Este es el “Top 10” de lo que no escasea en revolución

Más de 24 mil homicidios ocurren al año en el país con 90% de impunidad y 55% de pobreza.

José Gregorio Martínez, El Cooperante

Si de alimentos se trata, azúcar, leche, carne, pollo, café y harina son los que más escasean; papel higiénico, champú y toallas sanitarias tampoco hay; los medicamentos son cada vez más difíciles de conseguir; comprar un carro nuevo es una utopía pero también es una odisea conseguir repuestos para un vehículo usado; y para colmo, la opción de emigrar también resulta cuesta arriba porque no hay disponibilidad de boletos aéreos.

Sin embargo, en el país donde escasean hasta las cifras oficiales en materia económica, sanitaria y de sucesos; así como la independencia de poderes y la libertad de expresión,  existen números que dan cuenta de una abundancia en asuntos nada envidiados.

Los escándalos de corrupción desbordan los archivos donde permanecen engavetados casos como el de la maleta de Antonini Wilson, los contenedores con comida podrida de Pdval, las empresas de maletín de Cadivi y el caso Andorra; en lo que a armamento y equipos militares se refiere no hay carencias, el gobierno da prioridad a la compra de aviones de guerra por encima de los alimentos y medicamentos escasos; y si de promesas y obras inconclusas se trata, Venezuela es el país de la abundancia.

Las malas noticias no escasean en el país. Pese a la negativa del gobierno a ofrecer cifras oficiales, nadie duda de los números que aportan expertos en cuanto a inflación y homicidios, tal vez hasta quedándose cortos.

Tampoco faltan las violaciones a los derechos humanos, restricciones a la libertad de expresión y la  lista de presos políticos y exiliados es larga.

Hacer un top 10 de los productos escasos en Venezuela es tarea fácil, pero realizar una lista de las 10 cosas que no escasean en revolución tampoco resulta difícil.

El Cooperante presenta el paradójico top 10 de abundancia de cosas malsanas ante la escasez de artículos necesarios.

Top ten de lo que no escasea en revolución

1) Desfalcos a la Nación:

259 mil millones de dólares han desaparecido en una veintena de casos de corrupción en 15 años de gobierno rojo, según el movimiento político chavista Marea Socialista.

2) Deudas para los venezolanos:

249 mil millones de dólares en deuda total consolidada, de acuerdo con estimaciones hechas por los economistas Asdrúbal Oliveros y Gabriel Villamizar.

3) Equipos bélicos:

694 equipos militares, entre aviones, barcos, tanques y artillería, según Global Firepower (GFP) y el gobierno ya anunció la compra de 12 Sukhoi más a Rusia.

4) Inflación desbordada:

200% de inflación para el cierre de 2015 pronosticó la firma Econométrica.

5) Asesinatos:

24.980 asesinatos durante el año 2014, ubican a Venezuela como el país con la segunda tasa de homicidios más alta del mundo, según el Observatorio Venezolano de la Violencia.

6) Presos políticos:

Izq. a der.: Antonio Ledezma, Leopoldo López y Daniel Ceballos.

7) Censura:

147 violaciones a la libertad de expresión durante el primer semestre del 2015, reportó la ONG Espacio Público.

8) Impunidad

90% de impunidad registra la ONG Provea.

9) La pobreza:

55% de pobreza para el cierre del 2015, calculó el Departamento de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Simón Bolívar (USB).

10) Buhoneros y/o bachaqueros:

54% de economía informal de los 417 mil 592 empleos que se adicionaron entre enero de 2014 y enero de 2015, reporta Econométrica.

Los bachaqueros: quiénes son, cuánto ganan, cómo trabajan

Un estudio cualitativo de la firma Datos revela detalles sobre un nuevo grupo económico: los bachaqueros. En el marco del foro ¿Cómo presupuestar? organizado por Venamcham, Luis Maturén, presidente de la empresa, explicó quiénes son, cuánto ganan y cómo trabajan.

Nicolle Yapur, El/Interés

Son pocos los revendedores, mejor conocidos como bachaqueros, que trabajan solos. Este grupo, denominado por el experto como “los solitarios”, es el más escaso. Sin embargo, los revendedores en esta clasificación forman parte de una red donde intercambian información.

Lo más común son las parejas, sostuvo. Después están las familias de 5 o 6 miembros que se dedican a esto de forma “profesional” y van a dos o tres supermercados en paralelo. “Normalmente ocultan las compras”, indicó Maturén.

La firma revela el nacimiento de la figura del aguantador, una persona encargada de guardar la mercancía cerca del lugar de compra.

Los bachaqueros entrevistados por Datos señalaron que entre ellos existe una organización. Se detectaron casos en los que llegan en autobuses y se paga a la persona para comprar.

Según la firma, el perfil del bachaquero está integrado por antiguos buhoneros, desempleados, trabajadores con horarios flexibles o a tiempo parcial. Trabajan de miércoles a domingo, porque son los días en los que los supermercados están mejor surtidos.

“Los días en los que les toca por cédula se van al sureste de Caracas, porque los controles son más difíciles de burlar ya que no son de la zona”, explicó Maturén.

“El resto de los días van al oeste porque es más probable que sorteen los controles” y hacen alianzas con personal de los supermercados, agregó.

En cuanto a los horarios, trabajan desde muy temprano. Salen desde las 4 de la mañana y terminan más o menos a mitad de la tarde.

El estudio revela que también cuentan con una red de contactos: pasilleros, vigilantes, cajeros, porque tienen que acelerar el proceso de compra.

En cuanto a la venta del producto hay distintas modalidades. Los que son buhoneros, que ya tienen un punto, trasladan hacia allá los productos adquiridos. No obstante, la gran mayoría venden de forma directa en las oficinas.

Los bachaqueros necesitan mucho efectivo para pagar la cantidad de “peajes” para poder comprar: normalmente no hacen cola, por lo que deben compensar a los vigilantes. La amistad con las cajeras les permite saltar las captahuellas. Mientras, los pasilleros les informan que ha llegado, explicó en analista.

¿Es rentable?

Si a la semana un bachaquero compra Bs 30.000 en productos y calcula sus costos en Bs 9.000, su ingreso neto puede ser de Bs 21.000. “Pueden ganar hasta 120.000 mensuales, dependiendo de cómo se muevan”, indicó.

Pese a las grandes ganancias los consultados por Datos afirman que se sienten mal por lo que hacen. “Ellos quieren que la situación se acabe”, aseguró Maturén.

El venezolano es otro

Según la firma, 8 de cada 10 venezolanos manifiestan que pueden comprar la mitad o menos de lo que necesitan. Un tercio de los encuestados indican que pueden adquirir muy pocas cosas. No hay distinción entre escalas sociales sobre esta percepción, indicó Maturen.

También han cambiado las prioridades: 69% de las personas señalaron que no prescindirían de productos de alimentación. El analista destacó que es la primera vez que la frecuencia de esta respuesta se ubica por encima de los artículos de cuidado personal. “Antes, tomaban la alimentación como un hecho”, indicó. En las prioridades tampoco hay distinciones entre nivel socioeconómico.

Consultados sobre lo primero de lo que prescindirían, en orden de importancia, comer fuera de la casa sumó la mayor cantidad de respuestas. De segundo lugar quedó el consumo de bebidas alcohólicas, algo que Maturén consideró particularmente impactante.

La expectativa de la gente es que va a consumir menos”, especialmente en entretenimiento, ropa y calzado.

A la gente le va a importar el precio y las compras serán más racionales que emocionales, advirtió. También indicó que hay un cambio social en la dinámica del hogar. La experiencia de compra se consideraba un plan familiar.

El estudio cualitativo de la firma de análisis de mercado señala que actualmente ir al supermercado despierta sentimientos de angustia y violencia.

