigo del acuerdo que selló la alianza entre los comandantes Chávez y Castro.

En principio, defiende a sus compatriotas venidos con el convenio- “Es una forma de salir de Cuba. Eso muchos no lo entienden, bueno, no lo entendían hasta ahorita que Venezuela se ha ido haciendo más una cárcel y que creo que muchos venezolanos han vivido en carne propia lo que se siente no poder salir de tu país sin permiso y lo que es estar desesperado por hacerlo. Ese convenio ha sido la posibilidad de muchos cubanos de salir del país, de dirigirse a un lugar más libre, donde además pueden acceder a cosas que no hay en la isla: un microondas, un televisor, un celular, cualquier cosa que haga la vida un poco más fácil”, dice la también fotógrafa, a quien le dolía mucho el rechazo de algunos venezolanos contra los galenos y funcionarios que vinieron a ser parte de la Misión Cultura con los que tuvo más contacto.

“La gente tiene que entender que en Cuba hay mucha gente inofensiva que no tiene la culpa de que exista la revolución. Hay gente que no me interesa, gente muy dañina, como esos que fueron a la cumbre ahorita en Panamá a golpear a los disidentes. Esos sí son la gente mala. Pero ellos no son ‘los cubanos’, sino que son agentes del gobierno y son terribles. Pero hay que distinguir entre ellos y los médicos o trabajadores a los que no se les puede juzgar por querer algo que mejore un poco sus vidas, o por querer huir de un país que no tiene fronteras. Creo que muchos venezolanos que hoy están en la misma situación de tener que huir porque ya no hay salidas irán comprendiendo”.

Martínez le da un tono social a la aceptación de una parte de la población de las misiones y su componente extranjero. Recuerda una anécdota en Catia “Estaba en una de esas noches locas en las que uno termina por ahí en la casa de unos amigos bebiendo y comiendo un sancocho. A mí siempre me gustaba mucho escuchar a la gente del chavismo, ya no me gusta tanto, pero hubo un tiempo en el que me interesaba escucharlos para entender sus razones. Bien, allá vi a un viejito del barrio que me contaba maravillado que, además de que los médicos los atendían y le daban medicamentos gratis, la doctora de ese módulo que quedaba junto a su casa solía almorzar con ellos. Tal vez esto sonará un poco romántico o ingenuo, pero esa noche entendí que también ha habido en Venezuela cierta falta empatía por el otro; de alguna manera esta misión, la presencia de esta gente, les hacía sentir respeto a unas personas que nunca habían sentido que los trataban con respeto, que estaban incluidos. Yo desde que llegué a Venezuela sentía que había mucho de maltrato de un sector social hacia otro, y eso crea resentimiento. Nos guste o no, es así. Esa grieta social ya existía, Chávez lo que hizo fue abrir un abismo a partir de ella”.

Con el acento a medio camino entre el caraqueño y el habanero, Martínez, —quien se confiesa amante de la cultura norteamericana a cuya literatura dedicó buena parte de su trabajo académico—, cuenta cómo luego de años de luchar contra las condiciones de vida que se fueron depauperando en Venezuela, decidió irse del país junto a su esposo a mediados del año pasado.

“Es mi segunda migración. El sentimiento es totalmente distinto, porque una cosa es ser una adolescente con problemas tontos y dejando que mamá y papá se ocuparan de los problemas reales que hacerlo cuando se es mayor y además recién casada. Solo diré, eso sí, que yo me fui de Venezuela por la misma razón que me fui de Cuba y que ahorita no quiero flaquear y dejar que la nostalgia me quiebre”.

Teoría de colas a la venezolana

Carolina Jaimes Branger

En 1909, el matemático danés Agner Krarup Erlang publicó el primer trabajo sobre teoría de colas para la Copenhagen Telephone Exchange, empresa para la que trabajaba. El estudio era para mejorar el sistema de llamadas y evitar los congestionamientos de las líneas.

En ingeniería, en particular en la investigación de operaciones, la teoría de colas se usa para modelar sistemas y optimizar su funcionamiento. En otras palabras, para que la gente espere en cola el menor tiempo posible.

En el estudio de las colas se asume que éstas se forman “debido a un desequilibrio temporal entre la demanda del servicio y la capacidad del sistema para suministrarlo” (Wikipedia).