Dentro del establecimiento se recibe hostilidad y maltrato”, indicó Maturén.

Imágenes vía web.

Diseño gráfico: Sala de Información

Cansados de la delincuencia, venezolanos hacen justicia por sus manos

Diego Oré y Alexandra Ulmer, Reuters

Como muchas otras noches, unos ladrones irrumpieron hace poco en un bloque de apartamentos en Valencia para robar neumáticos, baterías y radios, de los autos que dormían a la intemperie.

Pero en esa ocasión, un grupo de residentes, furiosos por los robos semanales y alertados por el llamado de un vecino, atraparon a uno de los tres hombres, lo desnudaron, lo golpearon con rudeza y lo ataron a un poste de alumbrado público, donde lo apedrearon y rociaron con gasolina, relataron vecinos.

Mátenlo, denle“, gritaba la turba según recordó Trina Castro, de 82 años, que vive en uno de los edificios de Kerdell, la urbanización azotada, y que se despertó por el alboroto en plena madrugada hace poco más de una semana.

Fue horrible“, agregó cerca de unas paredes pintadas con mensajes como “choro (ladrón) que se agarre, se quema”. El hombre finalmente no fue quemado, pero quedó inconsciente y fue llevado a un hospital local, según testigos y la policía, que no dio mayores detalles.

En Valencia y por toda Venezuela, los linchamientos o intentos de ajusticiamientos están aumentando, de acuerdo a grupos de derechos humanos y reportes de medios.

Organizaciones no gubernamentales (ONGs) creen que la justicia por mano propia está surgiendo en respuesta a la rampante delincuencia que ha colocado desde hace unos años a Venezuela, según Naciones Unidas, como uno de los países con la mayor tasa de homicidios en el mundo.

Pero también por la impunidad.

De cada 10 criminales atrapados por la policía sólo uno acaba en la cárcel, asegura el Observatorio Venezolano de Violencia y otras agrupaciones.

En lo que va del año han ocurrido al menos una treintena de linchamientos o intentos de linchamiento. Y tan sólo en el último mes hubo 13, de acuerdo con un seguimiento de medios locales hecho por Reuters.

Una fuente en el ministerio de Interior y Justicia, quien pidió no ser identificado porque el ministro el único autorizado para hablar con la prensa, dijo que la dependencia usualmente no comenta sobre casos en investigación.

Sin embargo, funcionarios del gobierno del presidente Nicolás Maduro y muchos de sus simpatizantes aseguran que la “ola de linchamientos” es un “invento” de medios opositores que, con financiamiento extranjero, buscan derrocarlo.

Represalias

En otros países de la región como Bolivia, México y los andes peruanos, los linchamientos ocurren con frecuencia pero a mucha menor escala. El año pasado, por ejemplo, la Defensoría del Pueblo reportó 10 personas linchadas en toda Bolivia.

Durante el mismo período, en Venezuela lincharon a 40 personas, en su gran mayoría, en zonas pobres del interior, según la ONG local Observatorio Venezolano de Violencia.

Pero esa tendencia está cambiando con un aumento de casos en zonas urbanas: a finales del mes pasado, dos delincuentes fueron brutalmente golpeados luego de arrebatar la cartera a una mujer en una zona de clase alta de Caracas.

Tras el robo, los ladrones fueron perseguidos por vecinos enardecidos que lograron atraparlos una cuadra después para golpearlos airadamente hasta que llegó la policía. Desde los apartamentos circundantes, otros vecinos gritaban “denles duro“.

Por la gravedad de sus heridas, los ladrones tuvieron que ser llevados en una ambulancia a un hospital cercano.

No estoy de acuerdo con los linchamientos, pero ¿qué podemos hacer?”, se preguntó Raquel Brito, una vecina testigo de los hechos quien aseguró que los robos en la zona son comunes.

Elisio Guzmán, un experimentado comisario al mando de la Policía del estado de Miranda asegura que la impunidad en la zona que protege, llega al 60 por ciento: de cada 10 aprehendidos, seis regresan a las calles.

“En la medida en que no haya respuesta del Estado, van a incrementarse los linchamientos. La policía lo puede poner preso, pero llega al tribunal y lo sueltan“, opinó Guzmán, quien tiene 45 años de experiencia policial.

Fuera de Caracas, donde viven el 80 por ciento de los casi 30 millones de venezolanos, los linchamientos son más feroces.

A mediados de agosto, en el estado central de Aragua, una turba arremetió contra tres supuestos ladrones de baterías de autos, escasas en el país. Uno de los acusados fue brutalmente atacado a machetazos y finalmente degollado.

Cuando los pobladores se disponían a linchar a sus dos acompañantes, la policía llegó y se llevó a la pareja.

La gente es perversa. El delito, generalmente, no se compara con los daños que le ocasionan al ladrón“, dijo Guzmán.

Analistas sostienen que los linchamientos no disuaden a los ladrones. Sólo alimentan un círculo vicioso de violencia ya que los familiares de las víctimas van en busca de venganza o porque los ladrones se arman para evitar ser linchados.

Ahora creemos que pueden venir represalias. No me siento segura“, dijo María Pérez, una vecina de Kerdell, la urbanización en Valencia, al centro del país. “Estamos pensando en mudarnos“.

“Una pared pintada con el mensaje “choro (ladrón) que se agarre, se quema” en uno de los edificios de la urbanización Kerdell en Valencia”. Imagen: Thomson Reuters 2015.

Manual para cuando te secuestren

 

Olga Krnjajsky, Noticiero Digital

El primer secuestro a mi familia ocurrió en 1998 cuando dos de mis hijas fueron a la panadería con el carro nuevo.

Que el carro fuera “regulado”, sin vidrios eléctricos ni otras virguerías significó que las “botaran” apenas una hora después a pocas cuadras de donde las atracaron.

El ladrón tuvo la cortesía de permitir que mi hija negociara con él la virgencita de su collar. Y luego tuvo el coraje de llamar a mi casa para pedir rescate por el carro y para “reclamarnos” que hubiéramos hecho la denuncia.

Creímos que eso era lo peor…

El segundo le ocurrió a otra de mis hijas cuando, iniciándose en Derecho Laboral, los sindicalistas de una planta, “secuestraron” al equipo de abogados, con ella incluida, durante varias horas.

El tercero ocurrió en 2009 y fue el pionero de la modalidad de “secuestros colectivos”. Es decir, un equipo completo de entre 15 y 20 personas secuestró completo al edificio. En aquella oportunidad escribí la crónica de la terrorífica experiencia en ¡Secuestrados!

Y este viernes 29 de mayo, a media cuadra de mi casa, exactamente a las 11.20 pm de regreso de una cena con unos amigos, fuimos bruscamente interceptados.

Del carro que nos interceptó por delante salieron dos individuos con armas largas, del de atrás no sé cuántos; nos sacaron y en menos de un minuto, en una operación flash, unos se llevaron nuestro carro y otros nos metieron a empellones en el otro carro, mi esposo y yo en el medio con cuatro secuestradores… y empezó la odisea.

Unos minutos más tarde, el cuarto secuestrador se mudó de carro a otro de la banda y quedamos tres secuestradores y mi esposo y yo.

No iré a los detalles del horror, del miedo, de la conciencia de absoluta indefensión. Solo compartiré lo que, para lo que pueda servirles, son datos útiles en la nada descartable opción que se vean en el trance.

Hoy mismo, ¡ya!, ahora

1. Establezca y acuerde los familiares o amigos a quienes contactarán en caso de ser secuestrados. Es probable que los secuestradores llamen a más de uno simultáneamente. Lo harán además desde los teléfonos de los secuestrados –el suyo- y el receptor de la terrorífica llamada sabrá que no es falso.

2. Los contactos que establezca deben tener a su vez los datos de los otros “contactables” para que puedan estar en comunicación entre ellos sin que los secuestradores sepan. Nunca más de dos. Diga que sus amigos son unos pelabolas. Que sólo el que le dio primero podría hacer algo. Si la presión es mucha, dé el segundo.

3. Preparen “el guión” que regirá la información sobre ustedes mismos y sobre sus contactos. Deben coincidir en TODO. Lo que diga usted y lo que digan sus contactables. Cualquier inconsistencia se traduce en amenazas, agresión y violencia para con los secuestrados. Estos datos son:

* Ocupación (de qué viven).

* Tipo de vivienda que ocupan usted y sus contactos (edificio con vigilante no         les resulta atractivo).

* Enfermedades que podrían dañar “la mercancía”. Sí… usted el secuestrado es la mercancía y sus contactables deben decírselo al negociador. Ten cuidado que el señor es cardíaco, o que acaba de salir de una operación… algo. Lo que acuerden.

* Les harán mencionar varios familiares o amigos.

Manténganlo simple

Cuanto más simple, mejor. Mejor la profesión que la empresa donde trabaja (ingeniero, economista, profesor). El vocabulario de los secuestradores es muy reducido y con él, su capacidad de razonamiento y entendimiento.

De las profesiones menos apetecibles, la de profesor, por razones tristemente obvias, resulta en una demanda de rescate baja.

Empleado también impone limitación de ingresos.

Jubilado… ¿tengo que explicarlo?

Por el contrario, la demanda de rescate aumentará si usted dice que tiene un negocio o que lo tiene su contactable. Téngalo muy presente.

4. Apréndase de memoria esos teléfonos. En mi caso ocurrió que mi teléfono se cayó en nuestro carro y ¡oh desgracia! , mal-acostumbrada a confiar en mi aparato no me sabía de memoria los teléfonos. Afortunadamente mi esposo sí y eso nos salvó.

Durante el secuestro

Sepa que los secuestradores también tienen su guión. Uno hace de malo, muy malo, otro hace de bueno (¿?) y el otro no quiere paja sino plata.

Este último es el negociador. Si son secuestrados en pareja, como nuestro caso, la emprenderán contra uno, para que el otro “colabore” ante las amenazas horribles que se repetirán durante “la película” como definen entre ellos el secuestro con sus secuaces.

La primera demanda de rescate es astronómica. A nosotros arrancaron pidiéndonos $50.000, joyas, Rolex (¿aun existen?). Sin descorazonarlos, debe establecer que esa cifra es simplemente inalcanzable pero creen que sus contactos “algo podrán conseguir”. Pero también debe decirles que no está al cabo de saber cuánto pueden recoger.

Mantenga la cabeza baja. SIEMPRE.

Cualquier movimiento debe ser anunciado ANTES (tengo que enderezarme un poco, voy a acomodarme… pida permiso antes de hacerlo).

No haga drama. Los asusta, los pone nerviosos y agresivos y eso no le conviene.

No haga bravuconadas. Ellos están al mando, armados, y lo superan en número y determinación. No aspiran a pasar de los 40 años. Usted sí.

Hable despacio y en frases cortas de lenguaje básico. El “hombre nuevo” no maneja las frases coordinadas.

Lo llevarán a recorrer la ciudad. De norte a sur, de este a oeste. Del Cementerio a Petare. La Libertador. La Cota Mil. La autopista. Y vuelta a repetir el circuito. Durante horas. Le dolerán músculos que no sabía que tenía por la postura antinatura que le obligarán a tomar. Les taparán la cabeza y respirar será una hazaña. Sí. También tendrá que pedir permiso para respirar cuando se sienta asfixiado.

A sus contactables los llamarán cada 15 minutos para darles tiempo a “recoger” el rescate.

A su vez, el contacto deberá pedir por usted para saber si están bien para seguir con la negociación.

Cuando le pongan a su amigo al teléfono, sea breve. “Sí Fulano, estamos aquí”. No invente argucias ni claves porque Venezuela no es Hollywood.

Hábleles a los secuestradores de la “condición” de su contacto. Es una persona mayor… está enfermo… a su esposa la operaron… Todo lo que les dé la tranquilidad de que su contacto no llamará a la policía o sobre todo de que él mismo sea una amenaza para ellos.

Cosas con las que deberá lidiar durante y después del secuestro

* La culpa: usted escuchará a los secuestradores amenazar y amedrentar a su familia o amigo. Sabrá a ciencia cierta que los contactados padecen con usted todo el secuestro pero a ciegas y sabe cuán injusto es que tengan que lidiar con el horror del temor a equivocarse y arriesgar las vidas de los secuestrados. Es decir, la suya. Adicionalmente, estará penosamente consciente del miedo que habrán de pasar para la entrega del rescate sin garantía alguna que el pago se traduzca en liberación.

Uno allí, con la cabeza tapada, sumará al suyo, el miedo por el amigo. Uno sintiéndose culpable por lo que los amigos están pasando por “culpa” de uno.

No es fácil…

* Dar las gracias: sépalo. No habrá forma que JAMÁS pueda usted agradecer a su familiar o amigo. En nuestro caso, sin familia aquí, fueron nuestros amigos. Una deuda de Vida. Literalmente. Saber que nuestros amigos tuvieron que recibir la llamada de madrugada que nunca significa nada bueno, llamando ellos a su vez a otros amigos, a sus hijos, a sus vecinos, a otros familiares para levantar la cifra. Sabiendo cuán injusto darles la carga de que nuestra vida estaba en sus buenos oficios.

100 dólares por aquí, 420 por allá, 310 más allá. 50 euros, 3.000 bolívares ¿Cuánto llevamos? El que no tenía nada sintiéndose aún peor por no tener nada que aportar. Suma. Suma. Esperar la llamada de los secuestradores. Temer lo peor si la llamada no llega a los 15 minutos.

Dato importante: la cifra NUNCA debe ser redonda para que los secuestradores entiendan que la colecta es de pequeños montos de mucha gente.

No. Jamás podrán agradecerles suficiente.

La llamada del secuestrador

¿Cuánto tienes?

– Llevo tanto.

– Busca más.

– No tengo de dónde.

– ¿Qué te pasa maric@? ¿Quieres que los mate? Porque los voy a matar. -A gritos-. ¿Me oíste mmg?

– Déjame hacer otra llamada… ya no sé a quién llamar… espera me falta una persona.

– Así está mejor. Te llamo en 15 minutos.

Esa negociación se repetirá con tantos amigos suyos como hayan contactado. (de ahí la importancia que sus contactables puedan comunicarse entre ellos). Usted las vivirá todas. Y escuchará a sus secuestradores “evaluando” si lo recolectado basta. Si su amigo miente, pichirrea, les toma el pelo o peor aún, si está contactando a la policía.

La evaluación del precio de su vida está en manos de unos secuestradores cuyo vocabulario no llega a 200 palabras.

Es una certeza arrechamente desmoralizante.

¿Existe manera humana de corresponder el gesto más sublime de amistad de esos amigos que negociaron y salvaron tu vida?

No. No la habrá. Sepan que la Vida no les bastará para agradecerles la vida. Asúmanlo y honren la amistad.

El pago de rescate

Ese será otro episodio que le atormentará mucho…y por mucho tiempo. Una vez que los secuestradores estimen que no van a sacar más, indicarán a su amigo dónde ir. Lo harán identificar su vehículo y usted sabrá que lo están siguiendo y hablando de él.

Evalúan si están solos o si alguien los sigue.

Usted será mudo e impotente testigo de las órdenes que recibe. Le indicarán si acelerar o reducir la velocidad. Le indicarán el rumbo a seguir, la salida que debe tomar. Le dirán amenazantes.