 Es decir, como la cola es directamente proporcional a la capacidad del sistema para suministrar el bien o el servicio, podemos inferir que en Venezuela nos esperan largos años de largas colas, porque si algo ha demostrado nuestro “sistema” es su absoluta incapacidad de producir un bien o prestar un servicio.

Las colas en Venezuela son imprevisibles e inmedibles. Primero, porque nosotros JAMÁS hicimos cola para nada. Si acaso para ver “Tiburón” en 1975 y fue algo tan ajeno a nosotros y tan rocambolesco, que casi todos los días salía en el periódico una foto o una reseña de la gente en fila…

Segundo, porque nuestra idiosincrasia -por más que deteste reconocerlo- es de no hacer cola. Los venezolanos se le colean hasta a su abuela. Hasta un comercial de una famosa bebida hizo una apología de la “viveza criolla” representando a un tipo que se coleaba, que por supuesto, era el héroe del comercial. En cualquier otro país, hubiera sido el villano.

Aquí la gente se colea de varias maneras: siempre sospecho de quienes se hacen los tontos, caminan con la boca abierta viendo para arriba y al llegar al principio de la línea ¡zas!, se meten como si nada. En los bancos proliferan. Otros llegan diciendo “solo voy a hacer una pregunta” y ¡zuás!, terminan comprando primero que todos los demás. Esos abundan en las farmacias.

Otros buscan a un amigo que les dé cola “es que nosotros vinimos juntos, pero yo fui a parar el carro”. O simplemente le entregan al amigo el dinero de lo que quieren comprar y esperan -sin discreción- a que les entreguen su pedido. Los más descarados se meten a lo macho y ya.

Por esto la Teoría de Colas muere en una cola venezolana.

El jueves pasado pasé por la puerta de un supermercado y había una larga cola. Le pregunté por curiosidad a una señora que qué estaban vendiendo, y me dijo que no sabía, y que “nadie había sido capaz de decirle qué iban a traer”.

¡Pero ella estaba haciendo cola para comprar algo que no sabía qué era!

Me pareció tan exagerado que me puse a preguntar y en efecto, ninguno de mis encuestados -que fue casi la cola completa- sabía para qué estaba haciendo cola. Solo en Venezuela.

La expansión de los rumores es exponencial. Me imagino que será información de quienes trabajan adentro, y como el venezolano es familiar y amiguero les avisa a su familia y amigos “vénganse, que llegó la leche”.

Lo que sigue siendo humillante -y espero que siempre lo sea y no nos acostumbremos a ello- es cuando marcan a la gente como reses, para que no vuelvan a comprar.

¿Y cómo no volver a comprar si se tiene una familia grande?

No es lo mismo comprar para una pareja que para una familia de seis, ocho y más miembros.

Eso significa que todos tienen que ir a hacer cola, hasta los bebés.

Hace un año la gente cordializaba en las colas, y en diciembre de 2013 hasta bailaba gaitas si en el local comercial había música. Hoy no. Hoy hay agresividad y rabia. Hay impaciencia y desazón.

Supe de un pleito de dos mujeres en San Juan de los Morros donde una le sacó el ojo a otra que se le coleó.

El nivel de tensión sube día tras día. Y es que nadie puede pasar diez o más horas de colas a la semana. Nadie. Menos un pueblo acostumbrado a lo contrario.

Las colas son como ollas de presión mal cerradas, que cuando estallan dejan vuelto añicos todo a su alrededor…

Carros Chery: cuento chino con olor a guiso

Jesús Hurtado, Clímax

Pese a la ingente importación de carros desde la milenaria tierra de Confucio, la limitada capacidad productiva de Chery es insuficiente para satisfacer las ilusiones de cientos de miles compradores que cada día ven más lejana la posibilidad de comprar un carro de dudosa calidad y que ya no es nada barato

Cual pieza de teatro chinesco, la historia de Chery en Venezuela transcurre entre sombras y un fantasioso argumento.

Un socio privado que quedó como la guayabera, dos plantas que no ensamblan sino que arman, importaciones a granel y sin control, una empresa estatal que asumió la distribución de los autos y más de 1 millón de compradores en lista de espera son solo algunos de los componentes de esta dramática obra que pone en evidencia un oscuro episodio del neocolonialismo made in China.