– No vayas a colgar.

Le pedirán que baje los vidrios. Un momento de terror cuando nuestro amigo dice que sus vidrios de atrás no bajan. Usted imaginará a su amigo manejando y con el teléfono pegado a la oreja tratando de cumplir las órdenes.

– ¿Quién cñ está contigo, ah? ¿Quién es ese?

– Es mi sobrino, tranquilo.

– Avisaste a la policía, ah? ah?

Imagina a su amigo tranquilizando al secuestrador.

– Chamo, aquí hay dos patrullas.

– ¡Verga, hay patrullas!

– Sigue, no hagas nada raro (es una amenaza). Coge el canal de la izquierda. Pásate a la derecha. Suavecito… ¡te dije que suavecito wbon!

– ¡Párate! ¡Párate! Saca la funda con los reales y ten la mano estirada afuera.

Sentirá el acelerón desquiciado por un lado, sentirá simultáneamente el ruido del arrebatón con el golpe de aire que le entra, el negociador ordenando a su amigo marcharse acelerando y el grito de triunfo con el primer rescate en sus manos.

Se repetirá una escena similar con los contactos a quienes decidan llamar los secuestradores.

Usted se preguntará muchas veces cuando los van a dejar. Si los van a dejar salir con bien. Si el rescate los satisfizo.

Uno de los secuestradores contó billetes y puso 1.000 bolívares en el bolsillo de mi esposo “para que agarren un taxi”.

Créanme, a las cuatro de la mañana no hay taxis. Los protagonistas de la madrugada son otros.

Nos soltaron en La Campiña. Desorientados, mareados y asustados y sin seguridad que el tiro llegara por la espalda. ¡NO VOLTEES CARAJO! Caminamos hacia donde nos indicaron y resultó ser la Libertador. Vi llegar una camioneta y le hice señas. No culpo al conductor por acelerar y marcharse a toda prisa a pesar que me puse en la mitad de la calle.

Detrás de ellos llegó una moto con parrillero.

Una nueva angustia al pensar que si eran ladrones, no teníamos nada. Resultaron ser dos buenos hombres… o dos hombres que vieron que ya no había nada que quitarnos. Nos prestaron su teléfono para llamar a nuestro amigo que vive cerca.

Justo les estaba agradeciendo que fueran los ángeles de nuestra pesadilla cuando en su cara se pintó el terror. Corrieron a su moto. Cuando me giré, cinco individuos venían caminando hacia nosotros. Pensé en aquella cuña de Gillette “Lo que a la primera se le pasa, la segunda lo repasa”. Nos sentimos tan, pero tan vulnerables, tan a la buena de Dios…

Cuando se tiene miedo, no se tiene más nada. Solo miedo.

Resultaron ser cinco hombres que volvían de algún trabajo… tan asustados ellos de la noche, como nosotros de ellos. Nos cruzamos. Ni una palabra.

Miedo en estado puro.

Caminamos hasta Pdvsa La Campiña.

Nuestro amigo llegó unos minutos más tarde. Sentarnos en su carro es la experiencia más cercana de entrar al cielo que vaya a tener jamás.

A 48 horas del evento, estoy como si me hubieran vaciado.

¿Llorar? No he podido. Yo que soy de lágrima fácil, no he podido llorar. Pero tampoco puedo reír. Sonreír es un esfuerzo sobrehumano.

Le decía a una de mis hijas, que me iba a convertir en Amish. Así tendré leche fresca todos los días sin hacer cola, no tendré que recordar ningún número porque no usan teléfono, y en vez de carro, andaré en carreta. Pero lo más importante: no tendré miedo de mis semejantes.

Pero soy venezolana en Caracas. Ya no tengo carro, ni tengo teléfono, tengo miedo de mis semejantes y tengo una deuda inmensa con mis amigos. Espiritual y monetaria.

Lo otro que nos quitaron no queda a la vista como una herida que impresione a nadie. Es un roto por dentro.

Otra vez.

 

La verdadera dimensión de la escasez en Venezuela

Daniel Pardo, BBC Mundo

No es que no haya papel higiénico en Venezuela. Sino que es difícil de conseguir. Muy difícil.

“Así nos toca ahora: pararnos como mendigos a esperar que llegue el camión y nos diga qué trae“, dijo Lina Fernández ofuscada pero orgullosa porque aseguró que no le importa decir lo que piensa.

Cuando llega el camión tres horas después de inaugurada la fila, todos miran hacia el vehículo como si viniera una personalidad famosa. Especulan sobre sus características, a ver si adivinan qué trae. Se dice de todo: es aceite, es cloro, es jabón.

El conductor –sudado, risueño, emocionado– grita “¡azúcar!”, como quien imita a una famosa cantante de salsa.

La gente, aliviada, suspira: todo indica que no van a volver a casa con las manos vacías.

El día a día de muchos venezolanos: andar de un sitio en otro buscando productos básicos.

Hay que ver para entender

La escasez es de esos fenómenos macondianos de Venezuela que no se entienden hasta que no se ven.

A quien no ha vivido la escasez en este país le podría dar la impresión de que acá hay de todo, a juzgar por los anaqueles de los supermercados que en su mayoría están abarrotados de productos: verduras, pastas, licores, lo usual.

Pero esa impresión será impugnada cuando el desentendido busque comprar uno de los 42 productos cuyos precios están regulados por el Estado: productos -como aceite de cocina, leche o jabón- por los que los venezolanos están dispuestos a hacer muchas cosas, entre ellas horas y horas de fila.

El que mira desde fuera puede pensar que, por haber escasez de productos de primera necesidad, el venezolano está pasando hambre. Pero se sorprenderá cuando vea que en la mayoría de las casas, ricas o pobres, muchos de esos productos están en las neveras, alacenas y platos de comida.

Cuando narran un cuento, los venezolanos suelen usar esta expresión para reforzar su credibilidad: “Eso yo lo vi, no me lo contaron“.

El venezolano no parece sorprenderse cuando relata estas contradicciones de la escasez, porque las ve todos los días. Pero para quien no está familiarizado con ella, son fenómenos que no se terminan de entender, porque se los están contando.

Para este reportaje BBC Mundo intentó entrevistar al superintendente de precios justos, Andrés Eloy Méndez, y al ministro de Alimentación, Carlos Osorio, dos autoridades en el campo del consumo y la distribución de productos. Pero no obtuvimos respuesta.

El ir y venir de la compradora

Marta* no necesita hacer mercado, porque tiene todo lo que necesita en su casa. Pero cuando baja de su hogar en el empinado barrio popular de Petare en el este de Caracas revisa con una meticulosa mirada la situación en los diferentes supermercados y farmacias por las que pasa.

También estudia las bolsas de la gente que lleva productos: les pregunta qué consiguieron, dónde y cuánto quedaba. Son datos muy preciados por estos días en las calles venezolanas. Marta –madre de dos niñas– no compra por necesidad, sino por oportunidad. “Alguna vez compré aceite de oliva sin saber para qué servía porque la gente se lo estaba rapando porque dizque estaba barato”, recordó.

“A veces tienes que hacer una cola para el turno de comprar y otra para pagar, cuando lo más usual ahora es que encuentres solo un producto (regulado) por supermercado y tengas que ir a varios”, explicó, mientras bajaba las desiguales escaleras de Petare.

Productos regulados en Venezuela: aceite, granos, jugos de frutas, pasteurizados, azúcar, café, víveres varios, pollo, carne de res, compotas, carne de cerdo, leche, enjuagues para el cabello, quesos, pan, agua, mineral, pasta, cereales, jabón de baño, arroz, sorgo, suavizantes, enjagues para la ropa, maíz, harina de maíz precocido, crema dental, pescados, champú para el cabello, desodorante, pañales para bebé, papel higiénico, máquinas de afeitar, limpiadores, cloro, jabón para lavar para platos y ceras para pisos (Esta lista incluye productos genéricos. Hay productos que aparecen como regulados en unas presentaciones y en otras no).

Según Datanálisis, cada semana los venezolanos van en promedio a cuatro supermercados distintos y dedican cinco horas a las compras. Por eso Marta tiene una red de conocidos y familiares con los que se comunica varias veces al día a través de llamadas y mensajes de texto para intercambiar los datos del qué, el dónde y el cuándo.

También conoce varios trabajadores en supermercados que le proveen esa información a cambio de unos bolívares, pero ese recurso lo usa en casos extremos: cuando solo le queda papel higiénico para una semana y no encuentra dónde comprarlo, por ejemplo. “Son trucos para hacer menos cola“, concluyó.

Es difícil entrar a una casa en Venezuela donde no haya una caleta de productos. Acá la de Marta.

La “obsesión” de la escasez

Encontrar productos es para Marta una razón para levantarse de la cama por las mañanas, admitió: “Es que se ha vuelto como una obsesión“.

El desabastecimiento, en primer lugar, y la inflación, en segundo, desplazaron en recientes encuestas a la inseguridad –que hace de Venezuela el segundo país más violeto del mundo– como el problema que más preocupa a los venezolanos.

“En términos generales, en el preciso instante en que tú dejas de poder encontrar un producto lo vuelves más preciado de lo que lo considerabas antes”, contó a BBC Mundo el psicólogo estadounidense Eldar Shafir, autor de “Escasez: por qué tener tan poco significa tanto”.

“Piensa que es como una obra de arte que fue robada y cuando la encuentran su precio es tres veces mayor”, argumentó.

“Cuando no consigues algo, se convierte en un reto que cautiva tu atención, hasta el punto de obsesionarte con eso y hacerte sacrificar las cosas que se quedan en la periferia, como hacer ejercicio o jugar con tus hijos“, concluyó el psicólogo conductista.

Los supermercados no ponen los regulados en los anaqueles: saben que se acabarán rápido así que los ponen en los pasillos.

La emergencia del bachaqueo

Marta, sin embargo, es casi una excepción: según Datanálisis, el 65% de las personas que hacen fila en Venezuela son revendedores, los abastecedores del cada vez más arraigado mercado negro venezolano.

La consultora estima que en el 80% de los supermercados en el país hay escasez de los productos básicos, mientras que en los hogares el índice es de 23%. Y esto se da cuando empresas que venden los alimentos regulados –por ejemplo, Empresas Polar, productora de la harina precocida de maíz para las arepas, entre otras cosas– dicen haber hasta duplicado su producción.

“Es que si tú divides lo vendido por el total de la población, tienes abastecimiento pleno“, explicó Luis Vicente León, economista y presidente de Datanálisis.

“Pero lo que tenemos es una distorsión en la compra que se refleja en esta emergencia de mercados informales”, aseguró.

Hay lugares de Caracas, como la caótica y colorida redoma de Petare, donde se pueden encontrar con facilidad todos los productos regulados, por varias veces el precio.

El gobierno ha impulsado diversas políticas para controlar la venta -entre ellas turnos por el número de cédulas y captadores de huellas digitales en las tiendas- con las que tiene pautado acabar con la escasez a mediados de agosto, según anunció el presidente, Nicolás Maduro.

Sin embargo, para los economistas críticos del gobierno más control no va a detener la emergencia del llamado bachaqueo, la forma coloquial que usan los venezolanos para hablar de contrabando, en referencia al bachaco, una hormiga culona oriunda de Venezuela y Colombia que se lleva las cosas de un lado a otro.

A veces hay que hacer una cola para el turno, otras para tomar el producto y una más para pagar.

El creador de soluciones

Fernando* y Jimena* son dos de estos revendedores.

En una pequeña moto de fabricación china y dotados de tres celulares cada uno, recorren la ciudad de este a oeste para comprar y vender productos regulados. O, como dicen ellos, “para crear soluciones”.

Jimena es una estilista que viajaba de casa en casa arreglando, maquillando y vendiendo algunos productos de belleza que lograba importar. “Yo, para ese momento, tenía a mi hija de 2 años y cuando empezó la escasez, yo sabía lo que se venía, así que le compré una caleta (reserva) para muchos años”.

“Cuando me di cuenta de que mi caleta era la envidia de todas mis clientes, y de que muchas personas necesitaban los productos más que yo, decidí empezar a hacer trueque por las cosas hasta que terminé convirtiéndome en bachaquera”, explicó.

Aunque el desabastecimiento en Venezuela es sobre todo de alimentos y medicinas, hay objetos como los repuestos para los carros o las planchas de ropa, que escasean con frecuencia. También puede ocurrir que un día, de repente, no haya chocolate.

Pero Jimena, orgullosa, asegura que consigue “lo que sea”. “Porque tengo contactos con los supermercados, con los árabes, con la Guardia Nacional”, explicó.

Los bachaqueros pueden tener ganancias de hasta 1.000% de la inversión, pero, según Jimena, la cantidad de dinero que cada vez más tiene que pagar en sobornos ha hecho que sus dividendos se reduzcan.

Se estima que los venezolanos pasan en promedio entre cinco y 12 horas haciendo fila a la semana.

Por qué hay escasez

No todos los venezolanos ven el contrabando de la misma manera: unos lo consideran el origen de la escasez, otros una consecuencia más.

Eduardo Samán, un químico descendiente de sirios, es uno de los chavistas que más ha estudiado el fenómeno de la escasez: fue director del instituto que defiende a los consumidores (en ese entonces conocido como Indepabis) y ministro de Comercio durante el gobierno del fallecido Hugo Chávez.

Para él, así como para muchos de los partidarios del oficialismo, la causa de la escasez es una guerra económica que se manifiesta en prácticas como el contrabando, el acaparamiento de productos y la especulación de precios.

“El origen de la escasez se da cuando empresas productoras empiezan a esconder los productos para, primero, presionar por un aumento de precios y así tener mayor rentabilidad, y segundo, para perjudicar al gobierno de Chávez”, dijo.

Venezuela en este momento tiene las toneladas necesarias para abastecer al pueblo, pero hay un problema en la distribución, que está en manos de empresas que actúan a manera de cartel y buscan afectar al gobierno“, sostuvo.

Recientemente, la fiscal general, Luisa Ortega informó que 1.711 personas han sido detenidas en lo que va de este año por “desestabilizar la economía” a través de delitos como contrabando o acaparamiento. Y medios oficialistas reportan casi a diario incautaciones de cientos de toneladas de productos regulados que esperaban ser contrabandeados o escondidos, según las informaciones.

Pero economistas y ciudadanos críticos del gobierno no creen que esta suerte de conspiración sea el origen de la escasez.

El economista Ángel Alayón, quien en la revista de ideas digital Prodavinci ha escrito diferentes ensayos sobre el tema, dice que una de las principales causas de la escasez es el control de precios.

“Cuando tú impones precios que están por debajo del valor establecido por la oferta y la demanda, vas a tener una sobre demanda y una caída en la oferta, acá o en cualquier país del mundo”, opinó.

“Yo no dudo de que hay compras nerviosas y bachaqueros, pero estos fenómenos son consecuencias de la escasez, no causas”, dijo.

Además de turnos, en Venezuela se usan captahuellas para controlar la compra de la gente.

El control de precios ha sido lo que en parte le ha permitido al gobierno socialista quebrar los índices de subalimentación que registraba el país hace 20 años, una política que ha sido celebrada por organizaciones internacionales como la ONU.