El cuento comienza así: corría el año 2006 cuando al amparo del boom de ventas y facilidades aduanales, el sagaz y apoyado empresario colombiano Carlos Mattos creó Cinascar, el mayor importador de autos chinos en la región andina y propiciador de la llegada de la marca al país. Juró que su intención era ensamblar en una planta que levantaría en Valencia, Carabobo.

Pero tres años después el amor con Mattos había acabado —o su padrino, uno del gobierno, había desaparecido—y el emporio se vino a pique, aparentemente por una nueva política sectorial que daba al traste con las importaciones en aras de aupar la producción endógena.

El tiempo demostró que la verdadera razón fue otra: acuerdos firmados por el difunto Hugo Chávez y su homólogo Hu Jintao preveían la instalación de la marca china sin la intermediación del paisa —que posibles socios locales sobraban.

Entre estos, el dedo de la fortuna favoreció a Corporación ZGT, un apéndice de Cenareca (Centro Nacional de Repotenciación de CA) empresa propiedad del libanés nacionalizado Sarkis Mohsen Yammine que prestó ingentes servicios a la patria con la creación del Tiuna, el primer vehículo militar 100% venezolano —excepto por el motor, todo el tren motriz y alguna que otra piececilla—, cuyas primeras 55 unidades entregadas en 2004 costaron la bicoca de 8.000 millones de bolívares de los de entonces, cuando el dólar alcanzaba la astronómica paridad de 1.940 nada fuertes.

Otro amor frustrado

Tras adquirir la vieja planta de Honda en Las Tejerías, Aragua, a control remoto el difunto Chávez inauguró la ensambladora en agosto del 2011, presentándola como ejemplo de industria privada comprometida con la revolución.

Foto: lapatilla.com

Dos años después, por decreto del hijo predilecto Nicolás Maduro, se crea la empresa mixta Chery Venezuela, cuyo capital accionario fue dividido 51% para el Estado y 49% para ZGT.

Paralelamente, el gobierno expropiaba la planta de Great Wall ubicada en Guacara, Carabobo, para ampliar producción de Chery.

Sin embargo, la suerte del socio privado estaba echada y como en otros consorcios de su tipo, la mixtura incluyó solo a allegados del gobierno, en su mayoría uniformados.

“En el papel la familia Yammine aparece como la parte privada, pero la verdad es que los sacaron del negocio. Allí quienes mandan son los militares”, aseguró una fuente muy cercana a la familia, cuyo comentario justificaría que en la directiva corporativa no aparece nadie del clan y el por qué solo el Ministro de Industrias puede hablar por Chery Venezuela.

Muy oscuro

Negados a ofrecer declaraciones a este mortal, ninguno de los varios ministros que han pasado por ese despacho ha podido precisar cuál es la verdadera capacidad operativa de las dos factorías —en teoría 30.000 unidades/año— y el por qué 100% de las piezas de los autos armados aquí es importado.

“Los carros llegan completos en una caja y aquí solo se arman. No hay incorporación de una sola pieza nacional y el control de calidad no existe”, afirmaron empleados de la empresa no dispuestos a revelar sus nombres por razones más que obvias.

A ello obedecería que el parque industrial de autopartes que se levantaría alrededor de la automotriz pública sigue durmiendo el injusto sueño de las promesas incumplidas.

Otros detalles hablan de manejos más oscuros, como el hecho de que toda la “producción” y los autos importados vayan a parar al Programa Venezuela Productiva Automotriz, plan creado en junio del 2013 para satisfacer la altísima demanda insatisfecha tras la caída de la producción privada —sector que hoy recibe solo 10% de sus necesidades en dólares— y que se encarga de distribuirlos a concesionarios y naturales favorecidos por el dedo del Estado —personal castrense en su mayoría.

Sello imperial

Y si la producción local es cuando menos cuestionable, la importación tiene olores a guiso condimentado con mucha soya. Aunque las autoridades no reportan las cifras de autos que llegan desde China, la casa matriz emitió recientemente un comunicado donde expresa su beneplácito por la exportación de 13.000 unidades antes de que culmine el 2014, desmintiendo la tesis oficial que daba cuenta del arribo de solo 10.000. ¿A dónde iban a parar los otros 3.000?

Aunque se supone que los carros llegan con cargo al Fondo Chino —un pote creado entre China y Venezuela para el comercio binacional—, la especie nunca ha sido aclarada.