Pero –según Alayón­– con una de las inflaciones más altas del mundo, “los costos suben a un ritmo muy superior que los precios regulados, hasta el punto de que producir no es rentable o ni siquiera alcanza para cubrir los costos“.

Pero además de esto, añade, la escasez en Venezuela tiene que ver con la baja producción de empresas que fueron nacionalizadas por el Estado durante el gobierno de Chávez, que según reportes oficiales son financiadas por el fisco nacional.

“Mira el caso de Lácteos Los Andes, una empresa que antes de ser expropiada tenía una participación de mercado del 40% y hoy sufre una caída de su producción según declaraciones de sus propios trabajadores y distribuidores”, dijo.

Economía de distorsiones

La crisis económica venezolana significó una contracción del PIB en un 3% el año pasado, pero al enfermo de gripe le entró una neumonía cuando los precios del petróleo, la mayor fuente de ingresos del país, cayeron en un 50% hace seis meses.

Aun en crisis, no obstante, acá están abriendo tiendas y restaurantes nuevos y los centros comerciales están llenos. Qué crisis tan rara, dirá el desentendido.

A pesar de la crisis, los restaurantes venezolanos siguen llenos y la gente gastando.

Si bien el 80% de los venezolanos dice no tener ingresos suficientes para comprar alimentos, el 88,7% asegura que come tres veces al día, según un reciente estudio de las universidades Central de Venezuela y Católica Andrés Bello.

Sea porque –como argumenta el oficialismo– la revolución le ha dado poder adquisitivo al pueblo, o porque –como sostiene la oposición– el gobierno imprime billetes de manera irresponsable, el flujo de dinero en Venezuela es enorme: ha crecido casi 200% en los últimos dos años, según cifras oficiales.

El amplio gasto del gobierno y la caída de la renta petrolera generan un déficit fiscal que implica una enorme inyección de dinero en la economía. Pero, al tiempo, las constantes devaluaciones del bolívar, las tasas de interés reales negativas y el altísimo índice de inflación –del 70% anual según cifras oficiales–, llevan a la gente a gastar en lugar de ahorrar.

“Y por eso, en medio de la crisis, la gente prefiere consumir“, explicó Alayón.

Aunque la Guardia Nacional supervisa cada paso de la distribución de productos, el gobierno se queja de una “guerra económica” que supuestamente altera dicho proceso.

Los “beneficios” del cajero

Jorge* es uno de los benefactores de las contradicciones monetarias que vive Venezuela: maneja una sucursal de un supermercado. El antes cajero y ahora gerente de la tienda, puede comprar productos regulados con facilidad, pero al tiempo recibe sobornos de sus clientes que pagan más del precio estipulado con tal de tener acceso al producto.

Según Datanálisis, las clases media y alta pagan a los revendedores entre 5 y 10 veces más el valor de un producto regulado para evitarse la fila.

Un supermercado venezolano puede estar tranquilo y vacío en un momento, pero cuando llega el camión con los productos regulados se llena en cuestión de segundos (literalmente). Una vez están hechas las filas y los productos están en las cajas para venderse, las llamadas, los mensajes de texto y los sobornos empiezan a moverse como pez en el agua entre los corrillos del supermercado.

La constante devaluación del bolívar hace que el poder adquisitivo de los venezolanos baje día a día

Jorge, quien también anda con tres celulares en la mano, contó que en sobornos se puede ganar en una semana lo que le pagan al mes de manera oficial. Él controla la fila, los productos e incluso la venta. Es, de alguna manera, el hombre más poderoso del momento. Al menos en su supermercado.

“La gente cree que somos privilegiados por estar en esta posición, pero lo cierto es que nos toca lidiar con el nerviosismo de la gente y la presión de la Guardia Nacional”, dijo a BBC Mundo sobre la cada vez mayor presencia militar en los supermercados.

“Acá nos toca parar peleas entre los clientes con frecuencia”, afirmó, mientras se acomodan dos filas distintas en su supermercado: una para la carne y otra para el azúcar.

Es frecuente leer en medios opositores reportes de robos y peleas en filas alrededor del país, así como de saqueos de camiones que transportan productos regulados.

Esta fila en un Bicentenario de Caracas ahora se hace en el sótano del supermercado. La foto es de febrero.

La otra escasez

Ahora bien: la escasez de alimentos y productos de limpieza no parece afectar tan gravemente a los venezolanos como la falta de medicamentos e insumos hospitalarios.

“Los muertos que se están produciendo por la escasez no los estamos viendo”, le dijo a BBC Mundo el doctor Douglas León Natera, presidente de la Federación de Médicos de Venezuela.

“Las personas que sufren enfermedades como diabetes, hipertensión e insuficiencia renal o de enfermedades gastrointestinales o insuficiencias respiratorias van al médico, les recetan un medicamento y, cuando no lo encuentran, corren el riesgo de morirse en su casa sin que nadie más allá de su familia se entere”, señaló.

Añadió que “No hay cifras del número de personas que mueren así, por la escasez”.

Según Médicos por la Salud, una red de doctores residentes que trabajan en hospitales públicos en todo el país, el 44% de los quirófanos no están en funcionamiento y el 94% de los laboratorios no tienen suficientes insumos para hacer su trabajo.

Por su parte, la Federación Venezolana de Farmacéuticos indicó que de cada 10 medicamentos que las farmacias solicitan a los laboratorios en los anaqueles se encuentran cuatro.

Según varias organizaciones del sector, los tratamientos que eran populares en el pasado han tenido un repunte en Venezuela, como las mastectomías en lugar de la radiación para tratar el cáncer de seno o el uso de penicilina en vez de otros antibióticos modernos que pueden atacar más bacterias con menos riesgo.

¿Cómo se explica esta situación?

Mientras las federaciones de médicos y farmacéuticas señalan que la escasez se debe a una deuda de US$4.000 millones que el gobierno mantiene con los laboratorios, el oficialismo asegura que la guerra económica afecta la importación y distribución de medicamentos con precios regulados.

El gobierno –que ha desestimado las iniciativas de federaciones médicas de llamar a una emergencia sanitaria– lanzó recientemente un nuevo sistema de registro que espera, a través del control de la venta de medicinas, evitar el contrabando y el acaparamiento.

El gobierno reconoce problemas puntuales en este aspecto, pero dice que los medios de comunicación generan una “matriz de opinión” que exagera la realidad para afectar al socialismo, que entre otras cosas ha instalado en el país más de 10.000 módulos de medicina ambulatorio en un convenio con Cuba.

Mientras tanto, sectores críticos dicen que la misma falta de divisas y el mismo control de precios que afectan la importación de alimentos ha impedido la introducción de medicamentos e insumos a Venezuela.

Se estima que 13 mil médicos se han ido de Venezuela y muchos de los que siguen allí protestan con frecuencia.

La solución es el rebusque

Pero si la dimensión entre la escasez de alimentos y la de medicinas es distinta, la solución que les dan los venezolanos parece ser la misma: el rebusque.

Por las redes sociales, en estos días, comparten un inventario del número y las tallas de los pañales necesarios en la preparación de una reserva para todo el periodo en que un niño no va al baño. Y es usual que alguien cambie un paquete de harina de maíz por un detergente en el edificio, o que un viajero llegue del exterior con dos maletas literalmente llenas de compotas, jabón para platos y ceras para piso.

Algo parecido ocurre con las medicinas: quien viaja al exterior probablemente va con un encargo, incluso de medicamentos para mascotas.

También por redes sociales como WhatsApp, Twitter y Facebook los venezolanos piden y ofrecen medicinas en mensajes que con frecuencia son republicados por famosos con mayor influencia en internet.

Cuando hubo alarma el año pasado por la infección del chikungunya, muchos venezolanos usaron patas de pollo en caldo en lugar de acetaminofén (o paracetamol) para calmar los síntomas.

Existen casos de gente que ha vendido sus propiedades para poder acceder a medicamentos e insumos costosos que en los hospitales públicos no suele haber. Y algunos han logrado que entidades públicas o privadas apoyen financiera o logísticamente su búsqueda de medicamentos.

Los supermercados venezolanos están ahora custodiados por la Guardia Nacional.

 Porque cualquier rebusque funciona con tal de aliviar un dolor. O de salvar una vida. O de no hacer fila.

(*) Los nombres con asterisco son ficticios. Los verdaderos nombres de la fuente se reservaron para proteger su identidad.

Cuando 2019 nos alcance

Thays Peñalver, El Nacional

El escenario es como el de una Guerra Civil, cientos de miles de familias desarraigadas. Un millón de chamos, 90% profesionales que se han marchado. Un millón de abuelos no verán crecer a sus nietos y a un millón de padres nos ha desgarrado esa despedida en un aeropuerto.

En las plazas de los rectorados la alegría del abrazo se funde con la del desconsuelo de las despedidas porque a la mitad, cuando poco, no los espera una fiesta por su logro, sino un avión para iniciar su vida en otro país.

El problema no son solo los que se fueron, sino los que se van. Se estima que el 60% de los jóvenes venezolanos especializados se marche antes de 2019. Ellos ya no estarán.

Es la misma cara de mis colegas profesores, que aún resisten, porque al menos un tercio abandonó ya la práctica como titulares y cada vez son más las jubilaciones.

El gremio médico que fue el primero en oponerse a la estupidez revolucionaria ya afirma, luego del último censo, que se han marchado 14.700 médicos del país. Una cifra escandalosa cuando la Cepal en 2008 contabilizaba apenas unos 35.000.

Se ha marchado pues 41% de nuestros médicos, se estima en 20.000 el número de especialistas que se marcharán antes de 2019.

El problema no son solo los que se fueron, sino los que se van. Se estima que el 60% de los jóvenes venezolanos especializados se marche antes de 2019. Ellos ya no estarán. Imagen: http://www.abcdelasemana.com

Frente a semejante drama social, los estudiantes de medicina, es decir los llamados a reemplazar a los que se marchan para curar a los futuros enfermos de cáncer, “no se registraron para la especialidad de cardiología, medicina oncológica, medicina nuclear, radioterapia, cirugía pediátrica y anestesiología” es decir que 40% del presente se ha marchado y 40% de los cupos y especialidades del futuro se encuentran sin estudiantes. Ellos tampoco estarán en 2019.

El ticket de la fritanga revolucionaria lo tienen también la mayoría de las clínicas privadas que ya no pueden esperar a 2019.

Mientras eso pasa, 269 doctores en Ciencias se han marchado en apenas un par de años, en un país donde, como bien explica el honorable rector de la Universidad Metropolitana Benjamín Scharifker, tiene la menor producción de doctores en ciencias en Latinoamérica.

Al éxodo de científicos venezolanos se suman cerca de mil doctores e investigadores universitarios, que para el final de 2015, se habrán marchado. ¡Carrizo! se han marchado más de la mitad de nuestros doctores en Ciencias, son otros mil docentes especializados más en la UCV y en el Zulia ya hay 1.300 vacantes para profesores especializados.

Se marchan porque el gobierno, como Nerón les explica que serán sustituidos por “científicos del barrio”. Para 2019, retumbarán en toda Venezuela las palabras del sabio José María Vargas hace cien años: “¿De qué servirán las medras intelectuales de un corto número, en medio de una masa ineducada?”

 De los 48 bancos e instituciones financieras privadas que había en 2005, solo quedan 17. El resto simplemente está en manos de la revolución junto a 33% de las sucursales bancarias y las captaciones de la banca pública supera nada menos que las de catorce bancos medianos y pequeños sumados, mientras el sector bursátil ha sido diezmado, perseguido y encarcelado.

La Bolsa simplemente ha desaparecido y se dedica a vender dólares y se estima que para 2019 la revolución ostente 70% del sector. Los que tienen el ticket y viven aterrados por encontrar a su carcelero en la puerta del edificio o casa, no pueden esperar a 2019.

 El maravilloso discurso de Lorenzo Mendoza -detrás de las harinas de la competencia- sugiere una segunda lectura: la frase “Polar solo produce” demuestra que ya ha sido expropiada 60% de la arepa, 80% del arroz y absolutamente toda la cadena de distribución agroalimentaria nos confirma que ya es socialista.

Toda la cadena de producción local de las transnacionales fue reducida en su mínima expresión y sustituidas por el modelo importador mientras que los exportadores fueron eliminados en 90%.

Si mañana no existiera el petróleo en nuestras vidas, el sector exportador privado ha sido prácticamente aniquilado, exportará lo mismo que el de Ruanda. Lo que queda, tampoco puede esperar a 2019.

Fedecámaras hasta 2014 nos explicó hasta el cansancio que habían cerrado 200.000 empleadores y según los gremios de comercio, en 2014 quebraron 77.939 empresas mientras que se asume una cifra similar antes de mayo de este año cuando deban, en medio de la peor crisis económica de Venezuela, asumir el costo de los tercerizados.

Si eso ocurrió en 2014 con una inflación de 68%, con una de tres dígitos y la ley de precios justos, quebrarán el doble.

Mientras tanto la cadena de distribución al detal no está siendo expropiada, simplemente la están ocupando a la fuerza de manera “temporal” y sus dueños están siendo encarcelados, con esta amenaza se estima que para 2019 no quedarán distribuidores medios con capacidad para organizar más de dos tiendas. Ninguno de ellos puede esperar a 2019.

Bajo el eufemismo revolucionario de que “la empresa privada tiene 949 medios de comunicación” se esconde la realidad de que en menos de dos docenas la oposición es invitada.

De las 341 radios libres que había en Venezuela para 1998 a 240 se les revocó licencia, y hoy apenas quedan un par de decenas que se atreven a hablar de la oposición.

De las 45 televisoras que había en 2009, solo quedan 27 y solo 3 han escapado de la expropiación, compra por simpatizantes o transformación a “canal familiar o cultural”.

Solo tres aún se atreven a pasar alguna noticia de la oposición. Se estima que en 2015 una de estas será comprada finalmente por simpatizantes y quedarán otras dos amenazadas diariamente por el gobierno y acosadas por multas impagables.

De los más de diez grandes medios impresos quedan apenas tres reducidos a un tiraje famélico y al gueto de Internet, en un país en el que solo 30% tiene Internet en su casa (Censo) y se estima que para 2019 ya no quede absolutamente ninguno en manos de la prensa libre. Los pocos que tienen su ticket, ya no pueden esperar siquiera al fin de este año.

 Es evidente, que los únicos que pueden esperar en Venezuela a 2019 son algunos políticos que se niegan a revisar los mecanismos constitucionales que existen para proponerlos, exponerlos, estudiarlos o analizarlos. La pregunta es si quedará alguno de ellos libre para gobernar en Venezuela.

Venezuela, el paraíso convertido en ruinas

Carlos Alberto Montaner

Venezuela debe ser el país peor gobernado del planeta.

El periódico «The Daily Telegraph» de Londres, describió el desastre en un reciente reportaje montado sobre 8 gráficas espeluznantes.

En el 2015 la economía se contraerá en un 7% del PIB. Los venezolanos serán notablemente más pobres y tendrán menor capacidad de consumo.

La inflación es la más alta del mundo. Los expertos de Caracas Capital Market la sitúan en un 120% anual. Como la productividad es bajísima y el aumento de los salarios no compensa, la vida cotidiana será mucho más cara.