No obstante, un ex trabajador de la firma aseguró que la luz verde está siempre encendida cuando Chery acude al Cencoex —antes a Cadivi— a solicitar dólares para importar sus bártulos, que no pagan arancele ni IVA, y tienen prioridad en puerto para el desembarque y nacionalización.

Ni bueno ni barato

Pese a estas ventajas, la masa de Chery no da ni para una lumpia. Hace muchos que en ninguno de los 10 concesionarios de la marca se exhibe un carro, y los civiles que han logrado hacerse con uno dicen haberse bajado de la mula con entre 100 y 300 mil bolívares, mientras que siguen las denuncias contra uniformados estafadores que se ofrecen conseguir un carrito previo pago de adelantos y sobornos.

Pero sin duda la más grotesca arista de esta ópera bufa es la lista de Venezuela Productiva Automotriz, en la que hay inscritos más de 1,6 millones de ilusos compradores, los últimos de los cuales, y según el ritmo actual de producción, deberán esperar 53 años para obtener un carro chino nada bueno, relativamente bonito y ya no tan barato luego de de haber subido de precio entre 55% y 84% en el último año.

La ilegal figura del “Sapo Cooperante” y de cómo podría dejarte en la cárcel

Alexa Gómez, La Patilla

“Patriota Cooperante”, así bautizó el régimen a esta nueva figura fuera del ámbito de la ley que contempla darle legalidad a informantes afectos al régimen, quiénes en condición de anónimos cooperan con los cuerpos del estado, denunciando a quiénes ellos consideran que efectúan actos contrarios al régimen y que, según alegan, pudieran afectar su estabilidad.

Desde abril del 2014 se han presentado más de 50 detenciones, dónde la figura del “Patriota Cooperante” es protagonista.

Tal es el caso del “ruso” en El Cafetal, quien fue denunciado por vecinos por participar en las protestas de calle, que se han realizado desde febrero del 2014 a la fecha. En ese caso no lo encontraron en el allanamiento a su residencia y se llevaron a su esposa, quien a la fecha tenía 8 meses de embarazo.

Otro caso muy sonado, dónde el “Patriota Cooperante” fue determinante en la detención fue el de Rodolfo González (65), residente en Macaracuay, activo políticamente en contra del régimen desde siempre, aviador retirado y que ahora está preso en el Sebin por adjudicársele conspiración para un golpe de estado. Ha sido nombrado innumerables veces en cadena por Maduro e incluso por Diosdado.

Esta detención en horas de la madrugada, fue acordada por la declaración de un “Patriota Cooperante” y el resultado fue que Rodolfo y su señora, Josefa de González (67), están presos. Ya la señora se encuentra en libertad bajo régimen de presentación.

Gráfica: literanova.eduardocasanova.com

El último caso emblemático de los “Patriota Cooperante”, como así se identifican en las actas policiales consignadas por las diferentes fiscalías ante los tribunales de control, sin que presenten nombre o cédula que los identifique como tal, es el del activista político de Voluntad Popular, el estudiante de la Universidad Santa María Rosmith Mantilla.

Rosmit Mantilla

Fue detenido por el Sebin en su residencia, junto a su abuelo de 77 años, por denuncia de un “Patriota Cooperante” cuyo único testimonio fue tomado como cierto, de que Rosmith recibió Bs 20.000 para realizar actos desestabilizadores del régimen.

Esa persona sin identificación alguna, fue al Sebin a interponer denuncia en fecha 23/4/14 y el allanamiento ocurrió una semana después, sembrándole sobres con la cantidad de dinero que el “Patriota Cooperante” alegó haber recibido Rosmith.

Hoy Rosmith se encuentra privado de libertad y está acusado de instigación al odio, asociación para delinquir, obstaculización de vía pública e incendio a un edificio. Totalmente desproporcionado e incongruente.

Carta de Rosmit Mantilla a sus padres. Foto: venezuelaawareness.com

Lo grave de estas figuras al margen de la ley, y el peligro que representan, es que el TSJ como poder secuestrado las legalice y pasen a ser piezas claves en los procedimientos judiciales, dándole nombre a la cacería de brujas.

Esto se convertiría en una persecución de opositores, sólo por pensar diferente y que de pronto, por el fanatismo de un vecino, amigo o familiar, sea denunciado como terrorista o conspirador sin pruebas de ello.

Hay que hacer que la sensatez y la cordura regresen o estaremos ante la presencia de una sociedad forajida, que busca venganza por sus propios medios.

Así está Venezuela.