La caída del precio del crudo

El bolívar, la moneda nacional, tiene varios cambios. Oficialmente, está a 6,30 por dólar. En realidad, se acerca a los 190 en el mercado negro. La diferencia es el modo más directo de enriquecer a los corruptos boliburgueses.

Compran a 6.30 para importar, usan una parte y revenden clandestinamente la otra.

En pocas horas cualquier idiota con conexiones puede hacerse millonario.

 

El valor promedio del barril de petróleo hoy está un 50% por debajo del precio que tenía en enero del 2014. Eso es gravísimo en un país cuyo ingreso en divisas depende en un 96% de las exportaciones de crudo.

Añadiéndole sal a la herida, la producción de PDVSA disminuye y anda por los 2.4 millones de barriles diarios, cuando debería estar produciendo entre 4 y 5. Esto sucede por una mezcla de incapacidad y falta de inversiones.

Para agravar la situación, los venezolanos consumen diariamente algo más de 700.000 barriles se petróleo por el que no pagan prácticamente nada. Llenar el tanque de gasolina de un coche grande -allí casi todos son enormes- vale menos de un céntimo.

Ese subsidio a la clase media y alta -los que tienen autos-le cuesta al país entre 11 mil y 13 mil millones de dólares al año, pero nadie se atreve a suprimirlo. ¿No decían que el petróleo era de todos los venezolanos?

El gobierno en el 2014 importó bienes y servicios por un monto de 60.5 mil millones de dólares y exportó petróleo cobrable (hay otro previamente comprometido) por 39 mil millones.

La diferencia, claro, se convirtió en parte de la deuda y es una de las razones que explica el desabastecimiento. No tienen divisas para importar los insumos que necesita un país en el que el chavismo ha diezmado a la clase productora y ha cerrado siete mil empresas de todos los tamaños.

Abocados a la quiebra

Venezuela probablemente no pueda afrontar el pago de la deuda y tenga que declararse en quiebra, de acuerdo con las sombrías predicciones del Banco Mundial. Este año la nación tendrá que abonar 11 mil millones de dólares en intereses y obligaciones, y carece de liquidez para pechar con ese compromiso.

En el 2016 le volverá a suceder lo mismo. La quiebra, posada como un buitre sobre los tejados de los bancos, le encarecerá notablemente las líneas de crédito.

Simultáneamente, el subsidio a Cuba, de acuerdo con el economista Carmelo Mesa Lago, alcanza los 13 mil millones de dólares al año, y ahí se incluyen 107.000 barriles de petróleo que llegan diariamente a Cuba, de los cuales la isla revende unos 40.000.

Venezuela se calcutiza, pero con un agravante, las ciudades no sólo están cada día más sucias y llenas de escombros: el crimen es la principal causa de muerte. Ni el cáncer ni los infartos, ni los episodios cerebrales, por separado, matan tanto como lo que en ese país llaman «los malandros».

Asesinar impunemente

El año pasado fueron asesinadas 25.000 personas y el 94% de esos crímenes quedaron impunes. Es menos arriesgado pasearse con un ejemplar de «Charlie Hebdo» en las manos por las calles de Damasco que ir a comprar el pan en Caracas. Tal vez no haya pan, pero seguramente encontrarán maleantes.

El gobierno, además, ha armado y convertido a los delincuentes en milicias paralelas para controlar, acosar y, si es necesario, dispararle a la oposición, como se ha visto en cien vídeos exhibidos por internet. Cuando no persiguen a los opositores, persiguen los anillos, billeteras y relojes de los aterrorizados ciudadanos.

Una buena parte de la vida del venezolano -sobre todo de las mujeres- transcurre en las colas a la búsqueda y captura de cualquier objeto necesario: comida, medicinas, útiles de aseo personal. A veces hay peleas por unos muslos de pollo o por unos cartones de leche.

Cada día que pasa faltan más objetos. El papel higiénico se ha convertido en una obsesión nacional.

En Miami, los exiliados venezolanos, en venganza, han hecho imprimir miles de rollos con la cara de Maduro para darle su fétido merecido al presidente.

En esta atmósfera no es extraño que los venezolanos más educados quieran marcharse del país. Ya lo ha hecho, afirman, millón y medio. Se les ve, laboriosos y eficientes, en España, Panamá, Colombia, Ecuador y Estados Unidos.

En el gran Miami, la ciudad de Doral es fundamentalmente venezolana, incluido su alcalde. A Weston, 20 kilómetros más al norte, la llaman Westonzuela. En Aventura, un rico vecindario costero a 35 kilómetros de Miami, se han asentado los judíos venezolanos, con el prestigioso rabino Pynchas Brener a la cabeza, y allí han llevado sus saberes, sus capitales y sus buenas costumbres empresariales y profesionales.

En Miami, además, los venezolanos han revitalizado el teatro en español, poseen un diario, varias estaciones de radio y al menos dos canales de televisión. La desgracia de Venezuela ha sido una bendición para el sur de la Florida.

Lo lamentable es que la mayor parte de esos refugiados no regresarán a su país cuando amaine la tormenta. Se quedarán en EE.UU. a generar riqueza, criar a sus descendientes y disfrutar de la institucionalidad de la más vieja democracia del hemisferio.

Tal vez es importante preguntarse por qué uno de los países potencialmente más ricos del mundo ha caído en ese abismo.

Se trata de una nación de más de 900.000 kilómetros cuadrados, y menos de 29 millones de habitantes («supervivientes», dicen allí), dotada por la naturaleza con todos los bienes imaginables: petróleo, hierro y otra docena de minerales valiosos, tierras fértiles, agua potable en abundancia, playas paradisíacas, fabulosas selvas vírgenes, y una población educada en la que abundan los profesionales formados en universidades nacionales y extranjeras en las que han adquirido su postgrado.

¿Por qué ocurrió esta catástrofe?

¿Por qué semejante paraíso, al que durante décadas emigraban los canarios y gallegos, los italianos y centroeuropeos, en busca de un mejor destino, sufre hoy este descalabro?

Fundamentalmente, se debe a que en el país prevalecían varias ideas y actitudes totalmente erróneas que pueden resumirse en una palabra: populismo. Muchos venezolanos pensaban, porque así se lo aseguraban los políticos, que el país era rico, y no que la riqueza se creaba mediante el trabajo metódico.

Creían que la pobreza de muchos venezolanos era debida a la riqueza de los que habían conseguido prosperar. Bastaba con arrebatársela a los pudientes para establecer una sociedad más justa.

Pensaban que esa situación cambiaría cuando un grupo de personas bienintencionadas, dirigidas por un caudillo enérgico, acabara con las injusticias. Ese personaje fue el nefasto Hugo Chávez.

Los venezolanos no eran capaces de advertir que los 25 países más prósperos y felices del planeta, son democracias regidas por la ley y sustentadas en instituciones de Derecho.

Estaban decididos a terminar con el bipartidismo y liquidar a los dos partidos tradicionales, a los que acusaban de ineficientes y corruptos -algo de eso había-, sustituyéndolos con los iluminados populistas antisistema de Hugo Chávez, pese a que en los 40 años transcurridos entre 1959 y 1999 -la etapa democrática- Venezuela había experimentado el mejor periodo de su turbulenta historia.

El resultado está a la vista: Venezuela es hoy la nación más corrupta de América Latina según Transparencia Internacional, en la que nadie sensato invierte un dólar, de donde escapa todo el que puede, regida por un tipo estrafalario que habla con los pajaritos y obedece a un comisario cubano, tristemente patrullada por unas Fuerzas Armadas controladas por narcogenerales.

Tomen nota los españoles. En todas partes cuecen habas. Basta con que prevalezcan las ideas populistas para que un país se hunda irremisiblemente.